¡No! Definitivamente no podía ser.
Había solo dos cosas con la que era responsable: mi trabajo y el forro. Juro que nunca estuve con una mina de esas pasajeras sin usarlo. Nunca, jamás. No podía ser.
Además… ¿Cómo sabe qué es mío? Ese día éramos dos y encima, se debe encamar con un millón. Esas tipas son así.
El celular cayó al piso y yo no podía dejar de temblar. El miedo me había tomado el cuerpo, me había dejado sin reacción.
Busqué el puff en mi bolsillo para poder usarlo un par de veces y de a poco, al menos volví a la normalidad –o a lo que se podía definir como normal dentro de esos parámetros.-
Pedí permiso a mi superior para salir un momento y salí de la oficina, luego del edificio. Crucé a la plaza de enfrente y esta vez la llamé yo.
- Conversación telefónica -
- Necesito verte.
- ¿En dónde estás? –Le di la dirección.- Voy para allá, a ver si de una vez te cae la ficha.
- Fin de la conversación telefónica -
Caminé, dando vueltas a la plaza, tratando de no pensar. Intentando lo imposible.
Mis manos transpiraban y mi cuerpo no estaba demasiado estable.
Me preocupaban dos cosas:
a- ¿Yo padre? ¿Y ahora? Contate otro.
b- Paula. Si es cierto me cuelga de las bolas y creo que me moriría. Ya comprobé que no puedo vivir sin ella. (Y también comprobé que tiene un carácter fuerte. Muy fuerte).
- Hola. –Dijo apartándome de mis pensamientos.-
- Hola. –Respondí seco.- ¿Qué es lo que queres?
- Y bueno, vamos a tener un bebito juntos.
- Yo con vos no voy a tener nada.
- ¿Estás insinuando que aborte a tu hijo?
- No pelotuda, no. Estoy diciendo que yo me cuide y que esto es imposible.
- No, no es imposible. Los forros pueden pincharse. ¿Sabías?
- No acabo adentro de ninguna puta como vos.
- No seas guarango. ¿Queres?
- ¿Qué es lo qué queres? ¿Plata? Te doy lo que quieras.
- ¡No! Quiero que te hagas cargo de tu bebé.
- No es mío, no. Yo no voy a tener un hijo.
- ¡Sí Pedro! Aceptalo. Hacete cargo de tus calenturas.
- No, esto es imposible.
- No, no es imposible. ¿Queres que te explique cómo pasó?
- No soy pelotudo nena.
- Parece… ¡No es tan complicado entender que tengo un hijo tuyo adentro mío! –Sacó de su cartera unos papeles.- ¡Mira! Son las ecografías, los estudios…
- No, no te creo. ¿Cómo puedo saber si es mío?
- No estuve con nadie más.
- ¿Con Nan?
- No cogí con él.
-Rasqué mi sien, más nervioso que antes.- ¿Y cómo puedo saber que no te acostaste con otro? No te conozco como para saberlo.
- No te importo mucho que no me conocieras cuando se te paró la pija conmigo.
- Callate la boca.
- ¿Acaso no tengo razón?
- No sé, no me importa. Ahora andate porque tengo que irme a trabajar.
- Muy bien, así a nuestro bebito no le falta nada.
- Dejate de joder.
Y me fui, estaba en shock.
Corrí a mi oficina y me dejé caer en mi sillón, no podía ser. ¿De verdad yo iba a tener un hijo? ¿Qué? ¡El mundo estaba equivocado!
Es absurdo, ilógico. Es hasta pelotudo imaginarme con un bebé.
Tenía que ir a una reunión y era imposible. Era casi un milagro que mis neuronas pudieran conectarse con otra cosa que no sea este tema. Intenté tomar aire y me ahogué. ¡La puta madre! ¿Algo más iba a pasarme?
-
Salí de entregar mi trabajo práctico con un 10, por supuesto que feliz… Y como estaba cerca del trabajo de Pedro aproveché para ir a darle al menos un beso.
Seguro seguiría un poco depre por lo del día anterior y quería por lo menos sacarle una sonrisa.
Pasé por un kiosko y le compré un chocolate, al menos un detalle.
De camino, entregué algunos pedidos en un par de negocios y me compré un agua porque sentía morirme. Siempre necesitaba tomar agua, era como un vicio. –Al menos sano.-
Cuando llegué dudé porque hay dos edificios que pertenecen a la empresa y Pedro podría estar en cualquiera de los dos, fuck. No quería llamarlo, quería que sea una sorpresa.
Crucé a la plaza de enfrente y me senté debajo de un árbol, escucharía un rato de música hasta encontrar a Nan en línea y poder preguntarle donde se encontraba su amigo, no quería molestarlo en su trabajo. Además, no tenía demasiada relación con él, solo algunas cenas compartidas y alguna que otra vez me lo habré cruzado en casa de Pedro.
De repente, visualicé a Pedro en medio de la multitud y sonreí. Creí que era mi día de suerte.
Me levanté de donde estaba y me acerqué casi corriendo a Pedro, pero me frené al ver que se puso a hablar con una rubia. ¿Estaba con otra mina? Quería morir.
Me acerqué lo suficiente como para poder escuchar lo que hablaban sin que Pedro me viera y la conversación fue aún peor que imaginar que podría estar cogiéndose a otra.
Me sentí morir, fue como un puñal directo en medio de mis omoplatos.
Las lágrimas llegaron sin permiso a mis ojos y el vértigo recorrió mi cuerpo de punta a punta.
Todos mis estúpidos sueños de vida feliz a su lado acababan de derrumbarse y de enterrarse en menos de un segundo.
Escuché toda la conversación, ya que hablaban casi a los gritos, e intenté sobrevivir. Cada frase era una puñalada que se sumaba a la primera.
Cuando Pedro se dio vuelta para irse casi lo increpó, pero lo pensé mejor y era mejor agarrar a la mina. Sé donde vive Pedro, no donde viva la rubia.
- Rubia, para… -Dije corriéndola.-
- ¿Y vos quién sos? –Preguntó dándose vuelta.-
- ¿Vos estás embarazada de Pedro?
- Jodeme que vos sos la minita por la que él estaba mal esa noche.
- Respondeme lo que te pregunté.
- Sí. ¿Cuál es el problema?
- ¿Estás seguro de eso?
- Muy segura.
- ¿De verdad?
- Sí flaca. ¿Qué te estoy diciendo?
- Okei, solo quería corroborarlo.
- Ojala lo dejes, mi bebé necesita un padre presente. –Yo le sonreí falsamente y me fui.-
Caminé, caminé muchísimo intentando digerir la información. Llegué a una parada de colectivo y emprendí el camino a mi casa, pero, decidí bajarme en su casa. –Ya que tenía las llaves.-
Lo esperaría allí. Necesitaba explicaciones, necesitaba saber al menos que cara pensaba ponerme.
Nooo puede ser, me encanto el cap
ResponderEliminarnooooooooooooooo se pudrió todo
ResponderEliminarQue mina forraaaaa la odio -.- pobre Pau, me rompe el ♥
ResponderEliminarOh mai gaashhhh
ResponderEliminarMe agrada la actitud de paula! (Y
ResponderEliminar