viernes, 17 de abril de 2015

114.

Entramos en casa y lo único que hice fue caminar hasta la habitación, quitarme mis zapatillas y acostarme en mi cama en posición de feto.

Tenía el pecho cerrado, no podía respirar. Tampoco podía dejar de llorar. Seguía shockeada, no podía ser todo real.

- Pau.
- Necesito estar un rato sola.
- Está bien, voy a estar en el living.
- Gracias Pepe.
- Sh… -Se acercó a mí y besó mi frente.-
- Perdón, pero necesito estar un ratito sola.
- No tenes que pedirme perdón, está bien si lo necesitas. –Me besó.- Estoy allá, me voy a poner con cosas del laburo. ¿Sí? –Asentí con mi cabeza, besó mi frente y se fue.-

Suspiré y cuando cerró la puerta me senté, sequé mis lágrimas y busqué en la mesita de luz mi cuaderno.

“Y cuando uno cree que nada peor puede pasar, sucede algo peor. De repente una pared de hormigón se te cae sobre la espalda y se supone que uno debe seguir respirando con todo eso encima.

‘Tranquila’. No, no me tranquiliza que me lo digan, incluso me pone más nerviosa.

‘Lo siento mucho’. No, tampoco funciona. No arregla una mierda que lo sientas.

Cuando de repente lo poco que creías ser se derrumba y pasas a ser una incógnita.
Cuando no tenes la menor idea de donde venís, te sentís perdida. Cualquier salida es oscura y todos los caminos son inestables. Es algo así como si cortaran la luz en tu mundo, el resto está brillante y vos apagada.

¿Cómo se transita con tanto dolor? ¿Cómo se supone que debo aprender a convivir con esto? ¿Cómo? No entiendo, no sé ni por donde empezar. No sé si quiera si puedo empezar.

No quiero morir en esta cama, me niego a hacerlo. Pero no sé. No puedo. No me sale.

Aunque quizás ahora lo que deba preocuparme sea poder respirar. ¿No? Porque además de sentir que me apagaron todas las luces, también siento que me cerraron todas las ventanas.

¿El sol volverá a salir para mí? ¿O la luna se quedará para siempre?”


Guardé mi cuaderno y como pude me levanté de la cama para ir a la cocina y servirme un poco de agua.

- Pau. –Dijo cuando salí de la cocina con el vaso de agua.-
- ¿Qué?
- ¿Venís?
- Quería ir al balcón, me falta el aire.

Él dejó la computadora y abrió el vidrio del balcón, sonreí. Se sentó sobre el suelo y yo me senté sobre sus piernas. Rodeó mi cintura con sus brazos y yo suspiré.

- No digas nada, por favor. No hay nada que puedas decir que me haga mejor, solo necesito que me abraces.

Sentí que me abrazó más fuerte y que besó muchas veces mi cabeza, cerré mis ojos y dejé algunas lágrimas en libertad.

- Pau. –Susurró.-
- Te pedí que no hables.
-Rio.- Ya sé, pero estás helada.
- No me importa, me duele más lo que tengo adentro.
-Besó mi frente.- Te vas a enfermar.
- Adentro me falta el aire. –Él se sacó su buzo.- No, no hace falta.
- Sí que hace falta. –Me tapó con su camperita de buzo y me acurruqué aún más en él.-
- Gracias

Besó mi frente otra vez y allí pasamos un largo rato y ya era casi de noche, no sé cuándo fue que se pararon tantas horas. Juro que no sé.

Tocó el timbre y murmuré.

- ¿Quién es?
- Anda a abrir vos.
- No me puedo ni mover Pedro.
- Anda, haceme caso.

Me levanté bufando y abrí la puerta, cuando la vi sonreí a pesar de estar llorando y nos fundimos en un abrazo.

- Hola hermosa, hola. –Dijo Zai sin dejar de abrazarme.-
- Hola. –Respondí intentando que mi voz saliera.-
- ¿Cómo supiste?
- Pedro me contó algo, pero no terminé de entender muy bien.
- ¿Y por qué no te quedaste con tu vieja?
- Mi vieja también vino, pero yo quería verte a vos.
- Gracias.
- No agradezcas tonta.
- Vení, pasa.

Pedro y Zaira se habían conocido el mes pasado, después del alta de Pedro.

- Hola Zai. –Dijo Pedro y la saludó.- Me voy al cuarto a laburar y las dejo.
- Gracias por avisarle. –Dije, él sonrió, nos dimos un beso y se fue.-

Nos sentamos en el sillón y ella secó mis lágrimas.

- ¿Me contas qué pasó?
-Agarré la carta que estaba en la mesa ratona y se la dí.- Leela, después te cuento el resto.

Zaira leyó la carta y se desencajó casi tanto como yo.

- ¿Me estás jodiendo?
- Ojala boluda. –Suspiré.- Esa carta me la dio mi vieja el día que el otro forro le pegó el tiro a Pedro, sinceramente me había olvidado completamente, me acordé y la busqué por todos lados. –Hice una pausa.- Intenté ubicar a mi mamá y nunca respondió, hoy Pedro me acompañó a mi casa y estaba muerta. Fue horrible, nunca me voy a poder sacar esa imagen de la cabeza.
- Ay hermosa. –Me abrazó otra vez.- No sé que decirte.
- No hace falta que me digas nada. Me hace bien que estés acá.
- No podía no estar primita.

Después de un rato.

- ¿Y ahora qué pensas hacer?
- Te juro que si lo supiera, te lo diría. Estoy muerta de miedo, si desde adentro de la cárcel pudo matarla puede hacer cualquier cosa. Me muero de miedo por Pedro, yo ya no importo. Pero no me perdonaría jamás que algo le pasara por mi culpa.
- Van a estar bien Pau, vas a ver.
- Yo ya no sé si puedo estar bien Zai.
- Sí gorda, siempre se puede salir.
- La vida me está dando demasiado duro.
- Pero en el camino te lo puso a Pedro.
- ¿Para cagarle la vida a él también? No se lo merece.
- No digas boludeces. Ustedes se aman.
- No creo que el amor alcance, no quiero que mi dolor ahogue el amor. ¿Entendes?
- No va a pasar eso. Él te ama y te va a bancar. Vas a ver.
-Suspiré.- Si me quedo sola me muero, pero tampoco lo quiero acarrear a él a esto.
- No lo estás acarreando a nada Paula. La vida tiene momentos lindos y otros feos, la clave está en que van a aprender a acompañarse en ambos casos.
- Te juro que lo amo con la vida.
- Y él te ama a vos, con locura. Deberías haberlo escuchado hoy cuando hablaba conmigo, si tu felicidad dependiera de la luna te juro que te la bajaría.
-Sonreí.- No sé. Ya no sé ni lo que pienso.
- Tenes que dejar de pensar un poco y menos en esas boludeces que no tienen nada que ver.
- No puedo más.
- Tranquila Pau.

Me abrazó y yo volví a desarmarme.

4 comentarios: