jueves, 8 de enero de 2015

8.

Me desperté y estaba otra vez en la clínica… La verdad, que era algo muy común para mí. (Pero que ya me cansaba y mucho).

El respirador, el aparato del electrocardiograma… La cama dura, la almohada chata. La habitación vacía.
Y desde que nací que mi vida es así, una horrible cardiopatía congénita que me hacía vivir atado a remedios, médicos, pinchazos y estudios. Igual, lo sabía porque tomé de más, eso hace que termine acá.

Ya no sé si lo que me dolía era estar acá o si era estar acá y solo. Definitivamente era eso, la soledad. Desde que mis viejos y después mi abuela fallecieron que no tengo a nadie sentado a mi lado cada vez que estoy acá.

La enfermera entró y revisó los aparatos, le pedí un poco de agua, la cual me alcanzó y me volví a quedar solo. Alcancé mi celular, que estaba sobre una mesita y le respondí a Paula.

‘En este momento no sabes lo bien que me harías.’

‘En este momento no puedo hacerle bien a nadie.’

‘Yo sería la excepción a esa regla.’

‘¿Vos decís?’

‘Te juro que sí…’

‘¿Y por qué estás mal?’

‘Eso no importa, solo importa que me respondiste y eso ya me hizo bien.’

¿Qué? ¿Ese fuiste vos Pedro? Dejé el celular para no seguir respondiendo boludeces y prendí la tele, como mucho había tres canales, pero bueno… Al menos así pasaría el tiempo.

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No sabía que responderle, asique dejé el celular a un lado y me puse a leer, tenía un parcial en una semana y recién estaba leyendo la primer unidad.
Cinco páginas y me dejó de andar el resaltador. ¡Okei! Excusa para salir a andar en bici un rato.
Se largó a llover y llegué a mi casa empapada, pero con tres resaltadotes nuevos.

Mientras me cambiaba, estaba llamándome mi mamá. Me avisó que no volvería hasta mañana y que mi papá tampoco. Justo en este momento, no sé si eso es bueno o malo.

Seguí leyendo hasta que la luz del sol no entró más por mi ventana y mis ojos no daban más. Quisiera tener alguien a quien poder invitar a mi casa y disfrutar de un buen momento, pero obvio que voy a pasar la noche sola. Como siempre.

Seguía lloviendo y torrencialmente, cerré todas las ventanas y me hice un té. La temperatura había bajado de golpe y estaba envuelta en una manta, justo enganché una película recién empezando en la tele y me tiré en el sillón a verla.

‘¿Qué estás haciendo?’

‘Miro una peli… ¿Vos?’

‘Hago lo mismo, muerta de frío.’

‘¿Qué peli miras?’

‘Top Gun.’

‘Jaja. ¡Estamos viendo lo mismo!’

‘Es que con la lluvia no se puede hacer otra cosa…’

‘Es verdad, está horrible. Pero… ¿Hoy no fuiste a trabajar?’

‘Sí, pero volví temprano…’

‘Ah, qué suerte. ¿Safaste de la lluvia?’

‘De casualidad, jajaja’

‘A veces hay pequeñas cosas que alegran el día…’

‘La lluvia no me importa igual, vos me alegraste el día hoy.’

‘¿A pesar de cómo te dejé anoche?’

‘Eso ya pasó y supongo que tendrás tus motivos…’

‘Gracias, pero igual siento que es muy rara esta situación.’

‘Siento lo mismo.’

-

Siendo completamente sincero no sé por qué seguía hablando con una mina que no me podía llevar a la cama. ¿Para qué la quería? ¿Me hacía bien? ¿Qué? ¿Cómo se quiere a una mujer? Juro que no sé. La mujer sirve solo para tener un rato de placer y no verla nunca más.

¿Para qué le sigo hablando? ¿Para qué? ¿Tantas ganas le tengo? ¿En serio? ¿Y tu dignidad Pedrito?

Bueno… ¿De qué dignidad podes hablar postrado en esta cama enchufado a la maquinita?

¡Encima debía pasar la noche acá! Mejor voy a intentar dormir.

-

Ya había terminado de cenar y de ordenar la cocina, mi casa estaba a oscuras y subí a mi cuarto. Tan solo prendí mi velador, la lluvia musicalizaba la situación… Busqué mi cuaderno y volví a escribir sobre él:

´¿Cómo es? ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hace para ser una chica normal? ¿Cómo se hace para tener amigos? ¿Para estar rodeada de gente que te quiera?
¿Cómo se supone que debo parecer una chica normal? Ni siquiera puedo imaginarlo.
Es como si todos fueran rumbo al Norte y yo rumbo al Sur, como si todos pensarán en blanco y yo pensara en negro. Soy alguien que está pero sin estar. Soy solo lo que siento, solo soy para adentro. No soy con nadie.
Soy lo más parecido a una hormiga que pasa caminando en medio de la multitud, sin que nadie la note e intentando esquivar todas las pisotadas para sobrevivir. Sí, eso soy. Una hormiga.

¿Cómo será ser la protagonista de un cuento de hadas? O al menos de una historia feliz…
¿Cómo será que te llegue un mensaje de buenas noches cada vez que te vas a dormir? ¿O que alguien te bese la frente? ¿O qué alguien te abracé por la espalda y bese tu nuca? ¿Cómo será? ¿Cómo será poder entregarse a un hombre? ¿Cómo será?

¿Lo peor? Nunca lo voy a saber, porque nunca voy a poder.’

Mi cuaderno volvió a su lugar y yo leí un rato más para la facultad. (Intentando así evadir mis pensamientos) y cuando no pude más me metí en la cama. Por suerte me dormí rápido, no soportaba seguir pensando.

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Al día siguiente, a primera hora me dieron el alta y pude volver a mi casa, por ese día tendría permitido faltar al trabajo asique pase por una heladería y compré algunas películas de esas truchas que venden en la calle.

El día tenía pinta de seguir así de gris, asique mi plan era perfecto. (O intentaba serlo).


Al llegar a mi casa, revisé el celular y nadie me había escrito.

Abrí un poco las persianas y después de bañarme me fui a la cama con las pelis y el helado.

Por hoy que el mundo de afuera se caiga a pedazos… 

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Comienza a verse la historia de Pedro.... y ahora falta la de Paula, pero tiempo al tiempo. Comenten que les parece, por fas ☺

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