miércoles, 15 de julio de 2015

213.

Eran las once de la noche y aún no tenía noticias de él, no era que me moría por verlo (bueno, en realidad sí) era solo que me había dicho de vernos y no lo estábamos haciendo.

Tampoco es que en mi situación pueda hacer un planteo o un reproche, es solo que me di cuenta de que lo extraño hasta con el oxígeno que respiro.

Mi celular está a mi lado hace horas y no puedo dejar de mirarlo por dos razones:

a- Espero que me llame.
b- Quiero llamarlo.

¿Pero si lo llamo y está con Araceli? La mina no es la persona que más me importe en el mundo, pero no tiene la culpa de nada.

‘Para no llamarte ahogo mi voz en el sonido de las conversaciones cotidianas, la convierto en palabras que no tienen nada que ver con lo que verdaderamente pienso. Les hago decir que el calor, que la humedad, que los trenes que no llegan a horario, que este verano se usa mucho el verde seco, que tengo que leer el último libro de Vargas Llosa.
Para no llamarte.
Para no llamarte me muerdo los labios, aprieto los puños.
Trato de olvidarme de tu nombre porque tengo miedo de gritarlo en sueños y que el aire lo lleve a tus oídos y vos, al escucharlo, te sonrías pensando que aún te quiero.’


Hojeé mi último cuaderno y encontré aquel escrito, recuerdo perfectamente el día que lo escribí. Ese día me dolía el corazón como nunca, esa noche lo había necesitado más que nunca. Fue el día que me operaron y por esas cosas de la vida lo que menos me dolía era la herida.

Así era como me sentía en aquel momento, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no llamarlo.

Mi celular sonó y sonreí.

‘Perdón, pero se me complicó.’

‘Está bien, no pasa nada.’


¡Sí que pasa! ¡Y pasa de todo! Pero soy muy conciente de que no puedo reprocharle nada. Yo lo dejé y me la tengo que bancar aunque duela.

Cerré el balcón y la puerta y me quité la ropa para acostarme en la cama, esa cama que solo la había sentido cómoda la noche anterior. Las sábanas aún tenían su olor, inhalé con fuerza y me empapé de él.

Me dolía amarlo. Me dolía necesitarlo.

Me quedé dormida y el timbre me despertó cerca de las dos de la mañana. ¿Qué carajo pasa a esta hora?

- ¿Quién es? –Pregunté por el portero.-
- Soy yo Pau.
- ¿Qué haces acá?
- ¿Me abrís?
- Espera que me visto.

Suspiré y me puse una bata para bajar a abrirle.

- ¿Qué haces acá?
- Te quería ver. –Me besó.-
- Yo también, pero esto es cualquiera.
- Sh… No digas nada, por favor. –Volvió a besarme y lo dejé, era imposible resistirme a él.-

Nos tomamos el ascensor y él corrió la bata de mi hombro para poder besarme allí.

- ¿No tenes nada debajo de esto?
- Para un poco Pedro.
- ¿Por qué?
- Porque venís de cojer con la otra y ahora venís conmigo. No da, de verdad.
- Pero si nuestros cuerpos se unen solos.

Bajé del ascensor y abrí mi casa.

- No pienses en eso. –Me acorraló contra la pared.-
- ¿Y en qué queres que piense? Tenes el olor de ella encima tuyo.
- Me bañé antes de venir.
- Pedro, no seas boludo.
- Vos no seas boluda, estamos juntos… Podemos aprovecharlo de otra manera.
- No sigas porque no sé resistirme a vos.
- Es la idea. –Me besó.-
- De verdad.
- Sh… -Me interrumpió de un beso y deslizó mi bata por mis hombros y la dejó caer hasta mi cintura.- Mira lo que sos, por favor.
- ¿Qué se supone que estamos haciendo?
- ¿De verdad necesitas que te lo explique?
- Te hablo de verdad nene.
- Estamos haciendo lo que sentimos. –Y volvió a besarme.- Si los dos nos morimos de ganas.

Hacer un planteo no tenía sentido alguno, de cualquier manera íbamos a terminar en la cama y atrasar el momento no tenía razón de ser.

Lo tomé por el cuello y lo obligué a besarme.

Quería ser la única mujer en su vida y como no podía serlo, quería ser al menos la que mejor lo haga pasar.

Mi lengua buscó la suya y la volvía loca.

- Que cambio tan repentino.
- Callate y veni conmigo.

Lo dirigí hasta el cuarto y él sonrió.

Lo obligué a acostarse en la cama y terminé de quitarme mi bata intentando ser lo más sexy posible y luego me abalancé sobre su cuerpo, sus manos fueron directo a mi cola y mi boca a la suya.

- No puedo ser la única, pero si puedo ser la mejor. –Dije en su oído y luego mordí su oreja.-
- Vos siempre vas a ser la mejor. –Dijo y presionó mi cola.-
- Por las dudas… No quiero perder el puesto.

Deslicé mis manos por debajo de su remera hasta que la quité y recorrí toda su piel con mi lengua y después con mis labios, mientras tanto sus manos se enredaban en mi pelo y mi cintura se meneaba sobre la suya.

- Es imposible que no seas la mejor. –Dijo recorriendo con sus dedos mi espalda hasta llegar al gancho de mi corpiño.-
- Si dejo de serlo me mato.

Pedro sonrió y quitó mi corpiño para revolearlo al suelo y volverse loco con mis pechos mientras mis manos enloquecían en su nuca.

De repente tomé el control de la situación y lo desnudé por completo, yo seguía sobre él y lo besaba desaforadamente cuando siento sus manos acercarse hasta mi tanga.

- ¿La queres sacar? –Pregunté.-
- Me muero por sacártela.
- ¿Siempre con las manos? Innova un poco. –Dije y guiñé el ojo, él sonrío pícaramente y besó todo mi cuerpo hasta llegar a mi tanga y quitarla con los dientes.-
- ¿Así está bien? –Preguntó volviendo a mi boca.-
- Está bien, pero vos sabes como hacer para que esté mejor.

Lo hizo con una vehemencia que no recordaba pero que me enloquecía por completo.

Mi cuerpo se sostenía del suyo con fuerza y sus manos no dejaban de recorrer mi espalda.

- Igualarte jamás. –Dijo dejando caer su cuerpo sobre el mío.-
- Te amo. –Dije agitada y sin poder abrir mis ojos, me sentía mareada.-
- Te amo. –Respondió acomodando su cabeza sobre mi pecho desnudo.-


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Lo que escribió Paula en su cuaderno NO ES MÍO. Lo encontré en una página de Acción Poética. 

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