jueves, 28 de mayo de 2015

159.

Aquel día fue interminable, tan solo pasamos el día allí dentro llorando y sin encontrar ni media palabra que nos haga sentir un poco mejor.

Paula estaba allí dentro y yo acá afuera, según el tiempo que me habían dicho que tardarían ya debería estar por terminar la intervención.

Me encontraba sentado en la sala de espera, tan solo viendo la vida pasar, esa vida que nunca me tocaría a mí. Esa vida de la que siempre voy a ser espectador porque nunca voy a poder tener una vida feliz.

Sequé mis lágrimas no porque me diera vergüenza llorar sino porque ya eran demasiadas sobre mis mejillas.

Pensé en miles de cosas que podría hacer para que Pau se sintiera un poco mejor pero la realidad era que nada iba a hacerla sentir mejor, asique preferí abrazarla y que ella me abrace también.

El médico salió.

- Salió todo bien, su mujer está bien. No se preocupe.

Asentí con mi cabeza y el doctor se fue. ¿No se preocupe? ¿A los médicos no les enseñan psicología? ¿Así va a tratar a alguien que acaba de perder a un hijo?

Suspiré e intenté que la bronca se fuera en ese suspiro, no iba a discutir en ese momento.

Salió una enfermera y se acercó a mí.

- Si quiere puede pasar y estar con su mujer, ella está dormida pero dentro de aproximadamente una hora seguro despierte y le va a hacer bien encontrarse con usted.
- Gracias.
- No tiene nada que agradecer. Cuando se despierte por favor avíseme con el timbre que hay en la habitación así vengo a revisarla y si está bien seguro ya se puedan ir a su casa.
- Está bien, le aviso.
- Siento mucho lo que les pasó.
- Gracias.
- Permiso.

Se fue y yo entré en la habitación. Me senté al lado de Pau y tomé su mano, sequé mis lágrimas y con esa misma mano comencé a acariciar su pelo.

No dejé de hacerlo nunca hasta que se despertó.

- Pepe. –Dijo sin voz.-
- No podes hablar mi amor, por la anestesia.
-Suspiró.- ¿Ya está?
- Sí. –Besé su mano.- Tengo que avisar que te despertarse, te van a revisar y si estás bien te dan el alta.
- ¿Ya?
- Sí, porque es ambulatorio.

-

Y lo único que me faltaba era no poder hablar, ni siquiera podía expresar mi dolor.

Estábamos entrando a casa, abrazados. Ni bien crucé el umbral de la puerta corrí a la habitación, quería sumergirme en mi cama y no salir nunca de allí.

Me saqué el calzado y me acosté allí, en la cama que estaba revuelta por lo que le había pasado a Pedro.

Me hice un bollito dándole la espalda a la puerta y allí me quedé, cerré mis ojos con fuerza y dejé caer mis lágrimas. Me dolía el alma, me sentía desarmada, destruida. Descuartizada.

A los segundos sentí a Pedro entrar, se quitó sus zapatos y se acostó a mi lado, me abrazó por la espalda, besó mi cuello y se puso a llorar a la par mía.

¿Quién iba a sacarnos de esto? Era imposible.

Después de varias horas.

- Pau, tenes que tomar un remedio.
- No me importa el remedio.
- No me voy a bancar un capricho y no te voy a dejar que te hagas mal Paula.
- Si me vas a gritar te vas.
- No voy a dejar que me hagas un capricho Paula.
- ¿Qué carajo me importa el remedio ahora a mí?
- Estar bien.
- ¡No puedo estar bien! ¡Es imposible! ¿No te das cuenta?
–Hizo que lo mire.- No es tu culpa y tampoco es la mía, es algo que pasó y aunque nos duela en el alma no podemos hacer nada para cambiarlo, solamente podemos intentar salir de esto lo más enteros que podamos. Y no te voy a dejar que te hagas mal, no voy a dejar que te descuides. Grita, patalea, hace lo que quieras, pero el remedio lo vas a tomar igual.

Y me dejó callada, salió de la habitación dando un portazo y escuché que se fue. Volvió a los pocos minutos a casa.

- Tomalo, dale. –Dijo dándome la pastilla y el vaso de agua, yo me senté y lo tomé sin mirarlo. Dejé el vaso a un lado y levanté mi vista.-
- Gracias.
-Se sentó a mi lado.- Ay mi amor. –Me abrazó por el costado.-
- Perdón.
- No pasa nada. –Besó mi frente.- No es momento de pelear.
- No creo que sea momento de otra cosa que no sea llorar.

Sin decir más nada nos acomodamos en la cama, yo sobre su pecho y abrazándonos el uno al otro.

- Vamos a salir de esto Pau.
- Te juro que prefiero que no digas nada, no es de mala, es solo que cualquier intento no va a solucionar nada.
- No te puedo ver así.

Busqué su barba con mi mano.

- Yo tampoco soporto verte así, pero lo mejor que podemos hacer es estar así. –Cerré mis ojos.- Lo único que me va ayudar a sanarme es estar así con vos.

Me abrazó más fuerte y yo hice lo mismo.

Me levanté un par de horas después, cuando Pedro dormía.

Fui a la cocina y revisé el botiquín hasta que encontré lo que quería, un antidepresivo, sabía que Pedro tenía. Me lo tomé y me fui a bañar.

Cuando salí del baño me senté en el balcón y allí me quedé por un largo rato, cuando estoy mal no puedo calcular el tiempo.

Lo único que puedo calcular es el dolor y este es el más profundo que sentí en toda mi vida, era un dolor que de verdad me había tomado el cuerpo y el alma. Lloraba como nunca lo había hecho, lloraba con el dolor más profundo que una mujer puede sentir.

Siento que alguien me abrió al medio y me dejó así, agonizando en el medio del mundo, viendo como el resto sigue con su vida y yo no me termino de recomponer de un golpe que viene otro más duro.

¿Cuánto piensan que puedo aguantar? Porque yo no creo que sea mucho. (Si es que puedo soportar esto)

Sequé mis lágrimas y sentía que cada lágrima era una gota de sangre, me estaba agotando. Por primera vez me sentía completamente vencida y sin salida.

4 comentarios:

  1. Pobrecitos los dos, me parten ♡ Me gusto como reacciono Pepe y dejo en claro su postura de cuidarla y no dejar que se haga mal.

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  2. Que triste! me imagino el sufrimiento de los dos... ojala todo mejore y Pau pueda quedar embarazada de nuevo

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  3. Ay que triste!! Tiene razón Pau que no se repone de una que le viene otra peor! Todo pasa por algo, pero espero que les empiecen a pasar cosas lindas!
    Que bueno que Pepe la contiene y le frena el carro cuando es necesario!
    Espero el próximo...

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  4. pobresitos ... espero q su dolor se les pase rapido

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