El viaje de vuelta fue algo… Depresivo. Sí, depresivo. Hubiese querido que ese momento no llegara nunca.
Él me acompañó a mi casa y luego siguió camino hasta la suya. –Recién habían pasado dos horas y yo ya extrañaba su piel, su olor…-
Además de estar muy ansiosa con que encuentre la carta, la lea y me dé una devolución.
Nota mental: dejar de ser tan ansiosa.
Me bañé –ya que por haberme quedado con él en la cama no había podido hacerlo.- y por primera vez me animé a quedarme en ropa interior en mi cuarto… Me estaba amigando con mi cuerpo, había descubierto que gracias a él podía sentir cosas increíbles.
-
Llegué a mi casa y no podía más, dejé todo tirado y me acosté a dormir… Aunque me costó un poco, no podía dejar de desearla a mi lado.
Más tarde, me desperté y no quedaba otra que ordenar, esa era la parte más odiosa de volver a casa. ¡Desarmar los bolsos!
Tiré toda la ropa sucia en el lavarropas junto con las sábanas y las toallas y mientras guardaba la ropa limpia en el placard, me sorprendí al encontrar un sobre: “Pedro.”
Lo abrí y comencé a leer, algo extrañado y ansioso a la vez, era Paula. (Sonreí al saberlo).
Me senté en mi cama y comencé a leer, algunas lágrimas cayeron por mis ojos mientras lo hacía. Ni bien terminé de leerla, busqué mi celular y le escribí:
“¿Puedo ir a tu casa?”
“Obvio que podes.”
“¿Estás sola?”
“Sí.”
Busqué mi billetera, las llaves y el celular y me dirigí a su casa. –Y creo que llegué más rápido que nunca.- Ni bien me abrió, la abracé por la cintura y le rompí la boca de un beso.
- ¿Qué es esa vehemencia? –Preguntó.-
- Leí tu carta…
- ¿Y?
- Que no podes ser tan linda y que quiero hacerte sentir mujer otra vez.
- ¿Acá?
- En donde quieras. –Ella sonrió pícara y cerró la reja, entramos a su casa y subimos las escaleras sin poder despegar nuestras bocas.-
- Podría hacer esto toda mi vida. –Confesé.-
- Hacelo, por favor. –Cerré la puerta de su habitación y la senté sobre su escritorio. Nos desvestimos más rápido que nunca, necesitábamos sentirnos. Necesitaba estar dentro de ella.-
Sus uñas se clavaban con fuerza en mi espalda mientras mis dedos presionaban su delantera.
-
Me hacía sentir en el cielo y no había duda de aquello. Ambos estábamos recostados en mi cama sin ropa alguna.
- Te sacaría mil fotos así.
- ¡Ni se te ocurra! –Me quejé.-
- ¿Por qué? Si sos hermosa.
- Entonces mírame con los ojos, no con una cámara.
- Bueno che.
- Me dan miedo esas cosas.
- ¿Nunca viste nada en Internet?
- No.
- ¿De verdad?
- De verdad.
- No te creo.
- ¡Creeme!
- Mejor, así crees que soy el mejor.
- Estoy segura de eso.
- ¿Sí? –Preguntó acariciando alrededor de mi ombligo con su dedo índice.-
- Sí… -Suspiré y cerré mis ojos.-
- No pares nunca Pedro.
- No pensaba hacerlo. -Dijo bajando.-
-
Estaba en mi casa y me sentía mal, me faltaba el aire y me negaba a tener otra crisis.
Intenté continuar como si fuese un día común. Me bañé haciendo un esfuerzo muy grande por no caerme, sosteniéndome de la pared.
Necesitaba tranquilizarme, asique decidí salir a caminar.
Caminé varias cuadras y cuando quise buscar el puff en mi bolsillo noté que me lo había olvidado y no había chances de volver a respirar.
Intenté volver a mi casa, pero creo que nunca llegué.
-
Me desperté y era tarde, ya daba por sentado que pasaría la noche en vela.
Mi celular sonó y me extrañé al leer en la pantalla: "número privado."
Atendí.
- Conversación Telefónica -
- Hola.
- Hola. ¿Paula?
- Sí.
- ¿Usted conoce a Pedro Alfonso?
- Sí.
- Él fue ingresado hace un rato a la clínica de Puerto Madero, lo encontraron descompensando en la calle.
- ¿Y cómo está? -Pregunté asustada.-
- ¿Puede venir a verlo?
- Pero digame como está.
- Venga, por favor.
- Fin de la conversación telefónica -
Corté y salí casi corriendo de mi casa y creo que nunca mi bicicleta fue tan rápido.
Por fin llegué, pregunté donde estaba y subí.
Esperé que salga algún médico.
- ¿Cómo está?
- ¿Quién es usted?
- Una amiga.
- Está delicado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Que si en la noche no mejora, hay que operarlo.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- No puede hablar.
- No importa, por favor.
- Pase, solo cinco minutos.
Entré despacio y él me sonrió.
- Hola. -Dije y me acerque a él, besé su frente y tomé su mano.-
- Pau...
- No, no. No hables que no podes. No te esfuerces que tenes que recuperarte. -Él apretó mi mano y yo sonreí.- No me puedo quedar mucho acá con vos, pero me voy a quedar toda la noche afuera.
- No hace falta. -Susurró.-
- Sí, hace falta. Me quiero quedar, no quiero que estés solo.
- Gracias. - No lo agradezcas y no hables más. -Besé sus labios.- Ponete bien que te voy a estar esperando para que sigamos pasando buenos momentos juntos. -Volví a besarlo.- Te quiero.
- Te quiero Pau. -Sonreí, nos besamos y un médico me pidió que salga asique tuve que irme.-
Me senté en el piso, contra la pared y abracé mis piernas. Me largué a llorar.
Era la primera vez que alguien le hacía bien a mi vida, no podía irse. Lo necesitaba.
Yo sabia que algo tenias entre manos. Me mato Pedro pachucho y Pau preocupada ♡
ResponderEliminarnooooooooooooooooooooo. q paso???? quiero el proximoo
ResponderEliminarYa mucha felicidad, algo tenia que pasar no? Bueno genial el capitulo! Y speo que Pedro se recupere pronto.....
ResponderEliminaraaay pobre Pedro="(.
ResponderEliminarespero q se mejore pronto.
Me encanto El Cap.
Ayyyy no que todo venia bien, me encanto el cap!!!
ResponderEliminarEra mucha felicidad no? pobre Pedrooo, mas tierni Pau estando siempre para el. Me encantan. Escribis genial ☺
ResponderEliminarGenial el capítulo!
ResponderEliminarQue se recupere pronto por favor!!!!
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