viernes, 12 de junio de 2015

174.

El helado se había terminado hacía un rato, es más, ya ni me acordaba que sabores había comido, es que solo sentía el sabor de sus exquisitos labios.

Estaba cómodamente acostado sobre la cama y ella sobre mí, mis manos recorrían su espalda mientras ella no tenía intención alguna de dejar de besarme.

- Sos mío. ¿Entendiste? –Dijo y mordió mi labio.-
-Mis manos se frenaron en su nuca y la tomaron con fuerza.- Solo tuyo.
- Solo mío.

Sonreímos y volvimos a unir nuestros labios en un beso de esos que se dan con ganas, con deseo.

Su boca y la mía se abrían de par en par dejando vía libre para el otro, nuestros cuerpos estaban cada vez más juntos y nuestra piel cada vez más caliente.

El mundo había dejado de existir para nosotros hacía ratos, solo éramos ella y yo.

Corrí el pelo de su cara y lo sostuve con mi mano para poder besar su cuello y toda su cara mientras ella acariciaba mi sien con su dedo índice.

Y al final de estas acciones, nuestros labios volvieron a unirse. Estaban desesperados como pocas veces por hacerlo. Su boca y la mía encajaban mejor que cualquier cosa en el mundo.

Mis manos se deslizaron por debajo de su remera y recorrieron la hendidura de su espalda, ella suspiró en medio del beso y cerró sus ojos con fuerza. Yo frené.

- Seguí, seguí. –Dijo dejando caer su cabeza al lado de mi hombro. Sonreí y continué con mi acción.-

Su espalda era un trampolín directo al placer, mis manos aceleraron sus movimientos y sentirla respirar y gemir en su oído me volvía loco.

Yo no tenía pensando frenar cuando sentí sus manos deslizarse sobre los costados de mi cuerpo, debajo de la remera. Sonreí y ambos nos miramos para quitarnos nuestras prendas superiores.

No me dejó avanzar, lo hizo ella.

Se sentó sobre mi pelvis y se relamió los labios, sonreí y antes de darme cuenta, ya estaba besando mi cuello.

- ¿Ves que sos mío? –Dijo sin parar.-
-Recorrí su espalda con mis manos.- Yo no dudaba de eso. –Dije agitado.-
- Más te vale. –Mordió mi cuello y la pellizqué, reímos y continuó.-

Sus labios bajaron hasta mi pecho y mi abdomen pasando por mis brazos, mis manos y mis hombros.

- Vos también sos mía. –Dije arrebatándola y obligándola a que se acueste a mi lado.-
- Nunca te dije lo contrario, nunca te lo demostré.
- ¿Esto es una guerra?
- ¿A vos qué te parece? –Dije desafiándolo.-

Y se ve que funcionó, tomó mis brazos a los costados de mi cuerpo para que no los mueva y corrió las tiritas de mi corpiño con su boca para poder besar mis hombros y mi cuello sin impedimento alguno, quise decirle algo pero me calló de un beso.

Sus labios bajaron por todo mi pecho y mi abdomen para volver a mi cuello y sin previo aviso, morder mi punto fuerte. (O débil)

Mi espalda se arqueó sin darme cuenta y él aprovechó para desabrochar mi corpiño, se deshizo de él y lo tomé por el cuello para tenerlo sobre mí y poder besarlo.

- Mío. –Reiteré.-
- Y vos mía.

Se despidió de mi boca y bajó hasta mis senos, mis manos no salían de su nuca.

Amaba que jugará con ellos, lo sentía en la situación de un niño con un juguete nuevo. Hacía de todo y por supuesto que yo lo disfrutaba.

Yo mantenía mis ojos cerrados y nuevamente sin avisarme, me mordió con fuerza. Grité y lotironeé de su pelo, no soporté tanto placer.

- ¿Te gusta así? –Preguntó y lo hizo otra vez.-
- No pares jamás. –Respondí retorcida del placer.-

La sesión de su boca (y sus manos) con mis lolas fue lo suficientemente larga como para que quede exhausta.

Pero de más esta decir que la situación no iba a terminar allí.

- ¿No era que tenías sueño vos? –Preguntó sumergido en mi cuello.-
- Vos me despabilas.
- ¿Solo yo?
- Solo vos. –Dije y apreté su cintura entre mis piernas.- Estás despierto. –Susurré y mordí su oreja.-
- Solo me despierto con vos.
- ¿Solo conmigo?
- Solo con vos.

Nos separamos para poder besarnos y con besos terminamos de deshacernos de nuestra ropa.

- ¿Queres que te demuestre que soy solo tuyo? –Preguntó con su dedo índice deslizándose por el centro de mi pecho hasta más abajo y volviendo.-
- ¿O soy yo la que te tiene que demostrar que soy solo tuya? –Lo desafié otra vez.-

Y claro que no se la bancó, él siempre tiene que mostrarse machote.

Me levantó como si fuese un koala y me estampó contra la pared.

- Solo mía. –Mordió mi oreja y sin previo aviso lo hizo.-

Mis brazos se sostenían con fuerza de su cuerpo.

Mis uñas se clavaban en su espalda.

Mi piel transpiraba.

Gemía y gritaba en su oído mientras él besaba mi cuerpo sin dejar de hacerlo.

No podía sentir tanto placer junto.

Me llevó hasta la cama.

- ¿Otra vez? –Pregunté retorciéndome.-
- ¿No te la bancas?
- Obvio que me la banco.

Y lo hizo otra vez.

Yo temblaba, estaba al borde del colapso.

Mis manos se sostenían con fuerza de las sábanas, mi cuerpo hervía y era imposible no gritar mientras lo hacía.

- Como me gustas pendeja. –Dijo y me calló de un beso.-
- Vos me gustas a mí. –Mordí su labio y volvimos a besarnos.-

Me sentí tocar el cielo con las manos.

Su cuerpo quedó sobre el mío, ambos exhaustos.

- ¿Ahora si tenes sueño? –Preguntó y yo reí.-
- Me dejas muerta.
- Pero te hago llegar al paraíso.
- Y más también. –Suspiré.-

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