miércoles, 6 de mayo de 2015

137.

Me alejé hacia un rincón del lugar, me apoyé contra la pared y allí me quedé, observando a toda esa gente que entraba y salía y no me decía nada.

Me sentía caminando por las paredes de los nervios, no entendía que pasaba y era más desesperante que nada. ¿Estaba bien? ¿Estaba mal? ¿Qué carajo pasaba?

Pasaron algunos minutos más y por fin la doctora se acercó a mí.

- Paula se despertó.
- ¿De verdad? –Pregunté sonriendo.-
- Sí y está bien. Confundida y dolorida, no puede hablar ni hacer nada. Pero está bien, estable.
- Necesito verla.
- Dentro de un par de horas.
- Aunque sea dos segundos, quiero que sepa que estoy acá.
- Dos segundos.
- Por favor.
- Pasa, dale.
- Gracias.

Entré en la habitación y sonreí al verla.

- Hola mi amor. –Volví a sonreírle y me acerqué a ella.- Hola. –Besé su frente.- Qué lindo que te hayas despertado. –Volví a sonreír.- Me dejaron pasar solo un ratito, quería que sepas que estoy acá. –Besé su frente otra vez.- Cuando pueda vengo y me quedo un ratito con vos. –Ella buscó mi mano y la tomó.- Te amo hermosa. –Besé su mano.-
- Te amo. –Dijo moviendo sus labios y yo sonreí.-
- Te amo.
- Pedro. –Dijo la doctora.-
- Ya salgo. –Le dije.- Me tengo que ir Pau. –Suspiré.- No sabes lo feliz que me pone volver a verte con los ojitos abiertos. Te amo. –Besé su mano, luego su frente y salí después de sonreírle.-

Salí feliz de la habitación y busqué mi celular, le avisé a Nan y a Zai y bajé a comer algo.

-

Me desperté y no entendía nada, no sabía donde estaba y no recordaba casi nada.

Definitivamente no sentía mi cuerpo y solo sentía dolor, estaba mareada y no veía nítido. Tampoco podía hablar, no entendía nada de verdad.

Quería llorar y ni siquiera eso podía.

Escuché que los médicos me pondrían una mayor dosis de analgésicos en el suero y suspiré interiormente, ojala hagan efecto rápido porque no lo soporto.

Pasé varias horas (interminables) allí, la gente pasaba y yo no podía ni siquiera hablar. Era desesperante.

-

Ya era la tarde y yo seguía sin poder entrar, estaba desesperado otra vez. Paula seguro no entendía nada, quería contarle lo que había pasado y como estaba. Sabía muy bien que los médicos no decían nada.

Hablé con Zaira por teléfono y viajaría al día siguiente.

Comí unas galletitas que tenía dentro de la mochila y por fin me dieron el permiso para pasar.

-

Vi a Pedro entrar en la habitación y suspiré aliviada. Sonreí como pude y él se acercó a mí, se sentó en una silla que había a mi lado.

- Hola amor. –Besó mi frente y yo le sonreí.- ¿Cómo estás? ¿Te sentís un poquito mejor? –Marqué con mis dedos un poquito.- ¿Un poco? –Asentí.- Bueno, mejor.
- ¿Qué pasó? –Pregunté casi sin voz.-
- ¿No te acordas de nada?
- No. –Dije de la misma manera.-
- Bueno. –Tomó mi mano y entrelazamos nuestros dedos.- Saliste a comprar detergente porque no había, fuiste al negocio de la vuelta y nunca volviste. Me llamaron, creo que de tu celular, la verdad es que no me acuerdo y me dijeron que te habían atropellado. Cuando llegué estabas en el asfalto, bastante llena de sangre. –Y sus ojos se llenaron de lágrimas.- Te llevaron en la ambulancia, yo me subí con vos y me dijeron que el auto te había levantado por el aire y te había dejado tirada ahí. Se fugaron.
- Renzo. –Dije sin fuerzas.-
- ¿Te acordas?
- Ahora sí. –Dije al borde de las lágrimas.-
- ¿Pero fue él?
- Sí.
- Se escapó. –Suspiró y besó mi frente.- No llores mi amor, no llores. –Tomó más fuerte mi mano.- ¿Queres que te siga contando?
- Sí.
- Te trajeron acá, pasaste tres días dormida y tenes quebrada la pierna derecha, tenes un yeso. ¿Lo sentís?
- Sí.
- Bueno, después se te clavó algo en el abdomen y te suturaron. –Me lo tocó suavemente.- Tenías un traumatismo de cráneo, por eso estuviste inconciente. Pero eso ya pasó y algunos golpes y cortes. –Suspiré.- Pero estás bien, ya te despertaste y eso es lo importante mi amor.
- ¿Qué cortes?
- Tenes algunos chiquitos y después, por lo que te vi, tenes uno ahí en el brazo. –Señaló mi otro brazo, otro en la pierna que tenes sana y uno acá. –Tocó suavemente mi frente.- Pero está escondido en el pelo, asique no te preocupes porque no se va a notar. –Reí y me dolió todo.- Qué lindo que te rías.
- Metelo en cana otra vez Pedro.
- Ayer hablé con el abogado y me dijo que estaba adentro.
- Pero…
- Sh, tranquila. Vamos a estar bien. –Tomó más fuerte mi mano.- Te lo prometo. –Suspiré.-
- Quedate conmigo.
- Siempre mi amor, siempre. –Volvió a besar mi frente y apoyó su cabeza en mi hombro.-
- Te amo.
- Te amo hermosa, te amo.

Pasamos un largo rato allí en el que logré tranquilizarme, sentirlo cerca siempre me hacía bien.

- Mi amor. –Susurró.- ¿No queres dormir? Te va a hacer bien.
- Quiero estar con vos.
- Pero yo me voy a quedar con vos hasta que me echen. –Sonreí.- Dale, así te dormís con mis mimos. Necesitas descansar, dormir. Te vas a despertar mejor.
- Bueno. –Tomé fuerte su mano.- Pero no te vayas.
- No Pau, no me voy a ir y además, mañana viene Zai.
-Sonreí.- Gracias.
- Sh… -Besó mi frente y yo cerré mis ojos.-

La realidad era que toda la incomodidad del mundo recaía sobre mi cuerpo en aquel momento, además de todo el dolor claro está.

Cerré mis ojos e inhalé lo más profundo que pude, a pesar de tener puesto un respirador.

- ¿Estás incómoda, no?
- Muy.
- Hay una almohada acá. ¿La queres?
- Bueno.

Pedro me puso la almohada detrás de mi cabeza.

- ¿Un poco mejor?
- Sí, gracias. Me tira menos la herida.
- Mejor entonces. –Tomó mi mano otra vez.- Ahora dale, descansa.
- Te amo Pepe.
- Te amo mi vida.

Besó mi frente y luego mi mano, sentí sus dedos en mi pelo y su mano agarrando la mía por un largo rato hasta que por fin, me pude quedar dormida.

6 comentarios: