Las horas se hacían interminables, no entendía donde estaba. Por momentos quería odiarla y por otros no podía dejar de amarla y de preocuparme por como estaba.
¿Por qué había desaparecido así? ¿No podía hablar conmigo? ¿Y si estaba mal? ¿Y si Renzo le había hecho algo? ¿Y si la mató? ¿O solo se arrepintió? ¿Si el médico le dijo algo grave y por eso no se quiere casar?
No podía sacar esas preguntas de mi cabeza y tampoco otro medio millón de interrogantes.
Le llené la casilla de mensajes de voz, la llamé una cantidad tremenda de veces, le envíe mensajes de texto y demasiados whatsapp. ¡No respondía nada! ¡Al menos decime que estás bien Paula!
No podía creer estar viviendo esta situación. Necesitaba escucharla y saber que estaba bien. Solo eso. Pero tampoco podía dejar de pensar en que me había plantado y la verdad era que eso me enojaba.
Pero cualquier enojo se tapa con el amor que le tengo, por más que me haya plantado la amo y me muero si algo le pasa.
Hacía más de 24 horas que no sabía nada de ella y estaba a punto de desesperarme de verdad.
De nuevo el pecho se me cerró, de nuevo un ataque. Otra vez el mundo se oscurecía y cada vez era peor, era mucho más horrible que otras veces.
El puff no funcionaba, respirar tranquilo tampoco. No podía hacer nada y me desesperaba. ¡Solo necesitaba a Paula conmigo!
Me sentía morir lentamente, morir por no tenerla. Morir por miedo a perderla, morir por miedo a que no me ame más.
La muerte es lo único que vive en tu mente cuando tenes un ataque de pánico. La muerte es lo único que existe, tu cuerpo es tomado por una sensación que nadie quisiera vivir.
-
Prendí mi celular y cayeron innumerables llamadas perdidas y mensajes de Pedro. Ya había pasado más de un día y yo seguía en el mismo lugar, no me importaba moverme de allí. No me importaba morirme.
Temblando busqué a Zaira en la agenda y la llamé.
- Conversación telefónica -
- Paula. ¿A dónde carajo te habías metido?
- No me grites ni me retes. Por favor.
- ¿Qué es lo que pasó?
- ¿Podes venir a buscarme? Y no le digas nada a Pedro.
-Suspiró.- ¿En dónde estás?
- No sé.
- ¿Cómo no sabes?
- En una plaza.
- ¿En dónde?
- La que está cerca de la clínica.
- ¿Por los resultados no fuiste?
- Deja de preguntar y veni, por favor.
- Está bien, ahora voy.
- Gracias.
- Fin de la conversación telefónica -
Me quedé allí, sin entender demasiado lo que me pasaba y estando aislada de todo lo que me rodeaba hasta que por fin la vi llegar a Zai. Quise acercarme a ella, pero no tenía fuerzas.
Se paró frente a mí y sin decir nada me ofreció su mano para que me levantara y me abrazó.
- Vamos a casa, veni. –Besó mi mejilla.- Tranquila.
Me hizo caminar hasta su auto y allí entramos. Suspiré y cuando me vi en el espejo retrovisor me di cuenta porque nadie se me acercaba en la plaza, mi cara daba miedo.
- No preguntes nada, por favor. –Supliqué.-
- Tranquila. –Tomó mi mano.- Vamos a mi casa, te das una ducha, si queres comemos algo y hablamos. ¿Sí?
Asentí con mi cabeza y ella arrancó. Estábamos lejos de su casa y el viaje se me hizo interminable, tan solo miré al mundo por la ventanilla.
Entramos a su casa y ella me ofreció ducharme, me prestó algo de ropa y acepté.
Me bañé intentando encontrar la paz interior que me habían robado, pero fue imposible.
Sequé mi cuerpo torpemente y me cambié para salir del baño.
- ¿Qué haces Zaira?
- Le avisé a Pedro que estabas acá.
- ¿Para qué?
- Porque se estaba muriendo sin saber a donde carajo estabas. Y yo también.
- Si viene me voy.
- ¿Qué es lo que pasa Paula?
- Para, ya te voy a contar.
- No entiendo nada.
- No como nada hace como dos días.
- ¿Qué carajo hiciste nena?
- No me retes, te juro que no me da la cabeza.
-Suspiró.- ¿Qué queres para comer?
- Algo salado, no debo ni tener presión.
- Ahora te traigo algo.
- Gracias.
Ella suspiró y se fue, yo me dejé caer en su sillón y levanté las piernas. Me sentía demasiado mal y no podía dejar de pensar en lo que me había dicho el médico.
- Toma Pau. –Dijo y me alcanzó un sándwich y un vaso de gaseosa.-
- Gracias. –Ella sonrió y se sentó a mi lado.-
- No tiembles.
- Es que… -Suspiré.- Es horrible.
- ¿Me podes contar qué pasó?
-Mordí el sándwich, a pesar de tener el estómago cerrado, necesitaba comer algo porque me desplomaba en el suelo.- Fui al médico.
- Sí… ¿Y qué te dijo?
- Que todo es una mierda.
- No entiendo gorda.
- Tengo un quiste en el útero. –Dije quebrándome.-
- Tranqui, es un quiste.
- Vos sabes lo que es eso.
- ¿Qué te dijeron?
- Que es muy pequeño y que está bueno haberlo descubierto tan temprano, que me tienen que hacer estudios y después sacármelo. Si es benigno tengo que hacer un tratamiento de no sé qué y si no es benigno un tratamiento de prevención creo.
- No te hagas la cabeza antes de tiempo.
- ¿Vos crees que con la mala suerte que tengo no va a ser benigno?
- Paula, confía un poco. Por favor.
- No puedo, ya no puedo.
- ¿Por qué no fuiste a contárselo a Pedro?
- No quiero saber más nada con él.
- ¿Me estás jodiendo?
- No.
- ¿Por qué?
- Se merece algo mejor que yo, lo único que le genero son problemas. Si me casaba lo iba atar a mí de por vida.
- ¿Te das cuenta que estás diciendo boludeces?
- Serán boludeces para vos, no lo son para mí.
-Suspiró.- ¿Qué pensas hacer?
- Buscarme algún departamento chiquito para alquilarme y hacerme lo que tenga que hacer.
- Trabajas en la misma empresa que él.
- Voy a ver si puedo pedir un traslado o no sé.
- ¿Traslado?
- Sí, aunque sea a un puesto menor.
- Boluda, llegaste a que te ofrezcan dirigir el spot de la marca.
- No me importa, es lo que menos me importa en este momento eso.
- ¿Me prometes algo?
- ¿Qué?
- Aunque no esté de acuerdo, yo estoy con vos y lo sabes. –Asentí con mi cabeza.- ¿Vas a confiar en mí?
- Sos lo único que tengo Zai.
- Tranquila. –Dijo y me abrazó.- Todo se va a arreglar.
- Yo ya no tengo arreglo.
uuuuuuhhhhhh pobre Pau, :,(
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