sábado, 8 de agosto de 2015

251.

‘En la vida todo es difícil y creo que es lo primero que tenes que saber para venir a este mundo, pero también es muy importante que sepas que todo es difícil o complicado es lo único que vale la pena. Eso es lo que nos mantiene vivos.

Y vos me diste la fuerza todo este tiempo para bancarme esta situación que no fue la mejor, y no hablo de estar reposo, sino de estar todo el tiempo con miedo, las 24 horas del día. Por suerte, ya pasó.

El médico acaba de decirme que el riesgo ya casi es nulo, que puedo hacer una vida normal. (Que podemos hacerla) Aunque no voy a volver a trabajar.

Asique, ya pasamos la primer parte… Ahora por fin voy a poder empezar a disfrutar, a disfrutarte. Voy a poder sonreír todo el día.

Te espero con todo el amor y con toda la ansiedad del universo mi amor.

Te amo.

Mamá.’



La guardé junto con el resto de las cartas que le había escrito en este último tiempo y armé la cama. Me daba mucha felicidad poder salir de allí.

Me bañé y después de comer algo salí a comprar unas cosas.

‘Pau. ¿Qué pasa que no atendes el teléfono? ¿Estás bien?’

‘Salí a comprar Pepe.’

‘¿A comprar?’

‘Sí. ¿Qué tiene?’

‘¿Te podes cuidar por favor?’

‘El médico dijo que podía.’

‘El médico dijo que podías volver de a poco a la vida normal.’

‘Salí al almacén nada más Pedro.’

‘Está bien, hace lo que quieras Paula.’

‘No estoy haciendo nada malo Pedro.’

‘No, claro que no.’



Tiré el celular con bronca dentro de mi cartera ya que acababa de pagar y salí del lugar llena de furia.

Volví a mi casa y después de guardar las cosas me puse a ver la tele, como si eso fuera a distenderme.

¡No me había ido a tirar en paracaídas! Solamente había ido a comprar comida.

-

Intenté no pensar en lo que restaba de la jornada laboral y ¿Por fin? Era la hora de volver a casa.

- Hola. –Dije cuando entré.-
- Hola. –Respondió seca, sin siquiera mirarme.-

Suspiré y fui al cuarto, allí dejé mis cosas y me cambié.

- ¿Merendaste?
- Sí.
- Okei.

Tomé un café y comí algo en la cocina, sin ni siquiera sentarme y me acerqué al living, en dónde ella estaba.

Me senté en el sillón, pero no lo suficientemente cerca de ella como siempre.

- ¿Podemos hablar? –Propuse.-
- No, no quiero hablar.
- ¿Y qué queres?
- Que me abraces, fuerte. –Dijo con la voz quebrada.-
- Veni chiquitita.

La abracé contra mi pecho y sus ojos comenzaron a despedir lágrimas.

- Perdón. –Dijo.-
- No tengo nada que perdonarte.
- Capaz me zarpé un poco, no sé.
- No, yo me zarpé.
- Y perdón por llorar también, mis hormonas me están volviendo loca y estoy muy sensible.
-Besé su cabeza y la abracé más fuerte.- No te preocupes.
- Te prometo que la próxima vez te cuento lo que vaya a hacer.
- No hace falta.
- No quiero que vuelvas a enojarte.
- No me voy a volver a enojar.
- ¿Seguro?
- Sí, pero tampoco te hagas la loquita.
-Rio.- Gracias.
- No llores más, hey.
- ¿Sabes qué me haría muy bien en este momento? Para dejar de llorar, digo.
- ¿Qué?
- Chapar con vos.
- Mmm…
- ¿Mmm qué nene?
-Reí y la tomé por su cara para besarla.- Mmm…
- Sos un tarado. –La callé de un beso y ella rio.-
- Sos muy linda.
- Arreglala ahora.
- ¿Hasta los piropos te molestan ahora?
- Mmm… No sé. –Reímos y volvimos a besarnos.-
- Mejor no digo más nada.
- ¿Te vas a quedar en silencio?
- Sí.
- Okei. –Dijo haciéndose la enojada.-

La besé y rosé mi nariz con la suya. Nos sonreímos.

- Pepe…
- ¿Qué?
- ¿No te re morís de ganas de cumplirle el primer antojo a tu mujer?
- ¿Antojo?
- Eso creo.
- ¿Qué queres?
- Un cuarto de chocolate con almendras y menta granizada. Por favor.
- ¿Ahora?
- Ya.
-Reí.- Ahora voy a comprar.
- Sos tan lindo. –Me besó.-
- Esperame eh.
- No me voy a ir a ningún lado. –Reímos y nos dimos otro beso.-

-

Al ratito, estaba disfrutando de esa hermosura que llaman helado.

- Gracias.
- No es nada amor.
- ¿No estás enojado?
- No, olvidate.
-Sonreí y lo besé.- Bueno, me olvido.

Nos dimos un beso y nos quedamos mirando la tele hasta que se hizo la hora de cenar.

2 comentarios: