domingo, 22 de febrero de 2015

57.

Estaba ordenando las cajas que tenía con las cosas de la universidad, tiré unos cuantos apuntes y acomodé los que eran útiles….

Pero debajo de mi cama encontré una hoja que ni me acordaba que en algún momento había escrito.

“Soy chica, todos dicen que soy una nena –y quizás lo sea.- pero yo me siento lo suficientemente grande como para darme cuenta de las cosas lindas y las cosas feas que hay en la vida. Mi familia definitivamente es una cosa fea… Pero podría hacer una extensa lista de las lindas:

- Acostarme en mi cama y que las sábanas estén bien planchadas.
- Un cuarto de helado de chocolate con almendras y menta granizada.
- Las flores que arranco de la planta de la esquina.
- Abrir un libro y que tenga olor a nuevo.
- Reír sin razón.
- Comprarse una bolsa de caramelos de menta con chocolate.
- Escuchar una linda canción y dejar que el mundo de afuera se caiga a pedazos.
- Ver las carreras que hacen las gotas de la lluvia en los vidrios de mi ventana.
- Dar vuelta la almohada para sentir el lado frío.
- Despertarse sin alarma.
- Pedir un deseo cuando los números del reloj son iguales.
- Respirar hondo.

La vida siempre tiene cosas lindas, solo hay que saber verlas.”



Las lágrimas rodaban por mis mejillas, eso lo había escrito cuando tenía diez años… Y era tan chiquita que a pesar de todo tenía la capacidad de abstraerme y disfrutar de las pequeñas cosas. Abstracción que había perdido. Últimamente no disfrutaba de nada. –A excepción de Pedro, pero él llegó hace muy poco tiempo a mi vida.-

Pasé años llorando como una pelotuda y perdiéndome de aquellos detalles que cuando era una nena podía disfrutar.

Mi celular sonó, sequé mis lágrimas y atendí.

- Conversación telefónica -


- Hola…
- Pau. ¿Estás bien que tardas tanto?
- Sí, sí. No te preocupes que mi papá no está.
- Pero estás llorando.
- Es por una pelotudes, encontré algo debajo de la cama y bueno.
- ¿Qué cosa?
- Algo que escribí cuando era chica, pero estoy bien. De verdad.
- ¿Qué encontraste?
- Una lista…
- ¿De?
- Nada Pepe, ya voy.
- Bueno, te espero.

- Fin de la conversación telefónica -

Guardé esa hoja en mi billetera, agarré las bolsas con las cosas para tirar, mi cartera y mi bolso con las cosas de la facu –ya que lo dejaría en la casa de Pedro porque pasaría el finde allí.- Y me fui.

-

Ella entró a mi casa y sonreí, se acercó a mí y me besó. Luego me abrazó, sin decir nada.

- ¿Estás bien Pau?
- Sí, estoy bien.
- ¿Segura? Estabas llorando.
- Es que encontré algo de cuando era chiquita, pero era algo lindo. –Se separó de mí.- Asique estoy bien… -Me besó.- ¿Salimos?
- ¿A dónde?

- A algún lado… A caminar al menos.
- Mmm…. Bueno, dale.

Ella dejó sus cosas de la facultad y salimos de mi casa.

Caminábamos por el centro y ambos estábamos muy callados… Dejé que camine un poco y me saque ventaja para luego correr y saltar sobre su espalda.

- ¡Pedro!
- ¿Qué? –Pregunté riendo.-
- ¿Qué haces?
- Estás muy callada y bueno…
-Reí.- Estoy muy pensativa, no sé.
- Estás aburrida.
-Rio.- Bueno, perdón. –Se encogió de hombros.-
- No pidas perdón, solo que me gustaría poder entrenerte un poco.
- ¿Y para eso saltas encima mío?
-Reí.- Bueno, no sé… Perdón.
- Prefiero que me beses.
- Mmm… Prefiero lo mismo.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces qué? –Preguntó y mordió su labio. Sonreí y la besé, en medio de toda la gente que iba y venía a las apuradas. No me importaba.- Estamos molestando al resto.
- No me importa.
- No seas malo.
- Bueno, entonces vení…

La tomé de la mano y fuimos a aquella misma calle sin salida a la que habíamos ido hacía tanto tiempo.

- Acá nadie nos va a molestar ni vamos a molestar a nadie. –Dije y la besé, tirándola contra un canasto de basura que estaba cerrado.-
- Estás loco.
- Y te encanta que esté loco.
- Me fascina. –Nos besamos e intentábamos que nuestros cuerpos estén cada vez más y más cerca. Necesitábamos que sea así.-
- A mí me fascinas vos.

Pasamos no sé cuanto tiempo –solo sé que fue mucho.- allí, sin despegar nuestros labios hasta que ella volvimos al centro. Entramos en un Mac, a cenar y ella se fue al baño. Cuando se levantó, un papel cayó de su cartera.

Quise avisarle, pero ya estaba lejos. Lo levanté del piso y la intriga me pudo, comencé a leerlo.

Ella me sorprendió cuando lo estaba leyendo.

- ¿Qué haces con eso?
- Perdón, se te cayó de la cartera cuando te fuiste.
- No deberías haberlo leído. –Me lo quitó de las manos.-
- Perdón, no te enojes.
- Hay cosas en las que no deberías meterte.
- Perdoname… Fue un impulso. –Ella se sentó enojada y tomé su mano.- Hey, perdoname.
- Está bien.
- ¿Eso es lo que encontraste hoy?
- Sí.
- Es re lindo lo que escribiste.
- Sí, pero me lo olvidé durante mucho tiempo.
- ¿Por qué decís eso?
- Porque sí, porque fui creciendo y perdí hasta la capacidad de disfrutar esas pequeñas cosas.
- Pero ahora lo recordaste… No podes volver el tiempo atrás.
- Ojala pudiera, ese día nunca hubiese vuelto a mi casa.
- Bueno… Pero no podes. –Besé su mano.- Pero sí podes cambiar a partir de ahora.
- Vos me estás haciendo cambiar.
- Y vos me estás haciendo cambiar a mí. –Nos sonreímos.- No me llores che… -Dije cuando vi sus ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Puedo abrazarte?
- ¿Qué pregunta es esa? Vení… -Ella se paró y se sentó sobre mis piernas, me abrazó por el cuello y yo lo hice por su cintura. Su cabeza cayó sobre mi hombro y yo besé reiteradas veces su cuello.-
- Podría vivir así. –Se separó un poco de mí y nos besamos.-
- Sos tan linda… -Corrí el pelo de su cara.-
- Vos sos lindo. –Volvimos a besarnos.-
- ¿Hace falta que nos quedemos acá?
- Sí, porque me muero de hambre.
- Ufa. –Reímos.-
- ¿Pedimos?
- Dale. Voy a pedir yo así no perdemos la mesa.
- Bueno, dale… Pedime una Big Mac. –Dijo parándose para que me pueda ir.-
- Dale, te traigo una Big. –Le di un beso y fui rumbo al mostrador para poder ir a encargar.-

Era una cola eterna de gente y quería morir… Necesitaba tener mi pedido, comer rápido e irme a mi casa con ella.


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