viernes, 31 de julio de 2015

238.

- Señorita.
-Me acerqué al médico.- El paciente quiere verla.
- ¿Cómo está?
- Muy débil.
- ¿Va a estar bien?
- Estamos haciendo todo lo posible para que lo esté.
-Asentí con mi cabeza.- ¿Puedo pasar ahora?
- Sí, pase.
- Gracias.

Ingresé en la habitación e hice fuerza para no llorar, me acerqué a él y besé sentidamente sus labios.

- Hola mi amor. –Susurré, él sonrió y volví a besarlo.- ¿Cómo estás? –Buscó mi mano.-
- Mal.
-Suspiré.- Ya vas a estar mejor.
- Quería verte.
- Acá estoy. –Sonreí.-
- ¿Siempre vas a estar conmigo?
- Siempre, siempre. Lo sabes. –Sonrió.- Pero igual no podes hablar, no te esfuerces.
- No puedo ni respirar.
- Tenes que descansar.
- Te necesito.
- Yo estoy acá mi amor.
- No te vayas.
- No Pepe, me quedo acá. –Besé su frente.- Pero de verdad, si no descansas me van a retar.
- Estoy descansando.
- Tenes que dormir, estás muy débil.
- ¿Y si no me despierto?
- ¿Cómo no te vas a despertar nene?
- No soy boludo.
- Por eso mismo, no sos boludo y sos muy fuerte.
- Me muero de miedo.
- Vas a estar bien mi amor. –Susurré en su oído.-
- ¿Te quedas conmigo hasta que me duerma?
- Obvio hermoso.
-Apretó mi mano.- Gracias.
- Deja de agradecer Pepe.
- Nunca.
-Sonreí.- ¿Dormís? –Pregunté acariciando su pelo.-
-Te amo.
- Yo también te amo mi amor. –Besé sus labios.-

Cuando se quedó dormido salí de la habitación y bajé al bar para poder almorzar algo, la realidad era que lo que menos quería era comer, pero tenía que cuidarme.

‘Mi amor… Te escribo porque no me dejan hablarte y me está matando no poder hacerlo, siento que si supieras la verdad tendrías un motivo hermoso para ponerle garra a todo esto, asique te lo escribo acá. Seguro algún día lo leas… En realidad, en cuanto me dejen te lo voy a decir yo y después seguro leas esto.

Bueno, dejo de dar vueltas. ¿No? Estoy embarazada. Sí, así como lo lees. En este momento estoy entrando en la cuarta semana.

Es un embarazo muy reciente y ya me hice los controles necesarios para asegurarme de que es un embarazo normal y de que sea un embrión fuerte.

Pero ahora los dos nos morimos de miedo… Porque si a vos te pasa algo ninguno de los dos va a poder seguir adelante. Te necesitamos y sabemos que vas a estar bien, sabemos que nunca nos dejarías solos.

Y no, no entiendo por qué no me dejan contártelo. Quiero que me toques la panza, que lo sientas conmigo. Quiero compartir esto con vos porque sos su papá, quiero y necesito que lo sepas. ¡Y no me dejan!

Está bien, capaz fui una boluda en no decírtelo cuando me enteré, pero tenías que solucionar tantas cosas que me dio miedo y preferí decírtelo más adelante para que esto no influenciara en tu decisión. Claro que nunca me imaginé lo que está pasando ahora.

Tengo miedo.

Tengo miedo por vos, por mí y por nuestro bebé.

Necesito que estés bien y poder contarte todo... Y puede que suene un poco egoísta pero te necesito porque no entiendo nada, mi cuerpo está pasando por algo demasiado extraño y aunque esté feliz por la noticia necesito tu abrazo, tu contención. Te necesito porque es un hijo nuestro, de los dos.

Tenes que estar bien principalmente porque vos te mereces ser feliz y además (no menos importante) porque este bebé se merece crecer con sus papás.

Te amo Pedro.

Mejor dicho… Te amamos.’
Sequé mis lágrimas y corrí al baño, allí vomité y me largué a llorar como una nena. Necesitaba un abrazo.

Volví al séptimo piso y me dejé caer en una silla, me sentía demasiado mal y ya no sabía por qué.

Mi celular sonó.

‘Gorda, estoy yendo.’

‘Te espero en el séptimo piso.’

‘Dale.’


Ni bien la vi a Zaira corrí hacia ella y la abracé.

- Gracias por venir. –Dije entre lágrimas.-
- Ay, tranquila.
- Necesito hablar con vos.
- Está bien. –Se separó un poco de mí.- Pero primero decime cómo está Pepe.
- Mal.
- Específica.
- Débil, mal… No sé. No me dan garantías de nada.
- Él es fuerte.
- Pero ya pasó muchas.
- Y esta es una más.
- Me siento muy culpable.
- ¿Por?
- Porque cuando la dejó a Araceli ella enloqueció y por eso tuvo el infarto.
- Pero eso no es tu culpa gorda.
- La dejó por mí.
- Por vos y por él también, además… ¿Cómo iban a saber esto?
- No sé.
- Tranqui, no es tu culpa.
- Lo siento así. –Suspiré.- Necesito contarte algo.
- ¿Queres que salgamos?
- Dale, total me acaban de dar el parte, seguro no tengan novedades hasta dentro de un par de horas.
- ¿Vamos al parque de enfrente?
- Sí.

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Gracias por la onda que le ponen para seguir leyendo la novela, les juro que no entiendo como no se hartaron ya!!!! jajajajajaja! Bueno, nada... Gracias, ya queda poco.

237.

Pedro se quedó dormido después de un largo rato y como nadie me pidió que saliera de allí, me quedé a su lado. Tan solo mirándolo y tomando su mano.

Estaba muy nerviosa y tenía mucho miedo. Miedo por él, miedo por mí y por mi embarazo. Me moría por decírselo y no podía.

Me estaba quedando dormida cuando sentí que Pedro comenzó a moverse de una manera demasiado extraña. Llamé a un médico desesperada y al borde de llanto. Un médico entró corriendo.

- Salga señorita.
- ¿Qué le pasa?
- Está teniendo un paro. ¡Salga por favor!

La enfermera me echó de la habitación pero nadie cerró la puerta y me quedé mirando lo que sucedía.

Mis manos estaban sobre mi panza y no podía dejar de llorar, aunque no podía caer en la situación. Me sentía inestable.

Tenes que ser fuerte mi amor, y ya no es ni por vos ni por mí, es por nuestro bebé. Tenes que salir de esto y quedarte con nosotros porque sola no voy a poder. Te necesitamos mi amor.

Me cerraron la puerta en la cara y me senté en una silla de la sala de espera, mis manos nunca se despegaron de mi panza y mi mente nunca dejó de pensar en positivo. Pedro va a estar bien.

Pedro va a estar bien.

Pedro va a estar bien.

Pedro va a estar bien.

Y así me lo repetí inalcanzables veces.

Un nene se me acercó y me dio un caramelo.

- No llores.
-Sonreí.- Gracias mi amor, pero comelo vos el caramelo.
- Yo tengo más.
- ¿Seguro?
- Sí.
- ¿Cómo te llamas?
- Julián.
- Muchas gracias Juli.
- No llores más.
- No lloro más.
- Mejor así.
-Sonreí.- ¿Me das un abrazo?

Julián sonrió y me abrazó.

- Gracias bonito.

El nene besó mi mejilla y se fue. Me morí de amor y me comí el caramelo, al menos mi presión no estaría tan en el piso.

- Señorita. ¿Se siente bien? –Preguntó una enfermera.-
- No.
- Está muy pálida.
- Mi pareja acaba de tener un paro y estoy embarazada.
- Venga conmigo.
- No quiero moverme de acá.
- Hagalo por su hijo.
- Pero…
- Venga, por favor.

Seguí a la enfermera, me tomó la presión y me obligó a comer.

- Trate de comer y de estar lo más tranquila posible.
- Es muy complicado.
- Lo sé, pero está gestando un bebé de pocas semanas.
- Pero ese hombre es el papá de mi hijo.
- Quédese acá, yo voy a averiguar como está.
- Por favor.

La enfermera se fue y respiré muy profundamente, necesitaba una buena noticia.

- Pudieron sacarlo.
- ¿Y cómo está?
- Delicado.
- ¿Y si nunca se entera de mi embarazo?
- ¿No lo sabe?
- No, me enteré en un viaje de trabajo. Acabo de llegar. –Bueno, más o menos.-
- No se lo diga ahora.
- ¿No es mejor que se lo diga? Capaz le da fuerzas.
- No puede recibir emociones fuertes, su corazón está más débil que nunca.
-Suspiré.- Está bien.
- ¿Podemos hablar un poco de usted?
- Sí.
- ¿Tiene todas las vacunas?
- Creo que no.
- ¿Me deja atenderla así no corre riesgos estando acá?
- Por favor.

La enfermera me dio varias vacunas y me revisó.

- Trate de cuidarse todo lo que pueda.
- Gracias.
- No es nada. –Me paré.- Cualquier cosa, me avisa.
- Dale. –Sonreí y luego de saludarla me fui.-

Salí de la clínica y busqué a mi prima en la agenda.

- Conversación telefónica -

- La desaparecida.
- No seas forra.
- ¿Estás bien?
- No.
- ¿Qué pasa?
- Necesito verte.
- Estoy entrando al laburo.
- Más tarde.
- Cuando quieras.
- Pedro tuvo un infarto y pasa algo más que es lindo y no quiero decirte por acá.
- ¿Cómo está Pedro?
- Delicado, no sé.
- ¿Y qué me tenes que contar?
- ¿Nos podemos ver hoy?
- Salgo del laburo y paso por la clínica.
- Gracias, de verdad.
- No seas boluda, no tenes que agradecer.
- Sí, tengo que hacerlo.
- De verdad que no. Avisame cualquier cosa. ¿Sí?
- Dale. Un beso.
- Otro primita y tranqui que va a estar todo bien.

- Fin de la conversación telefónica -


Corté el celular y me senté en una de las sillas de la sala de espera, revisé mi cartera y me comí un par de galletitas.

Apoyé mi cabeza contra la pared y suspiré profundamente. De algún lado tenía que sacar las fuerzas necesarias para afrontar esto, el problema era que no sabía de dónde.

jueves, 30 de julio de 2015

236.

Fue el viaje más interminable de mi vida, estar encerrada en ese avión y sin saber nada de él era la situación más desesperante del mundo.

No dejé de llorar ni un segundo, no podía hacerlo. Flor estuvo todo el tiempo a mi lado y se lo agradecí de corazón. No hubiese podido sola.

No podía creer estar pasando esta situación, era como si tuviera un imán para todo lo malo.

Todo bien, pero ya aguanté demasiado y sinceramente no puedo más. Siento que esto es la gota que rebalsa el vaso.

Me desesperaba estar lejos de él y aún más estar volando. ¡Lo único que quería era salir corriendo y abrazarlo! (Pero claro, estaba a quien sabe cuántos metros de altura).

Si uno quiere vivir una situación desesperante, creo que esta es la mejor opción.

- ¿Cuánto falta? –Pregunté secando mis lágrimas.-
- Un ratito Pau.
- No doy más.
- Ya lo sé gorda, pero no podemos hacer nada. –Suspiré.- Tenes que estar tranquila. –Dijo tocando mi panza.- Todo va a estar bien.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
- No aguanto.
- Ya entramos en Buenos Aires hace un rato, debe faltar poco.
- Necesito verlo.
- Ya lo sé… Pero vos pensa que estando acá no podes hacer nada.
- Ya sé. –Suspiré.-
- ¿Queres que pida algo para tomar?
- Por favor.

Aterrizamos después de varios minutos y por fin estaba en Buenos Aires.

La espera de las valijas fue otra espera interminable, pero por fin tenía mi valija en mano.

- ¿Queres que te acompañe a la clínica?
- No hace falta Flor, ya hiciste mucho por mí.
- ¿Estás segura?
- Sí. ¿Pero puedo pedirte otra cosa?
- Obvio que sí.
- ¿Me llevas la valija a tu casa? Cuando pueda paso a buscarla.
- Despreocupate.
- Gracias. –La abracé.- De verdad.
- No tenes nada que agradecer y manteneme al tanto.
- Dale, yo te aviso. –Nos separamos.-

Por suerte, pedí un taxi y este vino bastante rápido y ahora estaba rumbo a la clínica.

Mis manos temblaban y mi cuerpo también, me sentía caminando sobre el vacío.

Le pagué al taxista y bajé en la clínica, pregunté en donde se encontraba Pedro y fui hasta el séptimo piso.

Esperé allí, intentando no desvanecerme de los nervios y me comí un caramelo para que no me bajara la presión. Después de más de media hora salió un doctor de la habitación en donde estaba Pedro y me acerqué a él.

- Doctor.
- ¿Señorita?
- Vengo por Pedro.
- ¿Quién es?
- Es complicado de explicar.
-Rio.- ¿Viene por Araceli también?
- ¿Por qué?
- ¿No sabe lo que ocurrió?
- No, estaba afuera de Buenos Aires y acabo de llegar.
- Pedro estaba discutiendo con Araceli, se estaban separando. –Suspiré.- Ella enloqueció y rompió un vaso, se empezó a cortar.
- ¿Qué?
- Ahora ella está sedada.
- ¿Y él?
- Conciente, pero no sabe nada y no puede recibir emociones fuertes.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- Algunos minutos.
- Gracias.
- Una pregunta.
- Digame.
- ¿Tuvo un infarto, no?
- Así es.
- ¿Y cómo está?
- Muy delicado.
- ¿Lo van a operar?
- No podemos descartar la posibilidad.
- Okei. –Suspiré.- ¿Puede hablar?
- Muy poco. Lo ideal es que descanse.
- Está bien, yo lo cuido.
- ¿Segura?
- Nunca haría nada que le haga mal.
- Entonces pase.
- Muchas gracias doctor.

Entré en la habitación y sonrió al verme.

- Hola mi amor. –Susurré y tomé su mano.-

Él estaba lleno de cables y hasta con un respirador.

- Hola. –Musitó.-
-Besé su frente.- Necesitaba verte.
- ¿Recién llegas?
- Sí. –Apreté su mano.-
- ¿Cómo está Araceli?
- Sedada, no sé nada más.
-Suspiró.- Es horrible lo que hicimos.
- No Pepe, no. No es tu culpa ni la mía.
- Sí Pau.
- No amor, no.
- Sí… -Dijo con lágrimas en los ojos.-
- No mi amor. –Besé su frente otra vez.- No es tu culpa, tenes que estar tranquilo.
- Quedate conmigo.
- No me voy a mover de acá.
- Tengo miedo.
- Vas a estar bien.
- No sé Pau.
- ¡Pedro! No te permito pensar así.
- No doy más.
- Vos vas a estar bien porque tenes una promesa que cumplir.
-Sonrió.- Si salgo de esto es solo por vos.
- Y por vos. –Besé su mano.- ¿Por qué no descansas?
- ¿Te quedas conmigo?
- Siempre mi amor.
- ¿Me das un beso?
-Sonreí y lo besé.- Te amo.
- Yo también te amo, nunca lo olvides.

Me quedé junto a él, acariciando su pelo y su mano.

- ¿Queres que te cante algo?
-Sonrió.- Por favor.

Y allí me quedé, tarareándole una canción y sosteniendo su mano. Nunca lo iba a dejar caer, nunca me iba a soltar de él.

235.

La semana pasó y Araceli seguía siendo mi novia oficial, era la última noche antes de que Paula volviera y la situación no podía pasar de esta noche.

Fui hasta su casa y toqué timbre. Era necesario ponerle un punto final a esto.

- Pepe, no me avisaste que venías.
- Necesito hablar con vos Ara.
- Está bien, pasa.

Entramos y fuimos hasta la cocina de su casa.

- ¿Queres algo de tomar?
- No, gracias.
- ¿Seguro?
-Suspiré.- Sí.
- ¿Y de qué queres hablar?
- De nosotros.
- No entiendo.
- ¿Podemos sentarnos?
- Así estoy bien.
- Bueno, como prefieras. –Hice una pausa.- Nosotros no estamos bien.
- Vos no estás bien.
- Eso es verdad.
- ¿Y por qué no estás bien?
- Porque no te amo y eso lo sabes.
- Pero yo te dije que te iba a enseñar a amarme.
- No funciona esto así.
- ¿Cómo que no funciona? No entiendo.
- Que yo, hasta acá llegué.
- ¿Es por Paula, no? –Preguntó sacada.-
- Es por mí y sobre todo por vos.
- ¿Por mí? Si yo lo único que quiero es estar con vos.
- No, vos no queres estar con alguien que no te ama.
- Sí Pedro, yo quiero estar con vos.
- No Ara, te aseguro que no.
- ¡Sí Pedro! –Dijo agarrándome de mi cara.- Yo si no estoy con vos me muero. ¿Lo entendes?
- Vas a estar bien.
- Si no es con vos no puedo estar bien. –Gritó y agarró un vaso.-
- ¿Qué vas hacer?
- Nada Pedro. ¡Quiero tomar un poco de agua! –Y tiró el vaso con bronca al piso.-
- ¿Te podes tranquilizar?
- No puedo sin vos. –Y pateó los vidrios.-
- Te vas a lastimar así.
- Vos me estás lastimando.
- Es por tu bien.
- No, esto no es por mi bien.

Se arrodilló frente a los vidrios y agarró uno.

- Esto también puede lastimarme. ¿No?
- Araceli, te lo pido por favor. –Dije nervioso.-
- ¿Por favor qué?
- Dale.
- Sí, por eso. –Quiso cortarse y se lo impedí.-
- ¡Dejame Pedro! ¡Dejame!
- No hagas esto, me siento mal. –Dije ya casi sin poder respirar.-
- Sos un nene Pedro.
- Sabes del problema que tengo. –Dije abriendo los botones de mi chomba me sentía ahogado.-
- Sos un actor nene.
- ¡Deja eso Araceli! –Dije y la quise levantar, pero se tiró al suelo y se lastimó con los vidrios que se clavaron en su cuerpo.-
- Ara, por favor. –Dije dejándome caer en el suelo.- No hagas esto.
- ¡Vos no me hagas esto!
- No puedo respirar, frena.
- No freno un carajo.
- ¡Araceli!
- Araceli la chota. –Y ahora lo hizo ella, en su brazo.-
- No te hagas esto.
- Ya te dije que vos me lo estás haciendo.
- Yo solo te estoy diciendo de separarnos porque es lo mejor.
- Para vos es lo mejor, es lo mejor para que te la puedas coger a Paula sin culpas. ¿No?
- No digas boludeces.
- ¡No son boludeces!
- Sí, lo son.
- Sé muy bien que me dejas por ella.
- Te dejo porque no te amo.
- Yo fui la que te consoló cuando esa hija de puta se borró.
- ¡Te dejo porque no estoy enamorado de vos y ella no tiene nada que ver!
- No te enamoraste de mí porque estás enamorado de ella. –Y volvió a cortarse.-
- Para con eso, por favor.
- ¿Sabes que nunca lo había hecho, no? Pero se siente placer.
- Por favor. –Y tosí, ya no podía hablar.-
- ¿Tenes un ataque de asma o de pánico? Pobrecito.
- ¡Por favor Araceli! –Intenté gritar y me ahogué.- Me duele mucho el pecho.
- No te voy a socorrer.
- Me siento mal.
- ¡Y yo también!

-

Estaba cerrando mi bolso ya que finalmente volveríamos esa madrugada y cuando estaba en el ascensor, yendo a la recepción del hotel, una llamada sonó en mi celular.

- Conversación telefónica -

- Hola.
- ¿Señorita Paula Chaves?
- Sí, soy yo.
- ¿Usted lo conoce a Pedro Alfonso?
- Sí. ¿Quién es?
- Hablamos de la clínica.
- ¿Qué pasó? –Pregunté con lágrimas en los ojos.-
- ¿No puede venir?
- Estoy por volverme en avión de Mendoza. ¡Digame que le pasó!
- Tuvo un infarto.
- ¿Y cómo está?
- Sedado.
- ¿Pero cómo está?
- Es probable que deban operarlo.
-Suspiré y tragué mis lágrimas.- Yo llego a la madrugada y voy para allá. ¿Está solo?
- Sí, creo que sucedió cuando discutía con su novia.
- Puede ser, gracias por avisarme.
- Por nada.

- Fin de la conversación telefónica -

Me acerqué a la recepción como si fuera un zombie y me largué a llorar.

Tenes que ser fuerte mi amor, por favor.

¿Y si le pasa algo y yo nunca le dije que vamos a tener un hijo? ¿Y si mi bebé crece sin su papa? ¿Y si yo sigo sin el amor de mi vida? NO PAULA. No pienses en negativo, Pepe es fuerte.

- ¿Qué pasó gorda? –Preguntó Flor.-
- Pepe…
- ¿Qué?
- Tuvo un infarto, me llamaron de la clínica.
- ¿Está bien?
- Estable, no sé. Él tiene problemas en el corazón desde que nació… Tengo mucho miedo.
- Tranquila. –Me abrazó.-
- Me muero si le pasa algo.
- No le va a pasar nada.
- ¿Y si nunca sabe de mi embarazo?
- No pienses así.
- No sé qué pensar.
- Tranquila Pau.
- Quiero estar con él.
- Ya estamos por ir al aeropuerto.
- ¿Viajas conmigo? Por favor.
- Obvio que sí gorda.
- Gracias.

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miércoles, 29 de julio de 2015

234.

Me desperté porque la música se cortó con la entrada de un WhatsApp.

‘No vino…’

‘Era obvio que algo iba a pasar.’

‘Te prometo que tarde o temprano la voy a dejar.’

‘Tenes toda la semana.’

‘Fue ella que no vino, de verdad.’

‘Te creo Pepe y perdón, pero estaba durmiendo. ¿Te jode si te dejo?’

‘Ay, perdón.’

‘No pasa nada...’

‘¿Hablamos mañana?’

‘Dale. Que descanses.’

‘Vos también.’

Nunca jamás las cosas van a ser redondas en mi vida, hay que aceptarlo.

Rápidamente volví a quedarme dormida.

-

Me acosté en mi cama y suspiré, no aguantaba la presión y la angustia.

Casi sin darme cuenta tenía el maldito polvo blanco frente a mí y lo estaba inhalando, otra vez. Otra vez mi vida se resumía a esa mierda.

Me largué a llorar como un nene y no podía reaccionar, no quería hacerlo. Desesperadamente busqué el puff y lo usé varias veces, no podía respirar. No podía hacer nada.

Necesitaba sacar a Araceli de mi vida, necesitaba retroceder el tiempo y nunca permitir que Paula me haya dejado. Quería hacer tantas cosas que no podía.

Estuve a punto de cortarle a Araceli mediante un WhatsApp pero por suerte me di cuenta que era demasiado cualquiera y lo borré antes de enviarlo.

Lo único que necesitaba era un abrazo de Paula y eso tampoco se podía, aun así le escribí. Si tenía el celular apagado no se enteraría y si lo tenía prendido probablemente podría ayudarme.

Mi celular sonó y sonreí.

- Conversación telefónica -

- Pau… -Dije llorando.-
- Pepe. ¿Qué pasó?
- Te necesito.
-Suspiró.- Estoy lejos…
- Ya lo sé.
- ¿Me contas que pasa?
- Me siento un boludo.
- ¿Por qué?
- Porque no puedo dejarla y porque lo hice otra vez.
- No sos un boludo.
- Sí, lo soy. Todo lo que toco lo arruinó.
- En mí generaste todo lo contrario.
- No, también te hice mierda.
- No, no voy a permitir que digas esa gilada.
- No sé que hacer.
- Por lo pronto, tenes que tranquilizarte.
- No puedo, necesito que me abraces.
- Pero no puedo mi amor… Sabes que si estuviera cerca lo haría.
- Sí, lo sé.
- ¿En dónde estás?
- En el cuarto.
- Bueno, acostaste y trata de estar tranquilo.

Me acosté y apoyé mi cabeza sobre su almohada.

- Me encanta que la almohada que usas tenga tu olor.
- Dormí con esa entonces.
- ¿Cuándo volves?
- El sábado creo.
- Falta mucho.
- Ya sé, pero no puedo no estar acá.
- No, eso ya lo sé.
- Mmm… ¿Queres que te cante?
- ¿Seguís cantando?
- Casi que no, pero si queres.
- Ay, sí. Por favor.
- Bueno, ahí va entonces. –Y comenzó a cantar.- Perdonen que me agrande, pero soy un barrilete cósmico, lo mas grande. Navego contra el viento haciendo lo imposible me divierto. Hasta que su objetivo complete este jinete no se baja del cohete.
Por un campo minado de terrenos peligrosos me esquivé todas las trampas de osos.
Diariamente el sol fue mi testigo y la luna, la que me regalo el camino. Me caí pero me levante de la primera como se levantan las flores en primavera. Sin rasguños, se hace pequeño el universo cuando levanto mis puños. Le dije a mi coraje antes que te de calambre cocíname las ganas que mis sueños tienen hambre.
Y los deseos me vieron nacer, los árboles me vieron crecer, el océano me vio navegar, las estrellas me vieron cruzar, las estrellas me vieron llegar, las estrellas me vieron perder, las estrellas me vieron ganar, las estrellas me vieron correr, las estrellas me vieron volar, las estrellas me vieron perder, las estrellas me vieron ganar...
Si se desmayan mis rodillas, si se me cae el cielo, si se desfigura el día y se convierte en hielo. Si mi sangre se torna color tu verde frío, si mi valor tiene el estomago vacío, si mis sueños se pelean con la suerte puede que el fracaso abra los ojos y despierte, pero estoy preparado para los días salados cualquiera que camine se tiene que haber resbalado.
Caí con todo el peso, pero si es fuerte la caída más impresionante será mi regreso.
Ya no corro, le salieron alas a mis botas mi cuerpo navega por el aire FLOTA.
Voy contra todo hago sudar al viento, cada paso que doy va narrando un cuento, hasta mis hazañas se asombran la historia me persigue porque la convertí en sombra
Y los deseos me vieron nacer, los árboles me vieron crecer, el océano me vio navegar, las estrellas me vieron cruzar, las estrellas me vieron llegar, las estrellas me vieron perder, las estrellas me vieron ganar, las estrellas me vieron correr, las estrellas me vieron volar, las estrellas me vieron perder, las estrellas me vieron ganar...

- Te amo. –Dije en medio de lágrimas.-
- Sabes muy bien que yo también te amo.
- Gracias.
- No tenes que agradecerlo.
- Me hizo muy bien.
- Era la idea.
-Reí.-Perdón por despertarte.
- No pasa nada.
- ¿Segura?
- Segura.
- ¿Y ahora queres dormir?
- Si vos estás mejor, sí.
- Mucho mejor, gracias a vos.
- Intenta descansar.
- Vos también.
- Cualquier cosa dejo el celu prendido.
- Gracias, de verdad.
- Deja de agradecer.
- Pero quiero hacerlo.
-Rio.- Descansa mi amor.
- Vos también.
- Te amo.
- Te amo, siempre.

- Fin de la conversación telefónica.-

Abracé la almohada en la que Paula duerme siempre y me dormí sintiendo su olor.


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Maratón: 5!

Aprovechando mis últimos días de libertad y que varios pidieron maratón, aquí está!

COMENTEN POR FAVORRR!

233.

- Gracias. –Respondí sonriente.- Igual, todavía no caigo.
- Obvio, es normal.
- Eso dicen.
- A mí me pasó lo mismo.
- ¿Si?
- Y sí… Es raro, porque de repente te enteras que tenes a una persona adentro tuyo y nadie te prepara para eso.
- ¿Y cómo se hace?
- Tenes que vivirlo Pau, transitarlo. Como todo en la vida, es lo más lindo que va a pasarte.
-Sonreí.- Sos la primera persona que lo sabe.
- ¿Y tu pareja?
- Estamos en una situación complicada.
- ¿Por qué?
- Porque es de Pedro. –Dije bajito.-
- ¿Qué?
- Sí, desde que volví a trabajar que nos vemos a escondidas. –Suspiré.- Y yo no estuve con nadie más…
- ¿Pero él no está con Araceli?
- Sí, supuestamente la va a dejar. Pero ya no sé.
- Lo tiene que saber.
- Se lo voy a decir, pero después de que tome una decisión. No quiero condicionarlo.
- Pero es obvio que un hijo condiciona las cosas.
- Cuando elija con quien quedarse, se lo voy a decir.
- Trata de que no demore mucho.
- Le dije que cuando volvía necesitaba una decisión.
- Bueno, está bien entonces.
- Pasa que es raro transitar esto sola.
- Podes contar conmigo.
- Gracias Flor, de verdad.
- No tenes nada que agradecer… Y ahora vamos que nos van a matar.
-Reí.- Tenes razón, vamos. Dale.

Nos levantamos de la mesa de donde estábamos y nos dirigimos a donde estaba todo el equipo, hoy debíamos arrancar rodando en exteriores.

-

Hoy iba a hablar con Araceli, no podía pasarse de hoy.

Me la crucé en un pasillo de la empresa y la frené.

- Ara…
- Hola.
- ¿Cómo estás?
- Como puedo, como me ves.
- ¿Podemos hablar hoy?
- Sí.
- ¿Comemos?
- Si queres.
- Te estoy invitando.
- Entonces sí.

Y se fue. Suspiré y seguí camino a mi oficina.

‘Hoy le corto.’

‘¿Seguro?’

‘Ya le dije de cenar…’

‘Mmm… Suerte.’

‘Gracias.’

‘☺’

‘¿Sabes que lo hago porque te amo, no?’

‘No es momento de hablar de eso, lo haces porque no podes seguir así Pedro.’

‘Y porque sos el amor de mi vida.’

‘Dejala y después hablamos.’

‘Sos dura eh.’

‘La vida me hizo ser así.’

‘¿Estás enojada conmigo?’

‘Sabes lo que tenes que hacer para que te trate mejor.’

‘Bueno y yo te estoy contando que hoy lo voy a hacer.’

‘Está bien…’

‘Okei, estás enojada.’

‘Pero confío en vos.’

‘Haces bien.’

‘Me tengo que ir a trabajar.’

‘Está bien, anda…’

‘Un beso Pepe.’

‘Otro beso para vos.’

-

Rodamos todo el día y lo único que quería era mi cama, había dormido muy mal la noche anterior.

Pedí la cena a mi habitación del hotel y me quedé allí. Comí mirando la televisión y luego revisé el plan de rodaje del día siguiente.

Me acosté y puse música con mis auriculares. Cerré mis ojos e intenté relajarme.

Me quedé dormida.

-

Estaba nervioso, muy nervioso… Extremadamente nervioso. Dejar a una mujer no era nada fácil, no la amaba pero la quería y no me gustaba demasiado que sufriera.

La estaba esperando en un restaurant y ya llevaba más de quince minutos de retraso.

Sonó mi celular y era ella.

- Conversación telefónica -

- Hola Ara.
- Pepe, hola.
- ¿Qué pasó que no llegaste?
- Mi viejo se descompensó, perdón pero no voy a poder ir.
-Suspiré.- Está bien, no pasa nada.
- ¿Seguro?
- Sí, hablamos otro día.
- Gracias.
- No es nada. ¿Cómo está tu viejo?
- Ahora bien, pero me tengo que quedar con él toda la noche.
- Okei, mandale un saludo.
- Dale, un beso Pepe.
- Otro Ara.

- Fin de la conversación telefónica -


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Maratón: 4!

232.

Corté el teléfono y me miré al espejo de cuerpo entero. Era tan extraño pensar que dentro de mi cuerpo estaba creciendo uno nuevo.

Levanté mi remera y me saqué una foto con el celular, no se notaba nada pero quería hacer la cronología de mi panza.

Quería y necesitaba disfrutar de esto que me pasaba.

Y también quería y necesitaba que Pedro se la jugara por mí y poder contarle la verdad.

Suspiré y guardé en la valija las pilas de ropa que tenía sobre la cama. Armé mi necesare con cosas de perfumería. Además, guardé el cargador del celular, los auriculares y mi cuaderno.

Cerré toda mi casa y partí rumbo al aeropuerto.

-

El llamado de Paula me había desconcertado demasiado, no creía que se iba a poner así.

Pero, sí sé que tiene razón en lo que me plantea y ella no se merece seguir siendo mi amante. Ella es mi mujer y quiero que lo sea para el mundo también. Tenía que dejar a Araceli, a pesar de cualquier cosa.

Tenía el celular en mis manos y no podía dejar de dudar, para llamar a Araceli tenía que tener un valor que no tenía. Me sentía un pelotudo.

‘Ya llegué, estoy camino al hotel.’

‘Gracias por avisarme, que disfrutes. Saca muchas fotos…’

‘¡Jajajaja! ¿Cómo sabes que traje la cámara?’

‘Te conozco mucho capaz.’

‘Demasiado diría yo.’

‘Que descanses hermosa.’

‘Vos también Pepe.’

Suspiré y apagué mi celular, ya era muy tarde. Luego lo enchufé y pasé por el baño para acostarme en mi camita.

Dormirme se estaba convirtiendo en una verdadera travesía, mi cabeza no me dejaba en paz. No podía dejar de pensar ni aunque quisiera. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo enfrentarme a lo que había hecho? Porque sí, lo hice yo y debo arreglarlo yo.

Amo a Paula y de eso no hay dudas.

Nunca las hubo.

-

‘Cuando después de tantas nubes grises sale el sol da miedo, o al menos a mí me da miedo.

Poso la mano sobre mi panza y aún no puedo creerlo, no sé qué hacer para creerlo. Es demasiado increíble, hasta incluso me parece irreal.

Es una locura pensar que allí, dentro de mí, hay una personita que está creciendo. Saber que nunca más iba a estar sola me llenaba el alma.

Me imaginaba, me imaginaba con una panzota enorme y con mi bebito en brazos. Deseaba profundamente poder abrazarlo fuerte y mirarlo o mirarla a los ojos y repetir millones de veces que lo amo, porque sí, es casi automático. Una se entera que está gestando a un bebé y lo ama de inmediato, dejas de ser importante en menos de un segundo y tu vida gira en torno a tu embarazo. No hay chance de que no sea así.

¿Te habrá mandado tu hermanito? ¿Vos si te vas a animar a venir a este mundo?

Las lágrimas de emoción no dejan de correr por mis mejillas, pero el miedo no me deja en paz. ¿Y si de nuevo me arrebatan la felicidad de un segundo al otro? No podría soportarlo.’
Cerré el cuaderno y me acosté en la cama del hotel, anhelé muy profundamente que Pedro me abrazara por la espalda y que él pudiera sentir mi panza conmigo, pero no. Primero había que solucionar las cosas y eso depende solo de él.

Me acomodé boca arriba y me tapé, tenía frío. Mis manos levantaron mi remera y posé mis manos allí.

- Te amo bebé. –Susurré.-

Me quedé dormida un rato después y me desperté en medio de la madrugada con nauseas. Okei, me esperaba una larga noche.

-

La alarma sonó y suspiré, la apagué y cuando intenté levantarme de la cama me mareé. No podía más del dolor de cabeza.

Me levanté como pude y me tomé una aspirina antes de hacer cualquier cosa y me senté en el sillón con una taza de café. Me quedé allí e intenté relajarme, pero era en vano. Mi cabeza no pensaba dejarme en paz.

Me masajeé un poco y no sirvió de mucho, necesitaba los masajes de Paula y claramente no los iba a tener.

-

Cuando el celular se encendió indicando que era la hora de despertarme yo ya estaba despierta, lo apagué y suspiré, al menos me sentía un poco mejor.

‘Buen día.’


Sonreí.

‘Buen día Pepe. ¿Cómo estás?’

‘Se me parte la cabeza.’

‘De mucho pensar…’

‘Puede ser. ¿Vos? ¿Cómo estás?’

‘Dormí poco porque tenía el estómago revuelto, pero ahora estoy mejor.’

‘Estamos los dos pachuchitos, para que nos metamos en la cama y no salgamos más.’

‘Estamos un poco lejos…’

‘Por desgracia, no sabes las ganas que tengo de unos masajes tuyos.’

‘¿Tomaste algo?’

‘Sí, ni bien me levanté.’

‘Entonces dentro de un rato se te pasa.’

‘Eso espero… ¿Hablamos más tarde?’

‘Dale, un beso.’

‘Beso.’

Me di un baño y bajé a desayunar. Comí demasiado e intenté disimularlo, pero no había manera.

Estaba embarazada y aún no podía creerlo.

- Pau. ¿Estás bien?
-Sí. ¿Por?
- No sé, te noto rara.
- Estoy bien. –Sonreí.-
- Bien te veo.
- Pasa algo que no sabe nadie.
- ¿Qué?
- Ayer me enteré que estoy embarazada.
- ¿De verdad?
- Sí.
- Felicitaciones linda. –Flor me abrazó y también la abracé.-

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Maratón: 3!

231.

Veinte días, veinte días y Pedro seguía sin dejar a Araceli. Era muy claro que eso no iba a pasar, pero siempre elijo confiar en él.

Esta vez me equivoqué.

Sigo siendo la segunda, la escondida y la negada.

Pero aunque parezca increíble, eso no es lo peor de todo. Lo peor de todo es que me siento mal y no, no hablo de mi estado anímico. Hablo de mi físico, me siento mal corporalmente.

Vómitos, mareos, me quedo dormida en cualquier lado. ¿Síntomas de…?

¡Exacto! Embarazo, estoy embarazada y no sé que hacer. No sé como reaccionar, no puedo reaccionar, no quiero. ¿Justo ahora? Juraba que en esa fecha no podía pasar y pasó, pasó…

Tengo el test positivo en mi mano y quiero desaparecer, me muero de miedo. Miedo de que de nuevo sea un amague y miedo de decírselo a Pedro, es una situación de mierda para que pase esto.

Asustada hasta la médula fui al médico y pedí por favor que me hicieran un análisis, ecografía ¡O lo que sea!

Esperé eternas horas en las que dudé mil veces si llamar a Pedro o seguir sola, pero yo no podía dejar de pensar en negativo. ¿Si de nuevo era lo mismo? ¿Si de nuevo era un golpe para mí? ¿Para qué lo iba a hacer sufrir?

Me temblaba el cuerpo y el alma también, aunque quisiera no podía dejar de llorar. Veía a todos pasar y yo seguía ahí, sentada en una silla muy incómoda.

Me sacaron sangre y me dijeron que siguiera esperando, necesitaba una ecografía. Les expliqué mi situación, me la iban a hacer… ¡Pero nadie me decía cuando!

- Señorita Chaves.
-Suspiré y me paré.- Acá, buenas tardes.
- Pase.
- Gracias.

Entré al consultorio con el doctor y me senté frente a él.

- Está muy nerviosa.
- Pasa que… Tuve un embarazo ectópico.
- ¿Y ahora está embarazada? ¿Hace cuánto fue?
- Hace seis meses más o menos y sí… O no sé, me hice un test y dio positivo. Recién me sacaron sangre para hacerme el análisis, pero necesito saber que es un embarazo normal porque sino me voy a morir.
- Tranquila, pase por acá. Yo le voy a hacer una ecografía y le voy a responder todo lo que necesite. –Hizo una pausa.- Acostate acá, levantate la remera y desabrochate el pantalón.

Hice lo que el médico me indicó intentando no perder la estabilidad y sentí el gel helado caer sobre mi panza.

- Tranquila. –Dijo y sonreí forzosamente.-

Pasaron algunos minutos que fueron eternos hasta que por fin habló.

- Está todo perfecto.
- ¿De verdad? –Pregunté emocionada.-
- Está de muy poquito tiempo, dos semanas.
- ¿Pero está bien?
- Está muy bien, muy aferrado.
-Sonreí.- Yo estuve enferma.
- ¿Qué tuvo?
- Un quiste en el útero, maligno… Estuve con rayos y demás.
- ¿Ya tiene el alta de eso?
- Sí.
- Entonces no tiene por qué preocuparse, si le voy a recetar algunas pastillas más que al resto de las embarazadas porque su cuerpo debe estar más débil. –Dijo limpiando el gel.-
- Anemia.
- Por eso mismo. –Me senté.- Pero no tiene por qué preocuparse.
- ¿Me habla en serio?
- Sí, pongase feliz. La felicito.
-Reí.- Gracias. –Acomodé mi ropa.-
- Se me acabó el talón para hacer las recetas, ya vuelvo.

El doctor se fue y yo me largué a llorar de la felicidad, posé mis manos sobre mi panza y sonreí. No podía creerlo.

El médico me hizo todas las recetas.

- Tome. –Dijo dándome un DVD.- Le grabé la ecografía por si la quiere ver con el papá del bebé.
-Sonreí.- Muchas gracias.
- No es nada, en la última hoja le anoté los médicos a los que va a tener que visitar.
- Está bien, ahora voy a sacar turnos.
- Y tranquila, que el bebé y usted están perfectos.
- Gracias.
- Por nada.

Salí del consultorio y luego de pedir todos los turnos y pasar por la farmacia volví a mi casa.

Era hora de ponerle los puntos a Pedro porque hasta que no dejara a Araceli no pensaba decirle nada. No quería que piense que usaba a nuestro hijo para retenerlo.

Mañana debía salir de viaje una semana por el trabajo y le daría esa semana para pensar.

'Creo que la semana pasó hace rato.'

'¿Te puedo llamar?'

'Sí, yo no tengo que esconderte como vos a mí.'

'Estás siendo muy hiriente.'

'Vos conmigo también.'


- Conversación telefónica -

- Hola.
- Hola Pau. ¿Cómo estás?
- Esperando que cumplas tu juramento, creo que ya se te acabó el plazo.
- No seas así conmigo.
- ¿Y vos? ¿Cómo sos conmigo?
- Lo mejor que puedo.
- Por eso sigo siendo tu amante, que poco podes Pedro.
- Hago lo que puedo.
- Y yo te estoy diciendo que podes poco.
-Suspiró.- ¿Podemos vernos?
- Me estoy yendo.
- ¿A dónde?
- De viaje, a Mendoza. Vamos a grabar allá.
- ¿Y no pensabas despedirte de mí?
- Para eso estamos hablando creo.
- ¿Cuánto tiempo te vas?
- Una semana, es el tiempo que tenes para solucionar las cosas.
- Te escucho rara.
- Estoy cansada de esta situación, quiero que te la juegues. Por ella o por mí.
- Por vos.
- Entonces hacelo.
- ¿A qué hora viajas?
- A la noche.
- Te llevo al aeropuerto y nos vemos.
- No Pedro, voy sola.
- Dale Pau.
- No.
- Está bien, que tengas un buen viaje. ¿Me podes avisar cuándo llegues?
- Gracias y sí, te aviso. Un beso.
- Te amo.
- Yo también te amo y lo sabes, espero que hagas algo con eso.
- Lo voy a hacer.
- Confío en vos una vez más.
- Haces bien.
- Un beso.
- Otro para vos hermosa.

- Fin de la conversación telefónica -



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Maratón: 2!

230.

- Ya lo sé.
- ¿Y entonces?
- No sé Paula. ¿Qué es lo que pretendes?
- Que no tengas esto.
- Bueno, lo voy a tener igual.
- ¿Por qué sos así Pedro?
- ¿Así cómo?
- Así boludo. ¿Te das cuenta que esto te hace mierda?
- Sí.
- ¿Y entonces para qué la tenes? –Pregunté al borde del llanto.-
- Porque necesito tenerla.
- Sabe que esto no te lo voy a devolver.
- Compro más.
- ¡Pedro! –Dije ya llorando.-
- No, no vengas a llorar ahora.
- ¿Por qué no confías en mí?
- No confío en la situación.
- En vos no confías.
- Puede ser.
- Ya sé que me mandé una cagada enorme, te juro que lo sé y no me da la cara para pedirte perdón. ¿Pero no podes jugártela por mí?
- ¿Qué tiene que ver eso?
- Si te la jugaras por mí dejarías a tu noviecita y no tendrías miedo de perderme.
- ¿Qué sabes?
- No haría la misma pelotudes dos veces.
- ¿Cómo puedo estar tan seguro de eso?
- ¿Vos no dejas a Araceli por miedo a quedarte sin el pan y sin la torta? –Se encogió de hombros.- Si seguís así me vas a perder a mí y para siempre.

Corrí hasta el baño y tiré la droga en el inodoro, tiré el botón y lavé mi cara.

- Me voy a trabajar. –Dije abriendo la puerta.-
- No Paula, para.
- No quiero que me sigas tratando mal.
- Para, por favor. –Posó su mano sobre la mía e impidió que abriera el picaporte.-
- ¿Qué?
- No me importa llegar tarde, veni.

Se sentó en el sillón y me senté frente a él.

- Te escucho.
- Primero, te mandaste una cagada, sí… Pero eso no es lo único por lo que nos separamos.
- No sé. -Dije escondiendo mi cara en mis manos.-
-Hizo que lo mire.- No Pau, no es lo único. Lo que nos pasó con nuestro bebé nos hizo mierda a los dos. –Me encogí de hombros y suspiré.-
- Lo que estamos haciendo ahora también nos hace mierda.-Sentencié.-
- Lo sé...
- ¿Y entonces? -Pregunté impaciente.-
- Voy a cortar con Araceli.
- ¿Cuándo?
- Te juro que no pasa de esta semana.
- No jures en vano.
- De verdad te digo.
- Está bien.
- Te amo. ¿Sabes?
- Lo sé, yo también te amo. –Suspiré.- Vamos a llegar tarde.
- No me importa.
- ¿Y qué te importa?
- Vos me importas.
- No te parece muy obvio llegar los dos tarde, Araceli está re paranoica.
- No quiero que estés enojada.
- Me enoja que tengas esa mierda.
- Es horrible lo que me pasa.
- ¿Y no podes confiar en mí la puta madre?
- Confío en vos más que en mí. –Dijo acariciando mi mejilla y acercándose a mí.-
- No Pedro, para.
- ¿Qué? ¿No te puedo dar un beso?
- Necesito que hagas algo con lo que te pasa.
- Estaba pensando en empezar terapia.
- Hacelo, por favor. –Tomé sus manos.-
- Lo voy a hacer.
- Y de verdad te lo digo, confía en mí.
- Ya te dije que confío.
- No compres más.
- No puedo prometerte eso.
- Al menos prometeme que lo vas a intentar.
- Está bien.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo.
-Sonreí.- Te tomo la palabra.
- ¿Te puedo dar un beso?
- Obvio que sí tonto.

Nos besamos y terminamos abrazados, ambos con lágrimas en los ojos.

- Estoy con vos, siempre. –Susurré en su oído.-
- Te necesito.
- Y yo estoy mi amor. –Besé su cuello.-
- Te amo.
- Te amo… -Nos separamos un poco y nos besamos.-

Nos levantamos y salimos del departamento.

- ¿Me tiras por ahí cerca de la oficina? Sino, no llego más.
- Obvio.
- Gracias. –Nos besamos y salimos del edificio.-

Fuimos hasta la empresa y cinco cuadras antes me bajé del auto, para no llegar juntos.

Corrí hasta la empresa y luego hasta mi piso. Eran ocho y cuarto.

- Perdón. –Le dije a mi jefa.- No llegaba el colectivo y se me hizo tarde.
- No pasa nada, son quince minutos.
- Gracias. –Sonreí.- ¿Algo para mí?
- Te envíe un mail.
- Ahora lo miro entonces.

Me retiré y me pedí un café, ya que no habíamos desayunado y entré en mi oficina.

Tocaron la puerta.

- Toma. –Dijo dándome un paquete de galletitas.-
- Sos un amor.
- No pudiste desayunar.
-Sonreí.- Gracias.
- No es nada.
- Desayuna vos también.
- Me compré también.
- ¿Me das un beso? –Él sonrió y me dio un beso.-
- Me voy.
- Anda, encima que llegamos tarde.
- ¿Nos vemos?
- Siempre. –Sonreímos y se fue.-

Prendí la computadora e inicié mi día laboral.

-

Entré en la oficina y Araceli estaba allí.

- Buen día. –Dije entrando.-
- ¿Por qué llegaste tarde?
- Me quedé dormido.
- Vos nunca te quedas dormido.
- Bueno, hoy sí.
- ¿Vos me estás jodiendo?
- Anda al grano, tengo que trabajar.
- Que no confío en vos.
- Bueno, no es ese mi problema.
- ¿No es tu problema?


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Maratón: 1

martes, 28 de julio de 2015

229.

Me obligó a caer sobre la cama y se tiró sobre mí, como amaba que tomara el control de la situación. Sus labios eran dos sopapas con los míos y mis piernas rodeaban su cuerpo.

- ¿Sabes qué? –Preguntó sin dejar de besarme.-
- ¿Qué?
-Su nariz acarició mi cuello.- Me calentas muchísimo.
-Reí.- Pensé que me ibas a decir algo que no sabía.
-Mordió mi oreja.- Pensé que estaba bueno recordártelo.
- Me encanta que me lo digas, pero más me gusta sentirlo. –Lo obligué a que me bese otra vez.-
- Sos la mujer de mi vida. –Dijo agitado.-
- Te amo Pedro, te amo. –Lo aferré con más fuerza a mi cuerpo.-
- Te amo.

Nuestros labios se unieron con demasiada vehemencia, mis manos se depositaron en su cuello y su cuerpo caía con fuerza sobre el mío. Me tenía acorralada y me encantaba.

Corrí mi cabeza hacia un costado, indicándole el camino y él sonrió pícaramente. Cerré mis ojos y suspiré, sentí sus labios besar suavemente la piel de mi hombro derecho hasta subir a mi mejilla y luego recorrer el mismo camino en reversa, la intensidad de los besos iba aumentando de a poco y mi respiración se iba agitando. Sus manos buscaron mi nuca y comenzaron a masajearla, sin dejar de besarme.

-Me tomó por las mejillas e hizo que lo miré.- ¿Qué pasa? –Pregunté.-
- Que podría mirarte toda la vida.
-Sonreí.- Esa mezcla de tierno y salvaje me puede tanto. –Sonreímos y nos besamos.-

Levanté su remera de a poco, acariciando su espalda completa, hasta que se la quité y me aferré a su piel. Mis dedos recorrieron su espalda ida y vuelta reiteradas veces y sus labios nunca se despegaron de los míos.

Sus manos se posaron en el colchón, a ambos lados de mi cuerpo, para poder separarse un poco besar mi pecho, lo ayudé a deshacerse de mi remera e hice que diéramos una vuelta para quedar sobre él.

Mis labios y mis manos recorrieron sus brazos, su cuello, su pecho y abdomen mientras sus manos se enredaban en mi pelo. Me tiré sobre él para besarle y llevé sus manos al gancho de mi corpiño, lo desabrochó y yo me lo quité lentamente.

Hice que se diera vuelta y me acosté sobre él, presionando mis pechos con su espalda y aprisionando mis piernas alrededor de su cintura. Mis labios se concentraron en su nuca.

Sin darme previo aviso, me obligó a caer en la cama y volvió a estar sobre mi cuerpo, sus ojos ardían.

Me quitó de un tirón la calza y mi ropa interior y recorrió cada centímetro de mi cuerpo con sus besos.

- No me mates… Pero no tengo forros. –Dijo en mi oído.-
-Suspiré.- No estoy en fecha.
- ¿Estás segura?
- Muy segura. –Suspiré.- No me podes dejar así nene.
- Puedo ir a comprar.
- Dale boludo.
- ¿Qué?
- Hacelo.
- ¿Estás segura?
- Te dije que no estoy en fecha. –Cerré mis ojos.-

Y otra vez fui suya.

Nuestros cuerpos descasaban, uno al lado del otro.

- Gorda…
- ¿Qué?
- Perdón.
- ¿Por qué?
- Por no tener, te juro que no me di cuenta.
- No pasa nada amor.
- ¿Estás segura?
- Es imposible que pase ahora.
- ¿Por qué?
- Porque si nene.
- Está bien, te creo.
- Ahora abrazame.

Me abrazó por la espalda y sonreí.

- Te amo. –Susurró y besó mi cuello.-
- Yo también te amo. –Suspiré.- Tengo un poco de frío.
- ¿Queres una manta?
- Por favor.

Pedro agarró unas mantas que habían caído al suelo y las posó sobre nosotros.

- Gracias.
- No es nada.
- Descansa Pepe.
- Vos también Pau.

-

- Buen día. –Dije acariciando su cuello con mi nariz.-
- Buen día. –Bostezó.-
- Es temprano todavía.
- ¿Y por qué me despertaste?
- En cinco suena el despertador.
- Eran cinco minutos.
- Pero esos cinco minutos los puedo usar para besarte.
- Mmm…
- ¿Mmm…? –Pregunté besando su hombro.-
- Es muy temprano gordo.
- ¿Y?
- No soy muy conciente.
- No tenes que ser conciente. –Reímos.-
- Está bien.

Pasé un largo rato besando su cuerpo hasta que me fui a bañar y luego lo hizo ella.

- Pepe… ¿Qué es esto?
-Suspiré y quise desaparecer.- ¿De verdad no sabes qué es eso?
- Sí, lo sé.
- ¿Y para qué preguntas?
- ¿Para qué lo tenes?
- No puedo estar sin tener.
- Gordo, dale.
- ¿Qué?
- No seas boludo.
- No soy boludo. ¿Vos sabes lo que es ser adicto?
- ¿No era que consumías porque no estabas conmigo? Estoy acá.
- Nada me garantiza que no me dejes otra vez.
- Yo te amo Pedro.
- Me dejaste igual.
-Suspiró.- Me hace mierda que me digas eso.
- A mí me hizo mierda estar lejos tuyo.
- Pero ahora estoy con vos y a pesar de muchas cosas.
- ¿Estás conmigo por obligación?
- No podes decirme eso después de haber cojido toda la noche y sin forro.
- Es lo que me das a entender.
- Entendes cualquier cosa entonces.
- No me respondiste por qué tenes esto.
- Ya te dije.
- ¿Por si te dejo?
- Sí.
- ¿Vos crees que yo te voy a dejar?
- No es una situación fácil la que estamos pasando.
- Me prometiste que la ibas a solucionar.


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¡Por fis! ¡Por fin! Comenten. ☺

lunes, 27 de julio de 2015

228.

Escondí la cartera y la campera de Paula en mi placard de un pique y le abrí.

- Hola… -Dije abriéndole la puerta.-
- ¿Por qué tenías todo cerrado nene?
- Porque no pensaba salir más.
- ¿Me saludas?
-Le di un beso.- ¿Por qué viniste sin avisar?
- Te quería dar una sorpresa.
- Ah… -Suspiré y pensé alguna excusa para sacármela de encima.- Pasa que me siento un poco mal.
- ¿Qué te pasa bonito?
- Me duele la cabeza, el cuello… Tengo ganas de dormir.
- Comemos temprano y después te hago masajitos hasta que te duermas.
- No, gracias. Pero no.
- Dale, hace días no dormimos juntos.
- Pero hoy no tengo ganas.
- Nunca tenes ganas.
- Perdón, estoy con mil cosas en la cabeza.
- ¿Y por eso no podes hacer el amor con tu novia? Te extraño. –Dijo y me besó.-
- Hoy no tengo ganas Ara.
- ¿Vos sin ganas de cojer? ¿Te cambiaron nene?
- Te estoy diciendo que me siento mal.
- Pero siempre tenes una excusa distinta.
- No estoy para bancarme un planteo.
- Explicame que es lo que pasa.
- ¿Qué es lo que pasa con qué?
- Con vos Pedro.
- ¿Por qué?
- ¿Te estás cojiendo con otra?
- ¿Qué? ¿Estás loca vos?
- No te creo nada.
- ¿Qué no me crees?
- Que no tengas ganas de estar conmigo.
- ¡Me siento mal nena! ¿No lo podes entender?
- No.
- Yo me banqué que no te acuerdes de mí durante días cuando tu viejo estaba internado y como ahora yo no tengo ganas un día te enojas, me parece que no es así la cosa.
- No compares.
- No comparo, solo te estoy diciendo que hoy quiero dormir.
- ¿Y no podemos dormir juntos?
- Sabes que no me gusta que me invadan.
- ¿Yo te invado?
- Te estoy diciendo que quiero estar solo.
- ¿Vos estás con alguien?
- ¡Te dije que no!

- Pero ahora, acá…
- No nena, si te estoy diciendo que quiero estar solo.
- ¿Por qué será que no te creo nada? –Dijo queriendo pasar.-
- Si desconfías de mí esto se termina acá, es muy simple.
- ¿Por qué no me dejas pasar?
- Quiero estar solo, no me hagas enojar.
- ¿Yo te hago enojar?
- Te estoy diciendo que me siento mal y no dejas de hacerme un planteo pelotudo.
- Está bien Pedro, quedamos así.

Se fue y pegó un portazo, suspiré y cerré la puerta con llaves.

- Gorda, ya podes salir. –Dije tocando la puerta de la habitación en donde estaba Pau.-

Ella salió del cuarto y suspiró.

- Estuvo demasiado cerca Pedro.
- Ya lo sé. –Dije agitado.-
- ¿Estás bien?
- No. –Se sentó en el sillón.-
- ¿Te traigo el puff?
- Por favor.

Ella se fue y a los segundos volvió con el puff, lo usé dos veces y cerré mis ojos.

- Tranquilo. –Besó mi cuello.-
- Casi se va todo al carajo.
- Ya lo sé. –Se apoyó sobre mi pecho y comenzó a jugar con mi barba.-
- Hay que cortar con esto.
- ¿Con esto?
- Con esto de ser amantes…
- No te quiero perder.
- Cortale a ella Pepe, si no de verdad que va a ser un desastre.
-La abracé.- Tenes razón.
- Tomate el tiempo que necesites, pero tampoco lo alargues tanto.
- Perdón.
- ¿Por?
- Por el momento que te hice pasar.
- No es nada. –Besó mi pecho.- Ahora tranquilizate, respira tranquilo.

-



Mientras cenábamos.

- Pepe…
- ¿Qué amor?
-Suspiré.- ¿No vas a hablar con ella?
- No.
- ¿Por qué?
- Capaz sirve de excusa.
- ¿La vas a dejar por lo que hizo Pedro?
- No, la voy a dejar por vos.
- No digas eso, suena horrible.
- ¿Por qué?
- Porque quedo yo como la responsable y no quiero que sufra.
- El otro día me dijiste que era mejor que sufra ahora y que no pase su vida al lado de un tipo que no la ama.
- Sí, es verdad. –Suspiré.- Estamos hasta las tetas.
- Sí… -Suspiramos.- Pero me imagino que esto no va a arruinar nuestra noche.
-Reí.- Tremendo que sos.
- Es que sos tan linda.
-Sonreí.- Los planes son planes. –Reímos.-
- ¿Pedimos helado?
- Por favor.
- Vos lavas los platos y yo pido.
- Okei, okei… Acepto el trato. –Hice una pausa.- ¿Terminaste de comer?
- Sí.
- Entonces levanto.
- ¿Chocolate con almendras y menta granizada?
- ¿Qué pregunta es esa? –Reímos.-

Yo ordené la cocina mientras él pedía el helado y luego se puso a ver la tele.

Terminé y me senté a su lado.

- ¿En cuánto traen el helado?
- Deberían estar por llegar.
- Menos mal porque me antojé.
- ¿Vos no…?
- No digas boludeces Pedro.
- Bueno, perdón che.
- Con eso no se jode.
- Ya lo sé. –Me besó.- Perdón.
- No pasa nada.

Comimos el helado mirando una peli y luego cerramos toda la casa para poder ir a la cama.

Me abrazó por la cintura y me besó para acorralarme en la pared de entrada a la pieza.

- ¿Te das cuenta que sos hermosa?
- Vos sos hermoso. –Mordí sus labios y lo aferré a mi cuerpo.-
- Veni para acá. –Me obligó a entrar al cuarto.-

domingo, 26 de julio de 2015

227.

Desperté y besé su frente.

- Buen día mi amor. –Susurré.-
- ¿Ya hay que levantarse?
- Sí gorda.
-Suspiró.- ¿Podes hacer un par de cafés y tomamos acá? Por favor.
- Me gustó el plan. ¿Queres comer algo?
- Sí.
- Ahora traigo.
- Gracias. –Me besó y fui en busca de aquello.-

Volví con aquello en una bandeja y la apoyé sobre la cama, me senté a su lado y besé su mejilla.

- ¿Estás mejor?
- Sí, me hizo muy bien dormir con vos.
- Me alegro. –La besé.-
- Gracias. –Me besó.- De verdad.
- No me lo tenes que agradecer.
- Te amo hermoso. –Acarició mi mejilla.-
- Te amo. –Sonreímos y nos besamos.-

Desayunamos y ella se bañó primero mientras yo acomodaba la cocina y la habitación. (Sí, de vez en cuando me pongo en el papel de amo de casa. Increíble, pero real.)

Me bañé mientras ella acomodaba su pelo y se maquillaba.

- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿Podemos ir juntos? Aunque sea hasta un par de cuadras, me da miedo ir sola.
- Obvio que sí.
- Gracias, de verdad.

- Deja de agradecer. –Sonrió.-
- Ya casi estoy.
- No pasa nada, es temprano todavía.

Pau terminó de acomodarse y salimos del departamento.

- Para… -Dijo antes de subir al ascensor.-
- ¿Qué?
- De verdad te quiero agradecer, si no ibas a buscarme no sé que hacía.
- Siempre voy a estar para vos mi amor, lo sabes.
- Gracias. –Me besó.-
- ¿Segura estás mejor?
- Sí, mucho.
- Me alegro. –La besé.-
- ¿Vamos?
- Dale.

Nos separamos a un par de cuadras y llegamos por separado a la empresa.

Eran ocho menos cinco y ocho en punto tenía una reunión, asique tuve que volar a aquella sala de reuniones.

-

Llegué a mi oficina y suspiré.

Quería borrar lo de ayer de mi mente y lo mejor era concentrarme en el trabajo, tenía una reunión con el equipo ya que estábamos en etapa de pre-producción y pasé gran parte de la mañana allí.

Eran las once de la mañana y Pedro entró a mi oficina sin tocar la puerta.

- ¡Pedro! ¿Y si había alguien?
- Ya sabía que estabas sola.
- Igual nene, por las dudas.
- Encima que vengo a darte una sorpresa.
- Pero estamos en la empresa.
- No importa. –Trabó la puerta y se acercó a darme un beso.- ¿Cómo estás?
- Mucho mejor.
- ¿No me mentís?
- No, estoy bien. De verdad.
- ¿Nos vemos esta noche?
- Por favor.
- ¿En mi casa?
- Dale. ¿A qué hora?
- Después de la oficina.
- ¿Seguro?
- Sí.
- Entonces quedamos así.
- Genial. –Nos besamos.-
- Estoy esperando a mi jefa, no es que quiera echarte pero…
-Rio.- Está bien, te dejo. –Me besó.-
- Nos vemos.
- Nos vemos. –Nos besamos y él se fue.-

Después de una reunión con mi jefa, pedí el almuerzo a la oficina porque tenía miedo de volver a cruzarme a ese mal nacido y finalicé mi jornada laboral.

Esta vez, decidí pedirme un remisse. (Al menos por hoy, tenía pánico de que ande dando vueltas por el lugar).

Pasé por mi casa a buscarme ropa porque ya casi ni me quedaba ropa en la casa de Pedro y en ese momento si decidí ir en colectivo, le avisé que estaba cuando llegué y él me dijo que podía subir. Genial.

Abrí la puerta y lo busqué para besarlo.

- Hola mi amor. –Dije sin despegar mis labios de los suyos.-
- Hola hermosa, hola. –Corrió el pelo de mi cara.- ¿Cómo estás?
- Tenía muchas ganas de verte.
- Yo también. –Sonreímos y acariciamos nuestras narices.-
- Tengo muchas ganas de pasar la noche con vos.
- Qué lindo escucharte decir eso.
-Sonreí y lo besé.- Igual, ahora muero de hambre.
- Hay facturas.
- ¡Ay, qué rico!
- Las traigo y comemos en el balcón.
- Por favor.
- ¿Y café?
-Reí.- Vamos a morir de sobredosis posta.
- Prefiero morir de café y de vos que de otras cosas. –Bajó su mirada.-
- Vamos a estar bien, te lo prometo. –Dije tomándolo por el mentón para que me mire.-
- Es lo que más quiero.
- Una vez las cosas se nos tienen que dar.
- Eso espero. –Nos besamos.-
- ¿Merendamos?
- Dale.

Preparamos la merienda y nos sentamos en el balcón con una bandeja.

- ¿De verdad crees que vamos a estar bien?
-Suspiré y apoyé mi cabeza en su hombro.- Lo deseo de verdad.
-Besó mi frente.- Yo también.
- No puede ser tan imposible la felicidad.
-Me abrazó por el costado y yo sonreí.- Mi felicidad sos vos.
- Y vos la mía.

Llevamos las cosas a la cocina, yo lavé y volvimos al balcón. Yo me acomodé sobre él y nos quedamos allí por un rato, observando como el sol se escondía entre las nubes y los edificios.

De repente, escuchamos que intentaban abrir la puerta y lo miré a Pedro desesperada.

- Escondete en el escritorio.
- ¡Pedro!
- Escondete, yo la saco.
- Esto va a terminar mal.
- Dale Paula.

Corrí al escritorio y trabé la puerta, apagué todas las luces de allí y cerré la persiana ya que aquella ventana daba al balcón.

- ¡Para Ara! Ahí te abro.

226.

Se hizo demasiado tarde y yo seguía en la oficina, punto final en el informe y apagué la computadora. La cabeza me estallaba como nunca.

Ordené un poco el escritorio y busqué mi cartera para poder salir, revisé mi celular en el ascensor y lo guardé antes de salir. Ya casi no quedaba nadie en la empresa.

Caminé las dos cuadras que me separaban de la parada de colectivos, pero no pude hacerlo en paz. Me di cuenta que alguien me estaba persiguiendo, intenté acelerar el paso pero fue en vano.

- Flaquita, para. ¡Para!

No le respondí y comencé a correr pero me alcanzó en la esquina.

- ¿No te das cuenta que te estoy llamando flaca?
- No te conozco.
- ¿Y qué problema hay? –Dijo tomándome de la cara.-
- ¡Soltame!
- Mmm… ¡No!
- ¿Queres mi cartera? ¡Toma! –Dije nerviosa.-
- No, precisamente tu cartera no.
- ¿Y para qué me jodes?

Me agarró del cuello y me obligó a caminar hacia la otra esquina, una calle sin salida. Yo ya no podía respirar y estaba llorando, tenía pánico.

- ¡Soltame! ¡Soltame! –Grité.-
- Si gritas la vas a pasar peor bebota.
- Soltame, por favor. –Dije quebrándome.-
- Un carajo te suelto. ¡Un carajo!
- ¿Para qué haces esto?
- ¿No te das cuenta que estás buenísima?
- No, no. ¡Por favor!

Me estampó contra la pared me apoyó con mucha fuerza.

- No me hagas nada, por favor.
- Podemos hacer los dos. ¿No te parece?
- Soltame, te lo ruego.
- Ya te dije que no. –Quiso sacarme la campera y me negué, pero aún así lo intentaba.-
- Por favor. –Intenté sacarlo de encima mío y ya me sentía desesperada.-
- Por favor vos… Si vos lo disfrutas la vas a pasar mejor.
- Basta, basta. –Cerré mis ojos e intenté respirar.-
- Por favor bebita.
- ¡Soltame! –Le pegué un rodillazo y salí corriendo.-

Corrí hasta la empresa sin entender nada y por suerte no me alcanzó, me senté en el hall de la empresa y estaba temblando. Busqué mi celular y lo llamé a Pedro.

- Conversación telefónica -

- Hola mi amor.
- Pepe. –Dije casi sin voz.- Veni a buscarme.
- ¿Pasó algo?
- Veni, por favor.
- ¿En dónde estás?
- En la empresa.
- ¿Pero qué pasó?
- ¿Podes venir?
- Ahora voy, tranquila.

- Fin de la conversación telefónica -

La espera fue interminable y por fin lo vi entrar, le hice señas de que no entrara y corrí hasta la puerta. Lo abracé, sin poder decir nada.

- ¿Qué pasó Pau? –Me abrazó y me desarmé en sus brazos.- ¿Qué pasó? –Negué con mi cabeza.-
- ¿Podemos ir a tu casa?
- Me preocupas Pau.
- Vamos, por favor.

Nos subimos a su auto y fui todo el viaje en silencio.

Llegamos a la cochera y Pedro estacionó, bajé del auto y casi me caigo de lo que temblaba. Pedro tomó mi mano y besó mi frente.

- Tranquila hermosa, tranquila. –Me abrazó.- ¿Subimos? –Asentí con mi cabeza y subimos hasta su casa.-

Pedro agarró mi cartera y me sacó la campera para dejarlo a un lado y corrió el pelo de mi cara.

- ¿Queres tomar algo?
- ¿Me puedo duchar?
- Obvio que sí… ¿Pero me contas qué pasó?
- Un tipo me agarró en la calle, me quiso tocar… Fue horrible.
- ¿Te hizo algo?
- No.

Me abrazó y me desarmé aún más.

- Ya está, ya pasó mi amor. Ya pasó.
- Fue horrible, fue como revivir otra vez todo eso…
- Pero no pasó nada mi amor, estás bien. Sh…
- Creí que me moría ahí.
- Tranquila Pau.
- Me voy a bañar.
- Dale. –Se separó un poco de mí y me besó.- ¿Queres que te prepare algo para comer?
- No me pasa nada.
- ¿Vos recién salías del laburo?
- Sí.
- Entonces tenes que comer algo gorda.
- Pero no tengo hambre.
- ¿Un caldito?
-Me encogí de hombros.- Como quieras.
- Y dormimos juntos.
- Necesito que me abraces.
- Por eso mismo. –Secó mis lágrimas.- Anda, dale.

Me fui a bañar e intenté que el agua se llevara el pánico y el asco que tenía encima de mi cuerpo. Quise que las gotas de agua lavaran mi pasado, ese que nunca me iba a dejar de atormentar.

Me puse un jogging y una remera de Pedro (Sí, una diosa) y fui hasta la cocina.

- ¿Comemos? –Preguntó.-
- Bueno. –Suspiré e hice un rodete con mi pelo mojado.-
- ¿Queres que comamos en la cama?
- Sí, dale.

Pedro puso los dos platos de sopa (más caldo que sopa) en una bandeja con dos vasos de jugo y fuimos hasta el cuarto.

Cenamos allí y se llevó la bandeja, mientras me quedé sola me metí en la cama y me largué a llora otra vez.

No era la situación, era mi pasado atormentándome otra vez. Era esa mierda que nunca se va a terminar.

Lo sentí abrazarme por la espalda y suspiré.

- Nunca se termina Pedro.
- Sí mi amor, vas a ver que sí.
- Si me pasaba otra vez, me moría.
- Pero no pasó Pau, tranquila.
- Abrazame, por favor. –Me di vuelta para poder apoyar mi cabeza en su pecho y que me abrace así.-
- Te amo hermosa.
- Yo también te amo. –Suspiré.-

sábado, 25 de julio de 2015

225.

‘Siempre supe que era adicta a él pero ahora lo ratificaba más que nunca. Era completamente adicta a todo lo que me llevara a él.

Adicta a sus labios, a sus besos y a sus caricias. Adicta a escucharlo hablar y sentirlo respirar.

Adicta a que me coja hasta hacerme ver las estrellas y adicta a que me abracé con la ternura que tiene cada vez que lo quiere.

No puedo separarme de él, no puedo ni quiero. Lo necesito cerca, lo necesito para respirar y vivir en paz.

Recién ahora me doy cuenta que atravesé todo ese horrible camino de tratamientos para curarme y poder estar con él, porque él es la única persona que me importa en este mundo. Él es mi mundo.

Lo amo, lo amo tanto que me duele, lo amo de tal manera que mi sangre hierve cada vez que lo veo y mi corazón enloquece.

Lo amo locamente y desquiciadamente. Adictivamente.

Me doy cuenta que no sé vivir sin él y que tampoco quiero aprender a hacerlo, porque vivir sin él sería no vivir.’
 


Mi celular sonó y rogué que fuese una invitación de su parte.

‘Mi amor, perdón… Pero hoy no podemos vernos.’

Suspiré algo enojada y triste.

‘Está bien. ¿Pero puedo mandarte algo?’

‘Sí…’
 


Le saqué una foto a lo que acababa de escribir y se la envíe.

‘No me hagas esto…’

‘¿Está mal decirte lo que siento?’

‘No, está perfecto y me encanta. Pero ahora me muero por ir a verte.’

‘Está bien, entiendo que tengas otra mujer aunque me duela.’

‘Te amo.’

‘Yo también te amo.’


Me preparé un té y me fui a la cama, no tenía ganas de cenar. En realidad no tenía ganas de nada, excepto de estar con él. Prendí la tele e intenté distraerme, claro que fue en vano.
Era viernes y yo estaba como una nona metida en la cama, la realidad más absoluta de mi vida.

El té se terminó y mi paciencia también, asique me levanté de la cama y apagué el televisor y me cambié.

‘Gorda. ¿Salimos a tomar algo?’

‘Dale, me copa. ¿En dónde?’

‘Paso por tu casa y vemos.’

-

Una vez que pude liberarme de Araceli fui rumbo a la casa de Paula, entré para darle una sorpresa pero la sorpresa me la llevé yo. No estaba.

Suspiré y me senté en el sillón de su casa, la esperaría.

Después de un largo rato, escuché el ruido de la cerradura y sonreí.

- ¡Pedro! ¡La puta madre! Me asustaste nene.
- Perdón, vine a darte una sorpresa y no estabas.
- Salí con Zai. –Cerró la puerta y se acercó a mí.- ¿Y tu novia?
- Me la saqué de encima.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- No queremos lastimarla.
- Cené con ella. ¿Qué más quiere?
- ¿Queres que te explique lo que quiere?
- Bueno, pero yo lo quiero con vos.
-Suspiró y se sentó frente a mí.- Alguien va a salir mal de esto.
- Eso no podemos evitarlo.
- ¿No?
- No amor.
- No sé.
- ¿Por qué decís eso?
- Capaz es mejor que salgamos mal nosotros, somos los responsables.
- ¿Y la foto que me mandaste?
- No sé, cambio de pensamiento todo el tiempo.
- Mientras no cambien tus sentimientos.
- Es imposible dejar de amarte.
-Sonreí.- ¿Un beso para mí no hay?
-Me besó y suspiró.- ¿Queres tomar algo?
- ¿Qué tenes?
- ¿Café? –Preguntó riendo.-
- El café nunca falla.
- ¿Los preparas vos? Me quiero cambiar.
- Dale. –Nos dimos un beso y nos levantamos.-

Preparé unos cafés mientras ella se cambiaba y nos sentamos en su cama.

- Pau. ¿Vos estás bien?
- No sé. ¿Por?
- Te veo rara.
- Estoy rara desde que volvimos.
- ¿No te hace feliz estar conmigo?
- Obvio que sí Pedro, no es eso.
- Es Araceli.
- Exacto, pero hablamos mil veces de esto. Ya me voy acostumbrar.
- No quiero que te acostumbres.
- ¿Y qué otra me queda?
- Ya me voy a separar.
- ¿Y mientras tanto?
- No te pongas mal, por favor. –Dije acariciando su mejilla.-
- No me pongo mal. –Suspiró.-
- Te conozco.
- Entonces sabes lo que tenes que hacer.

Suspiré y la abracé contra mi pecho.

- Te amo mucho hermosa, mucho, mucho.
- Te amo. –Suspiró y escondió su cara en mi hombro.-
- Te prometo que cuando te acuerdes ya vamos a estar juntos otra vez.
- Ya estamos juntos…
- Sabes de lo que te hablo.
- Sí.
-La besé.- Dale, no te pongas mal.
- Perdón.
- ¿Por?
- Porque siempre que nos vemos estoy mal y no quiero arruinar todo.
- No arruinas todo, es entendible que estés así.
- ¿De verdad me hablas?
- Claro que sí mi amor.
-Sonrió.- Gracias. –Me besó.- Necesito sentirme amada cuando estoy con vos, no quiero sentirme la segunda.
- Sabes muy bien que no lo sos. -Sonrió.- Tan linda vos…
- Gracias.
- Deja de agradecer.
- ¿Me das un beso?

La besé e hice que caigamos en la cama.

viernes, 24 de julio de 2015

224.

Desperté allí, junto a él… Y no me importaba más nada.

- Buen día. –Dije acariciando su pecho.- Sonó la alarma mi amor.
- Mmm… ¿Estoy en el cielo?
-Reí.- Creo que no.
-Me besó.- Buen día mi amor.
- Buen día. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Cómo dormiste?
- Hermoso. –Sonreí.- No me levantaría nunca.
- No me tientes.
-Reí.- ¿Queres que me bañe primero así remoloneas un rato?
- ¿De verdad?
- Sí…
- Sí, quiero.

Lo besé y me fui a bañar.

- Amor… ¿Queres que prepare el desayuno? –Dije del otro lado de la puerta del baño.-
- Por favor.

Luego de desayunar, nos separamos en la puerta del edificio y cada uno tomó su camino para ir rumbo a la empresa.

‘La pasé demasiado bien anoche con vos…’

‘Yo también Pepe, gracias.’

‘Te amo y te dejo besitos por todos lados.’

‘¡Me haces poner colorada nene! Te amo.’

‘No sé que te haces la pudorosa… Si en la cama sos una animal.’

‘¡Pedro!’

‘Digo la verdad.’

‘Basta, estoy entrando a una reunión.’

‘Okei, okei…’

Salí de la oficina y me tomé un break porque no daba más, salí de la oficina y también de la empresa para cruzar al parque de en frente y llamar a mi prima.

- Conversación telefónica -

- Hola gorda.
- Zai. ¿Podes hablar?
- Sí, estoy en casa todavía.
- Menos mal. ¿Cómo andas?
- Todo bien. ¿Vos?
- Hasta las manos.
- ¿Con…?
- Con Pedro nena.
- ¿Qué pasó ahora?
- Tengo miedo de ser su amante toda la vida.
- Ay primita, primita.
- No lo puedo dejar. ¿Entendes que casi se mata por mí?
- ¿Qué?
- Se droga desde que nos separamos.
- ¿Me estás jodiendo?
- No. –Suspiré.- Esa vez que le dije que nos separemos terminó en la clínica con un lavaje de estómago, lo encontré yo.
- Lo suyo es una novela.
- No es gracioso Zai.
- Igual, tampoco lo dejarías.
- Ya sé.
- ¿Y entonces?
- No sé Zai, la pasó increíble con él… Ya siento que estamos como antes, pero no puedo dejar de pensar que cuando no está conmigo está con otra.
- Si lo amas vas a tener que bancarlo.
- Espero poder soportarlo.
- Se aman y van a poder anteponerse a cualquier obstáculo.
- Eso espero gorda.
- Vas a ver que sí.
- Gracias, necesitaba descargarme.
- No tenes nada que agradecer.
- Tengo que volver a la oficina.
- Y yo tengo que ir al laburo. ¿Comemos esta semana?
- Dale, después arreglamos.
- Quedamos en eso entonces, un beso.
- Un beso primita, te quiero.
- Yo a vos hermosa.

- Fin de la conversación telefónica -

Volví a la empresa y luego de pedirme un café en la santa máquina del café del pasillo entré en mi oficina y me puse a leer algunos papeles.

Tocaron la puerta e indiqué que pasen.

- Hola… -Dijeron del otro lado de la puerta.-

¡Araceli! ¿Qué?

- Hola. –Dije tratando de mantener la calma.- ¿Qué necesitas?
- Venía a traerte unos papeles. –Dijo dándomelos.-
- ¿Qué son?
- No sé, me dijeron que te los trajera.
- Bueno, gracias. –Los dejé sobre el escritorio.- ¿Necesitas algo más?
-Se quedó pensando.- No, solo eso.
- Está bien. Que tengas un buen día.
- Vos también. –Y se fue.-

Cerró la puerta y suspiré aliviada aunque la noté rara, sentía que quería decirme algo que no se animó y temía que aquello tuviera que ver con Pedro.

-

- Hoy le tuve que llevar unos papeles a Paula.
- ¿Sí?
- Sí…
- ¿Y por qué me lo contas?
- No la veo tan mal como decían que estaba.
- Se está recuperando.
- Pero se la ve feliz.
-Me encogí de hombros.- Estará feliz. ¿Qué se yo?
- ¿Vos no sabes nada?
- No. ¿Cómo voy a saber algo yo?
- No sé… Es tu ex.
- Justamente, es mi ex Ara.
- Bueno, solo pregunté.
- Pero no quiero que la traigas todo el tiempo.
- ¿Por qué?
- Porque es mi pasado.
- ¿Seguro que es tu pasado?
- Sí Araceli. No me hagas enojar.
- Está bien.
- ¿Almorzamos?
- Bueno… ¿Pero podemos cenar hoy también?
- Dejame que hablo con Nan y te digo.
- Hace mucho no pasamos la noche juntos.
-Suspiré.- Después te aviso. ¿Sí?
- Está bien.

Después de la noche anterior dudaba poder soportar esta noche lejos de Paula y todo indicaba que iba a tener que hacerlo. ¡La puta madre!

-

Salí a almorzar y al dirigirme al bar de siempre los vi a ellos muy acaramelados en una mesa contra la ventana, suspiré y me fui de allí. Prefería ahorrarme el momento.

Crucé hasta el bar de enfrente y pedí mi almuerzo, pero no podía quitar mi vista de ellos.

Lo quería a Pedro solo para mí y nunca voy a entender por qué lo dejé. ¿En qué estaba pensando?

jueves, 23 de julio de 2015

223.

Después de lavarme los dientes fui hasta el cuarto y Pau estaba acostada en la cama, me metí por debajo de las mantas y acaricié su espalda. Sentí su sonrisa y besé su cuello mientras la abrazaba por la espalda.

- Esta cama con vos es todo lo que necesito.
-Reí.- ¿Así?
- Como sea.
- Yo creo que… -Metí mis manos por debajo de su remera acariciando su abdomen.- Así estaría mucho mejor.
- ¿Vos decís?
- Yo re digo.
- Mmm…
- ¿Mmm qué?
- Convenceme.
- ¿Te tengo que convencer?
- Sí.
- Okei, okei.

Volví a meterme debajo de las mantas y levanté su remera para poder besar su espalda mientras acariciaba sus piernas.

- ¿Así?
- No sé, fijate vos. –Dijo acomodándose.-
- Mmm… Bueno. –Acerqué mi cuerpo al suyo, abrazándola por la espalda y mis manos la abrazaron para besar su cuello y enroscarme a ella.-
- No vas a parar hasta lograrlo. ¿No?
- Ni loco. –Acaricié su cuello con mi nariz.-
- Sos tremendo.
- Vos me pones así.
- Te siento. –Dijo riendo.-
- Hacete cargo de lo que generas.
- ¿No me hago cargo?
- Mmm… No sé.
- Sí que sabes. –Se dio vuelta y quedó sobre mí, sonreí.-
- Así me gustas más.
-Rio.- ¿Me queres solo por esto?
- Sabes que no.
- ¿Lo sé?
- Lo sabes. –La besé.-
- Mmm…
- Deja de hacerte la enojada porque no te sale.
- Si me hago la enojada de verdad me voy y te dejo con las ganas.
- ¡Ni se te ocurra!
- Entonces no me dejes ir.
- Jamás. –Volví a besarla.- Vos sos mía, nunca lo olvides.
- Y vos mío.
-Besé su mentón.- ¿Sabes qué?
- ¿Qué? –Mordió mi labio.-
- Todavía no puedo creer que estemos así otra vez.
-Sonrió.- Yo tampoco, pero me encanta. –Me abrazó por el cuello y me obligó a besarla.-
- A mí también me encanta.
- Entonces disfrutemos. ¿No te parece?
- Me re parece. –Nos besamos y rozamos nuestras narices.-
- ¿Tomamos un licor?
- Ah, la queres hacer completita.
- Dale, por favor.
- Ahora traigo.

Fui en busca de dos vasitos de licor y unos chocolates.

- Así me gusta mucho más. –Dijo mientras yo entraba al cuarto.-
- Sos terrible.
- Vos me convertiste en esto.
- Creo que hice un buen trabajo. –Reímos y dejé los licores a un lado para poder sentarme en la cama, abrí los chocolates y me los arrebató.- ¿Qué haces?
- Vas a tener que ganarte los chocolates.
- Apa, se pone interesante. ¿Y qué tengo que hacer?
- Primero quiero un poco de licor.
- ¿Para desinhibirte?
- Puede ser.
- Mmm… Puede ser. –Tomó un poco y dejó el vasito sobre su mesa de luz.- Da calor esto. –Dijo haciendo un rodete improvisado con su pelo.-
- ¿Me vas a hacer esperar mucho tiempo más?
- Vos no empezas.
- ¿Tengo que empezar?
- Ajam… Por acá. –Dijo señalando su cuello. Sonreí y besé suavemente su cuello reiteradas veces mientras ella sostenía su cuerpo hacia atrás clavando sus manos en el colchón. Mis labios recorrieron su cuello y luego su nuca, sus ojos se mantenían cerrados y la sonrisa no se borraba de su cara.-
-Estaba detrás de ella y susurré en su oído.- Quiero mi premio. –Pasé mi lengua por su cuello y ella suspiró, buscó un pedazo de chocolate y lo sostuvo entre sus labios, sonreí y lo mordí.-
- Es muy rico. –Dijo estirando su espalda.- Pero vos me gustas más. –Amaba cuando se ponía así, me calentaba tanto. La besé desenfrenadamente y mis manos la tomaron por su nuca para intensificar aquella unión.- Mi espalda te está esperando.

Suspiró y se quitó su remera dándome la espalda, quise posar mis manos en sus pechos pero ella me lo impidió y se acostó boca abajo. Sonreí y busqué una crema para masajear su espalda por completo, bajé sus calzas e hice que quedara tan solo con su ropa interior más pequeña.-

- Mmm… Seguí así. –Mis masajes bajaron hasta sus pies y nuevamente volví a su cuello, quité mi remera y me acosté sobre ella.- No podes ser tan increíble.
-Besé su mejilla.- Vos sos increíble.

Buscó un pedazo de chocolate y se dio vuelta debajo de mí para poder dármelo en la boca, mordí su dedo y ella sonrió.
Ella también buscó la crema y acarició mi pecho por completo con suaves masajes mientras ella se movía sensualmente, no aguanté e hice que cayera sobre mi cuerpo.

- No podes estar tan buena.

Sonrió sonrojada y me besó, bajó con besos hasta el botón de mi pantalón y me desnudó. Se sentó sobre mí y buscó más chocolate, nos dimos varios pedacitos en la boca y luego nos terminamos el licor. Ella estaba aferrada a mi cuerpo con sus piernas rodeando mi cintura.

Cuando terminé el licor mis manos recorrieron su espalda de abajo hacia arriba y ella se aferró a mí ahora también con sus brazos.

Mis labios volvieron a recorrer su cuello y sus hombros mientras ella acariciaba mi pelo, más precisamente mi nuca.

- ¿No quedó chocolate? –Pregunté.-
- ¿De verdad queres chocolate?
- Eso era lo que quería que me respondas.
-Rio y besó mi cuello.- ¿De verdad tenes que pedir permiso?
- Mmm… No.
- ¿Y entonces?

Hice que se recostara y terminé de desnudarla con suaves caricias y me acosté detrás de ella.

-

Mis manos aún no habían soltado las sábanas y mis ojos no habían podido abrirse, seguía temblando.

Él besaba mi cuello y no podía volver a la realidad.

- Te amo tanto. –Dijo en mi oído.-
- Te amo mi amor. –Hice que me abrazara y allí nos quedamos.- Y que te quede claro que vos sos mío.
- Siempre voy a ser tuyo.
- ¿Siempre?
- Siempre mi amor, siempre.
- Y yo siempre tuya.

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Acá vine a alegrarles la tarde, we. Comenten, por fas ☺

miércoles, 22 de julio de 2015

222.

‘¿Queres que nos encontremos en la esquina del bar y vamos juntos a mi casa?’

‘No, prefiero ir sola y después.’

‘Araceli se fue temprano.’

‘Igual Pedro.’

‘Está bien, venite cuando quieras.’


Suspiré y guardé el celular en mi cartera para salir de la oficina y poder volver a mi casa.

El viaje fue muy tedioso, demasiada gente para un solo transporte público, pero por fin había llegado y estaba en mi casa. Dejé la cartera a un lado y me bañé, me moría de frío. Luego, me preparé un café y prendí la tele.

‘Te quiero ver Pau…’

‘Te dije que en un rato voy.’

‘Se va a largar a llover.’

‘Me termino de tomar un café y voy.’

‘Creí que íbamos a merendar juntos.’

‘Perdón, quería bañarme.’


Intenté evitarlo para que mi enojo cesara y fue en vano, seguía enojada. ¿Por qué tuve que escuchar esa conversación?

Como era obvio, me empapé yendo hasta su casa y llegué hecha una sopa.

- Estoy empapada. –Dije cuando abrió la puerta.-
- Te dije que vinieras temprano.
- Un reproche no, te lo ruego.
- Pasa y metete en la ducha.
- Pero…
- Nunca te llevaste toda tu ropa.
-Reí.- Tenes razón.
- Bañate que te llevo toallas y ropa.
- Dale. –Quise ir al baño y me frenó.-
- ¿Ni un beso me das?
- Perdón. –Lo besé y me fui a bañar otra vez.-

Estaba debajo de la ducha y lo escuché entrar.

- Acá te lo dejo Pau.
- Gracias.
- ¿Necesitas algo?
- No…
- ¿Segura?
-Reí.- No seas tarado.
- Bueno che.

Se fue y terminé de bañarme, cuando salí del baño estaba esperándome con dos cafés y sonreí.

- ¿No te pasa nada a vos amor?
-Suspiré y me senté frente a él.- No, nada.
- Te conozco.
- Escuché tu charla con Araceli cuando saliste de mi oficina y me dejó mal, no sé.
- Sabía que algo te pasaba. –Me besó.- Vos no tenes que prestarle atención a eso.
- Es difícil.
- Lo sé. –Tomó mi mano y la besó.- Pero vos sabes que te amo y elijo a vos.
- Lo sé… No quiero estar lejos tuyo, pero estoy con vos y vos estás con ella también.
- Sabes que es transitorio.
- Eso espero. –Me encogí de hombros.-
- Es así. –Volvió a besarme.- ¿Tomamos el café y nos relajamos un poco?
- Bueno.

Agarré una taza de café y tomé un poco.

- Si muero, muero de sobredosis de café. –Dije riendo y él también rio.-
- Estamos en la misma. –Reímos.-
- ¿Qué es lo que hay que ordenar?
- Mi cuarto es un desastre.
- Ahora nos fijamos, no pasa nada. –Acaricié su mejilla y él tomó mi mano para besarla.-
- ¿Te quedas hasta mañana?
- No sé si tengo ropa para ir a trabajar.
- Ahora nos fijamos que hay tuyo, está escondido.
- Me imagino que Araceli no usa mi ropa.
- Jamás.
- Mmm…
- Te lo juro.
- Okei, okei.

Terminamos nuestros cafés y lo único que quería era sentirlo cerca, necesitaba sentir que es él es solo mío. Me senté sobre sus piernas y besé su sien.

-Me abrazó por la cintura.- ¿Qué pasa? –Besó mi mejilla y lo abracé por el cuello.-
- Te quiero tener cerquita.
- Siempre me vas a tener cerquita vos.
-Sonreí.- No sé como aguanté tanto tiempo sin vos.
- Me pasa lo mismo. –Nos besamos.-
- Pero ahora estamos juntos. –Sonreímos.-
- Estás helada.
- Sigo teniendo frío. –Me acurruqué en él y besó mi frente. Pedro buscó su buzo y me tapó.- Gracias. –Suspiré y cerré mis ojos.-
-Me abrazó y besó mi frente.- Te amo. ¿Sabes?
-Besé su cuello.- Te amo mi amor.

-

Después de un rato, fuimos al cuarto y era verdaderamente un desastre.

- Ya que estás acá. ¿Puedo aprovecharme?
- ¿Qué queres? –Preguntó riendo.-
- Tengo ropa para regalar.
- Dale, hagamos lo que quieras.

Primero ordenamos el lugar y fuimos dejando sobre la cama mi ropa para regalar y la suya.

Pau se sentó en la cama y suspiró.

- ¿Te cansaste?
-Rio.- Tenemos que clasificar esto ahora, yo también seguro regale algo de acá.
- ¿Queres que traiga algo para comer?
- Por favor.
-Reí.- Tengo unas papas, maní y…
- Trae ya.
- ¿Con un Fernet?
- ¿Te ayudo?
- Yo traigo.
- Está bien.

Clasificamos la ropa mientras comíamos y por fin la cama se había vaciado de ropa.

- ¿Queres cenar?
- ¿Qué tenes?
- Mmm… Creo que hay prepizza en el freezer.
- Dale, acepto.
- ¿La preparas?
-Rio.- Ahora la preparo.
- Sos genial.
- ¿Me puedo quedar entonces?
- Obvio que sí mi amor.

martes, 21 de julio de 2015

221.

Era muy temprano, acababa de llegar a la empresa y ya estaba en mi oficina tomando un café y leyendo un guión cuando abrieron la puerta de golpe.

- Pedro. ¿Qué haces acá? ¿Podes tocar antes de entrar?

Pedro ni siquiera me miró, cerró la puerta y yo me paré. Me abrazó y se largó a llorar.

- Hey… ¿Qué pasa mi amor? –Besé su hombro.-

Él negó con su cabeza y me separé un poquito de él, lo besé.

- Quiero trabar la puerta por si entra alguien. –Él asintió con su cabeza y yo así lo hice.- ¿Qué pasa Pepe?
- Abrazame.

Yo así lo hice y él también me abrazó, pero lo sentía débil.

- Te necesito mucho mi amor.
- Yo estoy acá Pepe, siempre voy a estar.
- No puedo…
- ¿Qué no podes?
- Nada sin vos.
-Suspiré.- Yo estoy con vos mi amor. –Besé su mejilla.- Pero si no me decís que pasa no puedo ayudarte. -Se separó de mí y se sentó en un sillón que había a un lado de la oficina.- ¿Queres tomar un poco de agua? –Asintió con su cabeza y busqué en mi bolso una botella de agua y se la ofrecí.-
- Gracias. –Tomó un poco y la dejé sobre el escritorio.-
- ¿Queres contarme? –Me arrodillé frente a él y tomé sus manos entre las mías.-
- Anoche me desesperé.
- ¿Y qué pasó?
- Nada, nada.
- No entiendo Pepe.
- Desarmé toda mi casa.
- ¿Por qué?
- Porque necesitaba droga y no había.
-Suspiré y me senté sobre sus piernas, rogando que la traba de la puerta fuera lo suficientemente fuerte.- Tranquilo… Lo importante es que no lo hiciste.
- Porque no había.
- Pero no lo hiciste. –Lo abracé por su cuello y besé su sien.-
- Perdón que no te llamé.
- No pasa nada, vos sabes que podes contar conmigo. ¿No?
- Sí.
- Eso es lo importante. –Sequé sus lágrimas.- Tranquilo.
- No sabes lo que necesitaba verte. –Me abrazó y yo también lo abracé.-
- Acá estoy amor, acá estoy. –Lo abracé más fuerte.-
- ¿Qué hora es?
- Ocho y cuarto.
- En quince minutos tengo una reunión.
- No pienses en eso, ahora solo pensa en tranquilizarte.

Después de un ratito, me separé de él y sequé sus lágrimas.

- ¿Hoy después del trabajo tenes algo que hacer?
- Creo que no.
- ¿Queres que vaya ayudarte?
- ¿A qué?
- A ordenar.
- No, no hace falta.
- Dale, además pasamos un rato juntos.
- ¿Segura?
- Sí, pero igual avisame antes.
- Está bien, gracias.
- No es nada. –Nos besamos.-
- Tengo que irme.
- ¿Me hablas cuando salgas de la reunión?
- Dale.
- Anda al baño y lavate la cara y mmm… peinate un poquito.
-Rio.- ¿Estoy muy mal?
- Sos lindo siempre vos. –Lo besé.- Pero acomodate.
- Okei, ahora me fijo.
-Le acomodé el nudo de la corbata y el saco.- Anda.
- Gracias.
- Sabes que no tenes que agradecer nada. –Nos besamos.- Te amo.
- Yo también te amo. –Nos besamos otra vez.-
-Destrabé la puerta.- No hay nadie, anda.

Me robó un beso y se fue.

-

- ¿Qué haces saliendo de ahí?
- Vine a dejar unos papeles.
- ¿Esa no es la oficina de Paula?
- Sí…
- ¿Y así me lo decís?
- Trabajamos en el mismo lugar Ara.
- ¿No podía venir otro?
- Solo le alcancé un papel.
- ¿Y no me das ni un beso?
- Perdón. –La besé.- Tengo que irme a una reunión.
- ¿Nos podemos ver en el almuerzo?
- Dale, obvio que sí. –Me besó.- Estamos en el trabajo.
- Pero te extraño.
- Almorzamos juntos.
- Dale. –Nos dimos otro beso y nos separamos.-

-

Me quedé pegada a la puerta y claramente fue una horrible señal del destino para que escuché esa conversación entre mi amor y su novia. Hice fuerza para no llorar y me senté en mi escritorio.

No podía dejarlo porque no soportaba estar lejos de él y porque no soportaba hacerle mal…
Pero de verdad que no sé cuánto tiempo más puedo soportar en esta situación.

Estaba inmersa en mis pensamientos cuando tocaron mi puerta, suspiré.

- Adelante.
- Buen día. –Dijo mi jefa.-
- Buen día.

A armarse de paciencia Paulita.

-

Salí de la reunión que fue de las más interminables porque no podía concentrarme en la charla y busqué mi celular.

‘Acaba de terminar la reunión.’

‘¿Estás mejor?’

‘Mucho, gracias a vos.’

‘Me alegro…’

‘¿Pasa algo?’

‘¿Por?’

‘Estás medio cortante.’

‘Estoy trabajando, es eso.’

‘¿Segura?’

‘Sí Pepe.’

220.

Me aseguré de que Araceli no viniera a mi casa al menos hasta la noche siguiente y le hablé a Pau.

‘¿Queres venir?’

‘¿Ahora?’

‘Si queres…’

‘Termino de redactar una cosa del laburo y voy.’

‘Dale, te espero.’
 


Acomodé un poco mi casa porque era un real desastre y la esperé, sentí la llave en la cerradura y sonreí.

- Hola. –Dijo entrando.-
-Sonreí.- Qué lindo escucharte entrando a casa otra vez.
-Rio y comenzó a mirar todo.- Está intacto.
- Hice todo lo posible para no sentirte tan lejos.
-Sonrió y me besó.- ¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís?
-Suspiré.- Mejor ahora que estás conmigo.
-Me besó otra vez.- ¿Hay algo para comer?
- La caja de siempre está en donde estuvo siempre.
- Sos lo más. –Me besó y fue en busca de unos chocolates.-

- ¿Sale charla balconera?
-Reí.- Dale…

Nos dirigimos con nuestros chocolates al balcón y allí nos sentamos.

- Qué lindo estar otra vez acá. –Dijo y suspiró.-
- Me encanta. –Besé su mejilla.-
- Igual me da miedo.
- ¿Por qué?
- Si viene Araceli.
- No tiene todas las llaves de la puerta.
- Pero puede venir igual.
- Ya me aseguré de que no lo haga.
- Eso espero. –Suspiró y comió un poco de su chocolate.-
- Tranquila, no pienses en eso.
- Lo voy a intentar.
-La besé.- De verdad.

Hizo una pausa para suspirar y mirar al frente.

- Quiero saber la verdad.
- ¿La verdad de qué?
- No te hagas el boludo Pedro.

Me senté a su lado y busqué su mano, también miré al frente.

- Preguntame y te respondo.
- Okei. ¿Por qué lo haces?
- No soporto tenerte lejos.
-Suspiró.- ¿Lo habías hecho antes?
- Te juro que no.
- ¿Y lo hiciste muchas veces?
- No sé, pero lo hago desde que nos separamos.
- ¿Y no hay manera de revertirlo?
- Estando con vos. –Apoyé mi cabeza en su hombro.- Si te tengo cerca no existe esa necesidad.
- Perdón, de verdad.
- No tenes que pedir perdón.
- Ya sé que pedir perdón no lo va a remediar, pero quiero hacer algo para ayudarte.
- Estando así conmigo me ayudas demasiado.
- ¿Me prometes algo?
- ¿Qué?
- Que sea la hora que sea y el día que sea, me vas a llamar antes de hacerlo.
- Te lo prometo, pero mientras estemos juntos no lo voy a hacer.
- ¿Seguro?
- No lo hice desde que nos reencontramos.
- ¿De verdad?
- De verdad, pero cuando me dijiste de separarnos se me vino el mundo abajo.

Hizo que me acueste y que apoye mi cabeza en sus piernas.

- Nosotros siempre vamos a estar unidos, lo sabes.
- Lo sé. –Sonreí.- Pero unidos no es lo mismo que juntos.
- Bueno, ahora estamos juntos.
- Quiero estar siempre así.
- Depende de vos.
- Ya lo sé, pero no quiero pensar en eso ahora.
- Está bien. –Besó mi frente.-
- ¿Sabes que quiero?
- ¿Qué?
- Tus mimos.
- Mmm… -Sentí su mano acariciar mi nuca.- ¿Y si vamos a la cama? No sabes lo que extraño ese colchón.
-Reí.- Dale.

Nos levantamos y después de cerrar el balcón fuimos a la habitación, ella se quitó sus zapatillas y se zambulló allí boca abajo.

- Podría vivir acá, te juro.
-Me tiré sobre ella.- Ya vamos a estar juntos otra vez.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo mi amor. –Besé su cuello y ella sonrió.-
- Te amo Pepe.
- Te amo mi amor. –Volví a besar su cuello.-

Ella se acostó y yo lo hice con mi cabeza sobre su pecho.

- ¿Podemos dormir una siestita?
- Obvio que sí. –Besó mi frente.- Descansa.
- Vos también.

-

Desperté y no podía creer en donde estaba, era como si el tiempo nunca hubiese pasado.

- Buenas tardes remolona.
-Reí.- Hola.
- ¿Cómo dormiste?
- Como no dormía hace meses.
- Te regalo un colchón eh.
-Reí.- No es eso tonto.
- ¿Y qué es?
- Que es nuestro lugar… Bah, era.
- Es. –Me besó.- Es nuestro.
- Y te acostas con otra.
- No me acuesto con ella.
- Dale Pedro.
- Desde esa noche que fui a tu casa y me preguntaste, no volví a estar con ella.
- ¿De verdad?
- De verdad.
- Tampoco vas a poder pilotearla mucho más.
- Vos dejalo en mis manos.
- Me da un poco de miedo.
- ¿Miedo de mí?
- No, de lo que podes llegar a hacer.
- Amarte tanto que explote, eso es lo más grave.
-Reí.- Sos un tarado.
- Te digo que te amo y me respondes que soy un tarado, quedamos así.
- ¿Viste?
- Veo… -Reímos y nos besamos.- ¿Te quedas a cenar?
- Me encantaría.
- ¿Y a dormir?
- Por favor. –Sonreí y nos besamos otra vez.-