jueves, 21 de mayo de 2015

152.

- ¿Me perdonas? -Pregunté llorando.-
- ¿Es real que confías en mí? –Preguntó dándose vuelta y nos miramos por primera vez.-
- Muy real. –Suspiré.- Tan real como el amor que nos tenemos. –Sequé mis lágrimas.- Soy una boluda, te juro que lo sé. -
- No te victimices.
- No, te juro que no lo hago. Sé que lo que me pasa no es tu culpa y encima haces todo lo posible para que yo este bien, pero me siento desbordada y como una pelotuda me la agarro con vos que sos la única persona que me hace bien y me saca un poco de todo.
- ¿Vos sabes que yo cambie por vos?
- Sí, lo sé.
- ¿Y entonces?
- Perdón.
- ¿No vas a desconfiar más?
- No.
-Secó mis lágrimas y yo sonreí.- ¿Me das un beso? Ayer vine en busca de eso y me encontré con gritos.
-Reí.- Perdón. –Y lo tomé por el cuello para besarlo.-
- Así me gusta más. –Sonreímos y volvimos a besarnos.- Perdón, no quiero que te sientas desplazada.
- No me quiero meter en tu laburo igual.
- Mi laburo, es mi laburo y no quiero que la vida se me vaya en eso.
- Pero tampoco podes escaparte todos los días.
-Rio.- No, pero voy a ver que puedo hacer.
- ¿Abrazarme podes?
- Eso siempre puedo. –Nos sonreímos y luego de darnos un beso nos abrazamos.-
- Perdón mi amor.
- Ya está, ya pasó.
- Te amo. –Me abrazó más fuerte.-
- Te amo Pau. –Besó mi mejilla y sonreí.-

Un ratito después.

- ¿Te sigue doliendo la cabeza?
- Se me parte.
- A ver. –Dije arrodillándome detrás de él.- ¿Masajitos?
- Por favor.

Besé su nuca y le hice masajes por un largo rato hasta que terminé sentada contra la pared y él también sentado con su espalda sobre mi pecho.

- No podría vivir sin vos. –Dije abrazándolo por el cuello.-
- Yo tampoco. –Agarró mis manos y las besó.-
- ¿De verdad ya me perdonaste?
- Sí Pau, ya está.
- Amo que los hombres sean tan simples.
- ¿Por qué?
- Porque las mujeres no perdonamos tan rápido. –Reímos.-
- ¿Queres que hagamos algo?
- ¿Qué cosa?
- No sé, salir. Aprovechar que es temprano y estoy acá.
- Propone un plan.
- Mmm… ¿Qué hora es?
- Las seis.
- Se me ocurren los mismos planes de siempre. –Reímos.-

Más tarde, estábamos cenando en un restaurant.

- Esta noche no te me escapas. –Dijo pícaro y sonreí.-
- Estamos en un lugar público asique te controlas.
- ¿Y si no tengo ganas?
- No seas forro.
-Rio.- Te encanta que lo sea. –Y se sentó a mi lado, ya que estábamos en una mesa con sillones.-
- ¡Pedro!
- ¿Qué? –Preguntó acariciando mi pierna.-
- Estamos en un restaurante.
- Nadie mira debajo de las mesas.
- No podes ser tan terrible.
- Sí que puedo. –Y me besó.-
- Dale Pepe.
- ¿Por qué?
- Porque me calentas y no quiero hacer un papelón.
- ¿Asique te caliento? –Preguntó besando mi cuello y lo odié.-
- Sabes que sí.
- Bueno, pero me encanta que me lo digas. –Reímos y lo separé de mí.-
- Me prometiste postre.
- Yo soy el postre.
-Reí.- Tarado, dale. Estoy antojada de helado.
- ¿Me vas a seguir teniendo así?
- No seas malo.
- Compramos helado para llevar.
- Mmm… ¿Y lo comemos en la cama?
- ¿Ves por qué te amo? –Me besó y pidió la cuenta.-

- ¿Podes dejar de tocarme? –Dije mientras esperábamos la cuenta.-
- No, sos irresistible.
- Me vas a matar así nene.
- ¿Te voy a matar?
- ¡Sí! –Dije haciéndome la enojada y cuando él quitó sus manos de mi cuerpo tomé venganza, mis manos se deslizaron por su entrepierna.-
- Sos una hija de puta.
- Te pago con la misma moneda. –Lo besé y mordí su labio.-
- Si no traen la cuenta rápido te hago el amor acá.
- ¿Queres un hielo? –Pregunté riendo.-
- Que forra que sos.
- Estamos a mano.

Por fin nos trajeron la cuenta y salimos del restaurant.

Al rato, ya estábamos en el departamento. Habíamos comprado un solo cuarto para compartir.

Estaba comiendo un poco de helado cuando sentí sus manos deslizarse por debajo de mi remera, recorriendo mi espalda. Suspiré.

- Quiero el helado primero.
- Podes hacer las dos cosas.
- ¡Pedro!
- ¿Qué?
- Dale.
- ¿Dale qué?
- Quiero helado.

Me lo quitó de las manos y me dio helado en la boca.

- ¿Así?
-Sonreí.- Así me gusta más. –Y comí el helado, hice lo mismo que hizo él conmigo y a medida que el helado se iba terminando las caricias aumentaban.-
- ¡Al fin se terminó! –Dijo y sin piedad se abalanzó sobre mí.-
- Que poca resistencia que tenes Pedrito.
- Es culpa tuya.
- ¿Culpa mía?
- Sí, porque sos un infierno. –Dijo y me besó desaforadamente, uní mi cuerpo al suyo agarrándolo con mis piernas y dejé que haga lo que quisiera conmigo.-
- Si me vas a tratar así me parece que te maltrato un poco más seguido. –Dije con la respiración agitada ya que él hacía estragos en mi cuello.-
- Ni se te ocurra. –Y mordió mi lóbulo generando que curve mi espalda.-
- Estás prendido fuego.
- Vos me prendes fuego. –Y nos quitamos nuestras remeras.-
- Sos tan linda. –Dijo con sus manos en mis pechos.-
- Vos sos lindo. –Y lo capté con mis labios.-

Estar con él en la cama era lo mismo que estar en el paraíso, hacía todo tan bien que era imposible no inundarse de placer.

Amaba sentirme suya y amaba sentirlo mío. Él era solo mío.

5 comentarios:

  1. woooow que linda manera de reconciliarse .. muuy bueno el cap.

    ResponderEliminar
  2. Me encanto la reconciliacion de este mini enojo ♡

    ResponderEliminar
  3. Tanra tranquilidad en la novela me da miedo, pienso que en cualquier momento algo va a pasar!!

    ResponderEliminar