miércoles, 4 de febrero de 2015

38.

Llamé a Paula cuando salí de trabajar, (eran exactamente las siete y media) pero nunca obtuve respuesta. Intenté una, dos, tres, cuatro, cinco y hasta seis veces.

“Pau… ¿Estás?”

“Sí, perdón. Pero no puedo hablar ni verte.”

“¿Qué pasó?”

“Nada, no jodas.”


¿Eh? 

Y esta vez cambié el camino y fui rumbo a la casa de Paula, cuando estuve en la esquina la llamé al celular.

- Hola.
- Hola. Estoy en la esquina de tu casa. ¿Me abrís?
- No, andate. –Dijo sollozando.-
- ¿Estás llorando? ¿Qué pasa?
- Quedate en la esquina, no te muevas de ahí. No te acerques a mi casa. –Hizo una pausa.- Quedate ahí, por favor.
- ¿Me podes explicar qué pasa?
- Cuando veas a un señor salir de mi casa avisame, se está por ir. Ahí te hago pasar, ahora no puedo.
- Está bien…

A los 5 minutos su padre (supongo) salió de su casa y le envíe un Whatsapp, ella salió de su casa toda despeinada, descalza y en lo que creo que debe ser su pijama… Se sentó en la vereda y se largó a llorar. Yo me senté a su lado y pasé mi brazo por su espalda, abrazándola.

- ¿Me contas qué pasó por favor?
- No puedo, no me salen las palabras. –Dijo con un hilo de voz.- Abrazame, por favor. Necesito que me abraces.
- Veni chiquita… -¿Chiquita? Okei. La abracé contra mi pecho y allí se quedó, por un largo rato.-

- ¿Podemos ir a tu casa? Te prometo que intento parecerme a una persona antes de ir.
-Reí.- ¿Me vas a contar qué pasó?
- Sí, pero no acá… No quiero volver a verlo, no hoy.
- Está bien, como quieras. Te quedas hasta mañana si queres.
- Gracias.

Ingresamos en su casa y esperé a que se prepare, cuando salió lo hizo vestida y peinada y con un bolsito en su mano. 
Ella cerró su casa y comenzamos a caminar rumbo a la parada de colectivo que quedaba a dos cuadras, ella miraba al piso y no emitía sonido alguno. La frené en una esquina y la besé.

- No nos habíamos saludado. –Ella sonrió y continuó su camino.-

¿Esto iba a ser así? Miedo mortal.

El colectivo por suerte llegó rápido y nos subimos al mismo, nos sentamos en el fondo y ella miró por la ventanilla todo el viaje. Era como un zombie.

Por fin llegamos a mi casa, entramos y le avisé que me iría a cambiar, ella asintió con su cabeza y me esperó sentada en el sillón.

- Ahora sí… Ya estoy. ¿Me podes contar lo que pasó por favor?
- Lo intentó otra vez.
- ¿Quién? ¿Qué cosa?
- Él.
- ¿Tu viejo?
- Sí.
- Hace el esfuerzo de hablar porque así no voy a poder ayudarte.
-Ella tomó aire y cerró sus ojos.- Me desperté tarde… -Hizo una pausa y volvió a inhalar.- A las cuatro, con un dolor de cabeza y un mareo tremendo, entonces fui a la cocina a buscarme unas frutas y estaba él, discutimos y lo insinuó otra vez. ¡Otra vez! ¿Entendes? –Estalló en llanto.- Le pegué y me encerré en mi pieza, pero no puede ser que sea así de mierda. –Yo suspiré y la abracé luego de besar su frente.-
- Pensa que pudiste zafar.
- Menos mal, sino me moría.
- Sh… -Acaricié su espalda y ella se hizo un bollito sobre mí.-

-

No sé cuanto tiempo pasé con él, lo único que sabía que había podido tranquilizarme al menos un poco.

- Gracias.
- No tenes que agradecerlo Pau.
- Sí, tengo que hacerlo. –Me dio un beso y se paró.- Voy al baño y vengo.
- Anda tranquila.

Fui al baño, me lavé la cara y me delineé un poco los ojos. (Aunque seguía siendo un tomate).

- ¿Mejor? –Preguntó cuando me senté a su lado.-
- Sí, gracias. –Suspiró.- Estaba llorando hacia más de cuatro horas. Tu abrazo fue lo único que me tranquilizo. –Sonreí y la besé.-
- ¿Queres que comamos?
- No tengo mucha hambre pero debería comer algo porque estoy con el estómago vacío, asique sí, dale.
- Hay para hacer medialunas rellenas de jamón y queso al horno. ¿Queres?
- Me fascina, ahora las preparamos.

Preparamos las medialunas y cenamos en el balcón… Lavé y le ordené un poco la cocina, cuando volví al living él me esperaba con unos chocolates.

- Me imagino que te queda un poco de lugar para unos chocolates.
- Siempre hay lugar para los chocolates. –Reímos.-

Ambos nos preparamos para ir a dormir y yo ya estaba acostada en la cama del cuarto de más que tenía Pedro en su casa.

- Que descanses Pau... Cualquier cosa me tocas la puerta, no me jode si dormís al lado mío.
- Gracias, sos un amor.
- Ya te dije que no agradezcas. Descansa.
- Vos también. –Nos dimos un beso y él se fue.-

Cada vez que cerraba mis ojos mi mente reprocesaba lo que había pasado y era imposible dormirme.

Me levanté y me hice un té con lo que encontré en la cocina de Pedro y me senté en el living, al menos allí no cerraba los ojos.

- Te dije que vengas a mi cuarto.
- No quiero joderte más. –Dije.- Te robé un té igual.
- No pasa nada. Dale.
- Me termino el té y voy.
- Pero venís eh.
- Sí, anda. Dale.

Él se fue y yo me terminé el té, lavé la taza y toqué la puerta en su habitación.

- Pasa…

Entré en su habitación, él estaba acostado y yo me acosté a su lado, pero arrinconándome en un rincón. (No era lo mismo tirarse en la cama a joder que a dormir, no era lo mismo y punto. No importa por qué).

Sentí su mano en mi pelo y sonreí, lo corrió de mi cara y me dio un beso.

- Descansa que te va a hacer bien.
- Vos también.

Él ya dormía y yo por supuesto que con él a mi lado no lograba conciliar el sueño asique salí de su cuarto y volví a “mi” cama donde finalmente logré dormirme. 

6 comentarios:

  1. Ayyyy quiero a este Pedro mimosito mas que a nada ♥
    Pau necesita su contencion. Y el padre una buena paliza y estar encerrado el resto de su vida.
    Me encanto el capitulo amiga. Un beso :)

    ResponderEliminar
  2. " no jodas " pero yo la mando al kiosco a comprar chicles..

    ResponderEliminar
  3. Pp esta controlando la abstinencia , vamo los pibe (?

    ResponderEliminar
  4. genial l capitulo! Que siga este Pedro! ♥♥

    ResponderEliminar
  5. Que tierno PP (este es el que va, jaja) Que bueno que se acompañen en esos monentos!
    Siempre quiero mas...

    ResponderEliminar