Fue una noche eterna, eterna como ninguna. Lo que la hacía peor a todas era la incertidumbre, porque la incertidumbre de no saber si esta situación iba a pasar o no me oprimía el pecho. No podía respirar, el aire no pasaba a mis pulmones. Usé el puff, pero claro que no funcionó, esto era más psicológico que nunca.
No sé cómo se hace esto, es imposible de atravesar esta situación estando entero.
Las lágrimas se desprendían de mis ojos sin piedad, rodaban por mis mejillas y morían enredadas en mi barba.
Agarré el cuaderno y volví a escribir.
'Y si había una situación que nunca me hubiese imaginado atravesando, es esta.
Paula, me cambiaste. Me transformaste, hiciste que me convierta en un hombre nuevo. Gracias a vos dejé de ser una piedra y acepté que los sentimientos eran parte de la vida, que por más que los niegue, iban a estar acá.
Nunca creí que podía llorar tanto por una mujer, pero lo que te amo es tanto que me estoy desarmando mi amor. No soporto verte en esa cama, tan débil, tan lastimada.
Me duele el alma, no puedo con esto.
Necesito que me mires otra vez, que abras los ojos y que yo sea lo primero que veas cuando lo hagas.
Nunca creí que una noche podía ser tan eterna mi amor.'
Estuve parado en la ventana, con mis antebrazos apoyados en su marco por un largo rato. Fue tanto tiempo que cuando me acerqué era de noche y cuando volví a sentarme ya era de día, el sol estaba a pleno.
Volví a sentarme y vi a su médica y a varias enfermeras entrar en la habitación de Paula, salieron casi media hora después.
- Doctora. ¿Cómo está Paula?
- Sigue igual Pedro, es muy positivo que haya pasado la noche estable igualmente.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Lo que le digo, nada más ni nada menos.
- ¿No hay buenas noticias?
- Que esté bien es una buena noticia.
- Pero no se despierta.
- Lo sé, hay que tener paciencia.
-Suspiré.- Está bien. ¿Puedo pasar a verla?
- Más tarde.
- Bueno, voy a ir a desayunar algo entonces.
- Por favor, estás pálido.
- Gracias doctora.
- Por nada.
Me retiré de allí y bajé por escaleras los cinco pisos que me separaban de la cafetería del lugar. Me pedí un café y un tostado y me senté en una mesa cercana a la ventana. Antes de desayunar hablé con el laburo.
Tomé un poco de café y saqué el cuaderno de la mochila.
‘Pasaste toda la noche estable y dice la médica que eso es bueno, pero yo ya no sé. No entiendo nada, dice que es positivo pero que no asegura nada.
Necesito que te despiertes y sé que vos también necesitas despertarte.
Dale mi amor, te juro que no soporto más. No puedo respirar sin vos, se me cierra el pecho y no hay nadie que me pueda calmar porque la única que lo puede hacer sos vos.’
Y mientras estaba escribiendo me di cuenta de algo, Zaira no sabía nada.
Suspiré y junté fuerzas para llamarla.
- Conversación telefónica -
- Hola Pedro.
- Hola Zai. –Hice una pausa.- ¿Cómo estás?
- Todo bien. ¿Vos? Es raro que me llames.
- Tengo malas noticias.
- ¿Qué pasó?
- Pau… La atropellaron ayer, está grave, inconciente. Internada.
- ¿Qué?
- Sí, no sé muy bien como fue. Pero está mal.
- ¿En dónde está? –Preguntó con su voz quebrada.-
- En la clínica de Palermo.
- En cuanto pueda viajo.
- Igual te mantengo al tanto.
- Pero quiero estar ahí.
- Avisame cuando vengas, podes parar en mi casa.
- Bueno, gracias. Avisame cualquier cosa que le pase.
- Te aviso.
- Y gracias por llamar.
- No tenes que agradecer, tenías que saberlo. Son como hermanas.
- Un beso y fuerza.
- Igualmente.
- Fin de la conversación telefónica -
Cerré el cuaderno y desayuné todo lo que pude, la realidad era que mi estómago seguía cerrado.
Una vez que había terminado, salí del edificio por aquella cafetería y crucé al parque de enfrente. Era temprano y estaba casi vacío.
El viento helado pegaba en mi cara mientras el sol me daba calor, acomodé la mochila en mi espalda y puse las manos en mis bolsillos. Y así comencé a caminar alrededor del parque, miraba a la gente pasar y no podía dejar de pensar.
Pensaba en que todo puede terminarse en un segundo, nos creemos eternos cuando no es así.
Todos iban y venían apurados, como si su vida dependiera de llegar dos minutos tardes o no. Seguro que muchos no habían saludado a su pareja, a sus hijos o a sus padres antes de salir de sus casas porque estaban apurados y lo más triste es que la realidad es uno nunca sabe si la próxima vez que se vean va a ser igual. Crudo, pero real.
Me senté en un banco de aquel parque y pisé las hojas secas con mis zapatillas, como si eso fuese a sacarme el dolor o la bronca.
Veía a padres llevando a sus nenes al jardín o a la escuela y me moría si yo no pudiera vivir eso con Paula y con un hijo nuestro. Suspiré y dejé caer una lágrima.
Intentaba no ser tan pesimista, pero me costaba demasiado. La cara de la doctora no era la mejor y la realidad es que a Paula la veía muy mal.
¿De dónde su supone que debe sacarse la esperanza y la fe en un momento como este?
Sonó mi celular y lo atendí.
- Conversación telefónica -
- Hola Nan.
- Hola Pepe. ¿Cómo estás? ¿Cómo está ella?
-Suspiré.- Ella sigue igual, dice la médica que el hecho de que haya pasado la noche bien es positivo, pero nada es garantía. Y yo sigo igual, bah, peor.
- Tene fe, es muy reciente.
- A medida que pasan las horas disminuyen las posibilidades.
- Pero pensa que está inconciente, no en coma.
- No sé cómo está, pero no se despierta y eso me parte al medio.
- Cuando menos lo pienses, va a pasar.
- ¿Y si nunca va a pasar?
- ¡Ni lo pienses!
- Me cuesta.
- No lo pienses hermano, ella va a estar bien.
-Suspiré.- Es lo que quiero creer, te juro.
- Entonces creelo.
-Hice una pausa.- Te dejo porque se me apaga el celular.
- Todo bien Pepe.
- Cuando suba lo enchufo en el pasillo.
- Cualquier novedad, ya sabes.
- Sí, lo sé. Gracias.
- En estos casos no hay ni que agradecer.
- Fin de la conversación telefónica -
Ayyy me mata la preocupacion de Pepe ♡
ResponderEliminarQue capítulos tan tristes! que despierte pronto Pau!
ResponderEliminarPobre pepe
ResponderEliminarnoooo quiero q se despierte .. Pobre Pepe .. muuuuuuuuuuuuuy buen capitulo
ResponderEliminarPobre Pau y pobre Pepe!! ojala que Pau se despierte ya! escribis hermoso! un beso
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