A la mañana siguiente me desperté y tenía tanto la sensación como la certeza de que no podía respirar.
Sabía que no era una crisis de asma más, lo sabía y lo sentía. Aún así, intenté un par de veces con el puff, pero claramente no funcionó. No podía moverme de mi cama, no tenía fuerzas: hoy era uno de esos días en los que la soledad se hacía totalmente inminente. (Al menos, era sábado.)
Había veces que no podía tapar la tristeza que me recorría con nada, y cuando digo nada es NADA. La tristeza me tomaba el cuerpo de pies a cabeza y me dejaba así, tirado en la cama pensando en una sola cosa: poder seguir respirando… Sino moriría.
Según el psicólogo que me había atendido hacía mucho tiempo, era un ataque de pánico, según el médico era un ataque de asma. Porque claro, cada uno piensa y dice lo que se le canta… Mientras tanto yo estoy acá, tratando de respirar.
Me sentía mareado, perdido… Lo único que necesitaba era a mi mamá, a mi mamá entrando por la puerta de mi habitación con su cremita mágica. Necesitaba que ella se siente a mi lado y que haga que apoye mi cabeza en su regazo, que quite mi remera y que haga masajes con su crema en mi pecho.
Las lágrimas me inundaron los ojos y ahora sí que no había vuelta atrás, sería imposible salir de esta crisis, al menos hoy.
Me ahogaba, me ahogaba y no sabía como frenarlo. No podía dejar de toser, ni de llorar. No podía, esta mierda me vencía. La tristeza afloró y me tomó por completo.
Pasó mucho tiempo (O esa fue mi percepción) cuando escuché sonar el timbre… ¿Quién era? ¿Qué quería? ¡No me podía mover!
Tapé mi cabeza con la almohada y sonó mi celular. ¡La puta madre!
‘Pepe… ¿Estás en tu casa? Estoy en la puerta.’
‘Estoy, pero no puedo abrirte.’
‘¿No estás solo? Perdón.’
‘No, no es eso. Es que no puedo.’
‘¿Estás bien?’
‘No.’
‘Con más razón, abrime.’
‘No quiero que me veas así.’
‘No pienso moverme de acá hasta que me abras, aunque el pie se me haga una bola de hinchazón.’
‘No seas así…’
‘¿Así cómo? No sé que te pasa, pero vos te bancaste todo lo de la tormenta conmigo, si puedo ayudarte… Quiero hacerlo.’
‘Andate, de verdad.’
‘¡No Pedro!’
Suspiré y dejé el celular a un lado, no quería ponerme nervioso, en realidad todo lo contrario, quería tranquilizarme y eso es lo que intenté, pero no podía y era la realidad. No podía.
Pasó media hora reloj y me asomé por lo poco que estaba abierto de mi persiana, Paula seguía allí. Suspiré y abrí la persiana un poco más, le tiré las llaves y le mandé un wp diciéndole que suba. No pensaba moverme de la cama, no quería ni que me viera.
- Hola… -Dijo Paula ingresando a mi cuarto.-
- Hola. –Respondí dándole la espalda.-
- Pepe… ¿Estás bien?
- Te dije que no, quiero estar solo.
- Decime que te pasa y me voy.
- ¡Solo dije Paula! –Ella suspiró y se sentó a mi lado.-
- ¿No puedo ayudarte en nada?
- No.
- ¿Me puedo quedar en el living y cualquier cosa que necesites me llamas?
- Si queres.
Ella se levantó…
- Cerrame la puerta por favor.
Ella hizo lo que le pedí y me dejó a solas. Necesitaba tranquilizarme porque no podía permitir que Paula me viera en ese estado.
Pasó una hora más y ella volvió a entrar en mi cuarto, sin pedir permiso.
- Me siento una pelotuda estando allá. –Sentenció y se sentó a mi lado.-
- Y yo me siento un pelotudo porque no quiero que me veas así.
- ¿Así cómo? Contame que te pasa. Dale.
- Asma, angustia, recuerdos, pánico. No sé que me pasa, ni los médicos me lo dijeron. –Hice una pausa, tratando de que el llanto no impidiera el que pudiese hablar.- La única que podía calmarme era mi mamá y después mi abuela.
- ¿Y cómo lo hacían?
- No importa.
- Sí que importa. Decime.
- Hacían una mezcla con crema, limón y menta y me la pasaban en el pecho. Eso me ayudaba a respirar.
- ¿Hay eso en tu casa?
- Sí.
- Entonces vas a ver que voy a ser la tercera mujer capaz de tranquilizarte. –Yo sonreí y ella se fue.-
A los pocos minutos volvió con esa mezcla en un pote y no podía creer que existiera alguien en el mundo como ella. Sí, así de asquerosamente cursi.
- ¿Te la pones vos?
- No, vos… ¿Queres?
Ella no dijo nada, tan solo se sentó a mi lado e hizo que apoyé mi cabeza en sus piernas. Llenó sus manos de crema y comenzó a pasarlas por mi pecho.
De a poco, comenzaba a tranquilizarme o al menos a respirar normalmente. Me costaba demasiado dejar de llorar, pero tenerla a ella allí me hacía sentir un poco menos solo.
- Gracias.
- Sh, no me lo agradezcas. Vos tranquilo. ¿Sí?
- Me da mucha vergüenza que me veas así.
- Si no te ve así una amiga… ¿Quién podría ayudarte? No seas tonto.
- No me gusta que me van frágil.
- Todos somos frágiles y todos intentamos tapar esa fragilidad. Somos así de boludos.
-Reí.- Es verdad.
- ¿Estás mejor?
- Bastante… -Hice una pausa.- Gracias, en serio.
- No tenes nada que agradecer… -Se levantó.- Me voy a lavar las manos y vengo.
- Dale.
-
Salí del cuarto y entré en el baño, apoyé mi espalda contra la puerta de la misma y suspiré. No podía quitar de mi mente la sensación que recorría mi cuerpo cuando mis manos hacían contacto con mi cuerpo, era algo así como una electricidad que me recorría completa.
La atracción era innegable.
Intenté distraerme para lavarme las manos y volver a la habitación. (Y eso es lo que hice).
- ¿Queres contarme qué pasó con tus viejos?
- Es largo…
- No importa… Te va a hacer bien sacar algo de todo lo que tenes adentro.
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Remedié mi maldad de ayer o aún no?..
Ah buenoooo....
ResponderEliminarTengo que reconocer que un poco remediaste tu maldad. Este Pedro me gusta mas, igual no me olvido de lo que hace! Es raro leerlo tan vulnerable y mimoso!
Ya quiero el capítulo de mañana.
ahhhh casi lloro, me gusta el pedro tranquilo, tierno y vulnerable. espero que se de cuenta que tiene chances en el amor!! me encanto el cap
ResponderEliminardios lo ame ♥
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