martes, 24 de marzo de 2015

90.

Respiraba lo más tranquila que podía sobre su pecho mientras él jugaba con mi pelo.

- Dormí Pepe. –Dije buscando su barba.-
- Vos también entonces.
- Yo de última falto a la facu.
- ¿Vos? ¿Faltar?
-Reí.- Capaz llueva. ¿No?
- Capaz no, seguro. –Reímos.-
- Bueno che.
- Fue un chiste. –Besó mi cabeza.- Descansa, dale.
- Vos también… -Busqué su mano e hice que me abrazara.-

Él se durmió antes que yo y se me hizo imposible dormirme.

Su alarma sonó y yo seguía con mis ojos abiertos.

- Pau. ¿No dormiste?
- No, no pude pegar un ojo.
- ¿Va a llover de verdad?
- No sé, entre todo lo que pasa y que dormí toda la tarde.
-Besó mi cabeza.- Puedo quedarme con vos hasta que te duermas.
- Sos un tierno, pero no vas a llegar tarde al trabajo por mí.
- ¿Segura?
- Sí Pepe, anda. ¿No te jode que me quede acá?
- ¿Qué? ¿Cómo me va a joder?
- No sé, pregunto.
- Podes estar acá todo el tiempo que quieras y si estás cuando vuelva de trabajar, mejor. –Me besó.- Descansa.
- Que tengas un buen día.
- Voy a tratar, tenelo vos también. –Me dio un último beso y se levantó de la cama.-

Escuché cuando se bañó, cuando se cambió y cuando desayunó. Por fin escuché la cerradura y suspiré, no aguantaba más el llanto.

Me senté en la cama y me apoyé contra el respaldo abrazando mis piernas. Necesitaba un minuto de paz y no lo encontraba en ningún lado.

Ya hacía meses que no cantaba, ya ni siquiera sacaba lo feo de adentro haciendo eso. Ya ni me preocupaba.

Solo lo quería a él, solo lo necesitaba a él. Él era mi mundo y no podría soportar el hecho de perderlo.

¿Quién fue el forro que pensó la vida así? ¿Lo bueno se termina rápido y lo malo es eterno? ¡Malísimo flaco! ¡Malísimo!

Me levanté de la cama y me acerqué al espejo de la cómoda, mi delineador estaba todo corrido y mis ojos desbordaban con tantas lágrimas. Necesitaba que él apareciera detrás de mí y me abrazara, tenía la necesidad de escucharlo prometiéndome que todo estaría bien.

Casi por impulso lo llamé, no me importaba interrumpirlo.

- Conversación telefónica -

- Hola Pau. ¿Pasó algo?
- Necesitaba escucharte. –Dije tratando de que el llanto no perjudicara el entendimiento de mis palabras.-
- ¿Estás llorando?
- Sí, no puedo parar. Te juro que no puedo parar.
- ¿Queres que vuelva? Todavía no llegué a la oficina.
- No Pepe, no hace falta. –Suspiré.- Solo necesitaba escucharte.
- Escuchame, primero trata de tranquilizarte. Respira un poco y lavate la cara. Segundo, en el cajón de la cocina hay unas pastillas que son naturales, de tilo y todo eso, tomate una así te relajas y podes dormir.
- Bueno, ahora busco.
- Voy a tratar de volver temprano.
- Si tenes cosas importantes no las postergues por mí.
- Vos sos importante. –Sonreí.-
- Volve con muchas ganas de abrazarme, por favor.
- Siempre tengo ganas de abrazarte. –Volví a sonreír.-
- ¿Te puedo pedir algo?
- ¿Qué?
- ¿Me prometes que va a estar todo bien? ¿Qué nada va a cambiar entre nosotros?
- No, no te lo prometo. Te lo juro Pau.
-Suspiré.- Gracias, necesitaba escucharlo. –Me dejé caer en la cama.-
- No llores más, dale.
- Ahora voy a buscar eso que me dijiste, seguro primero me dé una ducha y después me acueste.
- Hace lo que quieras, es tu casa.
- Gracias.
- Sh… Cualquier cosa llamame. ¿Sí? Hoy tengo laburo pero en la oficina, no tengo ninguna reunión asique puedo atenderte.
- Bueno, está bien.
- Hay más chocolates en la caja.
-Reí.- No te molesto más.
- No molestas nunca vos.
- Gracias Pepe, de verdad. Necesitaba escucharte.
- Trata de descansar.
- Dale, estoy por entrar a ducharme.
- Pau…
- ¿Qué? –Dije cerrando la puerta del baño.-
- Te quiero más de lo que te imaginas, sos la persona más importante para mí.
-Sonreí.- Me hace muy bien saberlo. –Hice una pausa.- Pero anda a trabajar, dale.
- Mientras hablo con vos camino eh.
- Te dejo, de verdad. Gracias.
- Cualquier cosa llamame. ¿Sí?
- Dale, te llamo.
- No llores más, por favor.
- Voy a tratar.
- Un beso.
- Otro lindo.

- Fin de la conversación telefónica –

Suspiré, definitivamente necesitaba escucharlo.

Me metí en la ducha así como estaba, ya que nunca me había puesto nada para dormir y dejé que el agua caliente cayera sobre mi cabeza y mi nuca.

Me quedé allí un tiempo indeterminado, el agua cayó sobre mí todo el tiempo que yo tardé en dejar de llorar.

Cerré el agua y sequé mi cuerpo con cuidado, tratando de mimarme un poco. Me puse un conjunto de ropa interior e hice un rodete en mi pelo. Busqué la pastilla en la cocina y me la tomé.

Volví a la habitación de Pepe y acomodé un poco la cama, me tapé y abracé fuerte su almohada. Necesitaba sentirlo cerca.

Después de un largo rato, logré por fin, conciliar el sueño.

-

Varios sentimientos son los que Paula logró despertar en mí: el amor, la ternura, la felicidad… Y la culpa. Sí, me sentía culpable cada vez que le hacía mal. No lo soportaba.

Pasar el día sabiendo que no podía dejar de llorar por mi culpa me destruía.

Intenté hacer todo lo más rápido posible y ni siquiera me tomé el tiempo del almuerzo.

A las cuatro de la tarde estaba saliendo de la oficina, tiempo récord.

Viajé hasta mi casa y al llegar escuché la tele en mi cuarto. Dejé mi saco y mi bolso y fui hasta allí.

Ninguno dijo nada, tan solo nos abrazamos y ella volvió a llorar.

- No, dale. No llores más.
- Me siento una pelotuda.
-Besé su mejilla.- Tranquila. –La abracé más fuerte y me acosté así, sin soltarla.-

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