Era mi papá, siempre tan oportuno, arruinar todo era su naturaleza.
- Te felicito Paulita, al menos ahora chapas. Cojer te debe dar impresión. ¿No?
Pedro se paró y yo lo hice atrás de él, aunque no me dejó enfrentarlo. Pedro se paró delante de mí.
Y a mí me temblaban hasta las uñas del miedo que me generaba tenerlo frente a mí.
- ¿Tan poco hombre sos? -Desafió Pedro.-
- ¿Qué te metes vos nene?
- Me meto porque Paula me importa y porque no puedo quedarme de brazos cruzados si maltratan a una mujer.
- Para nene. ¿Quién sos? ¿Superman?
- No, solo alguien que quiere ver a su hija bien.
- Para Pepe. -Susurré aterrada.-
- ¿Tenes miedo de que le haga algo a tu noviecito?
- Correte Pau.
- No, no me voy a mover de acá.
- ¡Paula!
- Dejen de discutir que me dan asco. -Gritó mi papá.-
- ¡No te metas! -Grité y estallé en lágrimas.-
- Me meto todo lo que se me cante pendejita.
- No le faltes el respeto.
- Vos no me vas a venir a dar órdenes a mí, ya te lo dije pendejo.
- Andate de acá. -Gritó Pedro.-
- No me voy un carajo y te dije que no me des órdenes. -Lo empujó y yo que estaba detrás de él casi me caigo.-
- ¿Estás bien Pau?
- Sí. -Dije ahogada en llanto y Pedro se abalanzó sobre mi papá, pero él reaccionó y le dio una piña que lo dejó en el piso.-
- Sos una mantequita al final nene. -Y Pedro se levantó y se la devolvió.-
- ¡Andate! -Y lo golpeó hasta que se fue.-
- ¿Estás bien Pepe?
- Sí. Entremos en tu casa, dale.
Entramos en mi casa y yo seguía temblando, ni bien ingresamos sacó el puff de su bolsillo y lo inhaló.
- ¿Seguro que estás bien?
- Sí Pau, tranquila.
- Te dejó todo hinchado, te traigo hielo.
Fui hasta la cocina y busqué hielo para alcanzarselo.
- Veni. -Dijo sentándose en el sillón. Yo me senté a su lado, puse el hielo sobre su mejilla y mi brazo temblaba.-
- Tranquila, no tiembles. No llores.
- Es que... Casi te hace mierda por mi culpa.
- Pero estoy bien, no te preocupes. -Hizo que dejara el hielo y me abrazó.- No llores más.
- Gracias, es la primera vez que alguien me defiende de él.
- No me lo agradezcas y tranquilizate. ¿Sí? -Asentí con mi cabeza y nos separamos solo lo necesario para poder besarnos.- Sh... -Susurró y secó mis lágrimas, yo le sonreí y volví a ponerle el hielo sobre el golpe.-
Después de un rato.
- ¿Vamos a mi cuarto? Porque es raro que mi mamá no haya llegado y lo único que me falta hoy es dar explicaciones.
- Vamos, dale.
- Primero agarro provisiones.
-Rio.- Dale.
Ya era hora de cenar asique preparé unos sándwiches de milanesa con unos jugos para subir a mi cuarto.
Ya habíamos terminado de cenar y estábamos los dos sentados en mi cama.
-¿Me puedo quedar a dormir?
- ¿Mañana no trabajas?
- Sí, pero me voy temprano y listo.
- Bueno, dale. Pero avisame cuando te levantes.
- Obvio. ¿Si no cómo salgo? -Reímos y me acosté con mi cabeza en sus piernas.-
- ¿Sabes qué? Estando así con vos es en el único momento en el que me siento verdaderamente tranquila. -Besó mi frente y luego sonrió.-
Podría quedarme allí por interminables horas, acostada sobre él y sintiendo como sus manos desenredan mi cabellera.
O sintiendo sus labios en los míos, o haciendo que mi lengua se encuentre y juegue con la suya.
Podría pasar horas y horas con él sin importar el lugar ni la circunstancia.
-
Ambos moríamos de sueño asique me ayudó a armar la cama que había debajo de la de ella, una de esas camas al estilo carrito y luego se aseguró de que la puerta de su habitación estuviese bien cerrada.
Ella prendió el aire acondicionado y nos acostamos, estuvimos un par de minutos en silencio hasta que ella lo interrumpió.
- Gracias por lo de hoy, en serio. Para mí fue muy importante que me defiendas.
- No tenes nada que agradecer, hice lo que sentía. -Nos dimos un beso y nos acomodamos para dormir.-
Tenerla tan cerca me estaba volviendo loco, me moría por acostarme a su lado y al menos sentir su cuerpo cerca del mío. Estaba durmiendo en short y una solerita muy ajustada. Su cuerpo era demasiado perfecto y de solo imaginarla enloquecía.
Me costó demasiado poder dormirme, no podía dejar de desnudarla con la mirada.
-
Me desperté porque escuché ruidos en mi habitación y sonreí al ver que era él.
- Buen día… -Dije.-
- Buen día Pau. –Me levanté más dormida que despierta y nos dimos un beso.-
- ¿Ya te vas?
- No, me puedo quedar un ratito más.
- ¿Podemos salir a desayunar y después pasas por tu casa a cambiarte o no llegas?
- Me encanto la idea.
- Entonces bancame diez minutos que me cambio y me asemejo a una persona. –Reímos y me fui al baño con una muda de ropa.-
Cuando terminé, salimos de mi casa y caminamos rumbo a un bar que estaba a un par de cuadras.
Nos pedimos dos cafés con medialunas y yo estaba algo distraída.
- ¿Estás bien?
- Sí, solo pensaba como iba a sobrevivir hoy en mi casa.
- Podes ir a la mía si queres.
- No, de verdad. Tarde o temprano voy a tener que volver asique… -Suspiré.-
- Como prefieras.
- Así, ya fue.
- Pero cuidate.
- Obvio, mientras pueda evitarlo lo voy a hacer.
- Y no te pongas mal.
- Mmm… Eso lo veo más complicado.
- Hacelo por vos, no te sirve de nada estar mal. Es mejor demostrarle que lo que te hace él ya no te afecta, así en algún momento se va a cansar.
- Es verdad, puede ser que tengas razón.
Pedro invitó y nos retiramos del bar.
- ¿Queres acompañarme a casa?
- Mmm… Dale y de paso cuando vas al laburo voy a la facultad que tengo que ir a buscar unos papeles.
- Vamos entonces.
Nos dimos un beso y fuimos rumbo a la parada de colectivos.
Odio al padre con todo mi ser, quiero que lo sepas.
ResponderEliminarAy pobre Pau! Que maldito el padre! Y la madre??
ResponderEliminarMe encanto que la defienda asi! Debería denunciarlo al padre.
El padre ne cae mal! Ame que Pepe la defendiera! Genial el capitulo!
ResponderEliminarComo se llama el don?
ResponderEliminarRenzo.
EliminarSoy fan d esta nove!!! La historia y como escribis
ResponderEliminarq malo q es el padre de Pau... muy bien capituloooo
ResponderEliminar