Ni bien entramos a su casa, le quité la corbata y le até las manos con la misma.
- ¿Estás juguetona?
- Muy. –Me acerqué a su oído.- Quiero que me desvistas con los dientes.
- Me encantó la idea. –Y nos besamos hasta llegar al cuarto.-
Me acosté en la cama y me quité mis zapatos, Pedro se abalanzó sobre mí y casi no podía respirar de lo desaforados que eran sus besos.-
Su boca se despegó de la mía e hizo su visita ya obligada a mi cuello y a mi oreja. Bajó con besos a mi pecho y desprendió uno a uno los broches de mi camisa con su boca.
Cada vez que su barba hacía contacto con mi piel, suspiraba.
Cuando terminó de desprenderla, me la quité y me senté en la cama para que pudiera quitar mi corpiño, reí al notar que no podía, pero ni bien lo hizo me acostó y se desespero con ellos. Amaba que lo haga.
Luego, bajó el cierre de mi pollera también con su boca y yo lo desvestí por completo.
Besé su cuerpo de punta a punta y sacó mi última prenda, también con su boca.
El placer me invadía, la satisfacción me había tomado de pies a cabeza. Como ya era costumbre, tomé las sabanas con mis dos manos y cerré con fuerza mis ojos. Mi piel transpiraba más de la cuenta y mi pelo era un desastre. Mi cuerpo sentía mil sensaciones por segundo y de mi boca no dejaban salir gemidos y gritos.
Amaba sentirlo así. No podía pedir más.
Muchos pensarán que estamos juntos solo por el sexo, pero juro que no es así. ¡Es que al estar juntos solo existimos nosotros! Y realmente necesitamos que suceda eso.
Necesitábamos ser solo dos. Y yo necesitaba sentirme su reina.
- Estabas cargada hoy eh. –Dijo suspirando.-
- ¿Te cansé mucho?
- ¿Sabes todo lo que tenes que hacer para cansarme?
- No, no sé.
- No creo que nunca lo logres.
- ¡Qué poca fe me tenes!
- ¿Yo poca fe a vos? ¡Sos el infierno más placentero de todos!
- ¿A sí?
- Sin lugar a dudas. –Y mordió mi labio.-
- Me conoces tan bien que creo que nunca podría estar con otro hombre en la cama.
- Mejor, así tengo la exclusividad.
- Tan machista vos.
- No soy machista, solo cuido lo que es mío. ¿Está mal?
- No, me encanta.
-
Pau dormía a mi lado y en mi cabeza ya había planeado todo.
Hoy jueves no iría trabajar y el viernes arreglaría todo para salir un poco más temprano y poder acompañarla a ver a su mamá y sin importar cuando tiempo lleve el encuentro, luego iríamos con mi auto a aquel hotel en Rosario donde nos habíamos reconciliado. Allí le iba a hacer la propuesta.
Sonreí al imaginarla en aquel momento y corrí el pelo de su cara, era tan linda. Sus facciones eran tan perfectas que podría pasar millones de horas acariciándolas suavemente con mis dedos.
- Pepe. ¿Qué pasa?
- Nada, perdón. –Susurré.-
- Veni, dormí conmigo.
-Sonreí y me acosté a su lado. Pasé mi brazo por su espalda y ella se acomodó.- Descansa.
- Vos también Pepe.
Jugué con las puntas de pelo sobre su espalda hasta que volvió a dormirse y yo seguía desvelado.
Necesitaba que sea perfecto, que no se escapara ningún detalle.
Yo armaría los dos bolsos y los dejaría en el baúl del auto. La acompañaría a ver a su madre y viajaríamos de noche o de madrugada, depende cuanto dure el encuentro.
Llegaríamos y nos tiraríamos a dormir, el sábado lo tendríamos todo para nosotros en la ciudad y la noche era el momento clave.
La invitaría a cenar al restaurant del hotel y luego de la cena, en el balcón del hotel y con la luna de testigo le haría la propuesta. Ella diría que sí y ese beso de afirmación nos llevaría a la cama de sábanas de seda y allí sellaríamos nuestro amor.
Era perfecto.
Ella era perfecta, ella se merecía todo.
Besé su mejilla y me dispuse a dormir a su lado.
-
Al día siguiente desperté y preparé el mate. Fui al cuarto y con cuidado me senté a su lado y recorrí con besos toda su espalda.
- Buen día Pepe. –Dijo sin parar con los besos.- Ya son las once, dale.
- ¿Así se supone que tengo que levantarme?
- ¿Así cómo?
- Con tus besos, me quedaría la vida.
-Reí.- Es para que te despiertes de buen humor.
- Me encanta. –Se dio vuelta y nos besamos.-
- Traje el mate.
Desayunamos el mate con algunos bizcochitos y nos quedamos en la cama.
- Pau.
- ¿Qué Pepe?
- ¿En dónde se van a encontrar con tu vieja?
- En el bar de la esquina de la Universidad, así no tiene idea de barrio ni nada.
- ¿Tanto?
- Sí Pepe. Bastante que accedí a verla.
- Está bien, como vos prefieras. ¿Y a qué hora?
- A las seis. ¿Está bien?
- Está perfecto. Además, puedo salir del trabajo y acompañarte. Estamos ahí no más.
- Tenes razón. –Hice una pausa.- Hablemos de otra igual.
- ¿Por?
- Me pone nerviosa, no sé.
- ¿Por ella?
- Por la situación Pepe. No sé con que puede llegar a salir.
- No estés nerviosa, es tu vieja. Y además, no vas a estar sola.
- Si no fuese por vos, no iría.
- Pero estás conmigo. –Tomó mi mano.-
- Gracias por eso. De verdad. –Lo besé.-
- No tenes nada que agradecer. –Nos besamos.-
- ¿Hacemos un día de pelis?
- Por favor, ni ganas de moverme de la cama.
- Perfecto, porque estamos en la misma. –Reímos.-
- ¿Y qué vemos?
- Drama romántico por favor no.
- ¿Por qué no? Malo.
- Son un embole.
- Pero si vemos tres pelis, una la elegís vos, otra yo y otra las dos.
- Mmm…
- Dale, la que quiero ver no es tan embole como vos decís.
- No sé, no sé.
- Dale, anda a buscar la compu.
- Mira que si la sinopsis no me llama la censuro eh.
- Dale nene. No te quejes.
Me dio un beso y fue en busca de la computadora y del cable HDMI para poder enchufarlo a la televisión.
Esos planes simples me encantaban. Porque eran con él.
------------
Llegando... llegando el primer final.
martes, 31 de marzo de 2015
lunes, 30 de marzo de 2015
98.
‘¿En dónde nos vemos?’
‘En donde vos quieras Pau y cuando puedas vos.’
‘El viernes, después te digo en donde.’
‘Está bien hija. Gracias.’
Suspiré y dejé el celular. Espero no arrepentirme.
Esa noche Pedro tenía una cena de trabajo y yo iría con él. Me daba algo de fiaca pero no lo había visto en todo el día y además, me despejaría un poco la mente.
Me puse una camisita con una pollera tiro alto y unos tacos. Recogí mi pelo.
- Cada día más linda vos eh. –Dijo mientras subía a su auto.-
- Gracias. –Sonreí y lo besé. Me puse el cinturón y él arrancó.- ¿Qué tal tu día?
- Agotador. No sé que onda, en la empresa están todos locos. ¿El tuyo?
- Hablé con mi mamá.
- ¿Y?
- Le dije que nos viéramos el viernes. ¿Vos me acompañas?
- Si es después de que laburo, obvio que sí.
- No le dije ni en donde ni a que hora para hablar con vos.
- Ya te dije que sí, te acompaño Pau.
- Gracias. –Hice una pausa.- ¿Es muy lejos la de hoy?
- Un poco.
- Uf.
- No se queje señorita que tiene al mejor chofer de la Argentina.
-Reí.- Tenes razón. ¿Puedo poner música?
- Obvio.
Puse música y fuimos todo el viaje bailando y riendo.
Cuando llegamos.
- Señorita. –Dijo abriendo la puerta del auto y dándome la mano para que pueda bajar.-
- Sos tan caballero cuando queres. –Dije y lo besé.-
- ¿Solo cuando queres?
- Sí, solo cuando queres. Tenes varias facetas.
- ¿Cómo por ejemplo?
- Y… La de tierno, la de rudo, la de caballero, la de guarro, la de protector.
- Okei, okei. Entendí. ¿Y cuál te gusta más?
- Mmm... Me quedo con dos.
- ¿Con cuáles?
- Tierno y guarro. –Él sonrió pícaramente y lo besé.- ¿Entramos?
- Dale.
Me tomó de la mano y entramos al salón.
- Pepe.
- ¿Qué?
- ¿Qué onda lo de hoy?
- Es una cena. ¿No tenes muchas ganas de estar acá, no?
-Reí.- Estoy muy cansada.
- Es una cena y hay livings privados. No sé si eso te dice algo. –Reímos y pasamos.-
Estábamos sentados en uno de aquellos livings. Pedro besaba mi cuello.
- Estamos en un lugar público y encima de tu laburo. ¡Para un poco!
- Es que me podes, además está oscuro.
- Pero no dejamos de estar en algo de tu trabajo.
- No te hagas más recogidos entonces.
-Reí.- ¿Te tienta mucho mi cuello?
- Me vuelve loco. –Y me hizo un chupón.-
- Lo único que me falta es que me dejes una marca, para un poco. –Lo separé de mí y lo besé.-
- No seas mala.
- No soy mala, soy realista. No podemos acá.
- Ufa.
- Pareces un nene eh. –Lo besé.- En casa te doy todo lo que quieras.
- No te olvides eh.
- Siempre cumplo mi palabra.
- Eso espero Paulita.
-Reí.- Voy al baño.
- Dale. Te espero por allá.
- Te busco.
Nos dimos un último beso y nos levantamos, él fue a saludar a un grupo de gente y yo entré en el baño. Me revisé el cuello y suspiré al no encontrar nada.
Retoqué el labial ya que Pedro no había parado un segundo y cuando estaba por volver al salón, me crucé con la inolvidable Natalia. (Igual no la odiaba, esa noche fue la primera vez que Pedro me tocó como a una mujer y eso me animó a todo el resto. Si no fuese por ella quizás nada hubiese sucedido.)
- Al final ganaste.
- Pedro eligió. Bancatela.
- Bastante bajo cayó.
- ¿Estando con vos? Y sí… La verdad que sí. –Dije.-
- No nenita. Estando con vos cayó bajo.
- Tan bajo que el día que casi se acuesta con vos corrió a mi casa a pedirme perdón y ese día nuestra relación empezó de verdad. Muy arrepentido de haberte dejado está. Muy, de verdad eh. –Dijo irónica.-
- Seas felices, si pueden.
- Estamos muy bien. Y si te importa, Pedro me espera.
Y salí del baño. No me reconocía. ¿Yo enfrentando a alguien así? ¡Wow! Me gusta esta Paula.
- Buenas noches. –Dije acercándome al grupo donde estaba Pedro, saludé a todos aunque a algunos no los conocía y me quedé allí.-
Cuando estábamos cenando.
- ¿Me trae un agua por favor? –Le dijo Pedro al mozo.-
- Gracias Pepe.
- No es nada hermosa. –Sonreí.-
La cena sucedió, aburrida como siempre.
El DJ del lugar nos invitó a bailar y varios copamos la pista.
- ¿No estabas cansada?
- Sí, pero me encanta bailar con vos.
- Bueno, pero no gastes todas tus energías acá eh.
-Reí.- Sos tremendo eh.
-Me abrazó y me dijo al oído.- Yo hoy vestido no me duermo eh.
- Nadie dijo lo contrario. –Nos separamos un poco y nos besamos.-
- Menos mal. –Reímos y volvimos a besarnos, justo en ese momento vi que Natalia nos estaba observando y lo besé con más pasión, mostrando mi lengua. Que sufra la yegua esa.-
- Apa.
-Sonreí.- Es un adelanto no más.
- Si eso es un adelanto no me quiero imaginar el capítulo completo.
- Es un capítulo clave.
- ¿Qué tan clave?
- Clave como que sin verlo no podes vivir.
-Sonrió y me besó.- Sin vos no puedo vivir.
- ¿Sabías que me pasa lo mismo? –Reímos y nos besamos.-
La tanda de baile finalizó y nos invitaron a comer el postre: un volcán de chocolate que podría volver a comer mil veces.
En el auto.
- Ni se te ocurra volver a las apuradas eh, es muy de noche.
- Está bien que quiera estar con vos, pero tampoco nos voy a estrellar contra un poste.
-Reí.- Lo sé tonto, solo te lo digo porque sé que sos un poco impulsivo.
- Tranqui. Total mañana no laburo, asique.
- Genial.
Pedro arrancó y fuimos rumbo a su casa.
---------
Ante último capítulo de la temporada de yapa porque entre los paros y los feriados estoy bastante aburrida, jajaja! Asique nada, acá está... Espero que disfruten del final, mañana subo el 99 y el miércoles (voy a tratar) de subir lo más temprano posible así puedo leer sus reacciones, porque es claro que voy a dar un giro de acá al final. ¿No? Leo sus apuestas.♥
‘En donde vos quieras Pau y cuando puedas vos.’
‘El viernes, después te digo en donde.’
‘Está bien hija. Gracias.’
Suspiré y dejé el celular. Espero no arrepentirme.
Esa noche Pedro tenía una cena de trabajo y yo iría con él. Me daba algo de fiaca pero no lo había visto en todo el día y además, me despejaría un poco la mente.
Me puse una camisita con una pollera tiro alto y unos tacos. Recogí mi pelo.
- Cada día más linda vos eh. –Dijo mientras subía a su auto.-
- Gracias. –Sonreí y lo besé. Me puse el cinturón y él arrancó.- ¿Qué tal tu día?
- Agotador. No sé que onda, en la empresa están todos locos. ¿El tuyo?
- Hablé con mi mamá.
- ¿Y?
- Le dije que nos viéramos el viernes. ¿Vos me acompañas?
- Si es después de que laburo, obvio que sí.
- No le dije ni en donde ni a que hora para hablar con vos.
- Ya te dije que sí, te acompaño Pau.
- Gracias. –Hice una pausa.- ¿Es muy lejos la de hoy?
- Un poco.
- Uf.
- No se queje señorita que tiene al mejor chofer de la Argentina.
-Reí.- Tenes razón. ¿Puedo poner música?
- Obvio.
Puse música y fuimos todo el viaje bailando y riendo.
Cuando llegamos.
- Señorita. –Dijo abriendo la puerta del auto y dándome la mano para que pueda bajar.-
- Sos tan caballero cuando queres. –Dije y lo besé.-
- ¿Solo cuando queres?
- Sí, solo cuando queres. Tenes varias facetas.
- ¿Cómo por ejemplo?
- Y… La de tierno, la de rudo, la de caballero, la de guarro, la de protector.
- Okei, okei. Entendí. ¿Y cuál te gusta más?
- Mmm... Me quedo con dos.
- ¿Con cuáles?
- Tierno y guarro. –Él sonrió pícaramente y lo besé.- ¿Entramos?
- Dale.
Me tomó de la mano y entramos al salón.
- Pepe.
- ¿Qué?
- ¿Qué onda lo de hoy?
- Es una cena. ¿No tenes muchas ganas de estar acá, no?
-Reí.- Estoy muy cansada.
- Es una cena y hay livings privados. No sé si eso te dice algo. –Reímos y pasamos.-
Estábamos sentados en uno de aquellos livings. Pedro besaba mi cuello.
- Estamos en un lugar público y encima de tu laburo. ¡Para un poco!
- Es que me podes, además está oscuro.
- Pero no dejamos de estar en algo de tu trabajo.
- No te hagas más recogidos entonces.
-Reí.- ¿Te tienta mucho mi cuello?
- Me vuelve loco. –Y me hizo un chupón.-
- Lo único que me falta es que me dejes una marca, para un poco. –Lo separé de mí y lo besé.-
- No seas mala.
- No soy mala, soy realista. No podemos acá.
- Ufa.
- Pareces un nene eh. –Lo besé.- En casa te doy todo lo que quieras.
- No te olvides eh.
- Siempre cumplo mi palabra.
- Eso espero Paulita.
-Reí.- Voy al baño.
- Dale. Te espero por allá.
- Te busco.
Nos dimos un último beso y nos levantamos, él fue a saludar a un grupo de gente y yo entré en el baño. Me revisé el cuello y suspiré al no encontrar nada.
Retoqué el labial ya que Pedro no había parado un segundo y cuando estaba por volver al salón, me crucé con la inolvidable Natalia. (Igual no la odiaba, esa noche fue la primera vez que Pedro me tocó como a una mujer y eso me animó a todo el resto. Si no fuese por ella quizás nada hubiese sucedido.)
- Al final ganaste.
- Pedro eligió. Bancatela.
- Bastante bajo cayó.
- ¿Estando con vos? Y sí… La verdad que sí. –Dije.-
- No nenita. Estando con vos cayó bajo.
- Tan bajo que el día que casi se acuesta con vos corrió a mi casa a pedirme perdón y ese día nuestra relación empezó de verdad. Muy arrepentido de haberte dejado está. Muy, de verdad eh. –Dijo irónica.-
- Seas felices, si pueden.
- Estamos muy bien. Y si te importa, Pedro me espera.
Y salí del baño. No me reconocía. ¿Yo enfrentando a alguien así? ¡Wow! Me gusta esta Paula.
- Buenas noches. –Dije acercándome al grupo donde estaba Pedro, saludé a todos aunque a algunos no los conocía y me quedé allí.-
Cuando estábamos cenando.
- ¿Me trae un agua por favor? –Le dijo Pedro al mozo.-
- Gracias Pepe.
- No es nada hermosa. –Sonreí.-
La cena sucedió, aburrida como siempre.
El DJ del lugar nos invitó a bailar y varios copamos la pista.
- ¿No estabas cansada?
- Sí, pero me encanta bailar con vos.
- Bueno, pero no gastes todas tus energías acá eh.
-Reí.- Sos tremendo eh.
-Me abrazó y me dijo al oído.- Yo hoy vestido no me duermo eh.
- Nadie dijo lo contrario. –Nos separamos un poco y nos besamos.-
- Menos mal. –Reímos y volvimos a besarnos, justo en ese momento vi que Natalia nos estaba observando y lo besé con más pasión, mostrando mi lengua. Que sufra la yegua esa.-
- Apa.
-Sonreí.- Es un adelanto no más.
- Si eso es un adelanto no me quiero imaginar el capítulo completo.
- Es un capítulo clave.
- ¿Qué tan clave?
- Clave como que sin verlo no podes vivir.
-Sonrió y me besó.- Sin vos no puedo vivir.
- ¿Sabías que me pasa lo mismo? –Reímos y nos besamos.-
La tanda de baile finalizó y nos invitaron a comer el postre: un volcán de chocolate que podría volver a comer mil veces.
En el auto.
- Ni se te ocurra volver a las apuradas eh, es muy de noche.
- Está bien que quiera estar con vos, pero tampoco nos voy a estrellar contra un poste.
-Reí.- Lo sé tonto, solo te lo digo porque sé que sos un poco impulsivo.
- Tranqui. Total mañana no laburo, asique.
- Genial.
Pedro arrancó y fuimos rumbo a su casa.
---------
Ante último capítulo de la temporada de yapa porque entre los paros y los feriados estoy bastante aburrida, jajaja! Asique nada, acá está... Espero que disfruten del final, mañana subo el 99 y el miércoles (voy a tratar) de subir lo más temprano posible así puedo leer sus reacciones, porque es claro que voy a dar un giro de acá al final. ¿No? Leo sus apuestas.♥
97.
- Pau. ¿Te puedo prender un toque la compu para chequear algo del laburo?
- Sí Pepe. –La prendió y puso la contraseña.- Mientras me voy a bañar.
- Dale.
Me metí en mi mail para revisar y responder algunas cosas urgentes. Descargué un archivo y cuando lo fui a buscar me sorprendí al encontrar algunos videos de Pau. La ansiedad no me dejó dejarlos pasar, asique les puse play.
¿Paula cantaba? ¡¿Y cantaba así?!
Wow. Estaba sorprendido, muy sorprendido. Tenía la piel de gallina, su voz era muy hermosa.
Esperé a que terminara de cambiarse y fui a su habitación.
- ¿Cómo puede ser que te conozca hace más de un año y no sepa que cantas?
- ¿Qué?
- No te hagas la desesentendida. Tuve que descargar un archivo y vi unos videos tuyos.
- ¡Te voy a matar Pedro!
- ¿Por qué? ¡Cantas hermoso!
- No, me muero de vergüenza. Sacate eso de la mente, por favor.
- Jamás. Tu voz es demasiado linda Pau, me puso la piel de gallina.
- No, encima debes haber visto una canción que canté por vos. Quiero morir.
-Reí.- Cantas hermoso, basta.
- Olvidate de esto, por favor.
- ¿Por qué?
- Nadie lo sabe. Bueno, ahora lo sabes vos.
- ¿Nadie?
- ¡No Pedro!
- ¿Nunca cantaste en frente de nadie?
- No y nunca voy a hacerlo.
- Te mataría.
- Me muero de vergüenza.
- ¿No me cantas a mí? Un poquito.
- ¡Estás loco! Y nunca más te presto mi computadora.
- No fue a propósito, además, ¿Qué hice de malo?
- ¿Cómo que hiciste de malo?
- Te juro que me pasaría esas canciones al celular y las escucharía todo el tiempo.
- Estás en pedo nene.
- ¿Te enojaste?
- No, pero me muero de vergüenza.
- ¿Por qué? Si cantas muy hermoso.
- Nunca pude estudiar, solo cantaba cuando necesitaba descargar. Ahora hace mil que no lo hago.
- Podrías volver a hacerlo.
- ¿Para?
- ¿No te hace bien?
- Sí, pero ya no tiene sentido.
- Algún día vas a cantar para algo, vas a ver.
- Estás loco, definitivamente.
- Vos estás loca que te guardas esa voz solo para vos.
Paula se dirigió a la cocina y la seguí.
- Voy a hacer los fideos.
- Está bien, está bien.
Después de cenar.
- ¿Te enojo que lo haya visto?
- Un poco sí.
- Perdón, es que no me aguanté.
- Me hubieses pedido permiso.
- ¿Los hubiera podido ver?
- No sé, igual ahora ya está.
- Cantas muy lindo de verdad Pau.
- Nunca pude prepararme para nada.
- Nunca es tarde para empezar con algo que amas.
- Estoy estudiando algo que amo.
- ¿Y el canto?
- No sé, siempre lo vi como un hobbie.
- Es tu vida, pero si algún día queres hacer algo, te oficio de productor. –Reímos y nos dimos un beso.- ¿Puedo preguntar qué pensas hacer con tu mamá?
- No sé, mañana veo que le respondo.
- Si necesitas que te acompañe, voy con vos.
- Gracias Pepe. –Me besó.- ¿Vamos a acostarnos?
- Dale.
Estábamos en la cama.
- Me chocas nene.
- Bueno che, hago lo que puedo. Es chica esta cama.
- Si queres anda a dormir a la tuya eh.
- No loca, no. –La agarré por la cintura y quedó sobre mí.- Me encanta tenerte así de cerquita.
- ¿Sí?
- Sí, me encanta. –La besé.- Tengo algo para contarte.
- ¿Qué?
- Tengo que hacer un viaje de laburo, dentro de un par de semana.
- ¿Es mucho tiempo? –Preguntó triste.-
- Son varias semanas… Pero como vos ahora no estás cursando, quería invitarte.
- ¿De verdad? ¿A dónde?
- A Bariloche.
- ¿En avión?
- Supongo que sí.
- Nunca viajé en avión, nunca vi la nieve.
- ¿Venís?
- Obvio que voy. –Nos besamos.-
- Vos estás invitada si antes pensas bien que hacer con tu vieja.
- Bueno, está bien Pedro.
- No hables como diciendo que pesado este.
- No pienso eso.
- Te conozco.
- Estás un poquito pesado hoy, sobre todo porque ves cosas que nadie te muestra.
- ¿Mucho tiempo más me voy a tener que fumar el pase de facturas?
- Lo que sea necesario. –Reímos.-
- Okei, okei. –Nos besamos.-
- ¿Dormimos?
- ¿Ni unos mimos?
- ¿Te los mereces?
- ¡Hey! –Reímos y nos besamos.-
- ¿Solo unos mimos queres?
- Lo que vos quieras.
- ¿Hace falta que te aclare lo que quiero?
- Mmm…
- ¿De verdad? –Preguntó besando mi cuello.-
- Dame un poco más de indicios, porque no me doy cuenta. –Dije haciéndome el pelotudo.-
-Su mano se deslizó a mi entre pierna, mientras seguía besándome.- ¿Necesitas más?
- No me termina de quedar claro. –Ella rio y mordió mi cuello, yo sonreí y la dejé hacer.-
-
- Pepe, no me jode que hayas visto los videos. Solo que me da vergüenza.
- No pasa nada, estuve mal en verlos igual.
- No, no pasa nada. De verdad.
- Bueno, mejor así. Perdón igual.
- Tu mano recorriendo mi espalda salda cualquier error. –Reímos y cerró sus ojos.-
- Amo el contacto de tu piel con la mía.
-Suspiró.- Amo que hagas eso, amo todo con vos. –La besé y mis dedos lo hicieron presionando un poco más su columna. Me acerqué a ella y besé reiteradas veces su espalda de punta a punta.- Sabes tan bien lo que me gusta. –Dijo inmersa en placer y yo sonreí.-
- Te conozco a la perfección.
- Me asusta lo mucho que me conoces.
- Vos también me conoces completo.
- Ya estamos cagados entonces.
- Esto no tiene retorno me parece.
- Que no lo tenga, puedo vivir toda la vida así.
- ¿Conmigo?
- Con vos.
- Sí Pepe. –La prendió y puso la contraseña.- Mientras me voy a bañar.
- Dale.
Me metí en mi mail para revisar y responder algunas cosas urgentes. Descargué un archivo y cuando lo fui a buscar me sorprendí al encontrar algunos videos de Pau. La ansiedad no me dejó dejarlos pasar, asique les puse play.
¿Paula cantaba? ¡¿Y cantaba así?!
Wow. Estaba sorprendido, muy sorprendido. Tenía la piel de gallina, su voz era muy hermosa.
Esperé a que terminara de cambiarse y fui a su habitación.
- ¿Cómo puede ser que te conozca hace más de un año y no sepa que cantas?
- ¿Qué?
- No te hagas la desesentendida. Tuve que descargar un archivo y vi unos videos tuyos.
- ¡Te voy a matar Pedro!
- ¿Por qué? ¡Cantas hermoso!
- No, me muero de vergüenza. Sacate eso de la mente, por favor.
- Jamás. Tu voz es demasiado linda Pau, me puso la piel de gallina.
- No, encima debes haber visto una canción que canté por vos. Quiero morir.
-Reí.- Cantas hermoso, basta.
- Olvidate de esto, por favor.
- ¿Por qué?
- Nadie lo sabe. Bueno, ahora lo sabes vos.
- ¿Nadie?
- ¡No Pedro!
- ¿Nunca cantaste en frente de nadie?
- No y nunca voy a hacerlo.
- Te mataría.
- Me muero de vergüenza.
- ¿No me cantas a mí? Un poquito.
- ¡Estás loco! Y nunca más te presto mi computadora.
- No fue a propósito, además, ¿Qué hice de malo?
- ¿Cómo que hiciste de malo?
- Te juro que me pasaría esas canciones al celular y las escucharía todo el tiempo.
- Estás en pedo nene.
- ¿Te enojaste?
- No, pero me muero de vergüenza.
- ¿Por qué? Si cantas muy hermoso.
- Nunca pude estudiar, solo cantaba cuando necesitaba descargar. Ahora hace mil que no lo hago.
- Podrías volver a hacerlo.
- ¿Para?
- ¿No te hace bien?
- Sí, pero ya no tiene sentido.
- Algún día vas a cantar para algo, vas a ver.
- Estás loco, definitivamente.
- Vos estás loca que te guardas esa voz solo para vos.
Paula se dirigió a la cocina y la seguí.
- Voy a hacer los fideos.
- Está bien, está bien.
Después de cenar.
- ¿Te enojo que lo haya visto?
- Un poco sí.
- Perdón, es que no me aguanté.
- Me hubieses pedido permiso.
- ¿Los hubiera podido ver?
- No sé, igual ahora ya está.
- Cantas muy lindo de verdad Pau.
- Nunca pude prepararme para nada.
- Nunca es tarde para empezar con algo que amas.
- Estoy estudiando algo que amo.
- ¿Y el canto?
- No sé, siempre lo vi como un hobbie.
- Es tu vida, pero si algún día queres hacer algo, te oficio de productor. –Reímos y nos dimos un beso.- ¿Puedo preguntar qué pensas hacer con tu mamá?
- No sé, mañana veo que le respondo.
- Si necesitas que te acompañe, voy con vos.
- Gracias Pepe. –Me besó.- ¿Vamos a acostarnos?
- Dale.
Estábamos en la cama.
- Me chocas nene.
- Bueno che, hago lo que puedo. Es chica esta cama.
- Si queres anda a dormir a la tuya eh.
- No loca, no. –La agarré por la cintura y quedó sobre mí.- Me encanta tenerte así de cerquita.
- ¿Sí?
- Sí, me encanta. –La besé.- Tengo algo para contarte.
- ¿Qué?
- Tengo que hacer un viaje de laburo, dentro de un par de semana.
- ¿Es mucho tiempo? –Preguntó triste.-
- Son varias semanas… Pero como vos ahora no estás cursando, quería invitarte.
- ¿De verdad? ¿A dónde?
- A Bariloche.
- ¿En avión?
- Supongo que sí.
- Nunca viajé en avión, nunca vi la nieve.
- ¿Venís?
- Obvio que voy. –Nos besamos.-
- Vos estás invitada si antes pensas bien que hacer con tu vieja.
- Bueno, está bien Pedro.
- No hables como diciendo que pesado este.
- No pienso eso.
- Te conozco.
- Estás un poquito pesado hoy, sobre todo porque ves cosas que nadie te muestra.
- ¿Mucho tiempo más me voy a tener que fumar el pase de facturas?
- Lo que sea necesario. –Reímos.-
- Okei, okei. –Nos besamos.-
- ¿Dormimos?
- ¿Ni unos mimos?
- ¿Te los mereces?
- ¡Hey! –Reímos y nos besamos.-
- ¿Solo unos mimos queres?
- Lo que vos quieras.
- ¿Hace falta que te aclare lo que quiero?
- Mmm…
- ¿De verdad? –Preguntó besando mi cuello.-
- Dame un poco más de indicios, porque no me doy cuenta. –Dije haciéndome el pelotudo.-
-Su mano se deslizó a mi entre pierna, mientras seguía besándome.- ¿Necesitas más?
- No me termina de quedar claro. –Ella rio y mordió mi cuello, yo sonreí y la dejé hacer.-
-
- Pepe, no me jode que hayas visto los videos. Solo que me da vergüenza.
- No pasa nada, estuve mal en verlos igual.
- No, no pasa nada. De verdad.
- Bueno, mejor así. Perdón igual.
- Tu mano recorriendo mi espalda salda cualquier error. –Reímos y cerró sus ojos.-
- Amo el contacto de tu piel con la mía.
-Suspiró.- Amo que hagas eso, amo todo con vos. –La besé y mis dedos lo hicieron presionando un poco más su columna. Me acerqué a ella y besé reiteradas veces su espalda de punta a punta.- Sabes tan bien lo que me gusta. –Dijo inmersa en placer y yo sonreí.-
- Te conozco a la perfección.
- Me asusta lo mucho que me conoces.
- Vos también me conoces completo.
- Ya estamos cagados entonces.
- Esto no tiene retorno me parece.
- Que no lo tenga, puedo vivir toda la vida así.
- ¿Conmigo?
- Con vos.
domingo, 29 de marzo de 2015
96.
‘Pau, hija. ¿Cómo estás? Quiero verte y al menos saber cómo estás.’
‘Estoy bien, no te vengas ahora a hacerte la preocupada.’
‘Siempre me preocupo por vos. ¿O con qué plata vivís?’
‘Darme plata no es preocuparte mamá.’
‘Quiero verte.’
‘No, de verdad. Prefiero que no.’
‘¿Por qué no?’
‘¿Hace falta que te lo recuerde?’
‘Dale hija. Yo no tengo la culpa de nada.’
‘¿De no haberlo dejado y de obligarme a vivir ahí? Sí, tenes la culpa.’
‘No seas arisca, soy tu mamá.’
‘¿Y ahora te acordas?’
‘¿En dónde estás viviendo?’
‘En un departamento.’
‘¿Cómo lo pagas?’
‘Estoy en pareja mamá, no me rompas las pelotas.’
‘¿Con quién?’
‘¿Te importa?’
‘Obvio que me importa. Quiero verte.’
‘No, basta. No vamos a vernos.’
‘Dale hija. Por favor.’
- Ay. ¡Dejame de romper las pelotas! –Y tiré mi celular a la cama.-
- Hey Pau. ¿Qué pasa?
- Nada.
- Algo te pasa.
- No importa. –Agarré mi celular.- Quiero salir a caminar un rato.
- ¿Sola?
- Si puede ser.
- Obvio que puede ser. ¿Después me contas qué te pasa?
- Sí, después te lo cuento. –Le di un beso y me fui.-
Y al final, la caminata solo duró diez cuadras. Hasta mi casa.
Entré y fui directo a buscar mi cuaderno.
‘ ¿Qué es una madre?
¿Una madre es la que te gesta y te hace nacer? ¿O una madre es la que te cría con amor y te educa? ¿Acaso no son madres todas aquellas que adoptan niños de la calle? ¿No terminan siendo más madre ellas que las que gestaron a esos nenes?
¿Qué es la maternidad? ¿Qué es una madre? ¿Qué es una hija?
Mi madre siempre existió. Sí, siempre estuvo ahí. Solo estuvo. Pero estar no es lo mismo que ESTAR. Ser madre biológica no es lo mismo que SER MADRE.
Y yo nunca tuve una madre. Nunca estuvo esa figura para protegerme, ni para enseñarme. De chiquita lo único que recibía eran retos sin sentido, nunca tuve uno de esos retos que te marcan el camino. Tampoco tenía alguien que me diera las buenas noches o me prepara la comida.
Nunca había nadie que vaya a verme a los actos escolares ni nadie que me felicitara cuando le mostraba mi boletín con notas altísimas.
Nadie me regalaba juguetes, nadie me hacía una torta de cumpleaños.
Nadie, así se resume mi vida hasta que apareció Pedro. Nadie estaba, solo yo.
¿Y ahora qué? Cuando me alejo se preocupa. No es lógico.
Siempre me daba envidia ver a todos los nenes llegar a la escuela de la mano de su mamá o de su papá. –Y creo que por eso nunca tuve amigos.-
Una madre no es solo la que te da algo de plata para que al menos puedas subsistir. Definitivamente no.
A ver Leonora. ¡Decime qué ganas puedo tener yo de verte después de todo lo que pasó!’
Cerré el cuaderno y apoyé mis brazos sobre el mismo, luego mi cabeza y allí me quedé. Llorando.
El sonido del celular me sacó de mis pensamientos, era Pedro.
‘Pau. ¿Dónde estás? ¿Estás bien? Ya es tarde.’
‘Estoy en mi casa, perdón que no te avisé. Ahora voy para allá.’
‘Deja, yo voy.’
Suspiré y me quedé allí.
Escuché el ruido a la cerradura y esperé a que me busqué, no tenía ganas ni de moverme.
- Pau. –Dijo y se agachó a mi lado.- ¿Qué pasa hermosa?
- Que remover el pasado me hace mierda. –Dije y lo abracé, quebrándome.-
- ¿Pasó algo?
- Mi vieja me habló, dice que me quiere ver. No sé.
- ¿Y no quisieras verla?
- No, ni loca.
- Capaz tenga algo para decirte.
- No me importa lo que pueda llegar a decirme. Nada va a poder reparar tanto daño.
- No seas así de terca.
- No me importa su vida Pedro.
- Pensalo un poco al menos.
- No tengo nada que pensar.
- Hey para. Para un poco. –Se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.- ¿Nada que pueda decirte te importa?
- No.
- Yo te diría que la veas, no perdes nada.
- Seguir revolviendo la mierda.
- Pau, es tu mamá. Nunca te haría nada malo.
- Y mi papá tampoco. ¿No? –Pregunté irónica.-
- Aprovecha que tenes a tu vieja con vos y que quiere verte. No importa lo que haya hecho, ahora quiere verte.
- No me sirve de nada ahora Pedro.
- A ver, va a ser decisión tuya. Yo solo te digo lo que pienso. –Suspiró.- Daría todo por poder estar un segundo más con mi mamá.
- Pero tu vieja a vos te quiso, dio la vida por vos Pepe.
- ¿Y cómo podes estar tan segura de que tu vieja no lo haría?
- Se hubiese ido de ese infierno si pretendía hacer algo por mí.
- ¿Y si la tenía amenazada?
- ¡Al menos se hubiese acercado a mí! Jamás entró a mi cuarto, jamás Pedro.
- Escuchala al menos.
- No, no quiero. –Dije quebrándome otra vez, no podía retener el llanto cuando se trataba de estos temas.- ¿Me abrazas? Por favor.
-Me abrazó y acarició mi pelo.- Pero ahora no estás sola. Yo puedo ir con vos si queres.
- ¿Para?
- Para estar con vos.
- No sé Pedro, ahora no quiero verla.
-Se separó un poco de mí y me besó.- ¿Me prometes que vas a pensarlo?
- Bueno, está bien.
- ¿De verdad?
- Sí Pepe.
-Me besó.- Anda a lavarte la cara, me quedo con vos acá hoy.
- Gracias. –Lo besé y fui al baño.-
Cuando salí, fui a la cocina.
- Tenes la heladera más despoblada que yo che.
- No cobré los últimos collares y hago lo que puedo.
- Ay, perdón. –Se acercó a mí.- Fue un chiste.
- Lo sé, no pasa nada.
- ¿Segura?
- Segura. –Lo besé.- ¿Comemos fideos?
- Dale. –Nos besamos y fuimos a la cocina.-
‘Estoy bien, no te vengas ahora a hacerte la preocupada.’
‘Siempre me preocupo por vos. ¿O con qué plata vivís?’
‘Darme plata no es preocuparte mamá.’
‘Quiero verte.’
‘No, de verdad. Prefiero que no.’
‘¿Por qué no?’
‘¿Hace falta que te lo recuerde?’
‘Dale hija. Yo no tengo la culpa de nada.’
‘¿De no haberlo dejado y de obligarme a vivir ahí? Sí, tenes la culpa.’
‘No seas arisca, soy tu mamá.’
‘¿Y ahora te acordas?’
‘¿En dónde estás viviendo?’
‘En un departamento.’
‘¿Cómo lo pagas?’
‘Estoy en pareja mamá, no me rompas las pelotas.’
‘¿Con quién?’
‘¿Te importa?’
‘Obvio que me importa. Quiero verte.’
‘No, basta. No vamos a vernos.’
‘Dale hija. Por favor.’
- Ay. ¡Dejame de romper las pelotas! –Y tiré mi celular a la cama.-
- Hey Pau. ¿Qué pasa?
- Nada.
- Algo te pasa.
- No importa. –Agarré mi celular.- Quiero salir a caminar un rato.
- ¿Sola?
- Si puede ser.
- Obvio que puede ser. ¿Después me contas qué te pasa?
- Sí, después te lo cuento. –Le di un beso y me fui.-
Y al final, la caminata solo duró diez cuadras. Hasta mi casa.
Entré y fui directo a buscar mi cuaderno.
‘ ¿Qué es una madre?
¿Una madre es la que te gesta y te hace nacer? ¿O una madre es la que te cría con amor y te educa? ¿Acaso no son madres todas aquellas que adoptan niños de la calle? ¿No terminan siendo más madre ellas que las que gestaron a esos nenes?
¿Qué es la maternidad? ¿Qué es una madre? ¿Qué es una hija?
Mi madre siempre existió. Sí, siempre estuvo ahí. Solo estuvo. Pero estar no es lo mismo que ESTAR. Ser madre biológica no es lo mismo que SER MADRE.
Y yo nunca tuve una madre. Nunca estuvo esa figura para protegerme, ni para enseñarme. De chiquita lo único que recibía eran retos sin sentido, nunca tuve uno de esos retos que te marcan el camino. Tampoco tenía alguien que me diera las buenas noches o me prepara la comida.
Nunca había nadie que vaya a verme a los actos escolares ni nadie que me felicitara cuando le mostraba mi boletín con notas altísimas.
Nadie me regalaba juguetes, nadie me hacía una torta de cumpleaños.
Nadie, así se resume mi vida hasta que apareció Pedro. Nadie estaba, solo yo.
¿Y ahora qué? Cuando me alejo se preocupa. No es lógico.
Siempre me daba envidia ver a todos los nenes llegar a la escuela de la mano de su mamá o de su papá. –Y creo que por eso nunca tuve amigos.-
Una madre no es solo la que te da algo de plata para que al menos puedas subsistir. Definitivamente no.
A ver Leonora. ¡Decime qué ganas puedo tener yo de verte después de todo lo que pasó!’
Cerré el cuaderno y apoyé mis brazos sobre el mismo, luego mi cabeza y allí me quedé. Llorando.
El sonido del celular me sacó de mis pensamientos, era Pedro.
‘Pau. ¿Dónde estás? ¿Estás bien? Ya es tarde.’
‘Estoy en mi casa, perdón que no te avisé. Ahora voy para allá.’
‘Deja, yo voy.’
Suspiré y me quedé allí.
Escuché el ruido a la cerradura y esperé a que me busqué, no tenía ganas ni de moverme.
- Pau. –Dijo y se agachó a mi lado.- ¿Qué pasa hermosa?
- Que remover el pasado me hace mierda. –Dije y lo abracé, quebrándome.-
- ¿Pasó algo?
- Mi vieja me habló, dice que me quiere ver. No sé.
- ¿Y no quisieras verla?
- No, ni loca.
- Capaz tenga algo para decirte.
- No me importa lo que pueda llegar a decirme. Nada va a poder reparar tanto daño.
- No seas así de terca.
- No me importa su vida Pedro.
- Pensalo un poco al menos.
- No tengo nada que pensar.
- Hey para. Para un poco. –Se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.- ¿Nada que pueda decirte te importa?
- No.
- Yo te diría que la veas, no perdes nada.
- Seguir revolviendo la mierda.
- Pau, es tu mamá. Nunca te haría nada malo.
- Y mi papá tampoco. ¿No? –Pregunté irónica.-
- Aprovecha que tenes a tu vieja con vos y que quiere verte. No importa lo que haya hecho, ahora quiere verte.
- No me sirve de nada ahora Pedro.
- A ver, va a ser decisión tuya. Yo solo te digo lo que pienso. –Suspiró.- Daría todo por poder estar un segundo más con mi mamá.
- Pero tu vieja a vos te quiso, dio la vida por vos Pepe.
- ¿Y cómo podes estar tan segura de que tu vieja no lo haría?
- Se hubiese ido de ese infierno si pretendía hacer algo por mí.
- ¿Y si la tenía amenazada?
- ¡Al menos se hubiese acercado a mí! Jamás entró a mi cuarto, jamás Pedro.
- Escuchala al menos.
- No, no quiero. –Dije quebrándome otra vez, no podía retener el llanto cuando se trataba de estos temas.- ¿Me abrazas? Por favor.
-Me abrazó y acarició mi pelo.- Pero ahora no estás sola. Yo puedo ir con vos si queres.
- ¿Para?
- Para estar con vos.
- No sé Pedro, ahora no quiero verla.
-Se separó un poco de mí y me besó.- ¿Me prometes que vas a pensarlo?
- Bueno, está bien.
- ¿De verdad?
- Sí Pepe.
-Me besó.- Anda a lavarte la cara, me quedo con vos acá hoy.
- Gracias. –Lo besé y fui al baño.-
Cuando salí, fui a la cocina.
- Tenes la heladera más despoblada que yo che.
- No cobré los últimos collares y hago lo que puedo.
- Ay, perdón. –Se acercó a mí.- Fue un chiste.
- Lo sé, no pasa nada.
- ¿Segura?
- Segura. –Lo besé.- ¿Comemos fideos?
- Dale. –Nos besamos y fuimos a la cocina.-
sábado, 28 de marzo de 2015
95.
- Amo que me folles. –Dijo estando sobre mi espalda, aún desnuda.-
- Te juro que nunca vi el cielo tan de cerca como con vos.
- Menos mal. No quiero que me dejes.
- Jamás te dejaría.
- ¿Jamás?
- No, sos tan adictiva como yo lo soy para vos.
- Estamos jugando con fuego me parece.
- ¿Y quién te dijo que no me quiero quemar?
- ¿No queres quemarte?
- ¿Yo? Ya estoy quemado.
Giré y quedé sobre ella. Sus piernas rodearon mi cintura.
-
Salí de bañarme y me sentía mal. Todo me daba vueltas y sentía escalofríos.
- Pedro. ¿Podes venir? –Grité desde su cama, había aterrizado allí.-
- ¿Qué pasa Pau?
- Veni, por favor.
Pedro entró y yo estaba acostada en la cama, como podía.
- Me siento mal. –Dije.-
- ¿Qué sentís?
- Me da vueltas todo, tengo chuchos de frío.
-Besó mi frente.- Me parece que tenes fiebre.
- No sé.
- Toma. –Dijo y buscó un camisón mío.- Vestite y metete en la cama.
- No me puedo mover Pedro.
- ¿Queres que te vista?
-Reí.- No, mejor no.
-Rio también.- Dale, yo busco el termómetro.
Hice lo que me dijo, como pude.
Pedro me alcanzó el termómetro y lo puse debajo de mi axila. Él estaba arrodillado a mi lado, acariciando mi cabeza.
- Tenes 39°.
- Dame una aspirina.
- No, voy a llamar al médico.
- No jodas.
- Vos no jodas.
Y se fue.
-
El médico que revisó a Pau me dijo que no había de qué preocuparse, que era una gripe muy fuerte y que seguramente tuviera fiebre alta por un par de horas. Pero que no sería más que eso.
Llené una olla con agua fría y cubitos para ponerle paños en su frente.
- Pau… ¿Dormís?
- No.
- Traje para ponerte paños de agua fría.
Ella no respondió, yo escurrí el trapo y lo puse su frente.
Así debo haber estado como quince minutos hasta que empezó a hablar sola.
- Quiero, quiero que Pedro me proponga ser su novia. Quiero ser su mujer, quiero ser algo en su vida. Quiero, quiero todo con él. Quiero que me coja todo el día y quiero que me trate como a una nena. Quiero casarme con él, quiero tener hijos con él. Quiero que me abrace y me bese todo el tiempo. Quiero acompañarlo a todos lados y que él me acompañe a todos lados a mí. Quiero morir a su lado.
Suspiré y un nudo se hizo en mi garganta, no llore solo por miedo a que me viera.
Saqué el paño de encima de su frente y susurré en su oído.
- Pau. Te acompaño al baño así te das una ducha bien fría. ¿Sí? Porque volas de fiebre.
- Quiero a Pedro, quiero a Pedro. –Y se largó a llorar.-
Salí corriendo de la habitación y me largué a llorar en el pasillo.
¿Tanto la había hecho sufrir? Soy una mierda.
- ¡Quiero a Pedro! No aguanto más esto. ¿Cuánto tiempo más va a tardar este pendejo? ¿Cuánto? ¿No se da cuenta que no me gusta ser solo una minita en su vida? ¡Quiero ser su mujer! ¡Quiero que no pueda respirar sin mí! Lo necesito. Necesito saber que nunca me va a dejar, necesito dejar de tener miedo. Necesito sacar los fantasmas de mi cabeza. ¡Quiero dejar de tener pánico de que algún día caiga y me diga que estuvo con otra!
Escondí mi cara entre mis piernas y me largué a llorar como un nene.
¿Cómo iba a remediarlo?
A los pocos minutos, Paula se quedó dormida y yo recargué la olla. Volví a su lado y de nuevo puse el pañuelo sobre su frente.
- Perdón. –Dije entre lágrimas y tomé su mano.-
Esto no daba para más, iba a proponérselo. Lo iba a hacer.
Pero no podía hacerlo así no más. Tenía que organizar algo especial.
Más tarde, estaba en el living mirando la tele, tratando de tener alguna idea, cuando la veo parada en el umbral de la puerta. Rogaba que no se acuerde de nada.
- ¿Te sentís mejor? –Pregunté.-
- Un poco. Me siento un poco mareada todavía.
- Veni, sentate.
Vino y se sentó a mi lado. Besé su frente.
- Estás más fresquita.
- Puede ser.
- ¿Por qué no te vas a bañar así termina de bajarte la fiebre?
- En un ratito voy. ¿Por qué te fuiste de la pieza?
- Para que puedas dormir.
- Me desperté porque no estabas.
- Perdón. –La abracé por la cintura y ella apoyó su cabeza en mi hombro.-
- No pasa nada.
- ¿Qué queres comer?
- Helado.
- ¿Solo helado?
- No tengo mucha hambre y necesito algo fresco.
- ¿Un cuarto de menta granizada y chocolate con almendras?
- Por favor.
- En un rato pido entonces.
- Genial…
Acaricié su hombro y besé su cabeza.
- Te quiero mucho. ¿Sabes?
- Yo también te quiero mucho Pepe. –Me abrazó por la panza y suspiré.-
--------------
Y se va acercando el final de esta primera parte...
- Te juro que nunca vi el cielo tan de cerca como con vos.
- Menos mal. No quiero que me dejes.
- Jamás te dejaría.
- ¿Jamás?
- No, sos tan adictiva como yo lo soy para vos.
- Estamos jugando con fuego me parece.
- ¿Y quién te dijo que no me quiero quemar?
- ¿No queres quemarte?
- ¿Yo? Ya estoy quemado.
Giré y quedé sobre ella. Sus piernas rodearon mi cintura.
-
Salí de bañarme y me sentía mal. Todo me daba vueltas y sentía escalofríos.
- Pedro. ¿Podes venir? –Grité desde su cama, había aterrizado allí.-
- ¿Qué pasa Pau?
- Veni, por favor.
Pedro entró y yo estaba acostada en la cama, como podía.
- Me siento mal. –Dije.-
- ¿Qué sentís?
- Me da vueltas todo, tengo chuchos de frío.
-Besó mi frente.- Me parece que tenes fiebre.
- No sé.
- Toma. –Dijo y buscó un camisón mío.- Vestite y metete en la cama.
- No me puedo mover Pedro.
- ¿Queres que te vista?
-Reí.- No, mejor no.
-Rio también.- Dale, yo busco el termómetro.
Hice lo que me dijo, como pude.
Pedro me alcanzó el termómetro y lo puse debajo de mi axila. Él estaba arrodillado a mi lado, acariciando mi cabeza.
- Tenes 39°.
- Dame una aspirina.
- No, voy a llamar al médico.
- No jodas.
- Vos no jodas.
Y se fue.
-
El médico que revisó a Pau me dijo que no había de qué preocuparse, que era una gripe muy fuerte y que seguramente tuviera fiebre alta por un par de horas. Pero que no sería más que eso.
Llené una olla con agua fría y cubitos para ponerle paños en su frente.
- Pau… ¿Dormís?
- No.
- Traje para ponerte paños de agua fría.
Ella no respondió, yo escurrí el trapo y lo puse su frente.
Así debo haber estado como quince minutos hasta que empezó a hablar sola.
- Quiero, quiero que Pedro me proponga ser su novia. Quiero ser su mujer, quiero ser algo en su vida. Quiero, quiero todo con él. Quiero que me coja todo el día y quiero que me trate como a una nena. Quiero casarme con él, quiero tener hijos con él. Quiero que me abrace y me bese todo el tiempo. Quiero acompañarlo a todos lados y que él me acompañe a todos lados a mí. Quiero morir a su lado.
Suspiré y un nudo se hizo en mi garganta, no llore solo por miedo a que me viera.
Saqué el paño de encima de su frente y susurré en su oído.
- Pau. Te acompaño al baño así te das una ducha bien fría. ¿Sí? Porque volas de fiebre.
- Quiero a Pedro, quiero a Pedro. –Y se largó a llorar.-
Salí corriendo de la habitación y me largué a llorar en el pasillo.
¿Tanto la había hecho sufrir? Soy una mierda.
- ¡Quiero a Pedro! No aguanto más esto. ¿Cuánto tiempo más va a tardar este pendejo? ¿Cuánto? ¿No se da cuenta que no me gusta ser solo una minita en su vida? ¡Quiero ser su mujer! ¡Quiero que no pueda respirar sin mí! Lo necesito. Necesito saber que nunca me va a dejar, necesito dejar de tener miedo. Necesito sacar los fantasmas de mi cabeza. ¡Quiero dejar de tener pánico de que algún día caiga y me diga que estuvo con otra!
Escondí mi cara entre mis piernas y me largué a llorar como un nene.
¿Cómo iba a remediarlo?
A los pocos minutos, Paula se quedó dormida y yo recargué la olla. Volví a su lado y de nuevo puse el pañuelo sobre su frente.
- Perdón. –Dije entre lágrimas y tomé su mano.-
Esto no daba para más, iba a proponérselo. Lo iba a hacer.
Pero no podía hacerlo así no más. Tenía que organizar algo especial.
Más tarde, estaba en el living mirando la tele, tratando de tener alguna idea, cuando la veo parada en el umbral de la puerta. Rogaba que no se acuerde de nada.
- ¿Te sentís mejor? –Pregunté.-
- Un poco. Me siento un poco mareada todavía.
- Veni, sentate.
Vino y se sentó a mi lado. Besé su frente.
- Estás más fresquita.
- Puede ser.
- ¿Por qué no te vas a bañar así termina de bajarte la fiebre?
- En un ratito voy. ¿Por qué te fuiste de la pieza?
- Para que puedas dormir.
- Me desperté porque no estabas.
- Perdón. –La abracé por la cintura y ella apoyó su cabeza en mi hombro.-
- No pasa nada.
- ¿Qué queres comer?
- Helado.
- ¿Solo helado?
- No tengo mucha hambre y necesito algo fresco.
- ¿Un cuarto de menta granizada y chocolate con almendras?
- Por favor.
- En un rato pido entonces.
- Genial…
Acaricié su hombro y besé su cabeza.
- Te quiero mucho. ¿Sabes?
- Yo también te quiero mucho Pepe. –Me abrazó por la panza y suspiré.-
--------------
Y se va acercando el final de esta primera parte...
viernes, 27 de marzo de 2015
94.
- Éxitos.
- Gracias. –Dije y lo besé.-
- Me voy a dar una vuelta, avisame cuando salgas.
- Mira que voy a tardar mil.
- No tengo nada que hacer.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno… -Lo besé.- Te aviso.
- Dale. –Me bajé del auto.-
- ¡Suerte!
Le sonreí y cerré la puerta para entrar a la universidad.
Y como siempre que estaba por rendir, los nervios me tenían de rehén.
Suspiré y entré, después de la noticia de recién nada podía ser tan grave. Pedro seguía siendo mismo.
-
Me saqué el cinturón de seguridad y busqué mi celular.
‘Nan… ¡Zafé!’
‘Bien ahí hermano. ¿Qué onda la piba? ¿Qué te dijo?’
‘Una enferma, me lo encajo a mí por la guita. No sabe ni de quién es.’
‘Ah, cualca mal.’
‘Una cara-dura.’
‘Bueno, pero ya fue. ¡Sos libre Pepe!’
‘No sé si tan libre…’
‘¿Estás hasta las manos con la rubia, no?’
‘Y un poco más también… Estoy pensando en formalizar.’
‘¿Me jodes?’
‘No boludo, en serio. Se banco millones conmigo, se lo merece. Quiero estar con ella.’
‘Si te hace bien, dale para adelante.’
‘Gracias por la banca amigo.’
‘Hay cosas que ni se agradecen.’
Volví a ponerme el cinturón y arranqué.
Y sí, la idea de proponerle un noviazgo daba vueltas en mi cabeza como una calesita.
Frené en un bar y me bajé del auto, necesitaba desayunar de verdad. Me pedí un café con unas medialunas y me dispuse a leer el diario.
‘Pepe… ¿Estás?’
‘Estoy desayunando. ¿Ya saliste? ¿Cómo te fue?’
‘No, no rendí. Pero creo que me toca después de esta chica.’
‘Termino y voy para allá entonces. Suerte otra vez.’
‘Gracias bonito.’
‘Bonita vos.’
Terminé mi café y dejé la plata debajo del platito de la taza para poder ir a la Universidad, me había alejado bastante.
Cuando llegué, estaba Pau esperándome sonriente. Se subió al auto.
- ¡Un nueve!
- Sos tan genia. Tan. –La besé.- Tan.
-Sonrió.- Necesito que festejemos todo esto.
- ¿Se te ocurre como festejar?
- Mmm… -Deslizó su mano por mi pierna.- ¿A vos?
- A mí se me ocurren mil ideas. ¿Vamos a mi casa?
- Por favor. -Reímos.-
-
Y con esta materia había terminado de rendir los examenes libres que había perdido por mi viaje fugaz a Uruguay.
Diez materias más y me recibía, una locura. ¡No veía la hora de trabajar!
-
Estacioné en la esquina del edifico y la desesperación que sentíamos creo que se notaba a kilómetros. Cerré el auto y ella ya estaba en la puerta del edificio, reí y corrí hacia ella.
- ¿Estamos un poquito desesperadas?
- Un poquito. –E hizo seña con su mano.-
-Reí.- Sos tan linda. –La besé y abrí la puerta principal del edificio.-
- Vos sos el lindo acá. –Me agarró de la mano y entramos.-
Por suerte el ascensor estaba en planta baja, nos subimos y la abracé por la espalda. La besé en su cuello mientras nos mirábamos en el espejo y sonreíamos.
Cerré la puerta de mi casa con el pie ya que mis manos estaban muy instaladas en su cadera.
Sus labios y los míos se recorrían como si no se conocieran, nuestras lenguas se unían como si fuesen un rompecabezas perfecto.
Mis manos bajaron un poco y se alojaron sobre su cola, ella sonrió y metió sus manos por debajo de mi remera, llegando hasta mi pecho.
Mis labios abandonaron los suyos y llegaron a su lugar predilecto: Su cuello y su oreja.
Mis besos aumentaban la intensidad a medida que su piel se calentaba, mis manos apretaban su cola y la acercaban más a mi cuerpo. Su piel transpiraba y ella gemía en mi oído. Era perfecto.
Mordí su lóbulo y ella se subió a koala del impulso.
- ¿Nunca le vas a errar? –Preguntó entre besos, mientras yo caminaba hasta mi cuarto con ella encima mío.-
- Mmm… No, nunca. –Y volví a hacerlo.-
- Sos tan perfecto.
Caí en la cama y ella cayó sobre mí.
Nuestros labios volvieron a unirse, pero esta vez ella abandonó los míos. Quitó mi remera y su boca recorrió todo mi pecho, sabía que amaba que lo hiciera. A su vez, sus manos masajeaban mis hombros. Era perfecta, no había dudas.
Mientras lo hacía, quité su remera y su sostén.
A los pocos minutos nuestras prendas ya eran parte de la decoración del suelo.
Sus ojos ardían en deseo y no me tardé.
Mis manos presionaban las suyas y ambos manteníamos nuestros ojos cerrados. Gemíamos. Disfrutábamos.
- Gracias. –Dije y lo besé.-
- Me voy a dar una vuelta, avisame cuando salgas.
- Mira que voy a tardar mil.
- No tengo nada que hacer.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno… -Lo besé.- Te aviso.
- Dale. –Me bajé del auto.-
- ¡Suerte!
Le sonreí y cerré la puerta para entrar a la universidad.
Y como siempre que estaba por rendir, los nervios me tenían de rehén.
Suspiré y entré, después de la noticia de recién nada podía ser tan grave. Pedro seguía siendo mismo.
-
Me saqué el cinturón de seguridad y busqué mi celular.
‘Nan… ¡Zafé!’
‘Bien ahí hermano. ¿Qué onda la piba? ¿Qué te dijo?’
‘Una enferma, me lo encajo a mí por la guita. No sabe ni de quién es.’
‘Ah, cualca mal.’
‘Una cara-dura.’
‘Bueno, pero ya fue. ¡Sos libre Pepe!’
‘No sé si tan libre…’
‘¿Estás hasta las manos con la rubia, no?’
‘Y un poco más también… Estoy pensando en formalizar.’
‘¿Me jodes?’
‘No boludo, en serio. Se banco millones conmigo, se lo merece. Quiero estar con ella.’
‘Si te hace bien, dale para adelante.’
‘Gracias por la banca amigo.’
‘Hay cosas que ni se agradecen.’
Volví a ponerme el cinturón y arranqué.
Y sí, la idea de proponerle un noviazgo daba vueltas en mi cabeza como una calesita.
Frené en un bar y me bajé del auto, necesitaba desayunar de verdad. Me pedí un café con unas medialunas y me dispuse a leer el diario.
‘Pepe… ¿Estás?’
‘Estoy desayunando. ¿Ya saliste? ¿Cómo te fue?’
‘No, no rendí. Pero creo que me toca después de esta chica.’
‘Termino y voy para allá entonces. Suerte otra vez.’
‘Gracias bonito.’
‘Bonita vos.’
Terminé mi café y dejé la plata debajo del platito de la taza para poder ir a la Universidad, me había alejado bastante.
Cuando llegué, estaba Pau esperándome sonriente. Se subió al auto.
- ¡Un nueve!
- Sos tan genia. Tan. –La besé.- Tan.
-Sonrió.- Necesito que festejemos todo esto.
- ¿Se te ocurre como festejar?
- Mmm… -Deslizó su mano por mi pierna.- ¿A vos?
- A mí se me ocurren mil ideas. ¿Vamos a mi casa?
- Por favor. -Reímos.-
-
Y con esta materia había terminado de rendir los examenes libres que había perdido por mi viaje fugaz a Uruguay.
Diez materias más y me recibía, una locura. ¡No veía la hora de trabajar!
-
Estacioné en la esquina del edifico y la desesperación que sentíamos creo que se notaba a kilómetros. Cerré el auto y ella ya estaba en la puerta del edificio, reí y corrí hacia ella.
- ¿Estamos un poquito desesperadas?
- Un poquito. –E hizo seña con su mano.-
-Reí.- Sos tan linda. –La besé y abrí la puerta principal del edificio.-
- Vos sos el lindo acá. –Me agarró de la mano y entramos.-
Por suerte el ascensor estaba en planta baja, nos subimos y la abracé por la espalda. La besé en su cuello mientras nos mirábamos en el espejo y sonreíamos.
Cerré la puerta de mi casa con el pie ya que mis manos estaban muy instaladas en su cadera.
Sus labios y los míos se recorrían como si no se conocieran, nuestras lenguas se unían como si fuesen un rompecabezas perfecto.
Mis manos bajaron un poco y se alojaron sobre su cola, ella sonrió y metió sus manos por debajo de mi remera, llegando hasta mi pecho.
Mis labios abandonaron los suyos y llegaron a su lugar predilecto: Su cuello y su oreja.
Mis besos aumentaban la intensidad a medida que su piel se calentaba, mis manos apretaban su cola y la acercaban más a mi cuerpo. Su piel transpiraba y ella gemía en mi oído. Era perfecto.
Mordí su lóbulo y ella se subió a koala del impulso.
- ¿Nunca le vas a errar? –Preguntó entre besos, mientras yo caminaba hasta mi cuarto con ella encima mío.-
- Mmm… No, nunca. –Y volví a hacerlo.-
- Sos tan perfecto.
Caí en la cama y ella cayó sobre mí.
Nuestros labios volvieron a unirse, pero esta vez ella abandonó los míos. Quitó mi remera y su boca recorrió todo mi pecho, sabía que amaba que lo hiciera. A su vez, sus manos masajeaban mis hombros. Era perfecta, no había dudas.
Mientras lo hacía, quité su remera y su sostén.
A los pocos minutos nuestras prendas ya eran parte de la decoración del suelo.
Sus ojos ardían en deseo y no me tardé.
Mis manos presionaban las suyas y ambos manteníamos nuestros ojos cerrados. Gemíamos. Disfrutábamos.
jueves, 26 de marzo de 2015
93.
Apagué mi alarma antes de que suene y con cuidado salí de la cama, besé la frente de Pau y me quedé algunos minutos a su lado. Acariciando su pelo.
Tenía miedo, me moría de miedo. Si ese resultado era positivo yo no lo soportaría, pero ella tampoco. Y no podía permitirme que siga sufriendo por mi culpa.
La quería, la quería como nunca había querido a nadie. Necesitaba cuidarla. Necesitaba tenerla a mi lado y que esté bien.
Besé sus labios cuidadosamente y salí del cuarto.
Me bañé y busqué en mi bolsito la ropa, un jean y una remera. –Me había pedido el día en el trabajo por motivos personales.-
Obligado me comí algunas galletitas y salí de la casa de Pau.
Era temprano, asíque decidí ir caminando por varios motivos:
a- Para que el tiempo pase más rápido.
b- Para calmar mi ansiedad.
c- Si llegara mucho tiempo antes creo que caminaría por las paredes.
Llegué ocho menos diez y el laboratorio estaba cerrado. Suspiré y me senté en la vereda, el corazón me latía a una velocidad que hasta me daba miedo.
Busqué el puff en mi bolsillo e inhalé, estaba demasiado intranquilo.
‘Yo no pienso ir, tendras que buscarme vos para pedirme perdón.’
Okei Julia, okei. ¡Ojala tenga que buscarte para arrancarte los pelos! –Dije para mis adentros.-
El laboratorio abrió y entré junto con el de seguridad.
Pedí los análisis en la recepción y el tiempo que tardaron en buscarlos fue interminable.
Ya los tenía en mi mano, ya estaba afuera del lugar.
Mi mundo podría derrumbarse completamente al abrir ese sobre.
O podría seguir igual.
El cuerpo me temblaba. –Y creo que el alma también.-
Mis manos transpiraban y mi cabeza latía. Sentía que perdía la estabilidad.
Me apoyé contra la pared de entrada del lugar y suspiré, era el momento. Ya no podía esquivarlo, no podía evitarlo ni taparlo. Tenía el sobre en mis manos.
Rompí el costadito del sobre con cuidado y tratando de que el momento no llegue nunca, pero que a la vez suceda ahora.
Saqué el papel de allí adentro y lo desdoblé.
Cuando leí el resultado me sentí caer al vacío…
¡Para después revivir!
Suspiré aliviado y sonreí. –Hasta casi lloro.- Corrí toda la cuadra gritando de la felicidad que sentía.
La llamé a Pau.
- Conversación telefónica -
- Hola. ¿Y? –Dijo con miedo.-
- Tenía razón, es una mentirosa.
- ¿No es tuyo?
- No Pau, no.
- ¿Y estás triste?
- ¿Qué? ¿Cómo voy a estar triste? Tener un hijo con esa mina iba a ser una pesadilla.
- Bueno, yo estoy muy feliz. –Dijo riendo.- Pero no quería decirlo y que vos…
- ¿Cómo iba a estar triste?
- ¿Qué se yo? Capaz al verlo te pegaba mal.
- Todo lo contario.
- Qué idiota esa mina.
- No te preocupes, ya la voy a agarrar.
- No Pedro, no hagas nada.
- No me voy a quedar con los brazos cruzados, te hizo sufrir a vos y me hizo sufrir a mí. ¡Qué por lo menos me escuche!
- No es necesario, ya pasó.
- La voy a buscar igual.
- Pero…
- Fin de la conversación telefónica -
No la dejé seguir hablando, iba a buscar a Julia como sea.
Le saqué una foto a los análisis y se la envíe vía WhatsApp.
‘Te dije que no era mío. ¿En dónde podemos encontrarnos?’
Y los dos tildes azules me indicaron que lo vio y no lo respondió. ¡Cagona!
‘Necesito verte. ¿En dónde estás?’
Levanté la vista y la vi en la vereda de en frente. Crucé y la enfrenté.
- Al fin te dignaste a aparecer pendeja.
- Estoy acá desde antes que vos.
- ¿Y por qué no viniste a buscar los resultados?
- Porque ya los sabía.
- ¿Qué?
- Sí nene, ya los sabía.
- ¿Y para qué mierda me hiciste esto?
- No creí que me ibas a pedir el ADN.
- ¿No tenes ni idea de quién es el padre, no?
- No, no sé.
- ¿Y por qué me lo querías encajar a mí?
- Estás forrado en guita.
- Lo sabía, sos un gato barato nena.
- Bien que la pasaste bien conmigo eh.
- En la cama, sos un gato.
- Respetame, soy una mujer.
-Reí.- Una mujer que se encama con cualquiera, se embaraza y le encaja un pibe a un tipo solo porque tiene plata. ¡Qué mujer eh! Pobre ese pendejo, pobre.
Y me fui.
Caminé hasta mi casa, sí. Otra vez caminé. Necesitaba descargar mi bronca, no quería llegar así a ver a Paula. Además, ella rendía dentro de un par de horas y no quería ponerla más nerviosa.
Llegué a su casa y estaba repasando con un café a su lado. Ni bien me vio, corrió a abrazarme.
- ¿Qué hiciste con Julia?
- Nada, solo hablé.
- ¿Seguro?
- Sí. –La besé.- Ya está Pau, Julia es pasado. No dejemos que siga arruinando esto.
- ¿Pero qué te dijo?
- Que no tiene ni idea de quien está embarazada y que me lo quiso encajar a mí por la plata.
- Una forra.
- Exacto. –La besé.- Pero ya está, ya pasó.
- ¡Al fin! –Me besó.-
- Avisame cuando quieras ir a la facu que te llevo.
- ¿No vas al trabajo?
- No…
- Creí que entrabas más tarde.
- No, no voy. Asique te llevo a rendir.
- Sos tan chulo cuando queres. –Y nos besamos.-
Tenía miedo, me moría de miedo. Si ese resultado era positivo yo no lo soportaría, pero ella tampoco. Y no podía permitirme que siga sufriendo por mi culpa.
La quería, la quería como nunca había querido a nadie. Necesitaba cuidarla. Necesitaba tenerla a mi lado y que esté bien.
Besé sus labios cuidadosamente y salí del cuarto.
Me bañé y busqué en mi bolsito la ropa, un jean y una remera. –Me había pedido el día en el trabajo por motivos personales.-
Obligado me comí algunas galletitas y salí de la casa de Pau.
Era temprano, asíque decidí ir caminando por varios motivos:
a- Para que el tiempo pase más rápido.
b- Para calmar mi ansiedad.
c- Si llegara mucho tiempo antes creo que caminaría por las paredes.
Llegué ocho menos diez y el laboratorio estaba cerrado. Suspiré y me senté en la vereda, el corazón me latía a una velocidad que hasta me daba miedo.
Busqué el puff en mi bolsillo e inhalé, estaba demasiado intranquilo.
‘Yo no pienso ir, tendras que buscarme vos para pedirme perdón.’
Okei Julia, okei. ¡Ojala tenga que buscarte para arrancarte los pelos! –Dije para mis adentros.-
El laboratorio abrió y entré junto con el de seguridad.
Pedí los análisis en la recepción y el tiempo que tardaron en buscarlos fue interminable.
Ya los tenía en mi mano, ya estaba afuera del lugar.
Mi mundo podría derrumbarse completamente al abrir ese sobre.
O podría seguir igual.
El cuerpo me temblaba. –Y creo que el alma también.-
Mis manos transpiraban y mi cabeza latía. Sentía que perdía la estabilidad.
Me apoyé contra la pared de entrada del lugar y suspiré, era el momento. Ya no podía esquivarlo, no podía evitarlo ni taparlo. Tenía el sobre en mis manos.
Rompí el costadito del sobre con cuidado y tratando de que el momento no llegue nunca, pero que a la vez suceda ahora.
Saqué el papel de allí adentro y lo desdoblé.
Cuando leí el resultado me sentí caer al vacío…
¡Para después revivir!
Suspiré aliviado y sonreí. –Hasta casi lloro.- Corrí toda la cuadra gritando de la felicidad que sentía.
La llamé a Pau.
- Conversación telefónica -
- Hola. ¿Y? –Dijo con miedo.-
- Tenía razón, es una mentirosa.
- ¿No es tuyo?
- No Pau, no.
- ¿Y estás triste?
- ¿Qué? ¿Cómo voy a estar triste? Tener un hijo con esa mina iba a ser una pesadilla.
- Bueno, yo estoy muy feliz. –Dijo riendo.- Pero no quería decirlo y que vos…
- ¿Cómo iba a estar triste?
- ¿Qué se yo? Capaz al verlo te pegaba mal.
- Todo lo contario.
- Qué idiota esa mina.
- No te preocupes, ya la voy a agarrar.
- No Pedro, no hagas nada.
- No me voy a quedar con los brazos cruzados, te hizo sufrir a vos y me hizo sufrir a mí. ¡Qué por lo menos me escuche!
- No es necesario, ya pasó.
- La voy a buscar igual.
- Pero…
- Fin de la conversación telefónica -
No la dejé seguir hablando, iba a buscar a Julia como sea.
Le saqué una foto a los análisis y se la envíe vía WhatsApp.
‘Te dije que no era mío. ¿En dónde podemos encontrarnos?’
Y los dos tildes azules me indicaron que lo vio y no lo respondió. ¡Cagona!
‘Necesito verte. ¿En dónde estás?’
Levanté la vista y la vi en la vereda de en frente. Crucé y la enfrenté.
- Al fin te dignaste a aparecer pendeja.
- Estoy acá desde antes que vos.
- ¿Y por qué no viniste a buscar los resultados?
- Porque ya los sabía.
- ¿Qué?
- Sí nene, ya los sabía.
- ¿Y para qué mierda me hiciste esto?
- No creí que me ibas a pedir el ADN.
- ¿No tenes ni idea de quién es el padre, no?
- No, no sé.
- ¿Y por qué me lo querías encajar a mí?
- Estás forrado en guita.
- Lo sabía, sos un gato barato nena.
- Bien que la pasaste bien conmigo eh.
- En la cama, sos un gato.
- Respetame, soy una mujer.
-Reí.- Una mujer que se encama con cualquiera, se embaraza y le encaja un pibe a un tipo solo porque tiene plata. ¡Qué mujer eh! Pobre ese pendejo, pobre.
Y me fui.
Caminé hasta mi casa, sí. Otra vez caminé. Necesitaba descargar mi bronca, no quería llegar así a ver a Paula. Además, ella rendía dentro de un par de horas y no quería ponerla más nerviosa.
Llegué a su casa y estaba repasando con un café a su lado. Ni bien me vio, corrió a abrazarme.
- ¿Qué hiciste con Julia?
- Nada, solo hablé.
- ¿Seguro?
- Sí. –La besé.- Ya está Pau, Julia es pasado. No dejemos que siga arruinando esto.
- ¿Pero qué te dijo?
- Que no tiene ni idea de quien está embarazada y que me lo quiso encajar a mí por la plata.
- Una forra.
- Exacto. –La besé.- Pero ya está, ya pasó.
- ¡Al fin! –Me besó.-
- Avisame cuando quieras ir a la facu que te llevo.
- ¿No vas al trabajo?
- No…
- Creí que entrabas más tarde.
- No, no voy. Asique te llevo a rendir.
- Sos tan chulo cuando queres. –Y nos besamos.-
---------------
Y contra tooooodos los pronósticos, fui excesivamente buena. ☺
miércoles, 25 de marzo de 2015
92.
Mañana era el día, mañana por fin se terminaría o empezaría el calvario.
Estaba buscando en la heladera una manzana cuando siento que Pedro comienza a besar mi espalda.
- No, Pepe. Para.
- No, dale. –Siguió hasta mi cuello y yo suspiré.-
- Pedro, en serio. –Me levanté y dejé la manzana sobre la mesada.-
- ¿Por qué?
-Me di vuelta y quiso besarme.- Porque nos hicimos los estúpidos toda la semana y está bien, así fue un poco más fácil pasarlo, pero hoy no da. Hoy yo no puedo.
- Pero… Es la última noche.
- ¿Juntos?
- No tonta.
- Es lo que quisiste decir Pedro. ¿Crees que es tuyo?
- Ya hablamos esto, es la última noche que tenemos que aguantar.
- No, no sé.
- Pau, en serio.
- A vos te digo que en serio.
- ¿Te enoja?
- No, no sé. Quiero comer la manzana. –Agarré la manzana, un cuchillo, un plato y me fui al cuarto.-
Me senté en mi cama, puse música y comencé a pelar la manzana.
No podía hacerme la pelotuda, el miedo estaba hasta en mi piel. No quería que sea mi última noche con él, tampoco quería verlo así. Me negaba.
Si ese resultado es positivo caería al vacío.
-Desde el umbral de la puerta.- ¿Listo? ¿Ya comiste la manzana?
- Quiero estar sola Pedro, si queres quedarte dormí en el sillón.
- No me interesa dormir, tampoco me interesa donde. Quiero saber que te pasa.
- ¿De verdad nos sabes qué me pasa Pedro?
- Si no me lo decís.
- Que no me sale hacerme la pelotuda. Que no puedo, que no aguanto. Que no sé.
- ¿Qué no sabes?
- No sé como puedo llegar a reaccionar si ese resultado es positivo.
- No va a ser positivo.
- ¿Y si lo es Pedro? ¿Qué? ¿En qué puesto quedo yo? Es imposible competir con un bebé. –Hice una pausa y suspiré.- Y me niego a que esta sea nuestra última noche juntos.
- Pase lo que pase, no va a ser nuestra última noche juntos.
- ¿Y para qué me buscas?
- Perdón, pero esa pregunta es muy pelotuda. Casi todas las noches estamos juntos.
- ¿Y no te bancas una noche sin tocarme?
- Estás muy a la defensiva nena.
- Bastante bien creo que me tome todo esto. ¿No te parece?
- Uy, no sé. Curtite sola.
Y se levantó y se fue. ¡Sí, se levantó y se fue!
Golpee con fuerza mi almohadón y me quedé allí, en la cama. Sin intención de mucho más.
‘Que importante que soy que me dejas sola en una noche que va a ser interminable.’
‘No se puede hablar si estás así Paula.’
‘¿Cómo queres que esté? ¡Me queres coger para no pensar!’
‘¿Y qué tiene de malo?’
‘Que por más que queramos, no se puede tapar el sol con la mano.’
‘Hace lo que tengas ganas.’
‘Quiero estar con vos, quiero que me abraces. ¡Quiero que te des cuenta que estoy mal!’
‘No me dejas, si reaccionas mal a todo.’
‘Que poca psicología femenina que tenes.’
‘Bueno, es lo que hay.’
‘¿Te enojaste?’
‘Un poco.’
‘¿Podes volver?’
‘Okei…’
Me paré y me levanté para esperarlo precisamente al lado de la puerta.
- Hola. –Dije cuando abrió la puerta.-
- Perdón, pero no te entiendo.
- Yo tampoco me entiendo. –Bajé mi vista.- ¿Me abrazas?
Pedro me abrazó, nos abrazamos. Sonreí.
- Quedate conmigo, por favor.
- Yo también necesito pasar la noche con vos.
- Perdón. –Reí.-
- No pasa nada. –Nos separamos y nos besamos.- Pero tene en cuenta que me pone un poco nervioso la histeria femenina.
-Reí.- Es una situación complicada.
- Lo sé, por eso lo dejo pasar.
-Sonreí y lo besé.- ¿Vamos a acostarnos?
- Dale.
Cerré con llaves la puerta y fuimos a mi habitación.
- ¿A qué hora tenes que ir?
- A las ocho.
- ¿Queres que te acompañe?
- No, prefiero ir solo.
- Ella va. ¿No?
- No tengo idea.
- ¿Seguro queres ir solo?
- Sí, de verdad.
- Bueno, está bien. Como prefieras.
- ¿No te enojas?
- No Pepe. –Lo besé.- ¿Dormimos?
- Dale, y vos no estás enojada.
- Boludo, de verdad. Solo me ofrecí por si no querías estar solo, es tu decisión. Es tu vida.
-Me besó.- Veni…
Hizo que me acomodé sobre su pecho y sonreí, amaba estar así con él.
- Esto va a ser siempre nuestro. –Besó mi cabeza.-
- Descansa Pepe.
- Vos también.
-
Pau se durmió bastante rápido, pero yo sabía que dormir aquella noche iba a ser completamente imposible.
No me moví demasiado para no despertarla, pero toda la tranquilidad que denotaba mi cuerpo la tenía mi mente.
Mañana era el día que tanto esperaba, pero también, al que tanto miedo le tenía.
Estaba buscando en la heladera una manzana cuando siento que Pedro comienza a besar mi espalda.
- No, Pepe. Para.
- No, dale. –Siguió hasta mi cuello y yo suspiré.-
- Pedro, en serio. –Me levanté y dejé la manzana sobre la mesada.-
- ¿Por qué?
-Me di vuelta y quiso besarme.- Porque nos hicimos los estúpidos toda la semana y está bien, así fue un poco más fácil pasarlo, pero hoy no da. Hoy yo no puedo.
- Pero… Es la última noche.
- ¿Juntos?
- No tonta.
- Es lo que quisiste decir Pedro. ¿Crees que es tuyo?
- Ya hablamos esto, es la última noche que tenemos que aguantar.
- No, no sé.
- Pau, en serio.
- A vos te digo que en serio.
- ¿Te enoja?
- No, no sé. Quiero comer la manzana. –Agarré la manzana, un cuchillo, un plato y me fui al cuarto.-
Me senté en mi cama, puse música y comencé a pelar la manzana.
No podía hacerme la pelotuda, el miedo estaba hasta en mi piel. No quería que sea mi última noche con él, tampoco quería verlo así. Me negaba.
Si ese resultado es positivo caería al vacío.
-Desde el umbral de la puerta.- ¿Listo? ¿Ya comiste la manzana?
- Quiero estar sola Pedro, si queres quedarte dormí en el sillón.
- No me interesa dormir, tampoco me interesa donde. Quiero saber que te pasa.
- ¿De verdad nos sabes qué me pasa Pedro?
- Si no me lo decís.
- Que no me sale hacerme la pelotuda. Que no puedo, que no aguanto. Que no sé.
- ¿Qué no sabes?
- No sé como puedo llegar a reaccionar si ese resultado es positivo.
- No va a ser positivo.
- ¿Y si lo es Pedro? ¿Qué? ¿En qué puesto quedo yo? Es imposible competir con un bebé. –Hice una pausa y suspiré.- Y me niego a que esta sea nuestra última noche juntos.
- Pase lo que pase, no va a ser nuestra última noche juntos.
- ¿Y para qué me buscas?
- Perdón, pero esa pregunta es muy pelotuda. Casi todas las noches estamos juntos.
- ¿Y no te bancas una noche sin tocarme?
- Estás muy a la defensiva nena.
- Bastante bien creo que me tome todo esto. ¿No te parece?
- Uy, no sé. Curtite sola.
Y se levantó y se fue. ¡Sí, se levantó y se fue!
Golpee con fuerza mi almohadón y me quedé allí, en la cama. Sin intención de mucho más.
‘Que importante que soy que me dejas sola en una noche que va a ser interminable.’
‘No se puede hablar si estás así Paula.’
‘¿Cómo queres que esté? ¡Me queres coger para no pensar!’
‘¿Y qué tiene de malo?’
‘Que por más que queramos, no se puede tapar el sol con la mano.’
‘Hace lo que tengas ganas.’
‘Quiero estar con vos, quiero que me abraces. ¡Quiero que te des cuenta que estoy mal!’
‘No me dejas, si reaccionas mal a todo.’
‘Que poca psicología femenina que tenes.’
‘Bueno, es lo que hay.’
‘¿Te enojaste?’
‘Un poco.’
‘¿Podes volver?’
‘Okei…’
Me paré y me levanté para esperarlo precisamente al lado de la puerta.
- Hola. –Dije cuando abrió la puerta.-
- Perdón, pero no te entiendo.
- Yo tampoco me entiendo. –Bajé mi vista.- ¿Me abrazas?
Pedro me abrazó, nos abrazamos. Sonreí.
- Quedate conmigo, por favor.
- Yo también necesito pasar la noche con vos.
- Perdón. –Reí.-
- No pasa nada. –Nos separamos y nos besamos.- Pero tene en cuenta que me pone un poco nervioso la histeria femenina.
-Reí.- Es una situación complicada.
- Lo sé, por eso lo dejo pasar.
-Sonreí y lo besé.- ¿Vamos a acostarnos?
- Dale.
Cerré con llaves la puerta y fuimos a mi habitación.
- ¿A qué hora tenes que ir?
- A las ocho.
- ¿Queres que te acompañe?
- No, prefiero ir solo.
- Ella va. ¿No?
- No tengo idea.
- ¿Seguro queres ir solo?
- Sí, de verdad.
- Bueno, está bien. Como prefieras.
- ¿No te enojas?
- No Pepe. –Lo besé.- ¿Dormimos?
- Dale, y vos no estás enojada.
- Boludo, de verdad. Solo me ofrecí por si no querías estar solo, es tu decisión. Es tu vida.
-Me besó.- Veni…
Hizo que me acomodé sobre su pecho y sonreí, amaba estar así con él.
- Esto va a ser siempre nuestro. –Besó mi cabeza.-
- Descansa Pepe.
- Vos también.
-
Pau se durmió bastante rápido, pero yo sabía que dormir aquella noche iba a ser completamente imposible.
No me moví demasiado para no despertarla, pero toda la tranquilidad que denotaba mi cuerpo la tenía mi mente.
Mañana era el día que tanto esperaba, pero también, al que tanto miedo le tenía.
martes, 24 de marzo de 2015
91.
- Parezco una nena y debo ser re pesada. -Se separó un poco de mí.- Perdón.
- No pidas perdón, reaccionas como podes.
- Puedo poco entonces.
- Hey, deja de maltratarte. –La besé.- De verdad.
-Suspiró.- No doy más.
- La situación no da más. –Suspiré también.- ¿Qué te parece si hacemos algo así nos despejamos?
- ¿Algo como qué?
- ¿Salida?
- ¿A dónde?
- Elegís vos el destino.
- Es temprano para ir a comer.
- No, son cinco y media. Entre que nos acomodamos y vamos, podemos dar una vuelta y comemos temprano así después volvemos con helado. ¿Te parece?
- ¿Podemos ir a comer la picada de la otra vez?
- Obvio que podemos.
-Sonrió.- Amo que me mimes. Me voy a bañar otra vez entonces, porque mi pelo es un asco.
- ¿Comiste algo hoy?
- No.
- Entonces primero come algo, no vaya a ser cosa que te caigas en la bañera.
- Tenes razón. ¿Traes mate?
- Dale.
Fui en busca del mate y merendamos en la cama.
- Me imagino que te vas a vestir para salir.
- ¿Qué? ¿No te gustó así?
- Me encantas, pero sos mía.
- Machista.
- Muy, no te comparto con nadie. –La agarré por la cintura y la besé.-
- ¿Y si no quiero ser tuya?
- Tarde, ya caíste en mis garras.
- Pero podría salir así.
- Te ató a la cama.
- Me gustó la idea eh. –Dijo y mordió mi oreja.-
- ¿Nunca te vas a cansar de volverme loco?
- Jamás.
-Sonreí y me tiré sobre ella, besándola.- No creo que comamos temprano entonces.
- Poco importa. –Nos sonreímos y nos besamos.-
Ella desanudó mi corbata.
- Atame… -Dijo con los ojos cerrados y yo sonreí, agarré la corbata y con eso la até al respaldo de la cama.-
-
- Lo haces tan bien Pedrito. –Dijo jugando con el pelo de mi nuca.-
- ¿Estás mejor?
- Vos siempre haces que esté mejor, era lo que necesitaba. Gracias. –Besó mi nuca.- Me voy a bañar. –Se levantó de la cama, como estaba.-
- Sos un infierno Paulita. –Rio y continuó su camino.-
-
Me bañé mucho más tranquila que la vez pasada y salí envuelta en una toalla.
- Anda a bañarte mientras yo me cambio que ya es tarde Pepe.
- Vos hiciste que se haga tarde.
- ¿Yo?
- Vos empezaste.
- Vos no te pudiste resistir. –Lo besé.- Anda, dale.
Pedro se fue a bañar y yo me vestí en su pieza, me maquillé un poco y sequé mi pelo.
- Ya estoy… -Dijo y me abrazó por la espalda.-
- Yo también. ¿Vamos?
- ¿Vamos?
En el auto.
- Las picadas se pueden llevar también.
- ¿Decís de llevar todo?
- Así no se hace tan tarde.
- Como prefieras.
- Pasamos, compramos todo y nos hacemos una cenita medio romántica en el balcón.
- ¿Vos dijiste romántica? –Pregunté resaltando el adjetivo.-
- ¿Cuál es el problema?
- No, ninguno. –Reí.-
- ¿De qué te reís?
- De que eras el hombre más rudo del universo cuando te conocí.
- Lo sigo siendo.
- Lamento comunicarte que no Pedrito.
- Yo sigo siendo el mismo rudo de siempre, excepto con vos.
- Ahora te creo un poquito más.
- ¿Te gustaba más el rudo?
- Prefiero el tiernito siempre. –Sonrió.-
-
Servimos la picada en el balcón y estábamos los dos comiendo allí.
- Hoy es noche de luna llena. –Dijo.-
- Cuidado. ¡Mira si me convierto en lobo!
- ¿No ves que sos un boludo? –Dijo riendo.-
- Pero te hago reír.
- Y sí, eso sí. Sos medio payaso.
- ¿Payaso yo?
- Sí, vos. –Mordí mis labios como diciendo “Que hammmmmbre.”- No me hagas así.
- ¿Por qué no?
- Porque no.
- Yo soy un payaso pero vos sos una nena entonces.
- Sí, una nena que necesita que la cuiden. –Dijo poniéndose seria.-
-Me acerqué a ella.- Era un chiste Pau, no te pongas mal. –Besé su mejilla.-
- Lo sé, perdón.
- Hoy está prohibido ponerse mal. –Y comencé a hacerle cosquillas.-
- ¡No Pedro!
- Risas, no lágrimas. –Ella reía y yo terminé besándola.-
Terminamos de comer la picada y buscamos una peli para verla con el helado en la cama.
- El plan de peli en la cama es inagotable. –Dijo.-
- ¿Te aburre?
- No, me encanta. ¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
- Porque estamos bien juntitos. –Me besó y yo sonreí.-
El helado ya se había acabado y estábamos los dos mirando la peli, abrazados.
Mis dedos jugaban con su pelo y los suyos con mi barba. Momento de paz, no lo cambiaría por nada.
(Dudo que alguno de los dos le estuviera llevando el hilo a la película).
- Pau.
- ¿Qué Pepe?
- ¿Estás mejor?
- Mucho mejor.
- Ya no sé si quiero ver los resultados por mí o por vos.
- Por los dos.
- Es verdad. –Suspiré.-
- Ya falta menos.
- Por suerte, sí.
- ¿Dormimos?
- Dale. Pero vos dormí eh.
- Tengo sueño, seguro duerma esta noche.
- Mejor así.
- No pidas perdón, reaccionas como podes.
- Puedo poco entonces.
- Hey, deja de maltratarte. –La besé.- De verdad.
-Suspiró.- No doy más.
- La situación no da más. –Suspiré también.- ¿Qué te parece si hacemos algo así nos despejamos?
- ¿Algo como qué?
- ¿Salida?
- ¿A dónde?
- Elegís vos el destino.
- Es temprano para ir a comer.
- No, son cinco y media. Entre que nos acomodamos y vamos, podemos dar una vuelta y comemos temprano así después volvemos con helado. ¿Te parece?
- ¿Podemos ir a comer la picada de la otra vez?
- Obvio que podemos.
-Sonrió.- Amo que me mimes. Me voy a bañar otra vez entonces, porque mi pelo es un asco.
- ¿Comiste algo hoy?
- No.
- Entonces primero come algo, no vaya a ser cosa que te caigas en la bañera.
- Tenes razón. ¿Traes mate?
- Dale.
Fui en busca del mate y merendamos en la cama.
- Me imagino que te vas a vestir para salir.
- ¿Qué? ¿No te gustó así?
- Me encantas, pero sos mía.
- Machista.
- Muy, no te comparto con nadie. –La agarré por la cintura y la besé.-
- ¿Y si no quiero ser tuya?
- Tarde, ya caíste en mis garras.
- Pero podría salir así.
- Te ató a la cama.
- Me gustó la idea eh. –Dijo y mordió mi oreja.-
- ¿Nunca te vas a cansar de volverme loco?
- Jamás.
-Sonreí y me tiré sobre ella, besándola.- No creo que comamos temprano entonces.
- Poco importa. –Nos sonreímos y nos besamos.-
Ella desanudó mi corbata.
- Atame… -Dijo con los ojos cerrados y yo sonreí, agarré la corbata y con eso la até al respaldo de la cama.-
-
- Lo haces tan bien Pedrito. –Dijo jugando con el pelo de mi nuca.-
- ¿Estás mejor?
- Vos siempre haces que esté mejor, era lo que necesitaba. Gracias. –Besó mi nuca.- Me voy a bañar. –Se levantó de la cama, como estaba.-
- Sos un infierno Paulita. –Rio y continuó su camino.-
-
Me bañé mucho más tranquila que la vez pasada y salí envuelta en una toalla.
- Anda a bañarte mientras yo me cambio que ya es tarde Pepe.
- Vos hiciste que se haga tarde.
- ¿Yo?
- Vos empezaste.
- Vos no te pudiste resistir. –Lo besé.- Anda, dale.
Pedro se fue a bañar y yo me vestí en su pieza, me maquillé un poco y sequé mi pelo.
- Ya estoy… -Dijo y me abrazó por la espalda.-
- Yo también. ¿Vamos?
- ¿Vamos?
En el auto.
- Las picadas se pueden llevar también.
- ¿Decís de llevar todo?
- Así no se hace tan tarde.
- Como prefieras.
- Pasamos, compramos todo y nos hacemos una cenita medio romántica en el balcón.
- ¿Vos dijiste romántica? –Pregunté resaltando el adjetivo.-
- ¿Cuál es el problema?
- No, ninguno. –Reí.-
- ¿De qué te reís?
- De que eras el hombre más rudo del universo cuando te conocí.
- Lo sigo siendo.
- Lamento comunicarte que no Pedrito.
- Yo sigo siendo el mismo rudo de siempre, excepto con vos.
- Ahora te creo un poquito más.
- ¿Te gustaba más el rudo?
- Prefiero el tiernito siempre. –Sonrió.-
-
Servimos la picada en el balcón y estábamos los dos comiendo allí.
- Hoy es noche de luna llena. –Dijo.-
- Cuidado. ¡Mira si me convierto en lobo!
- ¿No ves que sos un boludo? –Dijo riendo.-
- Pero te hago reír.
- Y sí, eso sí. Sos medio payaso.
- ¿Payaso yo?
- Sí, vos. –Mordí mis labios como diciendo “Que hammmmmbre.”- No me hagas así.
- ¿Por qué no?
- Porque no.
- Yo soy un payaso pero vos sos una nena entonces.
- Sí, una nena que necesita que la cuiden. –Dijo poniéndose seria.-
-Me acerqué a ella.- Era un chiste Pau, no te pongas mal. –Besé su mejilla.-
- Lo sé, perdón.
- Hoy está prohibido ponerse mal. –Y comencé a hacerle cosquillas.-
- ¡No Pedro!
- Risas, no lágrimas. –Ella reía y yo terminé besándola.-
Terminamos de comer la picada y buscamos una peli para verla con el helado en la cama.
- El plan de peli en la cama es inagotable. –Dijo.-
- ¿Te aburre?
- No, me encanta. ¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
- Porque estamos bien juntitos. –Me besó y yo sonreí.-
El helado ya se había acabado y estábamos los dos mirando la peli, abrazados.
Mis dedos jugaban con su pelo y los suyos con mi barba. Momento de paz, no lo cambiaría por nada.
(Dudo que alguno de los dos le estuviera llevando el hilo a la película).
- Pau.
- ¿Qué Pepe?
- ¿Estás mejor?
- Mucho mejor.
- Ya no sé si quiero ver los resultados por mí o por vos.
- Por los dos.
- Es verdad. –Suspiré.-
- Ya falta menos.
- Por suerte, sí.
- ¿Dormimos?
- Dale. Pero vos dormí eh.
- Tengo sueño, seguro duerma esta noche.
- Mejor así.
90.
Respiraba lo más tranquila que podía sobre su pecho mientras él jugaba con mi pelo.
- Dormí Pepe. –Dije buscando su barba.-
- Vos también entonces.
- Yo de última falto a la facu.
- ¿Vos? ¿Faltar?
-Reí.- Capaz llueva. ¿No?
- Capaz no, seguro. –Reímos.-
- Bueno che.
- Fue un chiste. –Besó mi cabeza.- Descansa, dale.
- Vos también… -Busqué su mano e hice que me abrazara.-
Él se durmió antes que yo y se me hizo imposible dormirme.
Su alarma sonó y yo seguía con mis ojos abiertos.
- Pau. ¿No dormiste?
- No, no pude pegar un ojo.
- ¿Va a llover de verdad?
- No sé, entre todo lo que pasa y que dormí toda la tarde.
-Besó mi cabeza.- Puedo quedarme con vos hasta que te duermas.
- Sos un tierno, pero no vas a llegar tarde al trabajo por mí.
- ¿Segura?
- Sí Pepe, anda. ¿No te jode que me quede acá?
- ¿Qué? ¿Cómo me va a joder?
- No sé, pregunto.
- Podes estar acá todo el tiempo que quieras y si estás cuando vuelva de trabajar, mejor. –Me besó.- Descansa.
- Que tengas un buen día.
- Voy a tratar, tenelo vos también. –Me dio un último beso y se levantó de la cama.-
Escuché cuando se bañó, cuando se cambió y cuando desayunó. Por fin escuché la cerradura y suspiré, no aguantaba más el llanto.
Me senté en la cama y me apoyé contra el respaldo abrazando mis piernas. Necesitaba un minuto de paz y no lo encontraba en ningún lado.
Ya hacía meses que no cantaba, ya ni siquiera sacaba lo feo de adentro haciendo eso. Ya ni me preocupaba.
Solo lo quería a él, solo lo necesitaba a él. Él era mi mundo y no podría soportar el hecho de perderlo.
¿Quién fue el forro que pensó la vida así? ¿Lo bueno se termina rápido y lo malo es eterno? ¡Malísimo flaco! ¡Malísimo!
Me levanté de la cama y me acerqué al espejo de la cómoda, mi delineador estaba todo corrido y mis ojos desbordaban con tantas lágrimas. Necesitaba que él apareciera detrás de mí y me abrazara, tenía la necesidad de escucharlo prometiéndome que todo estaría bien.
Casi por impulso lo llamé, no me importaba interrumpirlo.
- Conversación telefónica -
- Hola Pau. ¿Pasó algo?
- Necesitaba escucharte. –Dije tratando de que el llanto no perjudicara el entendimiento de mis palabras.-
- ¿Estás llorando?
- Sí, no puedo parar. Te juro que no puedo parar.
- ¿Queres que vuelva? Todavía no llegué a la oficina.
- No Pepe, no hace falta. –Suspiré.- Solo necesitaba escucharte.
- Escuchame, primero trata de tranquilizarte. Respira un poco y lavate la cara. Segundo, en el cajón de la cocina hay unas pastillas que son naturales, de tilo y todo eso, tomate una así te relajas y podes dormir.
- Bueno, ahora busco.
- Voy a tratar de volver temprano.
- Si tenes cosas importantes no las postergues por mí.
- Vos sos importante. –Sonreí.-
- Volve con muchas ganas de abrazarme, por favor.
- Siempre tengo ganas de abrazarte. –Volví a sonreír.-
- ¿Te puedo pedir algo?
- ¿Qué?
- ¿Me prometes que va a estar todo bien? ¿Qué nada va a cambiar entre nosotros?
- No, no te lo prometo. Te lo juro Pau.
-Suspiré.- Gracias, necesitaba escucharlo. –Me dejé caer en la cama.-
- No llores más, dale.
- Ahora voy a buscar eso que me dijiste, seguro primero me dé una ducha y después me acueste.
- Hace lo que quieras, es tu casa.
- Gracias.
- Sh… Cualquier cosa llamame. ¿Sí? Hoy tengo laburo pero en la oficina, no tengo ninguna reunión asique puedo atenderte.
- Bueno, está bien.
- Hay más chocolates en la caja.
-Reí.- No te molesto más.
- No molestas nunca vos.
- Gracias Pepe, de verdad. Necesitaba escucharte.
- Trata de descansar.
- Dale, estoy por entrar a ducharme.
- Pau…
- ¿Qué? –Dije cerrando la puerta del baño.-
- Te quiero más de lo que te imaginas, sos la persona más importante para mí.
-Sonreí.- Me hace muy bien saberlo. –Hice una pausa.- Pero anda a trabajar, dale.
- Mientras hablo con vos camino eh.
- Te dejo, de verdad. Gracias.
- Cualquier cosa llamame. ¿Sí?
- Dale, te llamo.
- No llores más, por favor.
- Voy a tratar.
- Un beso.
- Otro lindo.
- Fin de la conversación telefónica –
Suspiré, definitivamente necesitaba escucharlo.
Me metí en la ducha así como estaba, ya que nunca me había puesto nada para dormir y dejé que el agua caliente cayera sobre mi cabeza y mi nuca.
Me quedé allí un tiempo indeterminado, el agua cayó sobre mí todo el tiempo que yo tardé en dejar de llorar.
Cerré el agua y sequé mi cuerpo con cuidado, tratando de mimarme un poco. Me puse un conjunto de ropa interior e hice un rodete en mi pelo. Busqué la pastilla en la cocina y me la tomé.
Volví a la habitación de Pepe y acomodé un poco la cama, me tapé y abracé fuerte su almohada. Necesitaba sentirlo cerca.
Después de un largo rato, logré por fin, conciliar el sueño.
-
Varios sentimientos son los que Paula logró despertar en mí: el amor, la ternura, la felicidad… Y la culpa. Sí, me sentía culpable cada vez que le hacía mal. No lo soportaba.
Pasar el día sabiendo que no podía dejar de llorar por mi culpa me destruía.
Intenté hacer todo lo más rápido posible y ni siquiera me tomé el tiempo del almuerzo.
A las cuatro de la tarde estaba saliendo de la oficina, tiempo récord.
Viajé hasta mi casa y al llegar escuché la tele en mi cuarto. Dejé mi saco y mi bolso y fui hasta allí.
Ninguno dijo nada, tan solo nos abrazamos y ella volvió a llorar.
- No, dale. No llores más.
- Me siento una pelotuda.
-Besé su mejilla.- Tranquila. –La abracé más fuerte y me acosté así, sin soltarla.-
- Dormí Pepe. –Dije buscando su barba.-
- Vos también entonces.
- Yo de última falto a la facu.
- ¿Vos? ¿Faltar?
-Reí.- Capaz llueva. ¿No?
- Capaz no, seguro. –Reímos.-
- Bueno che.
- Fue un chiste. –Besó mi cabeza.- Descansa, dale.
- Vos también… -Busqué su mano e hice que me abrazara.-
Él se durmió antes que yo y se me hizo imposible dormirme.
Su alarma sonó y yo seguía con mis ojos abiertos.
- Pau. ¿No dormiste?
- No, no pude pegar un ojo.
- ¿Va a llover de verdad?
- No sé, entre todo lo que pasa y que dormí toda la tarde.
-Besó mi cabeza.- Puedo quedarme con vos hasta que te duermas.
- Sos un tierno, pero no vas a llegar tarde al trabajo por mí.
- ¿Segura?
- Sí Pepe, anda. ¿No te jode que me quede acá?
- ¿Qué? ¿Cómo me va a joder?
- No sé, pregunto.
- Podes estar acá todo el tiempo que quieras y si estás cuando vuelva de trabajar, mejor. –Me besó.- Descansa.
- Que tengas un buen día.
- Voy a tratar, tenelo vos también. –Me dio un último beso y se levantó de la cama.-
Escuché cuando se bañó, cuando se cambió y cuando desayunó. Por fin escuché la cerradura y suspiré, no aguantaba más el llanto.
Me senté en la cama y me apoyé contra el respaldo abrazando mis piernas. Necesitaba un minuto de paz y no lo encontraba en ningún lado.
Ya hacía meses que no cantaba, ya ni siquiera sacaba lo feo de adentro haciendo eso. Ya ni me preocupaba.
Solo lo quería a él, solo lo necesitaba a él. Él era mi mundo y no podría soportar el hecho de perderlo.
¿Quién fue el forro que pensó la vida así? ¿Lo bueno se termina rápido y lo malo es eterno? ¡Malísimo flaco! ¡Malísimo!
Me levanté de la cama y me acerqué al espejo de la cómoda, mi delineador estaba todo corrido y mis ojos desbordaban con tantas lágrimas. Necesitaba que él apareciera detrás de mí y me abrazara, tenía la necesidad de escucharlo prometiéndome que todo estaría bien.
Casi por impulso lo llamé, no me importaba interrumpirlo.
- Conversación telefónica -
- Hola Pau. ¿Pasó algo?
- Necesitaba escucharte. –Dije tratando de que el llanto no perjudicara el entendimiento de mis palabras.-
- ¿Estás llorando?
- Sí, no puedo parar. Te juro que no puedo parar.
- ¿Queres que vuelva? Todavía no llegué a la oficina.
- No Pepe, no hace falta. –Suspiré.- Solo necesitaba escucharte.
- Escuchame, primero trata de tranquilizarte. Respira un poco y lavate la cara. Segundo, en el cajón de la cocina hay unas pastillas que son naturales, de tilo y todo eso, tomate una así te relajas y podes dormir.
- Bueno, ahora busco.
- Voy a tratar de volver temprano.
- Si tenes cosas importantes no las postergues por mí.
- Vos sos importante. –Sonreí.-
- Volve con muchas ganas de abrazarme, por favor.
- Siempre tengo ganas de abrazarte. –Volví a sonreír.-
- ¿Te puedo pedir algo?
- ¿Qué?
- ¿Me prometes que va a estar todo bien? ¿Qué nada va a cambiar entre nosotros?
- No, no te lo prometo. Te lo juro Pau.
-Suspiré.- Gracias, necesitaba escucharlo. –Me dejé caer en la cama.-
- No llores más, dale.
- Ahora voy a buscar eso que me dijiste, seguro primero me dé una ducha y después me acueste.
- Hace lo que quieras, es tu casa.
- Gracias.
- Sh… Cualquier cosa llamame. ¿Sí? Hoy tengo laburo pero en la oficina, no tengo ninguna reunión asique puedo atenderte.
- Bueno, está bien.
- Hay más chocolates en la caja.
-Reí.- No te molesto más.
- No molestas nunca vos.
- Gracias Pepe, de verdad. Necesitaba escucharte.
- Trata de descansar.
- Dale, estoy por entrar a ducharme.
- Pau…
- ¿Qué? –Dije cerrando la puerta del baño.-
- Te quiero más de lo que te imaginas, sos la persona más importante para mí.
-Sonreí.- Me hace muy bien saberlo. –Hice una pausa.- Pero anda a trabajar, dale.
- Mientras hablo con vos camino eh.
- Te dejo, de verdad. Gracias.
- Cualquier cosa llamame. ¿Sí?
- Dale, te llamo.
- No llores más, por favor.
- Voy a tratar.
- Un beso.
- Otro lindo.
- Fin de la conversación telefónica –
Suspiré, definitivamente necesitaba escucharlo.
Me metí en la ducha así como estaba, ya que nunca me había puesto nada para dormir y dejé que el agua caliente cayera sobre mi cabeza y mi nuca.
Me quedé allí un tiempo indeterminado, el agua cayó sobre mí todo el tiempo que yo tardé en dejar de llorar.
Cerré el agua y sequé mi cuerpo con cuidado, tratando de mimarme un poco. Me puse un conjunto de ropa interior e hice un rodete en mi pelo. Busqué la pastilla en la cocina y me la tomé.
Volví a la habitación de Pepe y acomodé un poco la cama, me tapé y abracé fuerte su almohada. Necesitaba sentirlo cerca.
Después de un largo rato, logré por fin, conciliar el sueño.
-
Varios sentimientos son los que Paula logró despertar en mí: el amor, la ternura, la felicidad… Y la culpa. Sí, me sentía culpable cada vez que le hacía mal. No lo soportaba.
Pasar el día sabiendo que no podía dejar de llorar por mi culpa me destruía.
Intenté hacer todo lo más rápido posible y ni siquiera me tomé el tiempo del almuerzo.
A las cuatro de la tarde estaba saliendo de la oficina, tiempo récord.
Viajé hasta mi casa y al llegar escuché la tele en mi cuarto. Dejé mi saco y mi bolso y fui hasta allí.
Ninguno dijo nada, tan solo nos abrazamos y ella volvió a llorar.
- No, dale. No llores más.
- Me siento una pelotuda.
-Besé su mejilla.- Tranquila. –La abracé más fuerte y me acosté así, sin soltarla.-
lunes, 23 de marzo de 2015
89.
Estaba muerta, entre que casi no había dormido las dos últimas noches y el hecho de tener que fingir estar bien para que Pepe no termine de desarmarse (más el examen) me habían dejado de cama.
Faltaban más de tres horas para que Pedro saliera de su trabajo, asique me armé un bolsito y me fui a su casa. Pensaba dormir en su cama una siesta, lo necesitaba.
Amaba acostarme en su cama y dormirme con su perfume impregnado.
-
Por fin se hizo la hora de salir del trabajo, me pedí un taxi para volver a mi casa porque mi humor no estaba como para aguantarme un transporte público en hora pico. Claramente no.
Pasé por una panadería a comprar unas medialunas y subí a mi casa.
Creí que Pau iba a estar allí, asique la llamé y su celular sonó en mi casa. Corté rápidamente y la encontré en mi cama. Sonreí y besé su mejilla, busqué cuidadosamente ropa para cambiarme y me cambié en el baño.
Luego, rellené las medialunas con jamón y queso para a la hora de cenar, cocinarlas y ya tener la lista cena.
No quería despertarla, asique me acomodé en el sillón a ver la tele mientras me tomaba una cerveza que intentaba congelar mis pensamientos.
- Hola. –Dijo parada bajo el umbral de la puerta.- No te escuché llegar.
- Me di cuenta. –Reí.- Estabas planchadísima.
- No daba más. –Dijo y se acercó a mí para sentase sobre mis piernas.-
- No pasa nada, estabas en todo tu derecho de dormir. –Nos dimos un beso.-
- Igual sigo muerta. –Se apoyó en mí y su cabeza quedó en mi hombro.-
- La situación nos tiene destruidos a los dos, perdón.
- No tenes que pedir perdón. –Suspiró.- Estaría copado poder dormir hasta el día de los resultados.
- No me lo digas dos veces que me empastillo.
- ¡Nene!
- ¿Qué?
- Es peligroso.
- Más peligrosa es mi cabeza.
-Besó mi sien.- Yo estoy con vos. ¿Sabes?
- ¿Y después?
- No pensemos en el futuro. –Me abrazó.- Hace un esfuerzo, no te maquines.
- ¿Cómo hago?
- Por favor Pepe…
- Hoy tomé un ansiolítico igual.
- ¿Por qué?
- El médico me los dio para cuando estoy muy estresado, a modo de prevención.
- Tomalos entonces… -Se acurrucó en mi pecho.- Por favor.
- No te preocupes, yo voy a estar bien. –La abracé y besé su cabeza.-
- No quiero que te pase nada.
- No me va a pasar nada, te lo prometo.
La abracé más fuerte y ella posó su mano en mi pecho, cerró sus ojos y derramó una lágrima.
- No, no llores.
- Perdón.
- Sh…
Nos quedamos así por un rato, yo acariciaba su espalda y ella mantenía sus ojos cerrados.
-Se levantó.- Soy medio gila a veces.
- No sos gila, sos hermosa. Sos muy tierna. –La besé.- Me mata que te preocupes así por mí.
- Me muero si te pasa algo Pepe.
- No me va a pasar nada. –Tomé sus manos entre las mías.- En serio.
-Me besó.- ¿Qué vamos a comer?
- Hay medialunas con jamón y queso, solo hay que pasarlas por el horno.
- Qué rico, me muero de hambre.
- Voy a ponerlas.
- Voy yo, no te preocupes.
Ella se levantó y agarró mi vaso.
- ¿No estás tomando mucho vos?
- Conozco mi cuerpo Pau.
- Espero.
Y se fue. Suspiré, no soportaba hacerle mal.
A los minutos, volvió con la comida y la dejó sobre la mesita ratona. Se fue a la cocina otra vez y volvió con bebida y dos vasos.
Cenamos intentando esquivar el tema y lo logramos, terminamos riendo.
- Hay unos chocolates en la cocina. ¿Queres? –Le pregunté mientras levantaba las cosas.-
- ¿Qué pregunta es esa? –Dijo riendo.- ¿En dónde?
- En la caja de arriba de la heladera.
- Lavo y los traigo.
- En el balcón.
- Dale. –Sonrió, nos dimos un beso y se fue.-
Necesitaba generar momentos todo el tiempo, no quería tiempo muerto. No quería pincharme ni que se pinche.
-
Él la remaba tanto como yo y esta situación era una mierda. Así de simple.
No veía la hora de que pasara esta maldita semana y que esos resultados sean negativos. No quería ni barajar la posibilidad de que el resultado fuese el contrario.
Terminé de lavar todo y busqué los chocolates.
Cuando volví al living Pedro ya estaba en el balcón. Salí y me senté a su lado.
- Cuando era chiquito mamá siempre me llevaba a ver las estrellas cuando estaba fastidioso y es algo que me quedó. –Suspiró.- Ver el cielo de noche me tranquiliza bastante. –Besé su mejilla.- Más si estoy con vos.
- Amo mirar el cielo. –Nos dimos un beso y abrimos un chocolate.-
- No sé cómo voy a aguantar. –Confesé.-
- Te juro que yo tampoco. –Me abrazó por el costado y apoyé mi cabeza en su hombro.-
- Capaz, cuando nos demos cuenta ya tenes el sobre.
- Espero. –Suspiramos al unísono.-
- ¿Vamos a la cama?
- Mmm… Un ratito más.
-Sonreí.- Bueno, está bien.
Nos quedamos un ratito más en el balcón hasta que yo no aguante más el viento tan helado y entramos.
Cerramos la casa entre los dos y fuimos al cuarto.
- Necesito sentirte. –Dijo besándome.-
- Yo necesito sentirte a vos. –Dije al borde del llanto.-
- Perdón, yo sé que es una situación de mierda.
- No tenes que pedirme perdón.
- No me gusta que estés así… Estamos por hacer el amor y vos estás llorando.
- No pasa nada. –Lo besé.- Necesito que lo hagamos. Eso me hace sentir que no dejé de ser importante en tu vida.
- Nunca dejarías de serlo. –Me besó.- Dale, no llores. Por favor.
- Besame entonces.
- Sus deseos son órdenes señorita.
Los besos nos llevaron hasta el cuarto y allí terminamos, ambos completamente desnudos y sintiéndonos.
Amaba hacerlo con él, amaba sentirme suya. Amaba saber, que al menos en ese momento, yo era su mundo.
Faltaban más de tres horas para que Pedro saliera de su trabajo, asique me armé un bolsito y me fui a su casa. Pensaba dormir en su cama una siesta, lo necesitaba.
Amaba acostarme en su cama y dormirme con su perfume impregnado.
-
Por fin se hizo la hora de salir del trabajo, me pedí un taxi para volver a mi casa porque mi humor no estaba como para aguantarme un transporte público en hora pico. Claramente no.
Pasé por una panadería a comprar unas medialunas y subí a mi casa.
Creí que Pau iba a estar allí, asique la llamé y su celular sonó en mi casa. Corté rápidamente y la encontré en mi cama. Sonreí y besé su mejilla, busqué cuidadosamente ropa para cambiarme y me cambié en el baño.
Luego, rellené las medialunas con jamón y queso para a la hora de cenar, cocinarlas y ya tener la lista cena.
No quería despertarla, asique me acomodé en el sillón a ver la tele mientras me tomaba una cerveza que intentaba congelar mis pensamientos.
- Hola. –Dijo parada bajo el umbral de la puerta.- No te escuché llegar.
- Me di cuenta. –Reí.- Estabas planchadísima.
- No daba más. –Dijo y se acercó a mí para sentase sobre mis piernas.-
- No pasa nada, estabas en todo tu derecho de dormir. –Nos dimos un beso.-
- Igual sigo muerta. –Se apoyó en mí y su cabeza quedó en mi hombro.-
- La situación nos tiene destruidos a los dos, perdón.
- No tenes que pedir perdón. –Suspiró.- Estaría copado poder dormir hasta el día de los resultados.
- No me lo digas dos veces que me empastillo.
- ¡Nene!
- ¿Qué?
- Es peligroso.
- Más peligrosa es mi cabeza.
-Besó mi sien.- Yo estoy con vos. ¿Sabes?
- ¿Y después?
- No pensemos en el futuro. –Me abrazó.- Hace un esfuerzo, no te maquines.
- ¿Cómo hago?
- Por favor Pepe…
- Hoy tomé un ansiolítico igual.
- ¿Por qué?
- El médico me los dio para cuando estoy muy estresado, a modo de prevención.
- Tomalos entonces… -Se acurrucó en mi pecho.- Por favor.
- No te preocupes, yo voy a estar bien. –La abracé y besé su cabeza.-
- No quiero que te pase nada.
- No me va a pasar nada, te lo prometo.
La abracé más fuerte y ella posó su mano en mi pecho, cerró sus ojos y derramó una lágrima.
- No, no llores.
- Perdón.
- Sh…
Nos quedamos así por un rato, yo acariciaba su espalda y ella mantenía sus ojos cerrados.
-Se levantó.- Soy medio gila a veces.
- No sos gila, sos hermosa. Sos muy tierna. –La besé.- Me mata que te preocupes así por mí.
- Me muero si te pasa algo Pepe.
- No me va a pasar nada. –Tomé sus manos entre las mías.- En serio.
-Me besó.- ¿Qué vamos a comer?
- Hay medialunas con jamón y queso, solo hay que pasarlas por el horno.
- Qué rico, me muero de hambre.
- Voy a ponerlas.
- Voy yo, no te preocupes.
Ella se levantó y agarró mi vaso.
- ¿No estás tomando mucho vos?
- Conozco mi cuerpo Pau.
- Espero.
Y se fue. Suspiré, no soportaba hacerle mal.
A los minutos, volvió con la comida y la dejó sobre la mesita ratona. Se fue a la cocina otra vez y volvió con bebida y dos vasos.
Cenamos intentando esquivar el tema y lo logramos, terminamos riendo.
- Hay unos chocolates en la cocina. ¿Queres? –Le pregunté mientras levantaba las cosas.-
- ¿Qué pregunta es esa? –Dijo riendo.- ¿En dónde?
- En la caja de arriba de la heladera.
- Lavo y los traigo.
- En el balcón.
- Dale. –Sonrió, nos dimos un beso y se fue.-
Necesitaba generar momentos todo el tiempo, no quería tiempo muerto. No quería pincharme ni que se pinche.
-
Él la remaba tanto como yo y esta situación era una mierda. Así de simple.
No veía la hora de que pasara esta maldita semana y que esos resultados sean negativos. No quería ni barajar la posibilidad de que el resultado fuese el contrario.
Terminé de lavar todo y busqué los chocolates.
Cuando volví al living Pedro ya estaba en el balcón. Salí y me senté a su lado.
- Cuando era chiquito mamá siempre me llevaba a ver las estrellas cuando estaba fastidioso y es algo que me quedó. –Suspiró.- Ver el cielo de noche me tranquiliza bastante. –Besé su mejilla.- Más si estoy con vos.
- Amo mirar el cielo. –Nos dimos un beso y abrimos un chocolate.-
- No sé cómo voy a aguantar. –Confesé.-
- Te juro que yo tampoco. –Me abrazó por el costado y apoyé mi cabeza en su hombro.-
- Capaz, cuando nos demos cuenta ya tenes el sobre.
- Espero. –Suspiramos al unísono.-
- ¿Vamos a la cama?
- Mmm… Un ratito más.
-Sonreí.- Bueno, está bien.
Nos quedamos un ratito más en el balcón hasta que yo no aguante más el viento tan helado y entramos.
Cerramos la casa entre los dos y fuimos al cuarto.
- Necesito sentirte. –Dijo besándome.-
- Yo necesito sentirte a vos. –Dije al borde del llanto.-
- Perdón, yo sé que es una situación de mierda.
- No tenes que pedirme perdón.
- No me gusta que estés así… Estamos por hacer el amor y vos estás llorando.
- No pasa nada. –Lo besé.- Necesito que lo hagamos. Eso me hace sentir que no dejé de ser importante en tu vida.
- Nunca dejarías de serlo. –Me besó.- Dale, no llores. Por favor.
- Besame entonces.
- Sus deseos son órdenes señorita.
Los besos nos llevaron hasta el cuarto y allí terminamos, ambos completamente desnudos y sintiéndonos.
Amaba hacerlo con él, amaba sentirme suya. Amaba saber, que al menos en ese momento, yo era su mundo.
domingo, 22 de marzo de 2015
88.
- ¿Vamos a dormir? –Pregunté y lo tomé por su cuello para besarlo.-
- Por favor.
- ¿Queres un té relajante?
- Prefiero unos masajitos.
- Mmm… Bueno, está bien. Esperame en la cama que busco una crema en el baño.
- Dale. –Nos dimos un beso y él se fue a la cama.-
Busqué la crema en el baño y después de revisar que la puerta y las ventanas estén cerradas, fui con él.
- Sentate. –Pepe se sentó sobre la cama y yo me arrodillé detrás de él- Relajate, cerra los ojos, respira hondo… -Besé su nuca.- Que tu cabeza va a mil y te va hacer mal, no tenes que olvidarte que tenes un corazón un poco débil.
- ¿Cuándo te fuiste no te acordaste de eso?
- ¡Hey! No seas malo.
- No soy malo…
- ¿No tenía razón?
- Sí, tenías razón. –Buscó mi mano y la besó.-
- Entonces cerremos el pase de facturas por favor. –Reímos y besé su mejilla.-
Llené de crema mis manos y le hice masajes en toda su espalda, los omoplatos y el cuello.
Cuando mis manos y su piel ya habían absorbido toda la crema, subí por su cabeza y también le hice masajes allí.
- Me dejas hecho un bebé.
- Soy infalible.
- Menos mal que me quedé.
-Reí.- Veni… -Dije ya acostada.-
- Voy al baño y vengo.
- Bueno, pero apurate.
- ¿Por?
- Necesito unos besitos antes de dormirme.
- Mmm… -Reímos y se fue.-
A los pocos minutos, yo estaba boca abajo, haciéndome la dormida.
- ¿No me digas que te dormiste? –Se acostó sobre mi cuerpo y corrió el pelo de mi cuello y mi nuca.- Na… ¿En serio? –Me llenó de besos y yo suspiré.-
- ¿Por qué sos así?
- ¿Así cómo?
- Así de perfecto para mí.
-Besó mi nuca sentidamente y sonreí.- Vos sos perfecta para mí. ¿Queres masajitos vos también?
- Es imposible negarse.
Se sentó sobre mi cintura y masajeo mi espalda…
- Ahora sí… Estamos los dos relajaditos. –Dijo y se acostó a mi lado, estábamos frente a frente.-
- No te preocupes, va a estar todo bien. –Dije y busqué su mano.-
-Suspiró.- Eso espero.
-Besé su mano.- Descansa y no pienses en nada.
- Gracias… Te quiero.
- Y yo te quiero a vos. –Besé sus labios.-
Y nos quedamos dormidos así, enfrentados y tomados de la mano.
Al día siguiente, lo escuché despertarse y cuando se fue me levanté para poder bañarme, necesitaba despabilarme porque sino no llegaría ni al uno en el examen.
Desayuné un café bien cargado y me fui rumbo a la universidad.
Moría de nervios, pero no estaba muy segura de que los nervios fuesen producto del examen que estaba por rendir. Suspiré y ni bien llegué le envíe un wp a Pedro.
‘Buen día… Ya estoy en la facu.’
‘Buen día Pau. Éxitos para el examen, aunque sé que no lo necesitas.’
‘Jajaja! Gracias. ¿Cómo estás?’
‘Cómo puedo. ¿Vos?’
‘Igual. ¿Nos vemos a la noche?’
‘No creo que pueda dormir sin vos en estas condiciones.’
‘Hoy voy a tu casa, así estamos más cómodos. Te dejo que quiero repasar, te aviso cuando sepa la nota. Trata de despejarte. ¿Sí?’
‘Dale, avisame.’
Me senté en un pasillo de la universidad a repasar los contenidos del examen y no entendía por qué lo hacía si lo sabía todo. Como detestaba la inseguridad.
-
Estaba tratando de distenderme poniendo la cabeza en el laburo cuando suena mi celular, creí que era Pau que había salido de rendir, pero no.
Era Julia, otra vez Julia.
¿No se iba a cansar nunca?
Me estaba enviando un montón de fotos de una ecografía y de estudios.
‘No puedo creer como pensas que podría engañarte con algo así.’
Mis ojos se llenaron de lágrimas y decidí no responderle. No iba a entrar en su juego, no iba a dejar que me manipule como tenga ganas.
Dejé el celular a un lado y me dediqué a terminar unos informes que debía entregar, al menos era más divertido que imaginarme con un bebé.
‘Pepe… Me saqué un 8.’
‘¡Bien ahí genia! Te felicito.’
‘Gracias… ¿Te falta mucho para salir a almorzar?’
‘Media hora como mucho.’
‘¿Queres que te espere por acá y almorzamos juntos?’
‘Por favor, necesito verte. ¿Nos encontramos en el bar de la esquina?’
‘Dale, te espero por ahí.’
Siempre esperaba el break contando hasta los segundos, pero hoy aún más.
Por fin se hizo la hora de salir, busqué mi celular y cerré mi oficina. Salí del edificio sin llevarle el apunte al resto de la empresa y caminé muy apresurado hasta llegar a donde estaba.
- Hola… -Dije y la abracé.-
- Hola Pepe. –Me abrazó también y besó mi mejilla.- ¿Pasó algo?
- No importa, vos abrazame.
- Siempre. –Me abrazó más fuerte.-
Después de algunos minutos entramos al bar e hicimos nuestro pedido.
- ¿Me contas qué pasó?
- Me mandó fotos, no sé. Es una sínica. ¿Cómo puede estar tan segura de que es mío?
- No sé Pepe. Es su cuerpo, quizás lo siente.
- No puedo creerle ni media palabra.
- Bueno, tranquilo. –Tomó mi mano.- Todavía no sabemos el resultado de los análisis.
- Ojala pudiese saberlo ahora.
- Pero no se puede, trata de estar lo más calmo posible.
- No puedo, te juro.
- Me da miedo que estés tan nervioso.
-Suspiré.- Lo único que me falta es terminar internado por culpa de esta pelotuda.
-Se levantó de su silla y se sentó a mi lado, yo estaba en un sillón.- Tranquilo. –Besó mi cuello y apoyó su mentón en mi hombro.- Tranquilo.
- Por favor.
- ¿Queres un té relajante?
- Prefiero unos masajitos.
- Mmm… Bueno, está bien. Esperame en la cama que busco una crema en el baño.
- Dale. –Nos dimos un beso y él se fue a la cama.-
Busqué la crema en el baño y después de revisar que la puerta y las ventanas estén cerradas, fui con él.
- Sentate. –Pepe se sentó sobre la cama y yo me arrodillé detrás de él- Relajate, cerra los ojos, respira hondo… -Besé su nuca.- Que tu cabeza va a mil y te va hacer mal, no tenes que olvidarte que tenes un corazón un poco débil.
- ¿Cuándo te fuiste no te acordaste de eso?
- ¡Hey! No seas malo.
- No soy malo…
- ¿No tenía razón?
- Sí, tenías razón. –Buscó mi mano y la besó.-
- Entonces cerremos el pase de facturas por favor. –Reímos y besé su mejilla.-
Llené de crema mis manos y le hice masajes en toda su espalda, los omoplatos y el cuello.
Cuando mis manos y su piel ya habían absorbido toda la crema, subí por su cabeza y también le hice masajes allí.
- Me dejas hecho un bebé.
- Soy infalible.
- Menos mal que me quedé.
-Reí.- Veni… -Dije ya acostada.-
- Voy al baño y vengo.
- Bueno, pero apurate.
- ¿Por?
- Necesito unos besitos antes de dormirme.
- Mmm… -Reímos y se fue.-
A los pocos minutos, yo estaba boca abajo, haciéndome la dormida.
- ¿No me digas que te dormiste? –Se acostó sobre mi cuerpo y corrió el pelo de mi cuello y mi nuca.- Na… ¿En serio? –Me llenó de besos y yo suspiré.-
- ¿Por qué sos así?
- ¿Así cómo?
- Así de perfecto para mí.
-Besó mi nuca sentidamente y sonreí.- Vos sos perfecta para mí. ¿Queres masajitos vos también?
- Es imposible negarse.
Se sentó sobre mi cintura y masajeo mi espalda…
- Ahora sí… Estamos los dos relajaditos. –Dijo y se acostó a mi lado, estábamos frente a frente.-
- No te preocupes, va a estar todo bien. –Dije y busqué su mano.-
-Suspiró.- Eso espero.
-Besé su mano.- Descansa y no pienses en nada.
- Gracias… Te quiero.
- Y yo te quiero a vos. –Besé sus labios.-
Y nos quedamos dormidos así, enfrentados y tomados de la mano.
Al día siguiente, lo escuché despertarse y cuando se fue me levanté para poder bañarme, necesitaba despabilarme porque sino no llegaría ni al uno en el examen.
Desayuné un café bien cargado y me fui rumbo a la universidad.
Moría de nervios, pero no estaba muy segura de que los nervios fuesen producto del examen que estaba por rendir. Suspiré y ni bien llegué le envíe un wp a Pedro.
‘Buen día… Ya estoy en la facu.’
‘Buen día Pau. Éxitos para el examen, aunque sé que no lo necesitas.’
‘Jajaja! Gracias. ¿Cómo estás?’
‘Cómo puedo. ¿Vos?’
‘Igual. ¿Nos vemos a la noche?’
‘No creo que pueda dormir sin vos en estas condiciones.’
‘Hoy voy a tu casa, así estamos más cómodos. Te dejo que quiero repasar, te aviso cuando sepa la nota. Trata de despejarte. ¿Sí?’
‘Dale, avisame.’
Me senté en un pasillo de la universidad a repasar los contenidos del examen y no entendía por qué lo hacía si lo sabía todo. Como detestaba la inseguridad.
-
Estaba tratando de distenderme poniendo la cabeza en el laburo cuando suena mi celular, creí que era Pau que había salido de rendir, pero no.
Era Julia, otra vez Julia.
¿No se iba a cansar nunca?
Me estaba enviando un montón de fotos de una ecografía y de estudios.
‘No puedo creer como pensas que podría engañarte con algo así.’
Mis ojos se llenaron de lágrimas y decidí no responderle. No iba a entrar en su juego, no iba a dejar que me manipule como tenga ganas.
Dejé el celular a un lado y me dediqué a terminar unos informes que debía entregar, al menos era más divertido que imaginarme con un bebé.
‘Pepe… Me saqué un 8.’
‘¡Bien ahí genia! Te felicito.’
‘Gracias… ¿Te falta mucho para salir a almorzar?’
‘Media hora como mucho.’
‘¿Queres que te espere por acá y almorzamos juntos?’
‘Por favor, necesito verte. ¿Nos encontramos en el bar de la esquina?’
‘Dale, te espero por ahí.’
Siempre esperaba el break contando hasta los segundos, pero hoy aún más.
Por fin se hizo la hora de salir, busqué mi celular y cerré mi oficina. Salí del edificio sin llevarle el apunte al resto de la empresa y caminé muy apresurado hasta llegar a donde estaba.
- Hola… -Dije y la abracé.-
- Hola Pepe. –Me abrazó también y besó mi mejilla.- ¿Pasó algo?
- No importa, vos abrazame.
- Siempre. –Me abrazó más fuerte.-
Después de algunos minutos entramos al bar e hicimos nuestro pedido.
- ¿Me contas qué pasó?
- Me mandó fotos, no sé. Es una sínica. ¿Cómo puede estar tan segura de que es mío?
- No sé Pepe. Es su cuerpo, quizás lo siente.
- No puedo creerle ni media palabra.
- Bueno, tranquilo. –Tomó mi mano.- Todavía no sabemos el resultado de los análisis.
- Ojala pudiese saberlo ahora.
- Pero no se puede, trata de estar lo más calmo posible.
- No puedo, te juro.
- Me da miedo que estés tan nervioso.
-Suspiré.- Lo único que me falta es terminar internado por culpa de esta pelotuda.
-Se levantó de su silla y se sentó a mi lado, yo estaba en un sillón.- Tranquilo. –Besó mi cuello y apoyó su mentón en mi hombro.- Tranquilo.
sábado, 21 de marzo de 2015
87.
Ella estaba boca abajo, yo boca arriba.
- ¿Te queda alguna duda de que somos uno del otro?
- No. –Sonrió y se acercó a mí para besar mi pecho.-
- No dejemos que esto se meta entre nosotros, al menos hasta tener los análisis.
- Te prometo que lo voy a intentar.
-Sonreí y corrí un mechón de pelo caía sobre su nariz.- No vas a dejar de ser una prioridad en mi vida, pase lo que pase.
- ¿De verdad?
- ¿Todo lo que hice no alcanzó para demostrarte que me importas de verdad?
- Mmm… Sí. –Reímos y nos dimos un beso.-
- ¿Entonces?
- No sé Pedro, soy mujer, soy insegura. Es mi naturaleza.
- Entonces te lo voy a recordar o a demostrar más seguido.
- Por favor. –Nos besamos.-
- Voy a tenerlo en cuenta entonces. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Sabes qué podría vivir así? Es el único momento en el que estoy en paz. –Suspiró.- Estamos los dos así, en una misma cama, solos… Disfrutándonos.
- Te digo que estar juntos y el después compiten por el primer momento.
-Sonrió.- Amo las dos cosas, amo todo con vos.
- Sos tan linda che.
- ¿Así toda despeinada?
- Sos linda, estás despeinada por una buena causa. –Reímos ambos.-
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Por qué las cosas cuestan tanto?
- Hay pocas cosas que me acuerdo de mi vieja, pero hay algo que me quedó grabado a fuego.
- ¿Qué cosa?
- Que lo que cuesta vale.
-Suspiró.- A veces cuesta demasiado.
- Y bueno, porque capaz que lo que vale también es demasiado.
-Sonrió.- No soportaría otro golpe más.
- Va a estar todo bien bonita, te lo prometo. –La besé.-
- Ay, perdón. Estoy re molesta y vos debes estar más cagado que yo.
- ¿La verdad? Sí. –Reímos.- No puedo ni imaginarlo.
- ¿Nunca pensaste en tener hijos?
- ¿Ahora? Ni en pedo.
- No, no te digo ahora… En un futuro. No sé. –Se acomodó, mirando al techo.-
- Sí, pero no con una mina que no conozco.
- ¿Y conmigo?
- ¿Vos si lo soñas, no?
-Sonrió ilusionada.- Demasiado te diría. Pero respondeme.
- Sos la primera mujer con la que me animo a proyectar algo. ¿Te soy sincero? Me da pánico la idea de ser padre, pero siento que con vos me animaría a todo.
-Sonrió.- Acordate de esta conversación dentro de un par de años.
- ¿Un par?
- Bueno, fue un modismo.
- Somos chicos.
- Yo tampoco tendría un hijo ahora ni loca eh.
- Menos mal. –Suspiré aliviado y ella rio.- No te rías.
- Tu cara es muy graciosa, pánico mortal.
- Solo espero que esa pelotuda esté mintiendo. –Busqué su mano y entrelacé nuestros dedos.-
- Espero lo mismo. –Suspiró.-
- Y después nos podríamos olvidar por varios años de esa idea de tener un hijo. ¿No?
- Primero faltan varias cosas…
- ¿Cómo por ejemplo?
- Seguimos sin ser nada. –Tosió a propósito y reí.-
- Bueno che, ya entendí la indirecta.
- Bastante directa me pareció.
- ¿No estamos bien así?
- Sí, pero…
- Te prometo que ya va a llegar. –Besé su mejilla y ella rio.-
- Nuestra relación es muy bizarra.
- ¿Por qué?
- Hace más de un año que cogemos, convivimos casi sin conocernos, ahora cada uno tiene su casa, seguimos cogiendo, compartimos momentos, risas, tristezas… Y seguimos sin ser nada.
- Bueno, puede ser que tengas razón. –Reímos.-
- Igual me gusta, al menos voy a tener alguna historia que contar distinta a la del resto.
- Creo que mal no la pasamos.
- Definitivamente no.
- Igual esta conversación estando los dos desnudos en la cama es demasiado bizarra, que mejor no salga de acá.
- Trato. –Reímos.-
Más tarde, ella salía de bañarse y yo estaba cocinando en su casa. Sí, yo cocinando lasaña y en su casa.
- Esto no se ve todos los días. Cuando te conocí comías pizza fría de la heladera.
- La gente cambia.
- Menos mal, sino la vida sería un embole.
- Mmm… Tenes razón. –Reímos.-
- ¿Ya está?
- En cinco.
- Pongo la mesa.
- Dale, así controlo que no se queme.
- ¡Por favor! Lo único que nos falta es que tu obra de arte se queme. –Reímos.-
Paula puso la mesa y yo saqué la comida del horno, serví y lo llevé a la mesa.
- ¿Y?
- ¿De dónde sacaste esta receta? ¡Está buenísimo!
- La hacía mi abuela, no creo que me haya salido igual pero bueno…
- Está riquísima de verdad.
- Gracias. –Reí.-
Cenamos, Pau organizó la cocina –Su histeria por el orden me seguía sorprendiendo.- y estábamos en el sillón, boludeando.
- Ya es tarde… -Dijo ella.-
- ¿Me estás echando?
-Rio.- No, especialmente porque la noche anterior a rendir no pego un ojo asique… Lo decía por vos.
- Dejame quedarme un ratito.
- Quedate toda la noche si queres.
- Me tienta la idea, pero tengo las cosas del laburo en casa…
- Despertate media hora antes.
- Me tentas de verdad.
- Dale, por favor. –Me besó.-
- ¿Solo con un beso pretendes convencerme?
Paula rio y lleno de besos mi cara, mi cuello y mi pecho por el escote de la remera.
- Okei, okei… Me quedó. –La abracé contra mi pecho.- ¿Vos no vas a tocar más libros?
- No, si agarro algo ahora colapso.
- Igualita a mí.
- Claro…
- Estudiaba todo la noche anterior.
-Rio.- Hombres….
- Bueno che. Mal no me va, aprendí así.
- En eso tenes razón… -Me besó y puso sus brazos sobre mi pecho para poder mirarme.- ¿No queres darte una ducha así dormís relajadito?
- ¿Tengo cara de no haber dormido una goma anoche, no?
- Exactamente.
- Acepto la invitación.
- Dale, mientras yo armo la cama…
- Si la vamos a desarmar.
- Odio acostarme con la cama desarmada.
- ¿Y no la vamos a desarmar antes de dormir?
- ¿Con esa carita?
- ¿Te pensas que no puedo?
-Rio.- En serio Pepe, estamos los dos muertos. Tratemos de dormir.
- Te jodía, quiero dormir.
- Anda a bañarte, dale. –Me besó y nos levantamos.- Hay toallones ahí.
- Como si fuese la primera vez que me baño acá.
- Bueno, me gusta ser buena anfitriona.
- Me parece perfecto. –Nos dimos un beso y me fui a bañar.-
- ¿Te queda alguna duda de que somos uno del otro?
- No. –Sonrió y se acercó a mí para besar mi pecho.-
- No dejemos que esto se meta entre nosotros, al menos hasta tener los análisis.
- Te prometo que lo voy a intentar.
-Sonreí y corrí un mechón de pelo caía sobre su nariz.- No vas a dejar de ser una prioridad en mi vida, pase lo que pase.
- ¿De verdad?
- ¿Todo lo que hice no alcanzó para demostrarte que me importas de verdad?
- Mmm… Sí. –Reímos y nos dimos un beso.-
- ¿Entonces?
- No sé Pedro, soy mujer, soy insegura. Es mi naturaleza.
- Entonces te lo voy a recordar o a demostrar más seguido.
- Por favor. –Nos besamos.-
- Voy a tenerlo en cuenta entonces. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Sabes qué podría vivir así? Es el único momento en el que estoy en paz. –Suspiró.- Estamos los dos así, en una misma cama, solos… Disfrutándonos.
- Te digo que estar juntos y el después compiten por el primer momento.
-Sonrió.- Amo las dos cosas, amo todo con vos.
- Sos tan linda che.
- ¿Así toda despeinada?
- Sos linda, estás despeinada por una buena causa. –Reímos ambos.-
- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Por qué las cosas cuestan tanto?
- Hay pocas cosas que me acuerdo de mi vieja, pero hay algo que me quedó grabado a fuego.
- ¿Qué cosa?
- Que lo que cuesta vale.
-Suspiró.- A veces cuesta demasiado.
- Y bueno, porque capaz que lo que vale también es demasiado.
-Sonrió.- No soportaría otro golpe más.
- Va a estar todo bien bonita, te lo prometo. –La besé.-
- Ay, perdón. Estoy re molesta y vos debes estar más cagado que yo.
- ¿La verdad? Sí. –Reímos.- No puedo ni imaginarlo.
- ¿Nunca pensaste en tener hijos?
- ¿Ahora? Ni en pedo.
- No, no te digo ahora… En un futuro. No sé. –Se acomodó, mirando al techo.-
- Sí, pero no con una mina que no conozco.
- ¿Y conmigo?
- ¿Vos si lo soñas, no?
-Sonrió ilusionada.- Demasiado te diría. Pero respondeme.
- Sos la primera mujer con la que me animo a proyectar algo. ¿Te soy sincero? Me da pánico la idea de ser padre, pero siento que con vos me animaría a todo.
-Sonrió.- Acordate de esta conversación dentro de un par de años.
- ¿Un par?
- Bueno, fue un modismo.
- Somos chicos.
- Yo tampoco tendría un hijo ahora ni loca eh.
- Menos mal. –Suspiré aliviado y ella rio.- No te rías.
- Tu cara es muy graciosa, pánico mortal.
- Solo espero que esa pelotuda esté mintiendo. –Busqué su mano y entrelacé nuestros dedos.-
- Espero lo mismo. –Suspiró.-
- Y después nos podríamos olvidar por varios años de esa idea de tener un hijo. ¿No?
- Primero faltan varias cosas…
- ¿Cómo por ejemplo?
- Seguimos sin ser nada. –Tosió a propósito y reí.-
- Bueno che, ya entendí la indirecta.
- Bastante directa me pareció.
- ¿No estamos bien así?
- Sí, pero…
- Te prometo que ya va a llegar. –Besé su mejilla y ella rio.-
- Nuestra relación es muy bizarra.
- ¿Por qué?
- Hace más de un año que cogemos, convivimos casi sin conocernos, ahora cada uno tiene su casa, seguimos cogiendo, compartimos momentos, risas, tristezas… Y seguimos sin ser nada.
- Bueno, puede ser que tengas razón. –Reímos.-
- Igual me gusta, al menos voy a tener alguna historia que contar distinta a la del resto.
- Creo que mal no la pasamos.
- Definitivamente no.
- Igual esta conversación estando los dos desnudos en la cama es demasiado bizarra, que mejor no salga de acá.
- Trato. –Reímos.-
Más tarde, ella salía de bañarse y yo estaba cocinando en su casa. Sí, yo cocinando lasaña y en su casa.
- Esto no se ve todos los días. Cuando te conocí comías pizza fría de la heladera.
- La gente cambia.
- Menos mal, sino la vida sería un embole.
- Mmm… Tenes razón. –Reímos.-
- ¿Ya está?
- En cinco.
- Pongo la mesa.
- Dale, así controlo que no se queme.
- ¡Por favor! Lo único que nos falta es que tu obra de arte se queme. –Reímos.-
Paula puso la mesa y yo saqué la comida del horno, serví y lo llevé a la mesa.
- ¿Y?
- ¿De dónde sacaste esta receta? ¡Está buenísimo!
- La hacía mi abuela, no creo que me haya salido igual pero bueno…
- Está riquísima de verdad.
- Gracias. –Reí.-
Cenamos, Pau organizó la cocina –Su histeria por el orden me seguía sorprendiendo.- y estábamos en el sillón, boludeando.
- Ya es tarde… -Dijo ella.-
- ¿Me estás echando?
-Rio.- No, especialmente porque la noche anterior a rendir no pego un ojo asique… Lo decía por vos.
- Dejame quedarme un ratito.
- Quedate toda la noche si queres.
- Me tienta la idea, pero tengo las cosas del laburo en casa…
- Despertate media hora antes.
- Me tentas de verdad.
- Dale, por favor. –Me besó.-
- ¿Solo con un beso pretendes convencerme?
Paula rio y lleno de besos mi cara, mi cuello y mi pecho por el escote de la remera.
- Okei, okei… Me quedó. –La abracé contra mi pecho.- ¿Vos no vas a tocar más libros?
- No, si agarro algo ahora colapso.
- Igualita a mí.
- Claro…
- Estudiaba todo la noche anterior.
-Rio.- Hombres….
- Bueno che. Mal no me va, aprendí así.
- En eso tenes razón… -Me besó y puso sus brazos sobre mi pecho para poder mirarme.- ¿No queres darte una ducha así dormís relajadito?
- ¿Tengo cara de no haber dormido una goma anoche, no?
- Exactamente.
- Acepto la invitación.
- Dale, mientras yo armo la cama…
- Si la vamos a desarmar.
- Odio acostarme con la cama desarmada.
- ¿Y no la vamos a desarmar antes de dormir?
- ¿Con esa carita?
- ¿Te pensas que no puedo?
-Rio.- En serio Pepe, estamos los dos muertos. Tratemos de dormir.
- Te jodía, quiero dormir.
- Anda a bañarte, dale. –Me besó y nos levantamos.- Hay toallones ahí.
- Como si fuese la primera vez que me baño acá.
- Bueno, me gusta ser buena anfitriona.
- Me parece perfecto. –Nos dimos un beso y me fui a bañar.-
86.
- Pau…
- No, no me digas que nada va a cambiar.
- ¿Puedo quedarme con vos? Tenes los ojos hinchados de tanto llorar, no quiero que sigas llorando.
- No puedo controlarlo. –Me separé de él.- No quiero parecer una nena que llora por todo, pero ya lloré demasiado en mi vida y no lo soporto más. No me da más el cuerpo para seguir sufriendo. –Secó mis lágrimas.- No sé si estás enamorado de mí o qué, pero no te buscaste una mina fácil. –Hice una pausa.- A mí me quisieron abortar, estoy acá de casualidad y me da pánico que un bebé pueda llegar a sufrir una mínima parte de todo lo que sufrí yo, me sentiría muy culpable y no me lo bancaria por mí además.
- ¿Podes no adelantarte a los hechos?
- Es la realidad que tenemos en este momento.
- No, esa es una posibilidad… La otra es que yo no tenga nada que ver con ese embarazo y que todo siga como siempre entre nosotros.
- Ojala.
- Hey, no llores más. Dale. –Me abrazó y besó reiteradas veces mi mejilla.- Te necesito.
- Y yo a vos.
- Entonces no me alejes.
- Perdón.
- No pasa nada.
- Te juro que reacciono como puedo.
- ¿Puedo ayudarte a estudiar así nos despejamos un poco los dos?
- Mmm… Bueno, dale.
-Se separó un poco de mí.- ¿Una sonrisa? –Sonreí.- Una sonrisa de verdad…
- Hago lo que puedo.
- ¿Haces lo que podes?
- Sí…
- Mmm… -Comenzó a hacerme cosquillas y me hizo caer en el sillón, yo ya lloraba de risa.- Esa sonrisa me gusta más.
- Odio que me hagas cosquillas.
- Y yo amo tu sonrisa.
- Basta nene, dale.
- Okei, okei. –Dejó de hacerme cosquillas y se tiró sobre mí.- ¿Seguís llorando?
- De la risa, me estabas matando.
- ¿Segura?
- Sí…
- Bueno, mejor así. –Besó mi nariz y yo reí.-
- Me da cosquillas.
- ¿Todo te da cosquillas a vos?
- Sí. –Reímos y nos besamos.-
Él se acurrucó en mi pecho y movió su cabeza para hacerme cosquillas con su barba. Reí y nos quedamos un rato allí, ambos tratando de tranquilizarnos.
- Estar con vos es lo único que me parece un poco la cabeza. –Confesó.-
- Una semana es interminable.
- Ya lo sé, pero no lo hacen más rápido.
- Una forrada.
- Opino lo mismo. Pero tranquilo…
Besé su frente y nos quedamos un rato más.
-
Fui a comprar algo para almorzar mientras ella se quedó leyendo cosas de su examen.
Mientras almorzábamos…
- ¿Qué rendís?
- Realización Multimedial I.
- ¿Y qué te toman?
- Todo esto… -Me mostró la pila de cosas.-
- A ver… -Abrí sus apuntes.- Quiero creer que planos lo sabes.
- Obvio nene. –Reímos.-
- Bueno, un tema menos.
- Hay varios que los sé.
- ¿Y qué te cuesta?
- El eje de miradas, me vuelve loca.
- A ver… -Leí el tema.- ¿Me das algo para escribir?
- Toma. –Me dio un cuaderno y una birome, yo hice un dibujo con algunas flechas y comencé a explicárselo.- ¿Entendes?
- Creo. Encima seguro tomen eso.
- Bueno, tranqui. Si te equivocas en eso, sabes todo el resto.
- Si mi mente no deambula en problemas personales. –Bajé mi mirada.- Era un chiste. No te enojes… Ya estudié, rindo mañana y viste que yo siempre estudio con anticipación.
- No das más de hincha con eso.
- Bueno che…
- Era un chiste.
- Espero. –Reímos y nos dimos un beso.-
- ¿Queres que te tome los temas y te haga de profe?
- ¿Vos mi profe?
- ¿Te va la idea?
- Me calienta un poquito.
- Mmm… Si sabes todo te tengo un premio.
- ¿Premio?
- Premio.
- Va a ver que me saco un diez profe.
- Vamos a ver señorita.
Reímos y le tomé todos los temas, me daba hasta impresión la perfección con la que conocía todos los temas que le evaluarían.
- ¿Y profe? ¿Qué nota tengo?
- Un diez alumna, es una luz.
- No soy solo una luz con el estudio.
- Ah… ¿No?
- No, tengo otras habilidades.
- ¿Qué tipo de habilidades?
- Mmm… -Acomodó el cuello de mi chomba y besó mi cuello.- Unas habilidades un poquito más intimas.
- ¿Sí? –Pregunté y la arrebaté por su cola.-
- ¿Quiere probarme profe? –Preguntó con voz de nena y era una hija de puta.-
- ¿No me va a hacer juicio después?
- No profe.
Reímos y nuestros labios se unieron algo desesperados, hacía un par de días que no estábamos juntos y eso para nosotros era una eternidad.
- ¿Tiene globito profe?
- Siempre señorita… -Le hablé al oído.- Siempre me cuido.
- ¿Siempre?
- Siempre. –La besé tomándola del cuello.- Siempre, no dudes de eso.
- Eso intento… -Dijo haciendo fuerza para no llorar.-
- Confía en mi palabra. –Y mis besos comenzaron a recorrer su cuello, no quería que llore otra vez.-
- Eso hago. –Dijo comenzando a quitar mi remera.-
- ¿Eso hace?
- Sí, confío en usted.
- Entonces saquese todas esas ideas feas de la cabeza. –Dije mientras mis manos visitaban su abdomen.-
- Le juro que estoy tratando… -Y besó mi cuello.-
- ¿Y esto no colabora a la situación? –Pregunté con mis manos subiendo a sus pechos.-
- Mmm… Bastante. –Continuaba en mi cuello.-
- ¿Y por qué no deja de hablar?
- Porque necesito escucharlo de su boca. –Besó mis labios y yo quité su remera.-
- ¿Qué necesita escuchar de mi boca? –Tirando su remera al sillón.-
- Que usted es solo mío. –Mordió la piel de mi pecho.-
- Yo soy solo suyo. ¿Usted es solo mía? –Desabroché su corpiño.-
- ¿Usted que cree? –Dejó caer su corpiño al piso.-
- Mmm…
- Mmm… ¿Qué?
- Que quiero que sea mía hasta la eternidad. –Y ese era mi paraíso, mis manos se posaron allí y ella quiso hablar, pero el gemido que su boca dejó salir de lo impidió.- ¿Ve que es mía? ¿Y qué yo soy suyo?
- Lo veo, pero quisiera sentirlo.
- Un placer…
Fuimos hasta su cuarto y otra vez fuimos uno.
- No, no me digas que nada va a cambiar.
- ¿Puedo quedarme con vos? Tenes los ojos hinchados de tanto llorar, no quiero que sigas llorando.
- No puedo controlarlo. –Me separé de él.- No quiero parecer una nena que llora por todo, pero ya lloré demasiado en mi vida y no lo soporto más. No me da más el cuerpo para seguir sufriendo. –Secó mis lágrimas.- No sé si estás enamorado de mí o qué, pero no te buscaste una mina fácil. –Hice una pausa.- A mí me quisieron abortar, estoy acá de casualidad y me da pánico que un bebé pueda llegar a sufrir una mínima parte de todo lo que sufrí yo, me sentiría muy culpable y no me lo bancaria por mí además.
- ¿Podes no adelantarte a los hechos?
- Es la realidad que tenemos en este momento.
- No, esa es una posibilidad… La otra es que yo no tenga nada que ver con ese embarazo y que todo siga como siempre entre nosotros.
- Ojala.
- Hey, no llores más. Dale. –Me abrazó y besó reiteradas veces mi mejilla.- Te necesito.
- Y yo a vos.
- Entonces no me alejes.
- Perdón.
- No pasa nada.
- Te juro que reacciono como puedo.
- ¿Puedo ayudarte a estudiar así nos despejamos un poco los dos?
- Mmm… Bueno, dale.
-Se separó un poco de mí.- ¿Una sonrisa? –Sonreí.- Una sonrisa de verdad…
- Hago lo que puedo.
- ¿Haces lo que podes?
- Sí…
- Mmm… -Comenzó a hacerme cosquillas y me hizo caer en el sillón, yo ya lloraba de risa.- Esa sonrisa me gusta más.
- Odio que me hagas cosquillas.
- Y yo amo tu sonrisa.
- Basta nene, dale.
- Okei, okei. –Dejó de hacerme cosquillas y se tiró sobre mí.- ¿Seguís llorando?
- De la risa, me estabas matando.
- ¿Segura?
- Sí…
- Bueno, mejor así. –Besó mi nariz y yo reí.-
- Me da cosquillas.
- ¿Todo te da cosquillas a vos?
- Sí. –Reímos y nos besamos.-
Él se acurrucó en mi pecho y movió su cabeza para hacerme cosquillas con su barba. Reí y nos quedamos un rato allí, ambos tratando de tranquilizarnos.
- Estar con vos es lo único que me parece un poco la cabeza. –Confesó.-
- Una semana es interminable.
- Ya lo sé, pero no lo hacen más rápido.
- Una forrada.
- Opino lo mismo. Pero tranquilo…
Besé su frente y nos quedamos un rato más.
-
Fui a comprar algo para almorzar mientras ella se quedó leyendo cosas de su examen.
Mientras almorzábamos…
- ¿Qué rendís?
- Realización Multimedial I.
- ¿Y qué te toman?
- Todo esto… -Me mostró la pila de cosas.-
- A ver… -Abrí sus apuntes.- Quiero creer que planos lo sabes.
- Obvio nene. –Reímos.-
- Bueno, un tema menos.
- Hay varios que los sé.
- ¿Y qué te cuesta?
- El eje de miradas, me vuelve loca.
- A ver… -Leí el tema.- ¿Me das algo para escribir?
- Toma. –Me dio un cuaderno y una birome, yo hice un dibujo con algunas flechas y comencé a explicárselo.- ¿Entendes?
- Creo. Encima seguro tomen eso.
- Bueno, tranqui. Si te equivocas en eso, sabes todo el resto.
- Si mi mente no deambula en problemas personales. –Bajé mi mirada.- Era un chiste. No te enojes… Ya estudié, rindo mañana y viste que yo siempre estudio con anticipación.
- No das más de hincha con eso.
- Bueno che…
- Era un chiste.
- Espero. –Reímos y nos dimos un beso.-
- ¿Queres que te tome los temas y te haga de profe?
- ¿Vos mi profe?
- ¿Te va la idea?
- Me calienta un poquito.
- Mmm… Si sabes todo te tengo un premio.
- ¿Premio?
- Premio.
- Va a ver que me saco un diez profe.
- Vamos a ver señorita.
Reímos y le tomé todos los temas, me daba hasta impresión la perfección con la que conocía todos los temas que le evaluarían.
- ¿Y profe? ¿Qué nota tengo?
- Un diez alumna, es una luz.
- No soy solo una luz con el estudio.
- Ah… ¿No?
- No, tengo otras habilidades.
- ¿Qué tipo de habilidades?
- Mmm… -Acomodó el cuello de mi chomba y besó mi cuello.- Unas habilidades un poquito más intimas.
- ¿Sí? –Pregunté y la arrebaté por su cola.-
- ¿Quiere probarme profe? –Preguntó con voz de nena y era una hija de puta.-
- ¿No me va a hacer juicio después?
- No profe.
Reímos y nuestros labios se unieron algo desesperados, hacía un par de días que no estábamos juntos y eso para nosotros era una eternidad.
- ¿Tiene globito profe?
- Siempre señorita… -Le hablé al oído.- Siempre me cuido.
- ¿Siempre?
- Siempre. –La besé tomándola del cuello.- Siempre, no dudes de eso.
- Eso intento… -Dijo haciendo fuerza para no llorar.-
- Confía en mi palabra. –Y mis besos comenzaron a recorrer su cuello, no quería que llore otra vez.-
- Eso hago. –Dijo comenzando a quitar mi remera.-
- ¿Eso hace?
- Sí, confío en usted.
- Entonces saquese todas esas ideas feas de la cabeza. –Dije mientras mis manos visitaban su abdomen.-
- Le juro que estoy tratando… -Y besó mi cuello.-
- ¿Y esto no colabora a la situación? –Pregunté con mis manos subiendo a sus pechos.-
- Mmm… Bastante. –Continuaba en mi cuello.-
- ¿Y por qué no deja de hablar?
- Porque necesito escucharlo de su boca. –Besó mis labios y yo quité su remera.-
- ¿Qué necesita escuchar de mi boca? –Tirando su remera al sillón.-
- Que usted es solo mío. –Mordió la piel de mi pecho.-
- Yo soy solo suyo. ¿Usted es solo mía? –Desabroché su corpiño.-
- ¿Usted que cree? –Dejó caer su corpiño al piso.-
- Mmm…
- Mmm… ¿Qué?
- Que quiero que sea mía hasta la eternidad. –Y ese era mi paraíso, mis manos se posaron allí y ella quiso hablar, pero el gemido que su boca dejó salir de lo impidió.- ¿Ve que es mía? ¿Y qué yo soy suyo?
- Lo veo, pero quisiera sentirlo.
- Un placer…
Fuimos hasta su cuarto y otra vez fuimos uno.
viernes, 20 de marzo de 2015
85.
‘Mañana la voy a llevar a mi médico.’
‘Bueno, suerte. ¿Qué se yo?’
‘Tampoco para que me trates mal.’
‘Te trato como me sale, perdón.’
‘Quisiera que me estés abrazando en este momento, tengo pánico.’
‘Lo que yo siento por vos no cambia y creeme que yo también ruego que ese nene no sea tuyo.’
‘¿Y si lo es?’
‘Necesito ser la prioridad de alguien alguna vez en mi vida.’
‘Sos la persona más importante de mi mundo, jamás lo dudes.’
‘Si tenes un hijo voy a dejar de serlo y basta. Me voy a dormir.’
Apagué el celular y abracé mi almohada, quería que el techo se caiga sobre mí.
¿Dormir? Fue imposible. Pretendía hacerme la fuerte y no podía evitar llorar. Lloraba como una nena en la oscuridad. Lloraba como una nena perdida en el medio de una tormenta eléctrica.
Llorar era lo único que podía hacer. Si perdía a Pedro moriría lentamente por dentro. Lo sabía.
El sol se asomó por mi ventana y yo seguía ahí, abrazando mi almohada. Indefensa frente a la tempestad.
-
No pude dormir ni medio segundo en toda la noche. –era de esperarse.-
- Conversación telefónica -
- Julia. ¿Por dónde te pasó a buscar?
- No voy a ir a ningún lado.
- Vas a venir o no me ves un pelo más en tu vida.
- No me rompas las pelotas, estoy con nauseas.
- Mejor, así ves a un médico.
- Pedro, no voy a ir.
- ¡Vas a venir conmigo!
- No.
- ¿Estás embarazada o no?
- Sí nene.
- Entonces venís conmigo. ¿Por dónde pasó a buscar?
Ella se quejó pero conseguí mi objetivo.
Fuimos al médico y efectivamente estaba embarazada y yo con ganas de morir.
Aún así me quedaba la posibilidad de que no sea mío y rogaba por aquello. Nos hizo la orden para hacer el análisis y lo hicimos en el día, no sé qué permiso legal había que pedir y mi jefe me ayudó a conseguirlo. Beneficios de tener contactos.
Estarían en una semana… Claramente sería la semana más larga de mi vida.
‘Está embarazada, pero las fechas no dan. Ella insiste con que es mío, ya hicimos el análisis. En una semana están los resultados.’
‘Ok.’
‘No seas así de fría conmigo, me hace peor.’
‘¿Cómo queres qué sea? Hago lo que puedo. Perdón por no ser perfecta.’
‘¿Podemos vernos?’
‘¿Para? Tengo que preparar un examen.’
‘Me pedí el día por esto… ¿Puedo pasar un ratito por tu casa? Necesito verte.’
‘Veni, pero no sé como me vas a encontrar.’
-
Suspiré al presionar “Enviar” en mi teléfono, ya no podía arrepentirme.
El timbre sonó antes de lo que esperaba y bajé a abrirle.
- Hola. –Dije sin mirarlo.-
- Hola… -Respondió y entró. Cerré la puerta y subimos en silencio.-
Cerré la puerta de mi departamento con llaves y las dejé sobre la mesa, él ya estaba en el sillón.
- ¿Podes venir acá?
- No me jodas.
- Pau, por favor.
- ¿Por favor qué? ¿Vos dejas embarazada a otra y yo tengo que reaccionar bien?
- Vos te fuiste.
- ¿Ahora me vas a echar la culpa a mí de que no usaste forro nene?
- No. –Suspiró y se paró frente a mí.- No es tu culpa.
- Yo sabía que yéndome iba a provocar que estés con mil minas y ya está, ya fue. Te juro que no me importa. Pero me da pánico que tengas un hijo y que encima no sea mío.
- ¿A vos te gustaría tener hijos conmigo?
- Primero me gustaría ser tu novia. –Dije y levanté mi ceja.-
- ¿Me vas a pasar muchas facturas más?
- No.
- ¿Puedo abrazarte?
- ¿Para?
- Para demostrarte que solo me importas vos… -Hizo que lo miré tomándome del mentón.- Pau… De verdad. ¿Vos crees que hice todo lo que hice para que vuelvas y la cagaría así?
- Lo hiciste antes.
- ¿Y?
- Y eso…
- Estoy casi seguro de que no es mío.
- ¿Casi?
- No puedo jugarme la cabeza. Capaz el forro estaba pinchado, no sé.
- Me muero si es tuyo. –Dije quebrando en llanto.- Me muero si no puedo estar con vos.
- Yo estoy con vos, mira… Estoy acá. –Y me abrazó, yo me desarmé en sus brazos.-
- No me bancaría ser la segunda otra vez.
- ¿Cuándo fuiste la segunda?
- Pedro…
- Bueno, tenes razón. Me mandé muchas cagadas, fuiste la segunda sobre mí mismo. -Asentí con mi cabeza.- Yo te prometí que iba a hacer todo para complacerte y eso no cambia.
- ¿Y te harías cargo si es tuyo?
- Sí…
- ¿Y por qué te dijo si le estabas pidiendo que abortes?
- Porque es una cínica, yo nunca le diría eso.
- ¿No?
- No Pau.
- Abrazame.
-Me abrazó más fuerte.- Siempre voy a estar para vos, siempre.
- Tengo que estudiar.
- ¿Justo ahora?
- Sí, de verdad.
- ¿No me das un beso primero?
- No.
- Hey… -Reí y lo besé.- ¿Vas a poder estudiar así cómo estás?
- No.
- Entonces es una excusa para echarme, que feo eh.
- Me da cosa estar con vos.
- ¿Cosa?
- Sí, lo único que me falta es ilusionarme con que no es tuyo, hacer que nada pasa y después que se me caiga el hielo en la cabeza.
‘Bueno, suerte. ¿Qué se yo?’
‘Tampoco para que me trates mal.’
‘Te trato como me sale, perdón.’
‘Quisiera que me estés abrazando en este momento, tengo pánico.’
‘Lo que yo siento por vos no cambia y creeme que yo también ruego que ese nene no sea tuyo.’
‘¿Y si lo es?’
‘Necesito ser la prioridad de alguien alguna vez en mi vida.’
‘Sos la persona más importante de mi mundo, jamás lo dudes.’
‘Si tenes un hijo voy a dejar de serlo y basta. Me voy a dormir.’
Apagué el celular y abracé mi almohada, quería que el techo se caiga sobre mí.
¿Dormir? Fue imposible. Pretendía hacerme la fuerte y no podía evitar llorar. Lloraba como una nena en la oscuridad. Lloraba como una nena perdida en el medio de una tormenta eléctrica.
Llorar era lo único que podía hacer. Si perdía a Pedro moriría lentamente por dentro. Lo sabía.
El sol se asomó por mi ventana y yo seguía ahí, abrazando mi almohada. Indefensa frente a la tempestad.
-
No pude dormir ni medio segundo en toda la noche. –era de esperarse.-
- Conversación telefónica -
- Julia. ¿Por dónde te pasó a buscar?
- No voy a ir a ningún lado.
- Vas a venir o no me ves un pelo más en tu vida.
- No me rompas las pelotas, estoy con nauseas.
- Mejor, así ves a un médico.
- Pedro, no voy a ir.
- ¡Vas a venir conmigo!
- No.
- ¿Estás embarazada o no?
- Sí nene.
- Entonces venís conmigo. ¿Por dónde pasó a buscar?
Ella se quejó pero conseguí mi objetivo.
Fuimos al médico y efectivamente estaba embarazada y yo con ganas de morir.
Aún así me quedaba la posibilidad de que no sea mío y rogaba por aquello. Nos hizo la orden para hacer el análisis y lo hicimos en el día, no sé qué permiso legal había que pedir y mi jefe me ayudó a conseguirlo. Beneficios de tener contactos.
Estarían en una semana… Claramente sería la semana más larga de mi vida.
‘Está embarazada, pero las fechas no dan. Ella insiste con que es mío, ya hicimos el análisis. En una semana están los resultados.’
‘Ok.’
‘No seas así de fría conmigo, me hace peor.’
‘¿Cómo queres qué sea? Hago lo que puedo. Perdón por no ser perfecta.’
‘¿Podemos vernos?’
‘¿Para? Tengo que preparar un examen.’
‘Me pedí el día por esto… ¿Puedo pasar un ratito por tu casa? Necesito verte.’
‘Veni, pero no sé como me vas a encontrar.’
-
Suspiré al presionar “Enviar” en mi teléfono, ya no podía arrepentirme.
El timbre sonó antes de lo que esperaba y bajé a abrirle.
- Hola. –Dije sin mirarlo.-
- Hola… -Respondió y entró. Cerré la puerta y subimos en silencio.-
Cerré la puerta de mi departamento con llaves y las dejé sobre la mesa, él ya estaba en el sillón.
- ¿Podes venir acá?
- No me jodas.
- Pau, por favor.
- ¿Por favor qué? ¿Vos dejas embarazada a otra y yo tengo que reaccionar bien?
- Vos te fuiste.
- ¿Ahora me vas a echar la culpa a mí de que no usaste forro nene?
- No. –Suspiró y se paró frente a mí.- No es tu culpa.
- Yo sabía que yéndome iba a provocar que estés con mil minas y ya está, ya fue. Te juro que no me importa. Pero me da pánico que tengas un hijo y que encima no sea mío.
- ¿A vos te gustaría tener hijos conmigo?
- Primero me gustaría ser tu novia. –Dije y levanté mi ceja.-
- ¿Me vas a pasar muchas facturas más?
- No.
- ¿Puedo abrazarte?
- ¿Para?
- Para demostrarte que solo me importas vos… -Hizo que lo miré tomándome del mentón.- Pau… De verdad. ¿Vos crees que hice todo lo que hice para que vuelvas y la cagaría así?
- Lo hiciste antes.
- ¿Y?
- Y eso…
- Estoy casi seguro de que no es mío.
- ¿Casi?
- No puedo jugarme la cabeza. Capaz el forro estaba pinchado, no sé.
- Me muero si es tuyo. –Dije quebrando en llanto.- Me muero si no puedo estar con vos.
- Yo estoy con vos, mira… Estoy acá. –Y me abrazó, yo me desarmé en sus brazos.-
- No me bancaría ser la segunda otra vez.
- ¿Cuándo fuiste la segunda?
- Pedro…
- Bueno, tenes razón. Me mandé muchas cagadas, fuiste la segunda sobre mí mismo. -Asentí con mi cabeza.- Yo te prometí que iba a hacer todo para complacerte y eso no cambia.
- ¿Y te harías cargo si es tuyo?
- Sí…
- ¿Y por qué te dijo si le estabas pidiendo que abortes?
- Porque es una cínica, yo nunca le diría eso.
- ¿No?
- No Pau.
- Abrazame.
-Me abrazó más fuerte.- Siempre voy a estar para vos, siempre.
- Tengo que estudiar.
- ¿Justo ahora?
- Sí, de verdad.
- ¿No me das un beso primero?
- No.
- Hey… -Reí y lo besé.- ¿Vas a poder estudiar así cómo estás?
- No.
- Entonces es una excusa para echarme, que feo eh.
- Me da cosa estar con vos.
- ¿Cosa?
- Sí, lo único que me falta es ilusionarme con que no es tuyo, hacer que nada pasa y después que se me caiga el hielo en la cabeza.
jueves, 19 de marzo de 2015
84.
Las horas no se pasaban más y por fin se hizo la hora de ir a mi casa. Pensaba darme una ducha y dormir hasta mañana, no quería pensar más. No soportaba pensar más.
Entré a mi casa y me llevé una sorpresa linda, o eso creí hasta que vi su cara.
- Hola Pau… No sabía que estabas acá.
- Yo tampoco sabía que iba a estar acá.
- ¿No pensas saludarme?
- ¿Vos no tenes nada para decirme?
- ¿Por?
- Ya lo sé Pedro.
- ¿Qué sabes? –Pregunté nervioso.-
- Lo de la rubia, lo sé.
- ¿Qué?
- Los escuché, justo hoy se me ocurrió ir a visitarte al trabajo y los escuché en la plaza. ¿Puede ser que nunca hagas las cosas bien? ¿Nunca? –Se levantó del sillón y quería desaparecer.-
- Para, tranquilizate… No sé nada todavía.
- ¿Qué no sabes? ¿No te mostró los estudios?
- ¿Vos no sabes cómo son esas flacas?
- No, la verdad que no. Supongo que vos las debes conocer mejor que yo. –Dijo rompiendo en llanto, quise abrazarla pero ella se negó.-
- Pau, por favor… ¿Me escuchas?
- Te estoy escuchando.
- Sentate, por favor.
- No, estoy bien así.
-Suspiré.- ¿Vos crees que solo estuvo conmigo esa piba? Todos los días con uno distinto, son así. Y no sé, no puedo estar seguro ni siquiera de que esté embarazada.
- ¿Y los estudios?
- ¡Pueden ser truchos! Sabe que tengo plata y por ahí me quiere usar para eso…
- Pedro, por favor…
- ¿No crees en mí?
- No sé Pedro, cuando yo me fui hiciste de todo. Y está bien, estabas en todo tu derecho.
- ¿Y entonces cuál es el problema?
- ¡Qué un hijo cambia todo!
- ¿Qué cambia?
- Todo Pedro.
- ¿Por qué?
- Porque yo no voy a estar con vos mientras tu hijo esté solo con su mamá, porque no me voy a bancar todo eso. Pero me corro a mí del medio. ¿Sabes por qué cambia todo? Porque mi infancia fue una mierda y nunca permitiría que un nene no tenga una infancia feliz por mi culpa.
- ¿Me estás jodiendo Paula?
- No.
- Si esa piba está embarazada y es mío, cosa que dudo… Me haré cargo, pero no voy a estar con ella. No la conozco.
- Tenes que hacerte cargo de lo que hiciste.
- Pau, te juro que por lo que más quiera que usé forro. ¡Usé forro! Nunca cogí con nadie sin forro, excepto con vos. Te lo juro.
- Pedro, dale…
- De verdad, no sería tan pelotudo de embarazar a una mina que no juno o de contagiarme algo por pelotudo.
- Pedro, te das con todo.
- No, te juro que no… Si me doy con todo termino en el hospital. Solo tomo algo, pero uso forro.
- No sé Pedro.
- Creeme, por favor. Es casi imposible que esa mina esté embarazada de mí.
- ¿Y qué pensas hacer?
- Le voy a pedir un ADN.
- Es peligroso para el bebé.
- Dudo que esté embarazada en realidad, la voy a llevar a mi médico.
- ¿Y si se niega?
- No sé, pero soportaría que esto cambie las cosas entre nosotros. –Quise besarla, pero me corrió la cara.-
- Las cosas entre nosotros ya cambiaron.
- ¿Por qué?
- Porque un hijo cambia todo, ya te lo dije.
- ¿Y no podes esperar a que sepa si es cierto o no?
- Obvio, pero en mi casa.
- Pau, por favor…
- Pau nada. Cuando puedas solucionar tu vida, me llamas y me decís que decidiste. Y si nos separamos, no te preocupes que me voy a hacer cargo de mi alquiler.
- Es lo que menos me importa en este momento.
- ¿Y qué te importa?
- Vos me importas. Más que nada.
- ¿Y tu hijo?
- ¿Me dejas demostrarte que eso es una mentira?
- No sé Pedro, hace lo que tengas que hacer… De verdad te lo digo.
- Paula, yo te elijo a vos.
- Si vas a tener un hijo, lo vas a tener que elegir a él. Me voy…
- Por favor.
- Ya te dije que por favor nada.
Y se fue, sin dejarme si quiera que le conteste.
Cerró la puerta y yo me deslicé por ella hasta terminar sentado en el suelo, quería desaparecer o morir. Me daba igual.
‘Necesito que vengas a ver a mi médico, que te haga una ecografía adelante mío y que te haga un adn.’
‘No me jodas, no voy a exponer a mi hijo a eso.’
‘¿O acaso tenes miedo que salte tu mentira?’
‘¿Qué mentira?’
‘No te crees ni vos que estás embarazada y mucho menos que es mío.’
‘Son un cínico.’
‘Vos sos la cínica, mañana te paso a buscar y vamos. No hay discusión posible.’
-
Llegué a mi casa y caí en la cama sin intención alguna de hacer más.
Era obvio que la felicidad no era para mí, estaba más que claro.
‘Es hora de ir aceptando que la felicidad no es para vos Paula y mientras antes lo aceptes mejor va a ser, menos vas a sufrir.
Es así, la cruda realidad.
Duele menos la realidad que la pantomima de la felicidad. (O eso dicen).
La felicidad a veces se asoma en el medio de las nubes negras, pero es eso… Un momentito y cuando empezas a disfrutarla ya desaparece otra vez. Un chubasco, una tormenta de verano. De repente está y de repente no. Desapareció, ya está. Ya pasó.
Tampoco es que crea que la felicidad sea eterna, pero sí creo que la felicidad puede estar en los momentos con alguien, en las sonrisas sin razón o en simplemente tener alguien que se preocupe por si respiras o no.
La felicidad son momentos, sí… Pero si no hay nadie que genere esos momentos la felicidad desaparece. (Duele, pero es así).’
Siempre supe que él era un gatero, desde el día uno y lo acepté. Las cosas eran así y no iba a poder cambiarlo de un día para el otro.
Sabía a la perfección que ni bien leyera mi carta llevaría a su cama a cuanta mina se le cruce y cuando decidí darle su segunda oportunidad ni si quiera hizo falta que lo aclare, era muy obvio y no me molestaba.
Pero… ¿Un hijo? Un hijo lo cambia todo.
¿Qué? ¿Va a estar haciéndome el amor y en pleno acto se va a ir porque el bebé necesita pañales?
No, no lo soportaría.
Necesitaba ser la prioridad de alguien por lo menos una vez en mi vida.
Entré a mi casa y me llevé una sorpresa linda, o eso creí hasta que vi su cara.
- Hola Pau… No sabía que estabas acá.
- Yo tampoco sabía que iba a estar acá.
- ¿No pensas saludarme?
- ¿Vos no tenes nada para decirme?
- ¿Por?
- Ya lo sé Pedro.
- ¿Qué sabes? –Pregunté nervioso.-
- Lo de la rubia, lo sé.
- ¿Qué?
- Los escuché, justo hoy se me ocurrió ir a visitarte al trabajo y los escuché en la plaza. ¿Puede ser que nunca hagas las cosas bien? ¿Nunca? –Se levantó del sillón y quería desaparecer.-
- Para, tranquilizate… No sé nada todavía.
- ¿Qué no sabes? ¿No te mostró los estudios?
- ¿Vos no sabes cómo son esas flacas?
- No, la verdad que no. Supongo que vos las debes conocer mejor que yo. –Dijo rompiendo en llanto, quise abrazarla pero ella se negó.-
- Pau, por favor… ¿Me escuchas?
- Te estoy escuchando.
- Sentate, por favor.
- No, estoy bien así.
-Suspiré.- ¿Vos crees que solo estuvo conmigo esa piba? Todos los días con uno distinto, son así. Y no sé, no puedo estar seguro ni siquiera de que esté embarazada.
- ¿Y los estudios?
- ¡Pueden ser truchos! Sabe que tengo plata y por ahí me quiere usar para eso…
- Pedro, por favor…
- ¿No crees en mí?
- No sé Pedro, cuando yo me fui hiciste de todo. Y está bien, estabas en todo tu derecho.
- ¿Y entonces cuál es el problema?
- ¡Qué un hijo cambia todo!
- ¿Qué cambia?
- Todo Pedro.
- ¿Por qué?
- Porque yo no voy a estar con vos mientras tu hijo esté solo con su mamá, porque no me voy a bancar todo eso. Pero me corro a mí del medio. ¿Sabes por qué cambia todo? Porque mi infancia fue una mierda y nunca permitiría que un nene no tenga una infancia feliz por mi culpa.
- ¿Me estás jodiendo Paula?
- No.
- Si esa piba está embarazada y es mío, cosa que dudo… Me haré cargo, pero no voy a estar con ella. No la conozco.
- Tenes que hacerte cargo de lo que hiciste.
- Pau, te juro que por lo que más quiera que usé forro. ¡Usé forro! Nunca cogí con nadie sin forro, excepto con vos. Te lo juro.
- Pedro, dale…
- De verdad, no sería tan pelotudo de embarazar a una mina que no juno o de contagiarme algo por pelotudo.
- Pedro, te das con todo.
- No, te juro que no… Si me doy con todo termino en el hospital. Solo tomo algo, pero uso forro.
- No sé Pedro.
- Creeme, por favor. Es casi imposible que esa mina esté embarazada de mí.
- ¿Y qué pensas hacer?
- Le voy a pedir un ADN.
- Es peligroso para el bebé.
- Dudo que esté embarazada en realidad, la voy a llevar a mi médico.
- ¿Y si se niega?
- No sé, pero soportaría que esto cambie las cosas entre nosotros. –Quise besarla, pero me corrió la cara.-
- Las cosas entre nosotros ya cambiaron.
- ¿Por qué?
- Porque un hijo cambia todo, ya te lo dije.
- ¿Y no podes esperar a que sepa si es cierto o no?
- Obvio, pero en mi casa.
- Pau, por favor…
- Pau nada. Cuando puedas solucionar tu vida, me llamas y me decís que decidiste. Y si nos separamos, no te preocupes que me voy a hacer cargo de mi alquiler.
- Es lo que menos me importa en este momento.
- ¿Y qué te importa?
- Vos me importas. Más que nada.
- ¿Y tu hijo?
- ¿Me dejas demostrarte que eso es una mentira?
- No sé Pedro, hace lo que tengas que hacer… De verdad te lo digo.
- Paula, yo te elijo a vos.
- Si vas a tener un hijo, lo vas a tener que elegir a él. Me voy…
- Por favor.
- Ya te dije que por favor nada.
Y se fue, sin dejarme si quiera que le conteste.
Cerró la puerta y yo me deslicé por ella hasta terminar sentado en el suelo, quería desaparecer o morir. Me daba igual.
‘Necesito que vengas a ver a mi médico, que te haga una ecografía adelante mío y que te haga un adn.’
‘No me jodas, no voy a exponer a mi hijo a eso.’
‘¿O acaso tenes miedo que salte tu mentira?’
‘¿Qué mentira?’
‘No te crees ni vos que estás embarazada y mucho menos que es mío.’
‘Son un cínico.’
‘Vos sos la cínica, mañana te paso a buscar y vamos. No hay discusión posible.’
-
Llegué a mi casa y caí en la cama sin intención alguna de hacer más.
Era obvio que la felicidad no era para mí, estaba más que claro.
‘Es hora de ir aceptando que la felicidad no es para vos Paula y mientras antes lo aceptes mejor va a ser, menos vas a sufrir.
Es así, la cruda realidad.
Duele menos la realidad que la pantomima de la felicidad. (O eso dicen).
La felicidad a veces se asoma en el medio de las nubes negras, pero es eso… Un momentito y cuando empezas a disfrutarla ya desaparece otra vez. Un chubasco, una tormenta de verano. De repente está y de repente no. Desapareció, ya está. Ya pasó.
Tampoco es que crea que la felicidad sea eterna, pero sí creo que la felicidad puede estar en los momentos con alguien, en las sonrisas sin razón o en simplemente tener alguien que se preocupe por si respiras o no.
La felicidad son momentos, sí… Pero si no hay nadie que genere esos momentos la felicidad desaparece. (Duele, pero es así).’
Siempre supe que él era un gatero, desde el día uno y lo acepté. Las cosas eran así y no iba a poder cambiarlo de un día para el otro.
Sabía a la perfección que ni bien leyera mi carta llevaría a su cama a cuanta mina se le cruce y cuando decidí darle su segunda oportunidad ni si quiera hizo falta que lo aclare, era muy obvio y no me molestaba.
Pero… ¿Un hijo? Un hijo lo cambia todo.
¿Qué? ¿Va a estar haciéndome el amor y en pleno acto se va a ir porque el bebé necesita pañales?
No, no lo soportaría.
Necesitaba ser la prioridad de alguien por lo menos una vez en mi vida.
miércoles, 18 de marzo de 2015
83.
¡No! Definitivamente no podía ser.
Había solo dos cosas con la que era responsable: mi trabajo y el forro. Juro que nunca estuve con una mina de esas pasajeras sin usarlo. Nunca, jamás. No podía ser.
Además… ¿Cómo sabe qué es mío? Ese día éramos dos y encima, se debe encamar con un millón. Esas tipas son así.
El celular cayó al piso y yo no podía dejar de temblar. El miedo me había tomado el cuerpo, me había dejado sin reacción.
Busqué el puff en mi bolsillo para poder usarlo un par de veces y de a poco, al menos volví a la normalidad –o a lo que se podía definir como normal dentro de esos parámetros.-
Pedí permiso a mi superior para salir un momento y salí de la oficina, luego del edificio. Crucé a la plaza de enfrente y esta vez la llamé yo.
- Conversación telefónica -
- Necesito verte.
- ¿En dónde estás? –Le di la dirección.- Voy para allá, a ver si de una vez te cae la ficha.
- Fin de la conversación telefónica -
Caminé, dando vueltas a la plaza, tratando de no pensar. Intentando lo imposible.
Mis manos transpiraban y mi cuerpo no estaba demasiado estable.
Me preocupaban dos cosas:
a- ¿Yo padre? ¿Y ahora? Contate otro.
b- Paula. Si es cierto me cuelga de las bolas y creo que me moriría. Ya comprobé que no puedo vivir sin ella. (Y también comprobé que tiene un carácter fuerte. Muy fuerte).
- Hola. –Dijo apartándome de mis pensamientos.-
- Hola. –Respondí seco.- ¿Qué es lo que queres?
- Y bueno, vamos a tener un bebito juntos.
- Yo con vos no voy a tener nada.
- ¿Estás insinuando que aborte a tu hijo?
- No pelotuda, no. Estoy diciendo que yo me cuide y que esto es imposible.
- No, no es imposible. Los forros pueden pincharse. ¿Sabías?
- No acabo adentro de ninguna puta como vos.
- No seas guarango. ¿Queres?
- ¿Qué es lo qué queres? ¿Plata? Te doy lo que quieras.
- ¡No! Quiero que te hagas cargo de tu bebé.
- No es mío, no. Yo no voy a tener un hijo.
- ¡Sí Pedro! Aceptalo. Hacete cargo de tus calenturas.
- No, esto es imposible.
- No, no es imposible. ¿Queres que te explique cómo pasó?
- No soy pelotudo nena.
- Parece… ¡No es tan complicado entender que tengo un hijo tuyo adentro mío! –Sacó de su cartera unos papeles.- ¡Mira! Son las ecografías, los estudios…
- No, no te creo. ¿Cómo puedo saber si es mío?
- No estuve con nadie más.
- ¿Con Nan?
- No cogí con él.
-Rasqué mi sien, más nervioso que antes.- ¿Y cómo puedo saber que no te acostaste con otro? No te conozco como para saberlo.
- No te importo mucho que no me conocieras cuando se te paró la pija conmigo.
- Callate la boca.
- ¿Acaso no tengo razón?
- No sé, no me importa. Ahora andate porque tengo que irme a trabajar.
- Muy bien, así a nuestro bebito no le falta nada.
- Dejate de joder.
Y me fui, estaba en shock.
Corrí a mi oficina y me dejé caer en mi sillón, no podía ser. ¿De verdad yo iba a tener un hijo? ¿Qué? ¡El mundo estaba equivocado!
Es absurdo, ilógico. Es hasta pelotudo imaginarme con un bebé.
Tenía que ir a una reunión y era imposible. Era casi un milagro que mis neuronas pudieran conectarse con otra cosa que no sea este tema. Intenté tomar aire y me ahogué. ¡La puta madre! ¿Algo más iba a pasarme?
-
Salí de entregar mi trabajo práctico con un 10, por supuesto que feliz… Y como estaba cerca del trabajo de Pedro aproveché para ir a darle al menos un beso.
Seguro seguiría un poco depre por lo del día anterior y quería por lo menos sacarle una sonrisa.
Pasé por un kiosko y le compré un chocolate, al menos un detalle.
De camino, entregué algunos pedidos en un par de negocios y me compré un agua porque sentía morirme. Siempre necesitaba tomar agua, era como un vicio. –Al menos sano.-
Cuando llegué dudé porque hay dos edificios que pertenecen a la empresa y Pedro podría estar en cualquiera de los dos, fuck. No quería llamarlo, quería que sea una sorpresa.
Crucé a la plaza de enfrente y me senté debajo de un árbol, escucharía un rato de música hasta encontrar a Nan en línea y poder preguntarle donde se encontraba su amigo, no quería molestarlo en su trabajo. Además, no tenía demasiada relación con él, solo algunas cenas compartidas y alguna que otra vez me lo habré cruzado en casa de Pedro.
De repente, visualicé a Pedro en medio de la multitud y sonreí. Creí que era mi día de suerte.
Me levanté de donde estaba y me acerqué casi corriendo a Pedro, pero me frené al ver que se puso a hablar con una rubia. ¿Estaba con otra mina? Quería morir.
Me acerqué lo suficiente como para poder escuchar lo que hablaban sin que Pedro me viera y la conversación fue aún peor que imaginar que podría estar cogiéndose a otra.
Me sentí morir, fue como un puñal directo en medio de mis omoplatos.
Las lágrimas llegaron sin permiso a mis ojos y el vértigo recorrió mi cuerpo de punta a punta.
Todos mis estúpidos sueños de vida feliz a su lado acababan de derrumbarse y de enterrarse en menos de un segundo.
Escuché toda la conversación, ya que hablaban casi a los gritos, e intenté sobrevivir. Cada frase era una puñalada que se sumaba a la primera.
Cuando Pedro se dio vuelta para irse casi lo increpó, pero lo pensé mejor y era mejor agarrar a la mina. Sé donde vive Pedro, no donde viva la rubia.
- Rubia, para… -Dije corriéndola.-
- ¿Y vos quién sos? –Preguntó dándose vuelta.-
- ¿Vos estás embarazada de Pedro?
- Jodeme que vos sos la minita por la que él estaba mal esa noche.
- Respondeme lo que te pregunté.
- Sí. ¿Cuál es el problema?
- ¿Estás seguro de eso?
- Muy segura.
- ¿De verdad?
- Sí flaca. ¿Qué te estoy diciendo?
- Okei, solo quería corroborarlo.
- Ojala lo dejes, mi bebé necesita un padre presente. –Yo le sonreí falsamente y me fui.-
Caminé, caminé muchísimo intentando digerir la información. Llegué a una parada de colectivo y emprendí el camino a mi casa, pero, decidí bajarme en su casa. –Ya que tenía las llaves.-
Lo esperaría allí. Necesitaba explicaciones, necesitaba saber al menos que cara pensaba ponerme.
Había solo dos cosas con la que era responsable: mi trabajo y el forro. Juro que nunca estuve con una mina de esas pasajeras sin usarlo. Nunca, jamás. No podía ser.
Además… ¿Cómo sabe qué es mío? Ese día éramos dos y encima, se debe encamar con un millón. Esas tipas son así.
El celular cayó al piso y yo no podía dejar de temblar. El miedo me había tomado el cuerpo, me había dejado sin reacción.
Busqué el puff en mi bolsillo para poder usarlo un par de veces y de a poco, al menos volví a la normalidad –o a lo que se podía definir como normal dentro de esos parámetros.-
Pedí permiso a mi superior para salir un momento y salí de la oficina, luego del edificio. Crucé a la plaza de enfrente y esta vez la llamé yo.
- Conversación telefónica -
- Necesito verte.
- ¿En dónde estás? –Le di la dirección.- Voy para allá, a ver si de una vez te cae la ficha.
- Fin de la conversación telefónica -
Caminé, dando vueltas a la plaza, tratando de no pensar. Intentando lo imposible.
Mis manos transpiraban y mi cuerpo no estaba demasiado estable.
Me preocupaban dos cosas:
a- ¿Yo padre? ¿Y ahora? Contate otro.
b- Paula. Si es cierto me cuelga de las bolas y creo que me moriría. Ya comprobé que no puedo vivir sin ella. (Y también comprobé que tiene un carácter fuerte. Muy fuerte).
- Hola. –Dijo apartándome de mis pensamientos.-
- Hola. –Respondí seco.- ¿Qué es lo que queres?
- Y bueno, vamos a tener un bebito juntos.
- Yo con vos no voy a tener nada.
- ¿Estás insinuando que aborte a tu hijo?
- No pelotuda, no. Estoy diciendo que yo me cuide y que esto es imposible.
- No, no es imposible. Los forros pueden pincharse. ¿Sabías?
- No acabo adentro de ninguna puta como vos.
- No seas guarango. ¿Queres?
- ¿Qué es lo qué queres? ¿Plata? Te doy lo que quieras.
- ¡No! Quiero que te hagas cargo de tu bebé.
- No es mío, no. Yo no voy a tener un hijo.
- ¡Sí Pedro! Aceptalo. Hacete cargo de tus calenturas.
- No, esto es imposible.
- No, no es imposible. ¿Queres que te explique cómo pasó?
- No soy pelotudo nena.
- Parece… ¡No es tan complicado entender que tengo un hijo tuyo adentro mío! –Sacó de su cartera unos papeles.- ¡Mira! Son las ecografías, los estudios…
- No, no te creo. ¿Cómo puedo saber si es mío?
- No estuve con nadie más.
- ¿Con Nan?
- No cogí con él.
-Rasqué mi sien, más nervioso que antes.- ¿Y cómo puedo saber que no te acostaste con otro? No te conozco como para saberlo.
- No te importo mucho que no me conocieras cuando se te paró la pija conmigo.
- Callate la boca.
- ¿Acaso no tengo razón?
- No sé, no me importa. Ahora andate porque tengo que irme a trabajar.
- Muy bien, así a nuestro bebito no le falta nada.
- Dejate de joder.
Y me fui, estaba en shock.
Corrí a mi oficina y me dejé caer en mi sillón, no podía ser. ¿De verdad yo iba a tener un hijo? ¿Qué? ¡El mundo estaba equivocado!
Es absurdo, ilógico. Es hasta pelotudo imaginarme con un bebé.
Tenía que ir a una reunión y era imposible. Era casi un milagro que mis neuronas pudieran conectarse con otra cosa que no sea este tema. Intenté tomar aire y me ahogué. ¡La puta madre! ¿Algo más iba a pasarme?
-
Salí de entregar mi trabajo práctico con un 10, por supuesto que feliz… Y como estaba cerca del trabajo de Pedro aproveché para ir a darle al menos un beso.
Seguro seguiría un poco depre por lo del día anterior y quería por lo menos sacarle una sonrisa.
Pasé por un kiosko y le compré un chocolate, al menos un detalle.
De camino, entregué algunos pedidos en un par de negocios y me compré un agua porque sentía morirme. Siempre necesitaba tomar agua, era como un vicio. –Al menos sano.-
Cuando llegué dudé porque hay dos edificios que pertenecen a la empresa y Pedro podría estar en cualquiera de los dos, fuck. No quería llamarlo, quería que sea una sorpresa.
Crucé a la plaza de enfrente y me senté debajo de un árbol, escucharía un rato de música hasta encontrar a Nan en línea y poder preguntarle donde se encontraba su amigo, no quería molestarlo en su trabajo. Además, no tenía demasiada relación con él, solo algunas cenas compartidas y alguna que otra vez me lo habré cruzado en casa de Pedro.
De repente, visualicé a Pedro en medio de la multitud y sonreí. Creí que era mi día de suerte.
Me levanté de donde estaba y me acerqué casi corriendo a Pedro, pero me frené al ver que se puso a hablar con una rubia. ¿Estaba con otra mina? Quería morir.
Me acerqué lo suficiente como para poder escuchar lo que hablaban sin que Pedro me viera y la conversación fue aún peor que imaginar que podría estar cogiéndose a otra.
Me sentí morir, fue como un puñal directo en medio de mis omoplatos.
Las lágrimas llegaron sin permiso a mis ojos y el vértigo recorrió mi cuerpo de punta a punta.
Todos mis estúpidos sueños de vida feliz a su lado acababan de derrumbarse y de enterrarse en menos de un segundo.
Escuché toda la conversación, ya que hablaban casi a los gritos, e intenté sobrevivir. Cada frase era una puñalada que se sumaba a la primera.
Cuando Pedro se dio vuelta para irse casi lo increpó, pero lo pensé mejor y era mejor agarrar a la mina. Sé donde vive Pedro, no donde viva la rubia.
- Rubia, para… -Dije corriéndola.-
- ¿Y vos quién sos? –Preguntó dándose vuelta.-
- ¿Vos estás embarazada de Pedro?
- Jodeme que vos sos la minita por la que él estaba mal esa noche.
- Respondeme lo que te pregunté.
- Sí. ¿Cuál es el problema?
- ¿Estás seguro de eso?
- Muy segura.
- ¿De verdad?
- Sí flaca. ¿Qué te estoy diciendo?
- Okei, solo quería corroborarlo.
- Ojala lo dejes, mi bebé necesita un padre presente. –Yo le sonreí falsamente y me fui.-
Caminé, caminé muchísimo intentando digerir la información. Llegué a una parada de colectivo y emprendí el camino a mi casa, pero, decidí bajarme en su casa. –Ya que tenía las llaves.-
Lo esperaría allí. Necesitaba explicaciones, necesitaba saber al menos que cara pensaba ponerme.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)