martes, 31 de marzo de 2015

99.

Ni bien entramos a su casa, le quité la corbata y le até las manos con la misma.

- ¿Estás juguetona?
- Muy. –Me acerqué a su oído.- Quiero que me desvistas con los dientes.
- Me encantó la idea. –Y nos besamos hasta llegar al cuarto.-

Me acosté en la cama y me quité mis zapatos, Pedro se abalanzó sobre mí y casi no podía respirar de lo desaforados que eran sus besos.-

Su boca se despegó de la mía e hizo su visita ya obligada a mi cuello y a mi oreja. Bajó con besos a mi pecho y desprendió uno a uno los broches de mi camisa con su boca.

Cada vez que su barba hacía contacto con mi piel, suspiraba.

Cuando terminó de desprenderla, me la quité y me senté en la cama para que pudiera quitar mi corpiño, reí al notar que no podía, pero ni bien lo hizo me acostó y se desespero con ellos. Amaba que lo haga.

Luego, bajó el cierre de mi pollera también con su boca y yo lo desvestí por completo.

Besé su cuerpo de punta a punta y sacó mi última prenda, también con su boca.

El placer me invadía, la satisfacción me había tomado de pies a cabeza. Como ya era costumbre, tomé las sabanas con mis dos manos y cerré con fuerza mis ojos. Mi piel transpiraba más de la cuenta y mi pelo era un desastre. Mi cuerpo sentía mil sensaciones por segundo y de mi boca no dejaban salir gemidos y gritos.

Amaba sentirlo así. No podía pedir más.

Muchos pensarán que estamos juntos solo por el sexo, pero juro que no es así. ¡Es que al estar juntos solo existimos nosotros! Y realmente necesitamos que suceda eso.

Necesitábamos ser solo dos. Y yo necesitaba sentirme su reina.

- Estabas cargada hoy eh. –Dijo suspirando.-
- ¿Te cansé mucho?
- ¿Sabes todo lo que tenes que hacer para cansarme?
- No, no sé.
- No creo que nunca lo logres.
- ¡Qué poca fe me tenes!
- ¿Yo poca fe a vos? ¡Sos el infierno más placentero de todos!
- ¿A sí?
- Sin lugar a dudas. –Y mordió mi labio.-
- Me conoces tan bien que creo que nunca podría estar con otro hombre en la cama.
- Mejor, así tengo la exclusividad.
- Tan machista vos.
- No soy machista, solo cuido lo que es mío. ¿Está mal?
- No, me encanta.

-

Pau dormía a mi lado y en mi cabeza ya había planeado todo.

Hoy jueves no iría trabajar y el viernes arreglaría todo para salir un poco más temprano y poder acompañarla a ver a su mamá y sin importar cuando tiempo lleve el encuentro, luego iríamos con mi auto a aquel hotel en Rosario donde nos habíamos reconciliado. Allí le iba a hacer la propuesta.

Sonreí al imaginarla en aquel momento y corrí el pelo de su cara, era tan linda. Sus facciones eran tan perfectas que podría pasar millones de horas acariciándolas suavemente con mis dedos.

- Pepe. ¿Qué pasa?
- Nada, perdón. –Susurré.-
- Veni, dormí conmigo.
-Sonreí y me acosté a su lado. Pasé mi brazo por su espalda y ella se acomodó.- Descansa.
- Vos también Pepe.

Jugué con las puntas de pelo sobre su espalda hasta que volvió a dormirse y yo seguía desvelado.

Necesitaba que sea perfecto, que no se escapara ningún detalle.

Yo armaría los dos bolsos y los dejaría en el baúl del auto. La acompañaría a ver a su madre y viajaríamos de noche o de madrugada, depende cuanto dure el encuentro.
Llegaríamos y nos tiraríamos a dormir, el sábado lo tendríamos todo para nosotros en la ciudad y la noche era el momento clave.

La invitaría a cenar al restaurant del hotel y luego de la cena, en el balcón del hotel y con la luna de testigo le haría la propuesta. Ella diría que sí y ese beso de afirmación nos llevaría a la cama de sábanas de seda y allí sellaríamos nuestro amor.

Era perfecto.

Ella era perfecta, ella se merecía todo.

Besé su mejilla y me dispuse a dormir a su lado.

-

Al día siguiente desperté y preparé el mate. Fui al cuarto y con cuidado me senté a su lado y recorrí con besos toda su espalda.

- Buen día Pepe. –Dijo sin parar con los besos.- Ya son las once, dale.
- ¿Así se supone que tengo que levantarme?
- ¿Así cómo?
- Con tus besos, me quedaría la vida.
-Reí.- Es para que te despiertes de buen humor.
- Me encanta. –Se dio vuelta y nos besamos.-
- Traje el mate.

Desayunamos el mate con algunos bizcochitos y nos quedamos en la cama.

- Pau.
- ¿Qué Pepe?
- ¿En dónde se van a encontrar con tu vieja?
- En el bar de la esquina de la Universidad, así no tiene idea de barrio ni nada.
- ¿Tanto?
- Sí Pepe. Bastante que accedí a verla.
- Está bien, como vos prefieras. ¿Y a qué hora?
- A las seis. ¿Está bien?
- Está perfecto. Además, puedo salir del trabajo y acompañarte. Estamos ahí no más.
- Tenes razón. –Hice una pausa.- Hablemos de otra igual.
- ¿Por?
- Me pone nerviosa, no sé.
- ¿Por ella?
- Por la situación Pepe. No sé con que puede llegar a salir.
- No estés nerviosa, es tu vieja. Y además, no vas a estar sola.
- Si no fuese por vos, no iría.
- Pero estás conmigo. –Tomó mi mano.-
- Gracias por eso. De verdad. –Lo besé.-
- No tenes nada que agradecer. –Nos besamos.-
- ¿Hacemos un día de pelis?
- Por favor, ni ganas de moverme de la cama.
- Perfecto, porque estamos en la misma. –Reímos.-
- ¿Y qué vemos?
- Drama romántico por favor no.
- ¿Por qué no? Malo.
- Son un embole.
- Pero si vemos tres pelis, una la elegís vos, otra yo y otra las dos.
- Mmm…
- Dale, la que quiero ver no es tan embole como vos decís.
- No sé, no sé.
- Dale, anda a buscar la compu.
- Mira que si la sinopsis no me llama la censuro eh.
- Dale nene. No te quejes.

Me dio un beso y fue en busca de la computadora y del cable HDMI para poder enchufarlo a la televisión.

Esos planes simples me encantaban. Porque eran con él.


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Llegando... llegando el primer final.

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