lunes, 3 de agosto de 2015

244.

Pasaron quince días y ya estábamos en casa, por suerte… ¡No aguantaba más la cama del hospital! Y además, me ponía loco que Paula estuviera durmiendo mal estando embarazada.

Ella duerme y yo acabo de salir de bañarme. Me agaché frente a ella y corrí el pelo de su cara.

- Pepe…
- Seguí durmiendo.
- ¿Pasó algo?
- No, solo quería hacerte unos mimitos.
-Sonrió.- ¿Te acostas conmigo?
- Dale.

Me acosté a su lado y ella apoyó su cabeza en mi pecho.

- ¿Te sentís mejor?
- No.
- ¿Seguís con nauseas?
-Suspiró.- Sí, quiero seguir durmiendo.
- Dormí entonces. –Besé su frente.-
- Quedate conmigo.
- Acá estoy mi amor. -La abracé y ella cerró sus ojos.-
- Gracias.

Pau se quedó dormida y yo me quedé allí, a su lado, por largas horas. Todavía no lograba terminar de procesar tanta información, miraba su panza y no podía concebir que allí dentro estaba nuestro bebé. Era una locura demasiado increíble.

Una de mis manos se posó sobre su panza… Ella me miró y sonreí.

- Soy un desastre, te desperté otra vez.
-Rio.- No pasa nada, ya dormí mucho.
- ¿Queres comer algo?
- No…
- Pero son las nueve.
- Quiero un té.
- ¿Y unas galletitas?
- De agua.
- ¿Me bancas que yo me preparo un tostado?
- Sí, dale.

Le di un beso y me fui a la cocina.

-

Me sentía demasiado mal y no veía la hora de que pasaran estos malditos tres primeros meses, porque si las náuseas van a ser así todo el tiempo me van a levantar con cucharita.

Pepe volvió con la bandeja y la dejó a los pies de la cama, yo me senté con mis piernas cruzadas e hice un rodete con mi pelo.

- Ni me mires. –Dije.-
- ¿Por?
- Soy un desastre con ganas.
- No digas boludeces.
- Mis ojeras me deben llegar al cuello.
-Rio.- No pienses en esas cosas. –Se sentó a mi lado.-
- Me siento demasiado mal.
- El té capaz te haga bien.
- Espero. –Me encogí de hombros.-
- Vas a ver que sí.

Cenamos (Bueno, si lo mío puede ser considerado cena) y Pedro se llevó todo. Me sentía demasiado inútil en esta situación, pero juro que no podía levantarme de la cama.

Me levanté al baño y me lavé los dientes, volví a la cama y allí me quedaría hasta el día siguiente.

- Pau…
- ¿Qué Pepe?
- Llamo a Nan un toque y vengo.
- Sí, hace lo que quieras.

Me hice un bollito y me quedé allí, no sabía por qué, pero tenía miedo. Mucho miedo.

Sentí que Pedro entró al cuarto y sonreí, se cambió y se acostó a mi lado. Me abrazó por la espalda y posó sus manos en mi panza, besó mi cuello.

- ¿Dormimos?
- Por favor. –Suspiré.-
- Descansa mi amor.
- Vos también Pepe.
- Cualquier cosa despertarme. ¿Sí?
- Sí amor.

Pedro se quedó dormido al instante y yo no lograba ni siquiera dormitar, claro… ¡Si había dormido hasta las nueve de la noche y eran las once!

Me levanté con cuidado de la cama y busqué mi cuaderno, tenía la necesidad de escribir.

‘Tenía tanto miedo que era imposible explicarlo. Un miedo que me recorría el cuerpo desde la cabeza hasta los pies.

Miedo de todo.

Miedo de no saber qué hacer cuando lo tenga en mis brazos y pánico de que ese momento no llegué nunca. Aunque quiera, no puedo quitar de mi mente lo que pasó y la sensación de que va a ocurrir otra vez no me la puedo sacar del cuerpo.

Es como si la agonía nunca dejara de perseguirme. Es horrible e incontrolable.

Quisiera evitarlo, pero no sé cómo.’

- Pau. ¿Qué pasa?
- No me podía dormir.
- ¿Estás llorando?
- No, estoy bien.
- Te conozco.
-Suspiré y guardé mi cuaderno.- Voy al baño.
- No te quedes llorando ahí. –Le sonreí y me fui.-

Me encerré en el baño y aunque hice fuerza para no llorar, no lo logré. Estaba llorando otra vez, como siempre.

Llorar era como respirar para mí.

- Pau, veni. Dale. –Dijo tocando la puerta.-
- Anda a dormir Pepe.
- Quiero que vengas conmigo.
- Ahí voy.
- Dale gorda, estás llorando.
- No Pepe.

Pedro abrió la puerta sin pedir permiso y solo dejé que me abracé.

- Me muero de miedo Pedro.
- No tenes que tener miedo de nada chiquita. –Besó mi frente.-
- ¿Y si otra vez…?
- ¡No! Ni lo pienses.
- No puedo no pensarlo.
- Va a estar todo bien mi amor, te lo prometo. –Me tomó por las mejillas y luego de secar mis lágrimas, me besó.- ¿Vamos a la cama? Dale. –Asentí con mi cabeza y fuimos hasta la habitación.-

Nos volvimos a acostar en la cama y suspiré, me tapé y me hice un bollito frente a él.

- Veni para acá mujer.
-Reí y me acurruqué en él.- Gracias.
- ¿Por?
- Porque cuando me abrazas es el único momento en el que no tengo miedo.
- Te voy a abrazar toda la vida entonces.
- Por favor.
- Te amo y los mucho. ¿Sabes?
- Nosotros también mi amor. –Besé su mejilla.-
- Descansa, te va hacer bien.
- Necesito tus mimos.

Sentí su mano dirigirse hasta mi cuello y sonreí. Sentí sus caricias hasta que me quedé dormida.

3 comentarios: