jueves, 30 de abril de 2015

130.

Volví del trabajo y me sentía mal, intenté pilotearla hasta llegar a casa pero ni bien abrí la puerta me dejé caer en el sillón.

Reposé mi cabeza sobre el respaldo y desajusté mi corbata, necesitaba respirar, o al menos intentarlo. Busqué el puff, lo usé tres, cuatro veces. No funcionó.

Otra vez no, por favor.

Busqué mi celular en el bolsillo y le envíe un wp a Paula. La necesitaba.

- Estás violeta Pedro. –Dijo alarmada.-
- Veni, quedate conmigo. Por favor.

Me quitó la corbata, abrió los primeros botones de mi camisa.

- Llamo a un médico.
- No es físico.
- Pero…
- Hace la crema y veni conmigo, por favor.
- Te acompaño a la cama.

Me ayudó a levantarme y me acompañó, una vez que me acosté ella quitó mis zapatos.

- Sacame el pantalón. –Rogué y ella lo hizo, luego me tapó con una manta y yo terminé de desabrochar mi camisa.-
- Trata de respirar lo más hondo que puedas, yo ya vengo.

Paula se fue y me ahogué automáticamente, no podía respirar y no podía dejar de toser. Era tan horrible pasar por esto, tan espantoso. Tan inaguantable.

A medida que mi pecho se cerraba mis párpados también lo hacían y de repente todo estuvo oscuro. Intenté inhalar y me desesperé.

- Acá estoy mi amor. –Escuché a Pau y me tranquilicé al menos un poco.-

La escuché caminar hasta mí, se sentó en la cama e hizo que apoyé mi cabeza en su falda, abrió bien mi camisa y comenzó a masajear mi pecho con la crema.

- Cantame. –Supliqué.-
- Pepe, dale.
- Por favor.
- Tranquilizate.
- Necesito que me cantes.
- Sh… -Dijo y aumentó sus masajes.-

Después de algunos minutos, la crema ya se había absorbido y de a poco lograba regularizar mi respiración.

Sus manos ya estaban en mi pelo y disfrutaba demasiado de aquello.

- When I find myself in times of trouble, Mother Mary comes to me speaking words of wisdom, let it be.
And in my hour of darkness she is standing right in front of me speaking words of wisdom, let it be. Let it be, let it be. Whisper words of wisdom, let it be.
And when the broken hearted people living in the world agree there will be an answer, let it be. For though they may be parted there is still a chance that they will see there will be answer, let it be. Let it be, let it be. There will be an answer, let it be.
And when the night is cloudy, there is still a light that shines on me, shine on until tomorrow, let it be. I wake up to the sound of music, Mother Mary come to me speaking words of wisdom, let it be. Let it be, let it be, whisper words of wisdom, let it be.



(Cuando me encuentro en tiempos de problemas la Madre María viene hacia mi diciendo palabras sabias, déjalo ser.
Y en mis horas de oscuridad ella está parada justo al frente mío diciendo palabras sabias, déjalo ser. Déjalo ser, déjalo ser. Susurra palabras sabias, déjalo ser.
Y cuando la gente afligida que vive en el mundo esté de acuerdo habrá una respuesta, déjalo ser. Y aunque ellos puedan ser separados hay aún una oportunidad de que puedan ver habrá una respuesta, déjalo ser. Déjalo ser, déjalo ser. Habrá una respuesta, déjalo ser.
Y cuando la noche está oscura hay aún una luz que brilla en mí, brilla hasta mañana, déjalo ser. Me despierto con el sonido de la música, la Madre María viene hacia mí diciendo palabras sabias, déjalo ser. Déjalo ser, déjalo ser. Susurra palabras sabias, déjalo ser.)

- No puedo creer que cantes tan lindo. –Dije en medio de una tos.-
- Gracias por el halago, pero termina de tranquilizarte vos.
- Acostate conmigo.

Paula hizo lo que le pedí, apoyó su cabeza en mi hombro y su mano sobre mi corazón.

- Respira tranquilo mi amor. –Susurró en mi oído.-
- Es horrible esto. –Dije al borde de las lágrimas.-
- Lo sé mi amor, pero lo único que podes hacer ahora es tratar de tranquilizarte.
- No puedo.
- Sí que podes Pepe, sí que podes. Cerra los ojos. –Pasó su mano sobre mis ojos para que los cierre y volvió a ponerla sobre mi corazón.-
- Te necesito mi amor.
- Y yo estoy acá, con vos mi amor. –Besó mi mejilla y respiré profundo.- Ya tenes la piel de color normal, podes terminar de tranquilizarte. Dale.

Buscó el celular y me dio un auricular a mí, el otro se lo puso ella. Su mano jugaba con el vello de mi pecho y después de un largo rato me quedé dormido.

-

Pepe se quedó dormido, le quité mi auricular y dejé el celular a un lado. Me levanté y lo tapé, besé su frente y salí del cuarto.

Me di un baño con el agua lo más caliente que la soporté e intenté tranquilizarme, digamos que el estado que tenía antes de que llegara Pedro no era el mejor. El agua cayó con fuerza sobre mi cuello y mi cabeza, respiré lo más hondo que pude y dejé salir todas las lágrimas que se habían quedado dentro.
Salí intentando hacer que nada pasaba y me puse a hacer una lasagña, sabía que a Pedro le encantaba.

- Hola Pau. –Dijo parado en el umbral de la puerta.-
- Hola mi amor. –Le sonreí mientras ponía el puré sobre la carne.- ¿Te sentís mejor?
- Bastante.
- Mejor entonces. –Puse la fuente en el horno y me acerqué a él.- ¿Por qué no te das un baño? Así terminas de relajarte.
- ¿Estás haciendo lasagña?
- Sí, así te mimo un poquito.
-Sonrió y me besó.- Me baño y comemos.
- Dale, solo falta que se caliente porque cociné la carne y el puré antes.
- Me baño rápido entonces.
- Bueno, dale. –Nos besamos y se fue.-

Puse la música y cuando salió del baño saqué la fuente del horno y serví dos porciones.

En la mesa.

- ¿Estás mejor de verdad? –Pregunté y tomé su mano.-
- Sí mi amor, gracias.
- Nunca te había visto así, estabas todo violeta.
- No sé que me pasó, fue de repente cuando estaba volviendo.
- ¿No te pasó nada? ¿No te acordaste de nada?
- No, fue de la nada literal.
- Bueno, si ya estás bien no te preocupes más.
- ¿Vos? ¿Cómo estás?
- Como puedo Pepe.
- Hablé con el abogado hoy.
- ¿Y qué te dijo?
- Que mañana sale la sentencia contra lo de tu vieja.
- ¿Y eso de qué sirve?
- Tiene más de una década adentro.
- Pero tiene marionetas afuera.
- Ya sé, pero vamos paso a paso. Tranquila. ¿Sí?
- Me cuesta Pepe.
- Lo sé gorda, pero intentalo. –Me besó.- Y gracias por cantarme hoy, podrías hacerlo más seguido.
-Sonreí, colorada.- Me da mucha vergüenza.
- ¿No queres empezar las clases?
- Ahora no, más adelante capaz. Pero ahora no me da la cabeza.
- Cuando quieras me avisas.
- Sí, gracias. –Lo besé.- ¿Me ayudas a levantar la mesa?
- Dale.

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miércoles, 29 de abril de 2015

129.

‘Estoy harta de vivir con miedo. No soporto más esta opresión en el pecho cada segundo del día que no me deja llenar de oxígeno mis pulmones con normalidad.
No puedo seguir soportando la angustia tomándome el cuerpo y el pánico tomándome la mente. ¿Cómo se hacía con todo esto? Era imposible.
Pueden jurarme una y mil veces que nada va a pasar, pero yo me sigo muriendo de miedo.
¿Cómo se hace? ¿Cómo se vive con una mochila tan pesada sobre la espalda? No puedo más, no resisto. No me sale, no sé.
Dicen que todo pasa y puede ser, pero el problema es ¿Cuándo pasa? Porque esto ya lleva más de la cuenta y es demasiado para una sola persona.
¿Qué se sentirá despertar un día sin preocupación alguna? ¿Sin miedo?
¿O cómo será estar completamente segura de lo que soy y vivir sin tener miedo a que me pisoteen?
Todo lo que te pasa en la vida te marca, algunas son marcas superficiales, pero otras son marcas profundas, que sangran y tardan mucho tiempo en cicatrizar. Son marcas que quedan, que no se lavan con el tiempo, que nos moldean.
Hay marcas que duelen durante años, heridas que sangran todo los días, todo el tiempo.
Sangran cuando nos ponemos a la defensiva con alguien que nos quiere tratar bien, sangran cuando se esconden detrás de nuestra sonrisa, sangran cuando no podemos sentirnos seguras de nosotras mismas.
También sangran cuando tenemos miedo y por supuesto que cuando lloramos.
Es como si fueran inagotables, como si nunca se secarán. Siempre sangran, siempre.’


Cerré mi cuaderno y tapé mi cara con la almohada, estaba sola y no quería recordarlo. No quería estar sola, tenía miedo.

Puse música y volví a escribir, necesitaba hacerlo.

‘Te vi, te vi y no supe si era un sueño real o era un sueño producto de mi imaginación. Nunca lo voy a saber, pero te vi y pude decirte muchas cosas que me habían quedado en el tintero.
Pude ver en tus ojos que el amor era real, que de verdad habías hecho todo lo que pudiste. Vi tus ganas de abrazarme y de cuidarme, pude ver esas ganas que nunca pude ver de chica y eso me hizo bien.
Te necesito conmigo, pero aún así me hace bien saber que estás conmigo, que me cuidas.’

No sabía qué hacer y no quería no hacer nada, asique me puse a revisar cuadernos viejos, otra vez.

- Fragmento I. -

‘Cuando se pasan años y años acumulando tristeza dentro de uno llega un momento en el que es necesario comenzar a sacarla, aunque esté atascada de llevar tanto tiempo allí. El cuerpo deja de aguantar todo ese maltrato y necesita sacarlo afuera, el cuerpo y el alma necesitan ser libres. Necesitan poder respirar y tener lugar para el aire que entrará.

Poder inhalar profundo y no sentirse ahogada se convierte en toda una travesía.

Cuando no sos capaz de poder disfrutar de una canción, un libro o de mirar el cielo te das cuenta que todo está mal. Y cuando digo todo, es TODO. –Son cosas que si uno no pasa, no entiende.-

Es despertarse ahogado y dormirse de la misma manera. Es dormirse todas las noches llorando, con la almohada empapada.

Tu vida se convierte en una mentira, te acostumbras a vivir fingiendo, sonreís y por dentro te destruís. Por dentro sos pedazos, mil pedazos imposible de ser reparados.

Cuando necesitas un abrazo y nadie te lo da. Cuando deseas con todo tu corazón que alguien te prometa que todo estará bien, pero no hay nadie. Cuando las dos personas que más deberían amarte en el mundo te destruyen. Cuando creces creyendo que sos un ser diminuto e insignificante. Cuando ni siquiera te sentís una persona.

Ahí es cuando todo se vuelve oscuro, todo se vuelve lágrimas.’

Ese texto tenía fácil cinco años y me seguía sintiendo igual. ¿Ven qué es una pelotudes eso de que todo pasa? ¿Qué pasa? ¿Qué carajo pasa? ¡Lo bueno se pasa fugazmente y lo malo perdura por siempre!

El texto tenía cinco años, pero la angustia recorriéndome el ser ya había cumplido más años que la escarapela.

Sequé mis lágrimas con los puños de mi buzo y suspiré, todo estaba mal. ¿Por qué iba a cambiar? ¿Por qué esta vez sí?

- Fragmento II. -

'Muchas cosas en la vida duelen, muchas, demasiadas... Pero ser invisible está en los primeros puestos sin lugar a dudas. Sentir que no le importas a nadie, que a nadie le importa lo que vos sentís, lo que te pasa, lo que haces o no haces. Sentir que las personas que más deberían apoyarte en la vida te sueltan la mano, dejándote caer al vacío.
Duele intentar vivir con una sonrisa que lo único que hace es disimular lágrimas. Duele sentir que no sos nada. Duele.'


- Fragmento III. -

’No podía respirar, me sentía ahogada. No porque no existiera aire en aquel lugar, sino que me ahogaba inconscientemente, me ahogaba en mi horrible realidad. Me ahogaba en esa oscuridad que me invadía cada noche (y cada día), me ahogaba en mis propias lágrimas. Simplemente me ahogaba, mi cuerpo expresaba lo que mi alma no podía exteriorizar. Mis días eran todos iguales, los días pasaban y yo era una simple espectadora que veía la vida pasar frente a una pantalla. Es que ya no podía vivir, no así.

Las lágrimas caían sin piedad por mis mejillas hasta morir perdidas en el acolchado de mi cama, mi cuerpo temblaba, temblaba como una hoja de papel en medio de una tempestad.’

Y ahogada en lágrimas llegué al texto más crudo de todos. Al que siento más real.

- Fragmento IV. -

'¿Qué es la infancia?

Según el diccionario: “Primer período de la vida de la persona, comprendido entre el nacimiento y el principio de la adolescencia.”

No, esa definición no me sirve. No me alcanza. Pregunto de verdad… ¿Qué es la infancia?

Suele ser aquella etapa de la vida en la que somos unos nenes felices y sin preocupaciones. Donde nuestra vida pasa por jugar con muñecas o autitos, por aprender a pintar dibujitos, mirar una película donde el conflicto es que se pierde una pelota o también es cuando sos un nene que por conseguir un chupetín con gusto a coca-cola en el kiosko de la vuelta de casa hace cualquier cosa.

La niñez es aquella en la que nos vestimos con un montón de colores y no importa si no combinan, es el momento que tenemos para mancharnos con cualquier cosa, para revolcarnos por la tierra y jugar con bichos bolitas.

Es cuando nos manchamos las rodillas con pasto y cuando nos duele el agua cayendo sobre los raspones de nuestras rodillas.

La niñez es cuando nada importa. Cuando todo es felicidad. (O al menos eso dicen).

Porque no, para mí no fue así. A mí siempre las cosas me suceden al revés.

Mi infancia pasó entre libros, libros que eran para grandes y para chicos. Leía cualquier cosa que encontraba o miraba la televisión, pero miraba el noticiero o los culebrones de la tarde porque nunca tuve cable.

Nunca me dormí con mi mamá leyéndome un cuento y nunca recibí un regalo de mi papá. Nunca festejé mi cumpleaños, tampoco tenía amigas que vengan a jugar a mi casa.

No sé lo que es un abrazo ni un beso de las buenas noches. No sé, no sé nada.

Y si me preguntan… ¿Estás bien? Respondo que sí. Porque no quiero que nadie entre a mi mundo. Prefiero que siga así.

A veces jugaba con mi única muñeca que se llama Sol, con ella tengo mi mamadera –la que tenía de cuando era chica.- una manta que había hecho con un mantel viejo y algo de ropa de bebé –que también había sido mía.- También me armé una cuna con una caja de botas, la cual llené de cartapesta y pinté con tempera.- Jugaba a cuidarla como hubiese querido que me cuiden a mí.

Recuerdo que un día me había quedado sola y me animé a entrar en la pieza de mis papás, debajo de su cama encontré una caja llena de juguetes de cuando había sido bebé, pañales sin usar, más ropa y demás cosas. Creo que ese fue uno de los días más felices de toda mi niñez.

Corrí a mi cuarto como si me hubiesen hecho el mejor regalo y en un rincón de mi cuarto armé el cuarto de mi “hija”. Su cuna, su sábana –la que había hecho yo.- y mi manta… Al menos ahora no tendría frío.

Busqué más cosas para hacer cartapesta e hice eso con dos cajas que había en mi cuarto, mi hija ya tenía su espacio….

Ojala fuese ese bebé, hubiese sido mucho más feliz si dormía en una caja pero era criada con amor.’

martes, 28 de abril de 2015

128.

- Hija… Hija…

Escuché a mi mamá a lo lejos, pero creí que era una alucinación. No podía ser.

- Hija, veni que yo no puedo ir hasta allá.
- ¿Mamá?
- Sí Pau, soy yo. Veni, por favor.
- ¿Para dónde?
- Seguí mi voz. –Y comencé a caminar, siguiéndola.- Muy bien, dale. Seguí.
- ¿En dónde estás?
- Cerca mi amor, seguí caminando.
- ¿Falta mucho?
- No hija. Dale, un poquito más.

Y cuando me di cuenta, estaba frente a mí. Mis ojos se llenaron de lágrimas y quise abrazarla, pero ella me frenó.

- Si nos tocamos voy a desaparecer.
- ¿Por qué?
- Es un sueño.
- Lo sabía.
- No estés triste, vine hasta acá para decirte algo.
- ¿Qué cosa?
- Que no te preocupes, yo sé que es una situación complicada y sé todo lo que está pasando porque te estoy protegiendo todo el tiempo. Te estamos protegiendo.
- ¿Quiénes?
- Tu papá y yo.
- ¿Él sabe de mí?
- Sí, se lo conté cuando llegué acá. Y ahora te cuidamos, a vos y a Pedro.
- ¿Ustedes nos cuidan?
- Más de lo que crees. Te prometo que en algún momento todo lo de Renzo se va a terminar y ustedes van a poder ser felices.
- ¿Y ustedes?
- Y nosotros estamos bien acá, los miramos todo el día.
- Te quiero abrazar mamá.
- Pero no se puede mi amor.
- ¿Por qué? ¿Por qué te tuviste que ir?
- Era mi final, siempre lo supe.
- ¿Por qué hiciste todo esto?
- Hice lo que pude para cuidarte, no sé si me salió o no. Pero no merecías seguir creciendo con una mentira, preferí contarte la verdad. Tarde o temprano me iba a matar.
- No puede ser que siempre se salga con la suya.
- Con ustedes no lo va a lograr.
- No puedo estar tan segura.
- Confía en nosotros, yo no voy a dejar que nada malo les pase.
- ¿De verdad?
- De verdad, tranquila.
- Te necesito conmigo.
- No se puede Pau y ahora anda, dale.
- ¿Por qué? Me quiero quedar con vos.
- Pedro te está esperando.
- Un ratito más.
- Me tengo que ir.
- Para. Quiero decirte algo.
- ¿Qué hija?
- Gracias, gracias por todo. Por haber sido tan valiente.
- Te amo hija.
- Yo también ma.

Y me dejó sola, llorando en el medio de aquel extraño lugar.

- Pau, mi amor…

Me di vuelta y abrí mis ojos, estaba llorando.

- Hola. –Dije y refregué mis ojos.- Acabo de soñar con mi mamá. –Suspiré.- Me dijo que nos está cuidando. –Sonreí y él me besó.-
- No llores, es algo lindo.
- Pero quisiera tenerla acá conmigo.
- No podes revertir eso mi amor.
- Ya lo sé, no puedo revertir nada y esto se pone cada vez peor.
- Hace un rato hablé con mi abogado, él va a ver si puede solucionar las cosas.
- Espero que pueda.
- Confía.
- Eso intento hacer.
- ¿En qué quedó nuestro plan de cama todo el día?
- Yo sigo acá. –Reí.-
- ¿Puedo sumarme?
- Obvio.
- ¿Seguimos viendo la peli?
-Me encogí de hombros.- Si queres.
- ¿No queres?
- No creo que pueda prestarle atención.
- ¿Y preferís besos?
- Eso me tranquilizaría un poco más.
- ¿Y queres que prepare unos submarinos antes de meterme en la cama?
- Ay, sí. Por favor.
- Y hay medialunas.
- Por favor, por favor.
-Sonrió.- Ahora traigo. –Me besó.-
- Apurate.
- Podrías ayudarme también.
- Mmm…
- Dale vaguita.
- Ayudame a despegarme de la cama.

Me dio la mano y me senté sobre el colchón.

- Dale mujer.
- Hace mucho frío.
- ¿Y?
- No me puedo mover.
- Exagerada.

Y me alzó haciendo a cococho y así me llevó hasta la cocina.

- Estás loco.
- Pero necesitabas reírte.
- ¿Me podes bajar por favor?
- No.
- Dale nene. –Dijo pateándome.-
- No seas violenta.
- Y vos bajame.
- No te dije.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Bajame. –Reímos.- Dale.
- No Pau. -Besé su cuello.- Y así menos.
- Quería que funcione como táctica de convencimiento.
- Pensa otra.
- Dale, tengo hambre.
- ¿De mí?
- No.
- Uy, qué feo eso.
-Reí.- Pedro, pareces un nene.
- Si lo soy.
- ¡Dale!

Pedro finalmente me bajó y nos besamos.

- ¿Podemos preparar los submarinos?
- Bueno, bueno.

Preparamos submarinos en las tazas más grandes que teníamos en la alacena y luego pusimos las medialunas en un plato. Volvimos al cuarto.

- Pau.
- ¿Qué?
- No te preocupes, dale.
- Me cuesta.
- Pero intentalo.
- Lo intento, pero no me sale.
-La besé.- Tranquila, te cuido yo y te cuidan tus viejos.
- ¿Y si mi sueño fue un flasheo?
- ¿Lo sentiste real?
- Muy real.
- Entonces fue real. –Me besó.-

lunes, 27 de abril de 2015

127.

Estábamos en la cama, mirando una película y comiendo pochoclos. Sonó el celular de Paula y atendió, su cara de desfiguró y paró la película para poner el alta voz.

- Conversación telefónica -

- Hola Paulita. ¿Cómo estás tanto tiempo? Me enteré que sabes tu historia… ¿Qué lastima, no? Pobrecita. ¿Te cagué mucho la vida? Perdón che.
- ¿Qué carajo queres? –Preguntó nerviosa, la abracé por el costado.-
- Saber como andas Paulita, me imagino que triste.
- Sos una mierda.
- Gracias por el halago hijita.
- No soy tu hija pedazo de bosta. –Dijo y se quebró, besé su mejilla y la abracé más fuerte.-
- Lo fuiste durante mucho tiempo.
- Me daba asco serlo.
- ¿Y ahora?
- Me seguís dando asco.
- No voy a poder dormir esta noche.
- No deberías poder dormir por la culpa de haberme robado a mis papás.
- Ay Paula. ¿De verdad crees que me cuesta dormir por esa gilada?
- ¿Cómo podes convivir con tanto veneno?
- El placer de que vos sufras.
- ¿Qué ganas con todo esto?
- El plan de mi vida, ya te saqué a las dos personas más importantes. Pienso seguir por tu noviecito y cuando estés bien hecha mierda, voy por vos.
- No, se te terminó todo a vos.
- ¿Te crees que estoy encerrado?
- Sí.
- Físicamente, ponele. Pero tengo amigos que me deben favores.
- No podes ser tan mierda.
- Sí. ¿No ves que puedo?
- ¡Y encima lo disfrutas!
- ¿Y te crees que hago todo esto en vano?
- ¿Para qué me llamaste?
- Para avisarte que disfruten de lo que les queda.
- No me jodas.
- Encima de que tengo la cortesía de avisarte pendeja.
- Ojala te pudras ahí adentro.
- Seguro salga dentro de poco.
- No, ya se te sumaron las denuncias de mis papás.
- No tenes pruebas.
- Sí que hay.
- No nena y lo sé.
-Suspiró.- ¡Sí que las hay! Solo que todavía no se presentaron a la fiscal.
- Mientras tanto la paso bomba.
- Ya sé te va a acabar la jodita.
- No estés tan segura.
- Dejame de joder.
- Nunca te voy a dejar de joder, pero me voy porque te tengo que cortar. Me piden el teléfono.
- Ojala te mueras hijo de puta.

- Fin de la conversación telefónica.-

Corté su teléfono y ella se dejó caer sobre mí.

- Va a estar todo bien Pau, no te preocupes.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque voy a hacer hasta lo imposible para cuidarnos.
- Ese tipo es capaz de cualquier cosa.
- No va a poder contra nosotros.
- ¿Qué somos? ¿Superhéroes?
- No, pero el amor es una fuerza muy fuerte.
-Rio sarcásticamente.- Admiro las ganas que tenes de levantarme el ánimo, pero tampoco da tanto chamullo.
- No es chamullo. –Besé su mejilla.- Es la verdad.
- No sé Pedro.
- Vas a ver que sí. –La besé.-
- No hay chances de que podamos cuidarnos.
- Sí amor, sí.
- ¿Vas a poner 20 custodios?
- Hey, para. –La abracé.- Vamos a estar bien, te lo prometo.
- No prometas cosas que no podes cumplir.
- ¿Quién te dijo que no lo voy a poder cumplir?
- ¿Y cómo lo vas a cumplir?
- ¿Confías en mí?
- Más que en mí misma.
- Entonces dejalo en mis manos, dale.
-Suspiró y se acurrucó en mí.- Pero sé que no sos Superman.
- ¿Estás muy segura de eso?
- No me boludees Pedro.
- No te boludeo, jamás lo haría.
- No quiero tratarte mal, perdón. Es que me muero de miedo.
- No tengas miedo. Estás conmigo. –La abracé más fuerte.- Mirame.
-Se separó un poco de mí para poder mirarme.- ¿Qué?
- Va a estar todo bien, vamos a estar bien. Te prometí que íbamos a ser felices y no voy a dejar de cumplirlo.
-Suspiró.- Perdón, creo que te buscaste la mina con más bardos del universo.
- Yo tampoco soy muy simple. –Sequé sus lágrimas.- Y ya te dije que atravesaría cualquier cosa con tal de tener un final feliz con vos.
- ¿Y si no tenemos un final feliz?
- Lo vamos a tener.
- ¿Cómo podes estar tan seguro?
- Las historias de amor siempre tienen finales felices.
- Eso pasa en las películas o en la tele.
- Y en la vida real.
- ¿Lo nuestro es una historia de amor?
- ¿Dudas de eso?
- No creo que sea ninguna princesa.
- Yo creo todo lo contrario.
-Suspiró y se acostó.- No puedo más Pepe.
-Me acosté a su lado y la abracé por el abdomen.- Ya va a pasar todo.
- ¿Cuándo?
- Pronto, te lo prometo.
-Suspiró.- Abrazame.
- Siempre mi amor.

La abracé contra mi pecho y nos quedamos un rato allí mientras yo acariciaba su pelo.

La realidad era que la situación me preocupaba bastante, el tipo ya me había pegado un tiro y me había dejado al borde de la muerte. Digamos que la situación no era demasiado amena.

Pero iba a hacer hasta lo imposible por encontrarle la vuelta a la situación y además, quería quitarle un poco de peso a Paula.

Después de un largo rato, ella se quedó dormida. Con cuidado, me levanté y salí del cuarto para poder hacer una llamada sin despertarla.

- Conversación telefónica -

- Hola Pedro.
- Hola Pasquinelli. ¿Puede hablar?
- Sí. ¿Algún problema?
- ¿Se acuerda de mi caso?
- Por supuesto.
- Bueno, con mi novia acabamos de recibir una amenaza de Renzo.
- ¿Qué tipo de amenaza?
- De muerte.
-Lo escuché suspirar.- Es muy común en estos casos.
- Puede ser común, pero eso no nos salva de nada.
- Lo sé, lo sé. Tendría que mover un par de contactos, en unos días sale la sentencia por lo de su mujer y con el tiempo, porque es más complicado de comprobar, posiblemente salga la del padre de su novia. El sicario confesó en su contra, asique con eso tiene varios años adentro.
- Pero puede seguir mandando gente.
- Voy a intentar ponerle más seguridad o ver que se puede hacer.
- Cualquier cosa relacionada al dinero, avíseme.
- Le aviso, no se preocupe por eso.
- Y avíseme por favor cuando haya novedades.
- Como siempre Pedro.
- Gracias.

- Fin de la conversación telefónica -

domingo, 26 de abril de 2015

126.

- ¿Podemos hablar bien? –Preguntó y tomó un sorbo de café.-
- Para eso volví.
-Suspiré.- No quise molestarte, ni lastimarte, ni incomodarte. Solo que como dio negativo no me pareció tan importante decírtelo ya. ¿Entendes?
- Yo te entiendo, pero me da miedo la imagen que te doy.
- ¿Por qué?
- ¿Tan ogro parezco?
- No Pepe.
- Para, dejame hablar. –Suspiré y tomé un poco de café.- Ya sé que no soy un osito de peluche, pero tengo sentimientos y puedo dar amor.
- Ya lo sé.
- Y la otra vez fue distinto, era una mina que no conocía.
- Pero estabas loco.
- Ya lo sé, estaba loco porque no quería ser padre con una mina que no junaba y sobre todo porque no te quería perder a vos. –Suspiró.- Y ahora los dos coincidimos en que no es momento de tener un hijo, pero no es una idea que escape de mi vida desde que tuvimos una relación seria si se quiere llamar así.
- Perdón, lo que menos quise era hacerte sentir mal.
- ¿Pero te quedo claro que me encantaría formar una familia con vos?
- Sí. –Dijo al borde de las lágrimas.-
- No, no llores.
- No quise hacerte mal, de verdad.
- Ya lo sé Pau.
- ¿Me perdonas?
- Obvio que sí, veni para acá.

Ambos dejamos las tazas y la abracé contra mi pecho.

- Perdoname, por favor.
- Ya está, no pasa nada. –Y froté su espalda con mi mano.- No puedo creer el frío que hace.
- Te juro que yo tampoco.
- ¿Almorzamos algo calentito y nos metemos en la cama a ver pelis?
- ¿Pelis?
- ¿Qué queres?
- Prefiero charlar con vos o que nos mimemos.
- Sos una tierna.
- ¿Me das un beso?
- Obvio que sí.

Me tiré sobre ella y nos besamos.

- Ya pasó, de verdad. –Sonrió y volvimos a besarnos.-
- ¿Fideos con bolognesa?
- Por favor.
- Pero si me ayudas.
- Me da miedo prender fuego la casa.
-Rio.- No seas boludo.
- Está bien, te ayudo.
- ¡Sí! -Festejó y me dio un beso.- ¿Qué onda la caldera de este edificio?
- No sé, el consorcio es un desastre.

-

Estábamos en la cocina, yo tenía todas las verduras y la carne picada sobre la mesada.

- Busca los fideos Pepe. –Dije mientras picaba el ají.-
- ¿Cuáles?
- Los que más te gusten.
- ¿Mostacholes?
- Dale.
-Los agarró.- ¿Y ahora?
- Llena la cacerola con agua y dejala, cuando terminé de cortar cocinamos las dos cosas a la vez.
- ¿Te ayudo con esto?
- Dale, ralla la zanahoria.
- Mmm… Bueno, dale.
- ¿Muy complicado?
-Rio.- Un poco.
- Es una zanahoria Pedro.
- Justamente. –Reímos y comenzó a rallar la zanahoria.-

Yo había terminado de cortar el ají rojo, el verde y la cebolla y él recién estaba por terminar con la zanahoria.

- ¡Hombre tenías que ser!
- Bueno che, estoy haciendo lo mejor que puedo.
- Dale que tengo hambre.
- Ya está. –Dijo y terminó.-
- Al fin nene. –Reímos.-

Puse toda la verdura en otra cacerola y cuando estuvo doradita le agregué la carne, Pedro prendió la perilla del agua y de a poco comenzó a hervir.

Al rato, la salsa estuvo lista y los fideos también.

- ¿Y? ¿Cómo cociné? –Preguntó haciéndose el canchero.-
- Sos un gil a tuerca Pedro.
- Bueno, perdón Maru Botana.
- Bien que antes de que yo viva acá vivías a pizza y milanesa.
- Sí… ¿Y?
- Pero una vez me cocinaste. ¿Te acordas?
-Rio.- Sí.
- ¿Una comida de tu abuela, no?
- Creo que sí. –Sonrió y tomé su mano.- 
- Podrías repetirlo.
- Pero antes estaba en plan de conquista.
- Ahora deberías estar en plan de no perderme. –Sonreímos y nos dimos un beso.- ¿Me ayudas a levantar así vamos a la cama más rápido?
- Bueno, dale.
- Podrías estar así más seguido.
- Lo voy a meditar con la almohada.
- Meditalo con quien quieras. –Reímos.-

Terminamos de ordenar la cocina.

- ¿Buscamos otra manta?
- ¿Tenes otra manta y no me dijiste? Eso es bullying.
-Rio.- Está en el mueble del pasillo.
- ¿Podemos buscarla ya?
- Dale.

Pedro buscó la manta y me enroscó en ella.

-Reí.- No puedo moverme así.
- Te puedo llevar hasta el cuarto.
- Me da un poco de miedo.
- ¿Miedo?
- Sí, estás medio loquito hoy.
- Son mis hormonas que te extrañaban.
-Reí.- No das más de chamullero vos.
- Cuidadito que te tengo. –Dijo y ajustó la frazada.-
- ¿Podemos ir para el cuarto?
- Mmm…
- Dale Pedro.
- No y menos si me decís Pedro.
- ¿Y cómo te llamas?
- Para vos me llamo Pepe, amor, mi amor, lindo…
- Okei. –Revoleé mis ojos.- ¿Podemos ir al cuarto mi amor?
- Ahora me gustó más.

Fuimos hasta el cuarto y Pedro me tiró en la cama, me desenroscó de la manta y se abalanzó sobre mí con cosquillas.

- Pedro. ¡Basta! –Dije tratando de apartarlo.-
- Mmm… No.

Y continuó.

125.

Desperté y sonreí muy sinceramente al verla a mi lado. Ella dormía muy tranquila, tapada hasta los hombros y desnuda por debajo de las mantas, su boca esbozaba una pequeña sonrisa que me contagió.

Me levanté y fui al baño para afeitarme un poco, esa maquinita ya no tenía filo, asique abrí el tacho de basura para tirarla pero me encontré con algo que claramente no esperaba encontrar.

Me agaché a buscar el test y suspiré al ver que era negativo, pero aún así me enojaba que no me lo haya dicho.

La escuché levantarse y suspiré, la puerta estaba abierta asique ingresó.

- Buen día mi amor. –Dijo queriendo besarme y yo me corrí.-
- ¿Qué es esto Paula?
- Un test, pero dio negativo.
- ¿Por qué te lo hiciste?
- Porque tengo un atraso, pero debe ser por la situación de angustia y…
- ¿Segura?
- ¡Sí! ¿No ves que dio negativo?
- ¿Y por qué no me dijiste nada?
- No quería que te enojes.
- Me enoja que no me lo hayas dicho.
- Bueno, perdón.
- Perdón un carajo. –Tiré el test y salí del baño.-
- Pedro, para.
- Dejame solo.
- ¿Qué te pasa?
- ¿A vos qué te pasa? ¿Si daba positivo me lo ibas a decir después?
- No estabas…
- ¿Y no me lo podías decir?
- No quería que te enojes, ya te lo dije.
- ¿Por qué creías que me iba a enojar?
- Porque cuando te cayeron con la posibilidad te querías morir.
- Era una circunstancia distinta.
- Pero siempre decís que te gustaría más adelante.
- ¡Pero igual Paula!
- Perdón.
- No se arregla con un perdón. ¿Me crees un ogro?
- No digas boludeces Pedro.
- ¡Vos no las hagas entonces Paula!
- Perdón, no quise preocuparte.
- Andate Paula, dejame solo.
- No te enojes.
- Ya estoy enojado. ¡Creíste que era un ogro que hubiese rechazado un hijo tuyo!
- No es eso Pedro. Yo tampoco quería que dé positivo eh, no ahora.
- ¿Y lo hubieses abortado?
- ¿Qué pelotudes decís?
- No sé, capaz lo abortabas sin avisarme.
- Sos un pelotudo. –Y se fue.-

Me dejé caer en el sillón y allí me quedé por un largo rato.

La escuchaba llorar del otro lado de la pared, ella estaba en la otra habitación, pero no daría el brazo a torcer. ¿Quién se cree que soy? ¿Un sin corazón?

-

Me dejé caer en el suelo y me desarmé llorando.

- No hagas que se quiebre la confianza que tenemos porque no me quiero mandar una cagada.
- ¿Queres irte con otra? ¡Anda! –Respondí enojada.-
- Tuve a Natalia como a un mosquito en todo el congreso y me porté como un rey. ¿Sabes por qué? Porque no quiero que se rompa esto que tenemos, porque esto que tenemos me salvó.
- A mí también.
- ¿Y entonces por qué la cagas?
- No creí que te ibas a enojar así. No te lo dije por teléfono para no preocuparte y anoche casi ni hablamos.
- ¿Ahora es culpa mía por haber querido un reencuentro?
- No dije eso. Interpretas lo que queres.
-Se sentó frente a mí.- No hagas giladas.
- Perdón, me equivoqué.
- Mucho.
- Bueno, te estoy pidiendo perdón.
- ¿Podes no esconderme más nada?
- No te escondo nada, esto se dio así. Perdoname, de verdad.
- No quiero lastimarte y si algo pasa entre nosotros tengo miedo de que pase. ¿Entendes?
- Perdón, de verdad.
- ¿Estás segura de que no estás embarazada?
- Supongo, me suele pasa de no indisponerme por situaciones de stress y tengo todos los síntomas de que me está por venir, por eso anoche me dolía la cabeza.
- ¿Puedo confiar en vos?
- Sí Pedro.
- Bueno. –Y se levantó.- Necesito caminar un rato, me voy.
- Está bien, pero no te olvides de que te amo. –Y se frenó en la puerta.-
-Se dio vuelta.- Yo también te amo. –Suspiró.- Y obvio que me gustaría tener hijos con vos. –Sonreí y se fue.-

Cuando escuché la puerta me levanté y busqué algo de ropa para meterme en el baño.

Me bañé tratando de que el agua me tranquilizara pero fue en vano y terminé metida en la cama otra vez, donde me quedé dormida.

-

Salí del edificio y comencé a caminar sin rumbo, me dolía que haya pensado así.

¿Esa era la imagen que realmente demostraba yo? Qué horror.

Bueno, quizás no soy el hombre más tierno del universo o un hombre que se muere por los nenes, pero claro que me gustaría tener un hijo con ella.

Suspiré y el viento helado me congeló la cara, ni campera me había puesto, asique me metí en un bar a desayunar con un café bien caliente aunque era casi el mediodía.

Me senté en una mesa bien cercana a la ventana para poder observar al mundo, me gustaba hacerlo cuando necesitaba pensar.

Tomé un sorbo de café y me colgué mirando a una pareja con una beba en su cochecito, sonreí al verlos y me tembló el cuerpo. El hombre tomaba a la beba de allí dentro y se la daba en brazos a su mamá. Eran seres tan pequeños e indefensos que era imposible no amarlos.

No, no quiero tener un hijo ni hoy ni mañana… Pero en un futuro sí y esa es una idea que nació con Paula. Antes mi respuesta hubiese sido exactamente la contraria.

Me daba hasta miedo que la imagen que le vendía al resto fuese tan horrible. –Y en especial a Paula.-

Volví a casa, necesitaba hablar con ella.

-

Me desperté y Pedro aún no había llegado. Moría de hambre, pero no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Me tapé mejor para acurrucarme y me quedé allí.

En algún momento llegaría, o eso espero. Busqué mi celular y puse música, al menos como para matar el tiempo.

-

Estaba a varias cuadras, pero intenté caminar lo más rápido posible. –A pesar de que el frío era terrible.-

Llegué a casa y como solía hacer, batí dos cafés y fui a la habitación. Sabía que Paula estaría allí.

sábado, 25 de abril de 2015

124.

Bajé del micro y lo único que quería o necesitaba era estar con ella y para ser más preciso: con ella, en la cama, desnudos.

Natalia me había hecho mal realmente con su actitud, necesitaba estar con ella y que mi cuerpo junto con mi corazón volvieran a sentirla y darme cuenta de por qué no hice nada con mi compañera de trabajo.

Me pedí un taxi para volver a mi casa y eran las 5 de la mañana. Llegué, dejé las valijas a un lado y corrí hasta la habitación.

Me acosté al lado de Paula, quién dormía y levanté su remera para besar su espalda sin despertarla si quiera.

- Hola mi amor. –Dijo y se dio vuelta para besarme.-
- Hola amor, hola. –Dije sin dejar de besarla.-
- ¿Cómo estás?
- Te extraño.
-Sonrió.- Yo también te extraño. –Quiso separarse un poco de mí, pero no la dejé.- Para un poco Pedro.
- ¿Por qué? –Dije y saqué su remera.-
- Ni me respondiste como estás.
- Bien, porque estoy con vos otra vez. –Y me sumergí en su pecho.-
- Pedro, para un poco.
- No.
- Dale amor, me siento un poco mal. No seas tan bruto.
- Pero te extraño.
- Yo también. –Se sentó.- Pero estás muy vehemente.
- No hubiese vuelto entonces.
- Hey, no seas malo. –Me besó.- Solo te estoy pidiendo que seas un poquitito más cariñoso porque me duele la cabeza y el cuello. ¿Está mal?
- Pero… ¿Puedo?
- Obvio que podes tonto.

Sonreí y nos besamos, intenté ser un poco más delicado y me acosté para que ella quedara sobre mi cuerpo.

- Mi amor. –Susurró y yo despegué mi boca de la suya.-
- ¿Qué hermosa?
- Te amo.
- Ay, ay, ay. Yo también te amo.

Y nuestras bocas volvieron a unirse, se habían extrañado, se necesitaban. Anhelaban recorrerse como estaban acostumbradas.

- Odio estar lejos tuyo. –Dije mientras mis labios se separaban de los suyos para bajar con besos hasta su lugar preferido.-
-Hizo que demos media vuelta, para quedar yo sobre ella.- Me gusta más así. –Y me abrazó por el cuello para ejercer más presión de mi cuerpo sobre el suyo.- Y yo también detesto estar lejos tuyo. –Dijo en mi oreja y luego la mordió.-

Y así estábamos, yo en su cuello y ella en el mío. Nos besábamos, nos mordíamos, nos susurrábamos y nos hacíamos cosquillas. Podría vivir así.

Ella deslizó sus manos por mi cintura, levantando mi remera y terminó quitándola. Su remera y la mía ya estaban en el suelo.

Me empujó levemente hacia el costado y me acosté a su lado. Ella se sentó sobre mi pelvis y se acercó hasta mi boca, volvimos a besarnos y su lengua recorrió todo mi cuello mientras mis manos recorrían su hermosa espalda. Mordió mi cuello hasta que grité y sonrió.

Sus labios bajaron hasta mi pecho y allí se quedaron por un largo rato mientras yo sostenía su pelo para que no molestara en su acción.

Se volvió a sentar erguida y se quitó su corpiño, sonreí y mis manos subieron por su abdomen hasta tomar sus senos entre mis manos. Ella sonrió pícara y tiró su cabeza hacia atrás, cerrando sus ojos.

Los estimulé un poco con mis manos y mis dedos, hasta que me senté y los capturé con mi boca. Sus gemidos eran la señal de que lo estaba haciendo bien.

Subí a su boca y ella pegó su cuerpo al mío, acomodó sus piernas alrededor de mi cintura y besó mis labios.

- Pedro. –Susurró.-
- ¿Qué Paula?
- Me encanta que me digas Paula cuando estamos así. –Dijo agitada y sonreí.-
- ¿Pero qué me ibas a decir?
- Que extraño sentirte adentro. –Dijo colorada.-
- No puede ser que te sigas poniendo colorada.
- Bueno che.
- Sos linda así.
- No me respondiste.
- ¿Qué me habías dicho? –Pregunté haciéndome el boludo y ella rio.-
-Se acercó a mi oído con besos y luego de morder mi oreja, repitió.- Que extraño sentirte dentro mío.
- La próxima me voy una semana.
- ¿Por qué?
- Porque es raro escucharte así.
- ¿Y te gusta?
- Me encanta, pero me encantaría más si fueses un poquito más guarra.
- Quiero que me folles. –Dijo y sonreí.-
- Un poquito más.
- Quiero que me cojas.
- Un poquito… -Y me interrumpió.-
- Quiero que me la pongas hasta que no soporte tanto placer.
- Me volves loco. –Dije haciendo que se pare sobre la cama, quité su pantalón y su ropa interior a la vez y ella me desvistió a mí luego para sentarse sobre mí y hacerlo una vez más.-

Estaba sobre su cuerpo, con mis ojos cerrados y mi cuerpo aún temblando.

- ¿Lo logré?
- Sos un hijo de puta, no podes cojer así.
-Rio y acarició mi espalda.- No te buscaste a uno cualquiera.
- Bueno, el ego che.
- No me pelees que lo hago otra vez.
- Como si me fuera a negar.
- ¿Me hablas en serio?
- Obvio, pero dejame respirar primero.
-Rio.- ¿Ves que no te la bancas?
- No seas forro.
- Vos me desafiaste.
- No te calentes.
- Vos me calentas.
- Te hablaba en el otro sentido.
- Ya lo sé. –Besó mi hombro.- Descansa un ratito mantequita.
- Que conchudo que sos Pedro.
-Rio.- Ay, bueno, bueno. Descanse un poquito señorita seda.
- Dale nene.
- Te doy.
-Reí y salí de encima suyo, quedé boca arriba e inhalé profundo, en el momento que cerré mis ojos Pedro estaba sobre mí otra vez.- Te dije que quería respirar.
- ¿Y?
- Y eso…
-Se encogió de hombros y besó desde mi hombro hasta detrás de mi oreja, tomó mi lóbulo derecho entre sus labios y luego lo mordió. Gemí y me besó.- ¿Ves?
- ¿Qué veo?
- Que podes.
-Reí.- Sos tremendo.
- Muy tremendo.

Y sin avisar, lo volví a sentir dentro. Clavé mis uñas en su espalda y volvió a envolverme en placer.

viernes, 24 de abril de 2015

123.

¡Negativo! Me volvió el alma al cuerpo, tiré el test en el tacho del baño y me dejé caer en la cama para suspirar relajada.


Puse música y allí me quedé.

-

Después de la primera reunión, estábamos todos almorzando en el restaurant del hotel en donde nos hospedábamos. Nan y yo nos encontrábamos charlando cuando Natalia y Samantha vinieron a coquetearnos.

- Hola chicos. –Dijo Natalia y se sentó a mi lado, Samantha lo hizo al lado de Nan.-
- Hola. –Respondí nervioso.-
- ¿Cómo están? –Preguntó Nan entusiasmado y le pegué por debajo de la mesa.-
- Un poquito aburridas. –Dijo Natalia y tocó mi pelo.-
- ¡Qué lastima! Nosotros estábamos super entretenidos. –Respondí tratando de sonar lo más convincente posible.-
- ¿Y nos podemos sumar a su diversión?
- No, vos conmigo no Natalia.

Dejé a Samantha con Nan y me retiré de la mesa para ir a mi habitación, pero Natalia me persiguió por todo el hotel.

- No me hagas tratarte mal. –Le dije en la puerta de mi habitación.-
- Si me tratas mal en la cama me encantaría.
- ¡Natalia! ¿No entendes que ya no?
- Pero si tu novia no está acá.
- No la cagaría aunque estemos acá y ella en el Congo.
- Jodeme que ahora estás enamorado.
- ¿Tenes algún problema con eso?
- Sí, que vos eras mío.
-Reí.- Nunca fui tuyo nena, es lo que te hice creer. Mientras estaba con vos estuve con miles.
- Siempre lo supe, pero aún así tenía la esperanza de hacerte mío.
- Te ganaron de mano.
- ¿Ni siquiera un touch and go?
- ¡No Natalia! Andate. –Dije y entré a mi habitación, ella quiso perseguirme pero la frené.- ¿Qué parte no entendes?
- La parte en que no te caliento.
- ¿Quién te dijo que no me calentas? –Suspiré.- Pero no voy a estar con vos, es un no rotundo.
- Ah… O sea que te despierto un poquito ahí abajo. –Quiso tocarme y la alejé.-
- ¡Andate de acá!
- Pedro.
- ¡Andate!

Y le cerré la puerta en la cara, trabé la puerta y suspiré. Busqué mi celular y la llamé a Paula, necesitaba escucharla.

- Conversación telefónica -

- Hola mi amor. –Y sonreí al escucharla.- ¿Cómo andas?
- Hola amor. Recién termino de almorzar. ¿Vos?
- Estaba por prepararme algo para comer. ¿Qué onda todo por allá?
- Bastante aburrido. Te extraño.
- Yo también te extraño.
- Voy a tratar de salir en algunos de los micros que salen el domingo a la madrugada y no a la mañana.
- Mmm… Bueno, dale.
- Está Nan esperándome en la puerta Pau, te llamaba solo porque quería escucharte.
- Anda tranquilo Pepe.
- Un beso grande.
- Beso Pepe.
- Pau…
- ¿Qué?
- Te amo.
- Yo también te amo mi amor.

- Fin de la conversación telefónica -

Sonreí y corté.

-

Después de comer algo busqué mi computadora y mi cuaderno, seguiría dándole forma a aquel supuesto guión.

Y así se pasó mi día, hasta que cayó la noche y una tormenta amenazó la ciudad. ¡Genial! Sin Internet, hablaría con Pedro el día del arquero. Le envíe un wp rogando que el 3g ande.

‘Pepe, hay una tormenta tremenda y por ende no hay Internet :(.’

‘¿En serio? ¡Ufa!’

‘Quería que nos veamos un ratito.’

‘Yo también amor. Si vuelve avisame, yo todavía estoy cenando y hay gente hablando asique un rato más acá me voy a tener que quedar.’

‘Bueno, te aviso.’

‘Dale hermosa.’


La tormenta tenía menos intenciones de aflojar que yo de sonreír. Me preparé un caldo para cenar, porque ni hambre tenía, cerré bien toda la casa y me fui a la cama con el celular. Puse música y me quedé allí, haciendo nada y pensando en todo.

La tormenta combinaba a la perfección con mi estado emocional.

No podía dejar de pensar en que me encantaría poder conocer a mi familia paterna, aunque no sabrían ni quien soy y aunque probablemente me odien.

Nunca tuve abuelos, los de mi mamá fallecieron de jóvenes y los otros bueno, ni siquiera supieron de mi existencia. Qué mierda todo.

¡Ya ni Zaira era mi familia de sangre!

Las lágrimas no pidieron permiso y cuando me quise dar cuenta mis mejillas estaban empapadas y mis ojos desbordados. Necesitaba que entrara a la habitación, se meta conmigo en la cama y me haga olvidar del mundo, pero claro, eso no iba a pasar. Estábamos a más de 300 km. Todo muy divertido.

“Cuando el aire se agota y te aprietan las botas de tanto andar, cuando la cuenta es injusta y lo que mas te gusta te sabe mal.
De repente el disfraz de un soldado valiente te queda pintado das un paso al frente, por que son urgente las cosas que siempre has callado.

Y gritar y gritar y gritar y cederle al coraje un lugar. Y ponerle nombre al miedo y arrancarle un rayo al cielo. Ser feliz aunque pueda fallar. Por que un nudo en la garganta no se suelta si se aguanta las espinas no se deben tragar
Las palabras tienen filo y a mi nadie me a prohibido gritar.
Como un perro asustado que nunca a ha ladrado te sentirás, como un disco olvido que nadie a tocado resonarás.
Por que nadie firmo con su sangre una ley que te quite el derecho de pasar al frente y mostrar los dientes soltando la voz de tu pecho.

Lo que guardas dentro se irá secando con el tiempo, sacalo fuera vale más que condenarlo a callar y GRITAR. “


Gritar era una opción que no tenía en cuenta muchas veces y justo esa canción sonó en mis oídos.

Me senté como un resorte en la cama y grité, grité golpeando los almohadones y sin poder dejar de llorar.

No aguantaba más todo aquello dentro mío. Ya se tornaba por demás insoportable.

Seguí gritando. Gritaba cosas sin sentido y frases que tenían más sentido que nada.

Te odio.

No puedo más.

Es mucho para mí.

No quiero llorar más.

Quiero ser feliz.

No me quedan más lágrimas.


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Gritar - Luis Fonsi. https://www.youtube.com/watch?v=cFdz60ixuIE

jueves, 23 de abril de 2015

122.

Viernes por la noche, era tarde y aún Pedro no había llegado. No quería que nada arruine nuestro sábado juntos.

Sonó mi celular y atendí.

- Conversación telefónica -

- Hola Pepe. ¿Seguís en el laburo?
- Me vas a matar.
- ¿Qué pasó?
- Nos acaba de salir un congreso, salimos en un par de horas y volvemos el domingo temprano.
- Bueno, está bien. –Suspiré, intentando no mostrarme mal.- Es tu trabajo.
- Pero teníamos planes juntos.
- Los podemos dejar para el otro finde, es tu laburo Pepe.
- Perdón, de verdad.
- No pidas perdón tonto.
- Ahora voy a casa a prepararme algo de ropa y te lleno de besos.
- Te espero.
- No me quiero ir.
- ¿Y no puedo ir con vos?
- Pregunté, pero no.
- Bueno Pepe, no podemos hacer nada. Ya está.
- Me da bronca.
- A mí también. ¿Pero qué podemos hacer?
- Sí, ya sé. –Hizo una pausa.- Estoy saliendo de la oficina.
- Veni rápido así me podes dar algunos besos más.
- Te lo prometo.

- Fin de la conversación telefónica -

Okei. ¿Quién iba a pasar un fin de semana de mierda? Exacto, yo.

Pepe llegó e intenté hacer como que nada pasaba, pero me conocía mucho.

- No te pongas mal. –Dijo mientras armaba su bolso.- No te vas a quedar sin escapadita romántica.
- No es eso Pepe. –Suspiré.- Es que voy a estar sola y eso me preocupa.
- ¿Zai no está acá?
- No.
-Se agachó frente a mí ya que estaba sentada sobre la cama. Tomó mi mentón e hizo que lo mire.- Podemos hablar por Skype y… -Se acercó a mi oído.- Hacer cositas por ahí.
-Reí.- Me convences siempre vos eh.
- No quiero que estés mal. ¿Me prometes que lo vas a intentar?
- Sí, te lo prometo.
- Así me gusta.

Y se tiró sobre para mí, para besarme.

- No calientes la pava si no vas a tomar el mate. –Dije y él rio.-
- Tenes razón. –Se levantó y me dio la mano para que también lo haga.- Pero necesito unos besos.
- Yo también.

Pasamos un rato lleno de besos y mimos hasta que él debió irse y yo me quedé sola.

Intenté ponerme a hacer cosas, aunque ya era tarde y esa noche rápidamente me dormí.

Al día siguiente me levanté y me moría del dolor de ovarios y fue en ese momento en el que se me ocurrió mirar la fecha. ¡Tenía una semana de atraso! ¡Una semana! ¡Siete días! ¿QUÉ?

Entre en pánico, así de simple y crudo. Pánico.

Existía la posibilidad de que debido a todo lo que me pasa anímicamente se haya atrasado mi menstruación pero también existía la otra posibilidad que ni siquiera me animaba a nombrar.

Caminé por largos minutos de una punta a la otra del departamento con mi jogging, mis garras de peluche en los pies y una remera que daba pena. No sabía qué hacer.

Bueno, en realidad sí sabía qué hacer. ¡Pero me daba pánico!

Después de comer algo me dispuse a bañarme e intentar relajarme. En bata fui hasta la habitación y me quedé en ropa interior frente al espejo de cuerpo entero, me miré y me re contra miré, estaba incluso más flaca que antes. ¡Era una locura pensarlo!

Me daba miedo por mí, definitivamente no estaba en un momento apto para eso y además era muy chica aún, pero también me daba miedo por él. Miedo no, pánico. Yo creo que si pasa lo que no quiero que pase se va a enojar y no quiero, no quiero perderlo. No estamos preparados y mucho menos él.

Caminé hasta la farmacia y me compré un Test, volví a mi casa y lo dejé sobre la cama.

Sonó mi celular.

- Conversación telefónica -

- Hola Pepe. –Dije tratando de evadir mi nerviosismo.-
- Hola hermosa. ¿Cómo andas?
- Todo bien. ¿Vos?
- Bien. No te escucho bien a vos igual.
- Estoy un poco dormida, es eso.
- ¿Dormiste anoche?
- Sí, me dormí un ratito después de que te fuiste.
- ¿No me mentís?
- No amor. –Suspiré.- Es que tengo sueño, hoy seguro duerma toda la tarde.
- Aprovecha entonces.
- Definitivamente. –Reímos.- ¿Vos qué onda?
- En un rato es la primera conferencia y a la noche hay un lunch temprano asique podemos conectarnos si queres.
- Por favor.
- Quedamos en eso entonces.
- Genial.
- Te dejo Pau que me tocan la puerta.
- Anda tranquilo. ¡Pero ojito eh!
- Tengo ojos solo para vos.
- Eso espero.
- Te lo juro.
- Lo sé tonto, te jodo. Anda.
- Un beso mi amor.
- Otro para vos bonito.

- Fin de la conversación telefónica -

Todo lo que había en la casa éramos el test y yo. El resto no existía.

Caminé de un lado al otro de nuevo con la cajita en mis manos, dudando hasta de mi propio nombre. (No, no exagero).

Tomé casi un litro de agua para poder ir al baño y en el transcurso de esperar las ganas creo que somaticé todos los síntomas juntos: me sentí mareada, tenía mucho sueño y nauseas.

En realidad… ¡Espero que sea somatización!

Esperar a que me den ganas de ir al baño era como esperar que Plutón y el sol se junten más o menos. Interminable.

Puse música e intenté relajarme sin dejar de caminar, pero fue en vano.

Busqué mi celular e intenté distraerme en Facebook. También en vano.

Fui al baño y esperé allí, me hice el test y lo dejé del otro lado de la puerta. Sí, porque yo volví a mi caminata.

Creo que fueron de los minutos más eternos de mi vida. ¡Tanto iban a durar diez malditos minutos!

Me moría de miedo, de pánico y de terror. Me temblaba el cuerpo entero y me transpiraban las manos.

Sería una noticia hermosa. ¡Pero no ahora!

miércoles, 22 de abril de 2015

121.

Estaba acostada boca abajo y con mi cabeza sobre mis brazos que se encontraban sobre la almohada.

Él estaba en la misma posición, pero sobre su almohada.

Nos mirábamos embobados, sonriendo. Sí, cual dos adolescentes.

- Pau. –Dijo y corrió un mechón de mi cara.-
- ¿Qué Pepe?
- Estaba pensando en que… -Y hablaba muy serio.- Estamos muy lejos. –Reí, muerta de amor.-
- Pensé que me estabas hablando de algo en serio.
- Es en serio.
-Sonreí y me acerqué a él, pasé mi brazo libre sobre su cuello y lo despeiné.- ¿Así?
- Podría ser. –Nos besamos.-
- Igual, deberíamos ir pensando en la cena.
- ¿Ya?
- Son las ocho y pico amor.
- ¿En serio?
- Sí. –Sonreí y suspiré.- Sino mañana estás muerto. –Lo besé.- Pero deja, yo me encargo. –Y me erguí un poco para llenar de besos su cara.- ¿Algo para cenar acá, te va?
- Por favor.
-Sonreí.- Hay para hacer…
- No quiero comida elaborada, prefiero que hagas rápido y vuelvas para acá.
- ¿Ñoquis con salsa rosa?
- Me encantó.
- Entonces ahora hago. –Lo besé.- Pero si no recolecto mi ropa me congelo.

Pedro agarró algunas prendas que estaban de su lado y comencé a vestirme.

- Odio esto.
- ¿Qué cosa?
- ¡Qué te vistas!
-Reí.- ¿No preferís ser el único que me conoce desnuda? –Pregunté acercándome a él.-
- No me provoques porque te agarro otra vez.
- Me voy a hacer un problema yo. –Reímos y nos dimos un beso.- Cenamos y soy toda tuya otra vez.
- Linda que sos. –Me besó y terminé de vestirme.-
- Vestite vos también que te vas a enfermar eh.
- Bueno ma.
-Sonreí.- Solo te cuido.

Preparé la cena lo más rápido que pude y volví al cuarto con todo sobre una bandeja.
Cenamos mirando la tele y charlando de algunas banalidades.

- Pau. ¿Traes chocolates?
- Siempre con planes tan perfectos. Lavo todo y traigo.
- Bueno, dale. Mientras yo cierro la puerta, ventanas y demás.
- Dale co-equiper. –Reímos y nos dimos un beso.-

Nos levantamos y cada uno hizo lo que dijo.

Otra vez en la cama, nosotros y los chocolates.

-Suspiré y me desperecé sobre el colchón.- ¿Es normal tener frío otra vez?
-Rio.- No sé, podes venir para acá. –Me abrazó y yo apoyé mi cabeza en su hombro.-
-Cerré mis ojos.- ¿Vos decís que la felicidad está hecha para nosotros? Porque te juro que cuando estoy así con vos sé que no me falta nada, pero mañana cuando me quede sola otra vez la angustia me va a tomar el cuerpo y ya me cansé.
- La felicidad es para todos, solo que tenemos que tomar el camino correcto para encontrarla. Igual, no creo que la felicidad sea una sensación eterna.
- No, yo tampoco. Son momentos.
- Exacto. Y si vamos por el camino de los buenos momentos no veo por qué la felicidad no sea para nosotros.
- Yo no pretendo ser feliz todo el tiempo, todos los días. Pero una cosa es estar triste y otra es estar bien o normal. ¿Me entendes?
- Sí, claro que te entiendo. –Besó mi frente.- Ya va a pasar todo.
- Eso espero. –Suspiré y me acurruqué en él.-
- Vas a ver que sí.
- Confío en vos.
- Me parece perfecto.
-Reí y levanté mi cabeza para poder besarlo.- ¿Pido mucho si organizamos una escapada romántica para el sábado? Aunque sea al Tigre, tirarnos en el pasto y que nada importe.
- Dejalo en mis manos.
-Sonreí y lo besé.- Gracias. –Volví a besarlo.- Además tengo ganas de sacar fotos.
- El sábado es de nosotros entonces.
- Genial. –Volví a besarlo y me senté en la cama, busqué mi celular y lo apagué. Estiré mi espalada y él tomó mi mano.-
- Me da frío si te vas.
-Sonreí.- Voy a lavarme los dientes y vengo.
- Mmm… Hace rápido.
- Hago rápido tontito. –Lo besé.- Vos también deberías hacerlo.
- Voy después.
- Dale.

Le di un último beso y fui hasta el baño. Cerré la puerta y me apoyé sobre ella, con mis manos entre la puerta y mi cuerpo. Reí.

Me lavé la cara y luego me lavé los dientes. Me cambié para dormir y me perfumé para él.

Tocó la puerta y sin pedir permiso, entró.

- Estás tardando mucho y te extraño.
-Sonreí y lo besé.- Ya terminaba.
- Bueno, me lavo los dientes entonces.
- Dale.

Él se encargó de lavarse los dientes mientras yo me ponía crema en las piernas.

- Ah, con razón tardas tanto vos. Crema, algodones, perfume. ¡Si te estás yendo a dormir!
- Pero duermo con vos y me gusta estar linda para vos.
-Me arrebató por la cintura y me apoyó contra la pared.- Siempre sos linda vos.
- Gracias. –Lo besé.- Pero hay detalles que no me gusta que se pierdan. –Volvimos a besarnos y fuimos hasta el cuarto.-

Pedro activó su alarma y estábamos a oscuras, ambos boca arriba y mirando el techo.

Busqué su mano y entrelacé sus dedos con los míos. Nuestras respiraciones de a poco de tranquilizaban. Con mi mano libre busqué su corazón y posé mi mano allí, no había nada que me tranquilicé más que eso. Su mano libre se posó sobre aquella y nos soltamos nuestra otra mano.

- Ese corazoncito necesita mucho amor. –Susurré.-
- Te juro que desde que estoy con vos tengo muchos menos problemas con mi enfermedad.
- ¿Qué te digo? ¡Necesita amor!
- A vos te necesita. Te necesitamos.
-Sonreí y besé su hombro.- Me tranquiliza mucho sentir tus latidos para dormir.
-Sonrió.- Me había dado cuenta, siempre que nos acostamos abrazados apoyas la cabeza del lado izquierdo.
- Pero que observador. -Sonrió.- Muchas veces cuando me desvelo o me despierto en el medio de la noche hago esto mismo.
- Eso no lo sabía.
- No tenes por qué saber todo.
- Mmm… -Reímos y nos besamos.-
- Está bueno tener algunos secretos para sorprenderte.
- ¿Cómo por ejemplo?
- ¡Son secretos!
- Okei, okei. Ya los voy a descubrir.
- Pepe. –Besé su mejilla.- La alerta tardó en llegar, pero está viniendo. ¿Cerraste bien las persianas, no?
- Sí Pau, no te preocupes.
- Está bien, solo por lo que pasó esa vez en mi casa.
- Está todo bien cerrado, no te preocupes. Veni. –Hizo que me acueste sobre su pecho con mi oreja sobre su corazón. Sonreí y me tapé mejor.- Descansa mi amor.
- Vos también Pepe. –Besé su pecho y él mi frente.-
- No va a pasar nada con la tormenta.
- Ya sé que si vos me cuidas nada malo puede pasarme.
-Sentí que me abrazó más fuerte.- Tu guardaespaldas siempre.
- Qué lindo escuchar eso. –Hice una pausa.-
- Qué descanses Pau.
- Vos también Pepe.

Y allí nos quedamos dormidos.

martes, 21 de abril de 2015

120.

Preparé dos cafés bien batidos y fui hasta el cuarto, dejé las tazas en mi mesita de luz y sin decir nada, me acosté a su lado y besé su hombro. Ella estaba muy concentrada en su tarea.

- Gracias, no es un regalo simple. Me encantó.
- ¿De verdad?
- Sí, gracias. Posta.
- Me alegro. –Me besó.- Estás helado.
- Traje café para eso.
- Pensé que lo íbamos a solucionar de otra manera. –Dijo pícara.-
- Podemos emplear los dos métodos.
- Me copa la idea. –Reímos y ella dejó sus cosas a un lado, nos sentamos bien los dos y cada uno tomó una taza de café.- ¿Qué onda tu día?
- Normal, con un jefe un poco sacado en el día de la fecha. Pero bien.
- ¿Necesitas masajitos?
- Ah, estamos prendidas fuego.
- No seas pelotudo, te lo dije de verdad.
- Es imposible negarse a una propuesta tuya.
- Entonces me termino el café y te los hago.
- Por favor. –Sonrió y nos besamos.- ¿El tuyo que onda?
- Salí a caminar, ahí te compré el regalo, después almorcé, te escribí la carta y colgué con esto hasta recién.
- Un día agitado el tuyo.
- Bueno che, el frío no me da ganas de nada.
- ¿Seguís teniendo frío?
- No, pero si salgo de acá sí.
- Yo si me sigo muriendo de frío.
- Pobrecito. Sacate los zapatos así te metes acá conmigo.

Hice lo que ella me dijo y me metí en la cama, nuestros pies se buscaron y reímos. Terminamos nuestros cafés y ella se arrodilló detrás de mí, me sacó el pulóver y desató mi corbata.

- Permiso eh.
-Reí.- No te hagas la que no pasaste por ahí.
- Okei, okei. –Besó detrás de mi oreja y yo sonreí.-

Ella comenzó con los masajes y se quedó allí un largo rato, lo cual agradecí. Estaba sumamente contracturado.

- Sos tan genial. –Dije y busqué sus manos haciendo que me abracé. Besé su brazo y ella rio.-
- ¿Listo los masajes?
- Podríamos pasar a la segunda etapa.
- ¿Vos decís? –Pregunto en mi oído.-
- Yo re digo.

Hice que pasará para adelante mío y la besé, nos acostamos juntos, yo sobre ella y su cabeza chocó contra una pata de la cama. Ambos largamos una carcajada.

- Sos una boluda mi amor.
- Más respeto che. ¡Vos me mandaste para acá!
- ¿Ahora es culpa mía?
- Sí, todo tu culpa. Quiero ver como lo remedias.
- Uy, muy fácil. –Dije y fui directamente a su cuello. Ella rio y rodeó mi cadera con sus piernas.-
- Te la dejé servida eh.
- Sh, callate un poco. –Dije y posé mi dedo índice sobre sus labios.-
- ¿Así me callas? ¡Menos onda vos!
-Reí y la besé.- ¿Así está bien?
- Así me gusta más.
- ¿Conforme señorita?
- No te hagas el gil. –Me besó.- Siempre estoy conforme con vos.
- Pero qué lindo halago.
-Sonrió.- Besame, dale.
- A sus órdenes Chaves.

Nuestras miradas se aislaron del resto de la habitación y nos miramos profundamente, sus ojos y los míos se encontraron en medio de la tempestad y nunca dejarían de mirarse.

Sus manos rodearon mi cuello y sus piernas presionaron aún más su cuerpo con el mío.

Por último, se encontraron nuestros labios. Sí, aquellos labios que habían nacido para unirse porque no podían encajar mejor. Al unirse nuestros labios, nuestros parpados bajaron a la par.

A veces todo podía ser una mierda, pero cada vez que estaba así con ella sentía que realmente nada más importaba. Si ella es mi motivo para seguir acá. ¿Qué mas necesito que una mujer que me ame? Exacto, nada.

Me acerqué a su oído y susurré:

- Te amo mi amor. –Y besé su cuello.-
-La noté sonreír.- Yo también te amo mi amor. –Y besó mi mejilla.-

Nos abrazamos bien fuerte y allí nos quedamos algunos minutos. Sus manos jugaban con el pelo de mi nuca y yo acariciaba su hombro con mi barba.

Nadie nos corría, éramos solo ella y yo. Todo lo que necesitábamos.

- Podría vivir así con vos. –Confesé.-
- Te juro que estaba pensando en lo mismo. –Respondió. Yo me separé un poco de ella para poder besarla y exactamente eso es lo que hice.-

Creo que ni la primera vez nos habíamos desvestido tan lento.

Disfrutábamos de cada beso y de cada caricia.

Sus labios recorriendo mi piel eran el paraíso y sentir el contacto de mis labios besando la suya era exactamente lo mismo.

Ya nos habíamos despojado de cualquier tela que cubriera nuestro cuerpo y estábamos abrazados como antes.

- Pepe…
- ¿Qué mi amor?
- Mirame, por favor. –Accedí a su pedido y volvimos a mirarnos a los ojos.-
- No quiero sonar pesada, pero quiero decirte algo.
- Nunca sos pesada. –Acaricié su mejilla con mis dedos.-
-Sonrió.- Solo quería decirte otra vez que te amo y que me salvaste. Nunca en la vida me hubiese imaginado estar en estas circunstancias con un hombre, nunca eh. –Suspiró.- Cambiaste mi vida, muchísimo y te lo voy a agradecer siempre. Me regalaste la posibilidad de ser una mujer y de querer estar dispuesta o linda para alguien, para vos. –Me besó.- No sé como ponerlo en palabras, me sacaste del pozo más oscuro y sí, estoy pasando un momento de mierda, pero tenerte a vos conmigo hace que no caiga otra vez. Esta vez no. ¿Y sabes por qué no?
- ¿Por qué?
- Porque cada vez que escucho la cerradura de la puerta cuando llegas de trabajar me doy cuenta que tengo una razón para no hacerlo. –Nos dimos un beso.- Te amo Pedro.
- No podes ser ni tan linda, ni tan tierna. ¡Ni tan vos! –La besé.- Te amo. –Volví a besarla.- A mí me cuesta un poco poner las cosas en palabras, pero vos también me cambiaste la vida y lo sabes. –Nos besamos.- Y ahora que pienso… Ya que mi pedido fue bastante horroroso podría repetirlo acá. –Hice una pausa.- ¿Queres ser mi novia?
- Con vos quiero todo.

Nos sonreímos y volvimos a besarnos y en un momento nos quedamos mirando. Sí, otra vez.

- ¿Qué pasa? –Pregunté.-
- Que me encanta mirarte.
- Estamos en la misma, porque sos hermosa.

Alejé un poco mi cuerpo del suyo y mis labios y mis manos volvieron a visitar su cuerpo.

Ella mantenía sus ojos cerrados y una sonrisa en sus labios. Sus suspiros eran la respuesta más perfecta. Volví a su boca.

Su piel tan transpirada.
Sus femineidades sólidas.
Sus ojos cerrados.
La sonrisa en sus labios.
Su pelo revuelto.
Sus manos apretando fuerte las sábanas.
Sus gemidos.
Su espalda arqueada.

Ella y yo.

lunes, 20 de abril de 2015

119.

Me desperté y sobre la almohada de Pedro encontré un sobre, saqué vagamente mi mano por debajo de las mantas y lo agarré.

“Buen día amor. Esto lo pasé a buscar ayer y al final no te lo dí. Es para que veas y si te copa, hagas la o las disciplinas que tengas ganas. Me pareció una buena idea para que te despejes, salgas un poco de casa y además hagas algo que te guste.

Ni se te ocurra tocar el tema plata, es una propuesta y un regalo mío.

Te amo. Pepe.”


Sonreí y abrí el folleto, era un instituto de disciplinas artísticas: canto, danza, actuación, cine, fotografía, instrumentos. ¡Era muy hermoso!

Busqué mi celular y le envíe un WhatsApp.

‘Sos increíble, nunca dejas de sorprenderme.’

‘Mereces que te sorprenda.’

‘Sos tan lindo. Qué tengas un buen día.’

‘Vos también mi amor.’
 


Me senté en la cama y me puse a ver el folleto, sinceramente las clases de canto me entusiasmaban demasiando, además de claramente las de cine y fotografía.

Me levanté y desayunané mirando la tele. –Y cuando miro la tele es cuando me doy cuenta de que la vida de todos es una mierda, ni media noticia buena. ¡Ni media!-

Terminé con mi desayuno y me fui a bañar, quería salir al menos a dar una vuelta. Mi look era algo dejado, un jean viejo, zapatillas más viejas que el pantalón, remera llena de bolitas y un buzo enorme, sinceramente no tengo ganas de más.

Busqué mi celular, le enchufé los auriculares y me armé una lista de reproducción acorde a mi estado de ánimo en aquel momento.

- Adios – Gustavo Cerati.
- Crimenes perfectos – Andrés Calamaro.
- El fantasma – Árbol.
- En el limbo – La Vela Puerca.
- Nos veremos otra vez – Serú Girán.
- Ángel con campera – No Te Va Gustar.
- Difícil – Los piojos
- Puente – Gustavo Cerati.


Caminé varias cuadras con mi capucha puesta y mis manos dentro de los bolsillos. Hacía mucho frío, tanto que cuando respiraba se generaba esa especie de humito.

Paré en varios negocios, teóricamente para ver las vidrieras. No tenía mucha atención en lo que hacía, pero en un local había visto algo que me gustaría regalarle a Pedro, asique lo compré con lo poco que tenía de ahorros. Necesitaba agradecerle de alguna manera tanto amor y tanta contención.

Y si la onda de la caminata era levantar mi ánimo generó exactamente el efecto contrario en mí, me tiró al subsuelo.

Ya en casa, dejé el regalo de Pepe a un lado y luego me preparé algo para almorzar: una sopa bien calentita. Sonó mi celular mientras esperaba a que el agua hierva.

- Conversación telefónica -

- Hola Pepe.
- Hola Pau. ¿Cómo andas?
- Muerta de frío.
- La caldera seguro esté prendida.
- Sí, pero salí.
- ¿A qué?
- No sé, tenía ganas de caminar un poco. Ahora me estoy haciendo una sopa a ver si entro en calor.
-Te podes hacer la sopa, meterte en la cama a comer y buscar tu compu así pispeas la página del Instituto y después podes seguir con tus ideas locas del guión.
- Veo que me armaste el día.
-Rio.- ¿No garpa?
- Sí, puede ser. –Hice una pausa.- Garparía más con vos al lado igual.
- Hoy vuelvo temprano, anuncian alerta meteorológico asique…
- Me pusiste un poquito feliz.
- Me gusta eso.
- ¿Te enojas si te espero en la cama?
- No me enoja, solo no me gusta que estés ahí sola y tristona.
- Hoy no voy a colgar sin hacer nada, te lo prometo.
- Entonces esperame en la cama que me muero por estar ahí abrazándote.
- No das más de tierno. ¿Te das cuenta?
- Prefiero evadir el comentario e irme a trabajar.
-Reí.- Anda, así llegas más rápido.
- Es verdad. Disfruta vos de la cama que podes.
- Mmm… Me parece que sí. –Reímos.-
- Nos vemos más tarde Pau.
- Dale Pepe. Un beso grande.
- Otro para vos hermosa.

- Fin de conversación telefónica -

Terminé de hacer mi sopa y me la llevé a la cama junto con la compu y me instalé allí. Primero almorcé y después puse música con mi celular para escribirle una carta a Pedro.

Cuando llevé a lavar las cosas del almuerzo, aproveché y dejé el regalo de Pedro sobre el sillón para que cuando entrara lo viera y yo volví a la cama. Prendí la compu y me puse a ver aquel Instituto, la verdad es que era un sueño. ¿Me animaría o me quedaría acá como la misma pelotuda de siempre?

Dejé la compu a un lado y la música seguía en mis oídos, suspiré y me acosté mirando al techo.

Es la hora de animarse Paula. ¡Mira todo lo que te animaste con Pedro y lo bien que están ahora! ¿No te parece un buen ejemplo para el piletazo?

Le diría que sí a Pedro, al menos a las clases de canto. Sonreí, orgullosa de mí misma y busqué mi computadora, puse música para no seguir gastando batería en mi celular y seguiría con la locura de aquello que pretendía ser un guión algún día.

Las horas pasaron y yo estaba allí, haciendo un breamstorming pero sola, tirando ideas, tachando, anotando, acomodando, haciendo flechas y resaltando palabras.

Escuché la puerta y sonreí.

-

Llegué a casa congelado, muy congelado y al abrir la puerta me encontré con una bolsa con mi nombre. Cerré la puerta y agarré la bolsa para abrirla, allí dentro había un par de guantes y una bufanda, sonreí. El día anterior le había comentado a Pau que no tenía y que moría de frío.

Enroscada con la bufanda había una cartita la cual me dispuse a leer.

“Sí, ya sé es un regalo simple y hasta quizás tonto en comparación a lo que me regalas y a lo que me DAS, pero necesitaba algo que represente lo mucho que estás haciendo por mí, sobre todo desde que falleció mi mamá.

Sos mi sostén Pedro, sin vos no hubiese podido seguir respirando. (Y te juro que no exagero.)

Gracias, gracias hoy y gracias siempre. No puedo creer el hombre que descubrí detrás de esa coraza tan dura que conocí.

Te amo. (Lo sabes y lo repito, siempre está bueno que lo tengas presentes y sobre todo que lo sientas, espero poder transmitírtelo.)

Y espero que con esto ya no tengas tanto frío.

Pau.

PD: Te estoy esperando en el cuarto, la cama es muy fría sin vos.”


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Por si a alguien le interesa escuchar la lista de reproducción de Paula aquí dejo los links, desde mi perspectiva son temones.

- Adios – Gustavo Cerati. https://www.youtube.com/watch?v=qeCoWQJEwQM
- Crimenes perfectos – Andrés Calamaro. https://www.youtube.com/watch?v=EbIkw2R8-N0
- El fantasma – Árbol. https://www.youtube.com/watch?v=8Viu9h5AxJI
- En el limbo – La Vela Puerca. https://www.youtube.com/watch?v=yYr6MRDJgLA
- Nos veremos otra vez – Serú Girán. https://www.youtube.com/watch?v=cJqKEDbbSVA
- Ángel con campera – No Te Va Gustar. https://www.youtube.com/watch?v=qFNP1zt623k
- Difícil – Los piojos. https://www.youtube.com/watch?v=YvtTnBopzyk
- Puente – Gustavo Cerati. https://www.youtube.com/watch?v=eAO7CEcCD3s

domingo, 19 de abril de 2015

118.

Volví de trabajar y Pau estaba en la cama.

- No me digas que te pasaste el día en la cama.
- Sí y no tengo intención alguna de levantarme. -Dijo de mala manera.-
- Bueno, bueno. Yo no te hice nada.
- Me estás hablando mal porque no me levanté.
- ¡Hey! -Me acosté a su lado.- No te lo dije mal. ¿Puedo acercarme o me vas a pegar?
- No seas boludo. -Dijo acurrucándose.-
- ¿Te abrazo?
- Por favor.

La abracé después de besarla y ella suspiró.

- ¿Qué pasa?
- Me siento mal.
- ¿Te duele algo?
- El alma.
- Ay chiquita, veni. -La abracé contra mi pecho y ella inmediatamente se largó a llorar.-
- Sh. 
- Pasó una semana y me siento igual.
- Es muy reciente.
- Se me hizo una eternidad.
- Ya sé, ya sé. -Besé su cabeza y cerró sus ojos.-
- ¿Qué se hace?
- ¿No seguiste con lo del guion?
- Eso es una gilada que me sirvió para despejarme ese día.
- No es una gilada.
- Sí Pepe, es un delirio.
- Todo empieza con un delirio. ¿O alguna vez la idea de estar juntos no fue un delirio?
- Es distinto.
- Es el ejemplo más cercano que se me ocurrió.
- Es incomparable.
- Si vos decís.
- Sí, yo digo. Uno cada mil puede dirigir su película.
- ¿Y vos por qué no vas a ser esa una?
- Porque nunca me pasa nada bueno.
- Gracias por lo que me toca.
- Vos sos la excepción que confirma la regla.
- Arreglala ahora, dale.
- No tengo ganas de discutir ni en joda Pedro.
- Está bien, perdón. –La abracé más fuerte.- ¿Y de qué tenes ganas?
- De que me abraces.
- Te estoy abrazando.
- Pero más fuerte.
- ¿Así? –Pregunté apretándola y ella rio.-
- Cuando me abrazas es el único momento en el que la soledad fluye un poco.
- Entonces te abrazo las veinticuatro horas del día.
-Sonrió.- Sos tan tierno. –Besó mi pecho.-
- Vos sos tierna. –Nos besamos y sequé sus lágrimas con mis dedos.- ¿Hacemos algo? Dale.
- ¿Algo como qué?
- Mmm… ¿Salimos a comer?
- Ni ganas Pepe.
- Dale, así salís un poco.
- Es que justamente es de lo que no tengo ganas, de salir. Hace frío además.
- Pasa que mi otra propuesta es algo indecente.
-Ella rio.- ¿Qué está pensando esa cabecita?
- Un hidromasaje los dos juntitos.
- Nos ponemos malla y listo.
-Reí.- Vamos a mojar la malla al divino botón.
- ¿Todo el tiempo?
- Todo el tiempo, me volves loco. –La besé.- Igual, no me enojo si no aceptas.
- Acepto igual. –Sonreí y la besé.-

Entré al baño y ella ya estaba tapada por la espuma.

- Amo esto. –Dijo cerrando sus ojos.- El agua calentita, los masajitos.
- ¿Sí?
- Sí.
- ¿Entonces me voy?
- No, venís conmigo.
- Okei, okei. No me puedo resistir.

Me metí en el hidromasaje con ella, nos acomodamos, sentados enfrentados con nuestras piernas estiradas.

- Pepe. ¿Te puedo preguntar algo y que me respondas con total sinceridad?
- Sí.
- ¿De verdad crees que voy a poder superar todo esto?
- Yo creo que sos una mujer muy fuerte que puede atravesar cualquier obstáculo.
-¿Cualquiera?
- Sí amor. Yo no me bancaría ni la mitad de lo que te pasó.
- Vos tampoco tuviste una vida fácil.
- ¿Y no será por eso que estamos juntos?
- ¿Con qué propósito?
- Aprender a superar las adversidades juntos.
-Sonrió.- ¿Vos decís?
- No sé, es una conclusión que puedo sacar.
- Puede ser.
- Si vos no hubieses sido así de misteriosa cuando te conocí, no sé si me hubiese enganchado. Te soy completamente sincero.
- Y si vos no hubieses sido así de difícil, creo que tampoco.
- ¿Ves?
- ¿Vos decís que el destino nos unió?
- Yo no creo que allá sido el destino.
- ¿Una casualidad?
- No te rías con lo que te voy a decir.
- ¿Cómo me voy a reír tarado?
- Mis viejos y tu viejo.
-Sonrió.- Es lindo creer eso.
- Creamos en eso entonces. ¿Quién no los impide?
- Nadie.
- Y yo creo que deberíamos celebrar esta unión.
- ¿Podes parar un segundo? Estabas siendo tierno.
- Puedo seguir siéndolo. –Dije acercándome a ella.- Puedo llenarte el cuello de besitos tiernos. –Ella rio y yo me senté a su lado. Mis manos acomodaron su pelo para que no interrumpa mi plan e hice lo que le dije.-
-Me abrazó por el cuello.- Te odio por ser así.
- ¿Así cómo?
- Te lo dije mil veces, adictivo. ¡No puede ser que hagas tanto en mí tan solo con besos!
- Soy tu paraíso, deberías agradecer tenerlo tan cerca. –Dije y mordí su oreja.-
- Modestia a parte vos.
- Obvio. –Y le mordí el hombro.-
- No seas forro.
- Vos no seas forra conmigo. –Reímos y nos besamos.-
- Solo dije una realidad.
- La única realidad es que nos amamos. –Dije y besé su nariz.-
- Muchísimo. –Nos besamos.-
- Entonces no peleemos por idioteces. Digo, me parece que es una situación para no desaprovechar.
- Si el agua se calienta un poco, no.
- La calentamos nosotros ahora.
-Rio.- Sos tan guarango.
- Una vez dijiste que amabas mi parte guarra.
-Rio.- Pero a veces te vas de mambo.
- Okei, okei. ¿A ver cómo ser más tierno? Ahora nuestra piel calurosa la calienta.
- Además de guarango pelotudo.
- ¿Pelotudo yo?
- Sí, vos.

No le dije más nada y le comí la boca, no la dejé si quiera respirar.

- Vas a ver como este pelotudo te lleva al cielo.
-Rio.- Que calentón que sos.
- Sí, en todos los sentidos de la palabra. –Y marqué un chupón en su hombro.-
- Sos terrible che. –Y me hizo lo mismo.-
- Mira que podemos terminar muy mal.
- No tengo nada que perder.
- Yo tampoco.

Sonreímos y besándonos nos sumergimos debajo del agua. Sus piernas rodearon mi cintura y nuestros cuerpos se unieron más de lo que físicamente podían.

117.

Me desperté y Pau no estaba a mi lado, la busqué por toda la casa y la encontré durmiendo en el sillón con su cuaderno apoyado sobre sus piernas, le quité el cuaderno, lo cerré y lo dejé a un lado con la lapicera.

- Pau. –Susurré.- Te quedaste dormida en el sillón. ¿Queres ir a la cama? –Ella asintió vagamente con la cabeza y yo la alcé para llevarla hasta el cuarto.-

La dejé sobre la cama y la tapé.

- Descansa amor, me voy a trabajar. ¿Sí?

Ella volvió a asentir y yo me fui.

-

Acababa de llegar de tirar las cenizas de mi mamá un lugar que ella amababa, el Tigre.

- Ya está. –Dije y me senté sobre el sillón.- Ahora solo falta que se muera adentro de la cárcel.
- No va a molestarte más.
- Eso espero. –Suspiré y tiré mi cabeza hacia atrás.- Ya pasó una semana y todavía no termino de digerirlo.
- El tiempo ayuda en eso.
- Lo sé.
- ¿Queres que hagamos algo?
- ¿Siesta?
- Bueno, dale.

Fuimos juntos hasta la habitación y allí nos quedamos dormidos.

Sí, últimamente trataba de evadir el tiempo durmiendo. Necesitaba que pasará el tiempo suficiente como para poder pensar en otra cosa, sino, seguiría durmiendo.

Desperté y no quise abrir mis ojos, quería volver a dormir. Pedro lo impidió. Sentí sus manos deslizarse sobre mi vientre y suspiré.

- ¿Puedo? –Preguntó.-
- Por favor. –Supliqué y él continuó, sonreí y dejé que haga.-

Sus manos se encargaron de quitar mi remera rápidamente y casi sin darme cuenta, lo sentí a él sobre mí. Y como tanto amaba, se sumergió en mi cuello y lo humedeció con sus besos mientras yo lo abrazaba por la cintura y suspiraba en su oído. Definitivamente sabía qué era lo que necesitaba.

De a poco mis pensamientos malos fueron desapareciendo y lo único que existía en mi mente era él. Él y yo para ser más precisa.

Sus besos recorrieron la ruta de mis clavículas y bajaron por mi esternón hasta aquel lugar tan preciado por él, se deshizo de mi corpiño rápidamente y esta vez se sumergió allí.

Sus besos me recorrieron de punta a punta y se lo agradecí infinitamente.

Creo que volví a sentirme persona y a sentirme mujer. Con sus besos logró reconstruir mi ser tan desarmado. Sí, él todo lo podía.

No me di cuenta cuando fue, pero ambos estábamos completamente despojados de nuestras ropas y mi cuerpo temblaba. Él me hacía temblar.

Sentí que buscó mi mano y la apretó, sonreí y yo también lo hice.

-

Una semana era casi una eternidad, mi mano se había reencontrado con su espalda mientras ella abrazaba su almohada y mantenía sus ojos cerrados.

- Gracias, fue la primera vez en esta semana que pude despejarme de todos aquellos pensamientos horribles.
- Te despejo cuando quieras.
-Rio.- No podes ser tan calentón.
- Vos porque no te miras con otros ojos.
-Volvió a reír.- ¿Con qué otros ojos queres que me mire?
- No, no sé. Fue una manera de decirte que sos un infierno.
- Gracias, supongo. –Reímos y nos besamos.- Pepe.
- ¿Qué?
- Quiero estar con vos para toda la vida. –Dijo y cerró sus ojos.- Sos lo único que necesito. Estoy rota, sí. Muy rota, pero vos sos el único capaz de unir todos esos retazos.
- Me matas de amor, me matas. –Dije y la acerqué a mí para besarla.- Nunca creí que iba a tener la necesidad de pasar toda mi vida con una mujer, pero claramente vos llegaste a mi vida a romper todas mis estructuras. –Sonrió.- Me gusta verte sonreír.
- A mí me gusta que me hagas sonreír.
- A mí me gustas vos.
- Y vos a mí no me gustas, me encantas. Me volves loca.
- ¿Muy loca?
- Muy.
- Me encanta. –Volvió a sonreír y nos besamos.-
- Me cambiaste mucho vos.
- Y vos me cambiaste a mí.
- Estamos a mano.
- Mmm… Puede ser. –Reímos.-
- Me muero de hambre.
- ¿Queres seguir comiendo?
-Rio.- Sos un pelotudo. Ahora por eso pedís helado.
- Okei señorita, a sus órdenes.
- ¡Sí! –Dijo festejando.- Punto para Paula.
- Sos una boluda.
- Una boluda que consiguió lo que quería, dale. Anda a pedir y vestite para recibirlo.
-Reí.- ¿Queres que vaya con esto al aire?
- No seas guarango Pedro Alfonso.
- Okei, okei. –Me levanté y me cambié.- Vos quedate así que no me molesta.
- ¿Nunca te vas a cansar?
- Jamás.
- Okei, al menos me voy haciendo la idea. –Reímos.-

Eres una luz en mi todo se transforma aquí cuando estás.
Los miedos quedaron atrás, siento que vuelvo a respirar y sanar las heridas que no ves.
Con tenerte así haciéndome sonreír, ya no hay palabras para decir.
Quedate aquí desde el principio hasta el fin. Subete a mi balcón bajo este cielo salvador.
Con mirarme descubrís cuando estoy cerca de ti lo que soy…
No me dejes sin tu amor.
Cuando sienta que todo acabo, cuando abrace la desilusión… En tu mirada no habrá dolor."


-Eso siento por él. Eso siento por Pedro.

Esa canción describe a la perfección todo lo que él significa en mi vida, todo lo que cambió en ella.

Él me hace sonreír aunque esté en el peor momento de todos.

Él me besa y me recuerda que estoy viva.

Desde el principio hasta el fin.
Eso era todo lo que necesitaba, tenerlo conmigo para siempre. Como sea y en la circunstancia que sea, no me importaba si era en la casa más lujosa de todo Buenos Aires o si vivíamos de la caza y de la pesca. No me interesaba porque lo único que me mantenía viva era él, él en todas sus maneras y facetas.

Pedro era el hombre de mi vida, de todas mis vidas. Era mi hombre y no cabía duda de aquello.

Nunca supe que era el amor (y quizás hoy tampoco lo tenga del todo claro) pero sé que el amor es lo que siento por él, no hay dudas de que tenerlo cerca me hace bien.

No hay dudas de que sus besos son capaces de sanar cualquier herida, de que sus brazos pueden salvarme del abismo y que sus palabras son las que tengo que escuchar para seguir el camino.

Todavía estaba triste, obvio que lo estaba, pero él logró regalarme ese momento de felicidad que volvió a llenarme. Que me hizo renacer una vez más.-


“Todos nacemos únicos, importantes. Todos nacemos para amar y ser amados, para equivocarnos, sufrir y siempre RENACER.”

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https://www.youtube.com/watch?v=a4WlPK_DNUU Cielo Salvador - Lali Espósito.

Y la última frase también es de Lali, es la que le dio nombre a la novela. 

sábado, 18 de abril de 2015

116.

Corté con Pedro e intenté evadir las ganas de llorar yendo a bañarme. Me bañé sin lavar mi cabellera y me vestí con un jogging viejo, una remera más vieja que el jogging y un buzo que me quedaba enorme, me puse mis garras de peluche en los pies y me preparé un mate cocido con un sándwich. -¡Qué pinta Paulita! Okei, está bien que tu look refleje tu estado anímico.-

Después de comer mirando la tele, busqué mi computadora y puse música, fui a la habitación con aquel aparato electrónico y me metí en la cama. Busqué debajo de mi cama todos mis cuadernos y saqué la caja con los mismos, allí dentro había algunas fotos también.

Casi sin darme cuenta estaba leyendo fragmentos que había escrito hacía años y otros que había escrito hace poco. Mis ojos no podían dejar de inundarse con cada nuevo párrafo.

Mi cabeza comenzó a crear imágenes a partir de lo que leía pero de una manera algo extraña, era como si yo viera todo desde afuera. Había dejado de ser la protagonista.

Cerraba mis ojos y trataba de perfeccionar las imágenes, hacía que los colores combinarán, que el lugar esté equilibrado en cuánto a decoración, que la iluminación sea lo más perfecta posible y que no existiera ningún ruido que interfiera en la escena.

Claro, mi vida era una historia digna de una película cinematográfica.

Pasé horas imaginando escenas, momentos y la contextura física de los actores. También ideé como implementar los textos de mis cuadernos en aquella historia y de repente me emocioné pensando que eso algún podría ser una realidad.

Rápidamente agarré un cuaderno en blanco y comencé a escribir todas aquellas ideas sueltas que tenía.

-

Llegué a casa y cuando no la vi Pau levantada me armé de templanza y fui hasta el cuarto, pero me sorprendí al no encontrarla llorando tirando en la cama.

- ¿Qué es todo esto? –Pregunté.-
- Una locura.
- ¿Eh?
- Agarré mis cuadernos y empecé a tener flashes, pero como si yo viera todo desde afuera y volé muy alto. Una película sobre mi vida, ya sé que es una gilada pero me sirvió para no pasarme todo el día llorando.
- No es una locura.
- Sí, es bastante una locura. –Dijo y cerró el cuaderno sobre el que estaba escribiendo.-
- No sé, no abandones la idea.
- Solo fueron un par de anotaciones.
- Así se empieza.
- Sí, puede ser. Pero ahora quiero estar con vos. –Dijo empezando a ordenar sus cosas.- Y que me cuentes un poco eso de la fiscalía.
- ¿Me bancas un toque que me saco la ropa del laburo?
- Sí, dale.

Me cambié y estábamos sentados en la cama, enfrentados.

- ¿Me explicas? Por fas.
- Bueno, ellos hicieron pericias en el lugar, porque si bien todos los caminos conducen a que la haya mandando a matar tu viejo...
-Me interrumpió.- No es mi viejo.
- Perdón, Renzo. Es obvio que mandó a alguien, porque él está en cana.
- ¿Y si lo dejaron salir?
- Para eso investigan Pau.
- Ojala lo hagan rápido. Al menos que pueda descansar en paz, ya que tuvo una vida de mierda. –Dijo derramando una lágrima.-
- No hay demasiados elementos, seguro se resuelva rápido.
- Eso espero. –Suspiró.-
- Vas a ver que sí. –Sequé sus lágrimas.-
- Quiero cremarla cuando nos den el cuerpo.
- No te preocupes, yo me voy a encargar.
- Sino lo hago yo.
- Bastante tenes con todo lo que pasa, no te preocupes.
- Gracias. –Me besó.-
- ¿Qué te dije de agradecer? –Ella rio.-
- Perdón por mi facha.
- ¿Eh? –Me acerqué a su oído.- ¿Te puedo confesar algo?
- ¿Qué?
- Ya sé que no es el momento, pero me calentas mucho así.
-Rio.- Sos muy raro Pedro.
- Solo tenelo en cuenta.
- Voy a anotarlo. –Reímos y me tiré sobre ella para besarla y luego quedarme sobre ella, abrazándonos. La sentí llorar y besé su cuello.-
- Perdón, no puedo no llorar.
- Está bien llorar, te ayuda a sacar todo afuera.
- Quedate así conmigo un ratito. –Dijo y me abrazó más fuerte.- Me haces bien.

Después de un rato, pedí algo para comer y cenamos. En realidad, ella comió muy poco y yo cené un poco más de verdad.

- ¿Seguís sin hambre?
- Siento el pecho cerrado.
- Mmm… ¿Me dejas hacer algo?
- ¿Qué?
- ¿Me dejas?
- Sí.
- Entonces esperame en la cama. –La besé y ella se fue.-

-

Me acosté en la cama y me tapé hasta la frente, fue imposible no llorar otra vez.

Sentí que él me destapó y me quitó el buzo, sin pedirme permiso. Yo me dejé.

- ¿Te acordas de esto? –Preguntó mostrándome un pote.-
- Sí, me acuerdo.
- ¿Puedo probar si en vos funciona?
- Por favor. –Suspiré, él se sentó sobre la cama con sus piernas cruzadas y yo apoyé mi cabeza en sus piernas.-

Corrió todo mi pelo y llenó sus manos con aquella crema de limón y menta, sus dedos se posaron sobre mi pecho y yo cerré mis ojos.

El contacto de sus dedos con mi pecho y ese olor que me ayudaba a abrir mi respiración de a poco fueron tranquilizándome, como si me estuvieran sedando.

Después de un rato, sus manos abandonaron mi pecho y subieron por mi cuello y mi nuca, haciéndome masajes, hasta llegar a mi cabeza.

Di media vuelta y me acomodé en la cama, él me abrazó haciéndome cucharita, pasando su brazo por debajo del mío y haciendo que apoye mi cabeza sobre el mismo. Sonreí, sabía que lo incomodaba pero que aún así lo hacía para hacerme sentir mejor.

- Descansa Pau.
- Vos también Pepe.

Me desperté en medio de la madrugada con una necesidad muy grande de escribir asique me fui de la habitación con mi cuaderno y me senté en el sillón del living.

El aleatorio del celular comenzó a sonar con Elastic Heart de Sia y esa canción me daba una mezcla de paz con desesperación.

"Y estaré en pie durante la noche,
y vamos a ser claros, no cerraré los ojos,
y sé que puedo sobrevivir,
caminaré a través del fuego para salvar mi vida.

Tengo una piel dura y un corazón elástico,
pero tu hoja, puede ser muy afilada.
Soy como una goma, hasta que tiras muy fuerte,
puedo saltar y me muevo rápido,
pero no me verás caer en pedazos,
porque tengo un corazón elástico,
sí, tengo un corazón elástico."


Prendí tan solo una luz que había sobre la mesita ratona y comencé.

“Ma, te escribo porque no sé cómo sacar todo esto de adentro. No sé si pueda perdonarte, pero obvio que te entiendo. Me duele, me duele mucho la situación y me duele no haberte podido abrazar después de leer esa carta.
Me duele que hayas tenido una vida tan horrible y agradezco que me hayas cuidado, al menos como pudiste.
Me duele no haber podido crecer como cualquier nena, en una familia con sus dos papás. Y me duele también no haber podido ni siquiera conocer a mi papá, al menos saber como era su cara.

No sé como reaccionar, no sé como salir de acá. No puedo resistir más, creo que todo el sufrimiento que alguien puede sentir está pasando por mi cuerpo en este momento.

Tengo sentimientos encontrados con vos y realmente deseo algún día poder perdonarte. Te amo y te odio. Te amo porque siempre vas a ser mi mamá y porque diste la vida por mí y te odio por no haber podido escapar.

Descansa en paz, ya que no pudiste vivir de esa manera.

Nunca te voy a olvidar y siempre vas a ser una parte mía.

Paula.”



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