lunes, 11 de mayo de 2015

142.

Estábamos afuera con Pedro, sentados ambos en el pasto. Claro que en el parque interno de la clínica, ojala pudiera salir de allí.

- ¿Nos sentamos contra el árbol? Necesito que me abraces mucho.
- Obvio que sí, pero no te hagas la loca. Te ayudo. –Reímos.-

Pepe me tomó entre sus brazos y yo reí, me sentó al lado del árbol y una vez que él estuvo sentado me ayudó a sentarme sobre sus piernas.

- Me siento como una bebé.
- Mi bebé. –Me abrazó por la panza y sonreí, uní mis manos a las suyas.-
- ¿No soy medio molesta ya?
- Nunca.
- Mmm….
- De verdad, nunca te miento. –Besó mi mejilla.-
- ¿Nunca?
- Nunca. ¿Vos sí?
- Tampoco.
- Mejor así. –Reímos.-
- Me encantaría tener la cámara acá.
- ¿Acá?
- Sí. ¿No ves las caras de felicidad de la gente de poder respirar un poco?
- Nunca se me hubiese ocurrido fotografiar acá.
-Reí.- A mí se me ocurre en cualquier lado.
- Lo sé. –Volvimos a reír.-

Suspiré y dejé caer mi cabeza sobre el hombro de Pedro.

- ¿Estás cansadita? –Besó mi frente.-
- Sí, ya no descanso en ese colchón. Quiero mi cama.
- Te entiendo, me pasa lo mismo.
- Es horrible.
- Horrendo.

Nos quedamos un rato más así hasta que él comenzó a hacerme cosquillas y no tenía vía de escape.

- No seas forro nene.
- Reite un poco.
- Prefiero masajes.
- Tengo miedo de hacerte mal.
- No Pepe, dale. Masajes despacito en la espalda, por favor. –Pedí haciendo pucherito.-
- Okei, okei. Me podes con ese pucherito. –Reí triunfante.-
- Tene cuidado con la cintura, tengo un golpe terrible ahí.

Me bajé de sus piernas y corrí el pelo de mi espalda, estaba sentada justo en frente de él.
Sentí sus manos subir desde mi cintura hasta mi cuello con pequeños masajes y suspiré, realmente me moría del dolor. Luego lo hizo al revés y en realidad pasó un largo rato masajeando.

- Gracias amor.
- De nada Pau. –Besó mi cuello.- Tenemos que subir.
- ¿Ya?
- Sí, a las cinco tenes visita médica.
- ¿Otra vez?
- Sí, no sé con quien.
- ¡Dios! Quiero mi casa.
- No se queje señorita. –Se levantó y me ayudó a levantarme.-

Volvimos a la habitación y estaba sentada en la cama, elongando un poco mi pierna libre de yeso.

- Pau, me voy a casa a bañarme y…
- Anda tranqui, si te queres tirar un rato hacelo también.
- Vuelvo para cenar.
- Dale, no te preocupes.
- Te amo.
- Te amo. –Nos besamos.- ¿Me traes el otro pijama?
- Dale. ¿Algo más?
- Vos.
- Okei, creo que vengo en el combo.
-Reímos.- Tonto.
- ¿Tonto yo? Te hago cosquillas otra vez.
- Ni se te ocurra.
- Entonces resarcí tu error.
- Perdón, no sos tonto. –Reímos y nos besamos.-
- Ya sé que puedo traer.
- ¿Qué?
- La compu y una peli, así vemos una antes de dormir.
- Y chocolates.
- ¿Podes comer?
- Sí nene.
- ¿Segura?
- Sí.
- Le voy a preguntar a la doctora.
- Okei, okei, pero garpa el plan.
- Soy infalible creando planes yo.
-Reí.- Lindo y agrandado sos. –Lo besé.- Anda, dale.
- Mmm… -Me besó.- Pasa que tu boca me tiene agarrado.
-Reí.- Dale Pedro.
- ¿Qué?
- Me da cosa que entre alguien, ya no me das besitos como al principio.
- Obvio que no, antes estabas frágil y había que controlarse, ahora te puedo chapar como la gente.
-Reí.- Sos tremendo eh.
- Vos me haces tremendo, ya te lo dije.
-Lo besé.- Anda, de verdad, así no venís tan tarde.
- Bueno, me voy. –Me besó y se fue.-

Pasé casi una hora con varios médicos dentro de la habitación hasta que por fin me habían dejado en paz, eran un amor, pero ya no los aguantaba más.

‘No sé si soy tan fuerte como creen, pero siento que por fin estoy comenzando a atravesar esta situación como una mina medianamente fuerte.

No vas a poder conmigo, no vas a poder.

Me sentía bien anímicamente y eso era fundamental, mi mente ya no era una tortura, era mi amiga. Pensaba bien, en positivo. Tenía ganas de volver a mi casa e intentar volver a mi (normal) vida.

Es cierto eso que dicen que hay que tocar fondo para poder renacer desde las cenizas. Muy real.

Así me sentía.’


Cortito pero real.

-

Esa noche, ya habíamos cenado y estaba poniendo la película en la computadora que estaba sobre la bandeja de la comida de Pau.
Veríamos: Como si fuera la primera vez.

- ¿Te acostas conmigo?
- Obvio que sí amor.

Me senté a su lado y nos abrazamos para ver la película.

- Al final te pude traer un chocolate.
- ¿Y dónde está?
- En la mochila.
- Anda a buscarlo ya.
- ¿Preferís el chocolate antes que a mí?
- Al chocolate y a vos.
- Mmm…
- Dale nene, mato por un chocolate.
- ¿Matas?
- Sí. –E hizo el gesto de un revolver con su mano y apuntó mi frente, reímos.-
- Okei, me diste miedo. –Reímos y busqué los chocolates.-

Comimos los chocolates y la película terminó.

Tal como le había prometido a Paula, nos quedamos dormidos abrazados, haciendo cucharita. Me importaba muy poco estar en una clínica, era algo que necesitábamos ambos y no había ninguna regla que lo impida.

Nos necesitábamos, necesitábamos sentirnos cerca, respirar a la par y tranquilizar el latido de nuestros corazones también a la par.

Así éramos felices.

4 comentarios: