sábado, 31 de enero de 2015

34.

Estábamos tapados de trabajo y caen los gasistas a clausurar el edificio por un escape de gas, okei. Al menos tendría el día libre… (Lo cual no sabía si era bueno o malo).

“Que copado. ¿Ya te sacaron los puntos?”

“Sí, igual me molesta un poco todavía… ¿Estás trabajando?”

“No, clausuraron el edificio por un escape de gas.”

“¿Queres venir a casa? A mis viejos le retrasaron el vuelo y vuelven a la noche por suerte. Estoy aburrida.”

“¿Y yo vendría a ser tu payasito?”

“Jajajaja, tonto. Si no queres venir no vengas.”

“Obvio que quiero ir tonta, en un rato nos vemos.”

“Te espero…”

Después de cambiarme salí rumbo a la casa de Paula, no sabía si era lo que más necesitaba en ese momento estar con ella, pero necesitaba despejarme.

Toqué timbre y ella salió a abrirme, con un short de jean y una remerita bastante ajustada de color fucsia, en sus pies zapatillas de lona negras. ¿Por qué era solo mi amiga?

- Hola… -Dijo sonriente.-
- Hola. –Respondí y nos saludamos.-
- Pasa…

Entramos y nos dirigimos a la cocina.

- ¿Tomamos unos tereres?
- Dale…
- Y tengo bizcochitos de la panadería.
- ¿Ves por qué sos lo más? –Reímos y ella preparó todo.-
- ¿Vamos a mi pieza que está el aire prendido?
- Dale, a donde quieras.

Subimos a su pieza y ella se acomodó en la cama con la bandeja para poder cebar el terere y yo me senté en el puff.

Pasamos la tarde charlando hasta que en un momento ella se fue al baño y a lavar las cosas de la merienda, yo me quedé solo en su pieza y comencé a mirar todo.

Descubrí que debajo de su cama guardaba varias cosas y comencé a revisar, encontré un cuaderno floreado el cual abrí y me dispuse a leer.

“Quiero dormir a su lado, en el sentido más inocente de la palabra. Quiero darle un beso de buenas noches en su frente y otro en sus labios, apagar la luz y acostarme a su lado, que el me abracé y quedarme dormida en sus brazos.
Quiero estar allí y oírlo respirar el mismo aire que yo. Quiero compartir la misma cobija y el calor que hay debajo de ella, quiero que mis pies acaricien sus piernas y oír el latido de su corazón tranquilizarse a medida que se duerme. Quiero ser lo primero que ve al despertarse y lo último que ve al dormirse. Quiero ser su mujer, quiero que me cuide, que sea tierno pero que a la vez sea salvaje cuando me haga el amor. Quiero ser su mujer, pero también quiero ser su nena. Quiero ser todo en su vida, quiero que no pueda vivir sin mí.”

Un ataque de celos me invadió al leer aquello y quería desaparecer justo en el momento que Paula volvió a la habitación y me vio con su cuaderno en la mano.

- ¿Qué haces con eso Pedro? –Gritó enojada y me quitó el cuaderno de las manos.- Son cosas privadas, no tenes por qué meterte.
- ¿A quién le escribís eso?
- ¿Qué te importa?
- Decime a quién se lo escribís. ¿No somos amigos?
- ¿Y qué tiene que ver eso?
- Que si somos amigos deberías confiar en mí. ¿Te gusta un chico?
- Sí. ¿Cuál es el problema?
- ¿No es que vos no podes estar con nadie?
- No es de tu incumbencia ese tema.
- Decime de quién estás enamorada.
- De nadie que vos conozcas. ¡Andate!
- No, no me voy a ir.
- ¿Por qué?
- Porque quiero saber a quien le escribís eso.
- ¿Por qué estás tan interesado? ¡Andate! –Dijo empujándome hacia la puerta.-
- Decime quien te gusta.
- No te lo voy a decir Pedro. –Y yo me di vuelta y cerré la puerta con llave, luego la guardé en mi bolsillo. Necesitaba saber quién carajo era.-
- ¡Sos tan infantil! –Dijo y se dejó caer en el puff.-
- Contámelo, dale.
- No, y menos así.
- ¿Así cómo?
- A los gritos, yo debería ser la enojada acá. ¡No vos!
-Suspiré y me senté en la cama.- Perdón, pero es que quiero saber.
- ¿Para qué?
- ¡Porque quiero saber!
-Suspiró y se paró, tapó su cara con sus manos y se largó a llorar.- ¿Todavía no te diste cuenta quién me gusta?
- No, no tengo idea.
- ¡Vos me gustas Pedro! Y odio que me gustes, lo odio. ¡Lo detesto! –Gritó y fue como un baldazo de agua helada cayendo en mi cabeza.-
- ¿Qué?
- ¡Lo que escuchas! No me hagas repetirlo. –Hizo una pausa.- Y ahora andate, dale.
- No, no me voy a ir.
- Andate. Esto no tiene más sentido, yo prefería ser tu amiga a no ser nada y por eso mantenía esto, pero ahora ya no tiene sentido. –Secó sus lágrimas.- Vos nunca estarías con una mina como yo. Chau Pedro. ¡Chau! –Gritó y yo dejé que lo haga, la dejé llorar y desquitarse… Mientras tanto tomaba aire para poder decirle lo que me pasaba.-

- ¿Estás más tranquila?
- No.
- ¿Podes escucharme al menos?
- ¿Para qué? ¿Para qué te rías de mí? No, gracias.
- Dame una chance, escuchame. Dale. –Dije y me acerqué a ella, sequé sus lágrimas y suspiré.-
- ¿Qué queres decirme? –Dijo muy enojada y se paró. Para alejarse de mí.-
- Que… -Hice una pausa.- Aunque no entienda cómo pasó y no sepa como se hace esto… ¡Vos también me gustas. Mucho!
- No Pedro, no. ¡No me vas a usar! Ni se te ocurra.
- Te estoy diciendo la verdad nena.
- No te creo. Sos una piedra vos, jamás podría gustarte una mina en serio y menos una mina como yo.
- ¡Me gustas Paula! ¡Me encantas! –Grité y me paré frente a ella.- Me encantas, no puedo dejar de pensar en vos. Estoy cogiendo con cualquier mina y no puedo dejar de pensar en vos. –Bajé la vista.- Pero no te lo dije porque no quiero lastimarte.
- Ya me lastimaste, ya cagaste todo leyendo mi cuaderno.
- Perdón.
- No, no puedo perdonarte, si no fuese por eso seríamos amigos como siempre. No quiero verte más. ¡Andate Pedro!

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No me peguen, por favor.

33.

"Si hay dos soledades o dos aislamientos estos ¿Son capaces de unirse? Dos islas en el medio del naufragio ¿Pueden encontrarse? ¿Pueden conocerse? ¿Pueden compartir algo?

Así me sentía, llena de incógnitas y sin ninguna respuesta. Todo era un maldito signo de interrogación.

¿Cómo poder irrumpir en esa isla? ¿O como dejar que irrumpan en la mía?

¿Cómo? No sé, no tengo ni idea. Ojala supiera al menos como empezar. Al menos si tuviese un indicio..."


Dejé mi cuaderno a un lado y me acosté a mirar tele (porque sueño no tenía ni en joda).

-

Esa noche fue rara, muy rara. Mi mente estaba inmersa en recuerdos y a cada rato ella aparecía en mi mente, como si ella fuese quien me salvara de ese calvario infernal de recuerdos. Ella, ella y ella. Era lo que quería en este momento. Lo que necesitaba.

-

Era una de las noches con más insomnio de las últimas que recuerdo, era totalmente imposible dormirme asique abandoné mi cama y fui en busca de mi cámara de fotos, que en realidad también la usaba para grabar cuando necesitaba hacerlo en la facultad. Era una Nikon Reflex.
A su vez, busqué el trípode y lo ubiqué en medio de mi patio, posé la cámara sobre el mismo y comencé a fotografiar el cielo.

Le saqué fotos a la luna, a las estrellas y a algunas nubes… Ya eran las cuatro de la mañana y estaba por amanecer, asique fui en busca de una botellita de agua y me quedé allí, para fotografiar también el amanecer.

Comenzó a caer rocío, asique entré en mi casa, la cámara se estaba quedando sin batería asique pasé las fotos a mi computadora y la puse a cargar.

Me conecté en Facebook para subir un nuevo álbum de fotos titulado: "Noche de insomnio", en el cual subi las fotos que acababa de sacarle al cielo.

A los pocos segundos recibí un "me gusta" de Pedro y luego un comentario:

"Sos tan grosa amiguita!"
Sonreí como una pelotuda mundial, aunque hubiese sido mejor sin el último adjetivo. En fin... Le escribí al wp:

"¿Te despertaste recién o pasaste de largo como yo?"

"Respuesta B"

"Jajajajja. Noche complicada."

"Totalmente, muchos recuerdos. Mi cabeza no frena ni un segundo."

"Uy, estamos exactamente en la misma."

"¿Compartimos penas? Jajaja"

"Jajajajaj"


¡Un "jajajajaja" no me alcanzaba Pedro! Necesitaba que me digas que sí y que nos veamos.

Apagué la computadora y el celular para ir al reencuentro con mi cama, necesitaba dormir al menos un par de horas.

-

Ojala pudiésemos compartir nuestras penas, ojala pudiésemos compartir algo mas que la amistad. Ojala.

Suspiré y me fui a bañar, debía ir a la oficina. (Lunes te detesto)

Después de bañarme, comí algo como para no irme con el estómago vacío y sali de casa.

Me esperaba una semana llena de cosas, el viernes teníamos un nuevo evento. La presentación del nuevo Iphone para la Argentina, debíamos terminar los ploteos y quien sabe cuantas cosas mas.

Sali del laburo demasiado tarde para lo que acostumbro, pero nada iba a arruinar mis planes de romper la noche como se debe.

Llegué a casa, comí un sándwich de milanesa y me tiré un rato a ver la tele.

-

Mi mamá me había avisado que volvían el martes a la noche y la poca tranquilidad que había logrado tener se desmoronó en una centésima de segundo (o menos).

Esa tarde por fin habían quitado los puntos de mi pie, ya podía ponerme una zapatilla al menos.

Después de cenar le saqué una foto a mis pies calzados para enviársela a Pedro, pero nunca tuve respuesta.

Era mi última noche en paz y no la iba a desaprovechar, tenía ganas de cantar y por primera vez me iba a filmar… Sí, estaba algo loca. O muy loca, o no sé.

Ubiqué la cámara para que me tomara de cuerpo entero en un vértice de mi habitación, puse un aparato que tenía para captar sonido cerca de mí pero sin que entrara en el encuadre de la cámara y comencé a grabar, me sentía liberada como pocas veces en mi vida.

“Quiero en silencio velar tu sueño esta noche, como las hojas que esperan que el viento las roce.
Yo que tanta veces me vestí de palabras, ahora solo puedo callar y mirarte cuando duermes como un ángel sin alas, es que me cuesta...
No despiertes, no despiertes, no despiertes.
Algo tan simple y hermoso germina aquí dentro mientras acaricio tu pelo en secreto.
Yo que tanto hablé de los imperios que caen, de Sócrates y de religión. Yo que recitaba los poemas de Bécquer no puedo con esta canción.
Tan sencillo es decir te quiero, es que no tengo el valor.
No despiertes, no despiertes, no despiertes.
Que no quiero tener que mentir y estoy de rodillas ante lo que no puedo decir.
Quiero en silencio velar tu sueño esta noche, como las hojas que esperan que el viento las roce.”


Claramente no podría haber elegido una canción que me haga llorar más que esa, hice todo lo posible por no quebrarme en medio de la grabación y lo logré.

Corté la cámara y me ahogué en llanto, era tan pero tan igual lo que decía la canción a lo que me pasaba a mí.

No podía decirlo, no quería decirlo. No me salía. No.

Lavé mi cara reiteradas veces en el baño y me dediqué a editar el video, sin poder dejar de llorar.

Al final, lo que intentaba ser mi última noche en paz terminó siendo una de mis noches típicas, llorando (por el motivo que sea, pero llorando)

Post-data: odiaba ser tan llorona. LO ODIABA.

-

Estaba acostado en mi cama, completamente exhausto y completamente desnudo.
Clarita me había dejado así, no podía más. Creo que me dormí en menos de lo que canta un gallo. (O como sea el refrán).

-

Y esta noche volvió a ser igual a la anterior, había amanecido y yo seguía sin poder dormirme. ¡La puta madre!

Ojala alguien pudiese extirparme el cerebro o al menos las ideas para poder dormir en paz una noche. Tan solo una.

Mi vida que era una mierda y que no me animaba a cambiarla, que no me animaba a cambiar. Odiaba esto, necesitaba que alguien me alentara a hacerlo. Necesitaba que alguien me diera la mano, sola no podía. De verdad.

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Hola, he aquí capítulo de sábado ☺

La canción que Paula canta en este capítulo es una que amo demasiado, se llama Música para un secreto y este es el link https://www.youtube.com/watch?v=PLvMBOeYSxc

Espero que les guste y comenten que les parece!

viernes, 30 de enero de 2015

32.

Estábamos los dos sentados en mi cama, enfrentados. Yo me había vestido y ella tenía su pie lastimado sobre la cama.

- Mira Pepe, yo te conté lo peor que me pasó en la vida… No quiero que suene a reproche, sino que te lo digo para que te des cuenta de la confianza que hay entre nosotros.
- Lo sé, no es falta de confianza, es vergüenza. Es que odio que me vean así.
- Si queres, escondete para el mundo pero no conmigo.
-Suspiré, iba a comenzar con mi tedioso relato.- Bueno… -Pausa.- Yo nací con un problema cardíaco, eso ya lo sabes… -Paula asintió con su cabeza.- Al principio no sabían qué era lo que tenía, hasta los 3 meses de vida estuve internado, vivi internado, enchufado a cables y máquinas, sometido a millones de estudios y 2 operaciones. Cuando cumplí los 3 meses me dieron el alta y mis viejos pudieron llevarme a mi casa, pero por supuesto que no era un bebé normal, tenía ataques de asma y necesitaba no sé cuántos remedios.
El tiempo pasó y hasta los 2 años no tuve más complicaciones, en ese momento tuvieron que volver a operarme y hasta el día de hoy llevo 8 operaciones del corazón. Esta cardiopatía me obliga a, cada tanto, pasarme unos días adentro del hospital y a tener ataques de asma a cada rato. Hay veces que los ataques de asma no son más que eso y usando el puff se pasan y hay otras tantas que el asma se mezcla con angustia, como lo que me pasó recién.
Vivo atado a esto, a esta enfermedad… Y voy a vivir atado para siempre y lo odio. –Hice una pausa.- Y mis viejos… -Mis ojos se llenaron de lágrimas.- Cuando yo tenía 4 años, a mi vieja le descubrieron un cáncer de Colón muy avanzado, le dijeron que podía ser una somatización de lo que me pasaba a mí y como estaba tan pendiente de mí nunca se hizo ningún chequeo en ese tiempo. –Dije ya llorando.- Y mi viejo, falleció de depresión, nunca soportó el perderla. –Sequé mis lágrimas.- Mi abuela me cuidó a partir de ese momento, ella fue mi segunda mamá, pero cuando tenía 18 falleció, estaba viejita. –Confesé ya sin poder contener las lágrimas.-

Paula me abrazó y acarició mi nuca.

- No es tu culpa lo de tu mamá.
- Sí, es mi culpa.
- Hey, no. No es tu culpa. La mayoría de los padres dan la vida por sus hijos. –Se separó un poco de mí.- Quedate con el ratito bueno que tuviste con ellos, no te quedes con la culpa. Recordarlos con una sonrisa, ellos te amaron. Ya sé que debe ser horrible no tenerlo, pero al menos valora que tuviste esa suerte… Yo sé por qué te lo digo. –Y yo no pude decir más, tan solo volví a abrazarla.
- Desde que mi abuela no está que no recibo un abrazo así. –Ella besó mi mejilla y nos abrazamos aún más fuerte.-

Después de un rato, ella estaba acostada en mi cama mirando y la tele y yo entré a mi habitación con mate y galletitas.

- Gracias, te juro que no puedo apoyar el pie de lo que me duele.
- No es nada, yo ya estoy bien.
- ¿Seguro?
- Sí, me hizo bien contártelo.
- ¿Viste? Te dije que te iba a hacer bien sacarlo afuera. –Dijo mientras preparaba el mate.-
- Es que me cuesta.
- Lo sé, porque somos muy parecidos en eso.
- Es verdad. –Reímos.-

-

La tarde pasó entre medio de mates y galletitas y el sol estaba escondiéndose.

- Debería irme…
- ¿Ya?
- Estuve todo el día acá. –Dije riendo.-
- Tenes razón, pero podes quedarte si queres.
- ¿Queres que me quede?
- ¿Queres quedarte? –Reímos.-
- Si queres me quedo, cenamos y después me voy.
- Dale, sí.
- ¿Y qué cenamos?
- No sé, después vemos. –Dijo acomodándose en la cama.-
- ¿Qué se supone que vas a hacer? ¿Dormir?
- No tonta, veni… Acostate y vemos una peli o algo.
- Bueno, está bien.

Vimos una peli que él tenía grabada en el Plus de Directv y cuando terminó hice unos fideos, la alacena de Pedro estaba más despoblada que el desierto de Sahara. (En serio)

- Ahora sí, me tengo que ir de verdad.
- Está bien, anda. –Hizo una pausa y bajó la mirada.- Gracias por lo de hoy, de verdad.
-Lo abracé.- No agradezcas… Cualquier cosa llamame. ¿Sí?
-También me abrazó.- Gracias.
- A vos. –Nos separamos un poco para despedirnos y yo salí para caminar hasta la esquina, en donde pedí un taxi que me llevara a mi casa. Con el pie así no podía hacer demasiado.-

Cuando llegué a mi casa, busqué una botella de agua y me fui directamente a mi cuarto, le había prometido a Zai que esa noche hablaríamos vía Skype y eso era lo que estábamos haciendo.

- ¡Hola loquita! –Dije al verla en la pantalla.-
- Hola primita. ¿Cómo estás?
- Con el pie roto… -E hice que la cámara muestre mi pie.-
- ¿Qué te pasó?
- Una tormenta tremenda explotó una ventana de casa, no había luz y bueno… Me pasé como dos horas así hasta que vino Pepe… -Sonreí.- Me acompañó al médico, me cosieron y se encargó de todo.
- Ah, pero estás hasta las manos.
- Y creo que más también. –Confesé con mis mejillas coloradas.-
- ¿Pasó algo más?
- Sí… -Le conté lo que había pasado esa tarde.- Pero no sé, es una máquina de tener sexo, todo el tiempo, nunca estuvo solo con una mina. No lo creo capaz de ser fiel, es imposible. ¿Nunca chape con nadie y el tipo con más cogidas de la Argentina me va a dar bola a mí? Estaría bueno que alguien me baje de un hondazo.
- ¿Vos estás segura de que a él no le moves ni un pelo?
- No… Bah, no sé. Capaz le mueva un pelo o varios –Reímos.- pero para llevarme a la cama y ahí se terminaría todo. Y con el pánico que le tengo a eso, mejor no. Prefiero ser su amiga a ser nada.
- Mientras esto no te termine lastimando.
- Me encogí de hombros.- ¿Vos decís que las balas pueden seguir entrando después de tanto?
- No sé, pero cuidate. No seas boba.
- Es que no tengo ni idea de lo que se hace en estos casos.
- Tantealo.
- ¿Eh?
- Trata de que te dé algún indicio de si le gustas o no.
- Voy a ver, no sé.
- No dejes que te use.
- ¿Vos decís que todo es mentira?
- No, no digo eso. Solo que no te use, sos muy vulnerable y puede usarte sin que te des cuenta.
- Puede ser, no sé.

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¿Cada vez más cerca o cada vez más lejos?

jueves, 29 de enero de 2015

31.

A la mañana siguiente me desperté y tenía tanto la sensación como la certeza de que no podía respirar.

Sabía que no era una crisis de asma más, lo sabía y lo sentía. Aún así, intenté un par de veces con el puff, pero claramente no funcionó. No podía moverme de mi cama, no tenía fuerzas: hoy era uno de esos días en los que la soledad se hacía totalmente inminente. (Al menos, era sábado.)

Había veces que no podía tapar la tristeza que me recorría con nada, y cuando digo nada es NADA. La tristeza me tomaba el cuerpo de pies a cabeza y me dejaba así, tirado en la cama pensando en una sola cosa: poder seguir respirando… Sino moriría.

Según el psicólogo que me había atendido hacía mucho tiempo, era un ataque de pánico, según el médico era un ataque de asma. Porque claro, cada uno piensa y dice lo que se le canta… Mientras tanto yo estoy acá, tratando de respirar.

Me sentía mareado, perdido… Lo único que necesitaba era a mi mamá, a mi mamá entrando por la puerta de mi habitación con su cremita mágica. Necesitaba que ella se siente a mi lado y que haga que apoye mi cabeza en su regazo, que quite mi remera y que haga masajes con su crema en mi pecho.

Las lágrimas me inundaron los ojos y ahora sí que no había vuelta atrás, sería imposible salir de esta crisis, al menos hoy.

Me ahogaba, me ahogaba y no sabía como frenarlo. No podía dejar de toser, ni de llorar. No podía, esta mierda me vencía. La tristeza afloró y me tomó por completo.

Pasó mucho tiempo (O esa fue mi percepción) cuando escuché sonar el timbre… ¿Quién era? ¿Qué quería? ¡No me podía mover!

Tapé mi cabeza con la almohada y sonó mi celular. ¡La puta madre!

‘Pepe… ¿Estás en tu casa? Estoy en la puerta.’

‘Estoy, pero no puedo abrirte.’

‘¿No estás solo? Perdón.’

‘No, no es eso. Es que no puedo.’

‘¿Estás bien?’

‘No.’

‘Con más razón, abrime.’

‘No quiero que me veas así.’

‘No pienso moverme de acá hasta que me abras, aunque el pie se me haga una bola de hinchazón.’

‘No seas así…’

‘¿Así cómo? No sé que te pasa, pero vos te bancaste todo lo de la tormenta conmigo, si puedo ayudarte… Quiero hacerlo.’

‘Andate, de verdad.’

‘¡No Pedro!’


Suspiré y dejé el celular a un lado, no quería ponerme nervioso, en realidad todo lo contrario, quería tranquilizarme y eso es lo que intenté, pero no podía y era la realidad. No podía.

Pasó media hora reloj y me asomé por lo poco que estaba abierto de mi persiana, Paula seguía allí. Suspiré y abrí la persiana un poco más, le tiré las llaves y le mandé un wp diciéndole que suba. No pensaba moverme de la cama, no quería ni que me viera.

- Hola… -Dijo Paula ingresando a mi cuarto.-
- Hola. –Respondí dándole la espalda.-
- Pepe… ¿Estás bien?
- Te dije que no, quiero estar solo.
- Decime que te pasa y me voy.
- ¡Solo dije Paula! –Ella suspiró y se sentó a mi lado.-
- ¿No puedo ayudarte en nada?
- No.
- ¿Me puedo quedar en el living y cualquier cosa que necesites me llamas?
- Si queres.

Ella se levantó…

- Cerrame la puerta por favor.

Ella hizo lo que le pedí y me dejó a solas. Necesitaba tranquilizarme porque no podía permitir que Paula me viera en ese estado.

Pasó una hora más y ella volvió a entrar en mi cuarto, sin pedir permiso.

- Me siento una pelotuda estando allá. –Sentenció y se sentó a mi lado.-
- Y yo me siento un pelotudo porque no quiero que me veas así.
- ¿Así cómo? Contame que te pasa. Dale.
- Asma, angustia, recuerdos, pánico. No sé que me pasa, ni los médicos me lo dijeron. –Hice una pausa, tratando de que el llanto no impidiera el que pudiese hablar.- La única que podía calmarme era mi mamá y después mi abuela.
- ¿Y cómo lo hacían?
- No importa.
- Sí que importa. Decime.
- Hacían una mezcla con crema, limón y menta y me la pasaban en el pecho. Eso me ayudaba a respirar.
- ¿Hay eso en tu casa?
- Sí.
- Entonces vas a ver que voy a ser la tercera mujer capaz de tranquilizarte. –Yo sonreí y ella se fue.-

A los pocos minutos volvió con esa mezcla en un pote y no podía creer que existiera alguien en el mundo como ella. Sí, así de asquerosamente cursi.

- ¿Te la pones vos?
- No, vos… ¿Queres?

Ella no dijo nada, tan solo se sentó a mi lado e hizo que apoyé mi cabeza en sus piernas. Llenó sus manos de crema y comenzó a pasarlas por mi pecho.

De a poco, comenzaba a tranquilizarme o al menos a respirar normalmente. Me costaba demasiado dejar de llorar, pero tenerla a ella allí me hacía sentir un poco menos solo.

- Gracias.
- Sh, no me lo agradezcas. Vos tranquilo. ¿Sí?
- Me da mucha vergüenza que me veas así.
- Si no te ve así una amiga… ¿Quién podría ayudarte? No seas tonto.
- No me gusta que me van frágil.
- Todos somos frágiles y todos intentamos tapar esa fragilidad. Somos así de boludos.
-Reí.- Es verdad.
- ¿Estás mejor?
- Bastante… -Hice una pausa.- Gracias, en serio.
- No tenes nada que agradecer… -Se levantó.- Me voy a lavar las manos y vengo.
- Dale.

-

Salí del cuarto y entré en el baño, apoyé mi espalda contra la puerta de la misma y suspiré. No podía quitar de mi mente la sensación que recorría mi cuerpo cuando mis manos hacían contacto con mi cuerpo, era algo así como una electricidad que me recorría completa.

La atracción era innegable.

Intenté distraerme para lavarme las manos y volver a la habitación. (Y eso es lo que hice).

- ¿Queres contarme qué pasó con tus viejos?
- Es largo…
- No importa… Te va a hacer bien sacar algo de todo lo que tenes adentro.

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Remedié mi maldad de ayer o aún no?..

miércoles, 28 de enero de 2015

30.

Al día siguiente, me desperté casi al mediodía porque Pedro estaba a mi lado…

- Buen día dormilona. –Dijo con una bandeja de desayuno sobre sus piernas.- Ya es casi el mediodía, los vidrios están puestos en la ventana y el almuerzayuno hecho.
-Reí.- ¿Todo eso hiciste?
- Todo eso… Dale, que tenes que comer así podemos ir al hospital a que te hagan las curaciones.
- ¿No fuiste a trabajar?
- No, excusa médica. Con mi problema, en estos casos, puedo mentir un poquito.
-Sonreí.- Gracias… -Me senté y él dejó la bandeja sobre un puff.-
- Ya te dije que no agradezcas más.
- Dejame hacerlo.
- Nuestras charlas siempre son lo mismo.
-Reí.- Bueno, bancatela por ser tan bueno conmigo. –Y mordí una tostada.-
- Si quiero me la banco eh.
- Bueno, bueno che.
- ¿Bueno qué?
- Malo.
- ¿Yo? ¿Malo?
- Sí, porque no aceptas que sos un amor.
-Rio.- Mmm… Comamos mejor.
- Sí, mejor.

-

Odiaba desarmarme tanto ante ella, lo detestaba. Quería mantenerme fuerte, dentro de mi coraza. Quería poder ser el mismo hombre rudo de siempre, quería… quería… ¡Y no podía!

Después de comer, ella se cambió y salimos rumbo al hospital en donde le hicieron las curaciones.

- ¿Vamos a la plaza de acá a la vuelta?
- ¿Ya podes caminar?
- Me dijo que sí, sin abusar. Pero ya puedo apoyar.
- Entonces vamos, dale.

Caminamos lento, para poder ir a la par (o en realidad yo a la par de ella) hasta que llegamos a la plaza, nos sentamos en un banco y pusimos música con su celular, cada uno tenía un auricular.
Sus labios susurraban la letra de la canción que estábamos escuchando y eso me volvía simplemente loco…
Ella sacó la botellita de agua de su mochila y tomó la pastilla, mientras yo (detrás de mis anteojos negros) no podía dejar de observarla.

- ¿Volvemos? –Preguntó.- Tengo un poco de frío.
- Volvamos, dale.

Nos levantamos y caminamos hasta la esquina, paramos un taxi y nos dirigimos rumbo a su casa.

Ella me pagó los vidrios (ya que los había pagado yo) y yo me fui, debía entregar unas cosas en el laburo.

-

La luz de mi velador, mi cuaderno y yo.

“La soledad parece dar miedo, pero aunque duele, termina convirtiéndose en un lugar confortable. La soledad se transforma en un lugar común pero cómodo en el que nadie se da el derecho ni de lastimarte ni de molestarte, pero tampoco nadie te hace reír o te da un poco de cariño.

La soledad no es estar un rato a solas, la soledad es esa que todas las noches te oprime el pecho y se te cuela en los huesos. Es esa sensación de no querer ni poder respirar más porque sentís que a nadie le importas.

La soledad es esa realidad que en el día intentas tapar con todo lo que puedas, pero que de noche se hace inminente.

Inconscientemente (o no) uno termina utilizando esa soledad como una fortaleza, para que nadie pueda entrar a lastimarte. Es una caja de roble, con una pequeña ventana (para no ahogarse, aunque eso es lo que uno quiera).

Pero… ¿Qué ocurre cuando alguien se anima a asomarse por esa ventana? ¿Qué se hace cuando alguien irrumpe en esa soledad? Termina dando más miedo la compañía que la soledad.

¿Es posible salir del lugar de comodidad y animarnos a algo nuevo?”


Y esta vez el texto no finalizó con un punto sino que lo hizo con una lágrima que cayó en el cuaderno.

-

Era la medianoche y yo estaba saliendo rumbo al boliche, sí: otra vez. Necesitaba volver con alguna rubia o morocha a mi casa.

-

Me preparé una ensalada para cenar y así lo hice, mirando la tele. Lavé todo y me dispuse a leer, no tenía sueño… Claro, había dormido hasta el mediodía. Definitivamente me esperaba una larga y tediosa noche.

-

Y así como lo planeaba, ocurrió. Estaba entrando a casa con una morocha infernal, sus curvas pedían estar desnudas a los gritos.

- Qué linda casa que tenes papito. –Dijo mientras me abrazaba por el cuello.-
- ¿Te gusta bebe? –Pregunté y la apoyé contra la pared.-
- Me encanta.
- Igual, me parece que mi habitación capaz te guste un poco más. –Dije mientras mi mano se deslizaba por su espalda logrando desabrochar su corpiño de encaje.-
- Vos me gustas… En cualquier lado va a estar bien.
- ¿En cualquier lado?
- Donde vos quieras…
- ¿Dónde yo quiera? –Pregunté mientras quitaba su remera y me deshacía de su sostén.-
- Donde vos quieras… -Repitió.-

-

Terminé el libro y seguía allí, con mis dos ojos cual huevos fritos. ¡Genial!

No tenía de ganas de hacer demasiado, asíque busqué una película en el cable y me quedé allí, sumergida en mi cama con la película de fondo. Sí, de fondo… Porque sinceramente lo único que esperaba era una llamada, un mensaje o una señal de Pedro.

-

¡Gol! Noche de primera, ideal.


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Pedro no puede contra su naturaleza, disculpen. No me odien.

Y sí, volví a cambiar el blog porque esas fotos son todo lo que está bien sobre este mundo ♥

martes, 27 de enero de 2015

29.

Estaba intentando dormir cuando una tormenta eléctrica comenzó a caer en mi ciudad… Bah, ojala fuese solo una tormenta eléctrica… Al agua, los rayos y relámpagos los acompañaba un viento infernal. Me apuré a cerrar todas las ventanas de mi casa, es decir, los vidrios…

Se escuchaban cosas volar por el aire y los relámpagos iluminaban toda mi casa, la luz se cortó y literalmente entré en pánico. Nunca había visto una tormenta así y me daba mucho miedo.

Intenté tranquilizarme escuchando música, pero la batería de mi computadora estaba casi por morir y no quería gastar la de mi celular, no sabría si la necesitaría.

En fin, estaba sola y afuera sucedía la tormenta del siglo. Bello momento. ¿No?

-

Me desperté y en la ciudad había pasado una tormenta arrasadora la cual ni siquiera escuché, en casa no había luz y cuando abrí la persiana el paisaje era verdaderamente horrible… Árboles y postes caídos, todo inundado, autos flotando y a lo lejos algunas casas sin techo.

Busqué mi celular y llamé a Paula, porque esas casas destruidas estaban cerca de donde vivía…

- Hola… -Escuché que su voz estaba llorosa.-
- Pau. ¿Cómo estás? ¿La tormenta?
- Se explotó una ventana en mi casa, tengo el pie todo cortado y no me puedo mover porque no puedo apoyar…
- ¿Y por qué no me llamaste mujer? Ahora aviso que no voy al laburo y voy a tu casa. Trata de que no te sangre mucho.
- Apurate, por favor.
- Me apuro…

Hice lo más rápido que pude y creo que en menos de media hora ya estaba en la casa de Paula, ella saltando me abrió y yo la ayudé a sentarse...

- Pau, esto te lo tiene que ver un médico.
- ¿Me acompañas?
- Sí, dale. Pero vendatelo con algo.
- Anda al baño y busca en el mueble, creo que hay algunas ahí...
- Ahora busco.

Busqué las vendas y como pude, la vende...

- ¿Qué hago con esto?
- Después vemos, ahora vamos a que te vean. Dale.

Pedimos un remisse y fuimos a un hospital en donde le suturaron dos heridas y el resto se las curaron. Salió caminando como podía y yo le sonreí.

- ¿Vamos a tu casa?
- Por favor.

Ella se agarró de mí para poder caminar sin apoyar demasiado su pie herido y volvimos en taxi. La ciudad estaba completamente desbastada.

Llegamos a la casa de Paula y se sentó en el sillón con la pierna en alto para que no se le hinche.

- Bueno, para arrancar esto habría que juntarlo. -Dije por los vidrios.-
- Yo te ayudo.
- Vos te quedas ahí y si queres me das charla...
- Pero...
-La interrumpí.- Pero nada. Te quedas ahí.
- Gracias... Podría ser charla y mates. ¿No?
- Podría ser, acepto.

-

El pie me dolía demasiado y ya no sabía en que maldita posición ponerme. Estaba histérica y lo sabía, pero no quería demostrarlo… Bastante ya se estaba bancando, limpió todo el desastre y tiró en una bolsa de consorcio los dos vidrios rotos y los marcos de ellos.

- Gracias Pepe, de verdad.
- No agradezcas… -Se sentó a mi lado.- Ahora hay que reponerlo.
- Sí… Voy a ver si la llamo a mi mamá, para que lo pague ella.
- ¿Queres llamarla ahora así los encargamos?
- Bueno, dale.

Llamé a mi mamá y después de explicarle todo lo sucedido, accedió a poner la plata lo cual me alivió bastante. No quería gastar mis ahorros en eso definitivamente.

Hice el encargo por teléfono y tenían como para un mes… Genial.

Pedro, sin pedirme permiso me sacó el teléfono y se alejó. ¿Qué?

A los minutos volvió y me devolvió el teléfono.

- Te los traen mañana.
- ¿Qué? ¿Cómo hiciste?
- Los presione un poco, no te preocupes. Lo importante es que mañana te los traen y yo me quedo con vos hasta mañana, así estoy para cuando vengan.
- Ay, sos lo más. Gracias, de verdad.
- Ya te dije que no agradezcas. ¿Cómo anda ese pie?
- Mal, ahora me late. Es un embole.
- A ver… Veni… -Movió con cuidado mi pie e hizo que lo apoye en sus piernas y con cuidado, me hizo algunos masajes (obviamente que sin tocar mis heridas).
- El día que una mujer te enamore de verdad va a tener ganado el cielo con vos al lado. –Dije tratando de que mis mejillas no se tornaran rojo tomate.-
- ¿Vos decís?
- Sí, te haces el rudo y sos un amor. –Él rio.-
- Ponele. –Reímos y me acurruqué en el sillón, había dormido demasiado mal y me moría de sueño.-
- ¿Te jode si duermo un rato? La pasé horrible anoche.
- ¿Cómo me va a joder? Te dejo dormir acá y yo me conecto con la compu del laburo que me iban a mandar cosas por mail para hacer.
- La clave del wifi es el teléfono de casa…
- Genial, ahora me fijo. –Se corrió del sillón y yo me acomodé como pude.- Descansa.
- Gracias, de verdad.
- Sh… -Reímos y él se fue a la cocina, yo me quedé dormida a los pocos minutos.-

-

Cuando me aseguré de que estuviese completamente dormida no pude evitar acercarme a ella, me senté en el suelo y corrí el pelo de su cara. Era tan hermosa. Sonreí cual idiota y me quedé mimando su pelo un largo rato, podía pasar todo el tiempo del mundo observando las facciones de su cara y realmente me sentía un verdadero pelotudo. (Aún así no podía evitarlo).

Paula empezó a moverse, asique salí rápidamente de allí y simulé estar haciendo algo en mi celular…

- Buenas noches… -Dije sarcásticamente cuando vi que ella abrió sus ojos.-
- Hola… ¿Qué hora es?
- Las seis de la tarde.
- ¿Ya?
- Sí… -Reímos.-
- Tengo que tomar el antiinflamatorio…
- Ahora te lo traigo.
- Hey, dejame hacer algo.
- No, al menos hoy cuidate. Dale.
- Pero…
- ¡Te dije que nada de peros!

Yo reí y él me alcanzó la pastilla con un poco de agua, le agradecí y me tomé el remedio.


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1... 2... 3... probando! Aquí el capítulo de hoy y, solo para que se vayan poniendo ansiosas, voy comentando que falta poquito para que pase eso que tanto piden y quieren! ♥

lunes, 26 de enero de 2015

28.

Era un día bastante aburrido, desde que había llegado a la oficina que lo único que hice fue analizar resultados de las gráficas… Según encuestas que no sé muy bien quién se encargó de hacer, porque sí, entré a trabajar y lo único que hacía era diseñar, pero me fueron ascendiendo y ahora mi trabajo suele ser más aburrido. En fin…

Prendí la radio para ponerle un poco de alegría al aburrimiento y comenzó a sonar Paloma de Calamaro… Un puñal en el medio del pecho.

“Mi vida fuimos a volar
Con un solo paracaídas
Uno sólo va aquedar
Volando a la deriva
Vivir así no es vivir
Esperando y esperando
Porque vivir es jugar
Y yo quiero seguir jugando
Le dije a mi corazón
Sin gloria pero sin pena
No cometas el crimen, varón
Si no vas a cumplir la condena
Quiero vivir a veces
Para poder olvidarte
Quiero llevarte conmigo
Y no voy a ninguna parte

No te preocupes, paloma
Hoy no estoy adentro mío
Tu amor es mi enfermedad
Soy un envase vacío
No te preocupes paloma
No hay pájaros en el nido
Dos ilusiones se irán a volar
Pero otras dos han venido
Si me olvido de vivir
Colgado de sentimientos
Voy a vivir para repetir otra vez
Este momento
Te bajaría del cielo, mujer
La luna hasta tu cama
Porque es muy poco de amor
Sólo una vez por semana

Puse precio a mi libertad
Y nadie quiso pagarlo

Te cambio tu corazón por el mío
Para mirarlo y mirarlo

…de gloria, mujer
Quiero un pedazo de cielo
Para invitarte a dormir
En la cama o en el suelo

Un sacrificio ritual bién o mal
Yo quiero hacerle a mi estrella
Sin principio ni final
No quiero vivir sin ella.

“Soy un envase vacío.” Eso soy. Publiqué esa frase en Facebook y suspiré: No quiero vivir sin ella.

Necesitaba que sea la noche, necesitaba al menos abrazarla.

-

Sonreí tristemente al leer el estado que Pedro publicó en Facebook, como quisiera poder llenar ese envase Pepe, como quisiera poder ser una mina normal y sacarte de ese agüero negro en el que estás. Como quisiera que vos me saques a mí también.

Suspiré y al rato me quedé dormida…

Unas horas después, me desperté llorando y no entendía demasiado por qué. Solo sabía que necesitaba su abrazo, solo sabía que necesitaba sentirlo cerca. Sentir su piel, sentir su olor. Lo necesitaba y me odiaba por necesitarlo.

-

Amor: (según el diccionario)

1. Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.
2. Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.


Ajam… Creo que lo que estaba empezando a sentir por Paula no se asemejaba a ninguno de esos dos significados porque claramente todavía no sabía qué era lo que sentía por ella. Solo sabía que la necesitaba a mi lado, todo el tiempo. Pero me asustaba que eso en algún momento pudiera convertirse en amor, amor de verdad. Un amor que no conozco, que no sé lo que es y que me da pánico. No sé lo que es vivir atado a alguien y no quiero saberlo. No sé ser fiel y no creo que pueda serlo.

Suspiré, mi cabeza era un desastre. Sonó el timbre y me levanté a abrir, seguramente era ella. (Aunque era algo temprano).

Abrí la puerta y ella no dijo nada, tan solo me abrazó y yo también la abracé. Estaba llorando.

- ¿Estás bien?
- No sé… -Respondió ella.- Me desperté llorando y necesitaba un abrazo, perdón. –Dijo y se separó un poco de mí.-
- No pasa nada. –Cerré la puerta.-
- ¿Puedo pasar al baño?
- Obvio tonta, pasa.

Ella fue al baño y yo me quedé extrañado, quisiera poder abrazarla y contenerla. Pero juro que no me salía, no sabía como hacerlo.

- ¿Estás mejor?
- Sí, sí. No te preocupes.
- Pero estabas llorando.
- Sí, ya sé. Pero no es tan atípico en mí. –Dijo riendo.-

Yo no dije nada y tan solo volví a abrazarla.

- Gracias… Me encanta cuando le sale algo tierno a este Pedro tan rudo.
-Reí.- Te quiero chiquitita.
- Yo también te quiero bobo. –Reímos y me abrazó más fuerte.- ¿Tenes algo en la alacena?
- Mmm… No sé.
- ¿Nos vamos a cagar de hambre como la vez pasada? –Se separó de mí y se dirigió a la cocina.-
- Sinceramente no sé que hay, fijate.
- Yo no te pienso cocinar eh, pedi una pizza.
- Okei, okei. A sus órdenes. –Reímos.-

Un rato después, tan solo quedaban 3 porciones de pizza frías y un poco de gaseosa caliente.

Estábamos sentados en los sillones, charlando de banalidades…

- No doy más… -Dijo acomodándose en el sillón.-
- Dormí si queres…
- No quiero dejarte solo.
-Me encogí de hombros.- No me molesta que duermas, ni que te quedes… Lo sabes.
-Sonrió.- No quiero dormir igual, al menos no por ahora. –Hizo una pausa.- ¿Hoy estuviste escuchando a Calamaro?
-Reí.- No, solo pasaron un tema en la radio.
- ¿Y por qué posteaste esa frase?
- Porque a veces me siento así, no sé. Pintó.
- ¿Solo pintó? Me parece que no es eso y no lo queres aceptar.
- ¿Qué tengo que aceptar?
- Que necesitas sentar cabeza.
- Soy muy joven para eso. –Dije riendo.-
- Sos un gil cuando queres eh.
- ¿Y qué debería hacer señorita sabelotodo?
- Rodearte de gente que te quiera y no que te use.
- Es mi vida igual eh.
- Te lo digo porque quiero verte bien, al fin y al cabo es tu vida y podes hacer lo que quieras.
- Gracias, supongo. –Cambié de tema.- ¿Queres un chocolate?
- Cambia de tema no más… Dale, quiero.

Me levanté y busqué unos chocolates, le ofrecí uno y yo me comí otro.

- ¿Te quedas a dormir?
- No, me vuelvo a casa…
- ¿Segura?
- Sí, aprovecho que todavía no volvieron.
- Bueno, está bien.
- ¿Te jode si ya me voy?
- No Pau, anda… Sino se te va a hacer muy tarde. –Ella se levantó y yo también lo hice.-
- Te aviso cuando llego igual. –Asentí con mi cabeza y nos despedimos, ella tenía llave del hall asique salió de mi casa y cerré la puerta.-

Me dejé caer en el sillón y suspiré. No habíamos hecho nada y aún así había amado esa noche.

Al recibir su mensaje de que ya estaba en su casa se lo respondí y luego enchufé el celular… Era momento de dormir. (O de intentarlo)

domingo, 25 de enero de 2015

27.

Y así pasó un mes, un mes en el que nos hicimos amigos (Los mejores). Ella sabía todo de mí y yo sabía todo de ella, nos contábamos todo. (Y cuando digo todo, es todo).

Ella sabe perfectamente con cuantas mujeres me acosté en este mes y yo sé con lujo de detalles todo lo que ocurre en su casa y el pánico que tiene a acercarse a un chico.

En este tiempo compartimos cafés, comidas y salidas a caminar por la ciudad. Nos habíamos convertido en hermanos, porque realmente nos conocíamos a la perfección.

A su vez, en este tiempo cambié bastante. Mi adicción por el sexo ya era incontrolable.
Había días que hasta 3 chicas pasaban por mi cama y aún así necesitaba más. Mi pensamiento era monótono: siempre quería coger. En dónde sea y cómo sea.


La última semana de Enero viajé a la costa y claro, me sentía en el paraíso: para donde mirará había una chica con buenas curvas. Me pasaba el día allí, desde la mañana hasta la noche… Haciendo conquistas, algunas picaban y otras no (pero era muy difícil resistirse a mí). Con algunas arreglaba citas nocturnas, con otras me metía en el mar y por supuesto que me aprovechaba de la situación y con el resto (la mayoría) pasábamos un muy buen momento escondidos en los tamariscos… Hacerlo allí tenía una adrenalina especial.

Y muy internamente, sabía que esa necesidad constante la única función que tenía era tapar la necesidad que tenía de tener a Paula en mi cama… Tenía algo tan diferente al resto, es a la primera mujer que logré mirar más allá de su aspecto físico y aún así me sigue volviendo completamente loco. Pero no Pedro, son amigos, son como hermanos. Nunca va a llegar a tu cama. (Y qué horrible es saberlo).

Al menos, así lograba tenerla cerca… Pero con desearla no alcanzaba. Me ocurría algo nuevo con ella, y si bien como ya dije muero por llevarla a la cama, también muero por compartir otras cosas con ella, como salidas, mirar una película, tomar un helado o tan solo tirarnos en el balcón a mirar el cielo. Cosas que claramente nunca se me habían cruzado por la cabeza teniendo a un mujer en frente.

Si bien algunas de esas cosas las hacíamos, había entre nosotros una distancia física que no me agradaba demasiado. Quería abrazarla, besarla… O al menos poder tomar su mano. Acariciar sus hombros, abrazarla por la espalda y llenar de besos su cuello.

 Sí, ella estaba logrando sacar una parte tierna de mí que tenía demasiado enterrada.

Pero bueno, las cosas como son… Somos hermanos (O creemos serlo) y mientras tanto tengo que satisfacer mis necesidad carnales como se pueda, y se puede así.

Mi celular sonó y atendí, era Jessi… Una noche de gloria se avecina. ¡Vamos Pepin!

-

Mis papás se habían ido de vacaciones sin fecha de regreso y eso me agradaba demasiado.

Tenía la casa para mí sola, nadie me molestaba, nadie me maltrataba. No tenía que esconderme de nadie… Aunque igualmente pasaba la mayoría del día en mi habitación, pero con música fuerte.

En estos momentos suena un disco que me hice yo, de un compilado de mis canciones preferidas… Yo estoy tirada en mi cama, intentando ordenar mis pensamientos.

Este último mes teniendo a Pedro como confidente no había sido tan triste como el verano anterior, pero no era exactamente como quería a Pedro en mi vida.

Él, él era tan especial. Tan atípico. Me encantaba ver como se hacía el duro pero por dentro era un nene de jardín, me volvía loca descubrir su personalidad tan cambiante y su modo de pensar.

Amaba observarlo en todo momento, así estuviese tan solo respirando.

Había encontrado en él un escudo protector y por eso amaba todo el tiempo que compartíamos juntos.

A ver, sí… Me hacía bien, pero como ya dije, no es así como lo quiero en mi vida, pero como sé que no vamos a poder ser nada más que amigos me conformo.

¿Cómo va a querer estar con una mina que no se anima a acostarse con él si se coge a más de una mina por día? Claramente era imposible hasta intentarlo.

En fin, de a poco me acostumbraba a vivir con este sentimiento oculto y me acostumbraba también a escucharlo cada vez que me contaba con cuantas minas se había acostado. Ya era costumbre, aunque en el fondo dolía.

Me odiaba por haber nacido en esta familia, aunque odiaba más a mi familia. Si no fuese por ellos, si no fuese por ÉL, mi vida sería normal. Mi vida sería como la de cualquier chica y no tendría miedo a tener una relación.

Si fuese una chica normal quizás hubiese podido conquistar a Pedro y convertirlo en un novio normal… (Porque sabía que no podía serlo, le costaba demasiado tener buen trato con las mujeres fuera de la cama). Quizás hubiese podido enseñarle a amarme y no estaría sufriendo como siempre. Pero mi vida era esta mierda y ya era muy tarde para revertirlo.

Busqué el libro que estaba leyendo en ese entonces y me dispuse a leer… Y eso fue todo lo que hice hasta que el sol dejó de entrar por la ventana, ya estaba anocheciendo.

Me bañé, me puse el pijama y me preparé un sándwich con un jugo. (Sí, siempre mis comidas son así de elaboradas).

-

Al día siguiente, desperté con esa rubia infernal a mi lado. Sonreí al verla dormir boca abajo completamente desnuda y acaricié su espalda, hasta llegar a su cintura… (Como quisiera que al darse vuelta esa mujer fuese Paula).

Despedí a Jessica después de desayunar y me cambié para ir a trabajar, sin dejar de pensar en ella. Ya no sabía como sacarla de mi mente.

Llegué a la oficina y le hablé vía Whatsapp.

“Buen día…”

“Buen día… ¿Cómo dormiste?”

“Bien… Recién llegué el trabajo.”

“¡Trabaja entonces nene!”

“¿Qué te crees que estoy haciendo…?”


“Mmm… ¿Hablando conmigo?”

“Jaja, tonta.”

“Tonto vos, trabaja, dale. Así salís más temprano.”

“¿Hoy nos vemos?”

“Si tenes ganas…”

“Dale, sí… Venite a cenar a casa.”

“Bueno, dale. Nos vemos Pepe.”

“Nos vemos Pau.”


sábado, 24 de enero de 2015

26.

Luego de ir al baño a lavarme la cara e intentar tranquilizarme, volví al living y otra vez me senté frente a él. (Quien esperaba muy serenamente, lo cual me tranquilizaba al menos un poco).

Listo, ya está. Era el momento de sincerarme, porque internamente me había prometido que no pasaría de hoy y después deberíamos "festejar" año nuevo...

- Habla, dale.
- Quiero hacerlo.
- Te escucho...
- Bueno... -Hice una pausa y tomé aire, como si ese aire fuera la fortaleza que necesitaba para comenzar el horrible relato.- ¿Viste que yo no me llevo con mis viejos? Bah, me llevo mal. -Asintió con su cabeza.- Especialmente me llevo horrible con mi viejo, porque me trata mal, me pega, me hace todo lo malo que se te pueda ocurrir, psicológicamente y físicamente. Y encima mi vieja que no hace nada ¡Y a ella también la trata para la mierda! Pero es ciega o boluda, yo ya no sé. -Hice una pausa y seque mis lágrimas. Él solo me escuchaba, sorprendido (O al menos eso sentía yo).- Por eso es que nunca quiero ir a mi casa o no podes venir cuando no estoy sola. Cuando están en mi casa hago hasta lo imposible por no salir de mi habitación, porque es casi seguro que si él me cruza un golpe o un insulto voy a recibir... Igual, eso no es lo peor.
- ¿Y qué es lo peor?
- Que... -Y no pude seguir porque me quebré, el llanto no me dejaba seguir. Él tímidamente acercó su mano la mía y yo le sonreí de costado. Mis lágrimas eran muchas, pero el nudo que dificultaba mi respiración de a poco iba cesando.- Me da mucha vergüenza lo que tengo que contarte... -Él negó con su cabeza y tomó mi mano.- Un día, cuando tenía 6 años había vuelto de la escuela y yo entré a mi casa como siempre, tratando de que no me vea... -Suspiré.- No me dejó hacer nada, me tiró contra la escalera y me obligó a ir a su cuarto... Y ahí ocurrió el peor momento de mi vida, yo era una nena indefensa que no entendía nada y... -Mis ojos se empaparon aún más y bajé la mirada.- Abusó de mí. -Dije casi susurrando y con apenas un hilo de voz por el llanto que recorría todo mi cuerpo.- Ese día hasta me desvirgó con sus dedos... Fue lo peor que me pasó y lo que me arruinó la vida para siempre. Por eso le tengo tanto miedo a los hombres, por eso nunca estuve con nadie. Por eso no puedo estar con nadie. Y por eso me puse así ayer cuando ese tipo me manoseó. -Sequé mis lágrimas.-

Él no emitió una sola palabra, solo me abrazó contra su pecho y acarició mi espalda por un largo rato.

Estar entre sus brazos me hacia sentir al menos un poco más tranquila... Mi llanto ya no era tan trágico, o eso sentía yo.

- Tranquila.
- Gracias... -Dije y me separé un poco de él.- De verdad, gracias por escucharme y por abrazarme. Gracias por no salir corriendo.
- No tenía por qué hacerlo, no tiene por qué cambiar algo entre nosotros. -Hizo una pausa.- La verdad que me sorprendiste con lo que me contaste, nunca lo hubiese imaginado, creía que había sido una mala pasada amorosa el motivo de no querer una relación de pareja.
- Ojala fuese eso... Pero no.
- ¿Quién lo sabe?
- Mi prima, que es como mi hermana y ahora vos. Y, la verdad que no sé como hice para contártelo, me inspiras confianza.
- Tranquila que de acá no va a salir.
- Gracias.
- Bueno, tenemos el festejo de año nuevo por delante. Anda a lavarte la cara así preparamos la comida. ¿Queres?
- Dale...

Me levanté y me fui al baño, lavé mi cara varias veces y me dirigí a la cocina.

Que se lo haya tomado con tanta naturalidad o normalidad me hacía sentir más cómoda de lo que creía que iba a estar.

Ya había empezado a quererlo y no creía que eso que tuviera vuelta atrás.

- ¿Hacemos una picadita? Hay fiambre y algo de snacks, después compré sandwiches de miga y helado. Y bueno, algunos turrones y un clericó para brindar.
- Ah... Estás equipado.
- Si la hacemos, la hacemos bien.
- Me parece perfecto. -Reímos.-
- ¿Arrancamos?
- Dale.

Preparamos la picada y él armó una mesita con unas sillas de playa en el balcón para comer allí.


-

Me había sorprendido demasiado con lo que Paula me había contado… Y hasta incluso me había angustiado por su relato, lo cual en mí era más que anormal y hasta me costaba aceptarlo. ¿Yo sintiendo empatía? Algo extraño estaba pasando. Pero no me iba a detener a analizarlo justo en este momento.

Ya se acercaban las 12 asique serví las dos copas con el Clericó y le ofrecí una de las dos, ella la tomó con su mano derecha y yo prendí la televisión para ver la cuenta regresiva, aunque continuábamos en el balcón.

Faltaba un minuto exacto para las 12 y ambos comenzamos a cantar la cuenta regresiva hasta que se hizo el año nuevo y chocamos nuestras copas.

- Feliz año nuevo… -Dije y le sonreí.-
- Feliz año Pepe…
- Brindo por un cambio positivo en tu vida.
-Ella sonrío.- Brindo por lo mismo, para vos y para mí.

Cada uno tomó un sorbo y nos abrazamos, pero los ruidos de los fuegos artificiales hicieron que nos separemos y que pasemos más de 20 minutos observando los fueguitos de colores en el cielo… Casi sin darme cuenta, la abracé por la espalda y ella apoyó su cabeza en mi hombro.

- Gracias…
- ¿Por qué? –Pregunté.-
- Porque hace muchos años que paso sola esta fiesta o lo que sea, y me hizo muy bien pasarlo con vos… Y además, gracias por hacer como si nada hubiese pasado. Es la mejor reacción que podrías haber tenido, aunque sé que en tu cabeza debe estar presente todo el tiempo.
- A mí también me encanta estar con vos en este momento y ya te dije que no tenes nada que agradecer, de verdad…

Comimos el postre y ya habíamos vuelto al living porque en el balcón el viento había comenzado a ser demasiado frío.

- Si queres dormir acá, yo no tengo problema.
- ¿Seguro?
- Sí, obvio.
- Me quedo entonces, en la calle no debe haber ni un alma.
- Ahora no y en un rato seguro se arme bardo porque los pendejos salen a bailar.
- ¿Y vos no salís?
- No, hoy no.
- ¿Seguro? Anda si queres.
- No, de verdad. No tenía pensado hacerlo hoy, tampoco tengo muchas ganas.
- ¿Y ya te vas a ir a dormir?
- No, no creo…
- Entonces hagamos algo.
- ¿Qué cosa?
- Mmm… Primero ordenar.
- Mañana ordenamos.
- Como se nota que sos hombre.
-Reí.- Es mi casa, asique no me jode que esté así. Ni te molestes.
- Bueno, está bien… Igual no sé que podemos hacer.
- ¿Jugamos a las cartas?
- Dale, me copa.

Parecíamos dos viejos… Y hasta quizás lo éramos, pero me hacía bien estar con ella y aún no podía procesarlo o aceptarlo o creerlo. O no sé.

Pero la pasaba bien con ella, muy bien.

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Y se lo contó no más, ojala lo disfruten ☺

viernes, 23 de enero de 2015

25.

Me quedé dormida y ojala nunca me hubiese despertado de ese sueño tan perfecto.

Porque claro, en mi sueño yo era la protagonista de la historia y por supuesto que era una historia feliz. En esa realidad paralela yo no tenía miedo a nada ni tampoco tenía un pasado tan tenebroso. En ese lugar indefinido yo era completamente feliz, en ese lugar de mentira yo estaba en la casa de Pedro, recostada sobre su cama algo nerviosa pero feliz…

Esa noche habíamos tenido nuestra primera vez juntos y había sido perfecta, había sido mi primera vez con un hombre y me había cuidado como a un cristal, me había tratado como a una princesa y eso hizo que la pase increíble. Él logró que los miedos no existieran.

Sus dedos acariciando mi piel lograban estremecerme y relajarme por completo.

Al día siguiente desperté desnuda, a su lado… Siendo feliz. Él se preocupaba por como me sentía y por como me había dormido, y claro que mi respuesta era que estaba feliz y muy bien.

… Cuando desperté, la almohada continuaba húmeda por mis inagotables lágrimas y me senté en mi cama, abrazando mis piernas y claro está, sin poder dejar de llorar.

Esta era la verdadera Paula, la que nadie conocía… Repito: La que nadie conocía. Porque ni Zaira sabía cuan mal la pasaba todos los malditos días de mi horrible e interminable vida.

El mundo (Bueno, quizás exagere… La gente que me conoce para ser más exacta) me cree una persona autosuficiente, que está bien y es feliz así, siendo introvertida y tímida pero perfecta, porque nunca reprobó ni un trabajo práctico, porque siempre es puntual y porque no necesitaba de alcohol ni drogas para ser feliz.

Realmente me creían una mina autosuficiente y la realidad es que soy completamente todo lo contrario. Soy un papel que intenta sobrevivir en medio de un tornado. Un papel que intenta pegarse en donde puede para mantenerse lo más entero posible… Pero las capas interiores están quebradas, muy quebradas.

La verdadera Paula es una muñequita de porcelana, demasiado frágil… La fragilidad es tan profunda que con un simple soplido se quiebra, se corrompe. Y cada pedacito que se desprende del tronco es un dolor más que no sana nunca.

¿Cómo podría sanarme si no hay una sola mano dispuesta a ayudarme? 


Nunca podría volver a juntar todas mis piezas, eso ya era imposible.

“Quiero dormir a su lado, en el sentido más inocente de la palabra. Quiero darle un beso de buenas noches en su frente y otro en sus labios, apagar la luz y acostarme a su lado, que el me abracé y quedarme dormida en sus brazos. 

Quiero estar allí y oírlo respirar el mismo aire que yo. Quiero compartir la misma cobija y el calor que hay debajo de ella, quiero que mis pies acaricien sus piernas y oír el latido de su corazón tranquilizarse a medida que se duerme. Quiero ser lo primero que ve al despertarse y lo último que ve al dormirse. Quiero ser su mujer, quiero que me cuide, que sea tierno pero que a la vez sea salvaje cuando me haga el amor. Quiero ser su mujer, pero también quiero ser su nena. Quiero ser todo en su vida, quiero que no pueda vivir sin mí.”

Sí, eso acababa de escribir en mi cuaderno y ni yo podía creer, sobre todo porque no había ficcionado ni un punto ni una coma. Era lo que realmente sentía por él y nunca lo había tenido tan claro.

Pero obvio que con sentirlo solamente no bastaba y el pánico que tenía a una relación amorosa (no tanto a la relación, sino a la cama) harían que nunca suceda nada.
Absolutamente nada.

Releí una cantidad innumerable de veces lo que había escrito y cerré el cuaderno casi a la fuerza antes de volverme loca.

Busqué algo de ropa y me fui a bañar, quizás así me tranquilizaría un poco.

-

No sé de quien fue la idea de hacer feriado puente las fiestas, pero le pifió feo. Esos malditos feriados me daban tiempo para pensar y lo que menos necesitaba era pensar.

Busqué mi celular y llamé a Paula, al menos para distraerme cinco minutos.

- Conversación telefónica -

- Hola… -Respondió sollozando del otro lado.-
- Hola Pau… ¿Cómo andas?
- Bien, mejor. ¿Vos?
- ¿Estás llorando?
- No, no… Es que recién me levanté de dormir.
- ¿Segura?
- Sí, sí. De verdad. –Hizo una pausa.- ¿Vos, como estás?
- Como se puede, odio estas fechas.
- Me pasa lo mismo.
- ¿Queres que nos juntemos en año nuevo? Al menos compartimos la tristeza.
-Rio.- Por mí sí…
- Lo pasamos en casa, dale.
- Dale, acepto.
- Te espero a la tardecita. ¿Te parece?
- Me parece, nos vemos entonces.
- Nos vemos Pau. Y no llores más.
- No estoy llorando… Un beso.
- Claro… Un beso.

- Fin de la conversación telefónica -

-

Ya era 31 a las cinco de la tarde y yo seguía en mi cama, no me quedó otra que cambiarme… Aunque no le puse demasiado ímpetu a mi vestimenta, iría así no más.

Llegué a la casa de Pedro dispuesta a contarle toda la verdad, no aguantaba más ese nudo en mi garganta.

Lo saludé e hice la previa lo más corta posible, porque si no lo hacía ahora, impulsivamente, no lo haría nunca más. 

Y necesitaba hacerlo, eso que había escrito había funcionado a modo de revelación y necesitaba usar este impulso para saltar del trampolín y sincerarme.

Mi cuerpo temblaba, mi corazón bombeaba más sangre de lo normal y mis manos transpiraban más de la cuenta.

Estaba sentada frente a él, hecha un bollito en el sillón…

- Quiero contarte eso que no me animo a contarte… -Dije tartamudeando.- Pero quizás no sea el momento, ni el lugar… Mucho menos el día.
- El día que es me importa poco y nada. Contamelo, dale.
- Pasa que vos ni te lo imaginas, no es ni un 5% de lo que tu cabeza puede llegar a maquinar. Creeme.
- Prefiero no imaginar y escucharte, dale.
- Para, no es fácil.
- Es más fácil que lo hagas de una y no des tantas vueltas…
- Lo sé, pero no me sale. –Suspiré y dejé que las lágrimas empapen mis ojos una vez más.-
- Si no queres contarmelo, no lo hagas.
- No, no es eso… Es solo que es complicado.
- Por eso te digo.
- No, necesito que lo sepas. –Tomé fuerzas.- Es algo que pasó en mi infancia…
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Hola, hola aquí capítulo de día viernes. Espero que les cope y que lo comenten, mañana se viene una de las cosas que tanto piden ☺


- Lo que escribí en el cuaderno de Paula es una adaptación de una frase que vi mil veces dando vueltas por Internet y no sé de quien es. -

Que tengan un viernes de pelos !

jueves, 22 de enero de 2015

24.

- Bueno… -Dije dudando y algo nervioso.- ¿Estás segura que queres que te lo cuente?
- Sí, ya estamos acá… Asique, dale.
- Es que, todo esto viene a que no sé que somos, entonces no sé si está bien contártelo o no.
- Somos conocidos que pasaron un par de buenos momentos… -Dijo y sonreí.- Podes contarme lo que quieras…
- Está bien, puede ser… Pero no quiero que sea acá.
- Dale Pedro.
- No, de verdad. –Me levanté y le di la mano para que me siga.- Necesito que estemos tranquilos.
- ¿Y a dónde vamos?
- A mi casa…
- Tengo mi bici acá Pedro.
- Mmm… Entonces ya sé a donde vamos, veni.

Comencé a caminar en dirección a una calle sin salida que había cerca de allí, a donde de nene solía ir a jugar con mi pelota. Solo había algunas casas y un terreno baldío enorme, así podríamos estar solos y tranquilos.

Nos sentamos los dos en el cordón de la vereda, mirando al frente.

- Largalo, dale.
- Suspiré.- Pasa que… Salí, tomé y me volví a mi casa con dos minas, a falta de una ¡Dos! –Hice una pausa.- Y no sé por qué sentía que tenías que saberlo. No sé, no entiendo que me pasa con vos. Pienso que tengo que evitarte y cuando hay una cercanía me desespero.
- Yo no puedo ser otra cosa que tu amiga y perdón si te lastimo, pero es la realidad. No te conviene enroscarte conmigo.
- Es que no sé lo que es estar con una chica. ¿Entendes?
- Y yo no sé lo que es estar con un chico, porque nunca estuve y nunca voy a estarlo. –Hizo una pausa y su voz se quebró.- Si queres que seamos amigos, a mí me encantaría continuar con esta relación porque me encanta estar con vos. Pero sino, es mejor que la cortemos acá. –Y se levantó para irse.-
- No, no te vayas. –Me paré frente a ella.- Yo no sé lo que quiero… Lo único que sé es que quiero seguir viéndote, porque después de mucho tiempo encontré una persona que me hace bien. –Confesé.-
- A mí me pasa lo mismo… Pero no quiero que me lastimes, por eso quiero ser solo tu amiga.
- ¿Es por eso? ¿No era por otra cosa?
- Por muchas cosas…
- Bueno, ya sé. No pregunto. –Ella sonrió.-
- Cuando pueda te lo voy a contar.
- Ya te dije que cuando quieras…

Ambos nos quedamos en silencio y estábamos parados en medio de la calle…

- Gracias… -Yo sonreí y la abracé.- Y está bien que me lo hayas contado si lo necesitabas.
- Gracias a vos por escucharme.

Y en ese momento un auto quería pasar, Paula y yo nos separamos.

- Todo muy lindo que jueguen a los enamoraditos, pero córranse del medio de la calle pelotudos. –Gritó el conductor del auto y se bajó del mismo para abalanzarse sobre nosotros.- Igual vos estás buena bebé eh… -Dijo y se acercó a Paula para manosearla, ella quiso evitarlo y yo lo agarré por el cuello.-
- Deberías tener un poco de respeto con las mujeres. ¿No te parece?

-

Salí corriendo hacia un costado y me dejé caer en el suelo, llorando.

- ¡Andate de acá! ¡No jodas! –Le gritó Pedro al pelotudo ese, logrando que se vaya.-

Cuando el auto se alejó, Pedro se acercó a mí y me dio la mano para que me levanté, pero no tenía fuerzas para hacerlo.

- Hey Pau… ¿Qué pasa? Dale. –Dijo y se arrodilló a mi lado.- Dale che, que no sé ser tierno con la gente. –Yo reí.- Era un idiota, nada más.
- Ojala fuese solo eso.
- ¿Lo conoces?
- No, no… -Hice una pausa y sequé mis lágrimas.- ¿Me abrazas? Por favor.
- Mmm… Si te levantas, dale. –Él se puso se pie y me ayudó a levantarme. Una vez que ambos estuvimos parados, me abrazó y yo dejé que lo hiciera.-
- Perdón por ponerme así.
- No pasa nada… Ya está, ya pasó.
- ¿Podemos irnos de acá?
- Sí, obvio. –Nos separamos un poco y yo sequé mis lágrimas con los puños de mi camperita.-

Caminamos hasta donde estaba mi bici y yo le desaté de donde la había dejado…

- ¿Te vas a tu casa?
- Sí… -Respondí.-
- No te vas a ir así.
- Prefiero irme.
- ¿Segura?
- Sí, en un ratito se me va a pasar.
- Si vos decís…
- Vos no te preocupes, de verdad. –Hice una pausa y suspiré.- Gracias por defenderme.
- No fue nada…
- Gracias, de verdad. –Besé su mejilla y sin decir más, me subí a mi bicicleta.- Nos vemos Pepe… -Y me fui, sin dejar que me respondiera porque sino moriría de vergüenza.-

Fui lo más rápido que pude a mi casa porque lo único que quería era zambullirme en mi cama.

Obvio, capaz no es algo tan anormal en la sociedad en la que hoy vivimos, pero esa situación, esos segundos me llevaron a revivir el peor recuerdo de toda mi vida. El más cruel, el más duro, el más espantoso. El más triste.

-.Flashback.-

- ¡Vos haces lo que yo te digo pendeja de mierda! ¡Y si digo que te desvestís adelante mío, lo haces! No es tan complicado. –Gritó tironeando de mi pelo. Yo no entendía nada, era una niña demasiado indefensa e inocente.-

Él me levantó de los brazos y me tiró encima de su asquerosa cama, comenzó quitando mis zapatillas y luego mis pantalones, sus dedos sucios acariciaron mi parte más íntima y yo que no entendía que era lo que estaba sucediendo, sentía asco y terror. 

Su acto continuó con mi remera y luego con sus prendas, quedando completamente desnudo…

Me obligó a arrodillarme en la cama y a tocarlo, yo lloraba y como intentaba escaparme, ató unas de mis piernas a la cama con una soga.


-.Fin del flashback.-



Y ese día, hasta perdí mi virginidad… Sus dedos tan sucios como asquerosos me hicieron pasar el peor momento de mi vida.




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Nuevo diseño del blog -que me en can ta.-

Y el secreto de Paula al descubierto...

miércoles, 21 de enero de 2015

23.

Me desperté después de dormir literalmente, 24 horas seguidas… Y sí, siempre que estaba peor de lo normal terminaba durmiendo, era un síntoma de la depresión según alguna vez escuché en una clase de Psicología en la escuela.

¿Motivos? Se acercaba año nuevo y si bien también era horrible pasar la Navidad sola, el “festejo” de un nuevo año me ponía aún peor porque sabía que podrían empezar miles de años y nada cambiaría.
Todo seguiría así de mal, así de horrible.

Hoy es 30 de diciembre e igualmente decidí levantarme… (Para poder dormir mañana y ni enterarme cuando sean las 12).

Me hice un exprimido de naranja y me senté en el banquito del parque a estudiar la letra de una nueva canción que quería cantar… (Aunque a veces no entendía por qué cantaba, para qué perdía el tiempo. Era claro que nadie nunca iba a saber que puedo cantar, porque si hay alguien delante de mí, mi cuerpo se tensa y mi voz desaparece. Pánico es poco.)

En fin, no tenía nada mejor que hacer…

Escuché ruidos en el garage y después de agarrarme un paquete de galletitas y una botella de agua, volví a mi habitación. Siempre era mejor evitarlos.

Aunque… Con mi mamá no sabía lo que era mejor, yo la quiero. Obvio, es mi vieja. Pero no puedo perdonarle que siga con esa lacra al lado, a pesar de que no sepa lo que ocurrió, ella es testigo de cómo me trata a mí. ¡Y de cómo la trata a ella! ¿Cómo puede convivir con ese monstruo? Nunca lo voy a entender.

Después de repasar la letra mentalmente, guardé el papel en la caja donde están mis cuadernos y mis letras (y algún que otro recuerdo o fotografía) y prendí la computadora. No tenía demasiado que hacer.

-

Hacía un día que no sabía nada de Paula y eso había ayudado a despejarme, al menos un poco… ¡Porque no podía quitarla de mi mente! Odiaba y demasiado lo que me estaba pasando.

Y encima esta fecha que me hacía mierda como nada… Mis recuerdos de año nuevo son en la quinta de los tíos de mi mamá, con una mesa larga y gente por todos lados. Siempre había comida como para una semana y todos sonreían o hacían chistes. Los chicos nos metíamos en la pileta mientras las mujeres tomaban sol y los hombres dormían la siesta, después cada uno se bañaba y a la noche festejábamos…

Pero desde que mis viejos no están ya no es lo mismo, después iba con mi abuela pero la felicidad era ajena. Yo necesitaba y necesito a mis papás.

Y ahora todo es tan distinto… Mi año nuevo es una noche más. (Aunque mucho más triste.)

Puse la llave en la cerradura para abrir mi departamento y una puntada irrumpió en mi pecho y esta vez sabía perfectamente que no tenía nada que ver con mis problemas clínicos, sino que era angustia. Pura angustia.

-

Necesitaba hablar con alguien de lo que sea, con comentar sobre como estaba el clima me conformaba, necesitaba dejar de sentir esa maldita soledad tan profunda…

Paula: -Hola… -Y le hablé a Pedro vía Whatsapp.- ¿Cómo andas?

-

Creí que estaba bien sin saber nada de ella, pero cuando mi celular me marcó que tenía un nuevo mensaje de su parte sonreí y casi por necesidad, le respondí.

Pedro: -Hola… Acá ando. ¿Vos?
Paula: -Igual, jaja.
Pedro: -Quiero verte, tengo que contarte algo.
Paula: -Ando con ganas de salir un poco de mi casa. ¿Queres que nos encontremos en algún lado?
Pedro: -No, no mejor. En realidad es algo que no tengo por qué contarte.
Paula: -Como prefieras…
Pedro: -Paula… ¿Nosotros qué somos? –Pregunté realmente confundido.-
Paula: -Conocidos, o no sé… ¿Amigos? Quizás.

No sabía cuánto de realidad había en su respuesta, asique dejé de responderle en ese medio y la llamé.

- Hola… -Respondió del otro lado.-
- Hola Pau…
- ¿Por qué me llamaste?
- Porque no sé, hay algo que quiero contarte que no sé por qué, siento que tenes que saber.
- Contamelo…
- Es que no entiendo por qué deberías saberlo… Pasa que no estoy acostumbrado a relacionarme con mujeres fuera de la cama.
- ¿Queres que dejemos de vernos?
- No, no es eso…  Es que…. –Hice una pausa, dudando.- ¿Podemos vernos?
- Sí…
- ¿Nos encontramos en la plaza del centro?
- Dale, nos vemos ahí. ¿En cuánto?
- Yo en quince estoy.
- Yo capaz tarde un poco más, pero dale. Nos vemos.

-

Me asustaba lo que podría suceder en ese encuentro porque no estaba dispuesta a perderlo, no iba a perder a alguien que por fin llegaba a mi vida para hacerme un poco bien. Definitivamente no.

Pedaleé lo más rápido que pude hasta que por fin había llegado a la plaza, dejé la bici en un árbol y lo vi parado en la esquina, asique caminé lo más tranquila que pude hasta encontrarme con él.

- Hola… -Dije estando detrás de él.-
-Se dio vuelta.- Hola… -Me saludó y rascó su sien.- ¿Queres que vayamos a algún lado o nos quedamos acá?
- Me da igual.
- Vamos a sentarnos…
- Ahí hay un banco libre… -Dije señalando un banco blanco en la esquina opuesta a la que estábamos, ya que la plaza estaba ubicada en una rotonda y ocupaba toda la vereda.-

Caminamos todo el trayecto en silencio, un silencio muy incómodo que intentábamos hacer más amable esquivando a los nenes que pasaban jugando o a las madres que pasaban corriéndolos…

Yo nunca levanté la vista y dudo que él en algún momento lo haya hecho.

-

No sabía si había hecho bien en decirle que quería hablar con ella, pero ya lo había hecho y era mejor decirle la verdad porque mentirle y arrepentirme sería peor.

Ya estábamos los dos sentados, frente a frente… Alrededor nuestro había demasiado ruido, pero aún así sentía que estábamos solos y no sabía por donde arrancar.

Y seguía sin entender por qué quería contárselo, pero lo iba a hacer.

Creo que mi problema era no esclarecer cual era nuestra relación…

¿Qué somos? ¿Conocidos, amigos, personas que quieren algo más? No entendía.

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Hoy es día de doble capítulo... ☺

22.

Volví de trabajar y sin escalas me metí a bañar, no había chances de que esa noche no saliera y ya era tarde. Después de terminar en el baño, me arreglé un poco en mi cuarto y comí pizza fría de la heladera con una cerveza. (Como para arrancar bien arriba)

Sali de casa y caminé hasta la parada de colectivos para emprender el camino hasta la boliche. Ya era la medianoche y el boliche no quedaba precisamente a la vuelta de la esquina asique necesitaba que algún colectivo pase, no importaba si vacío o lleno.

Después de como veinte minutos al fin llegó el maldito colectivo y lleno hasta la puerta, pero bueno...

Al fin había llegado al boliche, esta era mi noche y no iba a dejar que nada me la arruinara.

Entré y antes que nada, me pedí un trago para acercarme a la pista.

Me apoyé contra una columna a tomar aquel contenido alcohólico e hice una panorámica del lugar. ¡Había carne y de la buena acá!

Habían pasado menos de cinco minutos y ya tenía a dos chicas a mi alrededor, hermanas… Rubias, altas, flacas… ¡Partibles!

Después de bailar un rato ya nos habíamos retirado de la pista y estábamos alejados, más precisamente sentados en un living. Las chicas no dejaban de seducirme y por supuesto que yo no era de hielo.

- ¿Qué te parece si vamos a un lugar un poquitito más privado bebé? –Preguntó Clara mientras abría los primeros botones de mi camisa.-
- Sí, dale… Así nos divertimos como se debe. –Agregó Jazmín mientras ambas acariciaban mi pecho.-

¿Con las dos? ¡Era imposible negarse a esto! Era lo más parecido al paraíso.

- ¿Vamos a un telo? –Propuse sin dar demasiados rodeos.-
- Sos directo…
- ¿Y ustedes? ¿No lo son?
- Obvio, vinimos acá en busca de diversión. –Ambas se miraron y sonrieron pícaramente.-
- ¿Entonces?

- ¡Vamos! –Dijeron a corito y yo ya no daba más.-

Salimos del boliche y nos cruzamos al telo que había en frente de aquel lugar.

Mientras estaba en la recepción reservando una habitación para aquella madrugada, ellas me abrazaban por la espalda y, en pocas palabras, me estaban volviendo loco.

Ingresamos en la habitación y entre las dos, me tiraron en la cama para quitarme mi remera y mi pantalón…

-

‘Otra etapa que se cierra, otro episodio que llega a un fin. Otro final sin cambios, otro final horrible, espantoso…

Un inicio que intenta ser feliz y no puede, un comienzo que pretende ser un cambio y quizás, se quede en la mitad…

Vivo intentando… Intentando que algo cambie, pero nada va a cambiar si primero no lo hago yo. ¿Cómo hacer para cambiar? ¿Cómo hacer para sacar toda esta mierda de adentro y renacer? ¿Cómo?

¿Cómo salir de esta isla?...’

Realmente ese o, en realidad, esos cuadernos eran el mejor resumen de mi vida. Cualquiera que los lea podría sentir, al menos una parte, de todo aquello que siento a diario.

En mi habitación sonaba un disco de música, un compilado con los mejores temas de John Lennon… ‘Imagine’. Y sí, imaginar era fácil… Pero llevar a la práctica era TAN complejo.

En fin, mi cama estaba cómoda y no pensaba moverme de allí. La música seguía sonando y el sol entraba por mi ventana que estaba cerrada porque hacía demasiado calor y había prendido el aire acondicionado.

-

Al día siguiente cuando me desperté ya estaba solo y me sentía raro. Muy raro.

La había pasado increíble la noche anterior, sinceramente… hacía tiempo que no tenía sexo tan bueno y encima con dos minas. Sentía que tocaba el cielo con las manos.

Pero hoy era todo raro, no podía ponerlo en palabras. Me sentía mal pero no físicamente. ¿Qué mierda? En fin, tendría que irme a laburar.

El viaje me lo pasé pensando en Paula y odiaba que eso pasara.

Tendría que estar pensando en la infernal fiestita de anoche, no en esa mina que no me deja ni tocarle un pelo. Detestaba que esto pasara, detestaba estar enganchado con una minita porque yo no soy así, yo uso a las mujeres para pasar un buen rato y ¡FIN!. No necesito más de ellas, si no están en la cama son problemáticas.

Igualmente creo que lo que me enojaba no era estar ‘enganchado’ con ella… era otra cosa. Me sentía culpable por haber estado con esos dos infiernos y no con ella. ¿Qué? ¿Qué es esto?

Mi cabeza iba a explotar y menos mal que había llegado al trabajo y podría mantenerme ocupado.

-

Hoy era día de limpieza… Bajé las bolsas que estaban en las puertas de arriba del placard con la ropa de verano y subi la de invierno, separé la ropa que no usaba para llevarla a alguna fundación y limpié debajo de mi cama en donde tenía cajas con las cosas de la facultad, tiré lo que no servía y guardé los apuntes más útiles.

Merendé y cargué las bolsas en mi bici, las de papeles las llevaría a algún lugar donde reciclen papel y la ropa a una fundación.

No me di cuenta que había recorrido más de 50 cuadras… Dejé la bicicleta en un poste y entré en un bar a merendar, aprovechando que tenía plata encima.

-

O yo ya estaba teniendo alucinaciones o la que ingresaba al bar en donde estaba era Paula…

Suspiré e intenté esconderme, claro que inútilmente.

- ¡Pepe! –Dijo muy contenta y la miré.-
- Hola Pau… ¿Qué haces acá?
- Salí a hacer unas cosas y terminé acá, muero de hambre y vine a merendar. ¿Vos?
- Me tomé un break porque no daba más.
- ¿Puedo sentarme con vos?
- Sí, sentate. –Dije lo más seco que pude. Ella se sentó y leyó la carta que estaba con el servilletero y el azúcar, llamó a una moza y pidió un café con un tostado.-
- ¿Cómo andas?
- Un poco cansado, anoche salí y casi ni dormí.
- ¿Saliste un día de semana?
-Reí.- Sí, siempre salgo.
- Yo no salgo nunca y vos siempre… -Dijo riendo y yo le sonreí.-
- Ya me tengo que ir.
- ¿Ya?
- Sí… Se termina mi recreito.
- Quedate un ratito más, dale.
- No, no puedo de verdad.
- Bueno, está bien. Anda…
- Perdón.
- No, no pasa nada.

Me levanté y agarré mi portafolios.

- Chau…
- Chau… ¿Nos vemos?
- Sí, sí…

Y me fui… Lo que menos necesitaba era verla. ¿Era necesario que estemos los dos en el mismo bar de Buenos Aires que tiene miles?



martes, 20 de enero de 2015

21.

'A veces sucede que la soledad se calma y alguien se anima a ingresar en mi oscuridad. Es como si una pequeña luz titilara a lo lejos y muy de a poco se acercara. Es que me costaba tanto acercarme, abrirme, parecer alguien normal. Los momentos pasan y los recuerdos quedan, pero me daba tanto miedo avanzar, me paralizaba la idea de dejar de ser solo amigos. Mi mente no podía siquiera concebirlo. Me daba pánico. Pero así como me daba pánico, sus brazos me llenaban de paz. Contradictorio, lo sé.'

24 de diciembre noche buena... ¿Buena? Ponele. Mis papas no estaban, gracias al cielo. La heladera estaba casi vacía asique me prepare un tostado y un jugo de naranja para ir a mi cuarto y no salir nunca más de allí.

-

Miraba por el balcón y el mundo estaba revolucionado, todos iban y venian apurados, con grandes bolsas de regalos o bandejas enormes de comida. Giré mi cabeza y vi el interior de mi casa, todo vacío y oscuro. Otra navidad para el olvido.

-


Eran casi las doce y frente a mí estaba la computadora, el celular y un vaso de agua tibia, porque hacía mil que lo había sacado de la heladera.
La música que estaba reproduciendo no era la más feliz del mundo y claramente mi estado tampoco lo era.

El reloj de la computadora marcó las doce y me asomé por la ventana a mirar los fuegos artificiales y brinde conmigo misma, con aquel vaso de agua asquerosa: “Feliz navidad Paula”.

Sentí mi celular sonar y fui a atender creyendo que sería Zaira, pero me lleve una sorpresa (muy linda por cierto).

- Hola…
- Hola Pau. ¡Feliz navidad!
-Sonreí.- Feliz navidad Pepe. ¿Cómo andas?
- Mmm… Solo. ¿Vos?
- Igual.
- ¿En serio? ¿Por qué no me avisaste antes? ¡Podíamos vernos!
- ¿Queres venir a mi casa así la conoces?
- ¿Puedo ir?
- Sí, no creo que mis viejos vuelvan hasta mañana porque se fueron al interior. En realidad, no sé cuando vuelven.
- Entonces obvio que voy.
- Te espero entonces, y si te copas a traer algo para comer te agradezco, porque estoy en cero.
-Rio.- Algo llevo…
- Ahora te mando la dirección por whastapp.
- Dale Pau.

Cortamos y le envíe mi dirección por Whatsapp y sonreía como una niña que acababa de correr al árbol de navidad a buscar sus regalos.

Era la primera vez, en muchísimo tiempo, que no iba a estar sola.

Mi celular sonó y era él avisándome que estaba en la puerta, sonreí y me dirigí a abrirle la puerta.

- Hola… -Dije y lo abracé.-
- Hola. –También me abrazó.- Feliz navidad. –Dijo riendo.-
- Feliz navidad. –Nos separamos y entramos, cerré la puerta con llave.- Perdón si está hecho un bardo, pero no sabía que venías… Sino ordenaba.
- No te hagas drama, viste mi casa en peores condiciones. –Reímos.- Traje helado…
- ¡Qué genio! ¿Queres que lo sirva ahora?
- Pero también traje… -Saca de una bolsa.- Clerico, garrapiñadas y turrón… Festejemos navidad, dale.
-Sonreí.- Bueno, dale… Acompañame a la cocina.

Fuimos a la cocina y corté el turrón para ponerlo en una compotera, en otra la garrapiñada y serví el Clerico en dos copas.

- ¿Queres que vayamos al patio? Está linda la noche.
- Dale, me copa la idea.

Salimos y nos sentamos en un banco de jardín que había allí…

- Feliz navidad… -Dije y levanté mi copa.-
- Feliz navidad. –Chocamos la campera y cada uno tomó un trago.-
- Hacía mucho no brindaba con alguien… -Confesé.-
- Estamos en la misma. –Reímos y comenzamos a comer.- Mira… -Señaló el cielo.- Que lindos los fuegos.
- Son hermosos… Los estaba mirando cuando me llamaste.
- Yo también, estaba en el balcón… Ahora podemos mirarlos juntos…
- Ya no hay tantos igual.
- Pero no importa, mientras estemos nosotros… -Sonreí y comí algunas garrapiñadas.-

Pasamos un rato en el patio hasta que comenzó a refrescar y entramos, cerré la puerta y serví el helado…

- Vamos a mi cuarto, tengo la compu así ponemos música o hacemos algo. No me siento cómoda en otro lado de mi casa.
- Vamos entonces…

Él se sentó en mi puff y yo sobre mi cama…

- ¿Por qué querías estar acá?
- Te prometo que algún día te lo voy a contar…
- ¿Y ese día no puede ser hoy? –Me encogí de hombros.- No creo que sea casualidad que estemos los dos hoy acá, que hayamos pasado solos la noche buena… Capaz en mí encontras alguien que puede darte una mano cuando necesites ayuda.
-Suspiré.- Es que es muy difícil.
- ¿Tiene que ver con tus papás, no?
- Sí… Más con mi papá. –Comí un poco de helado.- Con él, sí con él. –Él se acercó a mí, hasta arrodillarse frente a mí y tomó mi mano.-
- Quiero ayudarte, por favor.
- Para Pepe, por favor.
- No quiero que suene a presión, es que de verdad quiero ayudarte.
- Lo sé, pero me cuesta mucho. Perdón. –Dejé el helado a un lado y abracé mis rodillas.-
- ¿Puedo abrazarte?- Por favor.

Él se sentó a mi lado y me abrazo y yo… tan solo me dejé abrazar.

- Es muy difícil, muy horrible…
- Está bien, no quiero presionarte. De verdad.
- Gracias… -Hice una pausa.- Algún día te lo voy a contar…
- Cuando vos quieras hacerlo. –Se separó de mí y secó una lágrima con su mano.- Tranquila.
- Sos muy dulce.
- Te juro que soy así solo con vos y no me reconozco. –Reímos.-
- ¿Y te sentís cómodo siendo así?
- Vos te lo mereces, asique sí. –Sacó un paquetito de su bolsillo.- Es para vos, regalo de Papá Noel.
-Sonreí y agarré el paquete para poder abrirlo.- Es hermoso, gracias. –Eran unos aritos muy lindos, colgantes de esos que usaba siempre.-
- No es nada.
- Me los voy a poner… -Me quité mis aros y me puse los nuevos.- Me encantan, de verdad.
- Le pegué entonces.
- Sí, gracias.
- Deja de agradecer, por favor. –Reímos y volvimos a agarrar nuestros helados.-

Ya era tarde y me estaba muriendo de sueño…

- Dormí si queres Pau.
-Reí.- Quedate eh.
- Me quedo, dale. ¿Puedo dormir en el puff?
- No, traemos un colchón. Hay abajo.
- ¿Segura?
- Sí, sí. Dale.

Al rato, ya estábamos los dos acostados en mi habitación, a punto de dormirnos.

- Me gusta estar en tu casa.
- ¿Por?
- Siento que así te conozco un poco más, no sé. Sos muy misteriosa.
- Perdón.
- No pidas perdón, solo espero que algún día dejes de serlo.
- Lo voy a intentar, de verdad.
- ¿Me lo prometes?
- Sí, te lo prometo. –Dije cerrando mis ojos. Sentí que acarició mi mejilla y sonreí, tomé su mano y la besé.-
- Descansa ahora.
- Vos también. ¿Estás cómodo?
- Sí, estoy bien. No te preocupes.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana.

lunes, 19 de enero de 2015

20.

Al día siguiente me desperté y me asusté al ver donde estaba, Pedro se rio al verme.

- Buen día… Tranquila che, solo dormimos. Vos ahí y yo acá.
-Reí.- Buen día…
- Quise preparar un desayuno pero no hay nada… ¿Queres que salgamos a desayunar?
-Bostecé.- Primero deja que me despierte… -Dije riendo.- Igual acepto la invitación.

Al rato, estábamos los dos en la puerta del edificio emprendiendo el camino hacia, supongo, algún bar…

- ¿Dormiste bien?
- Sí, solo que me sorprendió el despertarme ahí.
- Me di cuenta. –Ambos reímos e ingresamos a un bar luego de haber caminado unas cinco cuadras.-

Desayunamos y fuimos a una plaza, el día estaba nublado y era temprano, asique estábamos solos allí, y como niños que somos, nos sentamos en las hamacas…

- La paso muy bien con vos Pepe… -Confesé.-
- Yo también la paso muy bien con vos y te lo agradezco. Sobre todo por perdonarme.
- Ya está eso, ya pasó.
- Pero gracias, igual.
- No tenes que agradecerlo… -Bostecé y me puse la capucha de mi buzo.-
- ¿Vos ya no tenes nada más que hacer?
- Hasta arrancar la facu, no. ¿Vos?
- Mañana ya tengo que volver a trabajar, pero seguro en el verano me tome algunos días de vacaciones.
- ¿Tenes pensado viajar?
- No, no tengo pensado nada. No soy mucho de organizar con demasiado tiempo de anticipación. ¿Vos te vas a algún lado?
- Ni de casualidad.
- ¿Por?
- Porque si mis viejos se van no voy ni loca.
- ¿Algún día me vas a contar lo que pasó?
- Supongo que sí… No sé. –El pateó y me llenó de arena.- Na, na. ¿Qué haces?
- Jodo un poco. –Reímos y se la devolví.-

Después de un rato de boludear, Pedro comenzó a correr y yo lo seguí, pero se me complicaba alcanzarlo. Ambos reíamos y jugábamos como dos nenes…

De repente lo perdí de vista y al pasar por al lado de un árbol sentí que alguien me abrazó por la espalda, era él. Sonreí y sentí un no sé qué en mi panza.

- Sos un tarado.
- Pero te hago reír y eso me gusta. –Hizo una pausa.- Y abrazarte también me gusta. –Besó mi hombro y cerré mis ojos.-
- Podría quedarme así un rato largo…
- Podemos quedarnos, no hay nadie que lo impida.
- El clima no creo que nos deje mucho tiempo más…
- Si nos mojamos. ¿Cuál es el problema?
- Que vos tenes que cuidarte…
- Me cachaste, tenes razón. –Reímos.- Podemos volver a mi casa, pero si me dejas abrazarte. –Yo sonreí y me solté de él, para poder mirarlo.-
- Te quiero… -Musité.-
- Yo también te quiero Pau. –Me abrazó y agradecí que lo hiciera, estaba a punto de morirme de vergüenza.-

Decidimos volver porque el cielo ya estaba negro y la tormenta estaba a punto de estallar.

- Llegamos justo.
- Sí, se está largando… -Dije mirando por el balcón y él volvió a abrazarme por la espalda.-
- Quisiera tenerte todo el día para mí y tan solo abrazarte. -Sentí mis mejillas tornarse rojo tomate.- No, no hace falta que respondas. No sé de donde salen esas cosas tiernas, no soy así. –Ambos reímos y yo suspiré, la tormenta y su abrazo me hacían sentir algo… Especial.-

Un rato después…

- Tengo que aprovechar que no llueve y volverme a mi casa Pedro…
- Pero… Seguro se te vaya esa sonrisa que tenes ahora.
-Me encogí de hombros.- No puedo quedarme acá toda la vida.
- Yo te dije que me encantaría tenerte acá toda la vida.
-Reí.- Dale, que si se larga otra vez llego empapada.
- Bueno, está bien… Te dejo ir. –Reímos.-

Pedro me acompañó hasta abajo y antes de irme, besó tiernamente mi mejilla.

- Nos vemos Pepe.
- Nos vemos Pau.
- Quiero volver a verte, de verdad.
- Podes venir a mi casa cuando quieras. Yo también quiero volver a verte. –Nos sonreímos.- Anda, dale… No quiero que te enfermes.
-Sonreí.- Me voy… -Nos saludamos otra vez y me alejé de él.-

Yo desaté mi bici del poste y emprendí el camino a mi casa, no sin antes saludarlo con mi mano.

El viento soplaba en contra y la lluvia había empapado la calle, no era el camino más simple pero me sentía tan bien que no me importaba. ¿Me estaría enamorando o qué?

-

Paula hacía que aparezca en mí un lado tierno que no conocía y que hasta me daba algo de asco… La verdad es que terminaba arrepintiéndome de algunas frases, pero aun así la pasaba muy bien con ella y era la primera vez que se cruzaba (muy vagamente) por mi cabeza la idea de tener una relación normal, común o como se lo llame.

‘Ya estoy en mi casa, ya que me pediste que te avise.’

‘¿Fue muy complicado volver?’

‘Un poco inundado, pero nada tan terrible.’

‘¿Qué vas a hacer ahora?’

‘Mmm… Nada, jajaja’

‘¿Y para qué te fuiste entonces?’

‘¡La lluvia Pedro!’

‘Podías quedarte otra noche…’

‘Necesito ducharme y eso es lo que voy a hacer.’

‘Jajajaj, bueno está bien… Tenes razón. Duchate tranqui.’

‘Ya estoy…’

‘¿Estás limpita?’

‘Jajajaja, sí… Si cuelgo es porque desconecté Internet por la tormenta.’

‘No pasa nada… La pasé muy lindo con vos.’

‘Yo también Pepe… Me voy a dormir.’

‘Yo me doy una ducha y también me voy a pasar un buen rato con mi cama, ajajaja. Un beso.’

‘Un beso…’

Hice tal cual lo que le dije a Paula, debía aprovechar mis últimas horas de descanso. Sinceramente no tenía ganas de volver a la empresa, era una etapa del año en donde todos estaban revolucionados y para mí era como cualquier otro mes.

¿Navidad? ¿Año nuevo? Hacía tanto que no lo festejaba que hacía todo lo posible por no tenerlas en cuenta… ¡Pero justo debía encargarme de diseñar los malditos logos navideños!

¿Tan complicado era para la vida por lo menos tener ALGUIEN con quién chocar la copa a las 12?


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Y cada tanto la ternura les agarra. ☺ ♥