domingo, 26 de abril de 2015

126.

- ¿Podemos hablar bien? –Preguntó y tomó un sorbo de café.-
- Para eso volví.
-Suspiré.- No quise molestarte, ni lastimarte, ni incomodarte. Solo que como dio negativo no me pareció tan importante decírtelo ya. ¿Entendes?
- Yo te entiendo, pero me da miedo la imagen que te doy.
- ¿Por qué?
- ¿Tan ogro parezco?
- No Pepe.
- Para, dejame hablar. –Suspiré y tomé un poco de café.- Ya sé que no soy un osito de peluche, pero tengo sentimientos y puedo dar amor.
- Ya lo sé.
- Y la otra vez fue distinto, era una mina que no conocía.
- Pero estabas loco.
- Ya lo sé, estaba loco porque no quería ser padre con una mina que no junaba y sobre todo porque no te quería perder a vos. –Suspiró.- Y ahora los dos coincidimos en que no es momento de tener un hijo, pero no es una idea que escape de mi vida desde que tuvimos una relación seria si se quiere llamar así.
- Perdón, lo que menos quise era hacerte sentir mal.
- ¿Pero te quedo claro que me encantaría formar una familia con vos?
- Sí. –Dijo al borde de las lágrimas.-
- No, no llores.
- No quise hacerte mal, de verdad.
- Ya lo sé Pau.
- ¿Me perdonas?
- Obvio que sí, veni para acá.

Ambos dejamos las tazas y la abracé contra mi pecho.

- Perdoname, por favor.
- Ya está, no pasa nada. –Y froté su espalda con mi mano.- No puedo creer el frío que hace.
- Te juro que yo tampoco.
- ¿Almorzamos algo calentito y nos metemos en la cama a ver pelis?
- ¿Pelis?
- ¿Qué queres?
- Prefiero charlar con vos o que nos mimemos.
- Sos una tierna.
- ¿Me das un beso?
- Obvio que sí.

Me tiré sobre ella y nos besamos.

- Ya pasó, de verdad. –Sonrió y volvimos a besarnos.-
- ¿Fideos con bolognesa?
- Por favor.
- Pero si me ayudas.
- Me da miedo prender fuego la casa.
-Rio.- No seas boludo.
- Está bien, te ayudo.
- ¡Sí! -Festejó y me dio un beso.- ¿Qué onda la caldera de este edificio?
- No sé, el consorcio es un desastre.

-

Estábamos en la cocina, yo tenía todas las verduras y la carne picada sobre la mesada.

- Busca los fideos Pepe. –Dije mientras picaba el ají.-
- ¿Cuáles?
- Los que más te gusten.
- ¿Mostacholes?
- Dale.
-Los agarró.- ¿Y ahora?
- Llena la cacerola con agua y dejala, cuando terminé de cortar cocinamos las dos cosas a la vez.
- ¿Te ayudo con esto?
- Dale, ralla la zanahoria.
- Mmm… Bueno, dale.
- ¿Muy complicado?
-Rio.- Un poco.
- Es una zanahoria Pedro.
- Justamente. –Reímos y comenzó a rallar la zanahoria.-

Yo había terminado de cortar el ají rojo, el verde y la cebolla y él recién estaba por terminar con la zanahoria.

- ¡Hombre tenías que ser!
- Bueno che, estoy haciendo lo mejor que puedo.
- Dale que tengo hambre.
- Ya está. –Dijo y terminó.-
- Al fin nene. –Reímos.-

Puse toda la verdura en otra cacerola y cuando estuvo doradita le agregué la carne, Pedro prendió la perilla del agua y de a poco comenzó a hervir.

Al rato, la salsa estuvo lista y los fideos también.

- ¿Y? ¿Cómo cociné? –Preguntó haciéndose el canchero.-
- Sos un gil a tuerca Pedro.
- Bueno, perdón Maru Botana.
- Bien que antes de que yo viva acá vivías a pizza y milanesa.
- Sí… ¿Y?
- Pero una vez me cocinaste. ¿Te acordas?
-Rio.- Sí.
- ¿Una comida de tu abuela, no?
- Creo que sí. –Sonrió y tomé su mano.- 
- Podrías repetirlo.
- Pero antes estaba en plan de conquista.
- Ahora deberías estar en plan de no perderme. –Sonreímos y nos dimos un beso.- ¿Me ayudas a levantar así vamos a la cama más rápido?
- Bueno, dale.
- Podrías estar así más seguido.
- Lo voy a meditar con la almohada.
- Meditalo con quien quieras. –Reímos.-

Terminamos de ordenar la cocina.

- ¿Buscamos otra manta?
- ¿Tenes otra manta y no me dijiste? Eso es bullying.
-Rio.- Está en el mueble del pasillo.
- ¿Podemos buscarla ya?
- Dale.

Pedro buscó la manta y me enroscó en ella.

-Reí.- No puedo moverme así.
- Te puedo llevar hasta el cuarto.
- Me da un poco de miedo.
- ¿Miedo?
- Sí, estás medio loquito hoy.
- Son mis hormonas que te extrañaban.
-Reí.- No das más de chamullero vos.
- Cuidadito que te tengo. –Dijo y ajustó la frazada.-
- ¿Podemos ir para el cuarto?
- Mmm…
- Dale Pedro.
- No y menos si me decís Pedro.
- ¿Y cómo te llamas?
- Para vos me llamo Pepe, amor, mi amor, lindo…
- Okei. –Revoleé mis ojos.- ¿Podemos ir al cuarto mi amor?
- Ahora me gustó más.

Fuimos hasta el cuarto y Pedro me tiró en la cama, me desenroscó de la manta y se abalanzó sobre mí con cosquillas.

- Pedro. ¡Basta! –Dije tratando de apartarlo.-
- Mmm… No.

Y continuó.

5 comentarios: