domingo, 31 de mayo de 2015

162.

Quería desaparecer, quería que esa camilla me consumiera. No me importaba como, pero necesitaba dejar de sentir tanto dolor porque ya no podía soportarlo.

No sé si lo que quise es matarme, no sé si lo que busqué fue irme para siempre o dormir un ratito, pero ahora estoy así y hubiese querido dormir un rato más porque me duelen los ojos de tanto llorar.

Y no, no hay nada que pueda calmarme, no existe palabra ni gesto que pueda sacarme tanto dolor de aquí dentro. Me duele respirar, me duele estar acá.

Me duele esta vida de mierda que tengo.

Pedro se fue a buscar mi alta y la realidad era que no sabía si quería volver a mi casa.

-

- Señor. ¿Usted es la pareja de la señorita Chaves?
- Sí.
- ¿Conviven?
- Así es.
- Bueno, yo le explico el panorama.
- Digame.
- La realidad es que llegó en un estado crítico por la cantidad de pastillas que tomó, yo no sé si es la primera vez e incluso capaz que ni usted lo sepa, pero lo ideal sería que por un tiempo se interne en una clínica psiquiatrica.
- Será lo ideal para otros, no para ella.
- No sea terco señor, con el mayor de los respetos.
- Perdió hace poco a su mamá, se entero que su padre biológico había sido asesinado por el padre que la maltrató toda la vida y perdimos un hijo. ¿Eso no le parece panorama suficiente como para querer tomar antidepresivos?
- Pero no tomo uno solo.
- Lo sé, soy conciente de eso. Pero también soy conciente de que no va a estar bien en ningún lado donde no esté yo.
- ¿Usted firma el alta voluntaria?
- Sí.
- Mire que cualquier cosa que le pase a nivel psicológico va a ser su responsabilidad.
- La firmo.
- Okei, como prefiera.

Firmé el alta y la fui a buscar a Pau.

- ¿Vamos a casa amor?
- ¿Me acompañas a un lugar antes?
- ¿A dónde?
- A donde tiramos las cenizas de mi mamá, por favor.
- ¿De verdad queres ir?
- Necesito ir.
- Pero Pau… -Me acerqué a ella y tomé sus manos.- No quiero que te pongas peor.
- Te lo estoy pidiendo por favor.
- Está bien. –La besé.- ¿Pero no queres ir antes a darte una ducha?
- Si vamos a casa no voy a salir más de la cama.
- Suspiré.- Entonces vamos ahora.
- Gracias. –Dijo y se paró, ya que estaba sentada en la cama. La besé y busqué su cartera, salimos abrazados.-

-

- Voy sola. –Dije cuando llegamos.-
- Dejame acompañarte.
- Pepe, necesito hacerlo sola.
-Suspiró.- Te espero acá.
- Por favor. –Lo besé y bajé del auto.-

Caminé por aquel puente y me senté en la punta, dejando que mis piernas cuelguen. Cerré mis ojos y suspiré.

- Hola ma. –Dije sin poder evitar llorar.- No sé muy bien por qué, pero tenía la necesidad de verte aunque verte no pueda. –Suspiré.- Necesito que me ayudes porque no soporto más sufrimiento, no me da el cuerpo y no me da el alma. No puedo mami, te juro que no puedo. Me duele respirar, no me puedo ni siquiera parar. No sé cómo seguir, no sé de dónde carajo sacar fuerzas. ¿Qué hice tan mal en la vida para merecer todo esto? –Sequé mis lágrimas.- No sé si vos podes hacer algo, pero si podes hacelo porque me estoy muriendo y esta vez lo siento de verdad, esta vez siento el dolor en lo más profundo de mi alma. –Y me di cuenta que estaba temblando.- Necesito que me ayudes, que esta vez me cuides y sentirlo así. No quiero que suene a reproche, pero te necesito de verdad. Más que nunca.

Me paré y corrí al auto, abrí la puerta y me dejé caer en el asiento del acompañante, sequé mis lágrimas temblando y lo miré a Pedro.

- ¿Vamos?

Pedro asintió y arrancó.

Y si me sentía mal por todo lo que me pasaba me terminaba de destruir por acarrear a Pedro a esta situación tan de mierda, definitivamente no se lo merecía.

Entramos en casa y lo miré.

- Necesito ir a acostarme.
- Anda entonces.
- Te juro que quisiera no estar así.
- Lo sé, pero no podemos controlar lo que sentimos.
- Ojala pudiera hacerlo.
- Pero nadie puede hacerlo.
- Lo sé.
- ¿Puedo ir con vos?
- Si no tenes nada más que hacer.
- No hay nada que tenga que hacer que sea más importante que vos. –Me besó.- Bañate primero, así te relajas.
- Podría ser.
- Dale, si queres yo te llevo ropa.
- Bueno, está bien.

Quise dirigirme al baño pero él me tomó de la mano y me lo impidió, me besó y me sonrió.

Dejé que el agua cayera con fuerza sobre mi cuerpo intentando que con el agua se fuera el dolor, claro que era un intento inútil. Lavé desganadamente mi pelo y salí, solo quería acostarme en la cama. Me cambié y salí del baño.

Pepe estaba en la cama esperándome y agradecí profundamente que fuera así, me acosté a su lado sin decir nada y me quedé allí unos segundos, no quería acostarme sobre él porque tenía el pelo mojado.

- Veni amor.
- Tengo el pelo mojado.
- No me importa, veni.

Me dejé abrazar por él y me acurruqué en su pecho, cerré mis ojos y respiré profundo para sentir su olor y para luego concentrarme solo en los latidos de su corazón, aquellos que podían ayudarme a encontrar un poco paz.

Me abrazó y suspiré nuevamente, besó sentidamente mi frente y apoyó su mentón sobre mi cabeza.

- ¿Cuánto tiempo más?
- ¿Cuánto tiempo más qué?
- Vamos a estar así.
- No sé amor, te juro que me encantaría saberlo.
- Era nuestro hijo, era la primera vez que nos pasaba algo lindo.
- No era la primera vez, nosotros somos algo lindo para el otro.
- Sí, pero era nuestro hijo Pedro. –Dije con bronca.-
- Lo sé Pau. –Y se quebró su voz.- Pero no podemos volver el tiempo atrás.
- Eso es lo que más impotencia me da, que no podamos hacer nada.
- No pienses en eso.
- ¿Y en qué queres que piense?
- No sé amor, pero no te pongas manija porque es imposible volver al pasado.
-Suspiré.- Necesito dormir y despertarme el día que la tormenta pase.
- La mejor manera de dejar el dolor de lado es atravesarlo.
- No puedo más.
- Lo sé y yo tampoco, pero es lo que nos toca.
- ¿Siempre nos va a tocar esta mierda?
- Confiemos en que van a venir cosas lindas.
- No puedo confiar en nada yo a esta altura.
- ¿En mí no confías?

sábado, 30 de mayo de 2015

161.

Pedro dormía y lo envidiaba profundamente, salí del cuarto y busqué los antidepresivos, esta vez me tomé dos, pero no hacían efecto.

Sin darme cuenta comencé a tomar desmedidamente.

-

Me desperté porque no la sentí a Paula a mi lado, ya era casi de día, la busqué por toda la casa y la encontré de una manera que jamás me hubiese imaginado.

- ¡Paula! –Grité y me arrodillé a su lado.- ¿Paula qué carajo hiciste? –Respiré hondo al notar que tenía pulso y la dejé sobre el sillón.-

Intenté que se despertara pero fue inútil, me vestí lo más rápido que pude y la llevé hasta el auto.

- Aguanta mi amor por favor, aguanta. –Besé sus labios y me subí para poder arrancar.-

No respeté ninguna señal, ningún semáforo. ¡No respete nada! Ni siquiera podía respirar, si algo le pasaba me moría.

Llegué a la clínica donde tantas veces había estado internado tantas veces y la cargué entre mis brazos, entré allí y grité que me ayuden.

- ¿Qué le pasó? –Preguntó una enfermera.-
- Creo que tomo varios antidepresivos. –Dije desesperado.-
- Venga por acá.

Seguí a la enfermera hasta que llegamos a un cuarto y dejé a Pau sobre una camilla.

- ¿Cómo está? –Pregunté.-
- Dejeme revisarla.

La enfermera comenzó a revisarla y yo me largué a llorar, no soportaba verla así. ¿Cuan mal se sentía si hizo eso? No soportaba la idea de que haya querido suicidarse.

- ¿Cómo está? –Reiteré.-
- Tiene signos vitales leves.
- ¿Qué significa eso?
- Hay que hacerle un lavado de estómago, pero sale muy caro.
- ¿Qué carajo me importa? ¡Hagalo!
- Voy a buscar a un médico.

La enfermera se fue y me acerqué a Pau, tomé su mano y la besé.

- Vas a estar bien princesa, te lo prometo. –Besé sus labios.- Te amo. –Volví a besarla y esperé a que venga el médico.-

- ¿Usted quién es?
- Su pareja.
- ¿Usted la encontró?
- Sí.
- Tenemos que hacerle un lavaje.
- Haga cualquier cosa con tal de que esté bien.
- Tenemos que llevarla.

Asentí con mi cabeza y dejé que se la lleven.

No podía ser que estuviéramos otra vez acá, no podía ser que siempre terminemos en estas condiciones.

Me senté y me di cuenta que estaba temblando, Paula tenía que salir de esto porque sino me moría con ella. Necesitaba que alguien saliera y que me diga que estaba despierta porque lo único que necesitaba era abrazarla, sentirla conmigo y que sienta que estoy con ella.

Te necesito mi amor, no puedo sin vos. No puedo.

Las lágrimas caían sin cesar por mis mejillas y no podía creer que últimamente estaba llorando tan seguido.

Paula me había despertado, había despertado mis sentimientos y solo quería sentir con ella.

Cerré mis ojos y dejé que las lágrimas cayeran. Los mantendría cerrados hasta que alguien me dijera que Paula estaba bien. Mi mente sin pedir permiso comenzó a reproducir momentos vividos con ella, los buenos y los malos, todo con ella. Porque mi vida era ella.

- Señor. –Dijo la enfermera y abrí mis ojos.- Ya le hicimos el procedimiento, ahora hay que esperar.
- Gracias.

Volví a cerrar mis ojos y como no logré normalizar mi respiración quité el puff de mi bolsillo, sabía que lo iba a necesitar.

Cuando la habitación se vació, me mande sin pedir permiso.

- Pau, mi amor. ¿Me escuchas? –Susurré en su oído.- Por favor, dame alguna señal. –Supliqué.- Mi amor…
- ¿Qué hace acá señor?
- Perdón, quería verla.
- La paciente tiene que descansar.
- ¿Cuándo se va a despertar?
- Hay que esperar, no lo sabemos.
- ¿Puede avisarme?
- Claro que sí, pero ahora salga.

Salí de la habitación y agradecí que fuera sábado porque me iban a terminar echando del laburo.

-

Me desperté y me desesperé, no entendía nada o no quería entender nada.

Cerré mis ojos y recordé todo, me quería morir. No soportaría ver a Pedro a los ojos.

Sentí que se abrió la puerta y me tapé con la sábana.

- Quiero estar sola.
- Quiero saber cómo estás.
- Me muero de vergüenza.

Me quitó la sábana de la cara y me quise morir.

- ¿Cómo estás?
- Como el orto. –Y le di la espalda.-
- Pau, soy yo.
- Justamente por eso.
- ¿Lo hiciste a propósito?
- No tengo las agallas suficientes.
- ¿Pero quisiste hacerlo?
- No sé que quise, solo quise calmar este dolor.
-Sentí su mano en mi espalda.- No sientas vergüenza conmigo, te lo suplico.
- Nunca creí que iba a terminar así.
- No importa.
- Es que no me hacían nada y me desesperé.
- ¿De verdad queres que te deje sola?
- Te necesito más que nunca.
-Sentí que me abrazó acostándose detrás de mí y cerré mis ojos suspirando.- Yo sé que no sirve de mucho que te lo diga ahora, pero te prometo que vas a estar bien. Vamos a estar bien y vamos a estar juntos. –Besó mi cuello y suspiré.-
- No sé si voy a poder.
- Yo te prometo que sí.
- Me muero de miedo.
- No tengas miedo, no estás sola.
- Eso es de lo único que estoy segura.
- Siempre voy a estar con vos, siempre.
- Y yo con vos.
- Te amo Paula.
- Te amo mi amor.

viernes, 29 de mayo de 2015

160.

Me desperté y estaba solo lo cual implicó que me desarme como nunca, ya no había corazas que ponerme.

Era muy difícil mantenerme medianamente fuerte frente a ella, pero no quería terminar de destruirla. No me permitiría nunca que ella no pueda superar esto.

Sí, me duele el alma pero siento que en algún lado tengo la suficiente fortaleza para poder superarlo con el tiempo. Lo que más miedo me da es que ella no la tenga.

Me sentía quebrado por dentro y por fuera, algo así como si fuese un envase de vidrio y una topadora me hubiese pasado por encima. No podía creer que nunca nada nos salga bien. ¿Siempre tenemos que sufrir? ¿Por qué? ¡Es injusto!

Si lo analizo fríamente me doy cuenta que no era EL momento de ser padres, pero ese bebé quería sanarnos y la vida hizo que su ida termine de destruirnos.

Me levanté para lavarme la cara y la busqué a Pau en el balcón, había escuchado que estaba allí.

- ¿Puedo quedarme o queres estar sola? –Pregunté.-
- Veni. –Dijo sin dejar de mirar al frente.-

Me senté a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro.

- Siento que me descuartizaron y que nunca voy a dejar de sangrar.
- Todo pasa.
- No me vengas con frases hechas Pedro.
-Suspiré y acaricié su brazo.- Es real.
- ¿Qué es real? Lo único real que siento es que todo lo malo me pasa a mí.
- Ya van a venir cosas buenas.
- Siempre decimos lo mismo y la vida nos recuerda que no.
- En algún momento va a cambiar.
- Espero estar viva para ese entonces.
- Hey, no hables así.
- ¿Cómo queres que hable? Es real que me siento morir.
- Pau.
-Se separó de mí y yo me senté para poder mirarla a los ojos, secó sus lágrimas y enojada comenzó a hablar.- ¡Pau nada! No te quiero tratar mal porque al fin y al cabo sos lo único lindo que me pasó en la vida, pero no puedo más Pedro. ¡No puedo más! Toda la mierda que le puede pasar a una persona en su vida me pasó a mí, una atrás de la otra, como un efecto dominó. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que sé que esto no es lo último, que sé que después de este golpe se viene otro mucho peor y así hasta terminar muerta porque no doy más Pedro, no tengo fuerzas, no quiero respirar, no quiero nada. ¡No quiero nada! ¡No quiero vivir! No puedo soportar más dolor. –Suspiró.- Te juro que con esto no quiero decir que vos hayas tenido una vida color de rosas porque sé que no es así, pero vos serás más fuerte que yo o no sé. Yo no puedo más, no soporto más esto. No soporto más mi cuerpo. No soporto que la vida sea esta mierda. La gente se vive llenando la boca diciendo que uno tiene que aprender del dolor, que uno tiene que salir fortalecido pero te juro que no puedo más y que no puedo sacar nada bueno de esto. ¡Nada! Solo quiero llorar, tirarme en la cama y taparme hasta la cabeza para llorar hasta ahogarme. Y no, no digas nada porque no hay nada que puedas decir que me haga cambiar de parecer.

Se levantó y se quiso ir, pero la frené.

- ¿Qué? ¿Qué queres?
- Estar con vos.
- ¿Para qué?
- Para estar con vos, porque el amor no es solo pasar buenos momentos. El amor es también tirarse al piso y quedarse con el otro hasta que se pueda levantar.

Paula quebró en llanto y la abracé lo más fuerte que pude.

- No puedo, te juro que no puedo.
- Vas a poder.
- No Pedro, no.

Y salió corriendo.

- Pau… -La seguí.-
- Dejame sola, por favor.
- Voy a estar en el living.

Ella asintió con su cabeza y se fue.

-

Entré a la habitación y casi de manera desesperada comencé a escribir otro dolor nuevo en mi cuaderno.

‘Dolor número 378 en mi vida: perder un hijo.

Nunca creí que algo podía doler tanto, nunca hubiese podido imaginar tal dolor en mi cuerpo y en mi alma. Nunca creí sentirme morir de esta manera.

Me sentía hecha pedazos en el medio de una avenida, todos los que pasaban me pisaban.

No podía dejar de sangrar, en mi vida sangraba constantemente porque siempre hubo algo por lo cual sufrir.

Lo que más me duele es que esta vez como una pelotuda me ilusioné, esta vez elegí creer en la felicidad y me olvidé que eso no existía en mi vida. (Y que nunca va a existir)

Nota mental: nunca más imaginar que vas a ser feliz Paula. NUNCA.

No puedo respirar, no quiero respirar.

Me arrancaron una parte de mí. Él estaba dentro de mí y me lo quitaron como a un perro, la frialdad de los médicos había sido una nueva daga por la espalda.

¿Cómo se supone que uno debe recibir esto? Es imposible hacerlo con otra cosa que no sea dolor, un dolor que te invade en el lugar más profundo de tu alma, un lugar tuyo que ni siquiera conocías.

No puedo dejar de llorar, no puedo dejar de odiarme ni de odiar a la vida.

¿Esto es la vida? ¿Para qué nos traen acá? ¿Solo para sufrir? Prefería ni existir.

Más que con la palabra angustia creo que mi vida podría definir con la palabra injusto, porque no puede ser que el resto sea feliz y yo siempre termine mal. ¿Qué es lo que hice? ¿Por qué merezco tanto dolor?

¿NO ERA QUE ME ESTABAS CUIDANDO MAMÁ?

Me tiembla el cuerpo y el alma, me llora cada parte de mi ser. Sufro, me duele el cuerpo, me duele todo. No puedo soportar tanto dolor, no puedo comprenderlo. ¿No fue suficiente ya?

Necesitaba una explicación y no la encontraba, no existía.

Como tampoco existía algo que me haga sentir mejor, voy a morir así.’



Pedro entró con el remedio y cerré mi cuaderno, me lo tomé.

- ¿Para qué es esto?
- Para que te estabilices hormonalmente.
-Suspiré.- Me siento muy mal porque sé que vos también estás mal y te haces el fuerte por mí.
-Se agachó frente a mí ya que yo estaba sentada.- Vos no te preocupes por mí.
- Pero no esto nos pasó a los dos.
- Lo sé, pero no es por hacerme el superhéroe, pero yo siento que tengo la fortaleza para superarlo, tarde o temprano va a pasar, va a sanar. –Secó mis lágrimas.-
- Ojala sintiera eso.
- Por eso quiero estar con vos.
- Te mereces algo mejor que yo Pedro.

- No, ni se te ocurra empezar con esa boludes.
- No es una boludes.
- Sí que lo es, te amo a vos y a nadie más que a vos.
- Porque nunca probaste con otra persona.
- No quiero hacerlo. –Me besó.- No pienses en esa gilada, por favor. –Volvió a besarme.-



jueves, 28 de mayo de 2015

159.

Aquel día fue interminable, tan solo pasamos el día allí dentro llorando y sin encontrar ni media palabra que nos haga sentir un poco mejor.

Paula estaba allí dentro y yo acá afuera, según el tiempo que me habían dicho que tardarían ya debería estar por terminar la intervención.

Me encontraba sentado en la sala de espera, tan solo viendo la vida pasar, esa vida que nunca me tocaría a mí. Esa vida de la que siempre voy a ser espectador porque nunca voy a poder tener una vida feliz.

Sequé mis lágrimas no porque me diera vergüenza llorar sino porque ya eran demasiadas sobre mis mejillas.

Pensé en miles de cosas que podría hacer para que Pau se sintiera un poco mejor pero la realidad era que nada iba a hacerla sentir mejor, asique preferí abrazarla y que ella me abrace también.

El médico salió.

- Salió todo bien, su mujer está bien. No se preocupe.

Asentí con mi cabeza y el doctor se fue. ¿No se preocupe? ¿A los médicos no les enseñan psicología? ¿Así va a tratar a alguien que acaba de perder a un hijo?

Suspiré e intenté que la bronca se fuera en ese suspiro, no iba a discutir en ese momento.

Salió una enfermera y se acercó a mí.

- Si quiere puede pasar y estar con su mujer, ella está dormida pero dentro de aproximadamente una hora seguro despierte y le va a hacer bien encontrarse con usted.
- Gracias.
- No tiene nada que agradecer. Cuando se despierte por favor avíseme con el timbre que hay en la habitación así vengo a revisarla y si está bien seguro ya se puedan ir a su casa.
- Está bien, le aviso.
- Siento mucho lo que les pasó.
- Gracias.
- Permiso.

Se fue y yo entré en la habitación. Me senté al lado de Pau y tomé su mano, sequé mis lágrimas y con esa misma mano comencé a acariciar su pelo.

No dejé de hacerlo nunca hasta que se despertó.

- Pepe. –Dijo sin voz.-
- No podes hablar mi amor, por la anestesia.
-Suspiró.- ¿Ya está?
- Sí. –Besé su mano.- Tengo que avisar que te despertarse, te van a revisar y si estás bien te dan el alta.
- ¿Ya?
- Sí, porque es ambulatorio.

-

Y lo único que me faltaba era no poder hablar, ni siquiera podía expresar mi dolor.

Estábamos entrando a casa, abrazados. Ni bien crucé el umbral de la puerta corrí a la habitación, quería sumergirme en mi cama y no salir nunca de allí.

Me saqué el calzado y me acosté allí, en la cama que estaba revuelta por lo que le había pasado a Pedro.

Me hice un bollito dándole la espalda a la puerta y allí me quedé, cerré mis ojos con fuerza y dejé caer mis lágrimas. Me dolía el alma, me sentía desarmada, destruida. Descuartizada.

A los segundos sentí a Pedro entrar, se quitó sus zapatos y se acostó a mi lado, me abrazó por la espalda, besó mi cuello y se puso a llorar a la par mía.

¿Quién iba a sacarnos de esto? Era imposible.

Después de varias horas.

- Pau, tenes que tomar un remedio.
- No me importa el remedio.
- No me voy a bancar un capricho y no te voy a dejar que te hagas mal Paula.
- Si me vas a gritar te vas.
- No voy a dejar que me hagas un capricho Paula.
- ¿Qué carajo me importa el remedio ahora a mí?
- Estar bien.
- ¡No puedo estar bien! ¡Es imposible! ¿No te das cuenta?
–Hizo que lo mire.- No es tu culpa y tampoco es la mía, es algo que pasó y aunque nos duela en el alma no podemos hacer nada para cambiarlo, solamente podemos intentar salir de esto lo más enteros que podamos. Y no te voy a dejar que te hagas mal, no voy a dejar que te descuides. Grita, patalea, hace lo que quieras, pero el remedio lo vas a tomar igual.

Y me dejó callada, salió de la habitación dando un portazo y escuché que se fue. Volvió a los pocos minutos a casa.

- Tomalo, dale. –Dijo dándome la pastilla y el vaso de agua, yo me senté y lo tomé sin mirarlo. Dejé el vaso a un lado y levanté mi vista.-
- Gracias.
-Se sentó a mi lado.- Ay mi amor. –Me abrazó por el costado.-
- Perdón.
- No pasa nada. –Besó mi frente.- No es momento de pelear.
- No creo que sea momento de otra cosa que no sea llorar.

Sin decir más nada nos acomodamos en la cama, yo sobre su pecho y abrazándonos el uno al otro.

- Vamos a salir de esto Pau.
- Te juro que prefiero que no digas nada, no es de mala, es solo que cualquier intento no va a solucionar nada.
- No te puedo ver así.

Busqué su barba con mi mano.

- Yo tampoco soporto verte así, pero lo mejor que podemos hacer es estar así. –Cerré mis ojos.- Lo único que me va ayudar a sanarme es estar así con vos.

Me abrazó más fuerte y yo hice lo mismo.

Me levanté un par de horas después, cuando Pedro dormía.

Fui a la cocina y revisé el botiquín hasta que encontré lo que quería, un antidepresivo, sabía que Pedro tenía. Me lo tomé y me fui a bañar.

Cuando salí del baño me senté en el balcón y allí me quedé por un largo rato, cuando estoy mal no puedo calcular el tiempo.

Lo único que puedo calcular es el dolor y este es el más profundo que sentí en toda mi vida, era un dolor que de verdad me había tomado el cuerpo y el alma. Lloraba como nunca lo había hecho, lloraba con el dolor más profundo que una mujer puede sentir.

Siento que alguien me abrió al medio y me dejó así, agonizando en el medio del mundo, viendo como el resto sigue con su vida y yo no me termino de recomponer de un golpe que viene otro más duro.

¿Cuánto piensan que puedo aguantar? Porque yo no creo que sea mucho. (Si es que puedo soportar esto)

Sequé mis lágrimas y sentía que cada lágrima era una gota de sangre, me estaba agotando. Por primera vez me sentía completamente vencida y sin salida.

miércoles, 27 de mayo de 2015

158.

Finalmente ya le habían dado el alta a Pedro y habíamos ido a almorzar para esperar el horario de la consulta con el médico.

- Me da un poco de nervios esto. –Dije sentada a su lado.-
- A mí también. –Tomó mis manos.- Pero va a estar todo bien.
- Eso espero.
- Confia mi amor.
- Digamos que no estoy muy acostumbrada a que las cosas me salgan bien.
- Pero esta vez va a ser distinto.
-Lo besé.- No sé que haría sin vos.
- No vivirías. –Dijo gracioso.-
- Sabes que es así y no es un chiste. –Lo besé.- Te amo.
- Te amo. –Nos besamos.-

Nos llamaron e ingresamos en el consultorio.

- Buenos días. –Dijo la doctora.-
- Buenos días. –Respondimos al unísono.-

Nos sentamos en el escritorio de la doctora.

- ¿Primerizos?
- Me hice ayer un test y dio positivo, es todo lo que tenemos. –Dije riendo.-
- ¿No te hiciste análisis de sangre?
- No.
- Bueno, no importa. Podemos hacer una ecografía directamente.
- ¿Solo eso? –Pregunté extrañada.-
- Ahora sí, después te voy a dar una serie de órdenes para otros análisis.
- Bueno, está bien.

Pepe tomó mi mano por debajo del escritorio y lo apreté fuerte, estaba muy nerviosa, pero feliz.

- Si queres anda acostándote, yo tengo que ir a buscar gel que no me quedó más y vengo.
- Está bien.

La doctora se fue y casi por impulso lo besé a Pepe.

- Tranquila. –Dijo acomodando mi pelo.-
- ¿Y si tu mal presentimiento tiene que ver con esto?
- No pienses en eso. ¿Sí? –Me besó.- Dale, acostate.

Caminé insegura hasta la camilla y allí me acosté, Pepe se sentó a mi lado y busqué su mano.

- Tranquila. ¿Sí? –Dijo y besó mi frente.-
- Sí. –Respondí dudosa y entró la médica.-

- Bueno mami, levantate la remera y desabrochate el pantalón.

Yo hice lo que la médica me hizo y sentí el frío del hielo sobre mi panza.

- Está frío.
- Me doy cuenta. –Dije riendo y apreté aún más la mano de Pedro.-

Pasó un rato y la médica no decía nada, los nervios me habían tomado el cuerpo por completo.

- ¿Pasa algo doctora? –Preguntó Pedro.-
- No quiero mentirles chicos.
- Entonces díganos algo.
- No puedo estar segura de nada.
- ¿Qué es lo que pasa? –Pregunté al borde del llanto.-
- El embrión no está donde debería.
- ¿Y qué significa eso? –Preguntó Pedro mientras yo comenzaba a llorar.-
- Voy a ir a llamar al jefe de obstetricia.

¡Y nos dejó solos!

- ¿Qué te dije Pedro? –Dije estallada en lágrimas.-
- Tranquila, por favor. –Besó mi mejilla y él también lloraba.-
- No hay bebé, no hay nada.
- No sabemos nada todavía.

La médica ingresó con otro médico y ambos, sin decirnos nada, se pusieron a analizar la pantalla.

El médico comenzó a hablarnos y me sentía morir una vez más.

- Lo más probable es que sea un embarazo ectópico, lo lamento chicos.
- ¿Qué es eso? –Preguntó Pedro.-
- El embrión se ubica en una trompa de Falopio y es muy peligroso para ella, incluso lo más probable es que el embrión ya no tenga vida.

Y a partir de ese momento no escuché más nada.

- Vamos a hacerte una transvaginal para asegurarnos.

Y se retiró.

- Es normal que esto suceda. ¿Es su primer embarazo?
- Sí. –Dijo Pedro quien entendía menos que yo.-
- Pero esto no indica que no puedan tener hijos.

¿Y? ¿Qué me importa? Yo quería a este hijo.

Me hicieron esa ecografía y yo me sentía aislada de todos, no quería escuchar, no quería saber. No quería nada que no fuera mi bebé, aquel que no estaba más.

Estábamos con Pedro en otra habitación.

- No, no digas nada. –Supliqué.- Nada que puedas decir me va a hacer sentir mejor así como nada que yo diga te pueda llegar a hacer sentir mejor a vos.
- Te amo. ¿Lo sabes?
-Asentí llorando.- Te amo.

Nos besamos en medio de las lágrimas y besó mi frente.

- Te van a intervenir.
- Explicame porque no pude escuchar nada.
- Te tienen que intervenir porque es peligroso que el embrión siga adentro tuyo.
- ¿Ya no tiene vida? –Pregunté casi sin voz. Él negó con su cabeza y cerré fuerte mis ojos.-
- Si lo dejan puede generarte una hemorragia interna que puede ser mortal, por eso es muy importante que te lo hagan ahora.
- ¿Ves qué siempre me sale todo mal Pedro?
- No pienses ahora en eso.
- ¿Y en qué queres que piense?
- No sé mi amor, pero hacernos la cabeza es peor.
- Necesito abrazarte.

Me senté y Pedro se sentó a mi lado, nos abrazamos y ambos nos desarmamos en aquel abrazo.

Después de un rato, entro el médico.

- Lo que te vamos a practicar no es una cirugía, es solo una pequeña incisión, porque estás de muy poquitas semanas y eso nos permite solo intervenir el embrión sin necesidad de tener que afectar tus órganos reproductores, por lo tanto, a pesar de que haya posibilidades de que esto vuelva a pasar, también hay muchas posibilidades de que más adelante puedas tener un embarazo normal.
- ¿Lo van a hacer ahora? –Preguntó Pedro.-
- ¿Comió algo señorita?
- Sí, almorcé.
- Entonces no, porque no podemos anestesiarla así. Lo haremos a la madrugada, mientras tanto tiene que permanecer acá. Permiso. –Y se fue.-

Me tapé hasta la cabeza y me hice un bollito. Pepe me destapó la cabeza y besó sentidamente mi frente.

- Estoy configurada para sufrir.
-Suspiró.- No puedo respirar.
- Usa el puff.
- Voy a comprarme uno porque no tengo.
- Apurate, por favor.
- Si no me lo compro rápido me voy a descomponer y no quiero. –Me dio un beso y se fue.-

Volví a taparme y me quedé allí llorando porque no podía hacer otra cosa.

martes, 26 de mayo de 2015

157.

Estábamos durmiendo cuando siento a Pedro moverse demasiado, prendí la luz super dormida y lo vi con los ojos abiertos y hacia atrás, todo morado, transpirado y sin poder respirar.

Se me cerró el pecho y antes de hacer cualquier cosa llamé a la ambulancia.

- Mi amor, mi amor. ¿Me escuchas? –Pregunté mientras me cambiaba.- Pepe. ¿Me escuchas? Pepe, Pepe.

A medida que los segundos pasaban mi desesperación aumentaba, Pedro no dejaba de moverse para todos lados y ni siquiera me registraba.

Me largué a llorar de bronca, de no saber qué hacer. De no saber cómo ayudarlo.

Por suerte rápidamente llegó la ambulancia y se lo llevaron, yo fui con él.

En el trayecto le inyectaron varios calmantes y así lograron estabilizarlo.

Yo estaba en la sala de espera y él en la guardia, nunca salían a decirme nada y ya no sabía qué pensar ni en qué posición ponerme. Tenía miedo, mucho miedo. Ubiqué inconcientemente mis manos en mi panza y me aferré a ese bebito o bebita. Te necesitamos mi amor.

Por fin un médico salió de la habitación en donde estaba Pedro y se acercó a mí.

- Doctor. ¿Qué es lo que le pasó?
- Tranquila que no es nada grave a nivel físico.
- ¿Y qué fue?
- Un ataque de pánico muy severo.
-Suspiré.- Él, de vez en cuando, los sufre.
- Bueno, esta vez al suceder mientras dormía no lo notó entonces no hubo manera de controlarlo.
- ¿Y qué es lo que debe hacer?
- Por ahora se va a quedar en observación con varios calmantes. Le vamos a hacer una serie de estudios para descartar cualquier cosa, pero estamos casi seguros de que fue lo que le comenté.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- Está muy sedado.
- ¿Dormido?
- No.
- ¿Entonces puedo pasar?
- Lo vamos a trasladar a otra sala primero.
- Bueno, está bien. Gracias.

Me alejé del médico y me serví un vaso de agua en uno de los dispenser del pasillo.

Al rato, estaba entrando a la habitación en donde estaba Pedro.

- Mi amor. –Corrí a él y no me importó nada, lo abracé como pude, apoyando mi cabeza en su pecho y largándome a llorar.-
- Hola hermosa. –Sentí que acarició mi pelo y sonreí.-
- ¿Cómo estás?
- Mejor, igual no entiendo que pasó.
- Estás súper sedado ahora.
- Me siento medio bobo. –Reí y me levanté.- No llores. –Secó mis lágrimas y yo le sonreí.-
- Me desperté porque te movías para todos lados, estabas todo transpirado y tenías los ojos para atrás. Fue horrible Pepe. –Hice una pausa.- El médico me dijo que fue un ataque de pánico.
- ¿Y ahora?
- Ahora estás bien, te dieron no sé cuántas cosas, pero te vas a quedar acá al menos hasta mañana, te van hacer un chequeo y no sé que onda. –Suspiré.- Fue horrible verte así.
- Tranquila, no llores que ya estoy bien. Tenes que cuidarte. ¿Sí?
- No me pienso mover de acá.
- No seas tonta Pau.
- No me voy a ir. –Me senté en la silla.-
- No quiero que te contagies nada.
- Pedro… -Busqué su mano y la posé sobre mi panza.- Vamos a estar con vos.
- Dale Pau, por favor.
- ¿Qué?
- Anda a casa.
- Pero acá no hay gente internada, o sea, sí pero como vos. No hay nada grave, a los graves los trasladan. No estamos en la clínica de siempre eh, es un instituto médico.
- Pero te podes contagiar cualquier cosa.
-Suspiré.- Me quiero quedar con vos.
- Pero te conviene ir a casa.
- Es muy tarde, no me voy a volver sola y sabes muy bien por qué.
-Suspiró.- No podes ser tan terca.
- Decime lo que quieras, yo me quedo. No te podes poner nervioso, asique no discutimos más.
- Te quedas si mañana cuando me dan el alta vamos al médico y te hace todo lo que te tenga que hacer.
- Nunca dije que no a eso.
- ¿Quedamos así?
- Sí.
- Okei. Ahora dame un beso.

Me acerqué a él y le di un beso.

- ¿Por qué no dormís un ratito?
- Si me haces mimos capaz pueda.
- Pero que demandante señor.
-Rio.- No seas mala.
- Nunca podría ser mala con vos. ¿Pero no te acordas de nada?
- Lo único que sé es que tengo un mal presentimiento.
- No me asustes mi amor, por favor.
- No, no quiero asustarte, pero es lo que me pasa. No sé.
-Suspiré.- Descansa.

Jugué con su pelo hasta que se quedó dormido y la realidad era que me había preocupado, salí de la habitación en donde estaba para comprarme algo salado, sentía la presión por el piso.

-

Me desperté después de un rato y los médicos me sacaron sangre y me hicieron un chequeo general, si todo daba bien aquel mediodía podría volver a mi casa.

Pero eso no era lo que me importaba en este momento.

Tenía una sensación muy fea en el cuerpo, algo así como la certeza de que algo malo iba a pasar y lo que más me desesperaba era no saber qué, porque si lo supiera quizás podría evitarlo.

Ahora no solo temía por mí y por Pau, sino que también por el embarazo, lo cual hacía todo mucho más desesperante.

Pau entró al cuarto y me dio un beso.

- ¿Cómo estás? –Preguntó.-
- Mejor. ¿Vos?
- Bien, me comí unas papas porque sentía la presión baja.
- ¿Pero ahora estás bien?
- Sí, no te preocupes. –Volvió a besarme.-
- ¿Te fijaste si acá podías atenderte?
- Sí, recién saqué un turno para las dos de la tarde.
- ¿Tan rápido?
- Sí, porque una mujer lo había cancelado y justo lo agarré yo.
- Buenísimo entonces.
- ¿Venís conmigo?
- Obvio que sí, no creo que después de esto vaya a trabajar. –Reímos.- Es más, ya debería haber entrado. ¿Hablas con Nan?
- Dale, ahora lo llamo.
- Gracias.
- No es nada. –Me dio un beso y salió.-

lunes, 25 de mayo de 2015

156.

Y de a poco el tiempo fue pasando, de a poco pude asimilar todo lo que había ocurrido y más que nada pude aceptarlo. Era mi realidad y no podía cambiarse.

Además, la causa avanzaba y teóricamente habría posibilidades de que trasladen a Renzo a un penal del Sur, lo cual me aliviaba bastante.

En estos últimos tres meses pude rendir las materias que me quedaban y solo me quedaba la tesis lo cual era un tema a parte, pero ya era casi licenciada.

Pedro cada vez ascendía más en el trabajo y dentro de poco debía hacer un viaje al cual estaba invitada.

Pero en este momento me preocupaba otra cosa, necesitaba que llegara del trabajo y hablar con él.

Tenía un atraso y no sabía como reaccionar, solo sabía que no iba a hacer lo mismo que la vez pasada. Iba a hablar con él antes de cualquier cosa. ¡Pero si seguía tardando ya no sabía como mantenerme ocupada!

¡Al fin escuché el ruido de la llave en la cerradura y respiré hondo!

- Pedro, no hagas nada y veni para el cuarto.
- ¿Qué pasa?
- Veni.

Entró en la habitación.

- Acá estoy. –Me dio un beso.- ¿Qué pasa?
- No veía la hora de que llegues. –Suspiré.- Perdón si estoy muy acelerada, pasa que tengo un atraso y no quería mandarme la misma cagada de la vez pasada.
- ¿Y me lo decís así como así?
-Reí.- ¿Cómo queres que te lo diga?
- No sé. –Reímos.-
- ¿Podes ir a comprar un test?
- Para que me agarraste desprevenido. –Reímos y nos dimos un beso.- Ahora voy.
- Apurate.
- Sí amor. –Me dio un beso y se fue.-

-

- Ahora hay que esperar. –Dijo saliendo del baño.-
- Tranqui. ¿Sí? –Nos abrazamos-
- Me da mucho miedo esto.
- A mí también Pau. –Besé su mejilla.- Pero si es, por algo va a ser.
-Suspiró.- No quiero pensar.
- ¿Cuánto hay que esperar?
- Creo que diez minutos.
- Qué maldad. –Reímos y nos besamos.- Pase lo que pase estamos juntos. ¿Sí?
- Te amo.
- Te amo hermosa. –Nos dimos un beso y nos quedamos abrazados hasta que ese interminable tiempo transcurrió.-

- Acompañame. –Dijo tomándome de la mano e ingresamos al baño.-

El cuerpo me temblaba y ella estaba exactamente en la misma situación.

- Es positivo. –Dijo desencajada.-
- ¿Vamos a ser papás?
- Eso dice el coso.
-La abracé y la besé.- Tenes un porotito nuestro ahí adentro. –Toqué su panza y ella sonrío.-
- Pobrecito.
- ¿Por qué?
- Mira en donde vino a caer.
- Hey, no pienses así. –La besé e hice que su mano tocará su panza.- Seguro llegue para sanarnos a los dos.
-Suspiró.- ¿Vos decís?
- Yo digo. –La besé.- ¿No te pone feliz?
- Sí que me pone feliz, solo que me desencajó.
- A mí también. –Reímos.-
- Es lindo pensar que va a existir alguien que depende de mí.
- Ya existe.
-Sonrió.- Eso si es muy loco. –Reímos.-
- Tenemos que ir al médico y que te hagan todos los controles.
-Sonrió.- No caigo.
-Reí.- Yo tampoco. –La besé.-
- No puede ser.
- Es gorda, mira. –Le mostré el test.-
-Suspiró.- ¿Vamos a estar juntos?
- Como siempre mi amor.

Nos besamos y terminamos los dos riendo con lágrimas.

- Perdón si no sé cómo reaccionar. –Dijo.-
- Yo tampoco sé muy bien cómo hacerlo. –Reímos y nos dimos otro beso.-
- Es raro.
- Muy raro.
- ¿Cómo se hace?
- Supongo que deberemos aprender, como todos.
- Me da mucho miedo.
- Te confieso que a mí también. –Reímos.-
- Quiero leer muchos libros.
- Para un poco obse, tenes un montón de tiempo.
- Pero quiero leer sobre el embarazo.
- Primero tenemos que ir al médico.
- Ya sé. –Sonrió y me abrazó.-
- Este es el principio de todo mi amor.
- ¿De qué todo?
- De nuestra felicidad.
-Rio.- No sería tan lindo si no fuese con vos.
- Opino exactamente igual. –Reímos y nos abrazamos más fuerte.-
- ¿Sabes qué siempre fantasee con esto? Pero me muero de miedo.
- Va a estar todo bien mi amor, te lo prometo.
- Vos me das seguridad.
- Entonces cree en mí. –Me separé un poco de ella y la besé.- Veni.

La tomé de las manos y la dirigí hasta la habitación.

Yo me senté contra el respaldo de la cama y ella se sentó sobre mis piernas reposando su espalda en mi pecho. Nuestras manos se unieron sobre su panza y ambos reímos.

- ¿De cuánto estaré?
- No sé, no entiendo cómo pasó tampoco.
- ¿Queres que te explique? –Preguntó riendo.-
- No boluda, me refiero a que siempre nos cuidamos.
- Bueno, pero puede pasar.
- Me doy cuenta. –Reímos.-
- Creo que me va a llevar mucho tiempo caer.
- Creo que a mí también. –Reímos.- Me siento raro.
- ¿Y yo nene?
- Lo que vas a ser, me parece que me voy armando de paciencia.
-Rio.- No seas malo.
- No soy malo, solo soy realista.
- Forro.
- Ahora no me podes bardear.
- Mejor callate.
- ¿Y si no quiero?
- Te callas igual.
- Okei, okei.

Me callé dos segundos y luego besé su cuello.

- Vas a estar insoportable.
- Basta.
- Solo me voy haciendo la idea.
- Sos tan malo cuando queres.
- Me encanta joderte tontita.
- Ya me enteré. –Reímos.- Ahora callate y haceme mimos que tengo sueño.
- ¿Ves lo que te digo? Va a ser tu excusa perfecta.
- Dale Pedro.
- Dale Pedro, dale Pedro. –Dije haciéndole burla.-
- Me voy a enojar de verdad.
- Qué miedo. -Resopló y salió de encima mío para acostarse en la cama.- No es hora de dormir.
- ¿Nunca escuchaste que las mujeres embarazadas tienen sueño?

Reímos y la abracé por la espalda.

domingo, 24 de mayo de 2015

155.

- Bueno. Yo a ellos los conocí en la secundaria, en el primer año, la escuela en ese entonces era completamente distinta a la de ahora y en clase estaba prohibido hablar. En el primer recreo ellos se acercaron a mí, porque yo era nuevo y de a poco comenzamos a entablar una relación de amistad muy linda, ellos ya eran novios. –Sonreí.- Fueron novios toda la secundaria hasta que en un momento se pelearon y tu mamá conoció a Renzo y cuando lo quiso dejar porque se dio cuenta que amaba a tu papá ya sabemos lo que pasó. –Suspiré asintiendo.-
- ¿Pero cómo eran ellos?
- ¿De tu vieja tampoco conoces mucho, no?
- No. –Dije con lástima.-
- Ambos eran muy estudiosos y responsables, los preferidos de los profesores.
- De ahí venís amor. –Dijo Pepe y besó mi mejilla, yo reí.-
- ¿Sos igual? –Preguntó Rafael.-
- Metí cinco materias libres en una semana. –Dije riendo.-
- Ah, una crack. –Reímos.-
- Seguime contando.
- Tu mami era una mujer muy hermosa, siempre estaba arreglada con peinados muy elaborados y de punta en blanco. Era muy prolija con sus cosas y muy generosa, siempre que alguien que necesitaba algo ella estaba, ya sea algo escolar como algo de la vida. Mis viejos la amaban y yo también, era mi mejor amiga, es más fue la testigo de mi boda.
- ¿Por qué no me acuerdo de vos?
- Porque eras muy chiquita. –Hizo una pausa.- Mi mujer también la amaba. Era una mujer muy querible y confiable, siempre sonriente y dispuesta. Era muy insegura y siempre había que estarle atrás para que se dé cuenta de que era capaz. Obviamente que era muy inteligente y despierta, le gustaba mucho leer, escribir y escuchar música. –Y ahora entendía muchas cosas de mí.- Ella soñaba con estudiar letras en la universidad pero quedó embarazada y lo quiso hacer después pero su marido no la dejó. –Suspiré.- Como te digo, con ella tuve relación toda la secundaria hasta que después de quedar embarazada comenzó a desaparecer, nos veíamos a escondidas y creo que la última vez que la vi fue cuando tenías tres años, cuando Renzo mató a tu viejo se murió con él. Nunca pudo superar esa tristeza.
- ¿Y a mí me quería?
- A vos te amaba Paulita, por vos daba la vida e incluso la dio. –Suspiré y mis ojos se llenaron de lágrimas.- Hizo todo lo que pudo para protegerte, lo hizo como pudo, pero creo que tan mal no estás.
-Suspiré.- Renzo me abusó de chica. –Dije quebrada.-
- ¿De verdad?
- Sí, eso no puedo evitarlo.
- Pero no la podes condenar por eso.
- No la quiero condenar, pero a veces siento que nunca me cuidó.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque nunca estuvo.
- Porque no podía estar con vos, Renzo la amenazaba.
- ¿Con qué?
- Él le decía que si te contaba la verdad la mataba a ella y después a vos.
- Ó sea que la próxima soy yo. –Pedro buscó mi mano y lo tomé con fuerza, los cafés habían quedado de adorno.-
- No se va a salir con la suya. –Dijo Rafael.-
- Eso espero. –Hice una pausa.- Ya vengo.

Y me levanté y fui al baño, me lavé la cara y después de un intento fallido de tranquilizarme volví al living.

- Quiero saber sobre mi papá. –Dije sin dejar que me hablaran de otra cosa.-

Pedro hizo que me siente sobre sus piernas y lo abracé por el cuello, él lo hizo por mi cintura.

- Bueno, tu viejo fue la persona más pura que conocí en el mundo. Era un tipazo, a veces era medio colgado pero de verdad que no podía ser más bueno. A él lo conocí el mismo día que a tu mamá y nos hicimos muy compinches, al mes ya éramos los mejores amigos. Compartíamos salidas, momentos y todo lo que se te ocurra, tu viejo era mi hermano Paulita. –Suspiré.- Él daba la vida por los que quería y especialmente por tu vieja, la amaba con locura, pocas veces en la vida vi un amor tan fuerte. Se amaban y se cuidaban mucho más de lo que te puedas imaginar. –Cerré mis ojos y dejé caer una lágrima.- Era un tipo que siempre estaba dispuesto a ayudar sin importar lo que le pasara a él, su familia era hermosa también, sus viejos, o sea tus abuelos, habían venido del campo y te juro que el amor que se tenían y que le tenían a su hijo se veía a kilómetros. –Hizo una pausa.- Como te decía, él era mi hermano y cuando lo mataron una parte de mí se fue con él. Pero vos quedate con que era un tipazo de esos que ya ni existen.
- ¿Y qué le gustaba hacer?
- Jugábamos mucho a la pelota y a cualquier deporte en realidad, le encantaba el cine y escribía guiones.
-Sonreí.- Gracias por contarme todo esto, me hace bien saber que tengo cosas de los dos. –Volví a sonreír.-
- No dejes que Renzo te arruine la vida Paulita, tus viejos eran muy buenas personas y ya sé que no los tenes más, pero ahora tenes la posibilidad de tener una nueva familia. Tu familia.
- A veces creo que la única solución es que muera.
- No nos vamos a manchar las manos con sangre como él.
- No, no quise decir eso. –Suspiré.- Pero es algo que no tiene fin.
- Cuando menos te des cuenta, va a pasar.
- Eso es lo que espero. –Hice una pausa.- ¿Les molesta si los dejo? Necesito estar sola un rato.
- Obvio que no Paulita. Me encantó verte y sabe que siempre que me llames voy a estar.
- Muchas gracias. –Rafael sonrió.-
- Cualquier cosa llamame Pau.
- Voy a estar bien. –Lo besé y me fui.-

Caminé hasta mi pieza y saqué de la mesita de luz la foto de mis papás y la abracé fuerte, hubiese querido disfrutarlos al menos por un día. Me acosté en la cama y creí haberme quedado dormida, pero comencé a escuchar la conversación que Rafael y Pedro tenían en el living.

- ¿Qué es lo que usted puede declarar?
- Yo vi cómo lo mato Pedro.
- ¿Puede contármelo?
- Sí.
- Entonces hagalo.
- Estábamos saliendo del supermercado, era de noche y él estaba parando en mi casa. Renzo ya le había impedido ver a su novia y estaba destruido porque sabía que la maltrataba. Bueno, el asunto es que caminamos un par de cuadras y un auto nos frena de golpe. Los dos creímos que eran un par de chorros y ojala hubiesen sido solo eso. Bajó del auto con un arma, le dijo cosas horribles y me apuntó primero a mí, pero cuando creí que iba a dispararme a mí le dio un tiro en la cabeza a él. Fue horrible.

Y de solo escuchar aquello terminé de desarmarme.

-

Hablé con Pasquinelli y luego de arreglar todo para una reunión previa a la declaración con Rafael. ;e ofrecí a llevarlo a su casa.

Cuando volví entré a la pieza pensando que Paula dormía.

- Abrazame Pedro, por favor.

Me acosté a su lado y la abracé.

- Escuché todo. –Dije quebrada y él me abrazó más fuerte.-
- Perdón.
- No es tu culpa, tarde o temprano me iba a enterar. –Suspiró.- Ya sé que no tiene vuelta atrás, solo necesito que me abraces.

Pau se quedó dormida después de un largo rato y yo me levanté para preparar algo de cenar, para variar mi heladera estaba bastante vacía asique hice un invento.

Una ensalada con lechuga, tomate, zanahoria y trozos de carne fría que había sobrado de la noche anterior, con milanesas.

Serví todo y me dirigí a la habitación.

- Amor. –Susurré en su oído.- ¿Queres comer?
- No tengo muchas ganas.
- Dale, cociné y todo.
- ¿Cocinaste?
- Bueno, ponele. –Reímos.-
- Voy a lavarme la cara y voy.
- Pero venís.
- Sí Pepe. –Nos besamos y nos levantamos.-
- Te espero.
- Está bien que sea grande tel departamento, pero no me voy a perder.
-Reí.- No importa. –La besé y ella entró en el baño.-

- ¿Qué cocinaste? –Preguntó saliendo del baño.-
- Una ensalada bastante improvisada y milanesas.
- ¿No se te quemaron? –Preguntó riendo.-
- No seas mala.
- Solo pregunto.
- Vas a ver que te vas a chupar los dedos.
- Mmm… -Reímos y fuimos hasta la cocina.-

sábado, 23 de mayo de 2015

154.

Pasó la semana caótica y había aprobado las cinco materias en las que me presenté, pero ahora me tocaba el examen más difícil.

- Amor.
- ¿Qué?
- ¿Te puedo pedir algo?
- Lo que quieras Pau.
- ¿Me acompañas a ver a Rafael?
- ¿De verdad me decís?
- Sí, pero si no queres no pasa nada.
- No, no es eso. Es que no quiero invadir, es algo muy íntimo.
- Te necesito conmigo. –Y tomé su mano.- Me da un poco de miedo.
- Entonces te acompaño.
- Gracias. –Lo besé.- Lo voy a llamar.
-Dale.

Marqué su número en mi teléfono y esperé a que respondiera.

- Conversación telefónica -

- Hola.
- Hola. ¿Rafael?
- ¿Paula?
- Sí, habla Paula. –Dije nerviosa.-
- ¿Leíste la carta?
- Sí, perdón que tardé tanto en llamar.
- No, no te preocupes.
- ¿De verdad usted no tiene problema en hablarme sobre mis papás?
- Obvio que no, me encantaría hacerlo.
- ¿Nos podemos encontrar?
- Sí, pero es un poco inseguro.

- Lo vamos a buscar Pau. –Susurró.-

- Lo vamos a buscar con mi novio en auto y lo traemos a mi casa. ¿Le parece?
- Bueno, está bien.
- ¿Cuándo puede?
- Puede ser ahora.
- Mmm… Bueno, está bien. ¿Dónde vive?
- Te envío un mensaje de texto.
- Lo espero entonces. Gracias.
- Nada que agradecer. La espero.

- Fin de la conversación telefónica -

- ¿Vamos?
- Vamos. –Dije nerviosa y él me besó.-
- Tranquila.
- Estoy intentando estar tranquila.

Pedro agarró las llaves del auto.

- Voy al baño y vengo.
- Bueno, dale.

Me fui al baño y allí me encerré, me sentía temblar de pies a cabeza. Nunca creí que iba a suceder tan pronto y mucho menos creí que me iban a encontrar a mí.

Me moría de miedo. ¿Y si él había sido una mala persona? No quería más desilusiones en mi vida. ¿Y si mi mamá había hecho más cosas mal de las que ya sabía? ¡No quería saberlo!

- No sé si quiero ir. –Dije aún dentro del baño.-
- ¿Puedo pasar?
- Sí.

Pedro entró y yo estaba sentada en el inodoro con la tapa cerrada, se agachó frente a mí y me tomó por el mentón para que lo mire.

- ¿Qué pasa mi amor?
- Tengo miedo de seguir desilusionándome.
- ¿Por qué?
- Porque anda a saber cómo eran, no quiero saber si fueron malas personas.
-Suspiró.- ¿Y si no lo fueron y te estás perdiendo la oportunidad que estabas esperando?
-Me encogí de hombros.- ¿Me abrazas? –Supliqué.-

Pepe se paró y me tomó de las manos para que yo también lo haga, nos abrazamos.

- Gracias.
- No tenes que agradecerlo mi amor. –Me abrazó más fuerte y sonreí.-
- Si no es con vos, no lo hago.
- ¿De verdad queres que esté presente en la charla?
- Por favor, no puedo sin vos.
-Besó mi mejilla.- ¿Vamos?
- Bueno.
-Me separó un poco de él y me besó.- Tranquila, si en algún momento no queres saber más lo frenas y listo.
- Gracias. –Lo besé y salimos del baño.-

El viaje en el auto fue algo extraño, no sabía muy bien como sentirme ni que decir, asique preferí ir callada.

Llegamos a la casa de Rafael y le avisé por mensaje de texto, salió y se subió en la parte trasera.

- Buenas tardes. –Dijo y cerró la puerta.-
- Hola. –Respondí saludándolo.-
- Buenas tardes. –Dijo Pedro y arrancó.-

Y si el viaje de ida había sido raro este no se podía poner en palabras.

Por fin llegamos a mi casa y bajamos en el estacionamiento del edificio para poder entrar por adentro y que nadie nos viera.

- Pase. –Dije entrando a mi casa.-
- Podes tutearme. –Sonreí y entramos.-
- ¿Café?
- Dale, un café.
- Yo preparo gorda, quedate con él. –Dijo Pedro por lo bajo, yo asentí.-
- ¿Vamos al living?

Rafael me siguió y allí nos sentamos.

- No puedo creer que estés tan grande. -Sonreí.- ¿Qué haces de tu vida?
- Me faltan un par de materias para recibirme en la facu, estudio comunicación audiovisual.
- ¿Y vivís con tu novio?
- Sí. –Sonreí.-
- Que bueno Paulita, tenía miedo de encontrarte y que estuvieses mal.
-Suspiré.- Bien no estoy, pero por suerte no estoy sola.
- Eso siempre es importante. –Y Rafael me sonrió.-
- Sola no podría.
- Justamente por eso.

Pedro llegó con los cafés y los dejó sobre la mesita.

- ¿Asique él es tu salvador?
- Así es. –Le sonreí a Pepe y él se sentó a mi lado.-
- Le decía a Paulita que me hizo muy bien saber que no estaba sola, tenía miedo de encontrarla muy mal.
- ¿Usted qué sabe? –Preguntó Pedro.-
- Lo mismo que ustedes, no puede ser que Renzo siga entrando y saliendo como si nada.
- ¿Usted estaría dispuesto a declarar en su contra?
- Claro que sí, yo vi con mis propios ojos como mató a mi mejor amigo.

Y en ese momento se me cerró el pecho.

- Disculpen, pero si va a declarar hable con el abogado. No quiero saber ahora sobre eso. -Suspiré.- Mejor contame como eran mis papás.

Pepe posó su mano en mi espalda y agradecí tenerlo siempre a mi lado.

--------------

Lo del ocho ayer fue una expresión de DESEO, ni siquiera me dieron la nota. Nada, eso (? Me parece una gilada andar publicando mis notas acá, jajaja! Pero justiiiiito subí ese capítulo ayer y teóricamente me tendrían que haber devuelto el parcial y por eso el comentario. Quizás me expresé mal... 

viernes, 22 de mayo de 2015

153.

‘¡Aprobé amor! Un 8 en Sociología.’

‘¿Ves qué sos una grosa?’

‘Jajajaja, no es para tanto.’

‘Estás rindiendo libre, no te olvides.’

‘Pero eso lo hace cualquiera.’

‘No cualquiera.’

‘Ponele. ¿Hoy salís a almorzar o no podes?’

‘¿Queres que almorcemos juntos?’

‘Por favor.’

‘Venite para la empresa.’

‘Dale.’


De las 5 materias que me había dispuesto a preparar tenía la primera aprobada, vamos que se puede.

Esperé a Pepe en el hall de recepción de la empresa y cuando bajó del ascensor me hizo señas de que saliera y así lo hice. Salimos ambos y cuando estuvimos afuera me besó.

- Felicitaciones mi amor.
- Gracias Pepe. –Lo besé.-
- ¿Festejamos con el almuerzo?
- Bueno, dale. Así después me voy a casa y sigo.
- ¿Seguís?
- Mañana rindo Estética.
- Te va a explotar la cabeza.
- Espero que no. –Reímos y nos dimos otro beso.-
- ¿Vamos?
- Dale.

Caminamos un par de cuadras hasta que llegamos a un bar y almorzamos allí.

- ¿Hoy volves temprano?
- Voy a hacer todo lo posible.
- Espero, porque cuando venís largo todo y me distiendo.
- Pero estudia.
- Ya tengo todo estudiando, tengo que repasar.
- Que te sea leve.
- Creo que lo voy a alivianar con café. –Reímos.-
- Avisame cuando estés en casa.
- Te aviso. –Lo besé.- Que te sea leve a vos también esto.
-Rio.- Gracias. –Volvimos a besarnos.- Pero tengo un problemita.
- ¿Cuál?
- No me puedo despegar de vos.
-Reí y mordí mi labio.- Sos tan tierno.
- Vos sos tierna. –Nos dimos un beso y cuando me estaba yendo, un auto frenó ante mí.-

Pedro corrió hacia mí y me cubrió.

- ¿Qué es esto Pedro? –Pregunté asustada.-
- Tranquila.

Bajaron el vidrio de la ventanilla y me extrañé.

- ¿Paula Chaves?
- ¿Quién sos?
- Tengo un mensaje para usted. Salga, no le voy a hacer nada.
- No tenemos garantías de eso. –Dijo Pedro.-
- Solo le voy a dar algo.
- Damelo a mí.
- Para Pepe. ¿Quién sos? –Reiteré.-
- Alguien que te conoce mucho.
- ¿Quién sos? –Pregunté ya molesta.-
- ¿Te puedo dar lo que tengo para vos?
- Sí. –Dije extrañada.-

El hombre sacó algo del auto y me lo dio.

- Espero que lo disfrutes.
- ¿Quién sos? ¿Me lo podes decir?
- Prefiero que te enteres con esta carta. –Dijo y me dio un sobre.- Me tengo que ir, es peligroso. Abrilo en tu casa.

Y levantó la ventanilla y se fue.

- ¿Qué? –Dije sorprendida.-
- ¿No hay nada peligroso ahí adentro?
- No, son papeles.
- A ver. –Me lo sacó de las manos y lo tocó.- ¿Queres que te acompañe a casa?
- No, voy sola.
- ¿Segura?
- Sí Pepe. –Agarré el sobre y lo besé.- Lo leo y te digo que onda.
- Bueno, dale. Avisame cuando estés en casa.
- Ya te dije que sí amor. –Lo besé.- Nos vemos.
- Nos vemos. –Nos dimos un último beso y me fui.-

Volví a mi casa algo extrañada y lo primero que hice cuando llegué fue abrir la carta.

‘Hola Paulita, no puedo creer que te encontré y que estés tan linda. Supongo que te seguirás preguntando quien soy y ahora te lo voy a explicar.

Yo soy Rafael, un amigo de tus papás. Fui a la escuela con ellos y mantuve la relación por un tiempo más, claro hasta que mataron a tu papá y con tu mamá hasta que su marido la aíslo de todo.

Siempre fui el único que sabía toda la realidad (Además de Renzo) y hace poco me enteré lo que pasó con tu vieja y te busqué por todos lados, no sé por qué tuve la necesidad de buscarte. Solo me acuerdo que cuando eras chiquita te enloquecías cuando me veías y pasábamos horas jugando.

Perdón si te asusté, pero no quiero que Renzo se entere de esto. Solo quiero que sepas que si queres hablar con alguien podes hacerlo conmigo, supongo que queres saber sobre tu papá y yo era su mejor amigo asique podríamos juntarnos a charlar cuando quieras.
Su familia y tu familia ya falleció, sus padres enfermaron y era hijo único.

Te dejo mi teléfono y una foto de tus padres, supongo que te será más lindo tenerla a vos que a mí.

Podes llamarme cuando quieras. Rafael.’

Terminé de leer la carta e inmediatamente busqué el sobre y agarré la foto, sonreí con lágrimas al verla y la observé por un largo rato. Los dos eran hermosos y se notaba el amor que había entre ellos. La abracé contra mi pecho y lloré aún con más fuerza.

¿Por qué me habían robado la posibilidad de disfrutarlos?

Es una pregunta que me voy a hacer siempre pero que ya no tiene vuelta atrás, lo único que tengo ahora es a este hombre a quien me encantaría conocer. Quiero conocer a mi papá, aunque sea mediante él.

‘Te presento a tus suegros de jóvenes.’

Y le envié una foto de la foto.

‘¿Son tus viejos?’

‘Sí, el hombre era muy amigo de ellos en el secundario. En la carta me dice que lo busque, que hizo todo así para que Renzo no se entere, no sé. Es loquísimo. Dice que cuando se enteró de lo que pasó con mamá me buscó hasta que me encontró.’

‘Habla con él entonces mi amor. ¿No era lo que querías?’

‘Dejame digerir la información, quiero rendir esta semana y después lo buscaré.’

‘¿Segura?’

‘Sí, lo prefiero así.’

‘Bueno, es decisión tuya. Me alegro mucho por vos Pau.’

‘Gracias mi amor.’


-------------


Casualmente hoy me entregan un parcial de Sociología, re piola que también me saque un 8. (anadieleimportacamila)

jueves, 21 de mayo de 2015

152.

- ¿Me perdonas? -Pregunté llorando.-
- ¿Es real que confías en mí? –Preguntó dándose vuelta y nos miramos por primera vez.-
- Muy real. –Suspiré.- Tan real como el amor que nos tenemos. –Sequé mis lágrimas.- Soy una boluda, te juro que lo sé. -
- No te victimices.
- No, te juro que no lo hago. Sé que lo que me pasa no es tu culpa y encima haces todo lo posible para que yo este bien, pero me siento desbordada y como una pelotuda me la agarro con vos que sos la única persona que me hace bien y me saca un poco de todo.
- ¿Vos sabes que yo cambie por vos?
- Sí, lo sé.
- ¿Y entonces?
- Perdón.
- ¿No vas a desconfiar más?
- No.
-Secó mis lágrimas y yo sonreí.- ¿Me das un beso? Ayer vine en busca de eso y me encontré con gritos.
-Reí.- Perdón. –Y lo tomé por el cuello para besarlo.-
- Así me gusta más. –Sonreímos y volvimos a besarnos.- Perdón, no quiero que te sientas desplazada.
- No me quiero meter en tu laburo igual.
- Mi laburo, es mi laburo y no quiero que la vida se me vaya en eso.
- Pero tampoco podes escaparte todos los días.
-Rio.- No, pero voy a ver que puedo hacer.
- ¿Abrazarme podes?
- Eso siempre puedo. –Nos sonreímos y luego de darnos un beso nos abrazamos.-
- Perdón mi amor.
- Ya está, ya pasó.
- Te amo. –Me abrazó más fuerte.-
- Te amo Pau. –Besó mi mejilla y sonreí.-

Un ratito después.

- ¿Te sigue doliendo la cabeza?
- Se me parte.
- A ver. –Dije arrodillándome detrás de él.- ¿Masajitos?
- Por favor.

Besé su nuca y le hice masajes por un largo rato hasta que terminé sentada contra la pared y él también sentado con su espalda sobre mi pecho.

- No podría vivir sin vos. –Dije abrazándolo por el cuello.-
- Yo tampoco. –Agarró mis manos y las besó.-
- ¿De verdad ya me perdonaste?
- Sí Pau, ya está.
- Amo que los hombres sean tan simples.
- ¿Por qué?
- Porque las mujeres no perdonamos tan rápido. –Reímos.-
- ¿Queres que hagamos algo?
- ¿Qué cosa?
- No sé, salir. Aprovechar que es temprano y estoy acá.
- Propone un plan.
- Mmm… ¿Qué hora es?
- Las seis.
- Se me ocurren los mismos planes de siempre. –Reímos.-

Más tarde, estábamos cenando en un restaurant.

- Esta noche no te me escapas. –Dijo pícaro y sonreí.-
- Estamos en un lugar público asique te controlas.
- ¿Y si no tengo ganas?
- No seas forro.
-Rio.- Te encanta que lo sea. –Y se sentó a mi lado, ya que estábamos en una mesa con sillones.-
- ¡Pedro!
- ¿Qué? –Preguntó acariciando mi pierna.-
- Estamos en un restaurante.
- Nadie mira debajo de las mesas.
- No podes ser tan terrible.
- Sí que puedo. –Y me besó.-
- Dale Pepe.
- ¿Por qué?
- Porque me calentas y no quiero hacer un papelón.
- ¿Asique te caliento? –Preguntó besando mi cuello y lo odié.-
- Sabes que sí.
- Bueno, pero me encanta que me lo digas. –Reímos y lo separé de mí.-
- Me prometiste postre.
- Yo soy el postre.
-Reí.- Tarado, dale. Estoy antojada de helado.
- ¿Me vas a seguir teniendo así?
- No seas malo.
- Compramos helado para llevar.
- Mmm… ¿Y lo comemos en la cama?
- ¿Ves por qué te amo? –Me besó y pidió la cuenta.-

- ¿Podes dejar de tocarme? –Dije mientras esperábamos la cuenta.-
- No, sos irresistible.
- Me vas a matar así nene.
- ¿Te voy a matar?
- ¡Sí! –Dije haciéndome la enojada y cuando él quitó sus manos de mi cuerpo tomé venganza, mis manos se deslizaron por su entrepierna.-
- Sos una hija de puta.
- Te pago con la misma moneda. –Lo besé y mordí su labio.-
- Si no traen la cuenta rápido te hago el amor acá.
- ¿Queres un hielo? –Pregunté riendo.-
- Que forra que sos.
- Estamos a mano.

Por fin nos trajeron la cuenta y salimos del restaurant.

Al rato, ya estábamos en el departamento. Habíamos comprado un solo cuarto para compartir.

Estaba comiendo un poco de helado cuando sentí sus manos deslizarse por debajo de mi remera, recorriendo mi espalda. Suspiré.

- Quiero el helado primero.
- Podes hacer las dos cosas.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Dale.
- ¿Dale qué?
- Quiero helado.

Me lo quitó de las manos y me dio helado en la boca.

- ¿Así?
-Sonreí.- Así me gusta más. –Y comí el helado, hice lo mismo que hizo él conmigo y a medida que el helado se iba terminando las caricias aumentaban.-
- ¡Al fin se terminó! –Dijo y sin piedad se abalanzó sobre mí.-
- Que poca resistencia que tenes Pedrito.
- Es culpa tuya.
- ¿Culpa mía?
- Sí, porque sos un infierno. –Dijo y me besó desaforadamente, uní mi cuerpo al suyo agarrándolo con mis piernas y dejé que haga lo que quisiera conmigo.-
- Si me vas a tratar así me parece que te maltrato un poco más seguido. –Dije con la respiración agitada ya que él hacía estragos en mi cuello.-
- Ni se te ocurra. –Y mordió mi lóbulo generando que curve mi espalda.-
- Estás prendido fuego.
- Vos me prendes fuego. –Y nos quitamos nuestras remeras.-
- Sos tan linda. –Dijo con sus manos en mis pechos.-
- Vos sos lindo. –Y lo capté con mis labios.-

Estar con él en la cama era lo mismo que estar en el paraíso, hacía todo tan bien que era imposible no inundarse de placer.

Amaba sentirme suya y amaba sentirlo mío. Él era solo mío.

miércoles, 20 de mayo de 2015

151.

Me desperté y suspiré profundo al ver que Paula no estaba a mi lado y recordar todo lo que había pasado la noche anterior. Me busqué la ropa que me pondría ese día y me metí en la ducha, se me partía la cabeza como nunca.

Dejé que el agua caliente cayera sobre mi cuello y mi cabeza por algunos minutos, después me bañé y me cambié. Salí del baño y quise pasar por el cuarto donde estaba Paula, pero no lo hice. Desayuné y me fui rumbo al trabajo.

Y para que el dolor de cabeza aumente había paro de subtes, pero qué genial Pedrito.

Tomé aire y caminé hasta la parada de colectivos para viajar hasta la estación y de allí tomarme un tren en donde viaje para la mierda, era un día para intentar convivir con el dolor de cabeza. No había chance.

Llegué al trabajo y antes de ingresar en mi oficina me compré un café en la máquina del pasillo, entré a mi oficina y dejé el portafolios a un lado para poder prender la computadora y revisar mi agenda, tenía tres reuniones y no podía creer tener tanta sal. Odiaba las reuniones cuando no estaba de ánimos, escuchar era casi un calvario.

Tocaron la puerta.

- Pase.
-Abrieron la puerta.- Pepe.
- Menos mal que sos vos Nan. –Suspiré.-
- ¿Mal día?
- Pésimo.
- ¿Qué pasa?
- Anoche discutí horrible con Paula y se me parte la cabeza.
- ¿Pero qué onda?
- Flashea que la estoy haciendo cornuda porque estoy llegando tarde a casa.
- ¿Posta?
- Sí.
- Perdón que te lo diga, pero tiene razón en desconfiar.
- Cambié por ella Nan.
- Lo sé, pero eras un gatero.
- Ya lo sé, no puedo cambiar mi pasado.
- Obvio que no, pero entendela también. Está pasando por una situación horrible y desconfía.
- Me trató horrible, esta vez no voy a dar el brazo a torcer.
- Hace lo que quieras, pero tampoco seas tan gil de perderla. Te morís si la perdes y lo sabes.
-Suspiré.- No sé que hacer.
- ¿Volvieron a hablar?
- No.
- Bueno, hoy cuando vuelvas intenten hablar.
- Es lo que pretendo.
- Todas las parejas se pelean.
- Ya lo sé, pero me preocupa que desconfíe.
- A las mujeres hay que cuidarlas Pepe, no queda otra.
- No es mi culpa salir tarde del laburo.
- Obvio que no.
-Suspiré.- Mejor trabajemos.
- Dale Pepe.
- ¿Me bancas cinco que me voy a comprar una aspirina?
- Tengo en la oficina. ¿Queres?
- Por favor.

Aspirina y café, que sea lo que la vida quiera.

-

Me desperté cerca del mediodía toda transpirada, había tenido un sueño horrible y no podía respirar.

Agarré mi cuaderno y comencé a escribir.

‘Soñé que te perdía y me moría. ¿Qué hago sin vos? ¿Cómo vivo? ¿Cómo respiro?

Sin vos no puedo ser.

Me duele, me duele estar así y me duele desconfiar de vos. Juro que quisiera que no fuera así, pero no sé como controlarlo. No puedo controlarlo. Soy una desconfiada e insegura de mierda.

No puedo ni pensar en la idea de perderte porque me siento caer al vacío, vuelvo a caer en la oscuridad. Sin vos vuelvo a esa horrible isla.

Elijo confiar, elijo creer en vos. Te elijo a vos.

Te amo y me amas, estoy segura de eso.’

Me levanté y busqué algo de ropa para poder bañarme, cuando entré en el baño vi su cadenita en el piso y la tomé entre mis manos. Nunca se la olvidaba, quise mandarle un mensaje avisándole que la había dejado y que no la había perdido, pero lo dude. Esa cadenita se la había regalado su mamá.

Me animé y lo hice.

-

Me acomodé la corbata antes de entrar a la reunión y putee en todos los idiomas al darme cuenta que no tenía mi cadenita, si la había perdido me mataba.

-

‘Perdón que te joda, pero encontré tu cadenita en el suelo del baño y no quería que pienses que la perdiste. Sé lo importante que es para vos.’

‘Gracias por avisarme, pensé que la había perdido.’

‘No es nada.’


Suspiré y dejé mi celular a un lado para bañarme.

Comí algo porque sentía que tenía la presión baja y me puse a limpiar y ordenar, necesitaba mantenerme ocupada con algo.

-

Después de la tercera reunión me escapé del trabajo y decidí volver caminando a mi casa, necesitaba despejarme un poco.

Llegué a casa y Paula no estaba asique me preparé un tostado y mientras se hacía me cambié. Me serví un vaso de cerveza y me senté en el balcón a ver el mundo pasar.

Luego de un rato escuché la cerradura de la puerta, era Paula.

- Pensé que no ibas a estar. –Dijo parada en el umbral del ventanal del balcón.-
- Me escapé después de una reunión porque se me parte la cabeza. –Respondí sin mirarla.-
- ¿Podemos hablar?
- No tengo ganas de seguir discutiendo Paula.
- No quiero discutir.
- Me dolió lo que me dijiste.
- Ya lo sé y me siento horrible por eso.
-Suspiré.- Cambié mucho por vos.
- Lo sé, te juro que lo sé. –Se agachó detrás de mí.-
- ¿Y entonces?
- Soy así de mierda, desconfiada e insegura.
- Yo sé de todo lo que pasaste, pero eso no te da el derecho de tratarme así.
- Ya lo sé. –Hizo una pausa y se quebró.- No entiendo porque te ataqué.
- ¿Vos pensas eso?
- No.
- ¿Y por qué me lo dijiste?
- Porque estaba enojada, me sentía desplazada. –Hizo una pausa.- En un momento se me pasó la idea por la cabeza, no te voy a mentir. Pero después me di cuenta que era una gilada.
- Ya me hiciste mal Paula.
- Perdoname, por favor.

martes, 19 de mayo de 2015

150.

Eran las siete de la noche y yo seguía en el trabajo, buenísimo che. ¡Al menos paguenme horas extras!

Sentí que tocaron la puerta.

- Adelante.

Era mi jefe, de mal en peor.

- Permiso Pedro.
- Pase.
-Entró y se sentó frente a mí.- Necesito un análisis de estos logos.
- Mañana lo hago.
- No, ahora.
- Debería haberme ido hace dos horas.
- No me importa, lo haces ahora.
- ¿Piensa pagarme las horas extras?
- ¿Horas extras? Labura mejor.
-Suspiré.- No puede ser que me haga laburar tanto, tengo problemas en mi casa, necesito estar ahí también.
- Siempre tiene problemas con su mujer usted.
- ¿Qué está insinuando?
- Que si siempre tienen problemas se separen y listo.
- No se meta.
- ¿No se aman?
- Le dije que no se meta.
- No me busque porque lo hago despedir.
- Eso no depende de usted.
- No, depende de mi hermano. Mire que casualidad.
-Suspiré.- Dejeme solo.
- No, ahora no me voy.
- Si quiere que haga esto, dejeme solo así lo puedo hacer.
- Me voy a quedar acá, así te veo trabajar.
- ¿Por qué?
- Porque tengo ganas.

Suspiré para no mandarlo a cagar y me puse a trabajar, quería morir.

Cerca de las nueve y media salí del laburo y llegué a casa como a las diez de la noche. Lo único que necesitaba era cenar y acostarme un ratito con Pau.

- Amor, llegué. –Dije entrando a casa.- ¡Pau! ¿Estás? –Dije buscándola en la cocina.- ¿Dónde estás? –Suspiré y la busqué por toda la casa hasta que la encontré en la habitación.- ¿No me escuchaste que llegué?
- ¿En dónde carajo te habías metido? –Preguntó sin mirarme.-
- Estaba en el laburo.
- ¿Hasta esta hora?
- Sí, no me quedo otra.
- ¿Y por qué no me avisaste?
- No pude.
- ¿Y tampoco pudiste responder ninguna de todas las llamadas que te hice?
- No, no pude. Se clavó mi jefe a supervisarme.
- Claro y yo me chupo el dedo.
- ¿Qué estás insinuando nena?
- No sé, te estás quemando solo. –Se dio vuelta.-
- No me jodas, tuve un día muy complicado como para bancar tu histeria.
- Okei Pedro. –Se levantó de la cama y amago a irse, la tomé del brazo y se lo impedí.-
- ¿Okei qué?
- ¿Te pensas que soy pelotuda? De repente empezas a llegar tarde todos los días.
- ¿Qué queres decir?
- Que como yo estoy tan mal con toda la mierda que me pasa seguro te estés cansando de mí y te estés curtiendo a alguna minita por ahí. ¿No? ¡Claro, por eso volves tan cansado!
- No puedo creer la pelotudes que estás diciendo Paula.
- No me tomes el pelo, te conozco muy bien.
- Se ve que no, que no me conoces un carajo.
- No soy una nena, entiendo las cosas.
- Si entendes las cosas deberías darte cuenta que desconfiar de mí no tiene sentido.
- Estás siendo muy desprolijo Pedro.
- ¿Desprolijo con qué mierda?
- Muy obvio, me di cuenta de todo. Se te acabo el jueguito.
- Pensa lo que quieras pendeja.
- Pienso lo que es.
- ¡Pensas lo que queres! Cuando te des cuenta que no es así fijate si podes hacer algo para que te perdone, porque no me cabe ni un poco que pienses así de mí.

Y me metí dentro del baño.

- ¡Me pelee con mi jefe por vos!
- ¿Qué carajo tengo que ver yo?
- Hablé con él, como te dije. –Suspiré, me faltaba el aire.- Le dije que tenía problemas en mi casa y que no quería volver tan tarde porque vos tenías temas personales y por eso se me vino a la cabeza, por eso llegué tan tarde hoy.

Y no me respondió, okei.

Me di una ducha que fue algo eterna, necesitaba tranquilizarme. Respiré hondo varias veces hasta que más o menos pude normalizar mi respiración y me quede dentro del baño por un largo rato, sentado en el suelo. Llorando.

Sí, llorando.

Me dolía que Paula pensara así de mí. Me había costado muchísimo cambiar y si cambié fue solo por ella, porque ella es especial y sentí que se merecía ese cambio. Cambié porque quiero estar con ella y con nadie más que con ella. ¿Y desconfía de mí? ¡Cuánto que me conoces Paula!

Salí del cuarto y agradecí que no estuviera por allí, la hubiese tratado muy mal.

Busqué algo de comer en la cocina y fui al cuarto, de donde no pensaba salir hasta mañana.

Cené un sándwich muy improvisado de pan lactal, aceitunas y mayonesa y me quedé allí. Puse la tele para intentar despejarme, pero era inútil.

Sabía que estaría llorando en el cuarto de al lado pero la de la cagada esta vez había sido ella y no daría el brazo a torcer. Ella es la que debe pedir perdón, yo tengo la conciencia tranquila.

Me quedé dormido.

-

Escuché las últimas palabras de Pedro cuando gritaba dentro del baño y corrí a la habitación en donde dormía al principio, me encerré allí y me dejé caer en el suelo. Llorando.

Llorando muchísimo.

Quería confiar en él pero no podía.

Me dolía no poder hacerlo, pero me moría de miedo. Me moría de miedo de que el mundo siguiera lastimándome y que él se estuviera riendo de mí. ¿Y si de verdad estaba con otra mujer? ¿Y si se había cansado de mí? ¿Qué se suponía que haría yo?

Sin él me muero, sin él no puedo respirar.

Las lágrimas no dejaban de rodar por mis mejillas y mi pecho no dejaba de delatar toda la angustia que en aquel momento sentía. Había tenido otro día de mierda y lo único que necesitaba era un abrazo de él. Hacía días que sospechaba, pero lo de hoy fue una tomada de pelo. ¿Cómo se supone que debo confiar en él si llega cinco horas más tarde de trabajar y no me avisa? ¿Si no responde un llamado?

¿No es normal desconfiar?

No lo sé. Solo sé que en mí si es normal hacerlo, desconfiar es mi naturaleza y ser desconfiada está en mi ADN. Soy así, la vida me hizo ser así y no puedo cambiarlo ni controlarlo.

No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado llorando cuando escuché su alarma, ya era de día y Pedro se iría a trabajar.

Me quedé dormida después de un largo rato de escuchar que se había ido.

lunes, 18 de mayo de 2015

149.

Habían pasado un par de semanas en las que había comenzando a prepararme para rendir libre algunas materias y de a poco poder ir completando mi carrera, no veía la hora de recibirme.

Pepe me había comprado los apuntes y mis días básicamente se basaban en estar rodeada de hojas, resumenes y resaltadores.

Ya me habían sacado el yeso y caminaba casi normalmente.

Pedro acaba de llegar a casa y salí de la habitación, lo había extrañado particularmente hoy.

- No corras loquita.

No le hice casi y terminé de acercarme a él hasta que lo pude besar.

- Hola hermosa.
- Hola mi amor. –Lo besé otra vez.-
- ¿Cómo estás?
- Bien, tenía muchas ganas de verte. –Lo besé.- ¿Vos?
- Todo bien. –Dejó su portafolios a un lado y nos sentamos en el sillón.- ¿Segura que vos estás bien?
- Sí. –Suspiré.- Solo quiero estar un rato con vos.
- Mmm…
- ¿Mmm qué?
- Que no me mientas.
- No te miento.
- Te conozco.
- Bueno. –Suspiré.- Hoy son cuatro meses de lo de mamá y estoy medio bajón.
- ¿Tan difícil era decírmelo?
-Reí.- No sé. –Apoyé mi cabeza en su pecho y él me abrazó.-
- ¿Estás llorando?
- No, no sé. -Me abrazó más fuerte.- Pasa que el accidente, que no fue un accidente, me desordenó todo y siento que nunca pude despedirme de verdad. Es raro.
- Podes llorar si lo necesitas, estoy acá para contenerte.
-Suspiré y cerré con fuerza mis ojos, dejando en libertad algunas lágrimas.- No sabes lo que necesitaba estar así con vos.
-Besó mi cabeza.- Perdón si llegue muy tarde.
-Sonreí.- No es tu culpa.
- Voy a hablar con mi jefe, porque no puede ser que vuelva cada vez más tarde.
- No te metas en bardos.
- No, no te preocupes vos por eso. –Acarició mi mejilla y yo besé su mano.-
- De verdad te digo.
- Y yo de verdad te digo que no te preocupes por eso.
- Pero sos muy vehemente vos.
- Me voy a controlar.
- Más te vale.
- Bueno che. ¿Hasta pachucha me retas?
- ¿No puedo?
- Mmm… -Y comenzó a hacerme cosquillas.-
- No seas forro Pedro, dale. –Dije muerta de risa.-
- Te hace bien reírte.
- Pero no tengo ganas de reírme.
- ¿Y de unos besos? ¿Tenes ganas?
- Eso me haría mejor que tus cosquillas. –Sonreímos y nos besamos.-
- Tenía pensando que vayamos a caminar un poco el parque, hace días que no vamos y la médica dijo que tenes que caminar.
-Suspiré.- No tengo muchos ánimos.
- Pero te va hacer bien.
- No sé.
- Dale, un ratito. –Besó mi mejilla.- Me voy a cambiar y vamos.
- Bueno. –Me dio un beso y se fue.-

Caminábamos bordeando el parque, tomados de la mano y en silencio.

- ¿Nos podemos sentar un poco? –Pregunté.-

Él me llevó de la mano hasta un banco y nos sentamos allí, apoyé mi cabeza en su hombro y él me abrazó por la espalda.

- No tengo muchas ganas de estar acá.
- ¿Queres que volvamos?
- Por favor.
- Perdón si te hice venir…
- No, no pasa nada. –Suspiré.- Es que justo un parque hoy me bajonea. Ni yo me había dado cuenta hasta que llegué.
- ¿Y qué queres que hagamos?
-Me encogí de hombros.- ¿Qué hora es?
- Las siete.
- Vamos a casa.
- ¿Segura?
- Sí.
- Vamos entonces. –Me besó y nos levantamos para irnos.-

‘En este tiempo mi vida cambió demasiado, demasiado como para soportarlo y para colmo en el medio un auto me hace volar por los aires y me deja casi muerta. ¿Cómo se suponía que debía procesar tanta información? Juro que no podía.

Querer saber tantas cosas y no poder saber ninguna es desesperante. ¿Quién era mi papá? ¿Cómo era? ¿Su familia? ¿Soy parecida a él?

Es difícil, muy difícil convivir con este dolor dentro. Intento taparlo, como si fuese un grano que tapas con maquillaje, pero en días como hoy el dolor se escapa por los poros y es imposible de frenar.’


Sentí que Pedro me abrazó por la espalda y cerré el cuaderno.

- No vine a chusmearte tonta.
- Perdón. –Dije llorando y él besó mi espalda.- ¿Te puedo pedir algo?
- Lo que quieras.

Me di vuelta en la silla, ya que era una de computadora.

- Ya sé que con todo lo que estás haciendo con lo de Renzo es un montón, pero necesito encontrar a alguien cercano a mi papá. Necesito conocerlo aunque sea mediante alguien y no sé cómo hacerlo.
- Podes contar conmigo mi amor. –Tomó mis manos.- Vamos a encontrar a alguien.
- Eso espero.
- Confía. –Me besó.- ¿Queres que comamos algo y nos metemos en la cama?
- Por favor.
-Me besó.- Yo mañana hablo con el abogado.
- Gracias.
- No me lo tenes que agradecer. –Me besó otra vez y nos levantamos.-

Pedro me abrazó y me quebré en sus brazos.

- Estoy tan mal yo que siento que te estoy descuidado y no me gusta. –Dije en medio de lágrimas.-
- No amor, nada que ver. –Acarició mi espalda.-
- Sí Pepe. –Me separé un poco de él para poder mirarlo.- Vos no estás bien, te lo veo en los ojos.
- Es laburo, estoy sobrepasado.
- ¿Estás seguro?
- Sí Pau. No te preocupes por eso. –Me besó y secó mis lágrimas.- Dale.
- Te amo, no te lo olvides.
- Nunca lo olvido. –Nos besamos.- Vos tampoco te olvides de que te amo. –Negué con mi cabeza y nos unimos en un beso.-

Habíamos cocinado unos fideos con salsa y la verdad es que no comí mucho, se me parte la cabeza. Levanté todo y me fui a la cama, en donde estaba Pedro.

- Venga señorita. –Sonreí y me acosté a su lado.-
- Necesito de esto.
- ¿Yo soy esto?
-Reí.- Esto es estar así con vos. –Cerré mis ojos y me acurruqué en él.-
- Arreglala ahora.
- No tengo ganas de pelearte.
-Rio.- Ay, venga para acá mi pachuchita. –Me abrazó y cerré mis ojos.-
- Descansa mi amor.
- Vos también Pau.

domingo, 17 de mayo de 2015

148.

Me levanté y sin que Pedro se despertara me fui a la cocina para poder preparar el desayuno. Puse las galletitas que había hecho en una canastita, una compotera con cereales, dos cafés bien batidos y un par de chocolates. Acomodé todo en una bandeja y volví al cuarto.

Dejé la bandeja a un lado y destapé a Pedro hasta su cintura y comencé a besar su espalda, desde abajo hasta llegar a su cuello.

- Buen día cumpleañero.
- Hola amor. –Dijo sin abrir sus ojos.-
- Arriba que traje el desayuno.
- No, quedate así un ratito.

Reí y volví a besar toda su espalda, luego me senté y le hice masajes.

- Ahora sí, arriba que tengo hambre.
- Uy bueno, está bien.

Pepe se sentó y después de darnos un beso acerqué la bandeja a nosotros.

- ¿También hiciste galletitas?
- Sí. –Sonreí.-
- Sos tan linda. –Me dio un beso.-
- Probalas.
- A ver… -Mordió una galletita.- Están muy buenas.
- Genial. –Reímos y nos dimos otro beso.-

Pepe se puso una remera y desayunamos.

- ¿Qué vamos a hacer hoy? –Pregunté y los dos estábamos acostados en la cama.-
- No tengo muchas ganas de salir.
- No te quedes por mí eh.
- No, pero de verdad. Prefiero quedarme acá con vos todo el día.
- Bueno, no me niego igual. –Reímos y nos dimos un beso.- Nada que ver, pero el lunes tengo que ir a la clínica. ¿Vos podrás acompañarme?
- Sola no vas a ir.
- Puedo ir en remisse.
- No, veo como me organizo en el laburo y te llevo.
- Bueno, gracias. –Sonreí y lo besé.-
- No es nada señorita. –Nos besamos y apoyé mi cabeza en su hombro.-
- Lo que no sé si hay es algo para almorzar.
- Inventamos algo, no pasa nada.
-Reí.- Compré todo, pero se me paso el almuerzo.
- No pasa nada.
- ¿No te enojas?
- Obvio que no tonta. –Besó mi frente.- ¿Qué hora es?
- Las once.
- ¿Qué te parece si nos bañamos y cocinamos algo? Y obvio que venimos a comer acá y después vemos alguna peli.
- Dale, dale. Me copa.
- Anda a bañarte y mientras yo acomodo esto.
- No, dejame atenderte.
- No me cuesta nada.
- Te voy a malcriar hoy.
- Pau, dale.
- Vos dale. –Me levanté y agarré la bandeja.- Anda a bañarte. –Lo besé y me fui.-

Lavé lo del desayuno y acomodé la cocina, Pepe salió de bañarse, me ayudó con mi yeso y me bañé yo también.

- ¿Qué preparamos?
- Sándwich de milanesa.
- Listo, ya está. Voy comprar pan.
-Reí.- Bueno, mientras pongo a hacer las milanesas.
- Dale.
- Trae mayonesa si podes, que no hay.
- ¿Me haces una listita o estamos?
- Tonto. –Lo besé y se fue.-

-

Estábamos almorzando en la cama, sentados allí, charlando.

- Subi la pierna Pau.
- No quiero hacer lío con la bandeja.
- Yo la tengo, dale. –Pau subió su pierna y sonrió.- ¿Mejor?
- Sí, igual no me duele, solo que es incómodo.
- Tuve uno cuando era chico, es un embole.
- Malísimo. –Reímos.-

Terminamos de comer y dejamos todo a un lado, ella estaba acostada y yo sobre ella.

- Amo tanto que me beses. –Dijo abrazándome por el cuello.-
-Sonreí.- Y yo amo besarte. –Nos besamos.-
- Podría vivir así.
-Besé su cuello y susurré en su oído.- Me encanta estar así con vos.
- A mí también. –Suspiró.-

Apoyé mi cabeza en su pecho y ella comenzó a jugar con mi pelo, sonreí y cerré mis ojos.

- ¿Queres dormir un ratito? –Preguntó.-
- ¿No te jode que esté así?
- No amor.
- ¿Segura? ¿No te duele nada?
- No Pepe, no te preocupes. Yo también quiero dormir un ratito.

Nos quedamos dormidos después de un rato y cuando nos despertamos miramos una película.

Ya eran las cinco de la tarde y estábamos en el living tomando mate.

Pau estaba preparando la cena mientras yo respondía algunos saludos de cumpleaños.

- Ya está la comida Pepe.
- Ahora voy amor. –Dije desde el living.-

Me acerqué a la cocina y sonreí al ver la cena.

- Era literal que me ibas a mimar.
-Sonrió.- Es tu cumple, dejame. –Me besó.-
- Me encanta.

Nos sentamos en la mesa luego de que ella sirvió la comida y comenzamos a cenar.

- ¿Está rico?
- Sos una reina cocinando.
- ¿Solo cocinando?
-Reí.- Sos una reina, siempre.
- Mmm…
- ¿Qué?
- No sé, ahora la arreglas.
-Reí y tomé su mano para besarla.- De verdad.
- ¿Te tengo que creer?
- Obvio que me tenes que creer. –Reímos.-

Terminamos de cenar y Pau trajo un postre, sonreí.

- Sos lo más.
- Es la primera vez que hago esto, espero que esté rico.
- A ver… -Dije y lo probé.- Está genial Pau.
- ¿Posta?
- Sí, lo dulce es tu especialidad claramente.
-Sonrió y comió un poco.- Sí, está rico. –Sirvió dos copas de champagne.- Feliz cumple mi amor. –Dijo levantando la copa.-
- Gracias hermosa. –Choqué su copa con la de ella.- Brindo por vos.
- Y yo por vos. –Sonreímos y tomamos un sorbo cada uno para continuar comiendo el postre.-

---------

Prometo que en breve vuelve la acción y deja de ser todo tan monótono.

sábado, 16 de mayo de 2015

147.

“Bueno, hola mi amor. ¡Feliz cumple! –Tira un beso a la cámara.- Es medio raro estar haciendo esto y seguro mucho más raro sea estar al lado tuyo mientras lo veas. –Ella besó mi mejilla.- pero acá va.

Quise hacerte algo especial y  se me ocurrió hacer esto. Escribirte una carta y grabarme mientras te la leo. Espero que te guste.

Pepe, mi amor. Me cuesta un poco empezar, porque no sé muy bien por donde hacerlo.

Quizás un buen comienzo sea el día que nos conocimos. ¿No? Ese día supe que mi vida iba a cambiar, pero nunca creí que tanto. Me tuviste una paciencia que aún no lo puedo creer, me cuidaste como a un cristal y te lo voy a agradecer siempre. Me esperaste y el día que accedí comenzamos esto, que tuvo mil idas y vueltas y que por momentos fue muy tedioso y angustiante, pero acá estamos. Me cambiaste tanto amor, tanto. Te lo dije mil veces pero te lo repito, me hiciste sentir mujer y eso es algo que tampoco voy a dejar de agradecerte.

Cada vez que nos besamos, que nos tocamos, que estamos juntos o incluso cada vez que nos miramos, recuerdo esa sensación que tuve la primera vez que te sentí cerca de mí.

No sé cómo explicarte lo que sos para mí, no solemos ser demasiado demostrativos con las palabras a excepción de las situaciones límites y confieso que me muero de vergüenza, pero es la realidad. Sos todo en mi vida y no quiero que suene posesivo, con todo me refiero a que gracias a vos tengo un motivo por el cual levantarme. Vos hiciste que vuelva a valorarme, vos hiciste que me dé cuenta que vivir está bueno a pesar de todo.

Te amo mi amor, te amo con cada parte de mí y te deseo desde lo más profundo de mi corazón que seas feliz, obviamente que conmigo. Solo conmigo.

Y ya tengo miedo de estar siendo un poco plomo, pero tengo un par más de cositas para decirte.

Te amo aunque ya lo sepas.

Gracias por ser parte de mi vida. Gracias por no soltarme la mano.

Quiero estar toda mi vida con vos, quiero que esto nunca deje de crecer. Necesito que sea así.

Deseo profundamente que todo lo que pasa se arregle y que podamos formar una familia, no hay nada que quieras más. Y no te asustes, lo quiero más adelante.

Me hace muy feliz dormirme a tu lado todas las noches.

-Eres una luz en mí, todo se transforma aquí cuando estás, los miedos quedaron atrás
siento que vuelvo a respirar y sanar las heridas que no ves.
Con tenerte así haciéndome sonreír, ya no hay palabras para decir
Quedate hache desde el principio hasta el fin. Subete a mi balcón bajo este cielo salvador.
Con mirarme descubrís cuando estoy cerca de ti lo que soy no me dejes sin tu amor.-

¡Sí! Te canté, valoralo porque me muero de vergüenza haciéndolo. ¡Feliz cumple mi amor! Te amo.”


- Te amo mi amor, te amo, te amo, te amo. –Y me tiré sobre ella besándola.- Te amo.
-Sonrió.- Te amo. –Y volvimos a besarnos.-

Nuestras bocas se unieron como amaba que lo hicieran, como si fueran dos imanes con toda la atracción del mundo concentrada allí. Nuestros labios se abrían y se cerraban a la par, nuestros ojos estaban cerrados y nuestros cuerpos unidos.

- ¿Puedo? –Pregunté.-
- Podes. –Respondió y sonreí, la besé y me levanté.-

Si fuera por mí me quedaría en el sillón o en donde sea, pero prefería la cama por su pierna.

Fui caminando hacia atrás mientras ella me “empujaba” y nunca dejamos de besarnos en el trayecto del living a la habitación.

Se sentó en la cama y yo me tiré cuidadosamente sobre ella, nuestros labios volvieron a unirse luego de sonreírnos. Sus manos rodearon mi cuello y nos separamos un poco.

- Te extraño tanto Pau, tanto. –Dije acariciando su nariz con la mía.-
- Yo también te extraño Pepe. –Suspiró y recorrió mi espalda con sus manos.-

La besé y me hundí en su cuello, quería que se sienta cómoda. Me quitó la remera y mientras mis labios eran felices en el paraíso de su cuello, ella utilizaba sus manos para volver loca a mi espalda desnuda.

Mordí su lugar predilecto y sentí como su espalda se arqueó, sonreí triunfante y la besé.

Ella hizo que me acostara a su lado y buscó en su mesita de luz un aceite, sonreí y llenó sus manos con esos para masajear mi pecho y mi cuello mientras mi mano acariciaba su pierna sana.

Cuando no aguante más, la tiré sobre mí y la besé a la par que mis manos se deslizaban por debajo de su remera, recorriendo su espalda.

- Pepe…
- ¿Qué?
- No me toques la cintura, por favor. Me duele mucho.
- Ay, perdón. –La besé.- Perdón. –La besé.- Perdón. –La besé.-
- No pasa nada. –Y se quitó su remera.- Mis omoplatos y mi nuca son tuyos.

Sonreí y corrí el pelo de su espalda, con mis dedos la acaricié por un largo rato mientras ella estaba hundida en mi cuello. Definitivamente necesitábamos disfrutarnos.

- Lo haces tan bien. –Dijo en mi oído y me hizo un chupón.-
- Vos lo haces bien. –Nos separamos un poco y volvimos a besarnos.-

Ese beso terminó de subir la temperatura en ambos, ya no había barrera alguna para nuestras lenguas.
Nuestras respiraciones estaban agitadas y mis manos se encargaron de desabrochar su corpiño y luego de quitárselo, llené mis manos con esa aceite y repetí lo que había hecho ella conmigo.

El resto de nuestras vestimentas quedaron quien sabe dónde, estaba sobre ella.

- Te amo Paula. –Ya la besé.-
-Mordió su labio.- Te amo. –Volvimos a besarnos.-

-

Yo descansaba sobre su pecho mientras él jugaba con mi pelo.

- Gracias.
- ¿Por?
- Por haberme dejado.
-Sonreí.- No aguantaba mucho más yo tampoco. –Reímos.-
- Sos tan linda. –Me abrazó.-
- ¿Así soy linda?
- Siempre sos linda, lo físico es pasajero.
- Nunca creí que ibas a decir eso.
- ¿Te digo la verdad? Yo tampoco. –Volvimos a reírnos.-
- Estás muy cambiado.
- ¿Y no te gusta?
- Me encanta, me encanta que siempre tengas una faceta distinta.
- Lo hago para que no te aburras.
-Reí.- Nunca me aburriría de vos.
- ¿Nunca?
- Nunca.
- Me alivia saberlo.
- ¿De verdad pensas que podría aburrirme de vos?
- No, no sé. Pero siempre tengo un miedo ahí, en el fondo, de que algún día nos separemos. Yo tampoco puedo vivir sin vos.
- No pienses así, eso no va a pasar si no dejamos que pase.
- Yo dejé que pase una vez.
- Pero te diste cuenta y aprendiste.
- ¿Aprendí?
- Sí. ¿No te das cuenta de tu trato conmigo?
-Rio.- Sí, pero capaz no te dabas cuenta.
- ¿Cómo no me voy a dar cuenta tonto?
- Bueno. ¿Qué se yo?
- No sé que sabes vos. Solo sabe que nuestro amor es eterno.
- Sos tan cursi que en otro momento de mi vida te hubiese borrado del historial de mi vida.
- Qué amor che.
- Pero ahora me encanta. –Besó mi cabeza.- No soportaría las cursilerías todo el día, pero de vez en cuando me gustan. –Reímos.-
- Mejor dormí amor.
- Vos también.
- Obvio.
- Que descanses.
- Vos también amor.

----------------