martes, 13 de enero de 2015

13.

Cuando me desperté casi olvidó que Paula estaba en casa asique me dirigí a una panadería cercana a comprar algunas facturas así desayunábamos.
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Me desperté y me sentía demasiado rara, sonreí al recordar lo que había pasado la noche anterior, lo había imaginado de millones de maneras distintas pero nunca así. Fue distinto, especial.

Escuché ruidos en la cocina, asique me levanté.
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- Buen día… -Dije y sonreí.-
- Buen día. –Respondió y refregó sus ojos, luego bostezó.-
- ¿Cómo dormiste?
- Muy bien, gracias.
- ¿Mate, café, té?
- Mate.
- Ahora preparo entonces, compré facturas.
- ¡Qué rico!
- Anda al baño si queres y preparo todo.
- ¿Tanta cara de dormida tengo? –Preguntó riendo.-
- Un poquito nada más. –Reímos y ella se dirigió al baño, preparé el desayuno en el living y allí la espere.-

- Pero cuanta atención, gracias Pepe. –Se sentó frente a mí.-
- Nada que agradecer… Menos mal que es sábado, porque sino tendríamos que haber salido corriendo.
- Posta. –Sonreímos y cebé un mate, lo tomé y luego le ofrecí uno a ella.- ¿Volvió la luz, no?
- Sí, el agua del mate la calenté en la pava eléctrica. Igual no la pasamos tan mal sin luz. ¿No?
- Ella rio.- No, todo lo contrario.
- Menos mal, por lo menos tenes una mejor impresión que la última vez.
- Ay, perdón por eso. En serio.
- No pasa nada, ya está. Quizás esté acostumbrado a otro tipo de chicas.
- ¿Y eso es bueno o malo?
- No sé, pero con vos la puedo pasar bien así.
- Sonrío.- Yo también la paso bien con vos.

Un rato más tarde, Paula decidió irse.

- ¿Nos vamos a volver a ver? –Preguntó ella.-
- Las puertas de mi casa están abiertas para que vengas cuando quieras. –Ella sonrío y yo le devolví la sonrisa.-
- Gracias, de verdad. La pasé muy bien, nunca lo hubiese imaginado así.
- A vos, por darme otra oportunidad. –Y esta vez sin pedirle permiso la abracé, nos abrazamos. Besé su mejilla y nos separamos.- Nos vemos.
- Nos vemos. –Ella se fue y yo cerré la puerta del hall de entrada del edificio.-

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No podía poner en palabras lo que había sentido con ese abrazo y ese beso en mi mejilla, es que no sé podía explicar. Era imposible.

Volví a mi casa con una sonrisa de oreja a oreja, algo demasiado extraño en mí. Mientras caminaba le avisé a mi prima que necesitaba hablar con ella y que me avisará cuando podía conectarse al Skype.
Llegué, saludé a mi mamá y me fui a bañar. Luego me dirigí al único sitio de paz en mi casa, mi cuarto. Recibí la respuesta de Zai y nos conectamos al Skype.

- ¡Hola Pauchis!
- Hola Zai. ¿Cómo andas?
- Todo bien, hoy bastante tranqui. ¿Vos? ¿Qué pasó que querías hablar?
- Para ansiosa. –Reí.- Pasa que… Estuve toda la noche en la casa de Pedro.
- ¿Qué? ¿Se volvieron a ver?
- Sí… Volví hace un rato.
- ¿Y qué onda?
- Bien, la pasé bien. Esta vez me trató… distinto.
- ¿Cómo amigos?
- Mira lo que me preguntas. ¡Ni idea!
- Ay primita, primita. Ni se te ocurra alejarte que necesitas alguien que te haga bien.
- Lo sé. Y también sé que hay algo en él que me atrae.
- Entonces dejate atraer. –Guiñó su ojo y yo reí.-
- ¿Cuándo volves?
- Cambiame de tema no más. –Yo reí.- El mes que viene seguro vuelva unos días. Ojala ya me lo puedas presentar.
- Sos una exagerada, en un mes no vamos a estar casados y con hijos eh.
- ¡Te quemaste sola! ¿Ya queres casorio y nenes?
- La fulminé con la mirada.- No seas boluda. Fue una manera de decir.
- Sí Paulita, sí. –Sonó mi celular.- ¿Es él?
- No boluda, me gané un 0km. –Reímos.- Contame algo de vos.
- ¿Qué cosa? Igual que siempre eh.
- Mmm…
- En serio Paula.
- Bueno, está bien.

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Nunca me había sentido así. Y no sabía como reaccionar. (Tampoco sabía muy bien cómo tratarla sinceramente)


Pero la había pasado tan bien, sentía que eso era un avance para mí. Era la primera vez (y de verdad la primera vez) que podía pasarla bien con una mujer así, tan solo pasando el tiempo con una buena charla o con una charla tonta pero con sonrisas.

Y ya me daban ganas de verla otra vez.

Después de ordenar un poco mi casa salí a caminar mientras escuchaba música. Me aburría allí adentro.

Caminé muchas cuadras, muchísimas para lo que mi corazón resistía, asique no me quedó otra que comprarme un puff en alguna farmacia y volver a mi casa en colectivo. Como odiaba esta fucking enfermedad.

Cuando llegué a mi casa estaba demasiado cansado, por lo que había caminado y porque no había dormido demasiado en la noche, asique prendí la tele en la cama y me quedé dormido.

Varias horas después, me desperté y necesitaba hablarle a Paula.

‘Hola Pau… ¿Cómo andas?’

‘Hola Pepe. Todo bien, estudiando un poco. ¿Vos?’

‘Uy, no quiero joderte. Todo bien.’

‘No molestas, ya leí un montón y no me dan más los ojos.’

‘¿Qué estudias?

'Semiótica, no entiendo una goma.’

‘Jajajaja, es complicado pero en mi profesión abunda, si necesitas ayuda decime.’

‘Tengo examen la semana que viene y creo que me vendría muy bien un profesor particular.'

‘Esta semana arreglamos y nos vemos que te ayudo, en serio.’

‘Bueno, gracias.’

‘No es nada, además es una excusa para verte.’

‘Había una intención oculta…’

‘Pero es en serio que te quiero ayudar.’

‘Lo sé y te lo agradezco.’

‘No me lo agradezcas.’


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¿Cómo hacía para no engancharme? ¡Era imposible! Ya quería que sea el día de vernos.
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Y de a poco se le va cayendo la coraza de hombre rudo...

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