miércoles, 28 de enero de 2015

30.

Al día siguiente, me desperté casi al mediodía porque Pedro estaba a mi lado…

- Buen día dormilona. –Dijo con una bandeja de desayuno sobre sus piernas.- Ya es casi el mediodía, los vidrios están puestos en la ventana y el almuerzayuno hecho.
-Reí.- ¿Todo eso hiciste?
- Todo eso… Dale, que tenes que comer así podemos ir al hospital a que te hagan las curaciones.
- ¿No fuiste a trabajar?
- No, excusa médica. Con mi problema, en estos casos, puedo mentir un poquito.
-Sonreí.- Gracias… -Me senté y él dejó la bandeja sobre un puff.-
- Ya te dije que no agradezcas más.
- Dejame hacerlo.
- Nuestras charlas siempre son lo mismo.
-Reí.- Bueno, bancatela por ser tan bueno conmigo. –Y mordí una tostada.-
- Si quiero me la banco eh.
- Bueno, bueno che.
- ¿Bueno qué?
- Malo.
- ¿Yo? ¿Malo?
- Sí, porque no aceptas que sos un amor.
-Rio.- Mmm… Comamos mejor.
- Sí, mejor.

-

Odiaba desarmarme tanto ante ella, lo detestaba. Quería mantenerme fuerte, dentro de mi coraza. Quería poder ser el mismo hombre rudo de siempre, quería… quería… ¡Y no podía!

Después de comer, ella se cambió y salimos rumbo al hospital en donde le hicieron las curaciones.

- ¿Vamos a la plaza de acá a la vuelta?
- ¿Ya podes caminar?
- Me dijo que sí, sin abusar. Pero ya puedo apoyar.
- Entonces vamos, dale.

Caminamos lento, para poder ir a la par (o en realidad yo a la par de ella) hasta que llegamos a la plaza, nos sentamos en un banco y pusimos música con su celular, cada uno tenía un auricular.
Sus labios susurraban la letra de la canción que estábamos escuchando y eso me volvía simplemente loco…
Ella sacó la botellita de agua de su mochila y tomó la pastilla, mientras yo (detrás de mis anteojos negros) no podía dejar de observarla.

- ¿Volvemos? –Preguntó.- Tengo un poco de frío.
- Volvamos, dale.

Nos levantamos y caminamos hasta la esquina, paramos un taxi y nos dirigimos rumbo a su casa.

Ella me pagó los vidrios (ya que los había pagado yo) y yo me fui, debía entregar unas cosas en el laburo.

-

La luz de mi velador, mi cuaderno y yo.

“La soledad parece dar miedo, pero aunque duele, termina convirtiéndose en un lugar confortable. La soledad se transforma en un lugar común pero cómodo en el que nadie se da el derecho ni de lastimarte ni de molestarte, pero tampoco nadie te hace reír o te da un poco de cariño.

La soledad no es estar un rato a solas, la soledad es esa que todas las noches te oprime el pecho y se te cuela en los huesos. Es esa sensación de no querer ni poder respirar más porque sentís que a nadie le importas.

La soledad es esa realidad que en el día intentas tapar con todo lo que puedas, pero que de noche se hace inminente.

Inconscientemente (o no) uno termina utilizando esa soledad como una fortaleza, para que nadie pueda entrar a lastimarte. Es una caja de roble, con una pequeña ventana (para no ahogarse, aunque eso es lo que uno quiera).

Pero… ¿Qué ocurre cuando alguien se anima a asomarse por esa ventana? ¿Qué se hace cuando alguien irrumpe en esa soledad? Termina dando más miedo la compañía que la soledad.

¿Es posible salir del lugar de comodidad y animarnos a algo nuevo?”


Y esta vez el texto no finalizó con un punto sino que lo hizo con una lágrima que cayó en el cuaderno.

-

Era la medianoche y yo estaba saliendo rumbo al boliche, sí: otra vez. Necesitaba volver con alguna rubia o morocha a mi casa.

-

Me preparé una ensalada para cenar y así lo hice, mirando la tele. Lavé todo y me dispuse a leer, no tenía sueño… Claro, había dormido hasta el mediodía. Definitivamente me esperaba una larga y tediosa noche.

-

Y así como lo planeaba, ocurrió. Estaba entrando a casa con una morocha infernal, sus curvas pedían estar desnudas a los gritos.

- Qué linda casa que tenes papito. –Dijo mientras me abrazaba por el cuello.-
- ¿Te gusta bebe? –Pregunté y la apoyé contra la pared.-
- Me encanta.
- Igual, me parece que mi habitación capaz te guste un poco más. –Dije mientras mi mano se deslizaba por su espalda logrando desabrochar su corpiño de encaje.-
- Vos me gustas… En cualquier lado va a estar bien.
- ¿En cualquier lado?
- Donde vos quieras…
- ¿Dónde yo quiera? –Pregunté mientras quitaba su remera y me deshacía de su sostén.-
- Donde vos quieras… -Repitió.-

-

Terminé el libro y seguía allí, con mis dos ojos cual huevos fritos. ¡Genial!

No tenía de ganas de hacer demasiado, asíque busqué una película en el cable y me quedé allí, sumergida en mi cama con la película de fondo. Sí, de fondo… Porque sinceramente lo único que esperaba era una llamada, un mensaje o una señal de Pedro.

-

¡Gol! Noche de primera, ideal.


------------


Pedro no puede contra su naturaleza, disculpen. No me odien.

Y sí, volví a cambiar el blog porque esas fotos son todo lo que está bien sobre este mundo ♥

5 comentarios:

  1. Ay este pp!! Es el agua y el aceite. .. tan dulce a veces y lo queres matar otras veces... jaja mimiroxb

    ResponderEliminar
  2. Tengo una cosa con Pedro que por momentos lo odio y por momentos lo amo y me da mucha ternura. Informale que deje de hacer pelotudeces y se banque los mambos de Paula y la ayude a salir.

    ResponderEliminar
  3. Voy a matar a tu pedro jajajjajajaja, sos mala camila haces que lo ame y lo odie al mismo tiempo, me encanto el cap!

    ResponderEliminar
  4. Este Pedro no tiene cura, ojalá Pau se anime y le mande un mje asi le corta el momento jaja, que mala soy!
    Que se la juegue....

    ResponderEliminar