‘Hoy hace 365 días que te conozco.
365 días en los que sentí todo aquello que cualquier ser humano puede sentir por otro en toda su vida, a mí me tocó sentirlo resumido. De un saque. Como si me hubiese sacado la generala y el premio era este combo.
Amor: Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común. –Sí, a veces siento amor… A veces no, muchas veces siento amor. Cada vez que te miro y cada vez que me miras. Siento esas mariposas cada vez que me haces sonreír o cada vez que nuestros labios se encuentran. El amor existe cuando nos tomamos de la mano, cuando charlamos y cuando nos deseamos.-
Odio: Sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia. –Y sí, también sentí odio. Es cierto eso que se dice, del odio al amor hay un solo paso. Te odié, te odié cada vez que desapareciste y te odié cada vez que me contabas cuantos gatos pasaban por tu cama. Te odié cada vez que lloré por vos y no te enteraste. Y te odio, te odio por ser tan adictivo, por ser tan buen amante. Te odio por hacerme temblar con tan solo tocarme.-
Angustia: Estado de intranquilidad o inquietud muy intensas causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro. – La angustia apareció las mismas veces que te odié casi como si fuera algo automático o programado. Pero también se hizo presente cada vez que me dejaste en banda, cada vez que me dijiste algo que no me gustó y cada vez que se hace presente esa horrible duda existencial del: ¿Qué somos?.”
Adicción: Dependencia hacia una sustancia, actividad o relación. –No hace ni falta aclararlo, fui, soy y seré adicta vos. A todo de vos, a tu forma de hablar y a tu forma de pensar. A tu respiración, a tus labios. Adicta a sentir el latido de tu corazón y a sentirte dentro mío.-
Miedo: Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. - ¿Miedo? Sí, miedo. Miedo a que un día esto se termine, miedo a que esto que no tiene nombre estalle en mil pedazos y no seas parte de mi vida. Miedo a morirme, porque si eso sucede ya no tendría ningún motivo por el cual seguir respirando.-
Negación: La negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. –Negación por todos los medios conocidos y también por los desconocidos por la psicología para creer que no soy adicta a vos, pero es imposible. Lo soy.-
Asco: Sensación física de desagrado que produce el olor, sabor o visión de algo y que puede llegar a provocar vómito. –Cada vez que me obligaste a hacer cosas que sabía que no estaba dispuesta a hacer.-
Excitación sexual: La excitación es la primera parte de una respuesta sexual. Ambos sexos experimentan un aumento del ritmo cardíaco. -¿Hace falta aclarar esto? Tan solo que me mires con deseo provoca que mi piel se erice y que mis partes se endurezcan.-
Dependencia: Estado mental y físico patológico en que una persona necesita un determinado estímulo para lograr una sensación de bienestar. –Dependencia, dependencia de todo de vos. De todo. Dependo de vos hasta para respirar.-
Piel: Tener piel es experimentar el magnifico acontecimiento de sentir (sentir) como se unen -Cual imanes- dos cuerpos, el tuyo y el mío. –Esto, de verdad, que no necesita aclaración alguna.-
Te odio porque te amo. Sí, así como lo lees. Te amo tanto que te odio. Te amo tan desaforadamente que duele, porque sé que vos no sentís lo mismo.
Te odio porque tenemos una piel que no se explica, te odio porque me llevas a las nubes. Te odio porque dependo de vos, te odio porque generaste una adicción en mí que dudo poder frenar. (Pero también te amo por todo eso).
Pasó un año, 365 días, 8.760 horas, 525.600 minutos, 31.536.000 segundos. Hace esa cantidad de tiempo que te conozco.
Y solo ese tiempo bastó para que me conviertas en una persona completamente distinta.
Gracias a vos me hice mujer, o en realidad, me sentí por primera vez mujer. Te lo dije un millón de veces pero no importa, vos me recordaste que era mujer. Vos me hiciste tirar abajo todos mis miedos y mis tabúes, vos me hiciste sentir mujer en todos los sentidos.
Vos me mostraste que tener sexo no es algo malo ni que está mal, me demostraste que el placer que uno puede sentir es infinito.
Vos me enseñaste a disfrutar, a disfrutar de todo. Con vos disfruté cada momento, cada sonrisa, cada beso, cada mirada y cada abrazo. Con vos recordé lo que era ser una nena.
Vos me cumpliste un montón de caprichos –todos los que nadie nunca me había cumplido.-
Lograste que me reconozca en el espejo. Hiciste que me conociera, me ayudaste a que lo hiciera. Por vos hoy sé quien soy.
Fue el mejor año de mi vida –y no hay dudas de aquello.- Este año volví a nacer.
A lo largo de estos 365 días logré dejar atrás mi pasado. Pude pisarlo, hacer el duelo y dejarlo ir. Estando con vos me di cuenta que es una marca que voy a llevar para siempre, pero que no es necesario que esa cicatriz me condene de por vida.
Pedro, por vos aprendí a amar y a amarme.
Te voy a estar agradecida hasta el último segundo en el que el aire entre a mis pulmones por cada cosa que hiciste por mí.
Pero hoy digo basta, hoy no soporto más. No tolero estar tan enamorada de vos y en tu vida seguir siendo una minita cualquiera. Por vos hice cosas horribles, me rebajé a un nivel casi denigrante. Me hiciste hacer cosas que no quería, me obligaste a hacerlas. -Porque no, nunca me gustó que me hagas doler en la cama, nunca me gustó estar arrodillada frente a vos. Siempre odié que me pegues y me dejes las marcas. Detesté que agarres de la garganta y no me dejes respirar.-
Nunca soporté que me obligues a oficiar de tu mujer en cada maldito evento de tu empresa.
No aguanto que me denigres todo el tiempo. No resisto tus malas palabras, porque sí, que me digas putita en la cama me calienta, pero ya te estás yendo a un nivel que sabes que no comparto. Te lo dije mil veces, te lo repetí, te lo recordé. ¡Te lo grité! Y siempre te importó tres carajos con tal de acabar en mi cara.
Me hiciste tan bien y me hiciste tan mal. Me sanaste tanto como me lastimaste.
Me reparaste para volver a quebrarme en mil pedazos.
No puedo más y por eso me voy. Me voy lejos, donde no puedas ni siquiera cruzarme. (Porque a pesar de todo, no soporto tenerte cerca y no tocarte).
No te preocupes por mí porque voy a estar bien, conseguí un trabajo que me permite irme de la casa de mis viejos y haré las materias que pueda en la Universidad.
Necesito empezar otra vez de cero, necesito valorarme un poco porque al fin y al cabo terminaste logrando que vuelva a sentirme una hormiga en el medio del centro en hora pico.
No me busques, por favor. No me busques. Tampoco me llames.
Volve a tu vida de siempre, seguro que esas minas hacen lo que les pidas. ¿No?
Me duele el cuerpo, me duele el alma y me duele el corazón. Me duele todo lo que soy. No soporto dejarte, pero tampoco soporto que me sigas tratando así.
Ojala esto sirva y te des cuenta que no podes seguir así.
De corazón te deseo que encuentres alguien con quien puedas armar una vida y ser feliz porque a pesar de todo te lo mereces, porque fuera de la cama sos el hombre más lindo que conocí.
-Deberías aprender que una mujer no te ama más o menos por no querer chupartela.-
Gracias y perdón. Te amo tanto que duele.
Hasta siempre. Paula.’
sábado, 28 de febrero de 2015
viernes, 27 de febrero de 2015
63.
Había resistido a la tentación mejor que un rey. –Y no podía creerlo.- En cualquier otro momento de mi vida me la hubiese cogido sobre el escritorio sin ningún tipo de problema ni pudor, pero esta vez no. Ahora no.
No sabía lo que me pasaba con Paula, no entendía qué era. Mi lista de opciones era muy variada:
a- Una calentura.
b- Amor.
c- Necesidad.
d- Ganas de tener una mujer en mi vida.
e- Era mi amiga.
f- Era mi amante.
g- Etcéteras.
Suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás hasta reposarla sobre el respaldo de mi sillón.
No sabía lo que era, pero sí sabía que no lo echaría a perder. (Al menos hasta tenerlo claro).
Mañana era su cumpleaños y quería sorprenderla, sabía que ningún cumpleaños en su vida fue precisamente feliz asique al menos intentaría sacarle una sonrisa.
Sí, porque me importaba su estado anímico más que el mío.
Salí del trabajo y le dije a ella que estaba algo retrasado para poder ir al centro y comprar todo lo que necesitaba.
Regalo. –Un vestido.-
Un conjunto de lencería para estrenar aquella noche.
Chocolates.
Caramelos de menta y chocolate.
Helado de menta granizada y chocolate con almendras.
Empanadas capresse de la casa de comida que le gustan.
Esposas de cotillón. –Quería que esta noche sea especial.-
Llegué a casa y dejé todo dentro de mi mochila, aún era temprano. –A excepción de la comida y el helado, claro está.-
- Hola, hola… -Dije acercándome a ella y la besé.-
- Hola. –Sonrió.- ¿Cómo estás? ¿Cómo fue tu día?
- Cansador, muy. ¿El tuyo?
- Igual.
- Necesito mimos… -Dije y me senté a su lado.-
- Vení para acá… -Apoyó mi cabeza en su pecho y cerré mis ojos.-
- No me da más la cabeza.
- Ay, pobrecito él. –Dijo y besó mi frente para comenzar a jugar con mi pelo.-
En sus brazos me sentía en paz y no podía negarlo. Era una paz que ni siquiera me acordaba que existía.
Cerca de las diez de la noche…
- Traje empanadas para cenar… Cuando quieras, las calentamos y cenamos.
- Me muero de hambre.
- Entonces cenemos.
- Pero hay que levantarse.
-Reí.- Tenes razón… Primero dejame llenarte un poco de besos.-
Me levanté, ya que seguía en la misma posición.- y besé su boca, para luego esparcirme con besos en toda su cara y su cuello.
- Amo tu olor. –Susurré en su oído y ella sonrió.-
Calentamos la comida y cenamos en el balcón, era una noche hermosa.
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Mañana trabajas todo el día?
- No tengo ni idea. ¿Por? –Pregunté haciéndome el boludo.-
- No, por nada. Mañana curso pocas horas.
- Aprovecha y tomate el día para vos.
- Sí, supongo. –Y se quedó callada.-
-
Cenamos y lavé los platos, faltaba una hora y quería dormirme ahora. Pedro estaba mirando la tele en el living y yo me quedé en la cocina, haciendo fuerza para no llorar.
- Pau… ¿Por qué tardas tanto?
- Por nada, ya voy.
- Apurate.
- Sí, sí. Ya voy. –Tragué las lágrimas y respiré hondo para encontrarme con él. Me senté a su lado y miramos un rato la tele.-
23:58 hs: Su mano comenzó a jugar con mi pelo y cerré mis ojos, no quería ver cuando las agujas marcarán las doce.
De un momento al otro, Pedro paró y lo odié. (Aún así no abrí mis ojos.)
- Feliz cumpleaños señorita. –Dijo y yo abrí mis ojos, tenía una bolsa en su mano y yo sonreí como una nena.-
- ¿Cómo sabías? –Porque mi fecha de cumpleaños no figuraba pública en mi Facebook.-
- Te pispié el documento. Dale, agarra…
- Gracias. –Agarré la bolsa y la abrí, era un vestido hermoso.-
- ¿Te gusta?
- Me encanta Pepe… Gracias. –Lo besé.- De verdad, gracias. –Volví a besarlo.-
- Nada que agradecer. –Me tomó por las mejillas y me besó.-
- ¿Por eso la comida, no?
-Sonrió.- Sí… Y hay más.
- ¿Qué hay?
- De a poco chiquita, de a poco.
- ¿De a poco qué?
- Las sorpresas. –Hizo una pausa.- Por lo pronto, esperame acá.
Se fue y a los pocos segundos volvió con dos cuartos de helado, sonreí.
Al rato, los potes de helado estaban completamente vacíos y sus labios no se despegaban de los míos. Quise quitar su remera, pero no me dejó.
- Para un toque.
- ¿Qué pasa?
- Esperame dos segundos. –Se fue.-
- ¡Dale Pedro!
- Ya va. –Volvió con otra bolsa.- Anda al baño, te espero acá. –Sonreí y corrí al baño.-
Abrí la bolsa y me volví loca de tan solo verlo. Me lo puse lo más rápido que pude y volví a su lado.
- ¿Me cumple la fantasía policía?
- ¿Vos sos mi detenido?
- Mmm… Eso ya lo vamos a ver. –Dijo y me arrebató, tomó mis manos y las dejó detrás de mi cuerpo, sin soltarlas me besó y me empujó hacia la habitación, hizo que cayera en la cama y quitó de su pantalón unas esposas. Sonreí llena de deseo.- Vos sos mi detenida. –Cerré mis ojos y dejé que haga conmigo lo que quiera. Me puso las esposas.-
-
- ¿Y? ¿Cumplí tu fantasía? –Preguntó y mordió mi labio.-
- La sobre pasaste. –Sonrió.- ¿Vos? ¿La pasaste bien?
- Fue la mejor noche de mi vida, atame más seguido así haces todo vos.
- ¿Te gusta quedarte quietita y que yo te haga de todo?
- Me fascina.
- Algún día podríamos invertir roles igualmente.
- Mmm… Cuando quieras.
- La oficial Chaves lo mete en el calabozo cuando quiera.
- Sos tremenda. –Me abalancé sobre ella y la besé.-
-
Y al final, el 16 de marzo no terminó siendo tan abominable como siempre lo había sido.
No sabía lo que me pasaba con Paula, no entendía qué era. Mi lista de opciones era muy variada:
a- Una calentura.
b- Amor.
c- Necesidad.
d- Ganas de tener una mujer en mi vida.
e- Era mi amiga.
f- Era mi amante.
g- Etcéteras.
Suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás hasta reposarla sobre el respaldo de mi sillón.
No sabía lo que era, pero sí sabía que no lo echaría a perder. (Al menos hasta tenerlo claro).
Mañana era su cumpleaños y quería sorprenderla, sabía que ningún cumpleaños en su vida fue precisamente feliz asique al menos intentaría sacarle una sonrisa.
Sí, porque me importaba su estado anímico más que el mío.
Salí del trabajo y le dije a ella que estaba algo retrasado para poder ir al centro y comprar todo lo que necesitaba.
Regalo. –Un vestido.-
Un conjunto de lencería para estrenar aquella noche.
Chocolates.
Caramelos de menta y chocolate.
Helado de menta granizada y chocolate con almendras.
Empanadas capresse de la casa de comida que le gustan.
Esposas de cotillón. –Quería que esta noche sea especial.-
Llegué a casa y dejé todo dentro de mi mochila, aún era temprano. –A excepción de la comida y el helado, claro está.-
- Hola, hola… -Dije acercándome a ella y la besé.-
- Hola. –Sonrió.- ¿Cómo estás? ¿Cómo fue tu día?
- Cansador, muy. ¿El tuyo?
- Igual.
- Necesito mimos… -Dije y me senté a su lado.-
- Vení para acá… -Apoyó mi cabeza en su pecho y cerré mis ojos.-
- No me da más la cabeza.
- Ay, pobrecito él. –Dijo y besó mi frente para comenzar a jugar con mi pelo.-
En sus brazos me sentía en paz y no podía negarlo. Era una paz que ni siquiera me acordaba que existía.
Cerca de las diez de la noche…
- Traje empanadas para cenar… Cuando quieras, las calentamos y cenamos.
- Me muero de hambre.
- Entonces cenemos.
- Pero hay que levantarse.
-Reí.- Tenes razón… Primero dejame llenarte un poco de besos.-
Me levanté, ya que seguía en la misma posición.- y besé su boca, para luego esparcirme con besos en toda su cara y su cuello.
- Amo tu olor. –Susurré en su oído y ella sonrió.-
Calentamos la comida y cenamos en el balcón, era una noche hermosa.
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Mañana trabajas todo el día?
- No tengo ni idea. ¿Por? –Pregunté haciéndome el boludo.-
- No, por nada. Mañana curso pocas horas.
- Aprovecha y tomate el día para vos.
- Sí, supongo. –Y se quedó callada.-
-
Cenamos y lavé los platos, faltaba una hora y quería dormirme ahora. Pedro estaba mirando la tele en el living y yo me quedé en la cocina, haciendo fuerza para no llorar.
- Pau… ¿Por qué tardas tanto?
- Por nada, ya voy.
- Apurate.
- Sí, sí. Ya voy. –Tragué las lágrimas y respiré hondo para encontrarme con él. Me senté a su lado y miramos un rato la tele.-
23:58 hs: Su mano comenzó a jugar con mi pelo y cerré mis ojos, no quería ver cuando las agujas marcarán las doce.
De un momento al otro, Pedro paró y lo odié. (Aún así no abrí mis ojos.)
- Feliz cumpleaños señorita. –Dijo y yo abrí mis ojos, tenía una bolsa en su mano y yo sonreí como una nena.-
- ¿Cómo sabías? –Porque mi fecha de cumpleaños no figuraba pública en mi Facebook.-
- Te pispié el documento. Dale, agarra…
- Gracias. –Agarré la bolsa y la abrí, era un vestido hermoso.-
- ¿Te gusta?
- Me encanta Pepe… Gracias. –Lo besé.- De verdad, gracias. –Volví a besarlo.-
- Nada que agradecer. –Me tomó por las mejillas y me besó.-
- ¿Por eso la comida, no?
-Sonrió.- Sí… Y hay más.
- ¿Qué hay?
- De a poco chiquita, de a poco.
- ¿De a poco qué?
- Las sorpresas. –Hizo una pausa.- Por lo pronto, esperame acá.
Se fue y a los pocos segundos volvió con dos cuartos de helado, sonreí.
Al rato, los potes de helado estaban completamente vacíos y sus labios no se despegaban de los míos. Quise quitar su remera, pero no me dejó.
- Para un toque.
- ¿Qué pasa?
- Esperame dos segundos. –Se fue.-
- ¡Dale Pedro!
- Ya va. –Volvió con otra bolsa.- Anda al baño, te espero acá. –Sonreí y corrí al baño.-
Abrí la bolsa y me volví loca de tan solo verlo. Me lo puse lo más rápido que pude y volví a su lado.
- ¿Me cumple la fantasía policía?
- ¿Vos sos mi detenido?
- Mmm… Eso ya lo vamos a ver. –Dijo y me arrebató, tomó mis manos y las dejó detrás de mi cuerpo, sin soltarlas me besó y me empujó hacia la habitación, hizo que cayera en la cama y quitó de su pantalón unas esposas. Sonreí llena de deseo.- Vos sos mi detenida. –Cerré mis ojos y dejé que haga conmigo lo que quiera. Me puso las esposas.-
-
- ¿Y? ¿Cumplí tu fantasía? –Preguntó y mordió mi labio.-
- La sobre pasaste. –Sonrió.- ¿Vos? ¿La pasaste bien?
- Fue la mejor noche de mi vida, atame más seguido así haces todo vos.
- ¿Te gusta quedarte quietita y que yo te haga de todo?
- Me fascina.
- Algún día podríamos invertir roles igualmente.
- Mmm… Cuando quieras.
- La oficial Chaves lo mete en el calabozo cuando quiera.
- Sos tremenda. –Me abalancé sobre ella y la besé.-
-
Y al final, el 16 de marzo no terminó siendo tan abominable como siempre lo había sido.
jueves, 26 de febrero de 2015
62.
- Te odio.
- ¿Por qué?
- Sabes por qué. –Me senté en la cama, enroscada en la sábana.-
- ¿Por qué te hago pasar un momento increíble? –Preguntó hundiéndose en mi cuello.-
- Otra vez no, en serio.
- ¿Estás muy cansadita?
- Dale tarado. –Se separó de mí.- ¿Me escuchas de verdad?
- Sí…
- A mí no me importa ser tu novia, ni tu mujer, ni nada. Solo me importa estar con vos y quiero tener alguna garantía, al menos tu palabra, de que vamos a estar juntos. De que nos vamos a seguir viendo, de que me vas a seguir follando. Lo necesito. No puedo vivir sin esto. Sería hasta tu amante. –Dije mirando hacia abajo.-
- Ay, como me excita esa idea.
- ¡Respondeme!
- Nunca podría dejar esto. –Dijo tirándose sobre mí, mientras besaba mi cuello.-
- Sos una mierda.
- Pero te encanto.
- Me fascinas. –Dije acostándome, para que él caiga sobre mí.-
- Sos perfecta.
- ¿Perfecta?
- Muy. –Dijo y desenroscó la sábana de mis pechos.-
- Vos sos perfecto. –Dije y lo abracé por el cuello, haciendo que nuestros cuerpos queden pegados.-
- Somos perfectos los dos, por eso estamos juntos… Para no opacar al resto.
-Reí.- Mejor callate y hace.
- ¿Qué queres que haga?
- Hace… Haceme tuya. –Sonrió y sus ojos escupían fuego. Sonreí y me recosté en la cama.-
Mis manos apretaban con mucha fuerza las sábanas, mi piel transpiraba y mi cuerpo sentía un vértigo imposible de poner en palabras. Mis ojos decidían estar cerrados para no distraerse. Temblaba. Gemía. Gritaba.
-
Ella estaba recostada boca abajo, sin nada que la tapara. Mi dedo índice derecho recorría de punta a punta la hendidura de su espalda. –Tal como sabía que amaba.-
Sus ojos estaban cerrados y su boca dibujaba una ligera sonrisa. Cada tanto, gemía muy suavemente.
- ¿De verdad estarías conmigo para siempre?
- De verdad. –Dijo y gimió.- Podría estar así para siempre.
-Sonreí.- Es tarde y mañana tenes que ir a la universidad.
- No me importa, saldré a relucir mis ojeras. –Reímos.- Pero no pares, por favor.
Nos quedamos dormidos, después de mucho tiempo y mi alarma sonó cuando recién había logrado conciliar un sueño profundo.
Me resistí a no tocarla y salí del cuarto.
-
Me levanté y suspiré, no quería que llegue este día.
Me cambié y desayuné para ir a la facultad y la mañana pasó sin pena ni gloria. –En realidad sí, la profesora de Producción Multimedial era un freaky de esas que reconoces a diez cuadras. Me había hecho reír mucho.-
Y ese día no fui a lo de Pedro, sino que me dirigí a “mi” casa. Allí aproveché que mi madre estaba trabajando y que mi padre seguro estaría chupando por ahí y me bañé. Cargué un bolso con algo más de ropa para tener en la casa de Pepe y me fui. Me hacía mal estar en esa casa. –Mentira, antes de irme busqué milanesas en la heladera y comí milanesas frías con mayonesa. (Como amaba comer eso).-
Me sentía rara, mañana era mi cumpleaños.
Esta fecha me ponía rara casi por configuración. Odiaba cumplir años. Lo detestaba. Nunca lo había festejado y quería desaparecer esta fecha de todos los calendarios del universo. –Y este año no era la excepción.-
En la casa de Pedro, abrí mi resaltador nuevo. –Amaba oler los resaltadores y más si están sin usar.- y comencé a leer apuntes de Psicología. (Cualquier cosa con tal de evitar pensar en esa fecha tan espantosa).
Los apuntes poco tenían que ver con lo que yo estudiaba –como todas las fuckings materias de relleno por haberme metido en una licenciatura.- y mucho tenían que ver con lo que me ocurría.
“Una adicción es una dependencia hacia una sustancia, actividad o relación que arrastra a la persona adicta lejos de todo lo demás que le rodea. Está representada por los deseos que consumen los pensamientos y comportamientos de las personas, y actúan en aquellas actividades diseñadas para conseguir la cosa deseada o para comprometerse en la actividad deseada (comportamientos adictivos). Y, a diferencia de los simples hábitos o influencias consumistas, las adicciones son "dependencias" con graves consecuencias en la vida real que deterioran, afectan negativamente, y destruyen relaciones, salud (física y mental), y la capacidad de funcionar de manera efectiva. Adicción es debilitamiento.
En consecuencia, un adicto es una persona "dependiente" de aquella cosa que domina sus pensamientos y deseos y dirige su comportamiento, y la pretensión de esa cosa se convierte en la actividad más importante de su vida. En estados avanzados de adicción, nada es tan importante como la adicción en sí misma.”
Okei, quería desaparecer de este repulsivo mundo.
No sabía, no sabía si lo mío era adicción. –Y no quería saberlo.- Yo estaba bien así.
Nunca me había sentido bien en mi vida, esta era la primera vez. No iba a dejar que un siniestro apunte de la facultad arruine mi chubasquito de felicidad. Definitivamente no.
Cambié de capítulo: “La psicología de los colores. (Y cómo componer con ellos imágenes llamativas para los espectadores)” –Okei, este capítulo parecía tener un poco más de relación con mi futura profesión y no acusaba tener conceptos que pudieran ir en contra de mi psiquis.-
Llevaba exactamente tres horas leyendo y mis ojos estaban a punto de suicidarse sobre los papeles. Guardé todo y me preparé un café batido. –De esos que están tan batidos que tu mano termina ardiendo.- Y me dispuse a ver la tele, Pedro seguro estaría por llegar.
-
Había tenido cinco reuniones en un día porque a los directivos se les había puesto en la cabeza captar al target más anciano de la sociedad y mi cabeza estaba a punto de estallar. –Sí, como una bomba.-
Me compré un café en la máquina del pasillo y casi lo escupo de lo asqueroso que estaba, aún así lo terminé porque mi cuerpo pedía cafeína a gritos.
Faltaban más de dos horas de volver a mi casa y quería desintegrarme.
Estaba chequeando una paleta de colores sobre la cual me habían pedido una opinión cuando Natalia ingresó sin pedir permiso a mi oficina. –Natalia, la pelotuda de la fiesta.-
- Se toca la puerta antes de entrar a algún lado. ¿Sabías?
- Sí, sabía.
- ¿Y entonces por qué no lo haces?
- Porque sos vos Pedrito, me conoces desnuda… ¿Qué problema puede haber entre nosotros?
- Muchos problemas hay entre nosotros.
- ¿Seguís con esa rubia? ¿Me jodes?
- Vos me jodes a mí, estando acá. Quiero terminar rápido e irme a mi casa.
- ¿No te gustaría cumplirme la fantasía de follarme a alguien en una oficina del trabajo? –Preguntó tomándome de mi corbata.-
- No y menos con vos.
- Dale bebito. –Queriendo besarme, pero yo la esquivé.-
- Te vas de acá.
- ¿Te están convirtiendo en alguien fiel?
- No es de tu incumbencia.
- Nah, tenes razón… De mi incumbencia es solo tu amigote.
- ¡Natalia!
- Dale Pedro, estoy más caliente que el agua para el mate.
- Bueno, comparte algún juguete y sacate la calentura sola pendeja. A mí no me jodas. –Dije echándola de mi oficina.-
- ¿Me estás jodiendo?
- No, no te estoy jodiendo. Chau. –La empujé y cerré la puerta.-
---------
Disfruten del doblete !
PD: Amo mucho este capítulo y no sé por qué, creo que porque lo usé de descarga en contra de la vida facultativa.
Y obvio que lo de la adicción está sacado de Internet porque mis conocimientos de psicología con casi nulos.
- ¿Por qué?
- Sabes por qué. –Me senté en la cama, enroscada en la sábana.-
- ¿Por qué te hago pasar un momento increíble? –Preguntó hundiéndose en mi cuello.-
- Otra vez no, en serio.
- ¿Estás muy cansadita?
- Dale tarado. –Se separó de mí.- ¿Me escuchas de verdad?
- Sí…
- A mí no me importa ser tu novia, ni tu mujer, ni nada. Solo me importa estar con vos y quiero tener alguna garantía, al menos tu palabra, de que vamos a estar juntos. De que nos vamos a seguir viendo, de que me vas a seguir follando. Lo necesito. No puedo vivir sin esto. Sería hasta tu amante. –Dije mirando hacia abajo.-
- Ay, como me excita esa idea.
- ¡Respondeme!
- Nunca podría dejar esto. –Dijo tirándose sobre mí, mientras besaba mi cuello.-
- Sos una mierda.
- Pero te encanto.
- Me fascinas. –Dije acostándome, para que él caiga sobre mí.-
- Sos perfecta.
- ¿Perfecta?
- Muy. –Dijo y desenroscó la sábana de mis pechos.-
- Vos sos perfecto. –Dije y lo abracé por el cuello, haciendo que nuestros cuerpos queden pegados.-
- Somos perfectos los dos, por eso estamos juntos… Para no opacar al resto.
-Reí.- Mejor callate y hace.
- ¿Qué queres que haga?
- Hace… Haceme tuya. –Sonrió y sus ojos escupían fuego. Sonreí y me recosté en la cama.-
Mis manos apretaban con mucha fuerza las sábanas, mi piel transpiraba y mi cuerpo sentía un vértigo imposible de poner en palabras. Mis ojos decidían estar cerrados para no distraerse. Temblaba. Gemía. Gritaba.
-
Ella estaba recostada boca abajo, sin nada que la tapara. Mi dedo índice derecho recorría de punta a punta la hendidura de su espalda. –Tal como sabía que amaba.-
Sus ojos estaban cerrados y su boca dibujaba una ligera sonrisa. Cada tanto, gemía muy suavemente.
- ¿De verdad estarías conmigo para siempre?
- De verdad. –Dijo y gimió.- Podría estar así para siempre.
-Sonreí.- Es tarde y mañana tenes que ir a la universidad.
- No me importa, saldré a relucir mis ojeras. –Reímos.- Pero no pares, por favor.
Nos quedamos dormidos, después de mucho tiempo y mi alarma sonó cuando recién había logrado conciliar un sueño profundo.
Me resistí a no tocarla y salí del cuarto.
-
Me levanté y suspiré, no quería que llegue este día.
Me cambié y desayuné para ir a la facultad y la mañana pasó sin pena ni gloria. –En realidad sí, la profesora de Producción Multimedial era un freaky de esas que reconoces a diez cuadras. Me había hecho reír mucho.-
Y ese día no fui a lo de Pedro, sino que me dirigí a “mi” casa. Allí aproveché que mi madre estaba trabajando y que mi padre seguro estaría chupando por ahí y me bañé. Cargué un bolso con algo más de ropa para tener en la casa de Pepe y me fui. Me hacía mal estar en esa casa. –Mentira, antes de irme busqué milanesas en la heladera y comí milanesas frías con mayonesa. (Como amaba comer eso).-
Me sentía rara, mañana era mi cumpleaños.
Esta fecha me ponía rara casi por configuración. Odiaba cumplir años. Lo detestaba. Nunca lo había festejado y quería desaparecer esta fecha de todos los calendarios del universo. –Y este año no era la excepción.-
En la casa de Pedro, abrí mi resaltador nuevo. –Amaba oler los resaltadores y más si están sin usar.- y comencé a leer apuntes de Psicología. (Cualquier cosa con tal de evitar pensar en esa fecha tan espantosa).
Los apuntes poco tenían que ver con lo que yo estudiaba –como todas las fuckings materias de relleno por haberme metido en una licenciatura.- y mucho tenían que ver con lo que me ocurría.
“Una adicción es una dependencia hacia una sustancia, actividad o relación que arrastra a la persona adicta lejos de todo lo demás que le rodea. Está representada por los deseos que consumen los pensamientos y comportamientos de las personas, y actúan en aquellas actividades diseñadas para conseguir la cosa deseada o para comprometerse en la actividad deseada (comportamientos adictivos). Y, a diferencia de los simples hábitos o influencias consumistas, las adicciones son "dependencias" con graves consecuencias en la vida real que deterioran, afectan negativamente, y destruyen relaciones, salud (física y mental), y la capacidad de funcionar de manera efectiva. Adicción es debilitamiento.
En consecuencia, un adicto es una persona "dependiente" de aquella cosa que domina sus pensamientos y deseos y dirige su comportamiento, y la pretensión de esa cosa se convierte en la actividad más importante de su vida. En estados avanzados de adicción, nada es tan importante como la adicción en sí misma.”
Okei, quería desaparecer de este repulsivo mundo.
No sabía, no sabía si lo mío era adicción. –Y no quería saberlo.- Yo estaba bien así.
Nunca me había sentido bien en mi vida, esta era la primera vez. No iba a dejar que un siniestro apunte de la facultad arruine mi chubasquito de felicidad. Definitivamente no.
Cambié de capítulo: “La psicología de los colores. (Y cómo componer con ellos imágenes llamativas para los espectadores)” –Okei, este capítulo parecía tener un poco más de relación con mi futura profesión y no acusaba tener conceptos que pudieran ir en contra de mi psiquis.-
Llevaba exactamente tres horas leyendo y mis ojos estaban a punto de suicidarse sobre los papeles. Guardé todo y me preparé un café batido. –De esos que están tan batidos que tu mano termina ardiendo.- Y me dispuse a ver la tele, Pedro seguro estaría por llegar.
-
Había tenido cinco reuniones en un día porque a los directivos se les había puesto en la cabeza captar al target más anciano de la sociedad y mi cabeza estaba a punto de estallar. –Sí, como una bomba.-
Me compré un café en la máquina del pasillo y casi lo escupo de lo asqueroso que estaba, aún así lo terminé porque mi cuerpo pedía cafeína a gritos.
Faltaban más de dos horas de volver a mi casa y quería desintegrarme.
Estaba chequeando una paleta de colores sobre la cual me habían pedido una opinión cuando Natalia ingresó sin pedir permiso a mi oficina. –Natalia, la pelotuda de la fiesta.-
- Se toca la puerta antes de entrar a algún lado. ¿Sabías?
- Sí, sabía.
- ¿Y entonces por qué no lo haces?
- Porque sos vos Pedrito, me conoces desnuda… ¿Qué problema puede haber entre nosotros?
- Muchos problemas hay entre nosotros.
- ¿Seguís con esa rubia? ¿Me jodes?
- Vos me jodes a mí, estando acá. Quiero terminar rápido e irme a mi casa.
- ¿No te gustaría cumplirme la fantasía de follarme a alguien en una oficina del trabajo? –Preguntó tomándome de mi corbata.-
- No y menos con vos.
- Dale bebito. –Queriendo besarme, pero yo la esquivé.-
- Te vas de acá.
- ¿Te están convirtiendo en alguien fiel?
- No es de tu incumbencia.
- Nah, tenes razón… De mi incumbencia es solo tu amigote.
- ¡Natalia!
- Dale Pedro, estoy más caliente que el agua para el mate.
- Bueno, comparte algún juguete y sacate la calentura sola pendeja. A mí no me jodas. –Dije echándola de mi oficina.-
- ¿Me estás jodiendo?
- No, no te estoy jodiendo. Chau. –La empujé y cerré la puerta.-
---------
Disfruten del doblete !
PD: Amo mucho este capítulo y no sé por qué, creo que porque lo usé de descarga en contra de la vida facultativa.
Y obvio que lo de la adicción está sacado de Internet porque mis conocimientos de psicología con casi nulos.
61.
‘¿Seguís enojada?’
‘Mmm… No, no sé.’
‘¿No sabes si estás enojada?’
‘Me aflojaste.’
‘¿Te gustaron los regalitos?’
‘Sí, gracias.’
‘¿Nos vemos hoy?’
‘Sí vas a tu casa…’
‘Hey, de verdad que no pude zafar.’
‘Bueno. Tengo que entrar a clases.’
Okei, estaba enojada. Muy enojada… Pero no me preocupaba, sabía que con un par de caricias en algunos lugares muy estratégicos su enojo pasaría a formar parte del pasado.
Continué con mi trabajo y no podía más, me había desacostumbrado… Eso es lo malo de estar al pedo. (Creo).
-
Okei, recién había pasado el primer día y yo ya quería vacaciones otra vez. Hice una cola de casi dos horas en la librería para comprar los apuntes de Psicología y Comunicación y volví a lo de Pedro. Dejé las cosas allí y salí con la bici, rumbo a comer en no sé dónde.
Frené en un bar bastante decaído y almorcé allí, mientras intentaba ordenar al menos un poco mi cabeza.
Veía al mundo pasar por el vidrio y no entendía como estaban tan acelerados, iban tan rápido como mis pensamientos.
Sonó mi celular y era él, pero no quería atenderlo. No entendía lo que me pasaba y no iba a gastarme en darle explicaciones inventadas. Pagué y me fui.
Volví a subirme en mi bicicleta y tomé un rumbo desconocido, solo quería andar y andar.
Ya me dolían los pies y sentía los malditos rayos del sol incrustados hasta en los huesos, frené y me compré un agua en un kiosko. –Y sabía que estaba cerca del trabajo de Pedro.-
‘¿A qué hora salís?’
‘En un rato… No sé. ¿Por?’
‘Estoy a un par de cuadras.’
‘¿Me bancas media hora?’
‘Solo media hora.’
‘Solo media hora. Te lo prometo.’
‘Bueno, está bien…’
-
Pasó media hora reloj y yo estaba detrás de ella, la abracé sin avisarle y le hice cosquillas.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Salí, soltame.
- ¿Por qué?
- Porque cuando quería que me toques no lo hiciste, asique ahora me soltas. –Dijo y se zafó de mí.-
- ¿Seguís enojada?
- Sí, estuve dos horas preparándome para ir a tu casa y que despidamos las vacaciones y te fuiste. Y ya sé, ya sé que no tengo derecho a nada porque no somos nada. No puedo hacerte ninguna escena, ni estar celosa ni molesta. Pero me jodió. Quería estar con vos.
- Perdón, perdón, perdón. –Dije y la tomé por la cintura.-
- ¿Tan importante era lo que estabas haciendo?
- Sí, una reunión en la casa de mi jefe.
- ¿De noche?
- Sí Pau… De noche. Dale, afloja.
- No sé.
- Sí, sabes…
- Soltame.
- No te voy a soltar. –Dije y mi mano se metió por debajo de su remera, acariciando su espalda.-
- Estamos en la calle y me soltas. –Volvió a separarse de mí.-
- ¿Te pasa algo más?
- No. Me quiero ir de acá.
- Paula…
- ¿Qué?
- Vamos a mi casa así podemos hablar.
- Okei. Anda como quieras, tengo mi bici a un par de cuadras.
Y se alejó enojada de mí. ¡La puta madre!
Al fin estábamos en mi casa, en la cocina. Ella parada contra la pared y cruzada de brazos.
- ¿Me podes explicar qué te pasa?
- Que me muero de miedo.
- ¿Miedo de qué?
- De que no somos nada y un día me vas a dejar y yo me voy a morir.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque es obvio. Nos conocemos hace un montón, nos besamos cuando pinta, me coges cuando se te canta pero seguimos siendo dos desconocidos que comparten una cama.
- No somos dos desconocidos.
- Sí…
- No Pau, nos conocemos más que nadie.
- ¿Y eso de qué me sirve?
- ¿Vos queres que seamos novios?
- No, porque sé que no te lo bancarías.
- ¿Y entonces?
- No sé. Me da miedo lo adicta que soy a vos.
- Para un poco con eso de la adicción.
- Es la verdad Pedro.
- ¿Sos adicta a esto? –Pregunté pasando mi dedo índice por su feminidad.-
- Te estoy hablando en serio pelotudo.
- Y yo también, dale… Si los dos nos morimos por hacerlo ahora.
- No quiero alejarme de vos.
- No nos vamos a alejar.
- ¿Me hablas de verdad?
- Muy de verdad.
- Mmm…
- En serio Pau. –La besé.-
- ¿Podes dejar de boludearme?
- No te estoy boludeando… -Dije queriendo sacar su remera.-
- Que seriedad hablar mientras me pones en bolas.
- Ardemos más que una pipa.
- Vos me haces arder.
- ¿Y entonces qué problema hay?
- Que me doy cuenta que no soporto vivir sin esto.
- No vas a vivir sin esto… -Dije y terminé de sacar su remera para jugar alrededor de su ombligo con mis dedos y ella se venció, sonreí. Escondió su cabeza en mi cuello y desabrochó mi pantalón.-
Nuestras prendas habían quedado en la cocina y nosotros estábamos en el living, a punto de ingresar a la gloria.
Sus uñas se clavaban como agujas en mi espada y yo clavaba mis dedos en su cabeza. No nos importaba nada más que la piel que existía entre nosotros.
‘Mmm… No, no sé.’
‘¿No sabes si estás enojada?’
‘Me aflojaste.’
‘¿Te gustaron los regalitos?’
‘Sí, gracias.’
‘¿Nos vemos hoy?’
‘Sí vas a tu casa…’
‘Hey, de verdad que no pude zafar.’
‘Bueno. Tengo que entrar a clases.’
Okei, estaba enojada. Muy enojada… Pero no me preocupaba, sabía que con un par de caricias en algunos lugares muy estratégicos su enojo pasaría a formar parte del pasado.
Continué con mi trabajo y no podía más, me había desacostumbrado… Eso es lo malo de estar al pedo. (Creo).
-
Okei, recién había pasado el primer día y yo ya quería vacaciones otra vez. Hice una cola de casi dos horas en la librería para comprar los apuntes de Psicología y Comunicación y volví a lo de Pedro. Dejé las cosas allí y salí con la bici, rumbo a comer en no sé dónde.
Frené en un bar bastante decaído y almorcé allí, mientras intentaba ordenar al menos un poco mi cabeza.
Veía al mundo pasar por el vidrio y no entendía como estaban tan acelerados, iban tan rápido como mis pensamientos.
Sonó mi celular y era él, pero no quería atenderlo. No entendía lo que me pasaba y no iba a gastarme en darle explicaciones inventadas. Pagué y me fui.
Volví a subirme en mi bicicleta y tomé un rumbo desconocido, solo quería andar y andar.
Ya me dolían los pies y sentía los malditos rayos del sol incrustados hasta en los huesos, frené y me compré un agua en un kiosko. –Y sabía que estaba cerca del trabajo de Pedro.-
‘¿A qué hora salís?’
‘En un rato… No sé. ¿Por?’
‘Estoy a un par de cuadras.’
‘¿Me bancas media hora?’
‘Solo media hora.’
‘Solo media hora. Te lo prometo.’
‘Bueno, está bien…’
-
Pasó media hora reloj y yo estaba detrás de ella, la abracé sin avisarle y le hice cosquillas.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Salí, soltame.
- ¿Por qué?
- Porque cuando quería que me toques no lo hiciste, asique ahora me soltas. –Dijo y se zafó de mí.-
- ¿Seguís enojada?
- Sí, estuve dos horas preparándome para ir a tu casa y que despidamos las vacaciones y te fuiste. Y ya sé, ya sé que no tengo derecho a nada porque no somos nada. No puedo hacerte ninguna escena, ni estar celosa ni molesta. Pero me jodió. Quería estar con vos.
- Perdón, perdón, perdón. –Dije y la tomé por la cintura.-
- ¿Tan importante era lo que estabas haciendo?
- Sí, una reunión en la casa de mi jefe.
- ¿De noche?
- Sí Pau… De noche. Dale, afloja.
- No sé.
- Sí, sabes…
- Soltame.
- No te voy a soltar. –Dije y mi mano se metió por debajo de su remera, acariciando su espalda.-
- Estamos en la calle y me soltas. –Volvió a separarse de mí.-
- ¿Te pasa algo más?
- No. Me quiero ir de acá.
- Paula…
- ¿Qué?
- Vamos a mi casa así podemos hablar.
- Okei. Anda como quieras, tengo mi bici a un par de cuadras.
Y se alejó enojada de mí. ¡La puta madre!
Al fin estábamos en mi casa, en la cocina. Ella parada contra la pared y cruzada de brazos.
- ¿Me podes explicar qué te pasa?
- Que me muero de miedo.
- ¿Miedo de qué?
- De que no somos nada y un día me vas a dejar y yo me voy a morir.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque es obvio. Nos conocemos hace un montón, nos besamos cuando pinta, me coges cuando se te canta pero seguimos siendo dos desconocidos que comparten una cama.
- No somos dos desconocidos.
- Sí…
- No Pau, nos conocemos más que nadie.
- ¿Y eso de qué me sirve?
- ¿Vos queres que seamos novios?
- No, porque sé que no te lo bancarías.
- ¿Y entonces?
- No sé. Me da miedo lo adicta que soy a vos.
- Para un poco con eso de la adicción.
- Es la verdad Pedro.
- ¿Sos adicta a esto? –Pregunté pasando mi dedo índice por su feminidad.-
- Te estoy hablando en serio pelotudo.
- Y yo también, dale… Si los dos nos morimos por hacerlo ahora.
- No quiero alejarme de vos.
- No nos vamos a alejar.
- ¿Me hablas de verdad?
- Muy de verdad.
- Mmm…
- En serio Pau. –La besé.-
- ¿Podes dejar de boludearme?
- No te estoy boludeando… -Dije queriendo sacar su remera.-
- Que seriedad hablar mientras me pones en bolas.
- Ardemos más que una pipa.
- Vos me haces arder.
- ¿Y entonces qué problema hay?
- Que me doy cuenta que no soporto vivir sin esto.
- No vas a vivir sin esto… -Dije y terminé de sacar su remera para jugar alrededor de su ombligo con mis dedos y ella se venció, sonreí. Escondió su cabeza en mi cuello y desabrochó mi pantalón.-
Nuestras prendas habían quedado en la cocina y nosotros estábamos en el living, a punto de ingresar a la gloria.
Sus uñas se clavaban como agujas en mi espada y yo clavaba mis dedos en su cabeza. No nos importaba nada más que la piel que existía entre nosotros.
miércoles, 25 de febrero de 2015
60.
Intentaba dormirme pero no podía hacerlo si no estaba desnuda a su lado. No podía dormirme sin que mi cuerpo temblara del placer.
‘No puedo dormirme sin sentir tu dedo índice recorriendo la hendidura de mi columna.’
‘Y yo no puedo dormirme sin escuchar tus suspiros mezclados con gemidos.’
‘Esto me asusta.’
‘¿Qué cosa?’
‘Esto Pedro. Me asusta estar tan adicta a vos.’
‘¿Adicta?’
‘Sí, adicta.’
‘Es solo que nos conocemos hace poco y es el fuego del principio.’
‘No sé Pedro. ¿Vos qué tanto sabes de relaciones?’
‘Nada, pero es lo que dicen todos.’
‘Todos no son garantía de nada.’
‘Hey, no te preocupes. Además, no estamos haciendo nada malo.’
‘¿No?’
‘No Pau, de verdad… Descansa y mañana nos vemos.’
‘Hasta mañana.’
Suspiré y apagué el celular.
Pero no lograba dormirme… No entendía lo que me pasaba o no quería entenderlo. Me daba miedo entenderme, me daba miedo darme cuenta que lo mejor para mí era alejarme de él.
Sin darme cuenta comencé a llorar, era real que no quería alejarme de él. Me hacía bien, muy bien… Pero a la vez me hacía mal, muy mal. Mi cabeza era una contradicción y mi corazón también. Yo era una contradicción, de pies a cabeza.
De un día para el otro se había hecho tan esencial como el aire que inhalo y llega a mis pulmones.
Pedro se había convertido en todo para mí, era mi mundo entero. Él, él y solo él.
Me dormí cuando el sol ya entraba por mi ventana.
Al día siguiente desperté con los gritos de mi papá pegándole a mi mamá y BINGO. ¿Podía dormir hasta la semana siguiente?
No me podía ir de mi casa sin bañarme, era un asco y no quería que me toque así.
Esperé a que todo se calmara, busqué mi ropa y me fui a bañar. Estaba envuelta en una toalla con el pelo dentro de otra y sonreí al ver que en mi cuello tenía marcado un chupón.
Me depilé y volví a meterme debajo de la ducha, ahora sí… Podría cambiarme. Quería que cada detalle de mi cuerpo esté a la perfección.
Controlé que mis uñas estén bien pintadas y que no pinchen. Me fije que mi piel esté totalmente libre de vellos. Corroboré que mi tanga esté bien puesta y me puse el strapless de modal blanco que tenía en el baño, sin corpiño alguno.
Acomodé mi pelo para que caiga sobre mis hombros luego de secarlo y me maquillé, mis ojos negros y mi boca roja.
Salí de mi casa sin que nadie me vea y fui a lo de Pedro. Sin escalas.
Cuando llegué él estaba tan ocupado viendo una película que ni me registró. ¡Na!
Lo histeriquié de todas las maneras posibles pero no hubo modo ni de que me miré un segundo. ¿Todo esto al pedo?
Me fui enojada de su cuarto y me quedé en el balcón.
- Pau… Me tengo que ir, a la noche vuelvo.
- ¿Qué?
- Eso…
- Pero… -Me levanté.- Está bien, anda.
- Te prometo que a la noche vuelvo y cenamos juntos. –Me besó.-
- Bueno.
- ¿Pasa algo?
- No, solo que es nuestro último día de vacaciones.
- Por eso, vuelvo a la noche… -Volvió a besarme.- Chau.
- Chau.
Me saqué el maquillaje, me puse un short y una remera y me puse a ver la tele. Enojada. Muy enojada. Pero no aguantaba sentada, asique salí a caminar.
Caminé más de cien cuadras y no se me iba la calentura. –Ninguna de las dos.- Se largó a llover y no me importó, caminé y seguí caminando hasta llegar a un bar en donde me pedí un trago. –Yo no tomaba nunca. Nunca.-
Pagué y me fui, llegué a la casa de Pedro y fui directamente a la cama. Creo que eso que tomé estaba muy cargado, se me partía la cabeza.
Puse la tele y la escuchaba con mis ojos cerrados. Ya eran las once de la noche.
‘Perdón Pau, pero no voy a llegar.’
‘Okei.’
Nada más podía pasarme.
Me fui a la cama de la otra habitación sin cenar y me quedé allí, por horas. Me estaba por volver loca.
No podía dejar de llorar y lo peor era que no tenía la más puta idea de por qué lloraba. ¿Estaba llorando porque no me estaban follando? ¿Qué? ¿Qué mierda era esto?
Me quería morir, quería desaparecer.
-
Llegué muy tarde a mi casa con la ilusión de que Paula estuviese despierta, pero no solo que no estaba despierta sino que ni siquiera estaba en mi cama. Se había enojado.
Ya que yo salía antes a trabajar que ella a la universidad, le dejé una bolsa de caramelos de chocolate con menta al lado de su mochila con una nota y me fui a dormir.
Al día siguiente desperté y se había acabado la buena vida. Otra vez a trabajar. Me bañé y desayuné, ella no se había enterado.
Antes de irme, pasé por su cuarto y besé su mejilla. La tapé y me fui. (antes dejé otro regalito en la cocina)
-
Me desperté y busqué a Pedro por toda la casa, ya se había ido. Me cambié y cuando fui a desayunar encontré un paquete de mis galletitas preferidas con un cartel que decía: “Buen día.” Sonreí como una pelotuda y me hice un café para desayunar.
Cuando salí de su casa revisé que en mi mochila estuviese todo y encontré algo que yo no había dejado allí. Era una bolsa de caramelos de chocolate con menta y otra notita.
“Perdón por dejarte colgada anoche, pero te juro que no pude safar. Estaba con gente del laburo. Perdón, de verdad. Te prometo que esta noche te compenso. Que empieces bien el cuatri… Buen día otra vez.”
¡Me podía! Me podía como nadie, abrí un caramelo y salí del edificio.
‘No puedo dormirme sin sentir tu dedo índice recorriendo la hendidura de mi columna.’
‘Y yo no puedo dormirme sin escuchar tus suspiros mezclados con gemidos.’
‘Esto me asusta.’
‘¿Qué cosa?’
‘Esto Pedro. Me asusta estar tan adicta a vos.’
‘¿Adicta?’
‘Sí, adicta.’
‘Es solo que nos conocemos hace poco y es el fuego del principio.’
‘No sé Pedro. ¿Vos qué tanto sabes de relaciones?’
‘Nada, pero es lo que dicen todos.’
‘Todos no son garantía de nada.’
‘Hey, no te preocupes. Además, no estamos haciendo nada malo.’
‘¿No?’
‘No Pau, de verdad… Descansa y mañana nos vemos.’
‘Hasta mañana.’
Suspiré y apagué el celular.
Pero no lograba dormirme… No entendía lo que me pasaba o no quería entenderlo. Me daba miedo entenderme, me daba miedo darme cuenta que lo mejor para mí era alejarme de él.
Sin darme cuenta comencé a llorar, era real que no quería alejarme de él. Me hacía bien, muy bien… Pero a la vez me hacía mal, muy mal. Mi cabeza era una contradicción y mi corazón también. Yo era una contradicción, de pies a cabeza.
De un día para el otro se había hecho tan esencial como el aire que inhalo y llega a mis pulmones.
Pedro se había convertido en todo para mí, era mi mundo entero. Él, él y solo él.
Me dormí cuando el sol ya entraba por mi ventana.
Al día siguiente desperté con los gritos de mi papá pegándole a mi mamá y BINGO. ¿Podía dormir hasta la semana siguiente?
No me podía ir de mi casa sin bañarme, era un asco y no quería que me toque así.
Esperé a que todo se calmara, busqué mi ropa y me fui a bañar. Estaba envuelta en una toalla con el pelo dentro de otra y sonreí al ver que en mi cuello tenía marcado un chupón.
Me depilé y volví a meterme debajo de la ducha, ahora sí… Podría cambiarme. Quería que cada detalle de mi cuerpo esté a la perfección.
Controlé que mis uñas estén bien pintadas y que no pinchen. Me fije que mi piel esté totalmente libre de vellos. Corroboré que mi tanga esté bien puesta y me puse el strapless de modal blanco que tenía en el baño, sin corpiño alguno.
Acomodé mi pelo para que caiga sobre mis hombros luego de secarlo y me maquillé, mis ojos negros y mi boca roja.
Salí de mi casa sin que nadie me vea y fui a lo de Pedro. Sin escalas.
Cuando llegué él estaba tan ocupado viendo una película que ni me registró. ¡Na!
Lo histeriquié de todas las maneras posibles pero no hubo modo ni de que me miré un segundo. ¿Todo esto al pedo?
Me fui enojada de su cuarto y me quedé en el balcón.
- Pau… Me tengo que ir, a la noche vuelvo.
- ¿Qué?
- Eso…
- Pero… -Me levanté.- Está bien, anda.
- Te prometo que a la noche vuelvo y cenamos juntos. –Me besó.-
- Bueno.
- ¿Pasa algo?
- No, solo que es nuestro último día de vacaciones.
- Por eso, vuelvo a la noche… -Volvió a besarme.- Chau.
- Chau.
Me saqué el maquillaje, me puse un short y una remera y me puse a ver la tele. Enojada. Muy enojada. Pero no aguantaba sentada, asique salí a caminar.
Caminé más de cien cuadras y no se me iba la calentura. –Ninguna de las dos.- Se largó a llover y no me importó, caminé y seguí caminando hasta llegar a un bar en donde me pedí un trago. –Yo no tomaba nunca. Nunca.-
Pagué y me fui, llegué a la casa de Pedro y fui directamente a la cama. Creo que eso que tomé estaba muy cargado, se me partía la cabeza.
Puse la tele y la escuchaba con mis ojos cerrados. Ya eran las once de la noche.
‘Perdón Pau, pero no voy a llegar.’
‘Okei.’
Nada más podía pasarme.
Me fui a la cama de la otra habitación sin cenar y me quedé allí, por horas. Me estaba por volver loca.
No podía dejar de llorar y lo peor era que no tenía la más puta idea de por qué lloraba. ¿Estaba llorando porque no me estaban follando? ¿Qué? ¿Qué mierda era esto?
Me quería morir, quería desaparecer.
-
Llegué muy tarde a mi casa con la ilusión de que Paula estuviese despierta, pero no solo que no estaba despierta sino que ni siquiera estaba en mi cama. Se había enojado.
Ya que yo salía antes a trabajar que ella a la universidad, le dejé una bolsa de caramelos de chocolate con menta al lado de su mochila con una nota y me fui a dormir.
Al día siguiente desperté y se había acabado la buena vida. Otra vez a trabajar. Me bañé y desayuné, ella no se había enterado.
Antes de irme, pasé por su cuarto y besé su mejilla. La tapé y me fui. (antes dejé otro regalito en la cocina)
-
Me desperté y busqué a Pedro por toda la casa, ya se había ido. Me cambié y cuando fui a desayunar encontré un paquete de mis galletitas preferidas con un cartel que decía: “Buen día.” Sonreí como una pelotuda y me hice un café para desayunar.
Cuando salí de su casa revisé que en mi mochila estuviese todo y encontré algo que yo no había dejado allí. Era una bolsa de caramelos de chocolate con menta y otra notita.
“Perdón por dejarte colgada anoche, pero te juro que no pude safar. Estaba con gente del laburo. Perdón, de verdad. Te prometo que esta noche te compenso. Que empieces bien el cuatri… Buen día otra vez.”
¡Me podía! Me podía como nadie, abrí un caramelo y salí del edificio.
martes, 24 de febrero de 2015
59.
- Gorda… Dale, contame.
- ¿Qué queres que te cuente?
- ¿Qué onda las cosas con Pedro?
- No somos nada.
- Pero pasan cosas.
- Muchas.
- Específica nena. No soy adivina.
-Reí.- Bueno Zaira… ¿Qué queres que te cuente? ¿Cómo coge?
- No me jode. –Reímos.-
- Hacemos mates y hablamos. ¿Te va?
- Bueno, está bien… Estirala que en breve se hace chicle. –Largué una carcajada y calenté el agua para el mate. Estábamos en el departamento en donde ella estaba parando.-
Volvimos con el mate a la habitación, en donde ambas nos sentamos en la cama con las piernas cruzadas y yo comencé mi relato.
- Bueno… Nos conocimos y todo bien, qué se yo.
- Sí, esa parte ya la conozco primita.
- ¿Me dejas introducir el tema?
- Sos más vueltera.
- Callate y dejame hablar.
- Okei…
- Nos conocimos y siempre hubo algo de él que me atrajo, pero el miedo siempre fue más fuerte. Además, él es un mujeriego y era prácticamente imposible que se enganche conmigo. Hubo momentos en los que no nos hablábamos y otros en los que hablamos las 24 horas del día. Un día estaba en mi casa y descubrió mis cuadernos, leyó algo que había escrito sobre él y me empezó a hacer mil preguntas, creía que hablaba de otro chico. Explotamos los dos, nos gritamos de todo y terminamos chapando… Y te juro que nunca creí que un chape con alguien podía ser así, es un zarpado de mierda y me encantó que sea así. Empezó siendo tierno pero le duró muy poco…
- Eso ya me lo contaste.
- Bueno, no importa. Te lo cuento otra vez.
- Dale boluda.
- Bueno, para. Una vez nos peleamos por una pelotuda en una de esas fiestas de su trabajo y yo me volví a mi casa sin avisarle, él fue a buscarme, hablamos y nos reconciliamos… Estábamos solos y nos besamos desaforadamente, pero como te dije es un zarpado del orto y empezó a tocarme… La espalda, el cuello, la nuca hasta que me mordió la oreja y me tuvo a sus pies. –Zaira rio.- En serio… No sé cuánto pasó, pero fue muy poco, hasta que me animé a estar con él y fue el paraíso. Nunca creí que alguien podía hacerte sentir tanto placer y siento que me volví adicta, adicta a él.
- ¿Adicta?
- Sí, no sé. Es raro, no somos nada… Somos amigos a veces, otras veces parecemos novios y otras somos dos pibes que lo único que quieren es hacerlo. Pero lo necesito todo el tiempo, en cualquiera de sus formas. –Suspiré.- Y sé que nunca va a poder darme una pareja normal, porque él no es así, y aún así lo busco todo el tiempo. Quiero hablar con él, estar con él, besarlo, abrazarlo, cocinarle, limpiarle la casa y quiero que todo el tiempo me haga suya.
- Estás hasta las manos boluda.
- Y un poco más.
- Si lo que pasa es fuerte de verdad, tarde o temprano van a tener alguna formalidad.
- No creo… Y tengo miedo de no poder dejarlo nunca. De siempre ser la segunda. ¿Entendes?
- Date tiempo y dale tiempo… ¿Ahora están bien?
- Muy bien.
- ¿Y la pasan bien juntos?
- Y sí boluda.
- Entonces deja que pase… Empezaron con esto hace poco, dejen que pase el tiempo. Si en algún momento sentís que de verdad te molesta no ser nada en su vida, se lo planteas. Pero mientras la pasen bien… ¿Quién te quita lo bailado?
- Puede ser que tengas razón. ¿Sabes lo qué pasa? No soportaría que me sigan lastimando.
- Si vos tenes en claro que no son nada, si se separan no tendría por qué dolerte.
- Pero para mí él es todo.
- Decíselo.
- No, ni loca.
- ¿Por qué?
- Porque no estoy dispuesta a perderlo y menos por culpa mía.
- Pero…
- Pero nada. Hoy no me importa ser la segunda, ni la tercera ni nada. No me importa no tener rótulo, solo me importa estar con él.
- Pero vales mucho. No te rebajes tanto.
- Es el único que me hace bien.
-Suspiró.- Cuidate boluda.
- Me cuido.
- Sí, usas forro. –Dijo irónica.-
- No seas pelotuda.
- Sabes lo que te digo.
- Sí, lo sé.
- Bueno, entonces cuidate de verdad. Estás muy golpeada como para meterte en la boca del lobo.
- Ya lo sé.
Era viernes y ya tenía decidido que esa noche no iría a su casa, le avisé que estaba con Zaira y que me quedaba a dormir en su casa. –Cosa que era mentira.-
Volví a mi casa y me encerré en mi cuarto. (Sí, como siempre). Puse música y me acosté en la cama, mi cabeza iba a mil. Pedro me llamó, pero dejé que atienda el contestador.
Mi cabeza iba a mil revoluciones por segundo. Tenía mil pensamientos y una sola certeza, no estaba dispuesta a alejarme de él. No, no y no.
¿Me estaba convirtiendo en una adicta a su persona?
Suspiré y me concentré en la música.
“Hoy pude descubrir mirándote a los ojos una forma de vivir que mata la rutina y las presiones del dolor.
Salvame de esperar. Sacame, rescatame de esta soledad.
No olvides que te extraño y que siempre voy a estar.
Y está en su 17 primavera y devolveme mil inviernos juntos y en conclusión no puedo vivir sin vos.
Qué inmensa es esta paz. Respiro de tu aire cada día mas. Transmito en emociones, sueño siempre un poco más.
Respiro de tu aire cada día más.”
Saqué mi cuaderno de mi caja y comencé a escribir. Busqué la letra de la canción con mi celular y la copié, luego comencé a volcar mis sentimientos en aquellos renglones.
‘Por fin, por fin alguien llegó a mi isla y me rescató. -Pero no sé si eso es tan bueno como esperaba.
Tenía miedo, miedo de que esto se vuelva en algo negativo.
No pretendía ser su mujer para la eternidad, solo quería tener alguna certeza de que no iba a lastimarme. Solo quería eso.
Pero no podía, no podía alejarlo de mí. No quería hacerlo. NO PODÍA.
Me había vuelto adicta a él y era hora de aceptarlo. Podía hacer lo que quiera conmigo, podía pedirme cualquier cosa que yo iba a estar ahí para él. Siempre iba a estar para él, lo sabía. Lo sentía.
Pasa que era imposible resistirse a él. Él tiene lo que toda mujer busca, él tiene todo lo que nunca había buscado. Pedro me atrapó, llegó a mi vida y se metió en ella sin pedir permiso. –Y ahora es imposible que salga de ella.-
Soy adicta a todo él, y cuando digo a todo es a TODO. En lo más explicito de la palabra. Soy adicta a que me mire, soy adicta a que me abrace y soy adicta a que me bese. Soy adicta a morder sus labios y soy adicta a que él muerda sus labios.
Podría pasarme la vida entera sintiendo como él me toca y podría también pasarme la vida entera sintiéndolo dentro de mí.
Me convertí en una adicta a su voz, a sus palabras y a sus chistes. Soy adicta a sus pensamientos, quiero saber todo lo que pasa por su cabeza.
Soy adicta a tocar su pelo y a morder su cuello, soy adicta a que haga lo mismo conmigo.
- ¿Qué queres que te cuente?
- ¿Qué onda las cosas con Pedro?
- No somos nada.
- Pero pasan cosas.
- Muchas.
- Específica nena. No soy adivina.
-Reí.- Bueno Zaira… ¿Qué queres que te cuente? ¿Cómo coge?
- No me jode. –Reímos.-
- Hacemos mates y hablamos. ¿Te va?
- Bueno, está bien… Estirala que en breve se hace chicle. –Largué una carcajada y calenté el agua para el mate. Estábamos en el departamento en donde ella estaba parando.-
Volvimos con el mate a la habitación, en donde ambas nos sentamos en la cama con las piernas cruzadas y yo comencé mi relato.
- Bueno… Nos conocimos y todo bien, qué se yo.
- Sí, esa parte ya la conozco primita.
- ¿Me dejas introducir el tema?
- Sos más vueltera.
- Callate y dejame hablar.
- Okei…
- Nos conocimos y siempre hubo algo de él que me atrajo, pero el miedo siempre fue más fuerte. Además, él es un mujeriego y era prácticamente imposible que se enganche conmigo. Hubo momentos en los que no nos hablábamos y otros en los que hablamos las 24 horas del día. Un día estaba en mi casa y descubrió mis cuadernos, leyó algo que había escrito sobre él y me empezó a hacer mil preguntas, creía que hablaba de otro chico. Explotamos los dos, nos gritamos de todo y terminamos chapando… Y te juro que nunca creí que un chape con alguien podía ser así, es un zarpado de mierda y me encantó que sea así. Empezó siendo tierno pero le duró muy poco…
- Eso ya me lo contaste.
- Bueno, no importa. Te lo cuento otra vez.
- Dale boluda.
- Bueno, para. Una vez nos peleamos por una pelotuda en una de esas fiestas de su trabajo y yo me volví a mi casa sin avisarle, él fue a buscarme, hablamos y nos reconciliamos… Estábamos solos y nos besamos desaforadamente, pero como te dije es un zarpado del orto y empezó a tocarme… La espalda, el cuello, la nuca hasta que me mordió la oreja y me tuvo a sus pies. –Zaira rio.- En serio… No sé cuánto pasó, pero fue muy poco, hasta que me animé a estar con él y fue el paraíso. Nunca creí que alguien podía hacerte sentir tanto placer y siento que me volví adicta, adicta a él.
- ¿Adicta?
- Sí, no sé. Es raro, no somos nada… Somos amigos a veces, otras veces parecemos novios y otras somos dos pibes que lo único que quieren es hacerlo. Pero lo necesito todo el tiempo, en cualquiera de sus formas. –Suspiré.- Y sé que nunca va a poder darme una pareja normal, porque él no es así, y aún así lo busco todo el tiempo. Quiero hablar con él, estar con él, besarlo, abrazarlo, cocinarle, limpiarle la casa y quiero que todo el tiempo me haga suya.
- Estás hasta las manos boluda.
- Y un poco más.
- Si lo que pasa es fuerte de verdad, tarde o temprano van a tener alguna formalidad.
- No creo… Y tengo miedo de no poder dejarlo nunca. De siempre ser la segunda. ¿Entendes?
- Date tiempo y dale tiempo… ¿Ahora están bien?
- Muy bien.
- ¿Y la pasan bien juntos?
- Y sí boluda.
- Entonces deja que pase… Empezaron con esto hace poco, dejen que pase el tiempo. Si en algún momento sentís que de verdad te molesta no ser nada en su vida, se lo planteas. Pero mientras la pasen bien… ¿Quién te quita lo bailado?
- Puede ser que tengas razón. ¿Sabes lo qué pasa? No soportaría que me sigan lastimando.
- Si vos tenes en claro que no son nada, si se separan no tendría por qué dolerte.
- Pero para mí él es todo.
- Decíselo.
- No, ni loca.
- ¿Por qué?
- Porque no estoy dispuesta a perderlo y menos por culpa mía.
- Pero…
- Pero nada. Hoy no me importa ser la segunda, ni la tercera ni nada. No me importa no tener rótulo, solo me importa estar con él.
- Pero vales mucho. No te rebajes tanto.
- Es el único que me hace bien.
-Suspiró.- Cuidate boluda.
- Me cuido.
- Sí, usas forro. –Dijo irónica.-
- No seas pelotuda.
- Sabes lo que te digo.
- Sí, lo sé.
- Bueno, entonces cuidate de verdad. Estás muy golpeada como para meterte en la boca del lobo.
- Ya lo sé.
Era viernes y ya tenía decidido que esa noche no iría a su casa, le avisé que estaba con Zaira y que me quedaba a dormir en su casa. –Cosa que era mentira.-
Volví a mi casa y me encerré en mi cuarto. (Sí, como siempre). Puse música y me acosté en la cama, mi cabeza iba a mil. Pedro me llamó, pero dejé que atienda el contestador.
Mi cabeza iba a mil revoluciones por segundo. Tenía mil pensamientos y una sola certeza, no estaba dispuesta a alejarme de él. No, no y no.
¿Me estaba convirtiendo en una adicta a su persona?
Suspiré y me concentré en la música.
“Hoy pude descubrir mirándote a los ojos una forma de vivir que mata la rutina y las presiones del dolor.
Salvame de esperar. Sacame, rescatame de esta soledad.
No olvides que te extraño y que siempre voy a estar.
Y está en su 17 primavera y devolveme mil inviernos juntos y en conclusión no puedo vivir sin vos.
Qué inmensa es esta paz. Respiro de tu aire cada día mas. Transmito en emociones, sueño siempre un poco más.
Respiro de tu aire cada día más.”
Saqué mi cuaderno de mi caja y comencé a escribir. Busqué la letra de la canción con mi celular y la copié, luego comencé a volcar mis sentimientos en aquellos renglones.
‘Por fin, por fin alguien llegó a mi isla y me rescató. -Pero no sé si eso es tan bueno como esperaba.
Tenía miedo, miedo de que esto se vuelva en algo negativo.
No pretendía ser su mujer para la eternidad, solo quería tener alguna certeza de que no iba a lastimarme. Solo quería eso.
Pero no podía, no podía alejarlo de mí. No quería hacerlo. NO PODÍA.
Me había vuelto adicta a él y era hora de aceptarlo. Podía hacer lo que quiera conmigo, podía pedirme cualquier cosa que yo iba a estar ahí para él. Siempre iba a estar para él, lo sabía. Lo sentía.
Pasa que era imposible resistirse a él. Él tiene lo que toda mujer busca, él tiene todo lo que nunca había buscado. Pedro me atrapó, llegó a mi vida y se metió en ella sin pedir permiso. –Y ahora es imposible que salga de ella.-
Soy adicta a todo él, y cuando digo a todo es a TODO. En lo más explicito de la palabra. Soy adicta a que me mire, soy adicta a que me abrace y soy adicta a que me bese. Soy adicta a morder sus labios y soy adicta a que él muerda sus labios.
Podría pasarme la vida entera sintiendo como él me toca y podría también pasarme la vida entera sintiéndolo dentro de mí.
Me convertí en una adicta a su voz, a sus palabras y a sus chistes. Soy adicta a sus pensamientos, quiero saber todo lo que pasa por su cabeza.
Soy adicta a tocar su pelo y a morder su cuello, soy adicta a que haga lo mismo conmigo.
Podría pasarme eternas horas sentada sobre sus piernas mientras él me abraza por la cintura.
Soy adicta a todo su ser.
Soy adicta.
Soy adicta.
Carajo, estaba hasta las tetas.’
----------------
Hola, hola! Aquí el capítulo de hoy, comenten por faaaaaaaas! Y acá la canción del capítulo: http://www.youtube.com/watch?v=2XaGgCz66ro (Buscame - Tan Bionica)
Soy adicta a todo su ser.
Soy adicta.
Soy adicta.
Carajo, estaba hasta las tetas.’
----------------
Hola, hola! Aquí el capítulo de hoy, comenten por faaaaaaaas! Y acá la canción del capítulo: http://www.youtube.com/watch?v=2XaGgCz66ro (Buscame - Tan Bionica)
lunes, 23 de febrero de 2015
58.
Recién habíamos terminados nuestras hamburguesas y estábamos sentados uno al lado del otro… Con nuestras manos unidas, me sentía su novia aunque no lo era.
- Esto es un bardo de gente… -Dije.-
- ¿Queres que nos vayamos?
- Como prefieras. –Apoyé mi cabeza en su hombro y él besó mi cabeza.-
- Lo que quieras mientras sea con vos.
-Sonreí y suspiré, me acurruqué más en él y cerré mis ojos.- ¿Qué hora es?
- Las diez y media. ¿Tenes sueño?
-Reí.- No… Solo quería saber.
Al ratito, nos levantamos y nos fuimos. Estábamos caminando por la ciudad cuando él frenó en una heladería.
- ¿Un cuarto de helado de chocolate de almendras con menta granizada?
-Sonreí.- Por favor.
- Entremos, dale…
Entramos a la heladería y él pidió, ese cuarto para mí y otro para él. Caminamos dos cuadras más y nos sentamos en el banco de una plaza a comer el helado.
- ¿Sabes hace cuánto no como esto?
- ¿Mucho?
- Años… -Dije abriendo el pote y rasqué la tapa para comer lo que había pegado allí.-
- Disfrutalo entonces. –Asentí con mi cabeza mientras saboreaba el helado. Él abrió su helado y también comenzó a comer.- ¿Está rico?
- Está buenísimo… Gracias.
- No es nada.
Continuamos comiendo el helado mientras hablábamos de algunas boludeces y cada tanto, nos besábamos.
- La semana que viene yo vuelvo a trabajar ya, se me acaba la licencia… Asique si queres aprovechar mis últimos días libres y los tuyos también, podemos ir al río.
- ¿Posta?
- Si no queres no eh…
- Obvio que quiero. Vamos, dale. –Dije feliz.-
- Mira que todo este paseo no te va a salir gratis.
- ¿Y me cobras en especias?
- Ajam…
- Entonces te voy a pagar con gusto… -Dije y lo besé.-
- Mira que cobro muy caro.
- Si queres poneme una deuda de por vida que con mucho gusto la voy a cumplir. –Dije en su oído y mordí su oreja.-
- Sos una hija de puta.
- Y te encanta. –Lo besé.- Vamos, dale. –Me levanté y él me tocó la cola.- Dale forro.
- Ahora te la bancas.
- ¿Me vas a histeriquear todo el paseo?
- Porque vos no lo vas a hacer… ¿No? –Preguntó parándose y yo reí pícara.-
- ¿Vamos?
- Para un poco… -Me besó y me acorraló contra el tronco de un árbol.-
- Como te gusta apretujarme contra las cosas.
- Me encanta. –Dijo y me apretó más fuerte.-
- Pero contra acá no.
- ¿Por qué?
- Me raspa…
- Ay, pobrecita….
- En serio nene.
- Bien que después me pedís…
- Sh, te callas que ya me da vergüenza. Vamos. ¡Dale! –Él suspiró y salimos de la plaza.-
Caminamos más de 20 cuadras solo porque quería torturarlo un poco y porque no quería que siga gastando plata hasta que por fin habíamos llegado.
- Bien. ¿Y qué se supone que vamos a hacer acá?
- No sé. Vos propusiste venir.
- Pero vos aceptaste.
- ¿Y?
- Y que deberías saber que hacer acá.
-Reí.- Vos fuiste el de la idea.
- Pero…
- Muchas ideas no tengo.
- Pero tenes…
- Sí.
- ¿Y cuáles son?
- Besarte o besarte… O besarte.
- Mmm….
- ¿Te gusta la idea o no?
- Me encanta.
Caminamos hasta la punta del puente, él se apoyó sobre la baranda y yo lo besé abrazándolo por la cintura. Él me abrazó por debajo de mis brazos y enredó sus dedos entre mi pelo, con sus yemas masajeaba mi cabeza. Mis dedos se deslizaban por su cintura. Mi cuerpo presionó el suyo.
- Era muy en serio. –Dijo.-
- ¿Qué cosa? –Pregunté entre besos.-
- Que pensabas histeriquearme.
- Vos empezaste nene.
- Y vos la seguiste.
- No voy a quedarme atrás.
- Ay, ella no va a ser menos.
- Obvio que no.
Y todo ese diálogo sucedió mientras nuestros labios no tenían alguna intención de separarse ni por una milésima de segundo.
-
Después de un rato, estábamos abrazados. Ella con su cabeza sobre mi pecho y sus manos sobre mi pecho también. Yo la abrazaba por la cintura. Ambos seguíamos con el mismo jueguito.
Sus manos recorrían con pequeños cosquilleos mi cintura y yo hice que su cabeza quede a la altura de la mía, pasé todo su pelo para el lado izquierdo y mis labios y mi lengua se sumergieron en su cuello.
- Te estás yendo al carajo.
- Vos me incitas a que lo haga.
- ¿Yo? –Dijo y se separó de mí para caminar hacia la otra punta de la baranda. La seguí.-
- Sí, vos. –Dije y se dio vuelta, posando sus brazos en la baranda y tirando su torso hacia delante.- ¿Ves?
- ¿Qué?
- Qué bien te sale hacerte la pelotuda. –Rio.- Ay… -Ella se sentó en el piso y yo suspiré.- ¿Qué queres ahora?
- Vengo acá, así no hago nada que vos puedas mal pensar.
- Tenes la mente más sucia que yo.
- No grites, hay un montón de gente acá.
- ¿Y?
- Y que me da cosita.
- Ahora tenes pudor.
- Basta porque me voy en serio.
- Andate si queres.
- Bueno…
Ella se levantó y comenzó a irse, yo la dejé… Pero cuando estaba a varios metros de mí corrí hasta alcanzarla, la pasé y me interpuse en su camino.
- Claro, claro. ¿Tan gil te pensas que soy que voy a dejar que te vayas?
- No sé.
- Ahora lo sabes.
- ¿Sos gil o no? –Preguntó riendo.-
- ¡No! ¿No ves qué te estoy frenando?
- ¿Y a dónde me vas a llevar?
- Al paraíso.
- Chamullero.
- ¿Crees en mí?
- Creo.
- Entonces, créeme que te voy a llevar al paraíso.
Esta vez sí pedimos un auto para volver porque claramente ninguno de los dos aguantaría tantas cuadras caminando.
- Esto es un bardo de gente… -Dije.-
- ¿Queres que nos vayamos?
- Como prefieras. –Apoyé mi cabeza en su hombro y él besó mi cabeza.-
- Lo que quieras mientras sea con vos.
-Sonreí y suspiré, me acurruqué más en él y cerré mis ojos.- ¿Qué hora es?
- Las diez y media. ¿Tenes sueño?
-Reí.- No… Solo quería saber.
Al ratito, nos levantamos y nos fuimos. Estábamos caminando por la ciudad cuando él frenó en una heladería.
- ¿Un cuarto de helado de chocolate de almendras con menta granizada?
-Sonreí.- Por favor.
- Entremos, dale…
Entramos a la heladería y él pidió, ese cuarto para mí y otro para él. Caminamos dos cuadras más y nos sentamos en el banco de una plaza a comer el helado.
- ¿Sabes hace cuánto no como esto?
- ¿Mucho?
- Años… -Dije abriendo el pote y rasqué la tapa para comer lo que había pegado allí.-
- Disfrutalo entonces. –Asentí con mi cabeza mientras saboreaba el helado. Él abrió su helado y también comenzó a comer.- ¿Está rico?
- Está buenísimo… Gracias.
- No es nada.
Continuamos comiendo el helado mientras hablábamos de algunas boludeces y cada tanto, nos besábamos.
- La semana que viene yo vuelvo a trabajar ya, se me acaba la licencia… Asique si queres aprovechar mis últimos días libres y los tuyos también, podemos ir al río.
- ¿Posta?
- Si no queres no eh…
- Obvio que quiero. Vamos, dale. –Dije feliz.-
- Mira que todo este paseo no te va a salir gratis.
- ¿Y me cobras en especias?
- Ajam…
- Entonces te voy a pagar con gusto… -Dije y lo besé.-
- Mira que cobro muy caro.
- Si queres poneme una deuda de por vida que con mucho gusto la voy a cumplir. –Dije en su oído y mordí su oreja.-
- Sos una hija de puta.
- Y te encanta. –Lo besé.- Vamos, dale. –Me levanté y él me tocó la cola.- Dale forro.
- Ahora te la bancas.
- ¿Me vas a histeriquear todo el paseo?
- Porque vos no lo vas a hacer… ¿No? –Preguntó parándose y yo reí pícara.-
- ¿Vamos?
- Para un poco… -Me besó y me acorraló contra el tronco de un árbol.-
- Como te gusta apretujarme contra las cosas.
- Me encanta. –Dijo y me apretó más fuerte.-
- Pero contra acá no.
- ¿Por qué?
- Me raspa…
- Ay, pobrecita….
- En serio nene.
- Bien que después me pedís…
- Sh, te callas que ya me da vergüenza. Vamos. ¡Dale! –Él suspiró y salimos de la plaza.-
Caminamos más de 20 cuadras solo porque quería torturarlo un poco y porque no quería que siga gastando plata hasta que por fin habíamos llegado.
- Bien. ¿Y qué se supone que vamos a hacer acá?
- No sé. Vos propusiste venir.
- Pero vos aceptaste.
- ¿Y?
- Y que deberías saber que hacer acá.
-Reí.- Vos fuiste el de la idea.
- Pero…
- Muchas ideas no tengo.
- Pero tenes…
- Sí.
- ¿Y cuáles son?
- Besarte o besarte… O besarte.
- Mmm….
- ¿Te gusta la idea o no?
- Me encanta.
Caminamos hasta la punta del puente, él se apoyó sobre la baranda y yo lo besé abrazándolo por la cintura. Él me abrazó por debajo de mis brazos y enredó sus dedos entre mi pelo, con sus yemas masajeaba mi cabeza. Mis dedos se deslizaban por su cintura. Mi cuerpo presionó el suyo.
- Era muy en serio. –Dijo.-
- ¿Qué cosa? –Pregunté entre besos.-
- Que pensabas histeriquearme.
- Vos empezaste nene.
- Y vos la seguiste.
- No voy a quedarme atrás.
- Ay, ella no va a ser menos.
- Obvio que no.
Y todo ese diálogo sucedió mientras nuestros labios no tenían alguna intención de separarse ni por una milésima de segundo.
-
Después de un rato, estábamos abrazados. Ella con su cabeza sobre mi pecho y sus manos sobre mi pecho también. Yo la abrazaba por la cintura. Ambos seguíamos con el mismo jueguito.
Sus manos recorrían con pequeños cosquilleos mi cintura y yo hice que su cabeza quede a la altura de la mía, pasé todo su pelo para el lado izquierdo y mis labios y mi lengua se sumergieron en su cuello.
- Te estás yendo al carajo.
- Vos me incitas a que lo haga.
- ¿Yo? –Dijo y se separó de mí para caminar hacia la otra punta de la baranda. La seguí.-
- Sí, vos. –Dije y se dio vuelta, posando sus brazos en la baranda y tirando su torso hacia delante.- ¿Ves?
- ¿Qué?
- Qué bien te sale hacerte la pelotuda. –Rio.- Ay… -Ella se sentó en el piso y yo suspiré.- ¿Qué queres ahora?
- Vengo acá, así no hago nada que vos puedas mal pensar.
- Tenes la mente más sucia que yo.
- No grites, hay un montón de gente acá.
- ¿Y?
- Y que me da cosita.
- Ahora tenes pudor.
- Basta porque me voy en serio.
- Andate si queres.
- Bueno…
Ella se levantó y comenzó a irse, yo la dejé… Pero cuando estaba a varios metros de mí corrí hasta alcanzarla, la pasé y me interpuse en su camino.
- Claro, claro. ¿Tan gil te pensas que soy que voy a dejar que te vayas?
- No sé.
- Ahora lo sabes.
- ¿Sos gil o no? –Preguntó riendo.-
- ¡No! ¿No ves qué te estoy frenando?
- ¿Y a dónde me vas a llevar?
- Al paraíso.
- Chamullero.
- ¿Crees en mí?
- Creo.
- Entonces, créeme que te voy a llevar al paraíso.
Esta vez sí pedimos un auto para volver porque claramente ninguno de los dos aguantaría tantas cuadras caminando.
domingo, 22 de febrero de 2015
57.
Estaba ordenando las cajas que tenía con las cosas de la universidad, tiré unos cuantos apuntes y acomodé los que eran útiles….
Pero debajo de mi cama encontré una hoja que ni me acordaba que en algún momento había escrito.
“Soy chica, todos dicen que soy una nena –y quizás lo sea.- pero yo me siento lo suficientemente grande como para darme cuenta de las cosas lindas y las cosas feas que hay en la vida. Mi familia definitivamente es una cosa fea… Pero podría hacer una extensa lista de las lindas:
- Acostarme en mi cama y que las sábanas estén bien planchadas.
- Un cuarto de helado de chocolate con almendras y menta granizada.
- Las flores que arranco de la planta de la esquina.
- Abrir un libro y que tenga olor a nuevo.
- Reír sin razón.
- Comprarse una bolsa de caramelos de menta con chocolate.
- Escuchar una linda canción y dejar que el mundo de afuera se caiga a pedazos.
- Ver las carreras que hacen las gotas de la lluvia en los vidrios de mi ventana.
- Dar vuelta la almohada para sentir el lado frío.
- Despertarse sin alarma.
- Pedir un deseo cuando los números del reloj son iguales.
- Respirar hondo.
La vida siempre tiene cosas lindas, solo hay que saber verlas.”
Las lágrimas rodaban por mis mejillas, eso lo había escrito cuando tenía diez años… Y era tan chiquita que a pesar de todo tenía la capacidad de abstraerme y disfrutar de las pequeñas cosas. Abstracción que había perdido. Últimamente no disfrutaba de nada. –A excepción de Pedro, pero él llegó hace muy poco tiempo a mi vida.-
Pasé años llorando como una pelotuda y perdiéndome de aquellos detalles que cuando era una nena podía disfrutar.
Mi celular sonó, sequé mis lágrimas y atendí.
- Conversación telefónica -
- Hola…
- Pau. ¿Estás bien que tardas tanto?
- Sí, sí. No te preocupes que mi papá no está.
- Pero estás llorando.
- Es por una pelotudes, encontré algo debajo de la cama y bueno.
- ¿Qué cosa?
- Algo que escribí cuando era chica, pero estoy bien. De verdad.
- ¿Qué encontraste?
- Una lista…
- ¿De?
- Nada Pepe, ya voy.
- Bueno, te espero.
- Fin de la conversación telefónica -
Guardé esa hoja en mi billetera, agarré las bolsas con las cosas para tirar, mi cartera y mi bolso con las cosas de la facu –ya que lo dejaría en la casa de Pedro porque pasaría el finde allí.- Y me fui.
-
Ella entró a mi casa y sonreí, se acercó a mí y me besó. Luego me abrazó, sin decir nada.
- ¿Estás bien Pau?
- Sí, estoy bien.
- ¿Segura? Estabas llorando.
- Es que encontré algo de cuando era chiquita, pero era algo lindo. –Se separó de mí.- Asique estoy bien… -Me besó.- ¿Salimos?
- ¿A dónde?
- A algún lado… A caminar al menos.
- Mmm…. Bueno, dale.
Ella dejó sus cosas de la facultad y salimos de mi casa.
Caminábamos por el centro y ambos estábamos muy callados… Dejé que camine un poco y me saque ventaja para luego correr y saltar sobre su espalda.
- ¡Pedro!
- ¿Qué? –Pregunté riendo.-
- ¿Qué haces?
- Estás muy callada y bueno…
-Reí.- Estoy muy pensativa, no sé.
- Estás aburrida.
-Rio.- Bueno, perdón. –Se encogió de hombros.-
- No pidas perdón, solo que me gustaría poder entrenerte un poco.
- ¿Y para eso saltas encima mío?
-Reí.- Bueno, no sé… Perdón.
- Prefiero que me beses.
- Mmm… Prefiero lo mismo.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces qué? –Preguntó y mordió su labio. Sonreí y la besé, en medio de toda la gente que iba y venía a las apuradas. No me importaba.- Estamos molestando al resto.
- No me importa.
- No seas malo.
- Bueno, entonces vení…
La tomé de la mano y fuimos a aquella misma calle sin salida a la que habíamos ido hacía tanto tiempo.
- Acá nadie nos va a molestar ni vamos a molestar a nadie. –Dije y la besé, tirándola contra un canasto de basura que estaba cerrado.-
- Estás loco.
- Y te encanta que esté loco.
- Me fascina. –Nos besamos e intentábamos que nuestros cuerpos estén cada vez más y más cerca. Necesitábamos que sea así.-
- A mí me fascinas vos.
Pasamos no sé cuanto tiempo –solo sé que fue mucho.- allí, sin despegar nuestros labios hasta que ella volvimos al centro. Entramos en un Mac, a cenar y ella se fue al baño. Cuando se levantó, un papel cayó de su cartera.
Quise avisarle, pero ya estaba lejos. Lo levanté del piso y la intriga me pudo, comencé a leerlo.
Ella me sorprendió cuando lo estaba leyendo.
- ¿Qué haces con eso?
- Perdón, se te cayó de la cartera cuando te fuiste.
- No deberías haberlo leído. –Me lo quitó de las manos.-
- Perdón, no te enojes.
- Hay cosas en las que no deberías meterte.
- Perdoname… Fue un impulso. –Ella se sentó enojada y tomé su mano.- Hey, perdoname.
- Está bien.
- ¿Eso es lo que encontraste hoy?
- Sí.
- Es re lindo lo que escribiste.
- Sí, pero me lo olvidé durante mucho tiempo.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque sí, porque fui creciendo y perdí hasta la capacidad de disfrutar esas pequeñas cosas.
- Pero ahora lo recordaste… No podes volver el tiempo atrás.
- Ojala pudiera, ese día nunca hubiese vuelto a mi casa.
- Bueno… Pero no podes. –Besé su mano.- Pero sí podes cambiar a partir de ahora.
- Vos me estás haciendo cambiar.
- Y vos me estás haciendo cambiar a mí. –Nos sonreímos.- No me llores che… -Dije cuando vi sus ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Puedo abrazarte?
- ¿Qué pregunta es esa? Vení… -Ella se paró y se sentó sobre mis piernas, me abrazó por el cuello y yo lo hice por su cintura. Su cabeza cayó sobre mi hombro y yo besé reiteradas veces su cuello.-
- Podría vivir así. –Se separó un poco de mí y nos besamos.-
- Sos tan linda… -Corrí el pelo de su cara.-
- Vos sos lindo. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Hace falta que nos quedemos acá?
- Sí, porque me muero de hambre.
- Ufa. –Reímos.-
- ¿Pedimos?
- Dale. Voy a pedir yo así no perdemos la mesa.
- Bueno, dale… Pedime una Big Mac. –Dijo parándose para que me pueda ir.-
- Dale, te traigo una Big. –Le di un beso y fui rumbo al mostrador para poder ir a encargar.-
Era una cola eterna de gente y quería morir… Necesitaba tener mi pedido, comer rápido e irme a mi casa con ella.
Pero debajo de mi cama encontré una hoja que ni me acordaba que en algún momento había escrito.
“Soy chica, todos dicen que soy una nena –y quizás lo sea.- pero yo me siento lo suficientemente grande como para darme cuenta de las cosas lindas y las cosas feas que hay en la vida. Mi familia definitivamente es una cosa fea… Pero podría hacer una extensa lista de las lindas:
- Acostarme en mi cama y que las sábanas estén bien planchadas.
- Un cuarto de helado de chocolate con almendras y menta granizada.
- Las flores que arranco de la planta de la esquina.
- Abrir un libro y que tenga olor a nuevo.
- Reír sin razón.
- Comprarse una bolsa de caramelos de menta con chocolate.
- Escuchar una linda canción y dejar que el mundo de afuera se caiga a pedazos.
- Ver las carreras que hacen las gotas de la lluvia en los vidrios de mi ventana.
- Dar vuelta la almohada para sentir el lado frío.
- Despertarse sin alarma.
- Pedir un deseo cuando los números del reloj son iguales.
- Respirar hondo.
La vida siempre tiene cosas lindas, solo hay que saber verlas.”
Las lágrimas rodaban por mis mejillas, eso lo había escrito cuando tenía diez años… Y era tan chiquita que a pesar de todo tenía la capacidad de abstraerme y disfrutar de las pequeñas cosas. Abstracción que había perdido. Últimamente no disfrutaba de nada. –A excepción de Pedro, pero él llegó hace muy poco tiempo a mi vida.-
Pasé años llorando como una pelotuda y perdiéndome de aquellos detalles que cuando era una nena podía disfrutar.
Mi celular sonó, sequé mis lágrimas y atendí.
- Conversación telefónica -
- Hola…
- Pau. ¿Estás bien que tardas tanto?
- Sí, sí. No te preocupes que mi papá no está.
- Pero estás llorando.
- Es por una pelotudes, encontré algo debajo de la cama y bueno.
- ¿Qué cosa?
- Algo que escribí cuando era chica, pero estoy bien. De verdad.
- ¿Qué encontraste?
- Una lista…
- ¿De?
- Nada Pepe, ya voy.
- Bueno, te espero.
- Fin de la conversación telefónica -
Guardé esa hoja en mi billetera, agarré las bolsas con las cosas para tirar, mi cartera y mi bolso con las cosas de la facu –ya que lo dejaría en la casa de Pedro porque pasaría el finde allí.- Y me fui.
-
Ella entró a mi casa y sonreí, se acercó a mí y me besó. Luego me abrazó, sin decir nada.
- ¿Estás bien Pau?
- Sí, estoy bien.
- ¿Segura? Estabas llorando.
- Es que encontré algo de cuando era chiquita, pero era algo lindo. –Se separó de mí.- Asique estoy bien… -Me besó.- ¿Salimos?
- ¿A dónde?
- A algún lado… A caminar al menos.
- Mmm…. Bueno, dale.
Ella dejó sus cosas de la facultad y salimos de mi casa.
Caminábamos por el centro y ambos estábamos muy callados… Dejé que camine un poco y me saque ventaja para luego correr y saltar sobre su espalda.
- ¡Pedro!
- ¿Qué? –Pregunté riendo.-
- ¿Qué haces?
- Estás muy callada y bueno…
-Reí.- Estoy muy pensativa, no sé.
- Estás aburrida.
-Rio.- Bueno, perdón. –Se encogió de hombros.-
- No pidas perdón, solo que me gustaría poder entrenerte un poco.
- ¿Y para eso saltas encima mío?
-Reí.- Bueno, no sé… Perdón.
- Prefiero que me beses.
- Mmm… Prefiero lo mismo.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces qué? –Preguntó y mordió su labio. Sonreí y la besé, en medio de toda la gente que iba y venía a las apuradas. No me importaba.- Estamos molestando al resto.
- No me importa.
- No seas malo.
- Bueno, entonces vení…
La tomé de la mano y fuimos a aquella misma calle sin salida a la que habíamos ido hacía tanto tiempo.
- Acá nadie nos va a molestar ni vamos a molestar a nadie. –Dije y la besé, tirándola contra un canasto de basura que estaba cerrado.-
- Estás loco.
- Y te encanta que esté loco.
- Me fascina. –Nos besamos e intentábamos que nuestros cuerpos estén cada vez más y más cerca. Necesitábamos que sea así.-
- A mí me fascinas vos.
Pasamos no sé cuanto tiempo –solo sé que fue mucho.- allí, sin despegar nuestros labios hasta que ella volvimos al centro. Entramos en un Mac, a cenar y ella se fue al baño. Cuando se levantó, un papel cayó de su cartera.
Quise avisarle, pero ya estaba lejos. Lo levanté del piso y la intriga me pudo, comencé a leerlo.
Ella me sorprendió cuando lo estaba leyendo.
- ¿Qué haces con eso?
- Perdón, se te cayó de la cartera cuando te fuiste.
- No deberías haberlo leído. –Me lo quitó de las manos.-
- Perdón, no te enojes.
- Hay cosas en las que no deberías meterte.
- Perdoname… Fue un impulso. –Ella se sentó enojada y tomé su mano.- Hey, perdoname.
- Está bien.
- ¿Eso es lo que encontraste hoy?
- Sí.
- Es re lindo lo que escribiste.
- Sí, pero me lo olvidé durante mucho tiempo.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque sí, porque fui creciendo y perdí hasta la capacidad de disfrutar esas pequeñas cosas.
- Pero ahora lo recordaste… No podes volver el tiempo atrás.
- Ojala pudiera, ese día nunca hubiese vuelto a mi casa.
- Bueno… Pero no podes. –Besé su mano.- Pero sí podes cambiar a partir de ahora.
- Vos me estás haciendo cambiar.
- Y vos me estás haciendo cambiar a mí. –Nos sonreímos.- No me llores che… -Dije cuando vi sus ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Puedo abrazarte?
- ¿Qué pregunta es esa? Vení… -Ella se paró y se sentó sobre mis piernas, me abrazó por el cuello y yo lo hice por su cintura. Su cabeza cayó sobre mi hombro y yo besé reiteradas veces su cuello.-
- Podría vivir así. –Se separó un poco de mí y nos besamos.-
- Sos tan linda… -Corrí el pelo de su cara.-
- Vos sos lindo. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Hace falta que nos quedemos acá?
- Sí, porque me muero de hambre.
- Ufa. –Reímos.-
- ¿Pedimos?
- Dale. Voy a pedir yo así no perdemos la mesa.
- Bueno, dale… Pedime una Big Mac. –Dijo parándose para que me pueda ir.-
- Dale, te traigo una Big. –Le di un beso y fui rumbo al mostrador para poder ir a encargar.-
Era una cola eterna de gente y quería morir… Necesitaba tener mi pedido, comer rápido e irme a mi casa con ella.
sábado, 21 de febrero de 2015
56.
Era sábado y yo el lunes volvía a la universidad, tenía todas mis cosas para hacerlo en la casa de Pedro.
El día anterior, es decir el viernes, había hablado con el médico de Pedro –habiendo pasado un mes de la operación.- y me había comentado que ya tenía el alta completa, es decir… Podía hacer cualquier cosa. (Obviamente que no puede escalar en Aconcagua, pero no creo que sea uno de sus deseos).
Esa tarde del viernes cuando pasé por mi casa a buscarme ropa y las cosas de la universidad, además aproveché y busqué algo para hacerle una sorpresa.
Pedro salía de bañarse y yo estaba con el conjunto de ropa interior negro de encaje que me había comprado hacía tiempo –y que estaba sin usar.- y tenía puesto tan solo una bata de tul que me había comprado el día anterior.
Era el último finde de vacaciones y había que disfrutar.
Estaba parada en el marco de la puerta, apoyada sobre el peso de mi pierna derecha y con mi codo derecho sobre el umbral… Él salió del baño y lo primero que vio fue mi cuerpo. Su cara se transformó y sonreí. Sabía que no iba a hacer nada que le haga mal, corrió a mí como si fuese una cuestión de vida o muerte y me besó, me acorraló contra el umbral de una manera muy violenta que me fascinó y a manera de devolución, mordí su labio con mucha pasión.
Le quité su remera y la dejé en suelo, él deslizó la bata por mis hombros y brazos –es decir, quedó solo atada a mi cuerpo por el lazo que estaba a la altura de mi cintura.- y nuestras pieles ardientes por fin se encontraron. No cabían dudas de lo mucho que nos habíamos extrañado.
- ¿Qué estamos haciendo? –Preguntó con la respiración entre cortada.-
- Lo que el médico me dijo que podías… -Respondí también agitada.-
-Me tomó por la cola y me alzó cual koala.- Taché los segundos hasta llegar a este momento.
- ¿Y cuántos pasaron?
- Millones.
-Reí.- ¿Millones?
- Fueron eternos…
- Entonces deja de hablar y… -Me acerqué a su oído.- Haceme tuya.
- Vos ya sos mía.
- ¿Tan seguro estás? –Pregunté y mordí su cuello… Y nuestras intimidades comenzaban a despertarse.-
- Muy seguro.
- Demostrámelo entonces.
- ¿Cómo?
- ¿Hace falta que te lo explique?
- Mmm…
- ¿Te vas a hacer el gil ahora?
- Creo que no es el momento.
- Definitivamente no es el momento. –Sonreímos y nuestras bocas volvieron a unirse.-
Así como estaba, subida a él, fuimos hasta su cama en donde cayó sobre mí. Giré para quedar sobre él y desabroché su pantalón, mi mano derecha se introdujo por allí, la izquierda jugaba con su pelo y mis labios recorrieron todo su pecho. Había claras señales de que lo que estaba haciendo lo disfrutaba y mi satisfacción era mucha.
Mi mano abandonó su pelo y pasó un largo rato haciendo zig zags en su pecho. Su boca comenzó a gemir y a pedir más, sonreí.
Un largo rato después, ya había terminado de desvestirlo y él estaba sobre mí.
Mi bata en menos de un segundo pasó a formar parte del suelo y esta vez me dio vuelta, sus manos recorrieron cuidadosamente mi espalda y gemí sin escalas, sentí como desabrochó mi corpiño y se abalanzó sobre mí, su boca se hundió en mi cuello, el cual mordiqueó entero.
Recordaba que era increíble, pero no recordaba que TAN.
Volvió a darme vuelta, terminé de quitarme mi sostén y se ve que recordaba que su última visita a mi ombligo había generado estragos en mí.
-
Ella estaba acostada boca abajo y temblaba, yo a su lado con mi mano sobre su espalda y también temblaba. Ella seguía gimiendo y yo no pensaba dejar de tocarla. Su pie se deslizó por mi muslo y gemí también.
- Podría pasarme la vida sintiendo esto… -Dijo sin poder abrir sus ojos, pero ya volviendo a la realidad.-
- Podría vivir cogiéndote… -Susurré en su oído y la mordí.-
- Y yo podría vivir sintiendo como me lo haces.
Y lo hice otra vez.
-
Él era tan perfecto, era perfecto en su totalidad. Era perfecto respirando, comiendo, mirándome, sonriendo, siendo guarro y también siendo dulce.
Estaba acostado de mi lado, con sus ojos cerrados y yo jugaba con su barba…
- Al final tenías razón, tendríamos que habernos quedado en la playa. Allá estábamos bien.
- No podemos vivir para siempre en el paraíso.
- Es verdad, pero no hubiese pasado todo esto.
- Pero ya estás bien, agradece eso.
- Hubiese preferido estar bien siempre.
- Bueno che… Tanto querías, tanto querías que ahora que paso ya te estás quejando de otra cosa. Sos tremendo.
- Tenes razón… -Dijo riendo.- Vení acá.
- Estoy acá.
- Más cerca. –Sonreí y apoyé mi mentón en su omoplato.-
- ¿Dormimos?
- ¿Así?
-Reí.- No, no sé… -Reímos y giró sobre mí para besarme.-
- Quedate conmigo para siempre.
- ¿Me dejas?
- Te lo ruego. –Sonreí y lo besé.-
Nos quedamos dormidos.
Al día siguiente cuando desperté, sonreí al verlo a mi lado. Besé su mejilla y lo tapé para levantarme, debía inscribirme en las materias vía Internet, era la última oportunidad (siempre todo a último momento yo) Me vestí y busqué su computadora, pero claro. ¡Tenía clave!
- Pepe… -Susurré.- Pepe….
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Perdón, pero necesito usar la compu para inscribirme en la facu. Poneme la clave y te dejo seguir durmiendo. –Él la escribió.- Gracias… -Lo besé.- Seguí durmiendo, gracias. –Él se dio vuelta y reí.-
Fui con la computadora al living y me inscribí en las cinco materias que cursaría ese cuatrimestre… Otra vez al ruedo.
Eran las once y Pedro seguía sin levantarse asique le preparé el desayuno.
- Buen día señor… -Dejé la bandeja en la cómoda y abrí la persiana.- Ya es casi el mediodía, dale.
- Un ratito más.
- No, hoy tenemos que salir un poco.
- Estoy cómodo acá.
- ¿Tan cansado te dejé?
-Rio.- ¡Ah bueno! -Reí.- Si no me llenas de besos, dudo que me levante.
- No podes estar tan demandante. –Lo destapé hasta su cintura y llené de besos su musculosa espalda.-
- Y vos no podes ser así de linda.
-Reí y besé su nuca.- Solo porque estás pachuchito.
- Entonces ojala esté así siempre.
- No seas boludo. –Lo mordí.-
- Y vos no seas mala.
- ¿Yo mala? Te traje el desayuno a la cama. ¿Qué más queres?
- Mmm…. ¿En serio queres saber?
- Sos insaciable.
- Sí y vos también lo sos.
- Sí, pero ahora hay que desayunar. Dale.
- Ufa.
- ¡Deja de quejarte nene! –Salí de encima de él y puse la bandeja sobre la cama.- Se va a enfriar.
- Yo me voy a enfriar.
- Basta, por favor.
- Es tu culpa…
- ¿Eh?
- Vos me podes tanto.
-Largué una carcajada.- Tengo hambre, dale. –Agarré una tostada.-
- Me voy a enojar.
- ¡Enojate!
- ¿No te importa?
- No. Sé que te desarmo en dos segundos.
- ¿Tan segura estás? - Sí, muy segura.
El día anterior, es decir el viernes, había hablado con el médico de Pedro –habiendo pasado un mes de la operación.- y me había comentado que ya tenía el alta completa, es decir… Podía hacer cualquier cosa. (Obviamente que no puede escalar en Aconcagua, pero no creo que sea uno de sus deseos).
Esa tarde del viernes cuando pasé por mi casa a buscarme ropa y las cosas de la universidad, además aproveché y busqué algo para hacerle una sorpresa.
Pedro salía de bañarse y yo estaba con el conjunto de ropa interior negro de encaje que me había comprado hacía tiempo –y que estaba sin usar.- y tenía puesto tan solo una bata de tul que me había comprado el día anterior.
Era el último finde de vacaciones y había que disfrutar.
Estaba parada en el marco de la puerta, apoyada sobre el peso de mi pierna derecha y con mi codo derecho sobre el umbral… Él salió del baño y lo primero que vio fue mi cuerpo. Su cara se transformó y sonreí. Sabía que no iba a hacer nada que le haga mal, corrió a mí como si fuese una cuestión de vida o muerte y me besó, me acorraló contra el umbral de una manera muy violenta que me fascinó y a manera de devolución, mordí su labio con mucha pasión.
Le quité su remera y la dejé en suelo, él deslizó la bata por mis hombros y brazos –es decir, quedó solo atada a mi cuerpo por el lazo que estaba a la altura de mi cintura.- y nuestras pieles ardientes por fin se encontraron. No cabían dudas de lo mucho que nos habíamos extrañado.
- ¿Qué estamos haciendo? –Preguntó con la respiración entre cortada.-
- Lo que el médico me dijo que podías… -Respondí también agitada.-
-Me tomó por la cola y me alzó cual koala.- Taché los segundos hasta llegar a este momento.
- ¿Y cuántos pasaron?
- Millones.
-Reí.- ¿Millones?
- Fueron eternos…
- Entonces deja de hablar y… -Me acerqué a su oído.- Haceme tuya.
- Vos ya sos mía.
- ¿Tan seguro estás? –Pregunté y mordí su cuello… Y nuestras intimidades comenzaban a despertarse.-
- Muy seguro.
- Demostrámelo entonces.
- ¿Cómo?
- ¿Hace falta que te lo explique?
- Mmm…
- ¿Te vas a hacer el gil ahora?
- Creo que no es el momento.
- Definitivamente no es el momento. –Sonreímos y nuestras bocas volvieron a unirse.-
Así como estaba, subida a él, fuimos hasta su cama en donde cayó sobre mí. Giré para quedar sobre él y desabroché su pantalón, mi mano derecha se introdujo por allí, la izquierda jugaba con su pelo y mis labios recorrieron todo su pecho. Había claras señales de que lo que estaba haciendo lo disfrutaba y mi satisfacción era mucha.
Mi mano abandonó su pelo y pasó un largo rato haciendo zig zags en su pecho. Su boca comenzó a gemir y a pedir más, sonreí.
Un largo rato después, ya había terminado de desvestirlo y él estaba sobre mí.
Mi bata en menos de un segundo pasó a formar parte del suelo y esta vez me dio vuelta, sus manos recorrieron cuidadosamente mi espalda y gemí sin escalas, sentí como desabrochó mi corpiño y se abalanzó sobre mí, su boca se hundió en mi cuello, el cual mordiqueó entero.
Recordaba que era increíble, pero no recordaba que TAN.
Volvió a darme vuelta, terminé de quitarme mi sostén y se ve que recordaba que su última visita a mi ombligo había generado estragos en mí.
-
Ella estaba acostada boca abajo y temblaba, yo a su lado con mi mano sobre su espalda y también temblaba. Ella seguía gimiendo y yo no pensaba dejar de tocarla. Su pie se deslizó por mi muslo y gemí también.
- Podría pasarme la vida sintiendo esto… -Dijo sin poder abrir sus ojos, pero ya volviendo a la realidad.-
- Podría vivir cogiéndote… -Susurré en su oído y la mordí.-
- Y yo podría vivir sintiendo como me lo haces.
Y lo hice otra vez.
-
Él era tan perfecto, era perfecto en su totalidad. Era perfecto respirando, comiendo, mirándome, sonriendo, siendo guarro y también siendo dulce.
Estaba acostado de mi lado, con sus ojos cerrados y yo jugaba con su barba…
- Al final tenías razón, tendríamos que habernos quedado en la playa. Allá estábamos bien.
- No podemos vivir para siempre en el paraíso.
- Es verdad, pero no hubiese pasado todo esto.
- Pero ya estás bien, agradece eso.
- Hubiese preferido estar bien siempre.
- Bueno che… Tanto querías, tanto querías que ahora que paso ya te estás quejando de otra cosa. Sos tremendo.
- Tenes razón… -Dijo riendo.- Vení acá.
- Estoy acá.
- Más cerca. –Sonreí y apoyé mi mentón en su omoplato.-
- ¿Dormimos?
- ¿Así?
-Reí.- No, no sé… -Reímos y giró sobre mí para besarme.-
- Quedate conmigo para siempre.
- ¿Me dejas?
- Te lo ruego. –Sonreí y lo besé.-
Nos quedamos dormidos.
Al día siguiente cuando desperté, sonreí al verlo a mi lado. Besé su mejilla y lo tapé para levantarme, debía inscribirme en las materias vía Internet, era la última oportunidad (siempre todo a último momento yo) Me vestí y busqué su computadora, pero claro. ¡Tenía clave!
- Pepe… -Susurré.- Pepe….
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Perdón, pero necesito usar la compu para inscribirme en la facu. Poneme la clave y te dejo seguir durmiendo. –Él la escribió.- Gracias… -Lo besé.- Seguí durmiendo, gracias. –Él se dio vuelta y reí.-
Fui con la computadora al living y me inscribí en las cinco materias que cursaría ese cuatrimestre… Otra vez al ruedo.
Eran las once y Pedro seguía sin levantarse asique le preparé el desayuno.
- Buen día señor… -Dejé la bandeja en la cómoda y abrí la persiana.- Ya es casi el mediodía, dale.
- Un ratito más.
- No, hoy tenemos que salir un poco.
- Estoy cómodo acá.
- ¿Tan cansado te dejé?
-Rio.- ¡Ah bueno! -Reí.- Si no me llenas de besos, dudo que me levante.
- No podes estar tan demandante. –Lo destapé hasta su cintura y llené de besos su musculosa espalda.-
- Y vos no podes ser así de linda.
-Reí y besé su nuca.- Solo porque estás pachuchito.
- Entonces ojala esté así siempre.
- No seas boludo. –Lo mordí.-
- Y vos no seas mala.
- ¿Yo mala? Te traje el desayuno a la cama. ¿Qué más queres?
- Mmm…. ¿En serio queres saber?
- Sos insaciable.
- Sí y vos también lo sos.
- Sí, pero ahora hay que desayunar. Dale.
- Ufa.
- ¡Deja de quejarte nene! –Salí de encima de él y puse la bandeja sobre la cama.- Se va a enfriar.
- Yo me voy a enfriar.
- Basta, por favor.
- Es tu culpa…
- ¿Eh?
- Vos me podes tanto.
-Largué una carcajada.- Tengo hambre, dale. –Agarré una tostada.-
- Me voy a enojar.
- ¡Enojate!
- ¿No te importa?
- No. Sé que te desarmo en dos segundos.
- ¿Tan segura estás? - Sí, muy segura.
viernes, 20 de febrero de 2015
55.
Por fin había llegado el día que tanto esperaba, exactamente 20 días después de mi operación me habían dado el alta y hoy podría volver a mi casa.
Paula estaba conmigo y el médico acababa de firmar mi alta.
- Al fin… -Dije cerrando mi bolso.-
- Ni pienses que llegas a tu casa y te volves loco eh.
- ¿Vos me vas a cuidar?
- Mucho.
- ¿Sabes lo qué pasa?
- ¿Qué pasa?
- Que tu piel me llama a gritos desesperados… -Dije acariciando su ingle con mi dedo índice.-
- ¡Pedro! No podes agitarte.
- ¿Y?
- ¿Y qué nene? No te hagas el pelotudo. Vamos a tu casa, dale.
- No voy a poder dormir al lado tuyo sin tocarte.
- Entonces duermo en otro lado.
- Ni se te ocurra.
- ¿Nos podemos ir y discutir esto después?
- Pero…
- Pero nada. –Se alejó de mí.- Tanto te querías ir de acá… Vamos, dale.
-Me acerqué a ella riendo y la besé.- Tenes razón.
Volvimos a mi casa en taxi y nunca creí que ver la ciudad me pudiera hacer tan feliz. Paula nunca soltó mi mano y cada tanto cruzábamos miradas.
Por fin, por fin habíamos llegado… Paula abrió el departamento y sonreí al ver mi casa… Había limpiado y ordenado todo.
- Dale, ya estás en tu casa. Sos libre…
Y recién en ese momento me cayó la ficha de que había sido realmente importante para poder sobrellevar esta operación.
Hacía muchos años que no pasaba por el quirófano y que la vida me haya obligado a pasar otra vez había sido un golpe muy fuerte… Pero ella siempre estuvo ahí, tomándome la mano.
No sabía que éramos, no sabía si éramos novios, amigos, amantes o conocidos. Solo sabía que cuando estaba con ella, estaba bien.
Y como era libre, iba a hacer realmente lo que quería. Di media vuelta sobre mi propio eje y la estampé contra la pared, para poder besarla como no lo hacía desde la última vez que nos habíamos visto en su casa antes de la operación.
Ella me abrazó por el cuello y yo lo hice por su cintura, por fin nuestras bocas se estaban reencontrando como lo deseaban. Ella había inspeccionado toda mi boca y yo había hecho exactamente lo mismo con ella.
Mi respiración había comenzado a acelerarse y ella frenó.
- No, no frenes…
- No voy a dejar que nada malo te pase aunque me muera de ganas. –Me dio un pico.- De verdad… No me perdonaría que algo malo te suceda por mi culpa.
- Pero me muero por estar con vos.
- Te juro que yo también, pero no podemos esta vez. Ya va haber tiempo.
- Sos mala.
- Muy. Anda a acostarte, dale.
- ¡Paula!
- No me importa que me hagas puchero…
- ¿No hay nada que pueda hacer?
- Absolutamente nada.
Me fui bufando y ella rio.
El reencuentro con mi cama fue glorioso. -Aunque más glorioso sería un reencuentro de nuestros cuerpos.- ¿Cuánto tiempo más debía aguantar? Porque no creo que sea mucho.
Prendí la tele e intenté distraerme con eso, los noticieros estaban todos aterrorizados con un asesinato y lo que menos quería era amargarme asique busqué alguna serie en el cable.
Había pasado más de media hora y Paula seguía sin venir… Me estaba quedando dormido.
- ¿Te falta mucho Pau?
- No, ya voy Pepe.
- ¿Qué estás haciendo?
- Cocinando.
- Pero si no puedo comer nada.
- No te quejes que eso es bien livianito pero te va a encantar. En cinco voy…
- Te estoy contando el tiempo eh.
- ¡Basta nene!
- Cuatro minutos con cuarenta y cinco segundos…
- ¿Era posta?
- Obvio.
- Sos terrible. Cuidado que apoyo la bandeja en la cama… -Apoyó la bandeja tal como lo dijo.- Sopa de verduras que te prometo que te va a encantar.
- ¿Eso?
- ¿Confías en mí?
- Sí…
- Entonces proba.
- Mmm….
- ¡Dale! No juzgues a un libro por su tapa.
- Bueno filosofa.
- No me hagas enojar.
- Está bien, está bien… -Probé un poco de sopa y realmente me sorprendió.-
- ¿Y?
- ¿Cómo hiciste?
- Toda mujer tiene sus secretos… ¿Almorzamos?
- Dale.
Después de almorzar ella acomodó todo en la cocina y estábamos boludeado con la computadora. Ella tenía su cabeza apoyada en mi hombro y se estaba quedando dormida.
- Dormí si queres Pau…
- No Pepe, quiero estar con vos.
- Sos una dulce, pero dormí que desde que estoy en la clínica que no descansas bien… Aprovecha que tenes una cama cómoda.
- ¿No te jode?
- ¿Cómo me va a joder? Dale… -Me besó y se acomodó para dormir.- Descansa… -Y acaricié su pelo hasta que se quedó dormida.-
Me quedé pelotudeando en Internet hasta que la batería de mi computadora no aguanto más y no iba a pararme a enchufarla, asique la apagué y me acomodé para dormir con ella.
Me desperté tres horas después y ella seguía durmiendo, quería matarla a besos… Se había bancado casi un mes. Me fui del cuarto, no quería interrumpir su cura de sueño.
Miré la tele, me duché y merendé… Ella seguía durmiendo.
-
Me desperté sin saber ni como me llamaba, tampoco sabía que día era, ni que hora.
- Buenas noches señorita…
- ¿Qué hora es? –Pregunté y refregando mis ojos.-
- Las diez de la noche, hace casi nueve horas que dormís… Porque almorzamos temprano cuando volvimos de la clínica y…
- Perdón, necesitaba dormir.
- No tenes que pedir perdón, no te quise joder. Te dormiste todo eso por haberme hecho el aguante tantos días.
- No sabes lo que extrañaba dormir en un colchón.
- ¿Y a mí no me extrañas? –Sonreí.- Vení acá conmigo…
- Bastante… -Me senté a su lado y lo besé.- Y de solo pensar que la semana que viene tengo que volver a la universidad me deprimo, te voy a extrañar mucho.
- ¿Ya?
- ¡Y sí Pepe! Es Marzo.
- Ufa… -Dije y la abracé contra mí.-
- Quiero terminar cuando antes porque necesito poder trabajar para irme de mi casa.
- Siempre que quieras, sabes que mi casa está abierta para vos.
- Gracias, en serio… -Besó mi cuello y la abracé más fuerte.-
- No me tientes Paulita.
- ¡Fue solo un beso!
- Pero en un lugar que…
- Está bien, me quedo quieta. –Reímos y nos besamos.-
- Pau…
- ¿Qué?
- Gracias… De verdad. Te juro que no hubiese podido sin vos, hoy cuando entramos y vi todo tan impecable me di cuenta de lo fundamental que fuiste en esto, de lo fundamental que sos. Sin vos no estaría entero, gracias por estar ahí siempre… Dándome la mano.
- No lo agradezcas… Lo hago porque lo siento. –Lo besé.-
---------------
Hola! No sé que es lo que hice, pero a un par de personas estos días no se la pase. Perdón ;( Creo que ahora volví a la normalidad.
Paula estaba conmigo y el médico acababa de firmar mi alta.
- Al fin… -Dije cerrando mi bolso.-
- Ni pienses que llegas a tu casa y te volves loco eh.
- ¿Vos me vas a cuidar?
- Mucho.
- ¿Sabes lo qué pasa?
- ¿Qué pasa?
- Que tu piel me llama a gritos desesperados… -Dije acariciando su ingle con mi dedo índice.-
- ¡Pedro! No podes agitarte.
- ¿Y?
- ¿Y qué nene? No te hagas el pelotudo. Vamos a tu casa, dale.
- No voy a poder dormir al lado tuyo sin tocarte.
- Entonces duermo en otro lado.
- Ni se te ocurra.
- ¿Nos podemos ir y discutir esto después?
- Pero…
- Pero nada. –Se alejó de mí.- Tanto te querías ir de acá… Vamos, dale.
-Me acerqué a ella riendo y la besé.- Tenes razón.
Volvimos a mi casa en taxi y nunca creí que ver la ciudad me pudiera hacer tan feliz. Paula nunca soltó mi mano y cada tanto cruzábamos miradas.
Por fin, por fin habíamos llegado… Paula abrió el departamento y sonreí al ver mi casa… Había limpiado y ordenado todo.
- Dale, ya estás en tu casa. Sos libre…
Y recién en ese momento me cayó la ficha de que había sido realmente importante para poder sobrellevar esta operación.
Hacía muchos años que no pasaba por el quirófano y que la vida me haya obligado a pasar otra vez había sido un golpe muy fuerte… Pero ella siempre estuvo ahí, tomándome la mano.
No sabía que éramos, no sabía si éramos novios, amigos, amantes o conocidos. Solo sabía que cuando estaba con ella, estaba bien.
Y como era libre, iba a hacer realmente lo que quería. Di media vuelta sobre mi propio eje y la estampé contra la pared, para poder besarla como no lo hacía desde la última vez que nos habíamos visto en su casa antes de la operación.
Ella me abrazó por el cuello y yo lo hice por su cintura, por fin nuestras bocas se estaban reencontrando como lo deseaban. Ella había inspeccionado toda mi boca y yo había hecho exactamente lo mismo con ella.
Mi respiración había comenzado a acelerarse y ella frenó.
- No, no frenes…
- No voy a dejar que nada malo te pase aunque me muera de ganas. –Me dio un pico.- De verdad… No me perdonaría que algo malo te suceda por mi culpa.
- Pero me muero por estar con vos.
- Te juro que yo también, pero no podemos esta vez. Ya va haber tiempo.
- Sos mala.
- Muy. Anda a acostarte, dale.
- ¡Paula!
- No me importa que me hagas puchero…
- ¿No hay nada que pueda hacer?
- Absolutamente nada.
Me fui bufando y ella rio.
El reencuentro con mi cama fue glorioso. -Aunque más glorioso sería un reencuentro de nuestros cuerpos.- ¿Cuánto tiempo más debía aguantar? Porque no creo que sea mucho.
Prendí la tele e intenté distraerme con eso, los noticieros estaban todos aterrorizados con un asesinato y lo que menos quería era amargarme asique busqué alguna serie en el cable.
Había pasado más de media hora y Paula seguía sin venir… Me estaba quedando dormido.
- ¿Te falta mucho Pau?
- No, ya voy Pepe.
- ¿Qué estás haciendo?
- Cocinando.
- Pero si no puedo comer nada.
- No te quejes que eso es bien livianito pero te va a encantar. En cinco voy…
- Te estoy contando el tiempo eh.
- ¡Basta nene!
- Cuatro minutos con cuarenta y cinco segundos…
- ¿Era posta?
- Obvio.
- Sos terrible. Cuidado que apoyo la bandeja en la cama… -Apoyó la bandeja tal como lo dijo.- Sopa de verduras que te prometo que te va a encantar.
- ¿Eso?
- ¿Confías en mí?
- Sí…
- Entonces proba.
- Mmm….
- ¡Dale! No juzgues a un libro por su tapa.
- Bueno filosofa.
- No me hagas enojar.
- Está bien, está bien… -Probé un poco de sopa y realmente me sorprendió.-
- ¿Y?
- ¿Cómo hiciste?
- Toda mujer tiene sus secretos… ¿Almorzamos?
- Dale.
Después de almorzar ella acomodó todo en la cocina y estábamos boludeado con la computadora. Ella tenía su cabeza apoyada en mi hombro y se estaba quedando dormida.
- Dormí si queres Pau…
- No Pepe, quiero estar con vos.
- Sos una dulce, pero dormí que desde que estoy en la clínica que no descansas bien… Aprovecha que tenes una cama cómoda.
- ¿No te jode?
- ¿Cómo me va a joder? Dale… -Me besó y se acomodó para dormir.- Descansa… -Y acaricié su pelo hasta que se quedó dormida.-
Me quedé pelotudeando en Internet hasta que la batería de mi computadora no aguanto más y no iba a pararme a enchufarla, asique la apagué y me acomodé para dormir con ella.
Me desperté tres horas después y ella seguía durmiendo, quería matarla a besos… Se había bancado casi un mes. Me fui del cuarto, no quería interrumpir su cura de sueño.
Miré la tele, me duché y merendé… Ella seguía durmiendo.
-
Me desperté sin saber ni como me llamaba, tampoco sabía que día era, ni que hora.
- Buenas noches señorita…
- ¿Qué hora es? –Pregunté y refregando mis ojos.-
- Las diez de la noche, hace casi nueve horas que dormís… Porque almorzamos temprano cuando volvimos de la clínica y…
- Perdón, necesitaba dormir.
- No tenes que pedir perdón, no te quise joder. Te dormiste todo eso por haberme hecho el aguante tantos días.
- No sabes lo que extrañaba dormir en un colchón.
- ¿Y a mí no me extrañas? –Sonreí.- Vení acá conmigo…
- Bastante… -Me senté a su lado y lo besé.- Y de solo pensar que la semana que viene tengo que volver a la universidad me deprimo, te voy a extrañar mucho.
- ¿Ya?
- ¡Y sí Pepe! Es Marzo.
- Ufa… -Dije y la abracé contra mí.-
- Quiero terminar cuando antes porque necesito poder trabajar para irme de mi casa.
- Siempre que quieras, sabes que mi casa está abierta para vos.
- Gracias, en serio… -Besó mi cuello y la abracé más fuerte.-
- No me tientes Paulita.
- ¡Fue solo un beso!
- Pero en un lugar que…
- Está bien, me quedo quieta. –Reímos y nos besamos.-
- Pau…
- ¿Qué?
- Gracias… De verdad. Te juro que no hubiese podido sin vos, hoy cuando entramos y vi todo tan impecable me di cuenta de lo fundamental que fuiste en esto, de lo fundamental que sos. Sin vos no estaría entero, gracias por estar ahí siempre… Dándome la mano.
- No lo agradezcas… Lo hago porque lo siento. –Lo besé.-
---------------
Hola! No sé que es lo que hice, pero a un par de personas estos días no se la pase. Perdón ;( Creo que ahora volví a la normalidad.
jueves, 19 de febrero de 2015
54.
Ya había pasado las diez operaciones de corazón y no, no entendía por qué carajo me tenía que pasar a mí.
Intentaba, intentaba estar bien, hacer como si nada pasara. Pero… No puedo, ya no me sale. Quiero una vida normal o común. Quiero dejar de sufrir esta mierda. Quiero dejar de sufrir. Me cansé.
Las lágrimas no dejaban de caer por mis mejillas y justo entró Paula. Quería desaparecer y claro está que no podía hacer demasiado, salvo taparme la cara con una almohada.
Ella entró y no dijo nada, tan solo me abrazó como podía… Porque claro, estaba lleno de cables y tenía vendado todo mi pecho.
- Sh… -Susurró en mi oído y besó mi cuello.-
- No doy más.
- Ya va a pasar… -Acarició mi nuca.-
- Gracias por estar acá.
- No tenes que agradecerlo.
- Sí, tengo que hacerlo. –Me separé un poco de ella.- No hubiese aguantado todo otra vez si no estabas conmigo.
- Pero estoy con vos… -Acarició mi mejilla.- Estoy acá, con vos.
- Sos muy especial para mí. –Acaricié mi nariz con la suya.-
- Y vos para mí Pepe. –Nos besamos.- No llores más, dale… -Apoyé mi cabeza en su pecho y ella me abrazó.-
- ¿Te quedas conmigo esta noche?
- Como todas. –Besó mi frente.-
- Te quiero mucho.
- Te quiero mucho más… -Me abrazó más fuerte.- Tranquilizate, no te hace bien estar así.
- Quedate conmigo.
- Siempre.
Después de un rato, me estaba quedando dormido…
- Pepe… -Susurró.- Acostate así dormís, dale.
- Pero no te vayas.
- No, no me voy a ir. Tranquilo. –Yo me acomodé y ella me tapó.- Descansa… Yo me quedó con vos. –Tomó mi mano y la besó.- Hasta mañana…
-
Pedro se había quedado dormido y yo estaba a su lado… Me mataba ver como dejaba a un lado su coraza y se mostraba como quien es realmente. Podría abrazarlo para siempre.
Me quedé dormida en la silla, con mi cabeza apoyada en su cama… Junto a él.
-
El primer rayo de sol que asomó por la ventana de la habitación me despertó, sonreí al ver a Paula a mi lado y corrí el pelo de su cara.
- Pau… Pau… -Susurré.- Anda a dormir al sillón.
- No, me quedo acá con vos.
-Sonreí.- Dale, anda al sillón así descansas bien al menos un ratito.
Ella caminó hasta el sillón, más dormida que despierta y allí se quedó.
Y pasé horas viéndola… Eran las cinco de la mañana y hasta las ocho ninguna enfermera a molestar. O sea que pasé tres horas observándola –y podría pasar mil horas más.-
Se despertó cuando me trajeron el desayuno, la enfermera se fue y yo le sonreí a Paula.
- Buen día señorita.
- Buen día… -Dijo y se levantó.- Voy al baño y vengo, ni me mires que soy más china que los chinos.
-Reí.- Sos linda igual, pero te espero.
- Paso a comprarme algo para comer también.
- Anda tranqui.
La esperé para desayunar.
- Ahora sí, buen día… -Se acercó y me dio un beso.-
- Buen día… -La besé.- Gracias por dormir acá conmigo.
- Sh… ¿Estás mejor?
- Sí, vos me haces bien. –Sonreímos y nos dimos un beso.- ¿Desayunamos?
- Dale.
Desayunamos y luego comenzó la maldita ida y venida de millones de médicos por mi habitación. Necesitaba mi casa, la necesitaba.
-
Mientras lo revisaban, salí a caminar por el parque del hospital mientras escuchaba algo de música. Necesitaba frenar un poco, relajarme… Aunque no podía dejar de pensar en él.
‘Ya estoy solito otra vez…’
‘¿Y eso es una indirecta?’
‘Tomalo como quieras…’
‘Jajajja, ya subo Pepe.’
Subí y me dirigí a su habitación…
- Acá estoy.
- Estoy muy Paula dependiente. –Reímos.-
- Me gusta igual.
- ¿No soy muy pesado?
- ¿Pesado? ¿Vos?
- No sé…
- No tontito, no… -Me acerqué a él y lo llené de besos.- No conozco un lugar mejor que estar con vos.
- Ay, sos más tierna.
-Sonreí y nos besamos.- ¿Qué te dijeron los médicos?
- Nada nuevo.
- ¿Nada?
- No… No sé.
- ¿Sí o no?
- No Pau.
- Mejor pregunto yo después… -Despeiné su pelo.-
- Quiero irme a mi casa.
- Ya te vas a ir, paciencia.
- ¿Más paciencia queres que tenga?
- Un poquito más. –Bufó.- Sos un nene Pedro.
- Bueno che. Es lo que hay, tomalo o dejalo.
- Lo tomo, lo tomo. –Dije y lo besé.-
- Mejor así. –Reímos.- Ya te juro que no sé que hacer para matar el tiempo.
- ¿Queres que me vista de payaso?
-Rio.- Podría ser.
- Me visto eh. –Reímos.- O… Puedo hacer un stand-up.
- Mejor besame. –Nos besamos y ella se sentó a mi lado.-
- ¿Así podemos matar el tiempo?
- Podría ser. ¿No?
- Mmm… Me gusta la idea. –Le dije entre besos.-
- A mí me fascina.
Nuestros labios volvieron a unirse como hacía tiempo no ocurría. Nuestras bocas se habían olvidado completamente de la situación, habían vuelto a sentir esa atracción que era innegable.
- Podría pasar toda la vida besándote.
- Nunca pensé que alguien podría venir a mi vida a hacerme bien. –Dije con mis ojos cerrados.-
- Creo que es la primera vez que alguien me dice eso… No, no creo. Es la primera vez.
- Me gusta ser tu primera vez en algo ya que vos fuiste la primera vez en muchas cosas para mí. –Sonreímos y nos seguimos besando por un largo rato.-
Sus labios y los míos eran uno.
Intentaba, intentaba estar bien, hacer como si nada pasara. Pero… No puedo, ya no me sale. Quiero una vida normal o común. Quiero dejar de sufrir esta mierda. Quiero dejar de sufrir. Me cansé.
Las lágrimas no dejaban de caer por mis mejillas y justo entró Paula. Quería desaparecer y claro está que no podía hacer demasiado, salvo taparme la cara con una almohada.
Ella entró y no dijo nada, tan solo me abrazó como podía… Porque claro, estaba lleno de cables y tenía vendado todo mi pecho.
- Sh… -Susurró en mi oído y besó mi cuello.-
- No doy más.
- Ya va a pasar… -Acarició mi nuca.-
- Gracias por estar acá.
- No tenes que agradecerlo.
- Sí, tengo que hacerlo. –Me separé un poco de ella.- No hubiese aguantado todo otra vez si no estabas conmigo.
- Pero estoy con vos… -Acarició mi mejilla.- Estoy acá, con vos.
- Sos muy especial para mí. –Acaricié mi nariz con la suya.-
- Y vos para mí Pepe. –Nos besamos.- No llores más, dale… -Apoyé mi cabeza en su pecho y ella me abrazó.-
- ¿Te quedas conmigo esta noche?
- Como todas. –Besó mi frente.-
- Te quiero mucho.
- Te quiero mucho más… -Me abrazó más fuerte.- Tranquilizate, no te hace bien estar así.
- Quedate conmigo.
- Siempre.
Después de un rato, me estaba quedando dormido…
- Pepe… -Susurró.- Acostate así dormís, dale.
- Pero no te vayas.
- No, no me voy a ir. Tranquilo. –Yo me acomodé y ella me tapó.- Descansa… Yo me quedó con vos. –Tomó mi mano y la besó.- Hasta mañana…
-
Pedro se había quedado dormido y yo estaba a su lado… Me mataba ver como dejaba a un lado su coraza y se mostraba como quien es realmente. Podría abrazarlo para siempre.
Me quedé dormida en la silla, con mi cabeza apoyada en su cama… Junto a él.
-
El primer rayo de sol que asomó por la ventana de la habitación me despertó, sonreí al ver a Paula a mi lado y corrí el pelo de su cara.
- Pau… Pau… -Susurré.- Anda a dormir al sillón.
- No, me quedo acá con vos.
-Sonreí.- Dale, anda al sillón así descansas bien al menos un ratito.
Ella caminó hasta el sillón, más dormida que despierta y allí se quedó.
Y pasé horas viéndola… Eran las cinco de la mañana y hasta las ocho ninguna enfermera a molestar. O sea que pasé tres horas observándola –y podría pasar mil horas más.-
Se despertó cuando me trajeron el desayuno, la enfermera se fue y yo le sonreí a Paula.
- Buen día señorita.
- Buen día… -Dijo y se levantó.- Voy al baño y vengo, ni me mires que soy más china que los chinos.
-Reí.- Sos linda igual, pero te espero.
- Paso a comprarme algo para comer también.
- Anda tranqui.
La esperé para desayunar.
- Ahora sí, buen día… -Se acercó y me dio un beso.-
- Buen día… -La besé.- Gracias por dormir acá conmigo.
- Sh… ¿Estás mejor?
- Sí, vos me haces bien. –Sonreímos y nos dimos un beso.- ¿Desayunamos?
- Dale.
Desayunamos y luego comenzó la maldita ida y venida de millones de médicos por mi habitación. Necesitaba mi casa, la necesitaba.
-
Mientras lo revisaban, salí a caminar por el parque del hospital mientras escuchaba algo de música. Necesitaba frenar un poco, relajarme… Aunque no podía dejar de pensar en él.
‘Ya estoy solito otra vez…’
‘¿Y eso es una indirecta?’
‘Tomalo como quieras…’
‘Jajajja, ya subo Pepe.’
Subí y me dirigí a su habitación…
- Acá estoy.
- Estoy muy Paula dependiente. –Reímos.-
- Me gusta igual.
- ¿No soy muy pesado?
- ¿Pesado? ¿Vos?
- No sé…
- No tontito, no… -Me acerqué a él y lo llené de besos.- No conozco un lugar mejor que estar con vos.
- Ay, sos más tierna.
-Sonreí y nos besamos.- ¿Qué te dijeron los médicos?
- Nada nuevo.
- ¿Nada?
- No… No sé.
- ¿Sí o no?
- No Pau.
- Mejor pregunto yo después… -Despeiné su pelo.-
- Quiero irme a mi casa.
- Ya te vas a ir, paciencia.
- ¿Más paciencia queres que tenga?
- Un poquito más. –Bufó.- Sos un nene Pedro.
- Bueno che. Es lo que hay, tomalo o dejalo.
- Lo tomo, lo tomo. –Dije y lo besé.-
- Mejor así. –Reímos.- Ya te juro que no sé que hacer para matar el tiempo.
- ¿Queres que me vista de payaso?
-Rio.- Podría ser.
- Me visto eh. –Reímos.- O… Puedo hacer un stand-up.
- Mejor besame. –Nos besamos y ella se sentó a mi lado.-
- ¿Así podemos matar el tiempo?
- Podría ser. ¿No?
- Mmm… Me gusta la idea. –Le dije entre besos.-
- A mí me fascina.
Nuestros labios volvieron a unirse como hacía tiempo no ocurría. Nuestras bocas se habían olvidado completamente de la situación, habían vuelto a sentir esa atracción que era innegable.
- Podría pasar toda la vida besándote.
- Nunca pensé que alguien podría venir a mi vida a hacerme bien. –Dije con mis ojos cerrados.-
- Creo que es la primera vez que alguien me dice eso… No, no creo. Es la primera vez.
- Me gusta ser tu primera vez en algo ya que vos fuiste la primera vez en muchas cosas para mí. –Sonreímos y nos seguimos besando por un largo rato.-
Sus labios y los míos eran uno.
miércoles, 18 de febrero de 2015
53.
- Buen día… -Dijo Pau entrando al cuarto.-
- Buen día.
- ¿Cómo estás?
- Un poco mejor.
- Me alegro. –Me dio un beso.- Tengo una buena noticia para vos.
- ¿Me voy a casa?
- No loquito, para.
- ¿Y entonces qué?
- Después de que te den el desayuno… Podes salir un rato, obviamente que en silla de ruedas y con el suero. Pero bueno, podes salir.
- ¿Solo?
- No tontito, voy a ir con vos.
- Entonces me gusta la idea.
- Primero tenes que desayunar.
- Sí, ya sé y no me niego porque muero de hambre.
- La enfermera estaba repartiendo, asique supongo que ya te tocará.
Desayuné y algunos enfermeros me ayudaron a pasar a la silla de ruedas…
- ¿Usted va con él? –Le preguntó un enfermero a Paula.-
- Sí, yo lo acompaño.
- Tengan mucho cuidado y no salgan del parque del hospital.
- Quedese tranquilo que yo lo cuido.
- Sí, es más cuida que ustedes… -Dije y reímos.-
Paula comenzó a empujar la silla de ruedas y llegamos al ascensor.
- Me siento un gil acá.
- ¿Por qué?
- Porque no me gusta estar así de débil. Me da vergüenza.
-Se agachó a mi altura.- No la tengas…
- ¿No estás conmigo por lástima?
- ¡Hey! ¿Cómo vas a decir eso? Obvio que no. –Me besó y salimos del ascensor.-
Atravesamos un pasillo hasta que por fin salimos, hacía mucho tiempo que no respiraba tan profundo…
Nos acercamos a un banco, en donde Paula se sentó y yo quedé frente a ella.
- Aire puro…
-Sonrió.- Relajate…
- Estoy en eso. –Dije y cerré mis ojos.-
- ¿Queres masajitos?
- Por favor…
- Mi nene mimado. –Me besó y se paró detrás de mí para comenzar a hacer masajes en mi cuello.-
- Sos tan linda… -Dije y tomé su mano para besarla.-
- ¿Sabes qué es lo que me gusta de que estés así?
- ¿Qué?
- Que no das más de tierno.
-Reí.- Estoy sensible.
- Se nota, no hace falta que lo aclares… Igual me gusta, ya te lo dije. –Continuó con sus masajes.-
-
Pasamos un largo rato en el parque hasta que debimos volver porque el médico lo estaba esperando para un control.
Yo aproveché y fui a mi casa a bañarme y cambiarme, me puse mi capucha y escuchando música con mis auriculares salí para volver a la clínica.
- ¿En dónde andas pendeja que no dormís en casa?
- ¿Te importa?
- ¿Sinceramente? No…
- ¿Y entonces para qué carajo preguntas?
- Respondeme.
- Con una amiga que está internada. Punto. Me voy, chau.
- Vos a mí no me cortas el rostro pendeja mal parida. –Gritó empujándome contra la pared.-
- ¿Nunca te vas a cansar de arruinar todo?
- No, porque vos naciste para sufrir.
- Sos la bosta más grande.
- Vos venís de esta bosta.
- Y me da asco. –Me apretó aún más y mi ceja golpeó contra una de las cerraduras de la puerta, provocando que comience a sangrar.-
- Eso, sangra… Dale, sangra.
- ¡Soltame!
- Siempre voy a ser tu sombra. Siempre.
- Un día esto se va a terminar, yo lo sé.
- Cuánta fe te tenes. –Dijo y me soltó.- ¡Andate de mi casa! –Aproveché la situación y salí, corrí dos cuadras y me dejé vencer… Cayendo al lado de un árbol y llorando. Mi ojo no dejaba de sangrar y yo temblaba por el llanto.-
Pero necesitaba llegar, necesitaba llegar. Caminé como pude hasta una farmacia en donde me curaron y me sentía débil, tomé una gaseosa que compré en un kiosko y volví a la clínica.
Tenía una venda en mi ceja.
Llegué y me dirigí casi sin pensarlo hasta la habitación de Pedro, necesitaba abrazarlo.
Ingresé en su habitación…
- Pau… ¿Qué te pasó?
-Corrí hacia él y me senté a su lado, apoyé mi cabeza en la cama.- Abrazame, por favor. –Sentí su brazo pasar por mi cuello y su otra mano acariciar mi cabello.-
- ¿Qué pasó?
- Mi viejo… -Suspiré.-
- Tranquila…
Pasó un rato y yo me erguí.
- Perdón por venir así, vos estás acá y…
- No pidas perdón. –Acarició mi mejilla.- No pidas perdón. –Hizo una pausa.- Veni… Dame un beso. –Me acerqué a él y nos dimos un beso.- ¿Qué pasó?
- Me agarró cuando estaba viniendo, me preguntó porque no estaba en casa, le mentí, me amenazó, me golpeó contra la puerta y me dio la ceja contra la cerradura… Me echó, caminé hasta una farmacia en donde me curaron y acá estoy. No sé. No aguanto más esto.
- Tranquila, no llores más. –Secó mis lágrimas.- Ya se va a terminar, te lo prometo… -Me besó.- Sentate acá al lado mío. –Yo me senté a su lado, apoyé su cabeza en mi hombro y me quiso abrazar por el costado.-
- No hace falta que me abraces, sé que te tira la cicatriz. –Besó mi cuello y yo tomé su mano.-
- Quiero abrazarte.
- Pero no podes, no quiero que te hagas mal por mí.
- Pero…
- Pero nada. Estar con vos me hace bien.
- Perdón.
- ¿Perdón? ¡No tenes que pedir perdón!
Pasamos un rato en silencio y yo, por lo menos, había dejado de llorar.
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Te jode si voy al bar a comer algo? Muero de hambre.
- ¿Cómo me va a joder? Anda.
- Vuelvo rápido.
- Volve cuando quieras.
- No te duermas que en un rato vienen a hacerte un control.
- No, ahora prendo la tele.
- Dale. –Le di un beso y salí.-
Bajé hasta el bar, me compré un café con medialunas y busqué dentro de mi mochila mi cuaderno y la birome. Necesitaba escribir.
“Cuando de un día para el otro la muerte te acaricia como una suave brisa la vida se vuelve mucho más clara.
Los colores son más brillantes, las sensaciones más fuertes y las sonrisas más verdaderas.
Sucede que uno cree que la vida es eterna y cuando algo nos sacude, despertamos.
Vivir deja de ser algo que hacemos por inercia, vivir se convierte en disfrute.
Lo conozco hace nada, yo lo sé. Pero es importante para mí, él fue quien me despertó y no podría soportar perderlo. Lo necesito, lo necesito para respirar. –Quizás suene egoísta, pero es así.- Necesito al menos verlo a lo lejos.
Los sabios dicen que está bien, pero sigue en ese cuarto blanco. Los de palabra autorizada dicen que ya saldrá, pero sigue en esa cama.”
- Buen día.
- ¿Cómo estás?
- Un poco mejor.
- Me alegro. –Me dio un beso.- Tengo una buena noticia para vos.
- ¿Me voy a casa?
- No loquito, para.
- ¿Y entonces qué?
- Después de que te den el desayuno… Podes salir un rato, obviamente que en silla de ruedas y con el suero. Pero bueno, podes salir.
- ¿Solo?
- No tontito, voy a ir con vos.
- Entonces me gusta la idea.
- Primero tenes que desayunar.
- Sí, ya sé y no me niego porque muero de hambre.
- La enfermera estaba repartiendo, asique supongo que ya te tocará.
Desayuné y algunos enfermeros me ayudaron a pasar a la silla de ruedas…
- ¿Usted va con él? –Le preguntó un enfermero a Paula.-
- Sí, yo lo acompaño.
- Tengan mucho cuidado y no salgan del parque del hospital.
- Quedese tranquilo que yo lo cuido.
- Sí, es más cuida que ustedes… -Dije y reímos.-
Paula comenzó a empujar la silla de ruedas y llegamos al ascensor.
- Me siento un gil acá.
- ¿Por qué?
- Porque no me gusta estar así de débil. Me da vergüenza.
-Se agachó a mi altura.- No la tengas…
- ¿No estás conmigo por lástima?
- ¡Hey! ¿Cómo vas a decir eso? Obvio que no. –Me besó y salimos del ascensor.-
Atravesamos un pasillo hasta que por fin salimos, hacía mucho tiempo que no respiraba tan profundo…
Nos acercamos a un banco, en donde Paula se sentó y yo quedé frente a ella.
- Aire puro…
-Sonrió.- Relajate…
- Estoy en eso. –Dije y cerré mis ojos.-
- ¿Queres masajitos?
- Por favor…
- Mi nene mimado. –Me besó y se paró detrás de mí para comenzar a hacer masajes en mi cuello.-
- Sos tan linda… -Dije y tomé su mano para besarla.-
- ¿Sabes qué es lo que me gusta de que estés así?
- ¿Qué?
- Que no das más de tierno.
-Reí.- Estoy sensible.
- Se nota, no hace falta que lo aclares… Igual me gusta, ya te lo dije. –Continuó con sus masajes.-
-
Pasamos un largo rato en el parque hasta que debimos volver porque el médico lo estaba esperando para un control.
Yo aproveché y fui a mi casa a bañarme y cambiarme, me puse mi capucha y escuchando música con mis auriculares salí para volver a la clínica.
- ¿En dónde andas pendeja que no dormís en casa?
- ¿Te importa?
- ¿Sinceramente? No…
- ¿Y entonces para qué carajo preguntas?
- Respondeme.
- Con una amiga que está internada. Punto. Me voy, chau.
- Vos a mí no me cortas el rostro pendeja mal parida. –Gritó empujándome contra la pared.-
- ¿Nunca te vas a cansar de arruinar todo?
- No, porque vos naciste para sufrir.
- Sos la bosta más grande.
- Vos venís de esta bosta.
- Y me da asco. –Me apretó aún más y mi ceja golpeó contra una de las cerraduras de la puerta, provocando que comience a sangrar.-
- Eso, sangra… Dale, sangra.
- ¡Soltame!
- Siempre voy a ser tu sombra. Siempre.
- Un día esto se va a terminar, yo lo sé.
- Cuánta fe te tenes. –Dijo y me soltó.- ¡Andate de mi casa! –Aproveché la situación y salí, corrí dos cuadras y me dejé vencer… Cayendo al lado de un árbol y llorando. Mi ojo no dejaba de sangrar y yo temblaba por el llanto.-
Pero necesitaba llegar, necesitaba llegar. Caminé como pude hasta una farmacia en donde me curaron y me sentía débil, tomé una gaseosa que compré en un kiosko y volví a la clínica.
Tenía una venda en mi ceja.
Llegué y me dirigí casi sin pensarlo hasta la habitación de Pedro, necesitaba abrazarlo.
Ingresé en su habitación…
- Pau… ¿Qué te pasó?
-Corrí hacia él y me senté a su lado, apoyé mi cabeza en la cama.- Abrazame, por favor. –Sentí su brazo pasar por mi cuello y su otra mano acariciar mi cabello.-
- ¿Qué pasó?
- Mi viejo… -Suspiré.-
- Tranquila…
Pasó un rato y yo me erguí.
- Perdón por venir así, vos estás acá y…
- No pidas perdón. –Acarició mi mejilla.- No pidas perdón. –Hizo una pausa.- Veni… Dame un beso. –Me acerqué a él y nos dimos un beso.- ¿Qué pasó?
- Me agarró cuando estaba viniendo, me preguntó porque no estaba en casa, le mentí, me amenazó, me golpeó contra la puerta y me dio la ceja contra la cerradura… Me echó, caminé hasta una farmacia en donde me curaron y acá estoy. No sé. No aguanto más esto.
- Tranquila, no llores más. –Secó mis lágrimas.- Ya se va a terminar, te lo prometo… -Me besó.- Sentate acá al lado mío. –Yo me senté a su lado, apoyé su cabeza en mi hombro y me quiso abrazar por el costado.-
- No hace falta que me abraces, sé que te tira la cicatriz. –Besó mi cuello y yo tomé su mano.-
- Quiero abrazarte.
- Pero no podes, no quiero que te hagas mal por mí.
- Pero…
- Pero nada. Estar con vos me hace bien.
- Perdón.
- ¿Perdón? ¡No tenes que pedir perdón!
Pasamos un rato en silencio y yo, por lo menos, había dejado de llorar.
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Te jode si voy al bar a comer algo? Muero de hambre.
- ¿Cómo me va a joder? Anda.
- Vuelvo rápido.
- Volve cuando quieras.
- No te duermas que en un rato vienen a hacerte un control.
- No, ahora prendo la tele.
- Dale. –Le di un beso y salí.-
Bajé hasta el bar, me compré un café con medialunas y busqué dentro de mi mochila mi cuaderno y la birome. Necesitaba escribir.
“Cuando de un día para el otro la muerte te acaricia como una suave brisa la vida se vuelve mucho más clara.
Los colores son más brillantes, las sensaciones más fuertes y las sonrisas más verdaderas.
Sucede que uno cree que la vida es eterna y cuando algo nos sacude, despertamos.
Vivir deja de ser algo que hacemos por inercia, vivir se convierte en disfrute.
Lo conozco hace nada, yo lo sé. Pero es importante para mí, él fue quien me despertó y no podría soportar perderlo. Lo necesito, lo necesito para respirar. –Quizás suene egoísta, pero es así.- Necesito al menos verlo a lo lejos.
Los sabios dicen que está bien, pero sigue en ese cuarto blanco. Los de palabra autorizada dicen que ya saldrá, pero sigue en esa cama.”
martes, 17 de febrero de 2015
52.
La noche pasó y fue una de las más eternas de mi vida. -Y eso que había pasado madrugadas en situaciones poco agradables.-
Pedro no había mejorado y debían operarlo. Nada podía ser peor.
La operación duró eternas horas, eternas.
Corrección: podía ser peor.
Pedro entró en paro y creí morir. Fueron de los minutos más desesperantes de mi vida.
Lo conocía hace tan poco tiempo y era tan importante para mí, se había convertido en la única persona que me hacía bien y no me importaba nada. Tan solo quería estar con él. Necesitaba sentirlo, estar con él. Besarlo y abrazarlo. Lo necesito como al aire para respirar.
Las lágrimas rodaban por mis mejillas sin descanso y el nudo en mi garganta no tenía intención alguna de salir de aquel lugar.
Necesitaba que alguien saliera de allí y me diga algo.
Necesitaba que me digan que iba a estar bien. Que estaba bien.
Sequé mis lágrimas y el médico salió de allí dentro.
- Pudimos sacarlo del paro y finalizamos la operación, pero sigue estando delicado.
- ¿Pero está bien ahora?
- Está estable.
- ¿Y cuándo puedo pasar a verlo?
- Dentro de un par de horas cuando pase el efecto de la anestesia.
- ¿Y usted me puede avisar?
- Por supuesto. ¿Por qué no va al bar y come algo? No vaya a ser cosa que tengamos que atenderla a usted también.
-Reí.- Tiene razón, gracias doctor.
-
Me desperté e inmediatamente me di cuenta donde estaba. ¡La puta madre!
Me moví y me morí del dolor. Otra vez lo mismo.
Pasó un rato largo y por fin alguien entró, sonreí con la poca fuerza que tenía al ver que era Paula.
- Buen día. -Dijo entrando, se acercó a mí y me dio un beso.- No hables que no vas a poder por la anestesia. -Volvió a besarme.- ¿Queres que te cuente que pasó? -Asentí con mi cabeza y tomó mi mano.- Bueno, te encontraron en la calle descompensado y te trajeron acá en ambulancia, a mí me avisaron anoche. ¿Te acordas que vine? -Volví a asentir.- Y me dijeron que si en la noche mejorabas zafabas de la operación, pero no fue así. Te operaron hoy a la mañana, ahora son las 3 de la tarde. Y eso. -Apreté su mano.- Pero ahora vos no te preocupes por nada, tenes que estar tranquilo así te recuperas más rápido. ¿Sí? -Besó mi frente.- ¿Puedo quedarme con vos? -Asentí y nos dimos un beso, le agradecí con una mirada.-
-
Pasó una semana y por suerte él se estaba recuperando, hasta ya lo habían pasado a una habitación común.
Entré en su habitación y él estaba durmiendo, me senté en la silla que estaba al lado de su cama y busqué mi celular para hacer algo hasta que se despierte.
- Hola… -Dijo y me asusté.-
- ¡Nene!
- ¿Qué?
- Me asustaste. –Dije guardando mi celular.-
- Hola Pedro… ¿Cómo estás? ¿Te sentís mejor?
-Mordí mi labio, sobrándolo.- ¿Estás mejor?
- No, necesito mimos.
- Sos un aprovechador.
- ¿Con vos? Sí. -Sonreí y lo besé.- Quiero irme a casa y que seas mi enfermera personal.
- Falta para eso todavía…
- ¿Mucho?
- No sé, no me quieren decir.
- Quiero que me abraces.
- Sentate…
- ¿Para?
- Así entramos los dos en la cama.
- Vas a estar incómoda.
- No importa, dale.
Lo ayudé a sentarse y me senté a su lado, hice que apoyará mi cabeza sobre su pecho y jugué un rato largo con su pelo.
- Gracias Pau.
- Sh… -Besé su frente.- Me encanta mimarte.
- Nunca pensé que iba a estar con una mujer como vos.
- ¿Una mujer como yo sería que no es un gato?
-Rio.- No me hagas reír que me duele.
- Respondeme.
- Diste en la tecla.
- ¿Y eso es bueno o malo?
- Decime que opinas vos…
- En mi vida sos muy positivo.
- Y vos en la mía… Es más, tus mimos me ayudan a recuperarme más rápido.
- Ni internado dejas de ser chamullero vos che.
- No es chamullo.
- No, dale.
- En serio.
- No hace falta que digas eso para que te haga mimos.
-
Esa noche, yo había terminado de comer y ella no dejaba de bostezar.
- Anda a casa a dormir Pau.
- No, me voy a quedar con vos.
- Pero te quedaste todos los días.
- No quiero dejarte solo.
- Pero mira como estás.
- Estoy bien, no te preocupes.
- Pero…
- Pero nada. Yo duermo acá en el sillón, dale.
- Pau…
- ¿Qué?
- Te quiero.
-Sonreí.- Yo también te quiero. –Nos besamos.- Mucho. –Volvimos a besarnos. Él acarició mi mejilla, yo tomé su mano y la besé.- Tenes que descansar.
- Acabo de comer, dame un ratito.
- Mmm…
- Dale, no seas mala. Media hora.
- Solo media hora.
- Solo media hora mamá. –Reímos y nos dimos otro beso.- No veo la hora de tener el alta del todo… -Se acercó a mi cuello.- Extraño tu piel.
- Falta mucho para eso señor.
- ¿Me vas a decir que no te morís de ganas?
- Sí, pero no se puede. No me tientes tampoco.
- ¿Quién era el flojito?
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Estás muy débil.
- ¿Y? Puedo tocarte igual. –Dijo y recorrió mi pierna con su mano.-
- Basta. –Dije y me senté en el sillón.-
- No me hagas tener un disgusto.
- Y vos no seas boludo.
- Dame un beso por lo menos.
- Si te portas bien. ¡Pareces un nene!
- Dale, veni… -Me acerqué a él y lo besé.- Cuidate, de verdad.
- Te lo prometo, no sería tan pelotudo de perderme a alguien como vos.
- Sos un tierno cuando queres eh.
- ¿Viste? Cuando quiero puedo ser un bombón de dulce de leche.
- Lindo sos vos.
- ¿Sí?
- Sí, muy lindo. –Lo besé.- Pero tenes que descansar, dale.
- No pasó media hora.
- Pero mientras te hago mimos para que te duermas, se pasa la media hora. No hay chance.
-Bufó y se acomodó para dormir.- Descansa…
- Vos también, dormí de verdad.
- Te prometo que voy a dormir. –Despeiné su pelo.- Pero primero dormí vos.
- Gracias, otra vez.
- No agradezcas, por enésima vez. –Besé su mejilla.-
Y allí me quedé, jugando con su pelo hasta que se quedó dormido… E incluso lo hice un rato más, podría hacerlo durante mucho tiempo.
Apagué mi celular y me acomodé en el sillón para poder dormir, me costó un poco pero estaba tan cansada y me dolía tanto el cuerpo que cuando lo logré dormí muy profundo. (Al menos un par de horas).
Pedro no había mejorado y debían operarlo. Nada podía ser peor.
La operación duró eternas horas, eternas.
Corrección: podía ser peor.
Pedro entró en paro y creí morir. Fueron de los minutos más desesperantes de mi vida.
Lo conocía hace tan poco tiempo y era tan importante para mí, se había convertido en la única persona que me hacía bien y no me importaba nada. Tan solo quería estar con él. Necesitaba sentirlo, estar con él. Besarlo y abrazarlo. Lo necesito como al aire para respirar.
Las lágrimas rodaban por mis mejillas sin descanso y el nudo en mi garganta no tenía intención alguna de salir de aquel lugar.
Necesitaba que alguien saliera de allí y me diga algo.
Necesitaba que me digan que iba a estar bien. Que estaba bien.
Sequé mis lágrimas y el médico salió de allí dentro.
- Pudimos sacarlo del paro y finalizamos la operación, pero sigue estando delicado.
- ¿Pero está bien ahora?
- Está estable.
- ¿Y cuándo puedo pasar a verlo?
- Dentro de un par de horas cuando pase el efecto de la anestesia.
- ¿Y usted me puede avisar?
- Por supuesto. ¿Por qué no va al bar y come algo? No vaya a ser cosa que tengamos que atenderla a usted también.
-Reí.- Tiene razón, gracias doctor.
-
Me desperté e inmediatamente me di cuenta donde estaba. ¡La puta madre!
Me moví y me morí del dolor. Otra vez lo mismo.
Pasó un rato largo y por fin alguien entró, sonreí con la poca fuerza que tenía al ver que era Paula.
- Buen día. -Dijo entrando, se acercó a mí y me dio un beso.- No hables que no vas a poder por la anestesia. -Volvió a besarme.- ¿Queres que te cuente que pasó? -Asentí con mi cabeza y tomó mi mano.- Bueno, te encontraron en la calle descompensado y te trajeron acá en ambulancia, a mí me avisaron anoche. ¿Te acordas que vine? -Volví a asentir.- Y me dijeron que si en la noche mejorabas zafabas de la operación, pero no fue así. Te operaron hoy a la mañana, ahora son las 3 de la tarde. Y eso. -Apreté su mano.- Pero ahora vos no te preocupes por nada, tenes que estar tranquilo así te recuperas más rápido. ¿Sí? -Besó mi frente.- ¿Puedo quedarme con vos? -Asentí y nos dimos un beso, le agradecí con una mirada.-
-
Pasó una semana y por suerte él se estaba recuperando, hasta ya lo habían pasado a una habitación común.
Entré en su habitación y él estaba durmiendo, me senté en la silla que estaba al lado de su cama y busqué mi celular para hacer algo hasta que se despierte.
- Hola… -Dijo y me asusté.-
- ¡Nene!
- ¿Qué?
- Me asustaste. –Dije guardando mi celular.-
- Hola Pedro… ¿Cómo estás? ¿Te sentís mejor?
-Mordí mi labio, sobrándolo.- ¿Estás mejor?
- No, necesito mimos.
- Sos un aprovechador.
- ¿Con vos? Sí. -Sonreí y lo besé.- Quiero irme a casa y que seas mi enfermera personal.
- Falta para eso todavía…
- ¿Mucho?
- No sé, no me quieren decir.
- Quiero que me abraces.
- Sentate…
- ¿Para?
- Así entramos los dos en la cama.
- Vas a estar incómoda.
- No importa, dale.
Lo ayudé a sentarse y me senté a su lado, hice que apoyará mi cabeza sobre su pecho y jugué un rato largo con su pelo.
- Gracias Pau.
- Sh… -Besé su frente.- Me encanta mimarte.
- Nunca pensé que iba a estar con una mujer como vos.
- ¿Una mujer como yo sería que no es un gato?
-Rio.- No me hagas reír que me duele.
- Respondeme.
- Diste en la tecla.
- ¿Y eso es bueno o malo?
- Decime que opinas vos…
- En mi vida sos muy positivo.
- Y vos en la mía… Es más, tus mimos me ayudan a recuperarme más rápido.
- Ni internado dejas de ser chamullero vos che.
- No es chamullo.
- No, dale.
- En serio.
- No hace falta que digas eso para que te haga mimos.
-
Esa noche, yo había terminado de comer y ella no dejaba de bostezar.
- Anda a casa a dormir Pau.
- No, me voy a quedar con vos.
- Pero te quedaste todos los días.
- No quiero dejarte solo.
- Pero mira como estás.
- Estoy bien, no te preocupes.
- Pero…
- Pero nada. Yo duermo acá en el sillón, dale.
- Pau…
- ¿Qué?
- Te quiero.
-Sonreí.- Yo también te quiero. –Nos besamos.- Mucho. –Volvimos a besarnos. Él acarició mi mejilla, yo tomé su mano y la besé.- Tenes que descansar.
- Acabo de comer, dame un ratito.
- Mmm…
- Dale, no seas mala. Media hora.
- Solo media hora.
- Solo media hora mamá. –Reímos y nos dimos otro beso.- No veo la hora de tener el alta del todo… -Se acercó a mi cuello.- Extraño tu piel.
- Falta mucho para eso señor.
- ¿Me vas a decir que no te morís de ganas?
- Sí, pero no se puede. No me tientes tampoco.
- ¿Quién era el flojito?
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Estás muy débil.
- ¿Y? Puedo tocarte igual. –Dijo y recorrió mi pierna con su mano.-
- Basta. –Dije y me senté en el sillón.-
- No me hagas tener un disgusto.
- Y vos no seas boludo.
- Dame un beso por lo menos.
- Si te portas bien. ¡Pareces un nene!
- Dale, veni… -Me acerqué a él y lo besé.- Cuidate, de verdad.
- Te lo prometo, no sería tan pelotudo de perderme a alguien como vos.
- Sos un tierno cuando queres eh.
- ¿Viste? Cuando quiero puedo ser un bombón de dulce de leche.
- Lindo sos vos.
- ¿Sí?
- Sí, muy lindo. –Lo besé.- Pero tenes que descansar, dale.
- No pasó media hora.
- Pero mientras te hago mimos para que te duermas, se pasa la media hora. No hay chance.
-Bufó y se acomodó para dormir.- Descansa…
- Vos también, dormí de verdad.
- Te prometo que voy a dormir. –Despeiné su pelo.- Pero primero dormí vos.
- Gracias, otra vez.
- No agradezcas, por enésima vez. –Besé su mejilla.-
Y allí me quedé, jugando con su pelo hasta que se quedó dormido… E incluso lo hice un rato más, podría hacerlo durante mucho tiempo.
Apagué mi celular y me acomodé en el sillón para poder dormir, me costó un poco pero estaba tan cansada y me dolía tanto el cuerpo que cuando lo logré dormí muy profundo. (Al menos un par de horas).
lunes, 16 de febrero de 2015
51.
El viaje de vuelta fue algo… Depresivo. Sí, depresivo. Hubiese querido que ese momento no llegara nunca.
Él me acompañó a mi casa y luego siguió camino hasta la suya. –Recién habían pasado dos horas y yo ya extrañaba su piel, su olor…-
Además de estar muy ansiosa con que encuentre la carta, la lea y me dé una devolución.
Nota mental: dejar de ser tan ansiosa.
Me bañé –ya que por haberme quedado con él en la cama no había podido hacerlo.- y por primera vez me animé a quedarme en ropa interior en mi cuarto… Me estaba amigando con mi cuerpo, había descubierto que gracias a él podía sentir cosas increíbles.
-
Llegué a mi casa y no podía más, dejé todo tirado y me acosté a dormir… Aunque me costó un poco, no podía dejar de desearla a mi lado.
Más tarde, me desperté y no quedaba otra que ordenar, esa era la parte más odiosa de volver a casa. ¡Desarmar los bolsos!
Tiré toda la ropa sucia en el lavarropas junto con las sábanas y las toallas y mientras guardaba la ropa limpia en el placard, me sorprendí al encontrar un sobre: “Pedro.”
Lo abrí y comencé a leer, algo extrañado y ansioso a la vez, era Paula. (Sonreí al saberlo).
Me senté en mi cama y comencé a leer, algunas lágrimas cayeron por mis ojos mientras lo hacía. Ni bien terminé de leerla, busqué mi celular y le escribí:
“¿Puedo ir a tu casa?”
“Obvio que podes.”
“¿Estás sola?”
“Sí.”
Busqué mi billetera, las llaves y el celular y me dirigí a su casa. –Y creo que llegué más rápido que nunca.- Ni bien me abrió, la abracé por la cintura y le rompí la boca de un beso.
- ¿Qué es esa vehemencia? –Preguntó.-
- Leí tu carta…
- ¿Y?
- Que no podes ser tan linda y que quiero hacerte sentir mujer otra vez.
- ¿Acá?
- En donde quieras. –Ella sonrió pícara y cerró la reja, entramos a su casa y subimos las escaleras sin poder despegar nuestras bocas.-
- Podría hacer esto toda mi vida. –Confesé.-
- Hacelo, por favor. –Cerré la puerta de su habitación y la senté sobre su escritorio. Nos desvestimos más rápido que nunca, necesitábamos sentirnos. Necesitaba estar dentro de ella.-
Sus uñas se clavaban con fuerza en mi espalda mientras mis dedos presionaban su delantera.
-
Me hacía sentir en el cielo y no había duda de aquello. Ambos estábamos recostados en mi cama sin ropa alguna.
- Te sacaría mil fotos así.
- ¡Ni se te ocurra! –Me quejé.-
- ¿Por qué? Si sos hermosa.
- Entonces mírame con los ojos, no con una cámara.
- Bueno che.
- Me dan miedo esas cosas.
- ¿Nunca viste nada en Internet?
- No.
- ¿De verdad?
- De verdad.
- No te creo.
- ¡Creeme!
- Mejor, así crees que soy el mejor.
- Estoy segura de eso.
- ¿Sí? –Preguntó acariciando alrededor de mi ombligo con su dedo índice.-
- Sí… -Suspiré y cerré mis ojos.-
- No pares nunca Pedro.
- No pensaba hacerlo. -Dijo bajando.-
-
Estaba en mi casa y me sentía mal, me faltaba el aire y me negaba a tener otra crisis.
Intenté continuar como si fuese un día común. Me bañé haciendo un esfuerzo muy grande por no caerme, sosteniéndome de la pared.
Necesitaba tranquilizarme, asique decidí salir a caminar.
Caminé varias cuadras y cuando quise buscar el puff en mi bolsillo noté que me lo había olvidado y no había chances de volver a respirar.
Intenté volver a mi casa, pero creo que nunca llegué.
-
Me desperté y era tarde, ya daba por sentado que pasaría la noche en vela.
Mi celular sonó y me extrañé al leer en la pantalla: "número privado."
Atendí.
- Conversación Telefónica -
- Hola.
- Hola. ¿Paula?
- Sí.
- ¿Usted conoce a Pedro Alfonso?
- Sí.
- Él fue ingresado hace un rato a la clínica de Puerto Madero, lo encontraron descompensando en la calle.
- ¿Y cómo está? -Pregunté asustada.-
- ¿Puede venir a verlo?
- Pero digame como está.
- Venga, por favor.
- Fin de la conversación telefónica -
Corté y salí casi corriendo de mi casa y creo que nunca mi bicicleta fue tan rápido.
Por fin llegué, pregunté donde estaba y subí.
Esperé que salga algún médico.
- ¿Cómo está?
- ¿Quién es usted?
- Una amiga.
- Está delicado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Que si en la noche no mejora, hay que operarlo.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- No puede hablar.
- No importa, por favor.
- Pase, solo cinco minutos.
Entré despacio y él me sonrió.
- Hola. -Dije y me acerque a él, besé su frente y tomé su mano.-
- Pau...
- No, no. No hables que no podes. No te esfuerces que tenes que recuperarte. -Él apretó mi mano y yo sonreí.- No me puedo quedar mucho acá con vos, pero me voy a quedar toda la noche afuera.
- No hace falta. -Susurró.-
- Sí, hace falta. Me quiero quedar, no quiero que estés solo.
- Gracias. - No lo agradezcas y no hables más. -Besé sus labios.- Ponete bien que te voy a estar esperando para que sigamos pasando buenos momentos juntos. -Volví a besarlo.- Te quiero.
- Te quiero Pau. -Sonreí, nos besamos y un médico me pidió que salga asique tuve que irme.-
Me senté en el piso, contra la pared y abracé mis piernas. Me largué a llorar.
Era la primera vez que alguien le hacía bien a mi vida, no podía irse. Lo necesitaba.
Él me acompañó a mi casa y luego siguió camino hasta la suya. –Recién habían pasado dos horas y yo ya extrañaba su piel, su olor…-
Además de estar muy ansiosa con que encuentre la carta, la lea y me dé una devolución.
Nota mental: dejar de ser tan ansiosa.
Me bañé –ya que por haberme quedado con él en la cama no había podido hacerlo.- y por primera vez me animé a quedarme en ropa interior en mi cuarto… Me estaba amigando con mi cuerpo, había descubierto que gracias a él podía sentir cosas increíbles.
-
Llegué a mi casa y no podía más, dejé todo tirado y me acosté a dormir… Aunque me costó un poco, no podía dejar de desearla a mi lado.
Más tarde, me desperté y no quedaba otra que ordenar, esa era la parte más odiosa de volver a casa. ¡Desarmar los bolsos!
Tiré toda la ropa sucia en el lavarropas junto con las sábanas y las toallas y mientras guardaba la ropa limpia en el placard, me sorprendí al encontrar un sobre: “Pedro.”
Lo abrí y comencé a leer, algo extrañado y ansioso a la vez, era Paula. (Sonreí al saberlo).
Me senté en mi cama y comencé a leer, algunas lágrimas cayeron por mis ojos mientras lo hacía. Ni bien terminé de leerla, busqué mi celular y le escribí:
“¿Puedo ir a tu casa?”
“Obvio que podes.”
“¿Estás sola?”
“Sí.”
Busqué mi billetera, las llaves y el celular y me dirigí a su casa. –Y creo que llegué más rápido que nunca.- Ni bien me abrió, la abracé por la cintura y le rompí la boca de un beso.
- ¿Qué es esa vehemencia? –Preguntó.-
- Leí tu carta…
- ¿Y?
- Que no podes ser tan linda y que quiero hacerte sentir mujer otra vez.
- ¿Acá?
- En donde quieras. –Ella sonrió pícara y cerró la reja, entramos a su casa y subimos las escaleras sin poder despegar nuestras bocas.-
- Podría hacer esto toda mi vida. –Confesé.-
- Hacelo, por favor. –Cerré la puerta de su habitación y la senté sobre su escritorio. Nos desvestimos más rápido que nunca, necesitábamos sentirnos. Necesitaba estar dentro de ella.-
Sus uñas se clavaban con fuerza en mi espalda mientras mis dedos presionaban su delantera.
-
Me hacía sentir en el cielo y no había duda de aquello. Ambos estábamos recostados en mi cama sin ropa alguna.
- Te sacaría mil fotos así.
- ¡Ni se te ocurra! –Me quejé.-
- ¿Por qué? Si sos hermosa.
- Entonces mírame con los ojos, no con una cámara.
- Bueno che.
- Me dan miedo esas cosas.
- ¿Nunca viste nada en Internet?
- No.
- ¿De verdad?
- De verdad.
- No te creo.
- ¡Creeme!
- Mejor, así crees que soy el mejor.
- Estoy segura de eso.
- ¿Sí? –Preguntó acariciando alrededor de mi ombligo con su dedo índice.-
- Sí… -Suspiré y cerré mis ojos.-
- No pares nunca Pedro.
- No pensaba hacerlo. -Dijo bajando.-
-
Estaba en mi casa y me sentía mal, me faltaba el aire y me negaba a tener otra crisis.
Intenté continuar como si fuese un día común. Me bañé haciendo un esfuerzo muy grande por no caerme, sosteniéndome de la pared.
Necesitaba tranquilizarme, asique decidí salir a caminar.
Caminé varias cuadras y cuando quise buscar el puff en mi bolsillo noté que me lo había olvidado y no había chances de volver a respirar.
Intenté volver a mi casa, pero creo que nunca llegué.
-
Me desperté y era tarde, ya daba por sentado que pasaría la noche en vela.
Mi celular sonó y me extrañé al leer en la pantalla: "número privado."
Atendí.
- Conversación Telefónica -
- Hola.
- Hola. ¿Paula?
- Sí.
- ¿Usted conoce a Pedro Alfonso?
- Sí.
- Él fue ingresado hace un rato a la clínica de Puerto Madero, lo encontraron descompensando en la calle.
- ¿Y cómo está? -Pregunté asustada.-
- ¿Puede venir a verlo?
- Pero digame como está.
- Venga, por favor.
- Fin de la conversación telefónica -
Corté y salí casi corriendo de mi casa y creo que nunca mi bicicleta fue tan rápido.
Por fin llegué, pregunté donde estaba y subí.
Esperé que salga algún médico.
- ¿Cómo está?
- ¿Quién es usted?
- Una amiga.
- Está delicado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Que si en la noche no mejora, hay que operarlo.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- No puede hablar.
- No importa, por favor.
- Pase, solo cinco minutos.
Entré despacio y él me sonrió.
- Hola. -Dije y me acerque a él, besé su frente y tomé su mano.-
- Pau...
- No, no. No hables que no podes. No te esfuerces que tenes que recuperarte. -Él apretó mi mano y yo sonreí.- No me puedo quedar mucho acá con vos, pero me voy a quedar toda la noche afuera.
- No hace falta. -Susurró.-
- Sí, hace falta. Me quiero quedar, no quiero que estés solo.
- Gracias. - No lo agradezcas y no hables más. -Besé sus labios.- Ponete bien que te voy a estar esperando para que sigamos pasando buenos momentos juntos. -Volví a besarlo.- Te quiero.
- Te quiero Pau. -Sonreí, nos besamos y un médico me pidió que salga asique tuve que irme.-
Me senté en el piso, contra la pared y abracé mis piernas. Me largué a llorar.
Era la primera vez que alguien le hacía bien a mi vida, no podía irse. Lo necesitaba.
domingo, 15 de febrero de 2015
50.
“Pedro: No sé si escribirte está bien o mal, si voy a parecer una pesada o si te va a gustar, si vas a leer esto o si lo vas a tirar a la basura, pero aún así te escribo porque desde que tengo memoria es la mejor manera que encuentro para expresarme. Siempre escribir fue mi balsa en medio del mar. (Y a pesar de ello, no sé muy bien por dónde empezar).
Mi vida siempre fue una mierda –Y eso lo sabes.- Siempre fui la nena triste, la maltratada y la pisoteada. Siempre me hicieron creer que no podía ser nada más que una mierda pisoteada. Crecí creyendo eso.
Mi vida fue la de un ser molesto e insignificante hasta que un día te conocí –Puede que sea cursi, pero es así.-
Me costó entenderte, pero siempre hubo algo en vos que me atrajo, que a pesar de todo no me dejó alejarme de vos. Siempre quería saber más de vos.
En algunos momentos me sentí importante para vos y en otros la misma rata insignificante de siempre, pero ahora siento que algo cambió. Con vos me animé.
Vos me recordaste que soy mujer.
Vos me hiciste sentir mujer.
Me convertí en una adicta a vos, a tu piel, a tu olor, a lo que me haces sentir. Cada vez que me tocas mi cuerpo comienza a erupcionar millones de sensaciones que si no fuese por vos, nunca hubiese conocido.
Me cuidaste como creo que nadie hubiese podido cuidarme, me respetaste a pesar de haber estado con miles de mujeres y eso es algo que valoró de verdad. (Y que haya sido con vos fue lo mejor).
Podría pasar horas recorriendo tu cuerpo y sintiendo como recorres el mío. Podría vivir horas disfrutando de cómo me follas.
Así como podría pasar miles de segundos tan solo mirándote o abrazándote.
Tus labios son el calvario más perfecto de todos, tus labios son adictivos, tus labios son dulces y a la vez amargos. Tu boca es la prisión más cómoda del planeta. Quisiera pedirte que nunca me des la llave del candado porque podría vivir allí para siempre.
Hiciste que me conociera, descubrí una Paula salvaje, pero también descubrí a la Paula aniñada y tierna.
Correr en el mar, en la arena o matarnos a cosquillas son cosas que también podría hacer durante inalcanzables horas.
Cualquier cosa con vos la podría hacer eternamente.
Pasa que cuando alguien como yo se siente un poco persona y un poco mujer la perspectiva de la vida cambia completamente.
Y no, la verdad que no sé si esto va a durar una semana más, un mes más o diez años más… Pero si sé que me cambiaste y eso es algo que no me voy a olvidar nunca
Gracias por ayudar a que me descubra.
Gracias por recordarme que soy una persona.
Gracias por regalarme la capacidad de sentir.
Gracias por hacerme sentir mujer por primera vez en mi vida.
Y gracias por hacer que deje de sentirme una hormiga.
Gracias.
Esta semana renací en lo más literal de la palabra, nací otra vez… Vos hiciste que lo haga.
Te quiero de una manera especial… Paula.”
Esa carta la escribí la noche anterior a volvernos, los bolsos ya estaban armados ya que saldríamos bien temprano, asique luego de escribirla armé un sobre y la metí entre medio de su ropa.
Luego me metí en la cama junto a él (quién continuaba desnudo). Sonreí al verlo así y acaricié su espalda, pero él ni se inmutó. –Lo odié por eso.- Y no me quedó otra que dormir.
-
Al día siguiente, me levanté bien temprano para poder bañarme y luego despertar a Paula con dos tazas de café bien batido y churros.
- Buen día señorita, hoy no es día de remolonear. Si no se levanta rápido, no hay churros. –Dije y la agarré de sus pies para sacarla de la cama.-
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Acostate conmigo, aunque sea cinco minutos. Por favor.
- ¿Por qué?
- Veni, dale.
Accedí a su pedido y me acosté a su lado, ella se acurrucó en mi pecho y yo la abracé.
- No quiero que esto se termine. No quiero volver, no sé que nos espera allá. No sé que me espera.
-La abracé más fuerte.- Podes venir a mi casa siempre que quieras.
- ¿Y si estás con otra mujer?
- Pau… Vos no sos una mina cualquiera para mí y te lo digo de verdad.
- Pero nada me garantiza que no te acuestes con un montón de minas más… Y no es un reproche, porque no somos nada. Es solo que me hace bien tenerte para mí.
- A mí me hace muy bien esto que tenemos y te prometo que voy a hacer todo lo posible para cuidarlo. –Besé su cabeza.-
- De verdad que no quiero que suene a un reproche.
- No lo es.
- ¿Me abrazas más fuerte? –Dijo y escondió su cara, yo la abracé más fuerte y acaricié su espalda.-
Después de un ratito…
- Dale, vamos a desayunar que sino, no llegamos. Te fui a comprar churros.
- ¿Puedo desayunar abrazada a vos?
- Obvio que sí ternurita. Levantate y anda a cambiarte que mientras yo desarmo la cama. –Ella me besó y luego se fue al baño.-
Desarmé la cama y guardé las sábanas en el bolso que estaba abierto aún para las sábanas y las toallas que estaban en el baño y luego calenté los cafés en el microondas.
La esperé sentado en la mesa y cuando ella vino, se sentó sobre mis piernas. Yo busqué un churro y se lo di en la boca.
Desayunamos y cerramos el último bolso, pedimos un auto para ir hasta la terminal. Estábamos esperando en la puerta del edificio a que nos vengan a buscar, los bolsos estaban en el suelo y ella me abrazó por la cintura para apoyar su cabeza en mi pecho.
- Nunca me voy a olvidar de estos días. Para mí fue mucho más que una semana en la costa. –La abracé.- De verdad.
- Te juro que para mí también fue mucho más. –Nos separamos lo suficiente como para poder darnos un beso y nos sonreímos.- Gracias.
- A vos Pepe. –Volvimos a besarnos.-
-
Llegó el auto y hubiese preferido que ese momento no llegue nunca. ¿Por qué no podemos frenar el tiempo cuando estamos bien? ¿Por qué la vida quiere que la pasemos mal?
¿Qué maldita necesidad de que lo bueno pase rápido?
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Primeros 50 capítulos :O ! Gracias por la banca y sigan comentando por favor ;) Capítulo de regalo por el finde largo (?
Mi vida siempre fue una mierda –Y eso lo sabes.- Siempre fui la nena triste, la maltratada y la pisoteada. Siempre me hicieron creer que no podía ser nada más que una mierda pisoteada. Crecí creyendo eso.
Mi vida fue la de un ser molesto e insignificante hasta que un día te conocí –Puede que sea cursi, pero es así.-
Me costó entenderte, pero siempre hubo algo en vos que me atrajo, que a pesar de todo no me dejó alejarme de vos. Siempre quería saber más de vos.
En algunos momentos me sentí importante para vos y en otros la misma rata insignificante de siempre, pero ahora siento que algo cambió. Con vos me animé.
Vos me recordaste que soy mujer.
Vos me hiciste sentir mujer.
Me convertí en una adicta a vos, a tu piel, a tu olor, a lo que me haces sentir. Cada vez que me tocas mi cuerpo comienza a erupcionar millones de sensaciones que si no fuese por vos, nunca hubiese conocido.
Me cuidaste como creo que nadie hubiese podido cuidarme, me respetaste a pesar de haber estado con miles de mujeres y eso es algo que valoró de verdad. (Y que haya sido con vos fue lo mejor).
Podría pasar horas recorriendo tu cuerpo y sintiendo como recorres el mío. Podría vivir horas disfrutando de cómo me follas.
Así como podría pasar miles de segundos tan solo mirándote o abrazándote.
Tus labios son el calvario más perfecto de todos, tus labios son adictivos, tus labios son dulces y a la vez amargos. Tu boca es la prisión más cómoda del planeta. Quisiera pedirte que nunca me des la llave del candado porque podría vivir allí para siempre.
Hiciste que me conociera, descubrí una Paula salvaje, pero también descubrí a la Paula aniñada y tierna.
Correr en el mar, en la arena o matarnos a cosquillas son cosas que también podría hacer durante inalcanzables horas.
Cualquier cosa con vos la podría hacer eternamente.
Pasa que cuando alguien como yo se siente un poco persona y un poco mujer la perspectiva de la vida cambia completamente.
Y no, la verdad que no sé si esto va a durar una semana más, un mes más o diez años más… Pero si sé que me cambiaste y eso es algo que no me voy a olvidar nunca
Gracias por ayudar a que me descubra.
Gracias por recordarme que soy una persona.
Gracias por regalarme la capacidad de sentir.
Gracias por hacerme sentir mujer por primera vez en mi vida.
Y gracias por hacer que deje de sentirme una hormiga.
Gracias.
Esta semana renací en lo más literal de la palabra, nací otra vez… Vos hiciste que lo haga.
Te quiero de una manera especial… Paula.”
Esa carta la escribí la noche anterior a volvernos, los bolsos ya estaban armados ya que saldríamos bien temprano, asique luego de escribirla armé un sobre y la metí entre medio de su ropa.
Luego me metí en la cama junto a él (quién continuaba desnudo). Sonreí al verlo así y acaricié su espalda, pero él ni se inmutó. –Lo odié por eso.- Y no me quedó otra que dormir.
-
Al día siguiente, me levanté bien temprano para poder bañarme y luego despertar a Paula con dos tazas de café bien batido y churros.
- Buen día señorita, hoy no es día de remolonear. Si no se levanta rápido, no hay churros. –Dije y la agarré de sus pies para sacarla de la cama.-
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Acostate conmigo, aunque sea cinco minutos. Por favor.
- ¿Por qué?
- Veni, dale.
Accedí a su pedido y me acosté a su lado, ella se acurrucó en mi pecho y yo la abracé.
- No quiero que esto se termine. No quiero volver, no sé que nos espera allá. No sé que me espera.
-La abracé más fuerte.- Podes venir a mi casa siempre que quieras.
- ¿Y si estás con otra mujer?
- Pau… Vos no sos una mina cualquiera para mí y te lo digo de verdad.
- Pero nada me garantiza que no te acuestes con un montón de minas más… Y no es un reproche, porque no somos nada. Es solo que me hace bien tenerte para mí.
- A mí me hace muy bien esto que tenemos y te prometo que voy a hacer todo lo posible para cuidarlo. –Besé su cabeza.-
- De verdad que no quiero que suene a un reproche.
- No lo es.
- ¿Me abrazas más fuerte? –Dijo y escondió su cara, yo la abracé más fuerte y acaricié su espalda.-
Después de un ratito…
- Dale, vamos a desayunar que sino, no llegamos. Te fui a comprar churros.
- ¿Puedo desayunar abrazada a vos?
- Obvio que sí ternurita. Levantate y anda a cambiarte que mientras yo desarmo la cama. –Ella me besó y luego se fue al baño.-
Desarmé la cama y guardé las sábanas en el bolso que estaba abierto aún para las sábanas y las toallas que estaban en el baño y luego calenté los cafés en el microondas.
La esperé sentado en la mesa y cuando ella vino, se sentó sobre mis piernas. Yo busqué un churro y se lo di en la boca.
Desayunamos y cerramos el último bolso, pedimos un auto para ir hasta la terminal. Estábamos esperando en la puerta del edificio a que nos vengan a buscar, los bolsos estaban en el suelo y ella me abrazó por la cintura para apoyar su cabeza en mi pecho.
- Nunca me voy a olvidar de estos días. Para mí fue mucho más que una semana en la costa. –La abracé.- De verdad.
- Te juro que para mí también fue mucho más. –Nos separamos lo suficiente como para poder darnos un beso y nos sonreímos.- Gracias.
- A vos Pepe. –Volvimos a besarnos.-
-
Llegó el auto y hubiese preferido que ese momento no llegue nunca. ¿Por qué no podemos frenar el tiempo cuando estamos bien? ¿Por qué la vida quiere que la pasemos mal?
¿Qué maldita necesidad de que lo bueno pase rápido?
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Primeros 50 capítulos :O ! Gracias por la banca y sigan comentando por favor ;) Capítulo de regalo por el finde largo (?
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