Al día siguiente, estaba sentado en el pasillo, aquel lugar que se había convertido en mi casa en estos últimos días, mientras la médica de Paula estaba dentro de la habitación.
Sentí que alguien dijo mi nombre y me di vuelta.
- Zai. –Me paré y me acerqué a ella, nos abrazamos.-
- Hola Pepe. ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Vos?
- Cansada. –Nos separamos.- ¿Pau?
- Con la doctora.
- ¿Te dejan pasar o qué onda?
- De a ratitos, la próxima que se pueda pasas.
- ¿Seguro?
- Sí, yo estuve ayer con ella.
- ¿Vos no dormís hace cuánto?
- Mil. –Reí.-
- ¿Por qué no vas a tu casa, te bañas y dormís? De paso te llevas mi bolso. –Reímos.- Así descansas, yo me quedo acá con Pau.
- ¿Segura?
- Sí, obvio.
- Bueno, gracias.
- No tenes nada que agradecer, es como mi hermana a parte.
- Cuando la veas decile que a la tarde vuelvo.
- Tranquilo, volve cuando te despiertes.
- Me voy entonces.
- Dale. –Nos saludamos.- Cualquier cosa te aviso igual, pero si ya está despierta se supone que no va a empeorar. ¿O no?
- No sé, yo ya no entiendo más nada. Confío en eso.
- Confiemos. Anda, dale.
- Chau Zai, mandale un beso y decile que la amo.
- Tranquilo, yo le digo todo. Que descanses.
Agarré el bolso de Zai y después de saludarnos otra vez me fui.
Llegué a mi casa, dejé el bolso a un lado y abrí alguna que otra ventana para que no haya tanto olor a encierro, me duché y caí muerto en la cama por quien sabe cuántas horas.
-
La doctora me dejó sola y por suerte me había dejado el control de la televisión, había con toda la furia cinco canales, pero al menos hacía un poco de ruido.
Hoy me sentía un poco mejor que ayer, solo un poco porque la realidad es que me sigue doliendo hasta respirar. (Aunque siga teniendo el respirador, intento hacerlo por mis propios medios y ya me puedo sacar la mascarilla de a ratos).
La médica me cargó el suero y me dijo que quizás, esa noche ya podría cenar lo cual me agradaba porque me moría de hambre. ¡Me moría!
Intenté sentarme, al menos un poco, pero fue completamente en vano, entre que no podía mover mi pierna, la herida del abdomen y el dolor de espalda que tenía casi ni pude intentarlo.
Suspiré y me acomodé sobre ese colchón que más que un colchón era un cartón del canasto de la esquina y me quedé allí, tratando de mover un poco mis brazos y mi cabeza mientras miraba la tele.
Sentí que la puerta se abrió y mi vista se dirigió allí.
- Pau, permiso.
-Sonreí.- Veni tonta.
Zai se acercó a mí y besó mi mejilla.
- ¿Cómo estás primita?
- En mi mejor momento. –Reímos y me dolió todo.-
- En serio te pregunto nena. –Y se sentó a mi lado.-
- Me duele todo lo que se te ocurra, hasta me cuesta hablar. –Tosí.- Aunque por lo menos hoy me sale la voz.
- Bueno, entonces no hables tanto ni tan rápido.
-Reí.- Reírme también me duele.
- ¿La panza?
- Sí.
- Que susto que me hiciste pegar nena.
- ¿Cuándo te enteraste?
- Me llamo Pedro, a la mañana siguiente creo. Yo la pasé horrible, pero te juro que él era un trapo de piso. Si me quedaba alguna duda de que te amara, ya se me fue.
-Sonreí.- Su carita cuando entró y sabía que me había despertado no me la olvido más.
- Al final elegiste bien.
- ¿Viste? ¡Y vos no lo querías! –Reímos.-
- ¿Queres algo? Me dijeron que podes ir tomando sorbitos de agua de a poco.
- Ay, sí. Por favor.
- Voy a buscar al pasillo y vengo. –Se levantó.-
- Para Zai.
- ¿Qué gorda?
- ¿Podes pedir otra manta? Tengo frío.
- Dale, ahora me fijo que onda.
- Gracias.
Zai se fue y suspiré, que esté acá me hacía bien. Volvió después de varios minutos.
- Te la conseguí.
- Gracias, sos una genia. -Rio y dejó el vaso en la mesita, me tapó y le sonreí.- Gracias.
- Deja de agradecer nena. ¿Queres la otra almohada así tomas un poquito?
- Si no te jode.
- ¿Cómo me va a joder Paula?
Ella me ayudó a sentarme y tomé el vaso con mi brazo, pero no podía dejar de temblar.
- Para Pau.
- La puta madre. –Dije con bronca.-
- Hey, tranquila. Es porque estuviste dormida algunos días, ya vas a tener fuerza otra vez.
- Me siento una inútil y encima no doy más del dolor.
- Tranquila Pau, no es tu culpa esto. No te hagas cargo, solo pone fuerzas en recuperarte y deja que te ayuden.
-Suspiré.- Es horrible Zai. –Dije dejando caer algunas lágrimas.-
- Lo sé Pau, lo sé. –Secó mis lágrimas.- Pero tenes que estar fuerte, dale. Vos podes.
- Eso creen todos.
- Vos también lo crees. Sos muy fuerte Pau, yo no me bancaría ni un cuarto de todo lo que vos pasaste.
- Pero ya no puedo más.
- ¿Te vas a dejar vencer en una cama de hospital?
- No sé.
- ¿Me estás hablando en serio?
- Tengo miedo de que nunca se vayan los dolores o de que me quede mal la pierna, las cicatrices. Es horrible.
- Si le pones garra todo va a volver a ser como siempre.
- Con mi supuesto padre entrando y saliendo cuando quiere, no. Nunca voy a poder estar bien.
- ¿Fue él?
- Lo vi, vi su cara de disfrute cuando se acercaba a mí. Lo odio con cada parte de mí.
- Te juro que no lo puedo creer.
- Creelo. –Suspiré.- La única manera es que se muera.
- No pienses en eso. –Tomó mi mano.- Ahora tenes que pensar en recuperarte, en nada más.
- No sé cómo.
- Poniéndole fuerza a esto, pensando en vos, en salir adelante.
- No puedo pensar en otra cosa que no sea en él.
- Eliminalo de tu mente, al menos hasta que estés recuperada.
- Es complicado Zai.
- Lo sé, pero no estás sola.
- Eso lo sé y me hace muy bien que estés conmigo. Muy bien. –Sonrió.-
- No podía no venir, a Pedro lo mandé a tu casa a dormir y le dije que me quedaba yo, pero me dijo que te mandará un beso y que te diga que te ama.
-Sonreí.- Gracias por mandarlo, estaba destruido mi amor.
- No se movió de acá ni un segundo.
- Lo amo tanto. –Sonreí y suspiré.- Y a vos también Zaichu.
- Sabes que es mutuo.
Me encanto ♡
ResponderEliminarespero el proximo <3333
ResponderEliminarque lindo escribis! tu novela es atrapante :D
ResponderEliminarmuy bueno... cada dia mejor la historia
ResponderEliminar