jueves, 5 de marzo de 2015

70.

El viaje a Rosario fue más interminable que el de Buenos Aires a Punta del Este. –Y no por cantidad de horas, sino por percepción mía.- La sola idea de que sus manos iban a volver a estar sobre mi cuerpo me enloquecía completamente.

Intenté armar mil excusas para impedir aquel acercamiento pero todas eran inútiles únicamente por dos razones:

a- Él no creería ninguna.
b- Me moría porque me toque. Era imposible impedirlo.

Suspiré y mi suspiro empañó la ventanilla –en donde con mi dedo dibujé un corazón.-

Iba a llegar para dormir y al día siguiente agonizar todo el día hasta encontrarme con él.

¡Por fin había llegado!

Después de buscar algún lugar en donde parar aquella noche, dejé mis cosas en la habitación de un Apart-Hotel y salí a recorrer un poco la ciudad con mi cámara.
Y me dediqué a sacar fotos por más de tres horas, recorrí más de cien cuadras.

Cené en un bar de por allí y volví al Apart, no podía seguir en la calle a esa hora y menos con mi cámara.

Lo que me frenaba era conocerme a la perfección y saber que ni bien estuviese sola lo único que iba a hacer era pensar en él.

Apoyé mi cabeza en la almohada y le hablé al WhatsApp. –Sí, porque lo había desbloqueado.-

‘Ya estoy en Rosario.’

‘¿Ya estás ahí?’

‘Sí, llegué hoy a la tarde. Estoy parando en un Apart.’

‘Yo viajo mañana al mediodía. Se me está haciendo eterna la espera.’

‘A mí también, pero en realidad no sé si quiero verte.’

‘¿Por qué?’

‘Porque me voy a desarmar cuando te vea.’

‘Desarmate, yo te arreglo todita.’

‘Jajajaa, sos un pelotudo.’

‘Que decanses…’

‘Vos también.’


Apagué mi celular y me propuse intentar una misión imposible: dormir.

-

Esa noche casi ni dormí y al día siguiente salí de trabajar al mediodía para poder ir rumbo a Rosario, llegaría muy cerca de la noche.

Todo el viaje de ida a la ciudad del monumento a la bandera me la pasé pensando en como sorprenderla.

Intenté planear cada momento –sabiendo que era completamente inútil.-

¡Pero necesitaba sorprenderla! Bah, más técnicamente necesitaba convencerla de que la amaba.

Repasé mentalmente unas cuantas veces cada cosa que iba a decirle, cada caricia que iba a hacerle y hasta como mirarla.

Estaba hasta las manos con esa mujer y definitivamente no soportaba la idea de perderla.

-

Las horas se me hacían interminables, pero ya eran las cinco de la tarde y a las ocho sería nuestro tan esperado encuentro. (O reencuentro).

Pedro ya había llegado y me había avisado vía texto en qué hotel nos encontraríamos. El cuerpo me temblaba.

Aproveché que la habitación tenía un baño hermoso y me dispuse a dejar mi cuerpo mejor que nunca. Me depilé por completo, llené de crema mi cuerpo para que mi piel esté suave aquella noche y luego me encargué de mi maquille y mi peinado.
Saqué el portaligas negro de la bolsa y me puse todo el conjunto. Blanco de encaje y puntilla.
Luego, busqué la ropa que me pondría: Un pantalón negro de vestir, largo tipo Oxford con una camisa blanca bastante escotada que dejaba ver mi busto.
Para terminar, me puse mis zapatos de taco y busqué mi cartera. Salí del Apart y pedí un taxi, tenía más de media hora de viaje hasta su reencuentro. –La media hora más eterna de mi vida.-

-

Por fin había llegado a Rosario, de la terminal de micros me dirigí a un hotel en el que yo me quedaría, para poder dejar mis cosas allí y luego prepararme para ir al reencuentro en otro hotel. –Quería que sea realmente neutral.-

Además, este hotel daba lástima. El hotel en el que me encontraría con Paula era de los más lujosos de la ciudad.

Me bañé y recorté un poco mi barba. Luego, me envolví en el toallón y me dirigí a la habitación.

Abrí mi bolso y me puse el mejor boxer que tenía, terminé de secar mi cuerpo y me puse un pantalón color cemento de vestir, con una camisa de color blanco y una corbata. –Sabía que amaba agarrarme de la corbata.- Los zapatos y un saco tipo sport.

Me peiné con un poco de gel y me perfumé. Ya estaba listo para el encuentro.

-

Cuando llegué, me bajé en la esquina y le pagué al taxista.

Busqué el perfume en mi cartera y llené mi cuerpo de perfume. Quería estar exquisita para él.

Mis piernas temblaban, todo mi cuerpo temblaba. Necesitaba su abrazo que me diera estabilidad, pero aún faltaban quince minutos para el horario acordado.
Caminé hasta el hotel y en la recepción me indicaron cual era la habitación que estaba a nuestro nombre, dejé mis datos y me dieron la llave.

Entré a la habitación y me quedé maravillada. Era una habitación en Suite de un hotel cinco estrellas, jamás había estado en un lugar así. Todo brillaba, todo relucía.

La cama estaba armada con sábanas de seda y un acolchado todo bordado, en la cabecera había innumerables almohadones y en una mesita al lado de la cama dos botellas de champagne en una hielera, cubiertas con un paño de color blanco.

La habitación estaba iluminada con una araña de esas antiguas, llena de piedras.

La alfombra de la Suite era color bordo y super acolchonada. Las mesitas de luz eran todas en vidrio espejado y no, no podía explicar lo hermoso que era aquel lugar.

A su vez, la habitación daba a un balcón que era enorme. Me asomé y pude ver toda la ciudad, quedé sorprendida. Busqué mi celular y le saqué una foto.

Volví a ingresar y me asomé al baño, nunca había visto tanto brillo en un lugar.

-

Llegué dos minutos antes del horario acordado y cuando me anuncié en la recepción, me notificaron que Paula ya estaba allí. Sonreí y subí a la habitación.

-

Estaba muy concentrada mirando la araña de la habitación cuando siento que la puerta se abre.

5 comentarios:

  1. Me encantooo pero te odio por cortarme el capitulo ahi. Que maldad!!! Jajaja

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  2. NO PODES DEJARO ASIIIIIIIIIII SALI CAMILA.... Ambar

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  3. Noooooo q maldad!! Como lo vas a dejar ahi!!! mimiroxb

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  4. Ahhhhh nooooo nomlompodes dejar ahi!! Me encanto el cap!!!

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  5. No podes dejar ahi jajajja. Buenisimo el cap

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