Había pasado una semana más y Pedro estaba bastante mejor, ya no estaba conectado al respirador y comía, habíamos salido una vez de la habitación, aunque todavía no caminaba.
Su cuerpo aún estaba muy débil.
Ese día casi ni había estado en la clínica ya que me había encargado de llevar mis cosas a su casa, vacíe por completo el departamento y reincidí el contrato de alquiler del mismo.
Otro día ordenaría, me bañé y volví a la clínica.
Cuando llegué, Pedro estaba almorzando.
- Buen día… -Dije entrando.-
- Buen día Pau.
- ¿Cómo está mi enfermito?
- Un poco mejor, lástima que esta comida sea tan asquerosa.
-Reí.- No se queje, al menos ahora puede comer.
- Es verdad. ¿Puedo preguntar por qué viniste tan tarde?
- Mmm….
- ¿Te quedaste dormida?
-Reí.- No, me mudé.
- ¿De verdad?
- Sí, ya tengo todos mis bolsos en tu casa, falta ordenar pero quería venir a verte. Además, ya hablé con el dueño de la inmobiliaria.
-Sonrió.- Qué lindo saberlo, me dan más ganas de recuperarme rápido.
-Sonreí.- Ya vamos a estar en casa, vas a ver.
- ¿Vos decís?
- Confía.
- Eso intento.
- No te me pinches.
- Es un bajón estar acá Pau.
- Ya lo sé, es una situación horrible, pero ya va a pasar.
- Igual, estando con vos es un poquito menos horrible.
-Sonreí.- Sos tan lindo. –Lo besé.- Come que se te va a enfriar.
- ¿Vos no comes?
- Comí antes de venir.
- ¿Segura, no?
-Reí.- Sí, comí en tu casa.
- Nuestra casa. –Sonreí, no podía ser tan tierno.-
-
Después del almuerzo vino la parte más tediosa del día, médicos y enfermeros que se paseaban por la habitación y creían que yo era su muñeco.
Me desinfectaban la herida, me tomaban la presión, controlaban mi corazón, siempre tenían que pincharme por alguna razón y ya estaba harto.
- Doctor.
- ¿Qué?
- ¿Puedo salir hoy?
- Dejeme ver si hay alguna silla de ruedas.
- ¿Cuándo voy a poder caminar?
- Estaba pensando en eso, en un rato vengo con un kinesiólogo. Igual, olvídese de ir al parque caminando.
- Está bien.
Los médicos salieron y Paula entró.
- ¿Y?
- Me dijo que en un rato viene con un kinesiólogo para ver si puedo, al menos, pararme y que capaz a la tarde pueda salir.
- Buenísimo Pepe.
- Sí. –Dije y suspiré.- ¿Venís acá conmigo?
Me senté como pude, ya que me tiraba la herida y la invité tomándola de la mano.
- Necesito sentirte cerca.
- Yo estoy acá con vos.
- Lo sé, te juro que lo sé. –Besé su mejilla.-
Pau se acomodó y me abrazó por el pecho, apoyó su cabeza en mi hombro y con su mano de atrás comenzó a jugar con mi pelo.
- ¿Así de cerca está bien? –Preguntó y yo busqué su mano libre.-
- Siempre sabes lo que necesito.
- Te lo veo en los ojos.
- Me da un poco de miedo igual.
- ¿Qué cosa?
- Que me conozcas tanto.
-Rio.- Vos también me conoces demasiado, más de lo que yo creo. Ya lo dijimos una vez, estamos quemados.
- Y me encanta. –Ella levantó su cabeza y nos besamos.- Necesito un beso de verdad. –Dije quejándome y ella sonrió, tomó mi nuca entre sus manos y volvió a besarme, esta vez con más intensidad.-
- Tampoco puedo hacer mucho porque lo único que me falta es que te agites y te haga mal.
-Reí.- Quedate conmigo, veni… -Hice que apoyé su cabeza en mi pecho y ella sonrió.- Que vos también necesitas mimos.
Su mano se entretuvo con el vello de mi pecho y yo jugaba con su cabellera. Nuestras respiraciones iban a la par y ninguno de los dos tenía sus ojos abiertos.
Necesitábamos sentirnos, reencontrarnos. Pasar un rato juntos aunque estuviésemos incómodos.
¡Y justo tuvo que entrar el médico! ¿Más inoportuno para qué?
Pau se levantó de inmediato y yo suspiré, aunque nunca soltó mi mano.
- Pedro, el kinesiólogo te va a revisar.
- Espero afuera Pepe. –Dijo Pau.-
- Puede quedarse si quiere señorita. –Dijo el doctor y ella se corrió a un costado.-
El médico comenzó a masajear mis piernas y creí que veía las estrellas del dolor, claro… Hacía 15 días que no las movía por mis propios medios.
- Es normal que le duela. –Dijo.- Pero si usted quiere, puede pararse e intentar caminar. No hay ningún impedimento físico.
- Quiero intentarlo.
Los médicos me ayudaron a moverme y Pau me miraba sonriendo.
Una vez que estuve sentado y mis piernas colgaban, el kinesiólogo me dio la mano.
- Yo lo ayudo a pararse y después intente caminar hasta su novia.
Ni bien mis pies tocaron el suelo me retorcí del dolor y sentía que mis piernas eran dos tanques, el médico me soltó y me tambaleé, pero no me iba a rendir tan fácil.
Caminé primero muy lento y luego un poco más rápido hasta llegar a Pau, quien me miraba sonriendo y con mirada cómplice.
Cuando estuve frente a ella la abracé porque no soportaba más el peso, ella me atajó y besó mi mejilla.
- Muy bien mi amor. –Susurró y nos dimos un beso.-
- ¿Puede volver? –Preguntó el doctor.- Apóyese en ella si lo necesita.
- Dale. ¿Vamos? –Preguntó Pau, yo la tomé del hombro y así me dirigí hasta la cama otra vez. Me senté allí y levanté mis piernas haciendo demasiada fuerza.-
- Me duele demasiado doctor.
- Es normal, los músculos comienzan a atrofiarse. Ahora no lo intenté de nuevo, pero mueva las piernas por más que esté acostado.
- Pasa que tiene una sutura a la altura del ombligo. –Agregó el doctor.-
- Bueno, como pueda. Si no lo soporta, haga solo un par de movimientos y a medida que pasa el tiempo, aumente la cantidad.
Q bueno ver q de a poco se va recuperando!, mimiroxb
ResponderEliminarAhh me encanto que ya se recupere de apoco
ResponderEliminarMe encantooo ♥♥♥ mucho amor entre los dos y contencion de pareja :)
ResponderEliminarQue lindo capitulo Cami! ya quiero leer el próximo. Me encanta como escribís!
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