jueves, 30 de julio de 2015

236.

Fue el viaje más interminable de mi vida, estar encerrada en ese avión y sin saber nada de él era la situación más desesperante del mundo.

No dejé de llorar ni un segundo, no podía hacerlo. Flor estuvo todo el tiempo a mi lado y se lo agradecí de corazón. No hubiese podido sola.

No podía creer estar pasando esta situación, era como si tuviera un imán para todo lo malo.

Todo bien, pero ya aguanté demasiado y sinceramente no puedo más. Siento que esto es la gota que rebalsa el vaso.

Me desesperaba estar lejos de él y aún más estar volando. ¡Lo único que quería era salir corriendo y abrazarlo! (Pero claro, estaba a quien sabe cuántos metros de altura).

Si uno quiere vivir una situación desesperante, creo que esta es la mejor opción.

- ¿Cuánto falta? –Pregunté secando mis lágrimas.-
- Un ratito Pau.
- No doy más.
- Ya lo sé gorda, pero no podemos hacer nada. –Suspiré.- Tenes que estar tranquila. –Dijo tocando mi panza.- Todo va a estar bien.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
- No aguanto.
- Ya entramos en Buenos Aires hace un rato, debe faltar poco.
- Necesito verlo.
- Ya lo sé… Pero vos pensa que estando acá no podes hacer nada.
- Ya sé. –Suspiré.-
- ¿Queres que pida algo para tomar?
- Por favor.

Aterrizamos después de varios minutos y por fin estaba en Buenos Aires.

La espera de las valijas fue otra espera interminable, pero por fin tenía mi valija en mano.

- ¿Queres que te acompañe a la clínica?
- No hace falta Flor, ya hiciste mucho por mí.
- ¿Estás segura?
- Sí. ¿Pero puedo pedirte otra cosa?
- Obvio que sí.
- ¿Me llevas la valija a tu casa? Cuando pueda paso a buscarla.
- Despreocupate.
- Gracias. –La abracé.- De verdad.
- No tenes nada que agradecer y manteneme al tanto.
- Dale, yo te aviso. –Nos separamos.-

Por suerte, pedí un taxi y este vino bastante rápido y ahora estaba rumbo a la clínica.

Mis manos temblaban y mi cuerpo también, me sentía caminando sobre el vacío.

Le pagué al taxista y bajé en la clínica, pregunté en donde se encontraba Pedro y fui hasta el séptimo piso.

Esperé allí, intentando no desvanecerme de los nervios y me comí un caramelo para que no me bajara la presión. Después de más de media hora salió un doctor de la habitación en donde estaba Pedro y me acerqué a él.

- Doctor.
- ¿Señorita?
- Vengo por Pedro.
- ¿Quién es?
- Es complicado de explicar.
-Rio.- ¿Viene por Araceli también?
- ¿Por qué?
- ¿No sabe lo que ocurrió?
- No, estaba afuera de Buenos Aires y acabo de llegar.
- Pedro estaba discutiendo con Araceli, se estaban separando. –Suspiré.- Ella enloqueció y rompió un vaso, se empezó a cortar.
- ¿Qué?
- Ahora ella está sedada.
- ¿Y él?
- Conciente, pero no sabe nada y no puede recibir emociones fuertes.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- Algunos minutos.
- Gracias.
- Una pregunta.
- Digame.
- ¿Tuvo un infarto, no?
- Así es.
- ¿Y cómo está?
- Muy delicado.
- ¿Lo van a operar?
- No podemos descartar la posibilidad.
- Okei. –Suspiré.- ¿Puede hablar?
- Muy poco. Lo ideal es que descanse.
- Está bien, yo lo cuido.
- ¿Segura?
- Nunca haría nada que le haga mal.
- Entonces pase.
- Muchas gracias doctor.

Entré en la habitación y sonrió al verme.

- Hola mi amor. –Susurré y tomé su mano.-

Él estaba lleno de cables y hasta con un respirador.

- Hola. –Musitó.-
-Besé su frente.- Necesitaba verte.
- ¿Recién llegas?
- Sí. –Apreté su mano.-
- ¿Cómo está Araceli?
- Sedada, no sé nada más.
-Suspiró.- Es horrible lo que hicimos.
- No Pepe, no. No es tu culpa ni la mía.
- Sí Pau.
- No amor, no.
- Sí… -Dijo con lágrimas en los ojos.-
- No mi amor. –Besé su frente otra vez.- No es tu culpa, tenes que estar tranquilo.
- Quedate conmigo.
- No me voy a mover de acá.
- Tengo miedo.
- Vas a estar bien.
- No sé Pau.
- ¡Pedro! No te permito pensar así.
- No doy más.
- Vos vas a estar bien porque tenes una promesa que cumplir.
-Sonrió.- Si salgo de esto es solo por vos.
- Y por vos. –Besé su mano.- ¿Por qué no descansas?
- ¿Te quedas conmigo?
- Siempre mi amor.
- ¿Me das un beso?
-Sonreí y lo besé.- Te amo.
- Yo también te amo, nunca lo olvides.

Me quedé junto a él, acariciando su pelo y su mano.

- ¿Queres que te cante algo?
-Sonrió.- Por favor.

Y allí me quedé, tarareándole una canción y sosteniendo su mano. Nunca lo iba a dejar caer, nunca me iba a soltar de él.

5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Por lo menos esta despierto ♥ Eso es bueno, y ella ya esta con el ♥ Gracias por solucionar aunque sea el bardo de su salud... al menos por ahora...jajaja

    ResponderEliminar
  3. Me encanta como escribís subí otro porfis y me pasas cuando subas capítulos a @katialo238 gracias

    ResponderEliminar
  4. aaahiii q tierna Pau, bancandolo en todas. espero q pase rapido y puedan ser finalmente felices con su baby

    ResponderEliminar