sábado, 8 de agosto de 2015

252.

Esa noche, estaba cambiándome para dormir en mi cuarto cuando siento sus manos rodearme por la espalda.

- ¿Ya te vas a dormir?
- Es tarde.
- No, no es tarde.
-Reí.- Sí, es tarde… Estoy cansada.
- ¿Muy cansada?
- Sí.

Me metí en la cama dándole la espalda y cerré mis ojos.

Él se fue al baño y reí, pobrecito… ¡Me encantaba hacerlo sufrir!

A los pocos minutos volvió y se acostó a mí lado, pero dándome la espalda también.

Me di vuelta y sonreí al ver que estaba en cuero, me metí por debajo de las colchas y besé su espalda hasta llegar a su cuello.

- ¿Vos sos boludo o te haces? –Pregunté.-
- No sé, eso decímelo vos.
- ¿Yo?
- ¿No era que estabas cansada?
- Sos boludo, definitivamente.
- No sé, con el temita hormonas estás tan imprevisible que mejor no arriesgar.
- Por eso nene, hormonas…
- No te entiendo.
- ¿Necesitas que sea más explícita? –Besé su nuca.-
- Sí.
- ¿En serio?
- Ajam.
- Tampoco da que te aproveches eh.
- Jamás me aprovecharía de una mujer.
- Bueno, tampoco digas boludeces.
- De una mujer embarazada.
- Bueno, ponele que ahí te creo un poco más.
- ¿Tan malo me crees?
- Mmm… Conmigo no, pero no sé como fuiste antes.
- Mejor no recordarlo. –Reímos.-
- Prefiero recordar otras cosas.
- ¿Cómo cuáles?
- Como sentirte mientras me haces el amor.
- ¿Así de directa?
- ¿Querías que no lo sea?
-Rio.- No, no sé.
- ¿Me vas a hacer esperar mucho?

Se dio vuelta y quedamos frente a frente.

- Me da un poco de cosa.
- ¿No me vas a tocar un pelo hasta que el bebé tenga dos meses?
-Rio.- No, para loca, para. No aguantaría.
- A mí también me da un poco de cosa igual.
-Acomodó un mechón de pelo que caía sobre mi cara.- Podemos tener cuidado.
- Tenemos que tenerlo. No me toques la panza.
- Está bien, está bien… Pero todo el resto. –Dijo subiendo su mano desde mi cola hasta mi nuca y sonreí.-
- Todo el resto es tuyo.
- Ay, ay… Como me podes.

Nos besamos y nos sonreímos.

- Vos también me podes a mí.
- ¿Mucho?
- Demasiado te diría.
- Menos mal eh.

Reímos y acercó mi cuerpo al suyo.

- Te extraño, demasiado. –Dijo besando mi hombro.-
- Deja de extrañarme entonces.

Cerré mis ojos y me dejé llevar, al fin y al cabo era lo que necesitaba: sentirme amada por él.

Sus labios subieron por mi hombro hasta mi cuello, hizo que de media vuelta y me abrazó por la espalda, corrió el pelo de mi nuca y se introdujo allí con sus besos.



Busqué sus manos y las uní a las mías, las apreté, sonrió.

- Sos tan hermosa, tan… -Dijo corriendo la remera que cubría mi hombro con su nariz.-
- ¿Aunque esté toda hinchada?
- Sos hermosa, siempre.
-Sonreí.- Me haces sentir muy bien. ¿Sabías?
- Es un placer y permiso eh. –Dijo y soltó mis manos, deslizó sus dedos por los costados de mi cuerpo y se deshizo de mi remera.- ¿No ves que sos hermosa? –Dijo besando mi espalda y sonreí. No podía pedir más nada.-

-

Había extrañado tanto su piel que no podía explicar lo que sentía al recorrerla otra vez.

Sin darme previo aviso ella giró y rodeó mi cintura con sus piernas, sentándose sobre mí. Me abrazó por el cuello y me besó, mis manos bajaron a su cintura y se instalaron allí.

- Te amo mi amor. –Susurró acariciando mi nariz con la suya.-
- Te amo hermosa. –Sonreímos y nos besamos, ella quitó mi remera y caímos en la cama. Ella sobre mi cuerpo.-

Nuestros labios estaban unidos como hacía muchísimo tiempo no se encontraban.

Sus manos reposaban en mi nuca y las mías en su cintura.

‘Son tantas cosas las que llevo dentro y soledades que ya ni me acuerdo…

Tiré los dados y gané perdiendo lo que fui ganando me lo quita el tiempo.
Quiero contarte que en mis noches largas, me imaginé acariciando tu espalda y entre tus pechos me quedé dormido y sin tus alas nena me caí del nido.

No hables, silencio.
Es un amor prohibido este que llevo puesto
Te quiero, no entiendo como puedo vivir, si ya me estoy muriendo...
Y no verán tus ojos que me perdí por ti, que me morí por ti...

Lugar injusto distinto destiempo, el vil demonio provocó el encuentro.
Me tiembla el alma, te tengo tan cerca que puedo besarte y me desespera. Ya no me sigas que me vuelvo loco no quiero verte, ni pecar un poco.
Es un infierno que vivo contigo y esos labios rojos que no serán míos...’


Cuando quise darme cuenta ambos estábamos completamente desnudos y eso que habíamos tardado, todo lo habíamos hecho con un millón de besos de por medio. Lo estábamos disfrutando.

Sus ojos cerrados con fuerza.

Sus manos sosteniendo con fuerza la sábana.

Sus labios dejando a la luz de mis oídos gemidos que me volvían loco.

Su piel transpirando.

Ella, enroscada en una sábana, se acercó a mí y apoyó su cabeza en mi pecho. Yo la abracé y besé su cabeza.

- Que descanses. –Susurró.-
- Vos también hermosa.


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Por ser cortito y lindo (Creo), se los dejo hoy!

La canción del capítulo es Silencio, de Alma Pirata. (vieja, lo sé, pero yo soy vieja ya) https://www.youtube.com/watch?v=5jrF8cZJ-nc

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