Pasé por el baño antes de salir ya que mi estado era bastante deplorable, primero acomodé mi pelo y luego usé tapa ojeras y un poco de delineador.
Quise creer que era el sueño y el mareo que tenía, pero algo extraño estaba pasando.
- Hola Paula, tanto tiempo sin vernos.
Me di vuelta asustada y no había nadie.
- No, estoy en el espejo.
- Me estoy volviendo loca. –Dije y me quise ir.-
- No, no. Quedate Paulita.
Salí del baño muerta de miedo y se me apareció en el espejo del pasillo.
- Ese bebé no va a nacer.
- Estás lejos, no podes hacerme nada.
- Tengo mucho más poder del que crees.
- ¡No! ¡Basta! Sos mi imaginación, no estás ahí. –Dije ya llorando.-
- ¡Ese bebé no va a nacer! ¡Yo lo voy a impedir!
- Andate Renzo, andate. –Y salí corriendo de la casa.-
Cerré la puerta y decidí bajar por la escalera, sin ningún espejo. Me estaba volviendo loca y no me gustaba ni un poco lo que acababa de pasarme.
Necesitaba llegar a la clínica y estar con Pedro, era lo único que iba a poder tranquilizarme.
Cuando cerré la puerta de entrada al edificio suspiré, intentando serenarme y posé mi mano derecha sobre mi panza.
- Vas a estar bien, vamos a estar bien. –Hice una pausa.- Te lo prometo.
Justo pasó un taxi y lo frené para poder ir así a la clínica.
Sonó mi celular y era mi jefa, claramente no era el mejor momento para hablar con ella pero no me quedó otra que atender. Me pidió por favor que a la semana siguiente vuelva a trabajar y aunque no quería, le dije que sí. Además, debía contarle de mi embarazo.
Corté cuando estaba llegando y luego de pagarle al taxista me dirigí a la clínica, por suerte Pedro estaba solo y me metí en la habitación sin pedir permiso. Corrí hasta él y como pude lo abracé.
- ¿Pasa algo? –Preguntó acariciando mi pelo.-
- No, solo necesitaba verte.
- ¿Segura?
- Sí. –Me separé de él y lo besé.- ¿Cómo te sentís?
- Mejor.
- ¿De verdad?
- Sí.
-Sonreí.- Buenísimo. –Volví a besarlo.-
- ¿Vos estás bien?
- Sí amor.
- Mmm…
- De verdad.
- No te creo.
- No me crees nada últimamente.
- Por algo será.
- No digas giladas.
- Algo me estás escondiendo y estoy seguro de eso.
- No amor.
- Mejor no digas nada y quédate acá.
Hizo que apoyé mi cabeza en su hombro y besó mi frente.
- Tranquilízate.
- Estoy tranquila.
- Y yo estoy para correr una maratón. -Reí.- Te reíste.
- ¿Y?
- Y que si te reíste, tengo razón.
- Basta Pepe.
- Okei, okei.
Posé mi mano sobre su pecho y suspiramos a la par.
- ¿A qué hora te traen la comida?
- Como siempre.
- Así me voy a comprar algo.
- Anda si queres.
- En un ratito, me gusta estar así con vos.
- A mí también.
- Te amo mi amor. –Susurré.-
- Te amo hermosa.
Se hizo una pausa.
- ¿Sabes qué pensaba?
- ¿Qué?
- Que siempre que pasa algo crítico entre nosotros yo termino acá.
- Entonces deberíamos calmarnos y dejar de hacer boludeces, así no pasas por esto otra vez.
-Suspiró.- ¿Qué somos nosotros?
- ¿Eso importa ahora?
- Solo para saber.
-Reí.- ¿Desde cuándo te importa eso?
- Desde nunca.
- ¿Y entonces?
- Que pensaba que la vez pasada te pedí de ser mi novia cuando me estaba muriendo.
- Y me mataste de amor.
- ¿Tengo que hacerlo otra vez?
- Vos no te estás muriendo.
- Estoy en la misma condición.
- Pero te estás recuperando.
- ¿Tengo que hacerlo o no?
- No, acá no.
- Acá no… O sea que después sí.
-Reí.- Me gusta que sepas interpretarme.
- Te conozco.
- Demasiado. –Reímos y nos dimos un beso.-
- Por eso sé que me escondes algo.
- Basta con eso Pedro.
- Estoy seguro eh.
- Me voy a comprar algo para comer.
- Escapate, dale.
- No seas boludo.
- Vos me tomas de boludo.
- ¡Basta Pedro! –Dije y me paré.-
- Es en vano discutir esto.
- Es una boludes.
- No.
- Sí Pedro y basta.
- Te conozco.
- Bueno, me conoces poco porque estás diciendo cualquiera.
- Vos estás diciendo cualquiera.
- ¿Nos vamos a pelear ahora?
- No, está bien.
- Deja de pensar boludeces.
Lo besé y salí de la habitación. Del otro lado de la habitación suspiré y me dirigí al bar, tratando de no prestarle atención a los espejos.
No entendía por qué me pasaba esto. ¿Me estaba volviendo loca de verdad? Lo único que me faltaba era que me empastillen. Cartón lleno.
Tenía mucha hambre, asique me pedí una hamburguesa completa con papas fritas dobles y una gaseosa enorme. Okei, si esto era estar embarazada definitivamente iba a rodar.
Volví al cuarto y esperé a que la enfermera saliera para poder entrar.
Pobre q feo..me da miedito ... ojala falte poco para q le cuente
ResponderEliminarjajaja Pedro sabe pedro sabe jajaja me muerooo. pobre Pau q le pase esto
ResponderEliminar