Si bien la habitación era enorme, también era lo suficientemente pequeña como para que Pedro pudiera alcanzarme.
Corrí como una nena por un par de segundos hasta que él me alcanzó y me abrazó por la espalda.
- ¿Vos queres que yo te demuestre que siempre vas a ser mía?
- Es lo que estoy esperando.
Sentí sus manos presionar mi abdomen y a sus labios ir al encuentro con mi cuello, tiré mi cabeza para el costado contrario dejándole vía libre. Su boca depositó reiterados besos que a medida que ocurrían aumentaban en pasión y se iban turnando con algunas lamidas o mordidas. Posé mis manos sobre las suyas e hice que nuestros dedos se entrelacen. Suspiré y él me mordió con más fuerza, sonreí. Seguía entendiendo mis señales.
Después de un rato, abandonó mi cuello y se concentró en mi oreja –mi maldito punto débil, lo sabía él y lo sabía yo.- Besó detrás de ella y luego tomó el lóbulo entre sus labios, lo masajeó y me causó cosquillas, estaba riendo cuando sin previo aviso lo mordió y gemí.
- Muy bien Paulita. –Reí y me dio vuelta, para que nuestros labios puedan unirse.-
- ¿Muy bien qué?
- Como gemís.
- ¿Te gusta como lo hago?
- Me vuelve loco.
- Lo voy a hacer más seguido… -Me acerqué a él y le susurré al oído.- Al lado de tu oído.
- Por favor.
Sonreí y nuestros labios volvieron a localizarse. Sus dientes tomaron entre ellos mi labio inferior y yo lo abracé más fuerte.
Nuestras bocas encajaban mejor que las placas tectónicas, parecía que habían nacido solamente para unirse. Su lengua y la mía se encontraban en el camino y no parecían tener problema alguno de chocarse.
- Nunca creí que podía extrañar tanto a alguien. –Me dijo con la respiración agitada.-
- ¿Viste? Causo estragos en la gente que conozco.
- En mí causas todo.
- ¿Qué es todo?
- Todo.
Y no pude responderle porque me arrebató los labios otra vez, yo no me quejé porque claramente lo disfrutaba como pocas cosas.
Su mano desenganchó mi camisa de mi pantalón y se deslizó por mi cintura. Suspiré e hice que su cuerpo esté aún más cerca del mío.
- Creí que te habías olvidado de las cosas que me gustaban.
- ¿Cómo me voy a olvidar?
- Hacía mucho no lo hacías, solo querías ponermela y ya.
- Fui un pelotudo.
- No fue un reproche, fue solo que me encanta que lo hagas. Seguí.
Lo note sonreír y, sin dejar de besarme, me dirigió a la cama, con sus manos sobre mi espalda me hizo caer lentamente en el colchón y antes de abalanzarse sobre mi cuerpo me quitó los zapatos. –Lo cual agradecí porque no los soportaba más.- Después, sacó sus zapatos y sus medias.
Dejó mis tacos y sus zapatos con las medias dentro sobre el suelo y ahora sí, se recostó sobre mí pero con cuidado. –Lo cual me mató de ternura.- Con sus manos se apoyaba a los costados de mi cuerpo sobre el colchón que todo su peso no cayera sobre el mío.
- Te amo Pedro… -Dije por primera vez, nunca se lo había dicho en esta circunstancia y creo que tampoco se lo había dicho en una situación linda. Siempre fue en peleas, a modo de reprocho.- Te amo y no soportaría que no seas parte de mi vida.
- Sos lo más lindo que me pasó en la vida. –Dijo y nos quedamos unos instantes mirándonos, nuestros ojos expresaban un deseo que era indescriptible.-
Nuestros labios volvieron a ser uno y se recorrieron por un buen rato.
Sin dejar de besarme, sentí que comenzó a desabrochar uno a uno y muy lentamente, los botones de mi camisa hasta que la abrió por completo.
Sus labios abandonaron los míos y con pequeños besos se fue acercando a mi cuello, bajó por ahí y (siempre lento) se entrometió en mi pecho, siempre con besos.
Sus besos me llenaban de placer y el rose de su barba con mi piel un cosquilleo que resonaba en todo mi cuerpo. Mis suspiros eran cada vez más fuertes y lentamente, iban mutando a gemidos.
Me apoyé con mis brazos, para poder erguirme solo un poco y él quitó mi camisa y su cabeza se hundió en mi abdomen, yo volví a recostarme y mis manos se enredaron con su cabello castaño.
La excitación ya había tomando mi cuerpo y eso él lo notaba, metió sus manos por debajo de mi cuerpo y quitó mi corpiño. Ellos eran una clara muestra de que mi cuerpo era un fuego. Pedro sonrió al verlos y jugó con ellos por un largo rato, como si fuese un nene literalmente hablando.
Quité su remera lo más lento que pude, deslizando mis dedos por su piel e hice que se siente de espaldas a mí. Sabía que, al igual que yo, su espalda era un trampolín directo al placer.
Comencé con unos suaves masajes que intercalé con varios besos y, a medida que los minutos sucedían, los masajes se convirtieron en caricias. Mis dedos dibujaban figuras abstractas en su piel y su respiración agitada, sus ojos cerrados y su cuello tirado para atrás, eran una clara señal de que lo estaba disfrutando.
Mis labios recorrieron su nuca y luego lo tiré sobre mi cuerpo para recorrer su cuello también con mi boca, mientras mis manos recorrían su pecho.
Gemí en su oído, a propósito y él me devolvió el gemido. Definitivamente ya estaba despierto. Di una vuelta y me tiré sobre él, dio una vuelta y quedamos al revés.
Él desarmó mi peinado –siempre le gustaba que tenga el pelo suelto a la hora de hacerlo.-
Luego, desabrochó mi pantalón y me lo deslizó lentamente por mis piernas, sonrió al ver mi portaligas –sabía que lo volvía loco.- y recorrió mis piernas de punta a punta con besos muy húmedos.
- ¿Te gustó la sorpresita? –Pregunté.-
- Me encantó hermosa. –Dijo y volvió a mi boca, nos besamos otro largo rato y fue él quien se quitó su pantalón.-
Me sorprendió y nuevamente volvió a recorrer todo mi cuerpo con sus besos.
Se notaba que lo que buscaba era que disfrute y definitivamente lo estaba logrando.
Sus labios húmedos recorrieron cada centímetro de mi piel y ya estaba completamente desesperada.
Con cuidado y muy despacio, comenzó a quitar mi portaligas. Yo quité su boxer.
Él estaba sobre mí, yo debajo de él.
Nuestros cuerpos transpiraban y estallaban en sensaciones.
No dejábamos de mirarnos a los ojos expresando el deseo y el placer que sentíamos en aquel entonces.
Mis manos apretaban con fuerzas las sábanas de seda.
Sus manos estaban firmes sobre mi cuerpo, lo apretaban.
El reencuentro había sucedido. Habíamos vuelto a ser los de siempre.
Sus ojos se cerraron con fuerza y casi al unísono los míos también.
El reencuentro había acabado.
Cositas lindas ♥♥♥
ResponderEliminarmas tiernos ♥♥♥♥
ResponderEliminarEspero q pp asuma de una vez lo q siente... Me encanto el amor q se demostraron... mimiroxb
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