martes, 23 de junio de 2015

185.

Yo me acosté sobre la cama y ella se abalanzó tiernamente sobre mí para besarme, fue un beso corto pero en el que nuestras lenguas no quisieron quedarse atrás.

Se enderezó y se sentó sobre mí, corriendo el pelo de su pecho. Me senté para quedar a su altura y la besé posando una de mis manos sobre sus deliciosos pechos. Mi mano pasó por su mejilla y luego por el costado de su cuerpo, quise avanzar pero me lo negó con su dedo índice.

Me obligó a acostarme otra vez, ella acomodó sus piernas a los costados de mi cuerpo y volvió a besarme, mis manos se posaron sobre su cintura y un poco más abajo también.

Hice que se levantara otra vez, sin dejar de besarla y la acerqué aún más a mí para bajar con sus labios hasta su cuello. Sus ojos se cerraron y suspiró.

Bajé su vestido y dejé su delantera al viento, la disfruté recorriéndola con mis labios y mi lengua. Ella mantenía cerrados sus ojos y me facilitaba la tarea sosteniéndolos entre sus manos. Volví a su boca y la besé otra vez.

La alcé sin separar nuestros labios e hice que nos diéramos vuelta, yo quedé sobre ella. La acomodé sobre la cama y nuevamente bajé con mis besos, pasando por su pecho hasta llegar a su abdomen. Volví nuevamente hacia arriba y un gemido salió de su boca, sonreí y la mordí.

Terminé de quitar su vestido y mis besos saborearon por completo sus piernas hasta que terminé de desnudarla y ella sonrió pícaramente.

Acaricié sus piernas cuidadosamente y mirándola con deseo quité mi remera. Sus pies me acariciaban.

Volví a abalanzarme sobre ella y la besé, besé sus labios hasta su infinito.

Su piel ya transpiraba y su espalda no dejaba de arquearse ni un solo segundo. Sus suspiros ya eran gemidos y sus manos apretando mi cabeza contra su piel me pedían más y más.

Subí nuevamente con mis labios por todo su cuerpo hasta frenar un gemido que salía de su parte con mis labios.

Acaricié sus pechos y los besé para que se tranquilizara, al menos un poco.

Mis dedos acariciaron su mejilla y me sumergí en su cuello.

Se sentó sobe la cama y mientras ella me quitaba el pantalón yo no podía dejar de besarla.

Sonrió al dejarme completamente desnudo y me tiró en la cama.

Se abalanzó sobre mi cuerpo y me imitó, me besó por completo mientras yo me volvía loco. Sus labios eran un hermoso infierno.

Con cuidado, me acomodé sobre ella y la besé para distraerla y comenzar a hacerlo.

Nos besamos por un largo rato hasta recuperar el aliento e hice que se recostara dándome la espalda. Deseaba su espalda.

La recorrí primero con mis dedos lentamente y luego con mis labios. Más tarde con mi lengua mientras mis manos apretaban sus pechos.

Acomodé su cuerpo de costado y la abracé por su cuello para volver a hacerlo. Mis labios besaban constantemente su cuello y sus manos sostenían con fuerzas las mías.

-

- Sos increíble. –Dije recostada a su lado, sin poder recuperar aún el aliento.-
-Mi dedo se posó en su abdomen y subió hasta su boca.- Vos me haces poner así.
-Reí.- No sigas que me pongo colorada.
- No puedo creer que te siga pasando.
- Bueno che.
- Pero estás desnuda al lado mío y decís que te pones colorada, es cualquiera.
- Si queres me tapo.
- No, quedate así que sos hermosa. –Sonreí y nos besamos.-
- Tenías razón.
- ¿Con qué?
- Una noche inolvidable.

Sonreímos cómplices y volvimos a besarnos.

- Abrazame para dormir que te necesito cerquita. –Supliqué.-
- Con mucho gusto señorita. Pero antes tengo que proponerte algo.
- ¿Qué cosa?
- Sentate.

Me envolví en la sábana y me senté, él hizo lo mismo y buscó algo dentro del cajón de la que era su mesita de luz en el hotel.

- ¿Qué pasa?
- Banca un poquito amor.

Me miró y abrió una cajita.

- ¿Te queres casar conmigo? –Preguntó sonriente y mis ojos se llenaron de lágrimas.-
- Sí mi amor, obvio que quiero. –Me acerqué a él y lo besé tiernamente.- Sí, quiero. Quiero. –Volví a besarlo.-
- ¿Segura?
- Muy segura. Me muero por ser la señora de Alfonso. –Volvimos a besarnos y nos sonreímos.-
- Entonces dame tu mano.

Le di mi mano izquierda y él la besó, luego me puso el anillo que había en la cajita.

- Es un compromiso.

Sonreí y me abalancé sobre él para besarlo.

- Te amo Pedro, te amo.
- Te amo mi amor. –Nos besamos otra vez y nos separamos sonriendo.-
- Es hermoso. –Dije mirando el anillo.-
- Sabía que te iba a gustar.
- ¿Por qué?
- Porque es muy vos, no sé.
-Reí.- Gracias. –Lo besé.-
- ¿Estuvo bien la propuesta?
- Mejor imposible. –Reímos y volvimos a besarnos.-
- Me habías metido presión.
- No digas boludeces.
- Me pediste una propuesta.
- ¡Y obvio!
- Bueno che. –Me besó.-
- Me encantó. –Lo besé.-
- Nos cambiamos y pedimos algo para brindar. ¿Queres?
- Dale.

Hicimos exactamente eso y estábamos en el balcón, con dos copas de champagne.

-Levantó su copa.- Brindo por vos y por mí, por este amor. Brindo para que esto sea eterno.
-Sonreí y levanté mi copa también.- Brindo por nosotros y por nuestra felicidad.

Chocamos nuestras copas sonriendo y tomamos un sorbo.

- Te amo. –Dijo y me besó.-
- Te amo Pepe. –Volvimos a besarnos y tomamos un poco más de champagne.-
- Tenía un miedo de que me digas que no.
- ¡Estás loco vos!
- Bueno, capaz…
- Jamás te diría que no. –Lo besé.- Jamás.
- El miedo estaba igual.
- Sos un tarado. –Suspiré.- Tengo ganas de gritar que estoy feliz.
- Hacelo.
- No da.
- Hacelo, dale.

Reí y grité.

- Soy feliz.

Pedro me abrazó por la espalda y besó mi nuca.

- Yo también soy feliz, porque estoy con vos.

Dejamos las copas a un lado y nos besamos, él me tomaba por la cintura y yo por su cuello.

Y nos quedamos allí, con nuestros labios unidos y la luna siendo testigo de nuestro amor.

8 comentarios: