sábado, 25 de abril de 2015

124.

Bajé del micro y lo único que quería o necesitaba era estar con ella y para ser más preciso: con ella, en la cama, desnudos.

Natalia me había hecho mal realmente con su actitud, necesitaba estar con ella y que mi cuerpo junto con mi corazón volvieran a sentirla y darme cuenta de por qué no hice nada con mi compañera de trabajo.

Me pedí un taxi para volver a mi casa y eran las 5 de la mañana. Llegué, dejé las valijas a un lado y corrí hasta la habitación.

Me acosté al lado de Paula, quién dormía y levanté su remera para besar su espalda sin despertarla si quiera.

- Hola mi amor. –Dijo y se dio vuelta para besarme.-
- Hola amor, hola. –Dije sin dejar de besarla.-
- ¿Cómo estás?
- Te extraño.
-Sonrió.- Yo también te extraño. –Quiso separarse un poco de mí, pero no la dejé.- Para un poco Pedro.
- ¿Por qué? –Dije y saqué su remera.-
- Ni me respondiste como estás.
- Bien, porque estoy con vos otra vez. –Y me sumergí en su pecho.-
- Pedro, para un poco.
- No.
- Dale amor, me siento un poco mal. No seas tan bruto.
- Pero te extraño.
- Yo también. –Se sentó.- Pero estás muy vehemente.
- No hubiese vuelto entonces.
- Hey, no seas malo. –Me besó.- Solo te estoy pidiendo que seas un poquitito más cariñoso porque me duele la cabeza y el cuello. ¿Está mal?
- Pero… ¿Puedo?
- Obvio que podes tonto.

Sonreí y nos besamos, intenté ser un poco más delicado y me acosté para que ella quedara sobre mi cuerpo.

- Mi amor. –Susurró y yo despegué mi boca de la suya.-
- ¿Qué hermosa?
- Te amo.
- Ay, ay, ay. Yo también te amo.

Y nuestras bocas volvieron a unirse, se habían extrañado, se necesitaban. Anhelaban recorrerse como estaban acostumbradas.

- Odio estar lejos tuyo. –Dije mientras mis labios se separaban de los suyos para bajar con besos hasta su lugar preferido.-
-Hizo que demos media vuelta, para quedar yo sobre ella.- Me gusta más así. –Y me abrazó por el cuello para ejercer más presión de mi cuerpo sobre el suyo.- Y yo también detesto estar lejos tuyo. –Dijo en mi oreja y luego la mordió.-

Y así estábamos, yo en su cuello y ella en el mío. Nos besábamos, nos mordíamos, nos susurrábamos y nos hacíamos cosquillas. Podría vivir así.

Ella deslizó sus manos por mi cintura, levantando mi remera y terminó quitándola. Su remera y la mía ya estaban en el suelo.

Me empujó levemente hacia el costado y me acosté a su lado. Ella se sentó sobre mi pelvis y se acercó hasta mi boca, volvimos a besarnos y su lengua recorrió todo mi cuello mientras mis manos recorrían su hermosa espalda. Mordió mi cuello hasta que grité y sonrió.

Sus labios bajaron hasta mi pecho y allí se quedaron por un largo rato mientras yo sostenía su pelo para que no molestara en su acción.

Se volvió a sentar erguida y se quitó su corpiño, sonreí y mis manos subieron por su abdomen hasta tomar sus senos entre mis manos. Ella sonrió pícara y tiró su cabeza hacia atrás, cerrando sus ojos.

Los estimulé un poco con mis manos y mis dedos, hasta que me senté y los capturé con mi boca. Sus gemidos eran la señal de que lo estaba haciendo bien.

Subí a su boca y ella pegó su cuerpo al mío, acomodó sus piernas alrededor de mi cintura y besó mis labios.

- Pedro. –Susurró.-
- ¿Qué Paula?
- Me encanta que me digas Paula cuando estamos así. –Dijo agitada y sonreí.-
- ¿Pero qué me ibas a decir?
- Que extraño sentirte adentro. –Dijo colorada.-
- No puede ser que te sigas poniendo colorada.
- Bueno che.
- Sos linda así.
- No me respondiste.
- ¿Qué me habías dicho? –Pregunté haciéndome el boludo y ella rio.-
-Se acercó a mi oído con besos y luego de morder mi oreja, repitió.- Que extraño sentirte dentro mío.
- La próxima me voy una semana.
- ¿Por qué?
- Porque es raro escucharte así.
- ¿Y te gusta?
- Me encanta, pero me encantaría más si fueses un poquito más guarra.
- Quiero que me folles. –Dijo y sonreí.-
- Un poquito más.
- Quiero que me cojas.
- Un poquito… -Y me interrumpió.-
- Quiero que me la pongas hasta que no soporte tanto placer.
- Me volves loco. –Dije haciendo que se pare sobre la cama, quité su pantalón y su ropa interior a la vez y ella me desvistió a mí luego para sentarse sobre mí y hacerlo una vez más.-

Estaba sobre su cuerpo, con mis ojos cerrados y mi cuerpo aún temblando.

- ¿Lo logré?
- Sos un hijo de puta, no podes cojer así.
-Rio y acarició mi espalda.- No te buscaste a uno cualquiera.
- Bueno, el ego che.
- No me pelees que lo hago otra vez.
- Como si me fuera a negar.
- ¿Me hablas en serio?
- Obvio, pero dejame respirar primero.
-Rio.- ¿Ves que no te la bancas?
- No seas forro.
- Vos me desafiaste.
- No te calentes.
- Vos me calentas.
- Te hablaba en el otro sentido.
- Ya lo sé. –Besó mi hombro.- Descansa un ratito mantequita.
- Que conchudo que sos Pedro.
-Rio.- Ay, bueno, bueno. Descanse un poquito señorita seda.
- Dale nene.
- Te doy.
-Reí y salí de encima suyo, quedé boca arriba e inhalé profundo, en el momento que cerré mis ojos Pedro estaba sobre mí otra vez.- Te dije que quería respirar.
- ¿Y?
- Y eso…
-Se encogió de hombros y besó desde mi hombro hasta detrás de mi oreja, tomó mi lóbulo derecho entre sus labios y luego lo mordió. Gemí y me besó.- ¿Ves?
- ¿Qué veo?
- Que podes.
-Reí.- Sos tremendo.
- Muy tremendo.

Y sin avisar, lo volví a sentir dentro. Clavé mis uñas en su espalda y volvió a envolverme en placer.

5 comentarios: