Llegó el día en el que por fin me dieron el alta y quería saltar de felicidad, pero claro que no podía.
Los golpes ya casi no se notaban, mi herida de la panza ya casi ni me la vendaba y los cortes que tenía en el cuerpo también ya se estaban cicatrizando. Solo quedaba mi pierna, que me quedaban varias semanas con el yeso porque había sido una fractura expuesta, pero al menos ya podía apoyar y caminar con el taco del yeso. Mi espalda seguía doliendo, pero por suerte no tanto. –Y sabía que dormir otra vez en mi colchón iba a ser la gloria.-
Pedro estaba terminando de cerrar mi bolso cuando yo salía del baño.
- ¿Ya estás amor?
- Sí, ya estoy. –Sonreí.-
- ¿Vamos entonces?
- Por favor. –Nos dimos un beso.- Necesito mi casita.
- Vamos entonces amor.
Salimos de la habitación y luego de despedirnos de mi médica, aunque debería volver a controles, salimos del lugar.
Pedro guardó el bolso en el baúl de su auto y me abrió la puerta del auto.
- Pero cuanta caballerosidad.
-Rio.- ¿Podes subir o necesitas ayuda?
- Ayudame, no quiero poner todo el peso sobre el yeso.
- Entonces dame la mano.
Le di la mano a Pedro y él me ayudó a subirme al auto.
- Gracias mi amor. –Sonrió y cerró la puerta del auto para subirse del otro lado.-
- ¿Vamos a casa?
- ¡Sí! Al fin. –Sonreímos y nos dimos un beso.-
- Antes pensaba pasar a comprar helado. ¿No queres?
- Ay, sí. ¡Dale! –Rio.-
Fuimos hasta la heladería y después de comprar el helado, por fin estábamos frente al edificio. Pedro agarró mi bolso y el helado y abrió la puerta.
Subimos por el ascensor y Pedro abrió la puerta de casa.
- Bienvenida a casa.
Sonreí y entré, respiré hondo y me dejé caer en el sillón.
- Qué lindo volver.
-Sonrió y abrió el balcón.- No te hagas la loca igual, reposo.
- Sí, ya sé. Pero la espalda me duele así de no salir de la cama.
- Sí, puede ser.
- Sentate conmigo, veni.
Pedro se sentó a mi lado y nos besamos.
- No sabes lo que te extraño. –Confesé.-
- Yo también te extraño mi amor. –Me besó y me tiró contra el sillón.-
- Pero tengo el cuerpo hecho mierda. –Y bajé mi mirada.-
- Vos sos hermosa, siempre.
- No, perdón. Pero hoy no quiero. –Dije y me levanté para ir al cuarto, no al nuestro, sino al que estaba vacío.-
Me dejé caer en la cama y me ahogué en lágrimas, la felicidad se había esfumado.
No quería que Pedro viera mi cuerpo así, estaba lleno de cicatrices horribles y había un golpe en mi espalda que aún continuaba bastante morado. Era un mounstro.
- Amor. –Dijo en el umbral de la puerta.-
- Dejame sola Pedro.
- Pero no te pongas mal.
- ¡Dejame sola!
- Voy a estar en el cuarto. ¿Venís después?
- No sé. –Respondí enojada.-
- Hey… -Se arrodilló frente a mí y corrió el pelo de mi cara.- Dale.
- No quiero Pedro.
- No te estaba diciendo que vengas para eso. –Acarició mi mejilla.- Solo porque quiero que estemos un rato juntos.
- Ahora no quiero, quiero estar sola.
- Está bien, yo te dejo sola. –Besó mi mejilla.- Sos hermosa. –Y se fue.-
Pedro se fue y me paré a cerrar la puerta, me senté en la cama y golpee con fuerza un almohadón para desmoronarme sobre el mismo.
Me quité la ropa y me quedé en ropa interior para poder mirarme de cuerpo entero en un espejo, aún no lo había hecho. Ni bien me vi me quebré otra vez.
A la cicatriz de mi abdomen se le había sumado esta nueva y algunos cortes que aún estaban algo rojos, mis brazos tenían más marcas y mi espalda un hematoma horrible a la altura de la cintura y para completar, el yeso de mi pierna. No caliento ni el agua de los fideos y no me vas a ver así Pedro. Definitivamente no.
Rápidamente me puse un jogging y una remera con un buzo arriba, mientras más tapada, mejor. Sequé mis lágrimas con los puños de mi buzo y fui a la cocina a prepararme un té, volví a la habitación y puse música, mirando por la ventana tomé el té y luego fui al baño en donde lavé mi cara reiteradas veces y cuando salí, estaba Pedro en la puerta.
- No, no te vas a ir. –Dijo y me tomó por la cintura suavemente.-
- ¿Qué queres?
- ¿Cómo que quiero? Quiero llenarte de besos y de mimos.
-Me encogí de hombros.- Soy un monstruo Pedro.
- No digas boludeces amor.
- No son boludeces.
- Sí, lo son. Además no pretendo hacer nada que vos no quieras. –Me besó.- Dale, comemos el helado mientras miramos algo en la tele.
- Bueno, está bien. Lo voy a buscar.
- Metete en la cama, voy yo. –Me dio un beso y se fue.-
Hice lo que me dijo y me metí en la cama, intenté relajarme y me tapé hasta la cintura mientras lo esperaba.
- Menta granizada y chocolate con almendras. –Dijo dándome el cuarto y una cuchara.-
- Qué rico, gracias.
- No es nada. –Se sentó a mi lado y comenzamos a comer el helado mientras veíamos la tele.-
Pedro llevó a la cocina los potes vacíos y me trajo el analgésico.
- Gracias.
- No hay de que amor. –Sonreí y tomé la pastilla.-
Pedro se acostó a mi lado y me abrazó por la panza, sin decir nada, y apoyó su cabeza en mi hombro.
- ¿Estás mejor?
-Suspiré.- No sé.
- ¿Queres que hagamos algo?
- ¿Algo como qué?
- No sé, pregunto.
- Quiero despertarme y estar bien.
- Tene paciencia.
- Ya no tengo más paciencia y las cicatrices van a quedar.
- Con el tiempo ni las vas a notar.
- Pero vos sí.
- A mí no me importan.
- No me mientas, no hace falta.
- No te miento amor. –Me besó.-
- Claro.
- De verdad.
Suspiré y dejé caer mi cabeza sobre la almohada, él se separó de mí y corrió el pelo de mi cuello para besarme tiernamente allí.
- ¿Queres descansar un ratito?
- Sí, con vos.
- No me pensaba ir igual, necesito dormir.
- Mañana en el trabajo te van a matar a parte.
- Por eso mismo.
Nos acomodamos y con mimos de por medio nos quedamos dormidos.
Que ternurita el teniendole esa paciencia ♥ Me encanto el capitulo.
ResponderEliminarMe encanto!!
ResponderEliminarq AMOOOOR espero q se le pase rapido a Pau . muuuy bueno el cap.
ResponderEliminarQue lindo capitulo!!! escribis hermoso!
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